Esta entrada hace el millar, desde que comencé con esto de la bitácora hace ya más de un lustro.
No soy amigo de celebraciones, y los números redondos no tienen para mí ningún significado especial. Por no celebrar, no celebro ni el número entero de revoluciones terrestres en torno al Sol desde la fecha en que salí del coño de mi madre (es decir, que desde muy pequeño paso de mi cumpleaños). Tampoco celebro otros convencionalismos como fines de año o chorradas de esas, pues el tiempo es una variable continua.
Así que tomo la entrada número 1000 como excusa para romper un poco el habitual sabor acre de este chamizo e introducir un poco de belleza.






















