Hace poco me llegó un correo de Javi, trayendo a colación un fragmento de una película que ya es una vieja conocida aquí: el Concursante.
Hablamos de ello en la primavera del 2008, ahora sabemos mucho más hasta dónde puede llegar el servicio de la deuda. Creo que merece la pena que volvamos a analizar este vídeo.
Lo que dice el erudito es cierto, pero sólo en un sistema de suma cero, esto es, en aquel sistema en el que la cantidad de riqueza permanece constante. La obvia crítica a esta afirmación es que con las diez monedas, el agricultor puede invertir para modernizar su huerto y obtener una mejora en la productividad. De tal forma que podrá devolver las diez monedas más los intereses y aún le habrá tenido cuenta la operación. Otras veces, el prestatario no obtenía un rendimiento por su dinero superior al tipo al que se lo ofrecía el banco. En este caso, se arruinaba y se colgaba de la viga de su casa o se descerrajaba un tiro en la cabeza, pero el mundo seguía girando sin él.
Pero eso está cambiando. La Humanidad empieza a tocar con los límites materiales del planeta, con su capacidad de regeneración, con condicionantes físicos que impiden incrementos ulteriores en la productividad que alivien el peso de la deuda. Se consume más petróleo de lo que los nuevos yacimientos aportan a las reservas, las minas de oro, cobre o zinc no verán el nuevo siglo, la agricultura industrial avanza sobre territorio forestal para cubrir la voracidad de una población mundial en constante aumento, a la cual se unen las fauces de los automóviles que compiten por el mismo grano que el hombre. Nos estamos dando cuenta que el mundo ya no da más de sí. Tenemos el mundo que tenemos, y cada vez más esto es un juego de suma cero.
Esto es, en la sociedades desarrolladas, es muy difícil lograr un crecimiento sostenido que no sea por la falsa vía de la acumulación de deuda o la impresión de moneda nueva. Los nuevos procesos, las nuevas fuentes de materias primas no son suficientes para cubrir los intereses de la deuda.
Las economías desarrolladas deben, en conjunto, entre la deuda pública, privada y financiera, sobre el 300% de su PIB. Esta deuda sólo es asumible con crecimiento o inflación, perdón, quería decir e inflación.
Del crecimiento no podemos esperar más que un 1 o un 2%, y eso cuando salgamos del hoyo. Bueno, si caemos muy profundo ya estaremos en la categoría de país subdesarrollado y sí que tendremos margen para crecer más…porque vendremos de muy abajo y habrá recorrido.
¿Y de la inflación? Para los que tienen una enorme deuda contraída (todos, como sociedad), una sana inflación del 5-6% nos ayudaría muchísimo para ir aligerando la carga de la deuda y hacerla asumible. Como estamos viendo estos días, esto no va a pasar, el BCE no va a dejar que pase. Con una tozudez enfermiza, sus directivos repiten una y otra vez que no permitirán que se desboque la inflación con una política monetaria laxa (monetarizando la deuda de los países miembros, acudiendo al primario).
Pero ¿Por qué ese empeño, casi suicida? Esto sí que es muy sencillo de explicar. La inflación es el vampiro de cualquier prestamista, sangra su inversión, devaluándola. Podemos decir que cada punto que sube la inflación, es un punto menos que el banquero obtiene sus ganancias. De hecho, el BCE tiene en su mano el precio del dinero, lo cual, indirectamente, afecta a la inflación. Uno y otra son las dos variables principales en el oficio del banquero, luego es de todo punto esperable que la banca haya querido tener al BCE bajo su control.
Y así es. Una y otra vez los funcionarios del BCE (porque son funcionarios, pagado con dinero de los contribuyentes) nos recuerdan su independencia del poder político, para no acudir a las subastas de deuda pública (sí que la aceptan, pero de los bancos comerciales en el secundario, haciéndole un favor a estos pero no a los países que son, a la postre, los que lo mantienen). Esa idea de la independencia a mí me rompe los esquemas. ¿Cómo va a ser independiente un banco central de la ciudadanía? Si no mandamos nosotros sobre el banco central ¿quién lo hace? La respuesta es obvia: proclaman la independencia de cualquier control democrático, porque son absolutamente dependientes del sector financiero. En España tenemos buen ejemplo de la independencia del gobernador del Banco de España, perfectamente confundible con el puesto de portavoz de la patronal bancaria. Independiente de los deseos y exigencias de la ciudadanía, sometido absolutamente al poder financiero.
De hecho, aunque hubiera un estrecho control político del BCE, ya los banqueros harían por mangonear en sus decisiones (porque, como hemos dicho, afectan directamente a su negocio). Cuando más si declaramos a los bancos centrales libres del control democrático. MAFO, Trichet o Draghi son asalariados del Santander, Commerzbank, BNP Paribas, ING Groep….
Ahora entendemos por qué el BCE no quiere adoptar políticas que generen inflación, porque no se lo permite su jefe, la banca. ¡Ojo! La hiperinflación es muy peligrosa. Pero mencionarla en estas circunstancias, con la inflación europea en el 2%, con un crecimiento anémico y un 30% de la capacidad productiva industrial ociosa, es negar un vaso de agua a un sediento, no se vaya a ahogar. Más bien las circunstancias europeas nos conducen a una deflación, situación tan peligrosa como la hiperinflación, pues seca la actividad comercial (nadie quiere comprar algo que sabe que en unos meses podrá adquirir más barato, lo que está pasando, por ejemplo, con la vivienda).
Por lo tanto, si la vía matemática para escapar de la deuda, que es con una combinación de crecimiento (ni está ni se le espera) e inflación (no mientras el BCE siga estando en Frankfurt y se rija por su constitución ultra-liberal), Europa se encuentra correctamente representada en el tablero de ajedrez del vídeo. Efectivamente, sin crecimiento ni inflación (más precisamente, con éstas por debajo del tipo de interés a que se está financiando el Estado o las empresas), la deuda es impagable.
Entendámonos, no es que sea poca o mucha, es que va a crecer por encima de nuestras capacidades de amortizarla. Y de nada sirve meter la tijera y reducir el déficit público (que es la parte pequeña de la deuda que tiene el subsistema económico llamado España) al 3%, e incluso lograr el equilibrio fiscal en un alarde de atrocidad presupuestaria. Es igual, aunque no acumulemos más deuda, la deuda que tenemos seguirá siendo impagable mientras los tipos a los que nos financiamos estén por encima de nuestras capacidades de crecimiento o del incremento de masa monetaria (imprimiendo dinero que genere inflación).
Si no ocurren cualquiera de las dos cosas, efectivamente, como nos adelanta el vídeo, la deuda es impagable porque no hay ese dinero en el sistema, ni podemos crearlo. No hay esas ciento diez monedas. El banco se lo quedará todo, y nosotros aún le seguiremos debiendo esas 10 monedas con lo que, en la práctica, nos convertiremos en esclavos del banco.
Ya hace cinco años que escribimos La esclavitud por deudas. No es por reinvindicarme ni postularme para el Nobel, pero en el 2006 estaban Solbes y Rato, Presidente del FMI y Ministro de Economía, junto con el resto de gurús económicos, felicitándose por el esquema Ponzi que habían inventado y vendían como la ruptura de los ciclos económicos y la entrada en una etapa de venturoso crecimiento sostenido sin final, la pócima de la eterna juventud merced a los brebajes de la ingeniería financiera.
Dos años después, empezaba el baile de rescates hasta la quiebra de Lehman Brothers.
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Edito: El emperador se está preparando para impagar sus deudas
En realidad, los ingleses y usamericanos lo llevan haciendo desde el principio de la crisis. Con disimulo, van devaluando su moneda y haciendo más asequible el pago de su deuda (para tortura del banco central chino o japonés, que ve como, por arte de magia, baja la ley de las monedas que tienen almacenadas en sus cámaras acorazadas). La impresión de dinero y la inflación es un default pero a cámara lenta, progresivo. Los alemanes quieren hacerlo, sin embargo, al estilo de los Nibelungos, por las bravas.

























