En el mundo hay y ha habido infinidad de Dioses y Diosas, los cuales han sido alabados y adorados por un sinfín de religiones (una manifestación organizada de la superstición). Hay dioses primigenios y dioses secundarios, generalmente hijos de otros dioses. Si prescindimos de la genealogía divina y rastreamos su origen histórico, nos encontramos con interesantes filiaciones, pues como cualquier otra manifestación cultural (como la lengua o música) ninguna religión proviene de la nada, sino que toman elementos de otras pretéritas o coetáneas.
Pero como con la música, hay obras originales inspiradas en algo, reelaboraciones, copias descaradas y batiburrillos infectos. El cristianismo pertenece a esta última categoría. El cristianismo es a la historia de las religiones lo que las croquetas o las albóndigas son al arte culinario: lo que cocinamos para aprovechar el resto de los platos.
Efectivamente, el cristianismo toma el libro sagrado hebreo, el Tanaj (cuyo núcleo es la Torah, llamado en la cristiandad el Pentateuco) y le añade un opúsculo sobre las andanzas de su Dios secundario y sus acólitos. Esta rama del judaísmo quiere ver en ese Jesús el cumplimiento de la profecía relatada en la Torah sobre la venida del Mesías (aunque todavía no hemos visto cumplida la parte del fin del mundo). Los mormones añadieron aún otro opúsculo más, el evangelio de Joseph Smith (que como nombre de profeta queda un tanto ridículo), que es la expresión más pura y sublime del cretinismo. Y en la cima de la depravación está el refrito violento que Mahoma hizo de la fe rabínica en su pútrido Q’ram (el siempre creyó que lo que él defendía, era la fe judía original).
Pero es que la religión nacional hebraica dista mucho de ser una religión original, pues este pueblo seminómada fue tomando elementos de otras religiones de culturas más poderosas durante su largo periodo politeista hasta que fueron a terminar en un concepto de Dios supremo sospechosamente parecido al que enseñaba el clero heliopolitano. Yahveh es sospechosamente parecido en sus cualidades y atributos a Re, aderezado con una pulsión genocida muy del gusto de ese pueblo de cabreros y salteadores de caminos (oficios que siglos más tarde seguía practicando Mahoma y sus banda).
Al respecto recomiendo el artículo de Yuri: El origen de Dios.
El diluvio universal se puede rastrear en decenas de mitos de otras tantas culturas, que quizá guarden el recuerdo legendario del fin de la glaciación würmiense, periodo de rápido cambio climático que lleva asociado la fusión de los glaciares, subida del nivel marino y aumento de la pluviosidad. El árbol del bien y del mal es un calco del árbol de la vida, central en la mitología sumeria, civilización superior de la cual los pueblos semitas tomaron la mayor parte de su religión, deformándola hasta adoptar la forma de un nacionalismo belicoso. El mismo mito de la creación del hombre a partir de barro, cuya vida fue insuflada por Dios no es más que la mala traducción semita del mito sumerio, por la confusión entre las palabras sumerias para costilla y vida (ti). Es estúpido pensar que la mujer nació de una costilla del hombre, la traducción correcta de ese mito, en el original, es que el hombre nació de una primera mujer, Ninti o “mujer de la vida”, como entiende cualquier que tenga dos dedos de frente. La mujer como principio generador de vida, mientras que la misoginia semita no podía aceptar una leyenda que hiciera a la mujer anteceder al hombre, deber a ella su existencia.
Por cierto, como curiosidad, el ADN mitocondrial confirmó que toda la humanidad descendemos de una misma mujer, que se piensa habitó en lo que ahora es el cuerno de África: la teoría de la Eva negra.
Pero estas coincidencias creo que ya las he contado otras veces. Ahora vamos a ir a tiempos más recientes, para analizar algunos parecidos razonables de la iconografía cristiana con la religión pagana, es decir, de los habitantes de los pagus o aldeanos, los que persistieron en los cultos tradicionales sin someterse a la religión que tras la conversión de Constantino pasó a ser religión oficial (su hijo, Constancio, mandó ejecutar a filósofos y sacerdotes fieles a los cultos tradicionales, mártires de la religión grecolatina que no pasaron a la historia por defender un culto ya extinto).
Por ejemplo:

La asunción de la Virgen, tema infinitamente representado en la cristiandad (en este caso, por Murillo, s.XVII). Podría despotricar del insulto a la mujer que supone la sublimación del himen, pero mejor me centro en la cuestión principal.
(más…)



















