La mirada del mendigo

11 marzo 2012

¿Compramos Público?

Filed under: información — Mendigo @ 17:05

Cuando escribí la entrada de Los dueños de la información, acabé concluyendo que la izquierda necesita un medio de comunicación e información generalista como el aire que respira.

Este medio, para ser de izquierdas, debe ser de propiedad colectiva, siguiendo el ejemplo de Gara (¿la izquierda vasca es capaz de sacar adelante un proyecto que es irrealizable para la izquierda española? ¿por tan poco nos tenemos?).

Durante los años de vida de Público, he procurado no hacer demasiada crítica. De hecho, como sabéis, si varios medios trataban una noticia, siempre he preferido enlazar la de Público para darle mayor relevancia. Ahora que ha entrado en fase terminal, puedo hablar libremente de este medio como lector (de su dirección económica y estratégica, causa que apuntan como motivo de su cierre, no sé nada y nada puedo aportar). En su búsqueda de lectores, fue perdiendo calidad para convertirse en un periódico sensacionalista, en el que compartían espacio interesantes análisis con la truculencia de la sección de sucesos de que se nutren los medios que quieren vender y no informar. No, el asesinato de un menor, por muy lamentable que sea, no es una noticia relevante, no tiene trascendencia más allá del luctuoso hecho. Por mucho que haya morbo e higadillos de por medio, por mucho que venda.

Esto es lo que diferencia el periodismo de calidad, con artículos densos sobre temas no evidentes, del sensacionalismo y los ecos de sociedad, que son el sucedáneo de la información que se le administra a un público con carencias educativas como para entender una noticia relevante, contextualizada.

Los artículos de Público nunca fueron muy extensos, para leer un análisis en profundidad tenías que acudir a El País (que, pese a todo, sigue siendo el periódico de más calidad que se edita en España, aunque mermada por los recortes de plantilla). A cambio, tenías en tu monitor (ya hace bastantes años que no compro papel) un periódico bastante honesto, que lograba compaginar una línea editorial netamente de izquierdas, con un respeto por la verdad que debiera ser el primer y único mandamiento de todo periodista. Este rigor en el tratamiento de la noticia también se fue perdiendo, en el desesperado intento por captar clientes, para resultar más agradable a su potencial lector (todos queremos obtener la recompensa psicológica de que la prensa confirme nuestros prejuicios). Desde luego, en honestidad y rigor informativo, no sería perfecto, pero Público era el mejor de los medios de tirada estatal. Lo cual no es decir gran cosa, pues el resto de medios son puras plataformas mediáticos de manipulación informativa, hasta el punto de no poder llamar al oficio que practicaban periodismo, sino pura propaganda política (y esto lo escribo a 11 de Marzo).

Las dos cabeceras con más raigambre en España, El País y el ABC, son negocios deficitarios, pozos sin fondo que lastran las cuentas de sus respectivas editorias, Prisa Y Vocento (como tantos otros en todo el mundo, como The Guardian, otro medio muy interesante, de mucha calidad). ¿Por qué no sueltan lastre y cierran unos negocios ruinosos, que están devorando los beneficios que obtienen las partes rentables del grupo? Así obraría una empresa con cualquier negocio, pero los medios de comunicación no son un negocio cualquiera: son resortes de poder (el cuarto poder). Con el control de la información controlas la democracia, al tasar la información que recibe la sociedad e imponer el discurso dominante (neoliberal, el que conviene al mundo empresarial y financiero propietario de todos los medios de comunicación -excepto, insisto, Gara-). El empresariado asume esas pérdidas como un gasto necesario para contar con ese portavoz amplificado de sus intereses, les sale rentable a cambio de la influencia sobre el gobierno del Estado que les proporciona. Una campaña mediática puede tumbar gobiernos…y aspirantes.

De El País, mi periódico habitual hasta la aparición de Público, poco hay que no se haya dicho ya. El controvertido editorial pro-monárquico sólo ha sido un jalón más en el camino de derechización, camino en el que ha adelantado a El Mundo, el ABC e incluso La Razón cuando se trata de temas sobre América Latina (donde PRISA tiene grandes intereses en la comunicación y los libros de texto, así como sus accionistas y anunciantes, como el Banco Santander o REPSOL). Se puede localizar la línea editorial de El País, en el espectro político, en el centro-derecha liberal. Absolutamente legítimo pero, con el cierre de Público, el predominio de la ideología burguesa en los medios de comunicación generalistas de difusión estatal es abrumador (100%) y no responde al peso político que esta posición socioeconómica cuenta en la sociedad. Especialmente en la sociedad socialmente activa, que se informa y procura participar (el mínimo que le permite el régimen) en la vida política de la polis.

La necesidad que tiene la izquierda española de contar con un medio de comunicación es acuciante, perentoria, de carácter absoluto. Sin correa de transmisión, el motor no puede funcionar; sin comunicación, sin información, no puede existir movimiento. Nos hemos lamentado mil veces de esta carencia: las ideas, los análisis, simplemente no llegan a la mayoría de la sociedad. Sólo una mínima parte, los ya convencidos, se acercan a medios alternativos para informarse y debatir. No contar con medios de comunicación nos relega a la irrelevancia social y, por lo tanto, política.

Como siempre, mis introducciones son kilométricas, así que trataré de ir al grano.

Como sabéis, la empresa editora de Público ha cerrado la edición de papel y aplicado un ERE que dejará a la edición digital con las constantes vitales mantenidas a la espera de que llegue un inversor interesado en hacerse con ella. Bien, esta ocasión puede que no se repita en mucho tiempo: compremos la cabecera (a precio de derribo, como un enfermo terminal que es), por medio de una cuestación popular. Siempre será más sencillo y económico retomar una empresa, en este caso un periódico, funcionando, que no empezar uno desde cero. Público tiene los medios y los profesionales para convertirse en un periódico singularmente sólido. Sin el lastre de la dirección, que lo conducían a competir con los diarios gratuitos, se puede crear un periódico que sea un modelo de periodismo, que aúne rigor y honestidad en el tratamiento de la noticia, con una línea editorial de nítidamente de izquierdas.

Hoy en día, todos los periódicos del quiosco son editados por la burguesía. Se trata de llevar este sesgo de clase al mostrador de los quioscos, presentando un periódico de trabajadores, editado y leído por quien tiene por mayor capital sus brazos y su inteligencia, escrito desde la óptica del que tiene que trabajar todos los días para poder comer. El objetivo es que nuestra clase, abrumadoramente mayoritaria, también esté representada entre los medios de comunicación.

Bien, convencidos de la necesidad de contar con un medio, me imagino que estamos todos. Ahora vamos a ver cómo lo hacemos. Hay dos formas de mantener un periódico de forma colaborativa, inyectándole entre todos el dinero que necesita para funcionar: podemos crear un medio de pago, en el que los subscriptores recibimos a cambio un servicio, la información. Sin embargo, aunque fuera económicamente viable, que lo dudo para un medio de estas características (sólo la prensa especializada, como el Finantial Times, es capaz de obtener beneficios, la versión digital de El País ya sufrió este error en sus propias carnes, perdiendo el primer puesto en la red en favor de El Mundo), no me parece adecuado. Básicamente, porque quiero que el medio que creemos tenga la máxima difusión posible, y llegue de forma universal y gratuita a todos los rincones del Estado y del mundo. Se quiso salvar a Público de esta forma, apelando a la conciencia política para salvar un negocio privado aumentando la cifra de subscriptores. Fracasó.

Si queremos que el periódico sea en abierto, libre y gratuito, sólo queda como forma de subvención la entrada en el accionariado. Desde luego, esta como comprenderéis es mi opción, para que un medio sea de sus lectores, ha de serlo legalmente. Es decir, tenemos que acceder a su propiedad, lo demás, son cuentos chinos. Es la única forma de garantizar su independencia de intereses de la clase antagónica y poner el medio al servicio, primero de la información, de la verdad, del periodismo, sin interferencias. Y luego, de sus propietarios, de la clase obrera.

Por supuesto, podemos olvidarnos de la edición en papel: en primer lugar, porque genera gastos de impresión que, necesariamente, deben repercutirse en el precio por ejemplar. Sin embargo, con la difusión digital, los costes marginales tienden a cero según su difusión aumenta (no son cero porque los servidores, que deben estar dimensionados en función del tráfico, también cuestan dinero). Prescindir del papel no debe ser visto en modo alguno como un gesto de debilidad. Incluso prescindiendo del aspecto medioambiental, imprimir papel para tirarlo a la basura es un abuso perfectamente prescindible hoy en día, es apostar por el futuro. Es un futuro no inminente, tardará en llegar pues una parte de la sociedad quedará ajena al mundo digital, pero hemos de tener claro que el número de lectores en papel de los periódicos ha decrecido brutalmente y no va a abandonar esa tendencia decreciente en lo sucesivo.

Además, las capacidad que tiene un periódico digital son mucho mayores que el de una hoja escrita. En el ecosistema digital una noticia o artículo puede contener audios, vídeos, hiperenlaces, debates…un mundo de posibilidades que engloban y superan a contar con varios medios convencionales (prensa, radio, televisión), todo en uno y con un coste que es sólo una mínima fracción de todos ellos.

Por lo tanto, y resumiendo: me parece una estupenda idea rescatar para la sociedad el diario Público, sólo la versión digital. El modelo de inversión puede perfectamente ser como nos mostraron los compañeros vascos: compra por un precio testimonial de la cabecera (y si no es testimonial, creamos otra y reclutamos del difunto Público a quien nos interese) e inyección de capital por medio de una emisión de títulos de propiedad, con un valor de cada acción muy bajo, pongamos 50€. Por supuesto, cada cual podría contribuir en la medida de sus posibilidades comprando varias acciones, pero con un límite estricto que asegure que nadie, nadie, puede ejercer cualquier tipo de control del medio por sí mismo. Por ejemplo, podríamos limitar la máxima participación por medios directos o indirectos (por medio de sociedades interpuestas, como es habitual en los otros medios, de hecho podríamos forzar que sólo personas físicas pudieran ser titulares de estas acciones) a una cantidad de, por ejemplo, 1.000€ (en un capital social de varios millones, este propietario sería sólo una gota de agua en el mar).

Eso sí, tenemos que lograr un medio que pueda ser rentable en el medio plazo, para poder autosostenerse sin necesidad de nuevas ampliaciones de capital (es decir, sin estar en la cuerda floja, dependiente y endeudado con los bancos). De nuevo, habrá que preguntarle a los vascos cómo lo consiguen, imposible no es pues de hecho la editoria de Gara está en expansión (ya cuenta con emisoras de radio y edita otro periódico en el lado francés de Euskal Herria).

Y para que todo esto no sean sólo palabras, habrá que ponerse manos a la obra. Lo lógico sería que las organizaciones de izquierda, sindicatos, partidos (principalmente IU, que es el partido de referencia en la izquierda a nivel estatal) se pusieran por una sola, única y maldita vez de acuerdo para hacer algo en común, y auspiciaran e impulsasen este proyecto. Si no, pues nuevamente tendremos que puentear a las organizaciones que teóricamente están para servirnos y no servirse a sí mismas, y ser los ciudadanos los que directamente nos autoorganicemos y formemos una plataforma para crear ese medio que necesitamos.

Yo, me apunto. ¿Quién se anima a mover el tema? ¿Cómo podríamos ponerlo en marcha?

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