Quería comentar con vosotros una noticia:
La entrevista del ademocrático Jefe de Estado de España, con Laurence Fink, presidente de una de las más poderosas gestoras de fondos del mundo: BlackRock.
Que la entrevista haya versado sobre la actualidad financiera global (para lo cual hubiera bastado con que el rey hojease la prensa salmón, si quería enterarse de algo) o sobre las finanzas particulares del monarca, no hace al caso para lo que os quería contar.
Me parece curioso cómo existe una fraternal camaradería entre la gente de cierto rango que, superando diferencias lingüísticas, culturales o religiosas, alternan con familiaridad de sus asuntos. La gente de cierta alcurnia deberían ser un ejemplo para el común de los mortales por el modo en que se conducen, con verdadero espíritu de clase, obviando las nacionalidades y saltando por encima de las fronteras para defender sus intereses comunes.
Mientras tanto, los abyectos vasallos seguimos envueltos en banderas, la raza y el himno, con sus españoles primero y el que no le guste que se vaya. Festejando los méritos deportivos de “los nuestros”, como si nos fuera algo en tal empresa.
Así como nuestro mundo rastrero está limitado por fronteras, por ellos construido de forma geográfica, los monarcas del dinero viven en un mundo libre de barreras, donde el único muro es el que los separa, con guardaespaldas y coche blindado, del resto de la chusma. Libres de prejuicios y xenofobia, viven todos en común concordia dedicándose halagos y cubriéndose las espaldas.
Todo un ejemplo, insisto.
Es divertido que los que se ganan la vida con el cuento de la españolidad, tengan unas raíces tan españolas como el vodka o el sushi. No descubro nada recordando que la monarquía francesa impuso a uno de su linaje, los Bourbon, como Rey de España. Vamos con otro ejemplo menos conocido, pero también muy esclarecedor de lo que trato de decir.
Recuerdo una pintada que ponía:
Lei de Extranxeiría
para a raíña Sofía.
Efectivamente, doña Sofía Glücksburg Brunswick, conocida entre el populacho aficionado a las revistas de cotilleos como Sofía de Grecia, tiene una ascendencia que es tan española como griega. Hija del títere que impusieron las potencias centrales a los griegos (al igual que los franceses nos impusieron al impresentable de Felipe de Anjou como rey), en realidad el origen de su familia está en Dinamarca y Alemania. Por resumirlo un poco, porque tiene ancestros de las casas reales inglesa y rusa, además de otras familias nobiliarias centroeuropeas.
Queda españolísima, la antigua princesita danesa con su mantilla y peineta. Entrañable.
Hasta aquí la primera parte del asunto, las cosmopolitas relaciones personales de los miembros de la nobleza económica mundial.

Ahora vamos con la segunda parte, las relaciones puramente económicas, de las empresas y sus dueños. Los periodistas, con su cultura de taxista madrileño, suelen referirse a las empresas con sede social en el Estado español remarcando esa característica: su nacionalidad. Su percepción de la realidad no va más allá que asignarles los colores de una bandera.
Por ejemplo, cuando se refieren a CEPSA, suelen hablar de la petrolera española. Podrían tener cierta razón, no en vano CEPSA es el acrónimo de Compañía Española de Petróleos SA.
Si vemos quiénes son sus directivos, nos encontramos como consejero a un primo segundo de Juancar, a Su Alteza Real Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, príncipe de las Dos Sicilias, duque de Calabria, conde de Caserta. Natural de Lausanne, Suiza.
El presidente es un tal Santiago Bergareche (suena a apellido vasco castellanizado), que también nos lo encontramos como vicepresidente de Ferrovial y en los consejos directivos de Vocento y Gamesa. Es decir, el buen hombre sabe como gobernar una petrolera, una constructora, un imperio mediático y un fabricante de aerogeneradores. Tiene mucha lógica, desde luego. También podrían unificar los permisos de conducción de coches, motos, camiones, autobuses, embarcaciones a vela, embarcaciones a motor, ultraligeros, avionetas, aviones comerciales y hasta batiscafos.
Conste que he cogido a este hombre como podría haber tomado cualquier otro ejemplo, este pluriempleo en los altos cargos es algo usual entre la nobleza económica, que se reparte los consejos ejecutivos de las multinacionales.
¿Por qué? Porque nacieron para ello, para gobernar, está en sus genes, en su sangre azul. ¿O es que todavía no os habéis enterado?
El resto de consejeros son una mezcla curiosa de apellidos franceses y árabes (uno se pregunta en qué idioma se entenderán en la junta directiva de la “petrolera española”).
Pero bueno, ése es sólo el Consejo de Administración; lo interesante es saber quién o quiénes son los dueños. Si fuera española, su propiedad debería ser de todos los españoles, a título personal o como propiedad colectiva a nombre del Estado español. Todos sabemos que no es así. Yo, al menos, no poseo ni una infinitésima parte de esa empresa. CEPSA es tan mía como REPSOL, como Shell o como TEXACO. Es decir, cero.
¿Entonces? ¿Quizá podría ser una licencia literaria del periodista, considerando que el/los propietarios de CEPSA son españoles? Pues…va a ser que no. Si somos listos, el apellido de los consejeros nos dará la pista: CEPSA pertenece en un 48,8% a la petrolera ¿francesa? Total, y otro 46,1% a IPIC, una compañía estatal de Abu Dhabi. El resto de las acciones son el free float que se distribuye entre pequeños inversores que las intercambian en las bolsas de Madrid, Frankfurt, Paris o Nueva York. Inversores cuya nacionalidad puede ser española, magiar o melanesia, quién sabe.
Por un lado, al menos, ya hemos avanzado algo: la mitad de CEPSA es árabe. IPIC (International Petroleum Investment Company) es una subsidiaria de la ADNOC (Abu Dhabi National Oil Company), es decir, la petrolera estatal de ese emirato árabe.
Está bien esto de la privatización: de esta forma empresas estatales de otros Estados pueden hacerse con el control de nuestro sector energético. De esta forma, cada euro que gastamos al repostar va íntegro a su bolsillo, pues ellos controlan todas las operaciones desde la extracción, al refino y la distribución.
Ahora, vamos con la otra mitad. Como hemos dicho, pertenece a Total, la cuarta petrolera más grande del mundo. ¿Francesa? Pues no es tan fácil como en el caso anterior, con los árabes. Además de un 5% de autocartera y un 4% de acciones en manos de los empleados (lo que yo propugno sería que esta cantidad creciera por ley en todas las empresas, por ejemplo como parte de los salarios, hasta hacerse los trabajadores con el control del consejo de administración), la propiedad de la petrolera está dividida entre un montón de firmas de inversión: Lyxor, Amundi, Norges Bank, Natixis, APG (a todas estas firmas, añadidle la coletilla de Asset Management), que a su vez manejan el dinero de fortunas de todo el mundo. Por esta parte, al menos, imposible asignarle ninguna nacionalidad a la petrolera.
Tenemos otro fondo de inversión, sin embargo, al que sí que podemos ponerle bandera: CIC. Su entrada en Total levantó una gran suspicacia. ¿Por qué? Pues porque se trata de, igual que el árabe, un fondo soberano. Y porque CIC son las siglas de China Investment Corporation, y los chinos dan aún más miedo que los árabes. Unos y otros, con dinero fresco en el bolsillo, se pasean por los mercados de todo el mundo comprando todo lo que se pone a tiro.
Así que ya sabemos otra cosa: un cachito de Total, y por lo tanto medio de CEPSA, pertenece al Estado Chino.
Vamos a entrar un poco más en profundidad en ese maremagnum de fondos de inversión. El principal accionista es un tal Groupe Bruxelles Lambert. Buscando un poco, vemos que esta firma tiene también buenos pedazos de otras empresas ¿francesas? como Suez o Lafarge, además de, ¡oh, sorpresa! un cachito de la ¿española? Iberdrola. Pero… ¿Quién es el dueño de este grupo, que a su vez es el co-dueño de Total quien a su vez es el semi-dueño de la españolísima CEPSA?
Pues ya vamos desenredando la madeja, este Groupe Bruxelles Lambert pertenece a tres sociedades:
- la Compagnie Nationale à Portefeuille. Y esta sociedad es, a su vez, la segunda principal accionista de TOTAL. Es decir, posee directamente e indirectamente acciones en TOTAL. A su vez, la CNP pertenece a las sociedades ERBE y Frère-Bourgeois.
- Al mismo holding Frère-Bourgeois que acabamos de ver
- Y a la Power Corporation du Canada
Quedémonos con las dos primeras:
¿A quien pertenece ERBE? La mitad, de nuevo, a Frère-Bourgeois, y la otra mitad al banco BNP Paribas (y aquí sí que renuncio a saber a quienes pertenece este banco parisino, sólo adelanto que en un 11% a la Société Fédérale de Participations et d’Investissement, es decir, al Estado francés).
Bien, luego la CNP es controlada, directa e indirectamente, por Frère-Bourgeois. ¿Qué cojones es esa sociedad de inversión? Pues por fin, llegamos tras un rato a un cabo de la madeja, es la sociedad que vehicula la inversiones del multimillonario belga Albert Frère, un industrial sin formación académica que se forró con el acero y ahora es dueño de media Bélgica y parte del extranjero. Ahora es barón, oficial de la Legión de Honor y toda esa mandanga…
¿Y por el otro cabo canadiense? La Power Corporation du Canada es propiedad de uno de los hombres más ricos de Canadá, Paul Desmarais.
Bueno, al menos, ya hemos cerrado algunos cabos, llegando a algunos nombres concretos. Porque detrás de la demoníaca sucesión de firmas metidas en otras firmas, como un juego de matrioskas, hay nombres y apellidos.
Entonces. Después de todo esto. Podríais decirme, cuando repostáis en una gasolinera CEPSA, ¿a quién le estáis dando vuestro dinero?
Jajajajaja
Yo también me he perdido, la verdad.
Recapitulemos: la mitad al Khalifa bin Zayed Al Nahayan, emir de Abu Dhabi. Y la otra mitad se la reparten un montón de millonetis de todo el mundo, entre los que destacan un fulano belga que se ha hecho barón a base de talonario, y un canadiense que parece ser que le gusta mangonear en la política de su país. ¡Aps! Y al gobierno chino, se me olvidaba.
CEPSA es española, claro. Españolísima. Como la ciudadana Sofía Glücksburg Brunswick.
Por cierto, he cogido CEPSA como podía haber cogido cualquier otra. Por ejemplo, de todos es sabido que Endesa fue engullida por la empresa pública de electricidad italiana: ENEL. Ya sabéis a dónde va vuestra factura de la luz.
Otro caso: si miramos quién es el accionista más importante de Telefónica nos encontramos a…J.P.Morgan, el segundo banco más grande del mundo y uno de los protagonistas principales al cual agradecer la crisis que nos estamos comiendo.
Ya sabéis quién se lleva el dinero de vuestro ADSL.
Pero vamos un poco más allá. Los otros accionistas mayoritarios de Telefónica son tres bancos: el Santander, el BBVA, el BNP Paribas que vimos antes y…BlackRock, el fondo de inversión a cuyo presidente invitó nuestro monarca a la Zarzuela. Al final, esto es un club selecto en el que te encuentras una y otra vez los mismos nombres.
Y un último paso: ¿Quiénes son los mayores accionistas del Santander? ¡Oh, casualidad! BlackRock, Norges, Lyxor.
¿Y del BBVA? Pues de nuevo, nombres que nos hemos ido encontrando a lo largo de este artículo: BNP Paribas, BlackRock, Norges, Lyxor y Natixis.
Sociedades financieras cuyos nombres nos son desconocidos, pero a las cuales pertenecen nuestras vidas. Trabajamos en sus empresas, compramos lo que ellas nos venden, vivimos en sus casas que son accesibles a nuestro sueldo mediante las hipotecas que nos conceden sus bancos.
Somos suyos. Nuestro mundo les pertenece.
Y ahora, volvemos al principio. Como veis, en su mundo no existen fronteras. Los ricos y poderosos saltan de un país a otro, de un continente a otro, comprando hombres, animales y tierras. Para el capital no hay límites, no hay barreras.
Y mientras los que gobiernan nuestras vidas viven por encima de fronteras, nosotros nos enredamos en la trampa que nos han tendido creando antagonismos y fobias con el vecino de patio, de corrala, tan miserable como nosotros. Pero ¿no nos damos cuenta que somos todos la misma mierda? ¿Que sólo somos materia prima que el sistema se encargará de transformar en beneficios, tirando lo que quede de nosotros al vertedero?
No valemos nada. No somos nada. No les importamos una mierda. Blanco, negro, amarillo o cobrizo, da igual, somos todos un elemento fungible, combustible para el motor de su economía, abono para sus campos.
No hay más que una división entre las personas. Los que tienen. Y con esto quiero decir, que TIENEN. Y los que no tenemos (aunque algunos crean que tienen algo, pringaíllos, esos son los más pobres, viven esclavizados de miedo para no perderlo). Y los que no tenemos deberíamos tomar ejemplo de los primeros y liberarnos de aquellas ataduras que molestan en el combate.
Divide et impera, que dijo Xulio. Bien que tomaron lección los príncipes a lo largo de los siglos, de su maquiavélica afirmación.
Sin perder nuestra identidad, nuestra cultura, pues no hace falta homogeneizarnos para luchar juntos. No porque seamos iguales, sino porque nuestros intereses son comunes. ¿Podríamos algún día superar las divisiones en que nos han aislado y crear una estrategia común en la lucha obrera? Si el enemigo no atiende ni respeta unos límites que él mismo ha impuesto ¿Por qué habrían de limitarnos a nosotros? Para luchar, habremos de hacerlo en el mismo campo. Si para ellos no existen fronteras, tampoco para nosotros.
Ni petrolera española, ni Banco de Santander. Mentira. No existe patria. Existe DINERO. Existe propiedad. Quien tiene y quien no tiene. Quien vive de su trabajo, y quien vive del trabajo de los demás.
Ni España ni hostias.
Ya está bien de tanto cuento.
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