La mirada del mendigo

22 mayo 2013

Cavilaciones de un viaje

Filed under: cousas,política — Mendigo @ 15:13

Bueno, pues ya estamos de vuelta.

Aún ni he descargado las fotos, enfrentarme a la clasificación y limpieza de varios miles de fotos me agota sólo de pensarlo (la imagen de cabecera de los Tatras nos es mía, la acabo de buscar en la red). Al margen de aspectos puramente lúdicos, como el tema fotográfico, viajar supone embarcarse en un proceso de aprendizaje de mil rasgos y diferencias con lo habitual y conocido. Las hay muy evidentes, como el idioma, el paisaje o el clima. Otras son más sutiles, como los usos y costumbres, o tan difíciles de aprehender como la idiosincrasia de un pueblo.

En este viaje nos hemos pasado un mes en Eslovaquia (básicamente, también algo de Polonia y del Sur de Moravia y Bohemia, en la República Checa). Era la primera vez que estábamos largo tiempo en un país que había pertenecido al Pacto de Varsovia, en el otro lado del Telón de Acero (cuando estuvimos en Austria visitamos fugazmente Eslovenia y Hungría, pero sólo fueron unos pocos días; y ya habíamos conocido la Alemania oriental, pero la RDA era un caso particular dentro de los países en la órbita soviética), lo cual evidentemente se prestaba a analizar las diferencias.

Por ejemplo, en la preparación del viaje había sido prevenido contra el denostado urbanismo soviético por varias guías de viajes: aburridos bloques de edificios uniformes, cadenciosa y monótonamente repetidos. No sé en qué barrio creció el estúpido que escribe en Lonely Planet, pero podría describir de igual forma Moratalaz, la Conce, la Elipa, Hortaleza… La España del tardofranquismo era un régimen soviético (o al menos su urbanismo), y yo sin saberlo. Cuánta estupidez hay en el mundo (y cómo se concentra y qué lustre se le da en el mundo anglosajón).

Realmente, el urbanismo soviético en las ciudades es muy similar a cualquier otro desarrollo urbano, donde se imponen los bloques de pisos para aumentar la densidad poblacional. Bloques que son paralelepípedos sin concesiones a la imaginación porque lo que prima es maximizar el volumen disponible aquilatando los costes. Y esto es igual en el barrio de San Blas o en un barrio de Bratislava fuera del casco histórico. Quizá la gran diferencia en el urbanismo a ambos lados del Telón de Acero no sea el edificio en sí, prácticamente intercambiable, sino algo derivado de la ausencia de especulación en el suelo: los edificios en el imperio soviético están mucho más distanciados entre sí, separados por zonas verdes de esparcimiento y nutridos por grandes avenidas. La vida ciudadana se concibe no sólo en el espacio privado de la vivienda sino en los espacios públicos: grandes plazas y jardines, auditorios y otros edificios donde vivir en comunidad.

Aún más que en Eslovaquia, este urbanismo amplio se puede apreciar especialmente en lugares donde el espacio no supone ningún límite, como Szombathely o Leipzig. Pero ni siquiera esto es un rasgo definitorio del urbanismo soviético, ya que no se construyó de la nada sino del urbanismo teatral, de grandes espacios decimonónico, apoyado por la corte del Imperio Austrohúngaro. El urbanismo soviético lo que hizo fue generalizarlo para los barrios obreros. Son ciudades muy habitables, cómodas, en los que la gente no camina apiñada como en otras ciudades cuyo tejido urbano se levantó limitado por restricciones físicas (la insularidad de Japón, por ejemplo) o económicas (especulación inmobiliaria).

No es mi modelo, pero es un buen modelo. Buenas casas bien construidas, quizá monótonas pero que desde luego no tienen nada que ver con desarrollos urbanos como el Carmel en Barcelona, donde la especulación, terrorismo inmobiliario operó con total impunidad.

No es mi modelo porque esas grandes distancias, si bien conceden al obrero un generoso espacio que antes era patrimonio de la burguesía, tiene una contrapartida: es ineficiente energéticamente. Efectivamente, las distancias que hay que salvar para ir de un punto a otro aumentan considerablemente, complicando la prestación de servicios (desde acometidas de agua y electricidad al mismo transporte) y transformando espacio rural o natural en espacio urbano. Respecto al transporte, el problema estaba convenientemente resuelto: en el Este de Europa el transporte público funcionaba, y aún lo hace, muy bien. Sin embargo, incluso con transporte público ese interés por dar espacio al ciudadano pasa su factura energética y en términos de ocupación (degradación, destrucción del territorio). Insisto en que mi modelo es de alta densidad poblacional, aunque sin duda sea menos amable con el ciudadano.

En cuanto a los pueblos, aquí la diferencia en la tipología de las casas sí que es grande. Si echáis un ojo a cualquier aldea eslovaca con Google Maps, veréis que está constituidas de viviendas unifamiliares, más o menos de igual tamaño (generoso) y siguiendo una disposición relativamente ortogonal, predefinida, todas rondando el medio siglo de antigüedad. Cuentan además con un huertecito primorosamente cuidado, es hasta exagerado el celo que ponen en que los bancales estén trazados a escuadra y tiralíneas. Hasta la aldea más perdida (y podéis creer que la buscamos) cuenta con viviendas que son más que razonablemente buenas, sobre todo pensando que se construyeron en los años 50-60. La comparación mental con las casuchas en las que tenía que sobrevivir la mayoría de la población campesina en España es, cuando menos, inquietante. Simplemente, el mundo socialista llevaba medio siglo de adelanto en las condiciones de vida de las clases trabajadoras. Desde luego, el cuadro que he encontrado es muy diferente a lo que la propaganda del régimen capitalista difundía al lado occidental del Telón, los vestigios ni mucho menos remotos de la miseria que puedes encontrar en los pueblos de La Cabrera, en la Alcarria o en el Campo de Calatrava, desde luego en cualquier aldea gallega o portuguesa, no los encontré por ninguna parte durante un mes visitando fundamentalmente zonas rurales apartadas en Eslovaquia. Sí que encontré alguna casa de madera de época presoviética, casi totalmente en ruinas, que había seguido usándose como establo. Para estas gentes, el cambio de condiciones de vida debió ser brutal.

Con esto tampoco quiero adherirme con entusiasmo al régimen estatista proruso, también estuve visitando zonas fronterizas (que debido a que estaban vedadas ahora son paraísos naturales) y, desde luego, un sistema que impida el libre movimiento de los ciudadanos, que levante muros y alambradas, no es mi sistema. Sea el muro de Berlín, las alambradas de Ceuta, las patrullas armadas en el río Bravo o la campaña de aislamiento y limpieza étnica en Cisjordania. Ahora bien, el régimen socialista proporcionó unas condiciones de vida a las masas obreras y campesinas que en aquellos años, sus homólogos en los países capitalistas no podían permitirse ni tan siquiera soñar.

Un país delimitado por alambradas y torres de vigilancia, para impedir entrar o salir, no es un país sino una prisión. Y a propósito de ello, una anécdota. Quizá la zona que más nos gustó es el rinconcito oriental, en el que Eslovaquia hace frontera con Polonia y Ucrania. Pueblecitos con iglesias de madera de culto grecocatólico (es decir, de rito ortodoxo griego pero rindiendo obediencia a Roma, algo así como los maronitas, una excepción en la uniformidad católica) y, entre medias, un inmenso mar de árboles, hayas o cerezos silvestres. Como dije antes, frecuentemente las zonas fronterizas son las mejor preservadas. Pues pretendíamos irnos a andar por la frontera con Ucrania cuando un paisano nos disuadió de la idea: aún esta frontera está vigilada por patrullas militares. Sólo hay dos pasos fronterizos con Ucrania, y cualquier intento de traspasar la línea imaginaria, convencional por cualquier otro paso puede conducir a ser arrestado. Lo cuento porque a veces se nos olvida lo mucho que ha traído de bueno la integración europea. Entre otras cosas, la desmilitarización de las fronteras y, con ello la apertura e intercambios económicos, pero también culturales entre los países. Eslovaquia hace frontera, además de con Ucrania, con Polonia, Hungría, Austria y Chequia, estuvimos pateando por todas las demás y ningún problema, como si no existiesen, porque de hecho no existen, son sólo una entelequia.

+

Sigo tratando otros aspectos, de los restos de la antigua Eslovaquia socialista y de la superposición sobre ellos de la Eslovaquia neoliberal (gobierna un partido socialdemócrata, pero al loro los horarios de supermercados: de 6 a 22h, de Lunes a Domingo, se ve que la puta madre, mujer o hija del legislador no trabaja de cajera en los Lidl, Kaufland o Tesco). Que por cierto, entre las cadenas alemanas o inglesas se han comido casi totalmente el pequeño comercio, es raro ver una panadería y directamente imposible una frutería, carnicería o ultramarinos. Todas las tiendas de barrio han sido barridas por las grandes superficies, y ya se ve en beneficio de quién legislan estos patriotas.

Por ejemplo, los campos. Viniendo del microfundismo galaico, es un placer ver las consecuencias de la colectivización agraria: las fincas tienen un tamaño racional para ser explotadas con maquinaria, y de hecho hemos visto descomunales tractores aún mayores a los que vemos en Castilla, en un relieve que es bastante parecido al gallego. Quizá dentro de unas generaciones las fincas se vuelvan a subdividir hasta llegar al estado que aquí padecemos, pero por ahora sólo puedo contemplar las explotaciones eslovacas con envidia (y las checas, donde el sector agrario está mucho más desarrollado, pues Eslovaquia es un país eminentemente forestal).

+

Otra cuestión: las infraestructuras viarias. Hasta ahora, el país con peores carreteras que he conocido es Italia. Están mal hechas de cojones, con numerosas bañeras y desfondes que vienen de una mala construcción (desmonte, asfaltado y a correr). Es decir: corrupción, maximización del beneficio del empresario privado a cuenta del Estado. Pues bien, la red de carreteras eslovacas es muy buena. Contando que la mayoría de las vías tienen también medio siglo, y que desde entonces apenas se han creado vías nuevas (recientemente se han iniciado dos autopistas), podemos decir que ejemplar para los estándares de aquella época. Carreteras bien trazadas y basadas, que soportan admirablemente el maltrato de las heladas (terribles) y el tráfico pesado (el paso de camiones sacando madera es continuo). Eso sí, están increíblemente mal mantenidas. Conforme nos alejamos de la capital, nos encontramos con baches que escapan de cualquier medida. De hecho, dudo si se puede llamar bache a una sima de palmo y medio de profundidad, con tamaño variable entre el tamaño de un balón y de un autobús. Además, la política de conservación del firme es errática, o mejor dicho clasista y racista. En las zonas más pijas, por los Tatras (zona montañosa donde los oriundos y turistas van a esquiar y de veraneo) hasta la última carreterita de montaña está perfectamente asfaltada. Ahora bien, en las zonas más deprimidas, con abundancia de población gitana (he de tratar de ello en otro artículo), o simplemente fuera de las áreas de interés, el estado del asfalto es demencial. Hasta el punto de ir por una nacional, una buena carretera en la que se podría rodar fácilmente a 100 o 120km/h (de hecho si estuviera cerrada al tráfico sería posible rodar por encima de 200km/h), y tener que ir a 40km/h y esquivando socavones que más que un trayecto en coche parece una gincana. Es estúpido: el Estado hereda unas infraestructuras viarias más que correctas, y en vez de conservarlas y ampliar la red, las deja caer en el absoluto abandono. Quizá una mentalidad capitalista sepa encontrar sentido a esto, para mí no lo tiene.

Según esquivaba baches, o soportaba los golpeteos cuando ya era imposible evitarlos porque todo el firme estaba como un huerto con topos o la superficie lunar, iba pensando en la conveniencia de un Estado fuerte. No ya un Estado socialista, simplemente un Estado que tenga la capacidad económica y voluntad de conservar el procomún.

Una paradoja: un ricachón con un coche de muchísimos miles de euros (y abundan en Eslovaquia, de hecho el primer Ferrari 458 que he visto en vivo fue en las calles de Košice…al lado de unos niños gitanos empujando un desvencijado carrito de bebé cargado de chatarra) viajaría mucho más despacio, incómodo e inseguro por las carreteras de la República Bananera de Eslovaquia, que un currito en su utilitario, en un Estado que no haya sido deconstruido por el neoliberalismo cual tortilla de patatas por la cocina chorra. Más claro, se viaja más rápido, cómodo y seguro con un Seat Ibiza por una carretera francesa (o española, o mismamente checa) que un Audi R8 por una carretera eslovaca.

Que por cierto, tratando de similitudes entre los palurdos de España y Eslovaquia: su coche más apreciado son también los armatostes tipo Porsche Cayenne, BMW X6, Audi Q7 (me figuro que también incluidos en la hipoteca, aprovechando los tipos de interés tan bajos, madre que hostión se van a llevar…). Es decir, mostrencos de dos toneladas largas por carreteras criminalmente bacheadas, y aún por encima los tunean con enormes llantas y neumáticos de perfil ultrabajo (45 o menos). La combinación perfecta para destrozar la llanta, hacerle un huevo al neumático, destrozar las suspensiones, o todo a la vez.

+

Y para no aburriros demasiado, termino por hoy refiriéndoos otro detalle curioso del viaje. Esta vez no se trata de Eslovaquia, sino de Luxemburgo. Hicimos parada en este país apéndice de Alemania para llenar el depósito (por 5l no hago un Luxemburgo-Irún, me cago…), la sulfa está mucho más barata, comprar algo que comer para el camino y, por qué no decirlo, pasarnos por una oficina de empleo a informarnos (salario mínimo de 1650€).

Es curioso, porque después de cruzarnos medio continente y de visitar algunos de los países más pobres de Europa, el supermercado más sucio, desordenado y grimoso fue precisamente en el país que ostenta el PIB per capita más alto del mundo. Por otra parte, nos sentíamos como en casa, nada más bajarme de la furgo oigo hablar ¿en portugués? Pues sí, dos hombres, padre e hijo, discutían acaloradamente sobre la mejor forma de meter unos bultos en el maletero del coche. Nada extraño, medio Luxemburgo es portugués y el otro medio de otras partes del mundo. Es como el Madrid de cuando yo era crío, menos madrileños, menos luxemburgueses, hay de todo.

A la puerta del supermercado, dos mujeres sentadas sobre cartones, una joven y otra mayor, se repartían las limosnas cobijadas bajo un toldillo.

Moraleja: desconfiad de las estadísticas. O mejor dicho, aprendamos a leerlas, pues la media es a menudo engañosa (hay que completarla con la mediana, la varianza, y mejor aún la distirbución gráfica de la variable a analizar). Es lo mismo que lo del pollo, que dos personas tengan un millón de euros, no quiere decir ni mucho menos que cada una tenga medio millón de euros…

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14 comentarios »

  1. ¡Bienhallados! Se le ha echado de menos por estos lares. Fenomenal viaje, a cada cual más lejos, ¡dentro de nada llegáis a Moscú!

    Sobre el urbanismo, aquí en Francia es exactamente lo mismo con las “cités”, con grandes moles de apartamentos económicos separados por contínuas zonas verdes. Por un lado, es un entorno aparentemente más amable, mucho jardín, etc. Pero por otro, las distancias crecen demasiado, y el transporte se complica.

    Comentario por wenmusic — 22 mayo 2013 @ 16:05 | Responder

    • Lo de Moskva lo he pensado en serio, pero no podemos, al menos no en furgo. Si ya en Ucrania tienes que hacer papeleos, y es cosa que odio (visa de entrada, de salida…) en Rusia tienes que albergarte por cojones en un hotel o en casa de un amigo, que te firmen un papel y presentar ese papel en comisaria para que te tengan constantemente localizado (si vas de hotel, es el mismo hotel el que se encarga). Paso de ir en ese plan. Les jodan.

      Pero bueno, todavía quedan los Balcanes y los nórdicos. Si será por kilómetros (lo que no sé es cómo aguanta la pobre furgo).

      Oye, una cosa, qué tal por Tolosa? Habéis encontrado chollo? Yo nunca he entrado, pasado varias veces, y la circulación es densita. Por cierto, que sepas que a un pasito tienes Albi. Y a dos, bellezas de la Francia rural como Rodez. Y un pasito más allá, los Alpes, que son…otro mundo (bueno, y también Piris hacia el Sur). Sólo con escapaditas de fin de semana, tienes para conocer cosas nuevas hasta hacerte viejo, sin repetir ninguna.

      Comentario por Mendigo — 23 mayo 2013 @ 14:08 | Responder

      • ¿Densita? A las horas punta hay unos atascos buenos en el cinturón. Y eso que el transporte es bueno, con alternativas (aunque con alguna zona menos comunicada), y aquí hay los famosos aparcamientos (gratuitos) en las afueras como tú comentabas muchas veces, para que la gente que viene de fuera a trabajar aquí aparque y luego coja metro o bus. Eso sí, aquí se es muy muy de coche, en contra de lo que yo pensaba. Y todo lo educados que son los franceses en persona, lo dejan de ser al volante. ¡Y eso que yo soy de Vigo! Locos perdidos.

        La ciudad en sí tiene 400000 habitantes, pero realmente es una aglomeración de más de un millón, y se nota. Hay mucha vidilla y actividad.

        Por aquí se está bien. Hemos hecho alguna entrevista, lo cual ya no está mal, y con paciencia buscamos encajar en alguna empresa.

        El tiempo no nos está acompañando en absoluto para las escapaditas. Pero ya hemos hecho una hasta Carcassonne (hay fotos en el blog). Y ya nos han recomendado Albi nuestros amigos franceses aquí. Los Pirineos están realmente cerca (se ven incluso desde Toulouse, que es pura llanura, lo cierto es que echo de menos algo más de desnivel :P ), y por supuesto que nos hemos de acercar.

        Comentario por wenmusic — 24 mayo 2013 @ 10:09 | Responder

        • Pues a los vigueses, os llega en “conducción creativa”. Y te lo dice un madrileño…
          :P

          Y menos mal que desaparecieron las matrículas provinciales, porque (según me contaba la gente del pueblo) era pasarse por Vigo con matrícula de Ourense y que te frieran a bocinazos.

          XDDDDDDDDDDDD

          Yo creo que los franceses son los conductores más prudentes. Eso sí, los ciudadanos son más “picantes”, como en cualquier parte del mundo. Por cierto, los moteros, cuando les dejas paso, te agradecen el gesto, cosa que en otras partes…

          Me paso a ver las fotos de Carcasonne a tu blog. ;)

          Comentario por Mendigo — 24 mayo 2013 @ 14:22 | Responder

  2. Pues como diría mi felpudo: Bienvenidos ;-)

    Comentario por Javi — 22 mayo 2013 @ 20:08 | Responder

    • Esperemos no acabar tan pisoteados.

      Muchas gracias, compay!

      Comentario por Mendigo — 23 mayo 2013 @ 13:58 | Responder

  3. Welcome back!

    Como ya manejas mucha información de primera mano me gustaría que me dijeses en qué lugar, de los que ya conoces, te gustaría vivir.

    Es para un amigo ^^

    Comentario por Morrigang — 23 mayo 2013 @ 9:43 | Responder

    • En Ourense, hace dos siglos, antes de que empezasen a deforestar y reemplazar con pino radiata. Con todo lo destrozadísima que está, me gusta esta tierra. Con lo poco que queda, puedo afirmar que debió ser el lugar más bonito del mundo. Ahora es un horror.
      O si no, en Ortigueira, hace un siglo, antes de la entrada del eucalipto.

      Vale, si la pregunta va en serio…si es en la Península, probablemente en Navarra. El valle de Baztán, por ejemplo. A día de hoy, Navarra – Álava son las zonas mejor conservadas.

      En Europa…un pueblito de los Apeninos, pero con la condición de desalojar antes a todos los italianos de la zona. Lo siento, existe incompatibilidad de caracteres entre yo y los italianos, para botarates ya me llega con soportar españoles. En Francia, quizá la Alsacia, o la Auvernia. Hay pueblecitos muy bonitos. Incluso alguna ciudad como Straßburg, estimulante (y para que yo lo diga de una ciudad…). En Alemania, cualquier pueblín, lo cierto es que no hay que romperse mucho la cabeza para encontrar lugares bonitos. Freiburg, por ejemplo. Hace unos días estuve en Nürnberg, y para ser una gran ciudad me pareció admirablemente tranquila, con pocos ruidos. Me encanta Alemania, las cosas simplemente funcionan, es un placer visitarla.

      Bélgica y Holanda me parecieron bastante aburridas. Lo mismo de Hungría, el paisaje es demasiado monótono. En el Norte de Eslovenia, lo único que conocí, cualquier lado porque todo es precioso. Y en Austria…lo mismo que Italia, si quitas a los austríacos, es un lugar impresionante. La Carintia, por ejemplo. Es como en Castilla, parece que esa gente lleva el fascismo en los genes. No son todos, desde luego, pero me ha tocado cada uno…

      Y donde acabo de estar…pues me quedaría con el rincón que menciono, el Parque Nacional Poloniny entre Ucrania, Polonia y Eslovaquia. Está a tomar por culo de todo, hay todo tipo de fauna (los osos con que procuraron repoblar el Pirineo y que acabaron abatidos por los cazadores, eran eslovacos) y es un mar de árboles sólo interrumpido aquí y allá por unas pocas casas.

      Comentario por Mendigo — 23 mayo 2013 @ 13:57 | Responder

  4. A tí te han dado algún alcohol raro por esos viajes, porque para volver y no hablar más que de edificios y de ciudades… O eso, o que te estás haciendo mayor y vas menos por el monte!

    De lo arregladitas que has visto las carreteras igual te tienes que acordar dentro de no mucho, cuando se vayan deteriorando un poco más las que hay por España y siga sin haber dinero para arreglarlas. Ya verás, ya. Guarda esta entrada por si te toca recuperarla dentro de un par de añitos o así.

    Yo las cosas del urbanismo ya las doy por perdidas. El sitio donde mejor me he encontrado es en Holanda: todo estaba a distancia de bicicleta y lo que estaba más lejos era a distancia de bicicleta y estación de tren. Es el único sitio donde he conocido a gente de posibles, pongamos un profesor de universidad, que no quería tener coche y eso no le causaba ningún trastorno en su vida cotidiana. Eso en Francia es imposible.

    Por cierto, si no he entendido mal hay otro seguidor tuyo, wenmusic, que también anda por la Tolosa francesa. Ya solo faltas tú y somos al menos tres para el cassoulet o lo que haga falta.

    Comentario por Aurora — 23 mayo 2013 @ 21:44 | Responder

    • Pues sí, Wen está por ahí. También otro amante de la música. Tiene fallos, como su gusto por los ordenadores pijos, pero si se puede curar la homosexualidad supongo que también ese desvarío. XDDDDDDDDDDD

      Nas, tronk.

      La mayor parte de las veces estoy en el campo, y este viaje especialmente era patear y patear monte. Pero también me interesa la arquitectura, y había visitas obligadas. Y cuando viajo, llevo un ojo siempre pendiente, para intentar percibir las diferencias entre los sitios que voy visitando. Muchas veces decimos que nuestros viajes son más cansados que currar, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, es estar todo el rato viendo cosas, aprendiendo cosas nuevas, fijándonos qué hay a nuestro alrededor, ese bichiño, esa flor, esa forma de construir la casa, qué quiere decir esa palabra…

      En cuanto al urbanismo, yo creo que hay un cáncer: el modelo usamericano, de urbanizaciones con casitas unifamiliares. Es la peste. Ya se empiezan a dar cuenta allí de lo ineficiente e invasivo que es. Luego está el modelo ibérico (Galicia y Portugal son el máximo exponente), que consiste en no haber ningún modelo. Que cada cual construya lo que quiera donde le salga do carallo. Y así estamos aquí, donde los pueblos se expanden como una gran mierda, dejando las casas del centro derrumbarse y todos se hacen chalets cutres a 100m del vecino. Luego, exigen que en su puerta haya una farola, por supuesto. Y así ves un pueblo de 100 habitantes, que ocupa territorio como si fuera una villa. Demencial.

      Una de las cosas que aprendí al empezar a viajar por Europa es que es necesaria una ordenación del territorio. En Alemania lo llevan estupendamente bien. Hasta aquí, casas, y un paso más allá, bosque perfectamente conservado. En Holanda, el tema de la circulación está muy bien llevado, realmente para la mayoría de los desplazamientos diarios la bicicleta es un medio de transporte idóneo. Yo iba con ella a clase en Madrid, aquí en Ponte es que es tan pequeña que no merece ni siquiera la pena sacar la bici, pues se va a todas partes andando no más de cuarto de hora.

      Comentario por Mendigo — 23 mayo 2013 @ 23:16 | Responder

      • Ejem.

        Lo de Holanda con la bici es incomparable. En lo que se refiere al territorio rural, no me extraña que te aburriera un poco. Pero en ciudades holandesas como Maastricht, que no son grandes y son bonitas, es muy agradable estar.

        Comentario por wenmusic — 24 mayo 2013 @ 10:58 | Responder

        • Sí, eso ya lo hablamos. De las ciudades holandesas no puedo decir nada, porque no entré a ninguna. Una amiga está trabajando allí y me dice que son todo lo contrario, ciudades muy dinámicas y vitales. Estoy seguro de ello. Pero eso, la verdad es que el rural, en Holanda, tiene poca cosa que ofrecer (a lo mejor soy yo, que no le supe encontrar el gusto).

          Comentario por Mendigo — 24 mayo 2013 @ 14:25 | Responder

    • Mmmmmmm Cassoutet… La casera nos preparó uno de bienvenida con pato y qué rico estaba. Cómo me gusta el pato…

      Lo de Holanda es algo fuera de lo normal con la bicicleta, estoy enamorado de su gusto por ese medio de transporte y del protagonismo que tiene en todo el país. Cosa que ciertamente, no pasa aquí en Francia. Pensaba que no eran tan cocheros, pero sí. Y eso que en Toulouse han puesto mucho carril bici (algo forzado a veces, todo hay que decirlo) y hay las bicis municipales, además de que el transporte público me parece bastante bueno. Pero aún con todo, le dan al coche bastante.

      Sobre las distancias, las afueras están pobladas de muchas zonas verdes que son bonitas, pero muchas veces son solo para el ojo, ni siquiera son cómodas para ir andando (a veces la acera, simplemente desaparece y no hay donde cruzar).

      Comentario por wenmusic — 24 mayo 2013 @ 10:54 | Responder

      • Es que tú también te has ido a una de las mayores aglomeraciones urbanas.

        Mi impresión, y no he visto datos, es que el proceso de migración del campo a la ciudad no se ha llegado nunca a detener en Francia, la gravedad con que las grandes urbes (Paris, Lyon, Bordeaux, Toulouse…) atraen a la población joven es enorme. Luego, paseas por villas de provincias y están vacías, decadentes, los comercios cerrados, las casas abandonadas… Vale, eso pasa en todas partes, pero la vida que puede tener Xinzo o Carballiño no se aprecia en sus homólogas francesas. Y mucho menos en Alemania, donde la distribución de la población es mucho más densa.

        Comentario por Mendigo — 24 mayo 2013 @ 14:50 | Responder


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