La mirada del mendigo

30 agosto 2010

Discurso del Ministro de Justicia

Archivado en: Historia — Mendigo @ 15:31

Extracto del discurso de un Ministro de Justicia español. A ver si lo reconocéis.

La justicia ha de ser caliente, la justicia ha de ser viva, la justicia no puede estar encerrada dentro de los estrechos limites de una profesión. No es que despreciemos de forma definitiva los libros y los procedimientos, pero lo cierto es que había demasiados abogados. Cuando las relaciones entre los hombres sean las debidas, no habrá necesidad de robar ni de matar. Por primera vez, se dirá que el criminal delincuente común no es un enemigo de la sociedad; es, acaso, una víctima de la sociedad. ¿Quién es capaz de decir que no va a robar obligado a ello para dar de comer a sus hijos y para comer él mismo? No creáis que quiero hacer la apología del robo, pero a las masas hay que hablarles con dureza. El hombre no procede de Dios, procede de la caverna, de la bestia. La justicia es algo tan sutil que basta con tener corazón para interpretarla.

¿Cuándo se pronunció este atípico discurso? ¿Quién era el Excelentísimo Señor Ministro?
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El discurso tuvo lugar en Enero del 37, y el ministro era García Oliver, el veterano dirigente anarquista, compañero de Durruti y Ascaso. ¿Quién si no? Un paréntesis de dignidad en la larga historia de represión, instrumento necesario para que la explotación de un pueblo sea completa y perfecta, del organismo al que el poder establecido ha dado el satírico nombre de Ministerio de Justicia.

García Oliver

27 agosto 2010

No tiene quien la defienda

Archivado en: economía — Mendigo @ 18:02

loba

Normalmente trato los temas en categoría general, pero hoy voy a tratar un caso concreto porque me parece de libro para ejemplificar los recortes de derechos laborales que el gobierno del P$O€ está llevando a cabo.

Cierta lobita trabajaba de contable en una constructora, desde hace 8 años, encadenando contratos temporales y por obra sin que mediara ni un día entre ellos.

Primera irregularidad, pues en la Seguridad Social deberían haber actuado de oficio pues la ley no permite encadenar contratos durante más de tres años en la misma empresa sin que te hagan fijo. Un ordenador de sobremesa podría realizar en la base de datos de la Seguridad Social (unos pocos millones) un filtrado de aquellos trabajadores que llevasen más de tres años en la misma empresa sin ser fijos. En unos pocos segundos, unos minutos todo lo más, la Seguridad Social podría tener un listado con todos los empresarios que han infringido la ley, merecedores de sanción, y esos contratos deberían ser convertidos automáticamente con arreglo a la misma ley.

La Seguridad Social no lo hace, teniendo los datos y los medios (un miserable ordenador dedicado durante unos segundos, como digo). Nunca fue tan fácil perseguir al delincuente. Pero en materia fiscal y laboral, la legislación española es de cumplimiento voluntario, como todos sabemos.

También podría ser labor de los sindicatos perseguir el fraude en la contratación, pues nos empobrece a todos al establecer de facto unas condiciones ilegales, pero socialmente admitidas. Los sindicatos no actúan, su papel es seguir poniendo el cazo sin molestar demasiado.

En fin, sigue el cuento. Su lobuna majestad llevaba aguantando las invectivas del jefe, para que trabajase más horas por el bien de la empresa. Es decir, las 9 horitas de rigor, sin cobrar esa hora extra, por supuesto. La lobita se zafaba dicendo que en su contrato ponen 8 horas laborables y que ella no regala su trabajo como tampoco a ella le regalan nada. Y aunque fueran cobradas, 8 horas trabajando siempre bajo presión (falta personal, para ahorrar costes) llegan y sobran para agotar a cualquiera, y si trabajase otra hora más en esas condiciones acabaría enfermando.

Siguiente irregularidad: en nuestra sociedad se han consagrado las nueve horas como la jornada laboral media, de forma alegal, supralegal o, directamente, ilegal. Algo así como si por autopista todo el mundo circulase a más de 160km/h y los picoletos hiciesen la vista gorda. Pues la inspección laboral hace como que no se entera, y los sindicatos siguen viviendo en su cómoda inopia. Ahora mismo, en las entrevistas de trabajo te dejan claro que el horario es de 9 horas, y si no estás de acuerdo dilo ya y no nos hagas perder el tiempo. La ilegalidad se ha convertido en hábito, insisto, con la inacción de los encargados de vigilar por el cumplimiento de la ley: en último término el gobierno que es quien debe asegurarse del cumplimiento de TODAS las leyes, y de los sindicatos que son los que tienen la representación de los trabajadores y la defensa de sus derechos.

Con un año de tiras y aflojas, en la empresa han optado por despedirla. ¡Bien! El jefe, un analfabeto acomplejado que se hace caquita cuando ve una corbata, tan miserable que es capaz de pedirle a su propia hermana, empleada, ¡que no disfrute de su permiso de maternidad! porque le va mal a su empresita. Semejante tipillo intenta por las buenas y por las malas despedirla con las manos vacías. La lobita, informada de sus derechos (por internet o gracias a amigos -va por ti, Kiño-, no desde luego gracias a los sindicatos), se negó en redondo. Con 8 años en la empresa yo ya soy fija y, si me quieres despedir, ya puedes poner las pelas sobre la mesa. 45 días por año trabajado que, al final, tuvo que soltar el tipiño por despido improcedente.

Y tan improcedente pues la lobita seguía cumpliendo con su cometido como siempre, a lo que se negaba es a regalarle horas a ese tipiño, se negaba a aceptar unas condiciones de trabajo ilegales. Detrás entró una chavalita de las que se deben haber leído el cuento de los ratones y el queso, y que a estas alturas debe tener el culo como un bebedero de patos.

Poco más de un kilo, no es mucho, no es poco, es lo que la ley marca y no tenía porque renunciar a él pues es lo que le corresponde.

A los pocos días, y eso sí que es suerte (porque de saberlo el jefe se podría haber esperado unos meses), el gobierno anunció el advenimiento de una nueva Reforma Laboral que permitiría a las empresas acudir al despido procedente por motivos económicos, indemnizando sólo con 20 días por año trabajado. Es decir, menos que los finiquitos cobrados por los sucesivos contratos por obra. De estar ya en vigor esta reforma, la lobita se habría ido a la calle sin ver un duro.

Y es así de sencillo.

ANTES de la RL: la lobita se lleva 6000€
DESPUÉS de la RL: el jefe se ahorra esos 6000€ y la lobita se queda en la calle sin un duro

El sentido de la Reforma Laboral es una transferencia de capital del trabajador al empresario. El trabajador deja de cobrar una indemnización, que se la ahorra el empresario. O beneficias a uno u a otro, y el P$O€ ha escogido beneficiar al empresario.

Como ya hemos discutido aquí, toda empresa puede acogerse a los supuestos de la ley, pues cualquier empresa puede, cargando facturas en unos meses, presentar un balance con pérdidas. De hecho, en el caso concreto de la empresa de la lobita, hubieran presentado los libros con pérdidas la mayoría de los años si no fuera gracias a artificios contables (para que los bancos les mantengan la línea de crédito), y se mantiene viva la empresa gracias a la muy hispana costumbre de dar patadón hacia adelante al enorme balón de deuda.

Aún hay más.

Creíamos que el Senado era una inutilidad. Pues parece que no, sirve también para crucificar más al trabajador. A su paso por el Senado, la RL se ha cargado aún más de ignominia. Tras el punto y coma introducido por CiU para que quede claro que no es necesario que la empresa haya tenido pérdidas, sino que basta con que prevea ver reducido su beneficio en un futuro para acogerse al despido procedente (es decir, las empresas no se tienen ni que molestar en falsear los libros, costumbre habitual), el PNV introdujo la guinda: ya no será ilegal encadenar contratos temporales indefinidamente. Basta con que la empresa arguya que no estás haciendo el mismo trabajo para poder mantener en la temporalidad eternamente a un trabajador.

Volviendo a este caso concreto, supondría que mi lobita tendría que haber ido a juicio y demostrado que su trabajo era siempre el mismo. La carga de la prueba, como en el caso anterior, recae ahora en el trabajador que pleitea con su empresa. Basta con un pequeño cambio nominal en el organigrama para que un trabajador encadene de forma legal contratos (de facto, ya sabemos que era práctica habitual con el consentimiento del ejecutivo, insistimos, responsable de la vigilancia del cumplimiento de todo el ordenamiento jurídico, también y especialmente en materia laboral, por mucho que esas competencias hayan sido transferidas a las, me cago en su puta madre cada vez más, CCAA).

Así que, gracias a esta nueva vuelta de tuerca de la clase política sobre la clase trabajadora, la lobita ni tan siquiera hubiera tenido derecho a reclamar su condición de trabajadora fija, y al jefecillo le habría bastado dar por concluida la obra por la que la contrató (había acabado dos años antes) para poder ponerla en la calle, no por despido, sino por fin de contrato, dando por concluida su relación laboral.

No es ya despido libre, sino despido gratuito.

Mi lobita no tiene quien la defienda, ni en el Congreso ni en el Senado.

De 350 diputados, 342 están en su contra, representando al empresariado y defendiendo sus derechos. La abrumadora mayoría social de los trabajadores se transforma, por los instrumentos de eso que llaman “el juego de la democracia” en una abrumadora, aplastante mayoría del capital sobre el trabajo en la cámara de representantes.

Sólo los representantes de Izquierda Unida, Esquerra y Nafarroa Bai han defendido en el Parlamento, con sus míseros e irrelevantes 8 votos, los derechos e intereses de mi lobita trabajadora.

En la Cámara Alta (aunque la bajeza similar a la anterior), desde 258 de los 264 escaños se lanzaron ataques a mi lobita, a sus derechos, a su dignidad como trabajadora. En este momento, desempleada, categoría de vago y maleante para la derecha española de Corbacho, Durán i Lleida y Montoro.

Sólo 6 de los senadores defendieron los derechos de los trabajadores, y todos ellos con acento catalán. El resto de trabajadores del Estado Español no tenemos representación, no tenemos quien nos defienda en el Senado.

Mi lobita, en su juego democrático, no tiene quien la defienda. Reclamo la vuelta al Viejo Orden, en el que, al menos, el pueblo tenía un tercio de la representación en Cortes, frente a los dos tercios de los órdenes superiores, la nobleza y el clero.

Defiendo la vuelta a la República romana pues, al menos, el pueblo tenía derecho a elegir a un Tribuno de la Plebe con amplios poderes para vetar iniciativas que, como la actual, es gravemente lesiva para el común de los ciudadanos que no pertenecen a los órdenes equestre ni senatorial.

Como última afrenta, su sistema democrático tiene la figura del Defensor del Pueblo, sucedáneo del anterior, monigote elegido por ellos para encogerse de hombros y mirar hacia otro lado cada vez que la policía da una paliza a alguien (algo habrá hecho para merecerlo) o que el capital inicia un nuevo ataque a nuestros derechos como trabajadores-consumidores.

Mi lobita, en este sistema, no tiene ni podrá tener quien la defienda, y yo no soy quien de luchar contra todo un sistema, de protegerla contra el imperio de su ley: la de su codicia. No puedo defenderla del ataque de cientos de diputados porque, para empezar, los matones de la puerta no me permitirían jamás ni cruzar el umbral del Congreso.

Lo más que podemos hacer es estudiar idiomas y pensar en que no sería tan malo hacer un cambio de aires a Oslo, Estocolmo, o cualquier lugar donde un trabajador sea, además y por encima de todo, un ciudadano.

loba2

26 agosto 2010

Diaños alados

Archivado en: fotos — Mendigo @ 0:02

Ristra de fotos que quiero dedicar a Manolox, ya que gusta de tan lindos, gráciles y amables bichitos.

Calopteryx virgo
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21 agosto 2010

…y una pompa de jabón

Archivado en: fotos — Mendigo @ 18:07

Macro de la mirada de una Colias croceus

Colias croceus
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20 agosto 2010

Democracia corporativa

Archivado en: democracia — Mendigo @ 9:43

Tejero

Asistimos impávidos al control, por parte de grandes conglomerados empresariales, del cuarto poder: el de la información. Grandes grupos monopolizan la información que recibe el ciudadano, el cual la reciba ya filtrada, seleccionada y mascada, para que el lector/televidente/radioyente ya sólo le quede deglutirla, indignarse por lo que se tiene que indignar, y complacerse por los éxitos de los suyos.

Ya no existe información, especialmente en España la calidad del periodismo es tan baja que no puede llamarse información a lo que transmiten los medios de comunicación. Son formadores de opinión, no muestran una realidad, sino que la moldean para indicar cómo pensar, demostrando al lector que los propios están cargados de razón y el contrario (según el medio: el P$O€, el PP, los nacionalistas…) sólo actúa movido por la perfidia. Cada uno compra el periódico que le da la razón, que le reafirma en sus convicciones, que le muestra el mundo tal y como lo quiere ver. Tal y como le conviene verlo.

Hay medios de comunicación para progres, hay medios de comunicación para fachas. Lo que no hay, ni se le espera, es un medio de comunicación convencional que niegue la supremacía de Dios Padre Capitalismo. Porque los periódicos podrán ser progres o fachas, pero lo que son, ante todo, son grandes holdings empresariales.

La opinión pública está secuestrada por el gran capital, que dicta lo que hay que pensar a través de la correa de transmisión de ideas que son los grupos audiovisuales (no sólo a través de los noticiosos se instruye al populacho, sino también con entretenimientos de ficción que moldean el pensamiento del ciudadano con las virtudes ciudadanas del imperio: maniqueísmo, egoísmo, banalidad, machismo, venganza, que puede llegar a la tortura y el asesinato colectivo si está justificada por un buen fin, con tal de que las víctimas no sean “inocentes”).

Por lo tanto, las grandes corporaciones (gran banca, transnacionales, grandes fortunas…) no sólo controla directamente los tres tradicionales poderes como ha hecho a lo largo de la historia, desequilibrando la balanza de la Justicia con quintales de oro, y moviendo los hilos del Estado para que el agua pase por su molino. Los anglosajones, más hipócritas, lo llaman lobby. En castellano, más expresivo y sincero, decimos untar la mano del que manda.

La novedad es que también controlan la opinión pública, con lo cual pueden dar a sus políticas el marchamo de un refrendo popular, democrático, pues es la misma gente la que ha escogido, con su voto cada cuatro años, las políticas que les favorecen. Mejor dicho, han escogido a las personas que, da igual que sea una que otra, seguirán las políticas que les favorecen, porque no hay otras.

El resultado, ya lo vemos: da igual el camino que tomemos, porque todos conducen a Roma. Es decir, al molino del señor. Es como jugar con una moneda con dos caras, o Borbón o Borbón. O capitalismo o capitalismo. Siempre sale cara, con lo que a nosotros nos toca la cruz de soportarla. Pero que no se diga que no se ha tirado la moneda. Cada cuatro años, otra fiesta de la democracia.

Habida cuenta que, tal y como está diseñado el sistema, gobierne quien gobierne, siempre se va a hacer lo que quieran las empresas…¿por qué no gobiernan directamente las empresas, las grandes empresas?

Por lo tanto, yo propongo que, para eliminar intermediarios que, por desidia o por distracción, puedan equivocarse al tomar decisiones de gobierno contrarias a los intereses del gran capital, y tengan que ser llamados al orden, que sean directamente las multinacionales las que gobiernen.

No es que la circunscripción electoral por provincias, con repartición por el método d’Hondt haya funcionado mal. Al contrario, poco a poco las matemáticas han ido logrando su efecto en lograr un bipartidismo, imperfecto por la existencia de nacionalismos ajenos al español (el único e indivisible nacionalismo, la patria verdadera y eterna). Sin embargo, como digo, creo que se puede hacer mucho mejor: permitiendo que sean los delegados escogidos por las diferentes multinacionales los que ocupen los escaños del Parlamento. Ellos serán quienes, a su vez, decidirán la conformación de los otros dos poderes, el ejecutivo y el judicial, como hasta ahora. El cuarto poder, la información, está tan bien organizado que no considero necesario reformarlo, pues ya el capital ejerce perfectamente su control (son empleados con nómina, aún más fáciles de despedir que los diputados y senadores).

El reparto de escaños se hará conforme al peso de cada empresa en el IBEX35. En cada revisión anual de la composición y ponderación del IBEX, servirá para recomponer la correlación de fuerzas entre las distintas fuerzas políticas y grupos parlamentarios (el GPT, el PdR, PBP…es decir, el Grupo Parlamentario de Telefónica, el Partido de Repsol o el Partido del Banco Popular).

Los 350 escaños del Congreso de los diputados se repartirían, a día de hoy, de la siguiente forma.

Empresa – capitalización – escaños
Telefónica – 79.322.258.909€ – 78 escaños
Santander – 76.939.524.362€ – 76 escaños
BBVA – 36.850.032.397€ – 36 escaños
Iberdrola – 29.239.667.112€ – 29 escaños
Repsol YPF – 21.914.499.160€ – 22 escaños
Inditex – 19.436.688.532€ – 19 escaños
ACS construcciones – 8.456.925.621 – 8 escaños
Abertis infraestructuras – 7.591.396.101 – 7 escaños


et caetera. Los grupos minoritarios que no den para reunir un escaño, se podrían agrupar en un Grupo Mixto que aunaría las fuerzas de Banesto, Endesa, Abengoa, Telecinco, Grifols…

(el que, casualmente, el valor del IBEX35 en este momento sea aproximadamente de 350 billones de euros hace que coincidan, de forma aproximada y absolutamente casual, insisto, el número de escaños con la capitalización en billones de euros)

De esta forma, el sistema ganaría en honestidad y transparencia, y se evitarían malentendidos y la engorrosa parodia cada cuatro años. Los gobiernos de las comunidades autónomas y las corporaciones locales podrían ser elegidos siguiendo análogos criterios.

Nadie se debiera extrañar de lo que yo propongo, ya que no supone darles a las empresas más de lo que ya tienen. Es un ejercicio de realismo y honestidad, reconociéndoles el poder que detentan: el capital ya nos gobierna. Es más, es que nunca, en la Historia, ha dejado de hacerlo; no es ninguna novedad.

No hay nada raro en la idea de un Parlamento elegido por las empresas del IBEX. A decir verdad, tampoco íbamos a notar la diferencia.

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