La mirada del mendigo

30 julio 2010

¿Hay alguien ahí?

Filed under: economía — Mendigo @ 9:27

vacío

¿Existe vida inteligente en este país? ¿O es que todo el mundo aún sigue borracho después de la celebración del puto mundial de furbo?

Eoooooo.

Holaaaaaaa.

EEEECOOOOOOOOO

¿Nadie se da cuenta de la barbaridad que el P$O€ ha conseguido aprobar en el Congreso? ¿Nadie se percata de sus consecuencias?

Hablábamos hace unos días que el despido sería justificado si la empresa había tenido pérdidas los últimos seis meses, criterio bastante fácil de cumplir maquillando un poco el balance. Pero en la redacción final que fue sometida a votación, basta con que el empresario prevea tener pérdidas en un futuro, lo cual es aún más subjetivo.

Otra causa de despido es una disminución del beneficio (luego ya no son pérdidas, una empresa puede acceder al despido barato teniendo beneficios). Toda empresa tiene ciclos de aumento y reducción de beneficios. Presentar unas cuentas, no ya con pérdidas, sino con una bajada de los beneficios, es pan comido para cualquier contable.

Por si quedaba alguna empresa que viera difícil acogerse a los dos casos anteriores, añaden una tercera hipótesis: una falta persistente de liquidez. Tiene guasa. Con la restricción del crédito al que la banca está sometiendo a la economía española, no existe empresa en España que no tenga un problema de liquidez.

Esto es lo mismo que decir: con esta ley nos vamos a burlar de todos los trabajadores, pero sólo de aquellos que coincida que hayan nacido en el siglo veinte en adelante. O que tengan dos orejas. O…

Y ahora, la gran novedad. Si un trabajador no está de acuerdo con que el despido es procedente, la carga de la prueba pasa, con esta nueva ley, al trabajador. Es decir, el currante tendría que demostrar ante el juez, con unos datos a los que no tiene acceso, que la empresa NO tiene una crisis de liquidez, Y que está aumentando beneficios, Y que las previsiones de la gerencia son demasiado pesimistas, y no habrá pérdidas en próximos ejercicios.

Es decir, el trabajador podrá eludir el despido procedente si salva de un solo salto la distancia que media entre la Tierra y la Luna. Con una pierna. Y luego vuelve de otro salto (la vuelta sería mucho más fácil, como sabéis).

Eso me suena a la misma posibilidad de defensa que tienes contra la denuncia de un policía. Tienes tú que demostrar que no le has insultado, que no le has agredido, que no estabas haciendo eso de lo que el policía te acusa. Imposible. Invertir la carga de la prueba es romper con las bases del derecho desde Roma, supone dejar al ciudadano totalmente indefenso, frente a la policía, frente al empresario. La ley nos ata de pies y manos frente a la arbitrariedad del poder.

Pues muy bien. Pues a la mierda.

¿Qué significa esto? Esta ley es una forma encubierta de decir que la indemnización por despido pasa de los 45 a los 20 días. Llegan las rebajas para los empresarios, y a partir de la promulgación de esta ley de reforma laboral, los empresarios podrán despedir un 55% más barato.

Y se sienta un precedente con la nueva definición de “despido justificado”: todo despido es justificado de facto.

De hecho, sale ya más barato despedir a un trabajador fijo, que el finiquito por fin de contrato de un contrato por obra (25 días). Vaciando de contenido el contrato fijo, ya los empresarios podrán hacer más contratos fijos. Se supone que de esta forma, el gobierno podrá jactarse de que se reduzcan las estadísticas de temporalidad: ahora todo el mundo tendrá un contrato precario, todo el mundo tiene su puesto de trabajo pendiente de un hilo, sólo queda agachar las orejas frente al empleador para no ser tú del número de los condenados.

Creo que hay que valorar los problemas, para dar una respuesta proporcional. No gastar energías con detalles menores, y emplearse a fondo con cuestiones importantes.

Pues este tema me parece gravísimo, y va a traer consecuencias los próximos años, décadas, para todos los asalariados no funcionarios. Es una pérdida de derechos para los trabajadores inédita en esto que algunos cínicos llaman democracia. Ni el inmundo bigotudo se atrevió a tanto.

Esta reforma laboral, en los términos en que ha sido aprobada, exige la convocatoria de una huelga general e indefinida. Es la ruptura del pacto social, del equilibrio que debe reinar entre capital y trabajo; una transferencia neta de renta de los trabajadores al empresariado.

Pero no sólo cuenta el dinero que se ahorrará el empresario al despedir, y que dejará de percibir el trabajador. Supone también, y quizá más importante, un aumento del poder del capitalista para poder despedir a su antojo, imponiendo el terror patronal a una clase trabajadora indefensa, ocupada únicamente en mantener su puesto de trabajo día a día para no caer en el paro y la exclusión social que conlleva.

Debía arder Troya, como contestación popular a esta reforma laboral ¿O es que en España hay una mayoría social de empresarios y funcionarios y yo no me he percatado?

¿Tan bien han hecho su trabajo los medios de comunicación, para eliminar la disensión y el espíritu crítico? ¿Qué clase de lobotomía nos han hecho, para emocionarnos con victorias ajenas y permanecer indiferentes cuando se agreden nuestros propios intereses?

Sin embargo, la vida sigue. Nadie se da por enterado y finge que no va con él. Porque no le interesa la política, y aún menos la economía. Como el chiste, tampoco al enfermo en un hospital le interesó nunca la medicina. Tampoco a mí la meteorología, pero cuando llueve me mojo igual.

Salvo unas pocas voces, las de siempre, que ya deben estar afónicas, no escucho nada. Ninguna reacción. Tanto jolgorio como supuso la tontunada esa del mundial de fútbol, tantas pasiones por algo irrelevante, que no afectaba en nada a los ciudadanos. Y, sin embargo, absoluta pasividad, indiferencia, como respuesta a esta agresión sin precedentes a los derechos de los trabajadores.

Vivimos en una sociedad aquejada de autismo crónico. Selectivo, porque para gestas deportivas nacionales sí que se permite las pasiones desbordadas.

Pues quien calla, otorga.

Tenemos, ni más ni menos, que lo que nos merecemos. Luego, lloraremos como Boabdil lo que no supimos defender en su momento (ni como mujer, ni como hombre).

28 julio 2010

El gas natural

Filed under: energía — Mendigo @ 12:32

Si el petróleo es el malo (pero atractivo) en la película, el denostado carbón hace, sin duda, el papel de feo; y el gas natural representa el papel de guapo, en la triada de los combustibles fósiles.

El gas natural es natural en cuanto a que se encuentra en la Naturaleza, por oposición al GLP, los gases de síntesis u otros gases combustibles que tenemos que fabricar. Por lo tanto, el gas natural es tan natural como el petróleo, como el carbón, como el uranio o el antimonio. Lo digo por si alguien se había dejado influenciar por el apellido “natural” que, como el “bio”, es usado ampliamente por las compañías de publicidad para vestir de verde cualquier engendro, pues parecen aludir a cualidades positivas.

Dejémoslo claro desde el principio: el gas natural es un combustible fósil, como lo es el petróleo o el carbón. De hecho, se suele encontrar en los mismos yacimientos de petróleo (gas natural asociado) y se explota conjuntamente. Su origen es el mismo, restos orgánicos que quedaron sepultados durante millones de años bajo sedimentos. A mayor temperatura en que quedaron sepultados, y por lo tanto a mayor profundidad, se produjo mayor proporción de gas natural respecto del petróleo. Es por lo tanto en los yacimientos más profundos donde encontramos exclusivamente gas natural.

El gas natural, tras ser limpiado en boca de pozo (eliminando vapor de agua, sulfuro de hidrógeno, CO2…), está compuesto casi completamente de metano, el hidrocarburo más simple (CH4), y algo de etano (otro gas algo más denso).

Según los datos que dimos al principio de la entrada anterior, el metano es el hidrocarburo con mayor poder calorífico (y el combustible, sólo por detrás del hidrógeno). También es el hidrocarburo que menos CO2 emite en su combustión por unidad de energía. Si a esto le añadimos que es, en condiciones normales, un gas, es decir, permite una mezcla íntima en el quemador con el comburente (oxígeno) dando una combustión extremadamente eficiente que permite operar en plantas de ciclo combinado.

ciclo combinado

Un ciclo combinado surge de la combinación de una turbina de gas (como los reactores de los aviones, operando según un ciclo de Brayton) cuyos gases de escape (a más de 1000ºC) son aprovechados en un intercambiador de calor para generar vapor que mueva una turbina de vapor (ciclo de Rankine).

De esta forma, obtenemos rendimientos superiores a los que obtendríamos utilizando una u otra turbina de forma independiente (en torno al 55%). Recordamos que rendimientos superiores no sólo permiten obtener mayores beneficios económicos a la eléctrica, sino también obtener más energía por unidad de CO2 emitida, de ahí su interés para todos.

Otra ventaja del gas natural es que su desulfuración es muy sencilla y eficaz (a diferencia del carbón y del petróleo), con lo cual podemos evitar, desde el origen, la emisión de óxidos de azufre.

Es un combustible limpio (más bien fácil de limpiar) y del que se puede obtener mucha energía (tanto en laboratorio, como en condiciones reales con los ciclos combinados) por unidad de masa. ¿Cuál es pues el problema? Pues que el gas natural tiene una densidad muy baja, con lo que tiene muy poca energía por unidad de volumen en condiciones normales, la menor de todos los hidrocarburos. Esto afecta principalmente a su transporte y a su aplicación en motores de automoción, pues tendríamos que disponer de depósitos gigantescos.

De hecho, debe a la complicación del transporte por su naturaleza gaseosa la poca aceptación que ha tenido hasta tiempos recientes. De hecho, en la mayoría de los casos se obtenía como subproducto en los pozos de petróleo, donde se quemaba en las antorchas a puta pérdida, a no ser que hubiera en las proximidades algún centro de consumo.

En los últimos años, el consumo de gas natural más allá de las zonas productoras se ha disparado, gracias al avance en las tecnologías de transporte. Las formas de transportar gas natural son:

- gasoductos: enormes conductos que llegan a alcanzar miles de kilómetros en los cuales el gas viaja a presiones de hasta 60 bar, desde las zonas de producción a las de consumo. Es el método más barato y energéticamente eficiente pero tiene varias complicaciones. Una técnica, pues es muy difícil tender línea por debajo del océano (aunque es posible, como el Langeled que une escandinavia con UK o los que vienen de Argelia y Marruecos hasta Europa). Otra es, evidentemente, económica, pues son infraestructuras muy costosas, que sólo justifican esa inversión si hay previsiones de consumo muy elevadas.

Red de gasoductos

La tercera cuestión es de índole política. Pues no sólo entra en juego los intereses del productor y el consumidor, sino también los de los países por los que pasa el gasoducto. Y ahora, hablemos de Rusia. Rusia (Gazprom) es el gran productor de gas mundial, y cuenta con las mayores reservas. Para que funcionen las calefacciones y los ciclos combinados de Europa, dependemos del gas ruso. También recibimos de Noruega y Holanda, pero sus reservas se están acabando (Francia, España y Portugal estamos más ligados a los países de la otra margen del Mediterráneo, que son nuestros mayores suministradores).
Pero buena parte del gas ruso entra en Europa a través de Ucrania, la cual permite el paso con bajos peajes al gas ruso, a cambio de comprarlo a precios preferentes. Cuando existen disensiones entre ambos, Ucrania cierra el grifo, haciendo temblar (de frío) a media Europa.

Nabucco

Cada invierno es la misma amenaza. Es por ello que los europeos promueven la construcción de un gasoducto alternativo, Nabuco, que traería gas desde los campos del Caspio a través de Georgia y Turquía, evitando el paso por Rusia. Pues Rusia, hasta ahora, no sólo comercializa su propio petróleo y gas, sino también el de las antiguas repúblicas soviéticas del Cáucaso y Asia Central. Evitar esta hegemonía energética que convierten a Rusia en pieza clave es un objetivo esencial de las políticas de Europa y EEUU. Analizar la red de gasoductos y oleoductos de Eurasia, dominada por el gigante ruso (suministra gas y petróleo también a China, y pronto suministrará también a Japón), nos permite entender buena parte de la política internacional (el Gran Juego) de las últimas décadas hasta el presente, desde el conflicto de Georgia con Muscú a cuenta del independentismo Osetio, o la invasión de Afganistán.

- GNL. Pero existe otra forma de transportar gas natural, que es como GNL (gas natural licuado). Bajando su temperatura hasta los -169ºC, el metano se convierte en líquido, aumentando enormemente su densidad y haciendo posible embarcarlo en grandes buques llamados metaneros. El proceso de licuefacción es bastante costoso en términos energéticos, y consume el 8% del gas natural (un tren de sucesivos ciclos de compresión, enfriamiento y laminación o expansión adiabática). Una vez licuado y embarcado en los metaneros (como petroleros, pero con depósitos bien aislados para mantener tan bajísima temperatura) es llevado a los centros de consumo, donde se descarga y se regasifica (calentándolo). Durante el transporte, parte del metano líquido pasa de nuevo a gas. Ese gas es el que se emplea para hacer funcionar los motores del barco y, al mismo tiempo, mantener la temperatura tan baja del resto del metano líquido (al evaporarse, roba del entorno el calor latente de vaporización, enfriándolo, un proceso análogo al fresquito que notamos cuando nos acercamos, sudorosos, a un ventilador). El consumo de gas en el transporte es, evidentemente, proporcional a la longitud de la travesía. Indonesia, Qatar, Nigeria o Argelia son países con varios trenes de licuefacción, y son la única alternativa para aquellos productores que están geográficamente muy alejados de los centros de consumo. Todo el gas natural consumido en Japón y Corea, y aproximadamente la mitad del español, llega en estado líquido.

En cuanto a precios, el gas natural está entre el estable carbón (aunque la burbuja global de la que hablábamos también le afecto) y el volátil petróleo, cuya cotización se inflama con más rapidez que el propio combustible a la menor noticia.

Y ahora, para el final, lo más divertido: las reservas.

Leedlo con detenimiento y limitando el espanto. Los principales productores europeos, Noruega y Holanda, se están quedando sin reservas. Ello significa para Europa depender completamente de Rusia, más el que aporte Nabuco. Menos los tres Estados que antes mencioné, que estamos conectados a la red mediterránea.

Pero mucho peor es la situación de EEUU. Casi la cuarta parte de la electricidad generada en USA es con ciclos combinados de gas, y su industria y sector residencial son el mayor consumidor de gas del mundo. EEUU produce buena parte del gas que consume, pero su nivel de producción es tan alto, que está agotando a la velocidad del rayo sus reservas: durarán poco más del 2020 a este ritmo. La otra parte del gas que necesita la superpotencia lo importa de Canadá, pero Canadá está aún en peores condiciones pues sus reservas se agotarán en unos pocos años. Además, Canadá está restringiendo sus importaciones pues necesita ese gas para una actividad mucho más lucrativa: extraer y convertir el betún de las arenas bituminosas de Athabasca en crudo.

La situación se agrava si pensamos en que EEUU tiene aún menos petróleo, y la necesidad de electrificar su ineficiente modelo de transporte (ferrocarril y vehículos eléctricos), metiendo aún más presión sobre el sistema eléctrico, que tendrá que prescindir a medio plazo de sus ciclos combinados.

O uranio o carbón, no hay otra alternativa. Y además, llenar costas y montañas de aerogeneradores.

Termino dejando un enlace a una entrada muy interesante sobre el comercio de Emisiones de CO2 y su alternativa: un impuesto a las emisiones.

22 julio 2010

El carbón

Filed under: energía — Mendigo @ 19:19

El carbón mineral es el menos glamuroso de los combustibles fósiles. Conocido desde antaño y muy empleado desde la Revolución Industrial para alimentar las primeras máquinas de vapor, lleva unos años en regresión en el mundo rico por su potencialidad contaminante. Sin embargo, la imperiosa necesidad de China de generar energía eléctrica ha compensado esta tendencia con creces. La nuevas tecnologías de combustión del carbón prometen darle una segunda vida.

El carbón es, de los combustibles fósiles, el que menos energía aporta al quemarlo por unidad de masa. La magnitud que mide esta relación, se llama Poder Calorífico (superior, si existe condensación del vapor de agua antes de salir del sistema).
Metano (Gas Natural) – 55,5 kJ/kg
Propano (GLP) – 50,35
Gasolina – 47,3
Gasóleo – 44,8
Antracita – 27
Lignito – 15

Como consecuencia de ello, es el que más CO2 emite para obtener en su combustión una misma cantidad de energía.
Metano – 50 g CO2/MJ
Propano – 60
Gasolina – 67
Fuel Oil – 69
Madera – 83
Carbón bituminoso – 88
Lignito – 92
Coque de petróleo – 96
Antracita – 99

Esto nos lleva a los tipos de carbón. En resumidas cuentas, existen carbones de diferente rango, según lo avanzado que esté en ellos el proceso de carbonización. Desde la turba, que no es propiamente un carbón, producto de la transformación anaerobia de la madera en ciertas condiciones (en turberas, humedales de aguas ácidas y frías, que impiden la descomposición), hasta la antracita, que está compuesta casi completamente de carbono, es un carbón en el cual se ha dado de forma completa el proceso de carbonización.

Según progresa dicho proceso, el carbón va perdiendo humedad y volátiles, y quedando sólo una estructura, cada vez más compacta, de carbono puro. Desde la turba, usada en países pobres como recurso energético barato pero muy contaminante, pasa a lignito pardo, lignito negro, carbón bituminoso (uno de cuyos tipos es la hulla) y antracita.

El carbón contiene, además de carbono fijo, otros minerales que, al quemar, quedarán en el cenicero del quemador, formando las escorias. No sería un problema grave si no fuera porque se producen miles de toneladas de cenizas en la combustión del carbón, que no se sabe muy bien qué hacer con ellas (generalmente, se envían a las cementeras).

Pero el mayor problema ecológico de la combustión del carbón son, sin duda, las emisiones a la atmósfera. Por la chimenea de una central térmica se escapan inquemados (partículas muy finas de carbón que no han terminado de arder en la caldera) y cenizas de variada composición (según fuera la composición del carbón que se esté quemando) que también causan una variada panoplia de enfermedades cuando entran en nuestros pulmones. Como nota curiosa, se estima que una central térmica de carbón emite más elementos radioactioactivos al medio que una central nuclear, debido a que el carbón puede contener en pequeñísimas proporciones uranio o torio. Para evitar que estas cenizas se escapen por la chimenea se emplean métodos como los ciclones o precipitadores electrostáticos.

Hasta aquí los contaminantes sólidos, pero los dos mayores tóxicos que emite la combustión del carbón, además del inevitable CO2, son los óxidos de nitrógeno (N2O principalmente) y de azufre (SO2).

Hay carbones con más o menos azufre en su composición, y en principio es bueno porque aumenta su poder calorífico (el azufre es combustible). Pero el azufre reacciona con el aire y escapa en forma de SO2 que, en contacto con el vapor de agua de la atmósfera, forma el H2SO4 es decir, ácido sulfúrico. Al volver a tierra con las precipitaciones causa la desfoliación de las plantas, la acidificación de los acuíferos, de los ríos y del suelo, provocando la destrucción completa del entorno (incluso del entorno urbano, pues la lluvia ácida corroe los edificios, los monumentos…). Para evitar estas emisiones, se procuran evitar carbones con alto contenido en azufre, la cuestión es que estos carbones son más caros.

Aún peor es el problema de los óxidos de nitrógeno, ya que el nitrógeno no sólo es parte constituyente del carbón, sino también del aire con el que se quema (tres cuartas partes del aire que respiramos). Para evitar la disociación del N2 atmosférico (y, por lo tanto, su oxidación como NOx) se procura que la temperatura de llama no supere los 1000ºC. Sin embargo, esto supone una pérdida de rendimiento del sistema. Además, esto no impide que se formen los óxidos de nitrógeno a partir del combustible. Estos óxidos, al combinarse con el vapor de agua, forman compuestos tan peligrosos como el ácido nítrico (H2NO3). Otro ingrediente más para la lluvia ácida. En todo caso, el mayor productor de NOx no son las centrales térmicas sino los motores (especialmente los de ciclo Diesel, por tener mayores temperaturas en la cámara de combustión, para eso mismo se usa la famosa válvula EGR que se jode cada poco, para bajar la temperatura en la cámara haciendo recircular los gases de escape, a la vez que creamos una atmósfera menos rica en oxígeno).

La forma de reducir la emisión de estos gases es inyectando en la llama compuestos como la cal, la caliza o dolomita, que reaccionen con el azufre y precipiten, extrayéndolos por el cenicero. El control de los NOx es más difícil y, sobre todo, más caro, empleando disoluciones de sulfito de sodio o de amonio.

La tecnología de combustión del carbón ha ido progresando, para obtener mayores rendimientos (y, por lo tanto, menores emisiones de CO2 por unidad de energía generada).
En principio, se quemaban grandes trozos de carbón en parrillas. Luego, con el objeto de aumentar la superficie de contacto con el aire, y por lo tanto que la reacción fuera más rápida y violenta, generando más calor, se pasó a introducir el carbón finamente pulverizado en quemadores, que aseguran un íntimo contacto con el aire.

Para aumentar aún más el rendimiento, se están desarrollando plantas que emplean el concepto de lecho fluido, manteniéndose las partículas de carbón en suspensión mediante una corriente de aire vertical ascendente. En estas condiciones, el carbón se comporta como un fluido, y no como un sólido. Se está investigando la posibilidad de presurizar el sistema, aumentando la presión y haciendo que los gases de escape muevan una turbina de gas, manteniendo el intercambiador de calor para la turbina de vapor. Esto es, estaríamos ante un ciclo combinado de carbón, con un rendimiento sensiblemente mayor (obtenemos dos salidas de potencia).

Otra forma, mucho más compleja, de operar un ciclo combinado usando carbón como combustible es mediante la gasificación del carbón. El carbón se descompone en un gas combustible, en un proceso que precisa de mucha energía y que libera una gran cantidad de CO2. El gas obtenido obtiene buenos rendimientos en el ciclo combinado, pero no sé hasta qué punto el rendimiento global de la instalación compensará (económica y ecológicamente).

Pero la problemática del carbón no empieza cuando arde, sino mucho antes, en las entrañas de la tierra. No sólo se trata del enorme daño ecológico que hacen las explotaciones de carbón a cielo abierto, grandes abismos de kilómetros de diámetro y cientos de metros de profundidad. Para explotar esta fuente de energía se precisan de personas que desciendan a las minas a extraerlo. La enorme voracidad con la que los hornos de las centrales e industrias lo queman exige que sea un ejército de mineros el que se juega la vida cada día en todo el mundo para seguir asegurando el suministro regular de carbón. Y esto comporta muchos muertos. Sólo en China, con su desmedida necesidad de energía y sus paupérrimas condiciones laborales, murieron el año pasado 2.631 mineros. Un impuesto en sangre que paga China por alcanzar el honor de ser “la fábrica del mundo”, donde se fabrica buena parte de todo lo que, gustosamente, consumimos.

Con este tema, pasa lo mismo que en el sector del transporte. Aunque las estadísticas dicen que es el avión el medio de locomoción más seguro, mucha gente sigue teniendo miedo al avión. En el tema de la energía, el coco es la energía nuclear, que no es ni mucho menos una panacea y tiene graves inconvenientes, pero que según muestran los datos históricos, no merece ni mucho menos la idea de energía peligrosa a la que se le suele asociar. Si ponemos en relación la energía producida con el número de muertes asociadas al uso de esa energía (desde la minería, la construcción de las instalaciones y la contaminación), la energía nuclear es la más segura.

Con mucho, la que más muertes causa es el carbón. Y eso, sin que se haya determinado cuantitativamente la relación entre la contaminación y las muertes prematuras que provoca. Otra de las energías más cruentas, y que tampoco es percibida como tal por el público, es la hidroeléctrica. La posibilidad de la rotura de una gran presa causaría una tragedia apocalíptica, arrasando con todas las localidades ribereñas que la ola encontrase a su paso. Es una posibilidad remota pero no despreciable: en España ya han colapsado dos pequeñas presas (que yo recuerde), la de Vega de Tera y la de Tous, arrastrando las aguas la vida de 144 y 30 personas, respectivamente.

La minería del carbón en España ha dejado miles de viudas en un siglo largo de historia. Las presas han inundado valles, asesinado ríos, desplazado lugareños. Las térmicas siguen contaminando nuestro aire (muchísimos menos, con las nuevas tecnologías para la depuración de gases que se han ido adoptando desde los años 80). Pero es la energía nuclear la que carga con el estigma popular de peligrosa y contaminante, por mucho que su impacto en el medio natural sea muy reducido (cualquier otra fuente agrede más al medio para producir una misma cantidad de energía), y las muertes asociadas a su uso sean limitadas (directas, los 31 trabajadores y bomberos de Chernóbil, más varios miles que han desarrollado o desarrollarán a lo largo de su vida enfermedades por la exposición a la radiación).

Lo dejo, porque va a parecer que estoy a favor de la energía nuclear, cuando lo cierto es que estoy en contra de TODAS. Donde unos ven energías “buenas” y energías “malas”, yo sólo veo destrucción de nuestro medio, todas diferentes, a cual mayor (y probablemente las más dañinas sean las que la gente tiene por energías “verdes” o “ecológicas”).

Continuo con un repaso del papel del carbón en la actualidad. En el mundo se extraen algo más de 6.400 millones de toneladas de carbón cada año. Carbón que, insistimos, generará en el mejor de los casos otros tantos miles de millones de toneladas de CO2 (más otros cuantos millones de toneladas de gases tóxicos).

Más de la cuarta parte de la energía que consumimos en el mundo, proviene de este sucio mineral. El 60% del carbón producido se emplea para producir electricidad, y el resto se emplea como materia prima y/o combustible en la industria pesada (especialmente las siderurgicas, donde se coquiza el carbón para servir a la producción de acero).

Es una fuente de energía barata, pero muy contaminante. La mala noticia es que, además, es con mucha diferencia el combustible fósil más abundante. Llevamos quemando carbón durante el último siglo y medio, y en el mundo hay reservas para seguir haciéndolo al ritmo actual durante otro siglo y medio más. Las consecuencias para el clima de agotar estas reservas pueden ser catastróficas. Sin embargo, una vez que se acaben el petróleo y el gas, no me cabe duda que los gobiernos se lanzarán a sus minas de carbón (aquellos que aún tengan) para seguir produciendo energía barata.

Por desgracia, además, las mayores reservas de carbón están en manos de la gran superpotencia dominante, una antigua superpotencia nuclear que no quiere dejar de serlo, y de la gran potencia económica emergente: USA, Rusia y China. Y ninguno de los tres aceptará presiones para que, por el bien de toda la Humanidad, no recurran a sus reservas de carbón para disponer de energía cuando los pozos de petróleo y gas de todo el planeta se vayan secando. Es como pedir a un yonki que, en pleno mono, no eche mano del bolsillo donde tiene una papela más de caballo. Como pretender que un hambriento no acuda a su alacena para acabar el último corrusco de pan. No me cabe duda que ese carbón que ahora está bajo tierra acabará ardiendo. Por eso, tristemente, considero el cambio climático como inevitable.

La esperanza: que esos cálculos estén errados, que haya menos reservas de las que se cree y, las que haya, sean más costosas de extraer. En cualquier caso, la inevitable subida de los precios de la energía hará que buena parte del carbón que ahora es sólo un recurso, pase a ser reserva (es decir, económica y técnicamente factible su extracción). Por lo tanto, el desastre está asegurado. A no ser que logremos extirpar la codicia del alma humana. Es decir, que el desastre está asegurado.

Para terminar, podéis echarle un ojo a esta tabla, en la que se ponen en relación las cifras de producción de cada Estado, con las reservas calculadas.

Tanto Rusia como USA tienen carbón para varios siglos (si no incrementan su producción para suplir otras fuentes agotadas o necesidades futuras), pero es curioso que a China no le queda tanto. No porque tenga poco, que es el tercero en reservas, sino porque está extrayendo carbón a un ritmo frenético (in crescendo). Medio siglo puede parecer mucho, pero en términos geoestratégicos no lo es tanto. El consumo chino de carbón hace palidecer incluso al gran depredador de energía, los USA, y es la principal causa de que sea la República Popular el mayor emisor de CO2 del mundo.

La situación es más acuciante para muchos países europeos de gran tradición minera, como Alemania o España. Máxime porque en unos años habremos acabado con el único combustible fósil que nos quedaba, y tendremos que importar también esta fuente de energía, comprometiendo hasta el extremo nuestra soberanía energética.

Sin energía no hay industria, no hay economía y ni tan siquiera hay civilización. Pero somos muchos, las necesidades son grandes y no hay muchas alternativas. Las reservas siguen menguando y el cielo cada vez más envenenado, el tiempo se acaba.

Me cuesta imaginar cómo será el mundo dentro de treinta o cuarenta años, cuando sea un anciano.

No se cómo cambiará, pero no creo que sea para mejor.

19 julio 2010

The Big Bubble

Filed under: economía — Mendigo @ 10:32

Quería compartir con vosotros una serie de gráficos, a ver qué os parecen.

Estaba preparando otra entrada de la serie energética, cuando he querido hacer un alto para comentar un tema que me parece no ha sido suficientemente estudiado, sus orígenes, ni sus repercusiones: la gran burbuja de activos que precedió a la crisis actual.

Estamos acostumbrados a hablar de la burbuja inmobiliaria, porque nos afecta directamente. La explicación tradicional es que los inversores, con unos tipos de interés bajos, encontraron en el ladrillo una inversión “segura” (la vivienda nunca baja) a falta de otras inversiones atractivas.
(more…)

18 julio 2010

La energía en España

Filed under: energía — Mendigo @ 11:05

Sobre este tema, recomiendo leer el libro de La Energía en España que edita el Ministerio de Industria. También interesante el artículo que le dedica al tema la Wikipedia en castellano.

Con toda esa información a vuestro alcance, me limitaré a comentar los aspectos que me parezcan más destacables.

España es un Estado (que no un país) importador neto de energía. De hecho, la mitad del desequilibrio en la balanza comercial española se debe a la necesidad de importar energías primarias (principalmente el carísimo petróleo), lo cual nos empobrece como sociedad (tenemos que endeudarnos para pagar esa factura). Comprenderéis, por tanto, la enorme importancia que tiene el sector de la energía en nuestro futuro.

Tenemos un grado de autoabastecimiento energético del 22%, lo cual quiere decir que, evidentemente, hay que importar ese otro 78% de la energía que consumimos. Esto, además de empobrecernos, nos sitúa en una peligrosa situación de dependencia respecto de los países productores. En otras palabras, como a los jeques les salga del turbante cerrar el grifo, la economía española (y de casi todo el mundo desarrollado) colapsaría en cuestión de semanas (lo que tardasen en agotarse las reservas estratégicas, que son de 90 días).

El consumo de energía primaria en España se distribuye de la siguiente manera:
Petróleo: 48%
Gas Natural: 24%
Carbón: 9%
Es decir, obtenemos el 81% de la energía que necesitamos quemando combustibles fósiles. Combustibles que, salvo el caso del carbón, no tenemos y tenemos que importar a precios cada vez más altos.

El carbón español es caro de extraer y de mala calidad (lignitos negros, con alto contenido en azufre), por lo cual sale mucho más barato importarlo (de Ucrania, Polonia…). De todo el carbón que se quema en España, poco más del 10% viene de las minas españolas. El gobierno quiere revertir esta situación, primando el uso del carbón español, política a la que se le pueden oponer muchas razones en pro y en contra.

El carbón se emplea en un 80% en las centrales térmicas, para producir electricidad (la de As Pontes es la mayor, podéis echar un ojo al plantel de centrales en la Wiki) y el resto en la industria, principalmente para la fabricación de coque siderúrgico.

La mitad del gas natural (léase metano, con trazas de etano) que recibimos es por gasoductos, y la otra mitad es licuado en metaneros (por ejemplo, en la polémica regasificadora de Mugardos, en Ferrol). Este gas natural se usa casi a partes iguales para producir electricidad en ciclos combinados, materia prima para la industria (fertilizantes, polímeros…) o fuente de calor para sus procesos, y el sector terciario y residencial (calefacción y cocina en nuestros hogares).

El petróleo, como todos sabemos, nos sirve para destilar carburantes como las naftas de gasolina, GLP (como el butano y propano de nuestras bombonas) , gasóleos, queroseno, aceites y asfaltos. Con un parque móvil dieselizado, somos exportadores de gasolina a los USA e importadores del gasóleo que nos falta (en los USA lo que sobra es gasóleo, por mucho que se fuerce la destilación para obtener más fracción de gasolina).

También es materia prima indispensable en la industria petroquímica. Sin embargo, decir petróleo quiere decir transporte: la mayor parte del petróleo se emplea en este sector, y el 98% del transporte se realiza quemando hidrocarburos. Que casi la mitad de la energía que consumimos sea en este sector (y buena parte de las emisiones) es como para hacernos reflexionar. La alternativa es la electrificación del transportes (ferrocarril, tanto de pasajeros como, especialmente, de mercancías; suburbanos, tranvías, coches y motos eléctricas) pero, sobre todo, en una racionalización del urbanismo (ciudades de tamaño medio con densidad alta de población, que reduzcan las distancias para hacerlas accesibles a peatones y ciclistas).

Del resto de la energía primaria que consumimos, casi un 11% es nuclear. Y como no existen minas de uranio en producción (creo recordar) en España, otro tanto que debemos apuntar en el debe. Lo bueno que tiene el uranio es que es relativamente barato para la enormidad de energía que entrega en su fisión. Pero esto puede cambiar con el resurgir nuclear.

La energía hidráulica supone un 1,4%, toda convertible en eléctrica. Varía levemente cada año según la hidraulicidad de ese periodo.

Y luego queda un heterogéneo 6% de renovables, en los que se incluye la incineración de RSU y RSI (residuos sólidos urbanos e industriales), de los residuos agrícolas y forestales. En total, un 3,9% de la energía primaria consumida quemando desperdicios. Es decir, más emisiones de CO2.

Otro 0,4% corresponde a biocombustibles, lo cual me parece una barbaridad ecológica que puede tener una justificación económica pero es un absurdo energético.

Estas dos últimas, más el 81% de combustibles fósiles, ya suman un 85% largo de energía que obtenemos quemando cosas y, por lo tanto, emitiendo CO2 (cerca de la media mundial que, como vimos, estaba en el 93% de toda la energía producida). La dificultad de cambiar este modelo energético me lleva a ser muy pesimista sobre el calentamiento global y las posibilidades de mitigarlo.

También en el apartado de energías renovables se incluye la eólica (1,9%), la cogeneración, la minihidráulica (especialmente dañina para la poca potencia que produce) y solar (0,2%), tanto térmica de baja temperatura (estupenda solución para la producción de ACS, piscinas…) como fotovoltaica (una veleidad ecolojeta que nos está saliendo carísima) y térmica de alta temperatura (experimental, para la producción de electricidad).

Sobre el sector eléctrico, recomiendo consultar el enorme volumen de información que hay en la página de Red Eléctrica Española.

Sólo añadiré un par de cuestiones, que no suelen aparecer en los resúmenes institucionales.

El déficit de tarifa, una cagada de Rato cuando era ministro de economía. En vez de subir el recibo de la luz, escogió una opción populista: prometer a las eléctricas que la diferencia entre costes de generación y lo recaudado lo recibirían en forma de deuda con intereses: el déficit de tarifa. De esta forma, los usuarios nos encontramos con un kWh artificialmente bajo, que abona el despilfarro energético. Pero las eléctricas no dan nada gratis, y la diferencia nos comprometemos a pagarla con intereses en los recibos de las próximas décadas. El problema es que este déficit de tarifa (es decir, cantidad que los usuarios debemos a las eléctricas) se iba haciendo año tras año un monstruo intratable. Pero para corregirlo, son necesarias subidas de la TUR muy impopulares. Con lo cual, en esas estamos.

Otro tema, ya para acabar, es el de los ciclos combinados. En los años pre-crisis, entraron en funcionamiento una enormidad de ciclos combinados (24GW), más limpios y eficientes, que iban a sustituir al obsoleto parque de térmicas convencionales (carbón). Pero las expectativas de eterno crecimiento de la demanda eléctrica se vieron truncadas, llegó la crisis y el consumo eléctrico descendió. A ello se unió la entrada en funcionamiento de 19GW de eólica, los cuales por ley entran directamente al pool cuando sopla viento, echando fuera a las centrales convencionales en las horas valle. Por lo tanto, ahora mismo tenemos los ciclos combinados funcionando muchas menos horas de lo previsto, afectando a la rentabilidad de la obra.

Y ahí tenemos la lucha entre los operadores eléctricos españoles. Los que tienen mucho ciclo combinado (Endesa y Gas Natural) se cagan en las eólicas, que no les dejan producir. Iberdrola, como tiene también mucho embalse (que son los oportunistas del sistema, aprovechando las horas pico) y eólica, dice que no es para tanto. Y luego, con las centrales nucleares, Endesa y también Iberdrola tienen mucho cuidado en vigilar sus intereses.

Y una última precisión.

Se dice que las energías renovables fomentan el autoabastecimiento energético, y es cierto, pero no siempre reduciendo el déficit de nuestra balanza comercial. Me explico. Una central de ciclo combinado que quema gas natural argelino (nuestro principal proveedor) nos obliga a ir al mercado a comprar este combustible fósil. Evidentemente, un parque eólico emplea como “combustible” el viento, que no tenemos que importarlo, con lo cual su suministro no depende de terceros países y sólo de los caprichos de Eolo. Pero no todos los costes de generación, como es obvio, corresponden al combustible. Buena parte corresponden a los costes de instalación. En el caso de la eólica, tenemos grandes empresas españolas como GAMESA o MADE, aunque también se instalan muchas turbinas de empresas extranjeras (con plantas en España) como Vestas o Siemens. Con el dinero que han recibido de los parques españoles, estas empresas han salido a competir en otros mercados. Por lo tanto, es una inversión que puede considerarse afortunada para el conjunto de la economía española.

En el caso de la solar fotovoltaica, los paneles solares vienen de Alemania, China y Japón, con lo cual dejamos de comprar gas natural a unos para comprarles paneles solares a otros sufragando, de paso, la investigación de sus empresas (la burbuja fotovoltaica española ha sido un chollazo para los chinos, un lucrativo negocio con retornos superiores al 10% para los empresarios solares, y una ruina para el conjunto de la sociedad española).

Tendremos autonomía energética (mínima, la solar fotovoltaica no cubre ni un 0,1% de nuestras necesidades energéticas) pero el quebranto para la balanza comercial española es aún mayor, teniendo que importar, no el combustible, pero si la parte más cara de las instalaciones: las células fotovoltaicas.

Página siguiente »

El tema Rubric. Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 221 seguidores

%d personas les gusta esto: