La mirada del mendigo

27 agosto 2010

No tiene quien la defienda

Filed under: economía — Mendigo @ 18:02

loba

Normalmente trato los temas en categoría general, pero hoy voy a tratar un caso concreto porque me parece de libro para ejemplificar los recortes de derechos laborales que el gobierno del P$O€ está llevando a cabo.

Cierta lobita trabajaba de contable en una constructora, desde hace 8 años, encadenando contratos temporales y por obra sin que mediara ni un día entre ellos.

Primera irregularidad, pues en la Seguridad Social deberían haber actuado de oficio pues la ley no permite encadenar contratos durante más de tres años en la misma empresa sin que te hagan fijo. Un ordenador de sobremesa podría realizar en la base de datos de la Seguridad Social (unos pocos millones) un filtrado de aquellos trabajadores que llevasen más de tres años en la misma empresa sin ser fijos. En unos pocos segundos, unos minutos todo lo más, la Seguridad Social podría tener un listado con todos los empresarios que han infringido la ley, merecedores de sanción, y esos contratos deberían ser convertidos automáticamente con arreglo a la misma ley.

La Seguridad Social no lo hace, teniendo los datos y los medios (un miserable ordenador dedicado durante unos segundos, como digo). Nunca fue tan fácil perseguir al delincuente. Pero en materia fiscal y laboral, la legislación española es de cumplimiento voluntario, como todos sabemos.

También podría ser labor de los sindicatos perseguir el fraude en la contratación, pues nos empobrece a todos al establecer de facto unas condiciones ilegales, pero socialmente admitidas. Los sindicatos no actúan, su papel es seguir poniendo el cazo sin molestar demasiado.

En fin, sigue el cuento. Su lobuna majestad llevaba aguantando las invectivas del jefe, para que trabajase más horas por el bien de la empresa. Es decir, las 9 horitas de rigor, sin cobrar esa hora extra, por supuesto. La lobita se zafaba dicendo que en su contrato ponen 8 horas laborables y que ella no regala su trabajo como tampoco a ella le regalan nada. Y aunque fueran cobradas, 8 horas trabajando siempre bajo presión (falta personal, para ahorrar costes) llegan y sobran para agotar a cualquiera, y si trabajase otra hora más en esas condiciones acabaría enfermando.

Siguiente irregularidad: en nuestra sociedad se han consagrado las nueve horas como la jornada laboral media, de forma alegal, supralegal o, directamente, ilegal. Algo así como si por autopista todo el mundo circulase a más de 160km/h y los picoletos hiciesen la vista gorda. Pues la inspección laboral hace como que no se entera, y los sindicatos siguen viviendo en su cómoda inopia. Ahora mismo, en las entrevistas de trabajo te dejan claro que el horario es de 9 horas, y si no estás de acuerdo dilo ya y no nos hagas perder el tiempo. La ilegalidad se ha convertido en hábito, insisto, con la inacción de los encargados de vigilar por el cumplimiento de la ley: en último término el gobierno que es quien debe asegurarse del cumplimiento de TODAS las leyes, y de los sindicatos que son los que tienen la representación de los trabajadores y la defensa de sus derechos.

Con un año de tiras y aflojas, en la empresa han optado por despedirla. ¡Bien! El jefe, un analfabeto acomplejado que se hace caquita cuando ve una corbata, tan miserable que es capaz de pedirle a su propia hermana, empleada, ¡que no disfrute de su permiso de maternidad! porque le va mal a su empresita. Semejante tipillo intenta por las buenas y por las malas despedirla con las manos vacías. La lobita, informada de sus derechos (por internet o gracias a amigos -va por ti, Kiño-, no desde luego gracias a los sindicatos), se negó en redondo. Con 8 años en la empresa yo ya soy fija y, si me quieres despedir, ya puedes poner las pelas sobre la mesa. 45 días por año trabajado que, al final, tuvo que soltar el tipiño por despido improcedente.

Y tan improcedente pues la lobita seguía cumpliendo con su cometido como siempre, a lo que se negaba es a regalarle horas a ese tipiño, se negaba a aceptar unas condiciones de trabajo ilegales. Detrás entró una chavalita de las que se deben haber leído el cuento de los ratones y el queso, y que a estas alturas debe tener el culo como un bebedero de patos.

Poco más de un kilo, no es mucho, no es poco, es lo que la ley marca y no tenía porque renunciar a él pues es lo que le corresponde.

A los pocos días, y eso sí que es suerte (porque de saberlo el jefe se podría haber esperado unos meses), el gobierno anunció el advenimiento de una nueva Reforma Laboral que permitiría a las empresas acudir al despido procedente por motivos económicos, indemnizando sólo con 20 días por año trabajado. Es decir, menos que los finiquitos cobrados por los sucesivos contratos por obra. De estar ya en vigor esta reforma, la lobita se habría ido a la calle sin ver un duro.

Y es así de sencillo.

ANTES de la RL: la lobita se lleva 6000€
DESPUÉS de la RL: el jefe se ahorra esos 6000€ y la lobita se queda en la calle sin un duro

El sentido de la Reforma Laboral es una transferencia de capital del trabajador al empresario. El trabajador deja de cobrar una indemnización, que se la ahorra el empresario. O beneficias a uno u a otro, y el P$O€ ha escogido beneficiar al empresario.

Como ya hemos discutido aquí, toda empresa puede acogerse a los supuestos de la ley, pues cualquier empresa puede, cargando facturas en unos meses, presentar un balance con pérdidas. De hecho, en el caso concreto de la empresa de la lobita, hubieran presentado los libros con pérdidas la mayoría de los años si no fuera gracias a artificios contables (para que los bancos les mantengan la línea de crédito), y se mantiene viva la empresa gracias a la muy hispana costumbre de dar patadón hacia adelante al enorme balón de deuda.

Aún hay más.

Creíamos que el Senado era una inutilidad. Pues parece que no, sirve también para crucificar más al trabajador. A su paso por el Senado, la RL se ha cargado aún más de ignominia. Tras el punto y coma introducido por CiU para que quede claro que no es necesario que la empresa haya tenido pérdidas, sino que basta con que prevea ver reducido su beneficio en un futuro para acogerse al despido procedente (es decir, las empresas no se tienen ni que molestar en falsear los libros, costumbre habitual), el PNV introdujo la guinda: ya no será ilegal encadenar contratos temporales indefinidamente. Basta con que la empresa arguya que no estás haciendo el mismo trabajo para poder mantener en la temporalidad eternamente a un trabajador.

Volviendo a este caso concreto, supondría que mi lobita tendría que haber ido a juicio y demostrado que su trabajo era siempre el mismo. La carga de la prueba, como en el caso anterior, recae ahora en el trabajador que pleitea con su empresa. Basta con un pequeño cambio nominal en el organigrama para que un trabajador encadene de forma legal contratos (de facto, ya sabemos que era práctica habitual con el consentimiento del ejecutivo, insistimos, responsable de la vigilancia del cumplimiento de todo el ordenamiento jurídico, también y especialmente en materia laboral, por mucho que esas competencias hayan sido transferidas a las, me cago en su puta madre cada vez más, CCAA).

Así que, gracias a esta nueva vuelta de tuerca de la clase política sobre la clase trabajadora, la lobita ni tan siquiera hubiera tenido derecho a reclamar su condición de trabajadora fija, y al jefecillo le habría bastado dar por concluida la obra por la que la contrató (había acabado dos años antes) para poder ponerla en la calle, no por despido, sino por fin de contrato, dando por concluida su relación laboral.

No es ya despido libre, sino despido gratuito.

Mi lobita no tiene quien la defienda, ni en el Congreso ni en el Senado.

De 350 diputados, 342 están en su contra, representando al empresariado y defendiendo sus derechos. La abrumadora mayoría social de los trabajadores se transforma, por los instrumentos de eso que llaman “el juego de la democracia” en una abrumadora, aplastante mayoría del capital sobre el trabajo en la cámara de representantes.

Sólo los representantes de Izquierda Unida, Esquerra y Nafarroa Bai han defendido en el Parlamento, con sus míseros e irrelevantes 8 votos, los derechos e intereses de mi lobita trabajadora.

En la Cámara Alta (aunque la bajeza similar a la anterior), desde 258 de los 264 escaños se lanzaron ataques a mi lobita, a sus derechos, a su dignidad como trabajadora. En este momento, desempleada, categoría de vago y maleante para la derecha española de Corbacho, Durán i Lleida y Montoro.

Sólo 6 de los senadores defendieron los derechos de los trabajadores, y todos ellos con acento catalán. El resto de trabajadores del Estado Español no tenemos representación, no tenemos quien nos defienda en el Senado.

Mi lobita, en su juego democrático, no tiene quien la defienda. Reclamo la vuelta al Viejo Orden, en el que, al menos, el pueblo tenía un tercio de la representación en Cortes, frente a los dos tercios de los órdenes superiores, la nobleza y el clero.

Defiendo la vuelta a la República romana pues, al menos, el pueblo tenía derecho a elegir a un Tribuno de la Plebe con amplios poderes para vetar iniciativas que, como la actual, es gravemente lesiva para el común de los ciudadanos que no pertenecen a los órdenes equestre ni senatorial.

Como última afrenta, su sistema democrático tiene la figura del Defensor del Pueblo, sucedáneo del anterior, monigote elegido por ellos para encogerse de hombros y mirar hacia otro lado cada vez que la policía da una paliza a alguien (algo habrá hecho para merecerlo) o que el capital inicia un nuevo ataque a nuestros derechos como trabajadores-consumidores.

Mi lobita, en este sistema, no tiene ni podrá tener quien la defienda, y yo no soy quien de luchar contra todo un sistema, de protegerla contra el imperio de su ley: la de su codicia. No puedo defenderla del ataque de cientos de diputados porque, para empezar, los matones de la puerta no me permitirían jamás ni cruzar el umbral del Congreso.

Lo más que podemos hacer es estudiar idiomas y pensar en que no sería tan malo hacer un cambio de aires a Oslo, Estocolmo, o cualquier lugar donde un trabajador sea, además y por encima de todo, un ciudadano.

loba2

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