La mirada del mendigo

14 diciembre 2013

ARBA

Filed under: ecología — Mendigo @ 9:12

Breve entrada para dar a conocer la gente de ARBA, Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono.

Su actividad principal consiste en restaurar zonas degradadas plantando o sembrando especies autóctonas. No es tanto el valor de la superficie plantada sino el promover actuaciones que conciencien y eduquen a la ciudadanía en la importancia de la preservación de los ecosistemas.

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Este grupo no tiene implantación en Galicia y realmente no podría tenerla.

Primero, porque aquí no interesa, ya que el paradigma gallego es justo el contrario, cubrir todo el país de plantaciones industriales, no dejando espacio para árboles cuyo ritmo de crecimiento no casa con estos enloquecidos tiempos modernos (roble, encina, alcornoque, haya, tejo, abedul, arce…).

Segundo, porque esta gente tiene que pedir permisos y repoblar monte de propiedad pública. En Galicia no existe tal cosa, prácticamente todo el monte gallego es de propiedad privada (unipersonal o colectiva, las malditas Comunidades de Montes), lo que explica el estado de destrucción absoluta de los ecosistemas terrestres gallegos, explotados con la única consideración del beneficio económico cortoplacista de sus propietarios; sin otros considerandos como la protección de los ecosistemas, la riqueza paisajística o el desarrollo del ecoturismo para el resto de los ciudadanos.

Y tercero, porque qué más da que plantes lo que sea si tarde o temprano va a acabar sucumbiendo a las llamas, incluso en estos días con heladas de -10ºC.

Ya tenéis resumidos en tres puntos la razón de que Galicia no sólo sea pobre económicamente, sino también biológicamente. En afortunada expresión de los ecologistas brasileiros: un desierto verde.

17 noviembre 2013

Vía libre

Filed under: ecología — Mendigo @ 20:30

Máis viñetas de Davila en: O Bichero.

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E máis de Xosé Lois en Carrabouxo

15 noviembre 2013

La hoguera

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:52

No quería que pasara más tiempo sin desempolvar un marcador que tenía por ahí guardado. Es un ejemplo de libro de periodismo de palacio, que tiene cosas interesantes que comentar.

Los párrafos del artículo, en itálica roja.

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José Rodríguez Ramos, Pepe, es célebre en esta vuelta monumental de la Costa da Morte. Dicen que nadie sabe más del monte que fue bautizado por el escritor Otero Pedrayo como el Olimpo de los dioses celtas. El 19 de enero cumplirá 80 años. Con solo seis, cuando todavía vivía en el lugariño de O Fieiro, un grupo de casas en la ladera que el otro día se vio cercado por el fuego, tuvo que hacerse cargo del rebaño familiar. Llegó a tener 200 cabras de una raza autóctona que está extinguida. [...] Por las fiestas del apóstol Santiago vendíamos camiones de cabras, pero entre 1954 y 1955 se acabó todo: vinieron los forestales del ministerio y repoblaron con pino y eucalipto las laderas del Pindo donde pastaba el ganado. Las cabras, las ovejas, las vacas y las yeguas fueron prohibidas. Tuvimos que vender los rebaños como pudimos”, describe. Con la desaparición del ganado, la maleza se desmandó. “Antes todo era campo, hierba y piedras”, pero entonces se empezó a acumular la leña seca en el monte. Pepe, al igual que el alcalde, Ramón Noceda (BNG), y la Guardia Civil, no duda de que el incendio que ha devastado su paisaje querido ha sido intencionado. “También en mis tiempos de pastor prendíamos fuego para hacer pastos, pero nunca se nos escapaban. Los animales mantenían todo limpio”.

Limpio=yermo, en la cabeza del paisano gallego. Pero reparemos en este párrafo porque es muy interesante, nos da las claves de la evolución del campo gallego en los últimos dos siglos. El progresivo crecimiento demográfico conllevó el retroceso de la frontera natural, los robles eran talados y sustituidos por tierras de labor o pastizales. La bajísima productividad del campo gallego, en el que había que sacarle a la tierra el sustento con las uñas, pues no había más medios, llevó al aprovechamiento agropecuario de una buena parte de lo que habían sido ecosistemas boscosos.

A finales del s.XIX (pino) y principios del s.XX (eucalipto) fueron introducidas especies forestales de ciclo corto para abastecer a una industria papelera y maderera. La dictadura, en el reparto de roles, había determinado que a Galicia le correspondía el papel de aserradero de madera barata de España.

En ocasiones se ocuparon las tierras antes destinadas a pastos o labranza, otras los monocultivos invasores sustituyeron directamente a un devaluado roble, cuya velocidad de crecimiento no convenía a las prisas de los tiempos modernos y la codicia del capitalismo.

La fortísima emigración que ha sufrido Galicia durante décadas llevó al abandono de las parcelas de peor calidad o más alejadas de los núcleos de población. Estas tierras abandonadas tuvieron dos suertes: o fueron también ocupadas por repoblaciones de pinos (interior) o eucaliptos (costa), ya que son especies que no precisan prácticamente de mano de obra, el dueño las planta y no vuelve por ahí hasta 15 años más tarde. O simplemente se abandonaron y fueron ocupadas por monte bajo (xestas, carqueixas, codesos, toxos, silvas, fentos…). Aunque son percibidos por los aldeanos (incluidos los que se sientan en los escaños do Pazo do Hórreo) como suciedad, lo cierto es que es el proceso natural de regeneración de un ecosistema. Como es bien sabido, los toxos, las xestas hacen un estupendo abono, y preparan la tierra para especies de mayor porte. Así, con el paso de los años, de las décadas, el bosque vuelve a ganar espacios perdidos.

En ese párrafo de la noticia se mencionan tres atentados contra la Naturaleza:
1) la roturación de tierras para el cultivo o su quema para mantener pastos
2) la plantación de especies alóctonas, que desplazan el bosque atlántico autóctono
3) la quema de la avanzadilla de la Naturaleza, el monte bajo, con el fin de mantener el monte “limpio”, sea para caza, sea por motivos laborales, sea para pastoreo. Estaríamos de nuevo en el caso 1, pero como ahora hay más tierra sin aprovechamiento, afortunadamente para la Naturaleza, las superficies afectadas son mayores.

El caso 1) es disculpable pues eran tiempo de mucha necesidad y la primera obligación del ser humano es la supervivencia. La 2) se llevó a cabo por pura codicia, y la 3) no tiene hoy día ninguna disculpa.

También están los incendios que afectan a las plantaciones de pinos y eucaliptos, pero al no ser ecosistemas sino monocultivos, no lo computo como agresión natural. La agresión fue ponerlos ahí, ahora ya poco daño más va a hacer, en especial en el caso del eucalipto. Este tipo de fuegos suelen tener explicación en conseguir madera barata, forzar una tala ante apuros económicos de algún comunero, o gente de los mismos servicios de extinción (no necesariamente los brigadas, también pudiera ser algún contratista).

Pero venga, vamos a aceptar por bueno por un momento el argumento de la limpieza de los montes. ¿Sería viable económicamente? Poner a un cuadrillas de peones con desbrozadoras por todos los montes gallegos. Son unas dos millones de hectáreas. Suponiendo un rendimiento de 1.000 m² por hombre y día, el cual es muy variable según las condiciones de la vegetación y la orografía, así que soy generoso en la estimación…me sale un ejército de 55.000 personas rozando, (limpiando, en su vocabulario) el monte gallego. Entre sueldos y material, 1.100 millones de euros. Eso supone una octava parte del presupuesto gallego, año tras año, para…¿para qué?

El objetivo principal, que es evitar los incendios, no se cumpliría. Os puedo mostrar fotos de parcelas que habían sido desbrozadas, y por las cuales habían pasado igualmente las llamas. En todo caso, retrasa la propagación, todo lo más. Pero si alguien está determinado a quemar un sitio, ese lugar arderá a menos que esté arado. E incluso así, porque si hay árboles, porque el fuego se propagará por las copas ¿o la limpieza incluye también talar los árboles, como proponía Bush?

Y si desbrozamos donde sólo hay monte bajo…¿qué queda? ¿las peñas? ¿Ese es el modelo de Galicia que queremos? Así nunca se podrá regenerar el bosque, entre fuegos y desbroces abrimos la puerta a la pérdida de suelos y la desertificación. Y para revertir ese estadio de destrucción hacen falta mucho más que unas cuantas décadas.

Ya vemos que económicamente no es factible (¿qué colegios u hospitales hemos de cerrar, para pagar el desbroce de toda Galicia?).Pero lo principal ¿es acaso deseable? Como hemos explicado mil veces, el sotobosque es una parte inherente del bosque, es refugio y alimento de las especies que en él se cobijan. No es suciedad, es vida. Por poner un ejemplo, hay especies de pájaros que nidifican en los árboles muertos, otras entre las espinas de los arbustos, más un montón de invertevrados xilófagos que desaparecen si pretendemos convertir un ecosistema en un jardín, despoblado de otra cosa que no sean árboles jóvenes. Si a un bosque le quitamos esa fracción, estamos mutilando ese ecosistema. Es un atentado ecológico.

Es normal que en una plantación forestal haya podas y desbroces. Lo que no es normal es que el 100% del territorio forestal gallego sea considerado una maldita plantación, quedando un 0% del territorio gallego protegido de la acción antrópica. Las figuras de protección, incluso las más altas como los Parques Naturales (en Galicia no existe ningún Parque Nacional en tierra), son poco más que papel mojado. Un espacio donde se pueda repoblar con eucalipto o con lo que venga en gana, no puede ser entendido de ninguna de las maneras como que la Naturaleza cuenta con algún tipo de protección. Cero.

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Seguimos leyendo la realidad paralela oficial:

Los expertos coinciden en que Galicia arde porque la mitad de su territorio es bosque (una superficie forestal arbolada de más de 1,4 millones de hectáreas, casi la mitad de la comunidad, según cálculos de la Xunta), y dos tercios, monte (esta cuenta incluye también el monte bajo). Arde, además, porque este monte, que en un 96% está en manos privadas o comunales, se distribuye fundamentalmente en un minifundio difícil de cuidar y el campo sufre un abandono galopante (con más de 1.400 núcleos deshabitados y unas 2.060 aldeas que agonizan con una o dos personas).

Vamos a ver, el monte no arde porque sea así o asá, el monte arde porque hay alguien que pone una caja de cerillas con una fuera o una botella de gasolina con mecha y la enciende. Si perdemos de vista que existen responsables directos, criminales ecológicos, no nos enteramos de nada. ¿Quién es y por qué lo hace? Esa es la pregunta que ni este artículo, ni la fiscalía ni el servicio del SEPRONA saben o se atreven a responder.

Pero vamos a analizar al detalle lo que afirma. Arde porque es bosque: efectivamente, como decía Bush, la culpa es de la vegetación. El desierto no arde.

La propiedad de la tierra, eso sí que es un dato interesante que explica la mala administración y el cortoplacismo que afecta a Galicia. Toda la superficie gallega se ha declarado como apta para su aprovechamiento económico. Incluso en los mismos parques naturales (como as Fragas do Eume) se siguen plantando eucaliptos y pinos. Todo el monte es privado, y en él el único valor a tener en cuenta es el económico. Un particular no puede pensar de aquí a 100 años vista, quiere tener una rentabilidad inmediata. La privatización del monte gallego tras la desamortización está en el origen de la calamidad que ha convertido a Galicia en el lugar más profundamente deteriorado, más horrendo de la Península (como siempre, con el permiso de Portugal).

A continuación, menciona el abandono de las tierras y su abandono. Este abandono es provindencial para la Naturaleza. No es un fenómeno extraño, en Francia o en Alemania el proceso fue parejo. La industrialización y el desarrollo económico trajeron consigo el éxodo rural, aquí y en todo el orbe. Quien lo lamenta lo tiene fácil: que coja el arado y el macho, y vaya a trabajar una tierra que queda a una hora andando de la aldea, o que vaya con las ovejas el doble de esa distancia. Es un proceso natural el abandono de tierras, aquí como la superficie ocupada había sido mayor que en otras partes este fenómeno se vive con más intensidad, eso es todo. Pero sólo en la esquina noroeste lleva aparejado incendios.

Sí que es cierto que el minifundismo limita las posibilidades de poner la tierra en producción. Pero en todo caso sería para las mejores tierras, pero la mayoría son tierras que sólo se pusieron en cultivo por el hambre y la desesperación de la gente, cuyo aprovechamiento ahora no sería económicamente rentable y deben de nuevo pasar a ser dominio de la Naturaleza. Que no está sucia, sucia está la cabeza de quién ve suciedad en ella, en la Naturaleza no existe el concepto de suciedad. Está recuperándose, lentamente, de la agresión sufrida con el arado y el pastoreo.

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Siguiente párrafo que toca uno de los lugares comunes, léase idioteces, más repetido cuando un tipiño de ciudad habla de estos temas:

A este cóctel se añade un ingrediente único: una arraigada cultura del uso rural del fuego, tan enraizada que, según una investigación del CSIC (Joeri Kaal, 2011), se remonta a hace 6.000 años, cuando los cazadores de entonces se hicieron ganaderos.

Ya está, la cultura del fuego. Aún en el Calcolítico ya había gallegos que les daba por quemar el monte, seguro que ya de aquella había gaitas. Lo que no entiendo es que si llevamos 6.000 años quemando el entorno, cómo es que hay aún algún árbol, en concreto algunos milenarios. Si fuera verdad esa chorrada, el suelo galaico sería parecido a la Isla Perejil. Que no dudo que ése es su destino, pero eso es por la desgracia de los gallegos del s.XX y XXI, no por los grupos prehistóricos.

No se me ocurre profesión más despreciable que la de periodista, sin llevar uniforme. Vamos a ver, el uso del fuego como medio de roza para la creación de pastos y tierras de cultivo seguramente es muy anterior a esa datación, y nos iríamos a los pueblos del mesolítico, practicando una agricultura de una sola siembra en las fértiles cenizas tras el incendio.

Pero pretender que eso está en los genes o en la cultura gallega es una soberana estupidez. En todas las sociedades agrícolas se emplea el fuego para desbrozar o para eliminar rastrojos. En Cuenca se queman rastrojos, en Valladolid se queman rastrojos, en Poitiers se queman rastrojos, y nunca lo he visitado, pero estoy seguro que en el Paraná también se queman rastrojos. Y con fuego se abren nuevos espacios para la agricultura o el pastoreo, sea en la Amazonía o en la Isla de Java.

El fenómeno de los incendios forestales en Galicia es propio de la época moderna, comenzando en el último tercio del s.XX. Cualquier viejo en los pueblos os lo podrá explicar, y quedan señales evidentes de ello: la prueba es que había unos bosques que es precisamente ahora que están desapareciendo. Ejemplares que tardaron siglos en crecer, y ven la muerte justamente en nuestra época.

Por supuesto que siempre ha habido fuegos, pero su incidencia no era mayor que en cualquier otra parte del mundo con nuestras condiciones de clima y vegetación. Los incendios recurrentes, una y otra vez sobre la misma zona, es un fenómeno actual. Decir que es algo propio de la cultura gallega es insultarla desde el desconocimiento…que es lo que hace el Capitán del Seprona:
A esto hay que sumar “la cultura del empleo del fuego para tareas agrarias”, que convierte en un polvorín las provincias más cálidas, Ourense y Pontevedra..

Esto lo dice el jefe gallego del SEPRONA. Pues apaga y vámonos (la luz, porque el fuego es incapaz, ni de prevenirlo ni de apagarlo). Este fulano o no tiene ni puta idea de lo que habla, o miente a sabiendas. Desde hace años, bastantes, ya nadie quema rastrojos en verano (la prohibición empieza en Mayo, creo). Se queman fuera de la época de peligro y pidiendo un permiso. Sólo a un loco se le ocurriría hacerlo sin permiso, porque en diez minutos tienes a la Guardia Civil en el lugar y te cae una multa del copón bendito. Pues se ve poco, la humareda de restos agrícolas, generalmente aún con un alto contenido de humedad. O no tiene ni idea de lo que habla, y es muy grave porque es su trabajo, o está tratando de desviar la atención, lo cual es mucho más grave.

Yo me paso el verano en el monte, en la zona más activa de incendios del puto Estado español, y desde hace años no he visto a nadie quemando rastrojos en verano. Eso es una práctica que acabó hará ya una década, cuando empezaron a arreciar las multas.

Que aún habrá algún loco que lo haga, pero es algo muy esporádico y que no explica la oleada de incendios que sufrimos todos los años. De todas formas, un fuego originado por una quema de rastrojos descontrolada es sencillísimo determinar la autoría (el dueño de la parcela donde se originó el incendio).

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“Nunca hemos podido constatar la existencia de tramas”, asegura Salvador Ortega, capitán de la jefatura central del Seprona, con gran experiencia en los incendios.

No dudo de su experiencia. Dudo de su inteligencia, de su capacidad para determinar las causas de los incendios. A tenor de los resultados, parece justificada la duda. ¿Cuánta gente está en prisión condenada por los incendios? Todos los años arde esta tierra por todas partes, cada día una columna de humo, dos, tres…y la policía no consigue recabar pruebas para mandar a nadie a la cárcel. Bueno, sí, de vez en cuando pillan a algún desgraciadiño, pero a los profesionales…¡quia!

Que yo no haya visto nunca una Amanita cesarea no es prueba de su inexistencia, sino de mi poca habilidad como buscador de setas (y del deteriorado estado de estos montes). Una cosa es que el capitán no haya sido capaz de ver más allá de sus narices, otra cosa es no exista. No tramas organizadas, que esto es del género negro literario. No, simplemente lo que existe es una coincidencia de intereses. El fuego de Chantada no tiene que ver con el fuego de Paderne. Aunque sean el mismo día, es sólo que aprovechan los días de más calor, ventosos, y a ser posible festivos para provocar el incendio. Pero si en Paderne ese día hay tres incendios a una distancia de unos pocos kilómetros, que no quepa duda que están relacionados. ¿O es que se pusieron los de ese concello a hacer todos la quema de rastrojos el mismo día, el día más caluroso del año? Pues qué quema tan de rastrojos tan rara, cuando los fuegos se iniciaron en medio de áreas arboladas, cerca de vías de comunicación.

Non, filliño, non. Es el mismo fulano que por los intereses que sea, le interesa quemar ese monte. Y va con el coche soltando sus artefactos incendiarios. Además, aprecio últimamente una pauta: de dos a cuatro focos, sólo uno de ellos es el objetivo real, el resto son cerca de los pueblos para divertir efectivos (que tienen que priorizar la defensa de núcleos habitados) para que así pueda arder el objetivo real sin oposición.

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“Es un paisaje altamente combustible”

No especialmente. Altamente combustible es el monte mediterráneo (de cuyo hábitat hemos importado el pino pinaster, por cierto, catalogado como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo), pero realmente, con la suficiente cantidad de gasolina arde cualquier cosa. Y una vez desatado el incendio, progresa aunque sólo haya hierba rasa a su paso. Ayer mismo, paseaba por una zona que había ardido este año. Tanto coñazo con limpiar, pues bien, era un souto de castaños que había sido arado en primavera. Con la escasísima hierba que logró salir, se propagó el incendio y acabó quemando 3/4 partes del souto. Y más “limpio”, es decir, estéril, despoblado que eso…

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Según los datos del Seprona de 2012, “de los 387 incendios investigados en Galicia (una pequeña parte del total), 305 fueron esclarecidos, y de ellos, 211 (casi el 70%) resultaron ser intencionados”.

Pero un poco más arriba leemos:
En dos décadas, en la comunidad se han registrado 188.070 incendios, que han calcinado más de 613.000 hectáreas, “lo equivalente a toda la provincia de Ourense”.

188.070 incendios en 20 años da una media de 9.403 incendios al año. Y de ellos han “investigado” 387. Para determinar que la mitad fueron provocados. JOAS JOAS JOAS JOAS. ¿Cuál es el sueldo de este hombre? Porque para ese trabajo detectivesco lo podemos mandar a la calle con los recortes, porque nos dice lo que ya todos sabemos. Pero ¿dónde están los culpables? Esclarecer el asalto a un banco es llegar a la sucursal, observar la puerta de la caja fuerte reventada, y determinar en la mitad de los casos: “pues sí, parece que este banco ha sido robado. Intencionadamente, añadiría. Esclarecido, Romerales, vámonos a otra parte”.

Patético.

Pero ni mucho menos tanto como lo siguiente:

La Fiscalía Superior de Galicia coincide en negar las tramas: no existe ese “imaginario” de que los incendios son provocados por “el trinomio madera-urbanismo-economía del fuego”, aunque la mano del hombre esté detrás de casi todos los incendios forestales. Según el ministerio público, con un balance más global que la Guardia Civil, siete de cada 10 se deben a negligencias, imprudencias o accidente: léase, en Galicia, las quemas agrícolas, de residuos o forestales.

Vale, muy bien. Un 70% de los fuegos no son intencionados. Accidentes. Uys, se me cayó el mechero y, cuando fui a recogerlo, se me encendió. Entonces, si todo es producto de la mala suerte ¿por qué en Galicia hay tantos incendios? Somos más torpes, o tenemos más mala suerte que un extremeño, un maño, un vasco, un bretón?

Venga, por favor. Si el verano pasado ardió una zona. La apagaron. Al día siguiente, arde el monte de enfrente. Lo apagan. Y a los dos días, lo que había quedado por arder de los dos anteriores. Eso, en medio de un eucaliptal en el que nadie se mete y mucho menos para quemar rastrojos. Por favor, cómo se puede ser tan desvergonzado! Esto ofende a la inteligencia. Uno de los dos vive en un universo paralelo, o yo creo que estoy en Galicia y en verdad esto es la Roma de Nerón, o este fulano sabe de incendios lo mismo que de física nuclear.

Pero vamos a ver, joder, si he visto arder, a poca distancia de mi finca, un grupo de pinos…una gélida mañana de invierno. Que iba a hacer hoyos y tuve que esperar porque la azada rebotaba contra la tierra como si fuera asfalto. Si a unos metros de las llamas aún estaban las hojas blancas por la escarcha, y ya era casi el mediodía. ¿¡¿Qué accidente ni qué demonios!?! ¡¡¡Mucha gasolina tuvieron que meterle, para que ardiera aquello!!!!

Este es el periodismo de palacio, acercan el micrófono a las autoridades, sueltan su discurso políticamente correcto que no ofende a nadie (cuidado no te vayas a meter con los cazadores, o con las madereras, o a señalar a los brigadistas, la culpa es de todos, de la cultura, de la sociedad, que a efectos judiciales es lo mismo que decir que no es de nadie) y de nuevo a la redacción a transcribir la realidad paralela del régimen. Así la gente de ciudad se crea su imagen de lo que ocurre, la culpa es de la cultura gallega, del monte galelgo, de que hay muchos árboles y arbustos, es decir, arde porque tenía que arder. Y ya está, disuélvanse, que aquí no hay nada más que mirar.

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Galicia tiene una densidad forestal solo superada en Europa por Finlandia y Suecia, y a la vez suma 30.000 núcleos de población, la mitad de los de toda España. Sobre este paisaje planea, además, el factor meteorológico, con las elevadas temperaturas, la escasa humedad y las rachas fuertes de vientos del noreste que caracterizaron los partes de este último mes, así como la reducción a la mínima de las labores de prevención (pasto de los recortes presupuestarios) y el abandono del rural que dispara la biomasa, combustible ideal para que las llamas logren devorar árboles autóctonos tan resistentes como los robles.

En los sistema Ibérico y Central hay una gran población de Pinus pinaster (allí, autóctono), las temperaturas y la sequía que puede haber en plena canícula en Soria, ni te quiero contar. ¡Y no arde! ¡No arde, joder, y aquí arde todo una y otra vez!

¿Explicación? ¿Cómo es que en Soria, en Segovia, en Álava no hay “negligencias” o “accidentes”?

Por otra parte, los robles son resistentes a los incendios porque tienen una cierta capacidad para rebrotar (pero tras dos o tres incendios seguidos, los pocos que quedan acaban sucumbiendo, no son de amianto). Pero si hay un incendio arden robles, arden castaños, arden eucaliptos y arde el sursum corda. Por cierto, en un bosque de robles adultos, apenas hay monte bajo porque no dejan pasar la luz. La enmarañada presencia de los bosques caducifolios gallegos es porque son individuos jóvenes, bosques que se recuperan del último incendio o tala.

“Es determinante en todas y cada una de las oleadas de incendios”
Es verdad, la meteorología, otro lugar común para no hablar de culpables con nombres, apellidos y, sobre todo, móvil del atentado ecológico. Pues claro, quien quiere quemar, aprovecha los días más aptos, al final del verano. Hay días que he salido de casa y me he dicho “hoy hace día de incendio”. Efectivamente, no me he alejado unos kilómetros y ya veo la primera humareda.

De todas formas, el calor no provoca los incendios, no es explicación ninguna de su origen, sólo facilitan su propagación. Más calor hace en Andalucía o La Mancha, con enormes zonas arboladas, y no arden ni muchísimo menos con la frecuencia que el Noroeste, especialmente húmedo.

El bosque no arde solo, lo queman. 

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“O durante el caluroso octubre de 2011, cuando ya estaba desmantelado el dispositivo de extinción y se sucedieron grandes incendios, sobre todo en Ourense, “

Para protestar por la desmovilización temprana de las brigadas. Contratadnos, que también en Octubre puede arder el monte… Pero no, no digamos cosas inconvenientes. Sigamos en el país de la gominola.

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“no hay ningún propósito criminal concertado” para plantar fuego, “ningún interés general”. “Si los hubiera, ya se habrían descubierto”, responde siempre el fiscal jefe de Galicia, Carlos Varela.

¿Y por qué da por hecho que la policía y la fiscalía son competentes? Tampoco ni una ni otra ha descubierto nada sobre la financiación ilegal del PP, cuando era vox populi que estaban recibiendo dinero de las constructoras para conseguir contratos. ¿No existieron los sobres? ¿No existe Bárcenas? ¡Cómo alguien con tan poca inteligencia puede ocupar un puesto de tanta responsabilidad! Si no lo hemos visto, es que no existe. Con la profundidad de este razonamiento, no debería haber pasado de primaria.

Más probablemente, no lo habéis visto porque que no queréis verlo, porque ni siquiera habéis buscado (exactamente igual que en otros casos de corrupción en los que la fiscalía se dedica a proteger al presunto delincuente).

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El Gobierno gallego denuncia, machacón, el “carácter homicida” de los recientes grandes fuegos, habla de “una serie de personas empeñadas en acabar con el patrimonio natural y hacer daño”.

Qué chorrada. Nadie se levanta por la mañana y piensa “voy a quemar un monte, para hacer daño, hahaha, qué malo soy, que quiero acabar con el patrimonio natural gallego”. Joder, ¿estoy rodeado de imbéciles o qué?. A ver, por qué nadie se levanta y dice, “voy a hacer daño, voy a quemar unos cuantos coches”. Si además, a la gente de los pueblos se la pela, que arda tal o cual cosa. Mientras no se acerque a las casas…mejor, que así nos lo limpian. En cuanto al “patrimonio natural”. ¿Pero qué patrimonio natural, si os lo habéis cargado? ¿Zonas con algún interés ecológico? Puntitos concretos, algo más en Lugo, el resto de Galicia es puro monocultivo industrial.

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Pero la inmensa mayoría de las personas detenidas (imputadas por el delito de incendio forestal, una media de 200 anuales en Galicia, líder en España en este aspecto) provocaron el fuego por negligencia o accidente. El motivo número uno de las llamas provocadas, pero no intencionadas (seis de cada diez, y va en aumento), es la quema de rastrojos en el campo. Un hábito incrustado en el ADN del mundo rural gallego. Se realizan más de 400.000 al año. “Y basta con que salga mal el 1% para tener la causa de muchos incendios”, destaca el fiscal Álvaro Ortiz.

9.800 incendios al año, 200 detenciones. ¿Cuántas de estas son apoyadas por pruebas suficientes para permitir enviar al detenido a la cárcel? Exactamente, 110 en los últimos seis años. Es decir, no llega a 20 condenados por incendio al año. Y de ellos, 2/3 son por imprudencias o accidentes, es decir, los más fáciles de resolver porque los autores muchas veces se quedan en el lugar tratando de remediar lo que han causado, en ocasiones son ellos mismos los primeros en alertar del incendio. Es sobre esta clase de incendios que el sistema policial-judicial, radicalmente obtuso e incompetente, se pone medallas.

9.800 incendios al año, 20 personas en la cárcel. Es decir, podemos afirmar que quemar el monte en Galicia es un acto que queda en el 99,79% de los casos impune. Si esto no es muestra de la incompetencia palmaria del SEPRONA y la fiscalía, por lo que deberían presentar la dimisión del primero hasta el último de sus miembros, o si no ser cesados fulminantemente, pues ya no sé qué clase de ineptitud para el desempeño del cargo puede justificar un cese. Si en tu trabajo sólo tienes una tasa de éxito del 0,21%, es que no tienes ni idea de cómo acometerlo, así que a la puta calle y que entre otro. Vale, no son funcionarios, a la calle no…pues a tirar de un carro, yo qué sé. Que se queden en su casa, cobrando el sueldo, y que su puesto quienes que tengan alguna idea de cómo parar esto; para los apartados estupendo y para la sociedad aún mejor.

La quema de rastrojos, el ADN del fuego…Pues muy bien. He visto en los últimos años centenares de incendios, centenares, y ni una sola quema de rastrojos descontrolada (es decir, sin permiso y vigilancia, en época de peligro). Si la hubiera visto, hubiera reconvenido al que la efectuaba, por supuesto, pero el caso es que jamás he visto una. Y eso que en verano me paso la mayor parte del tiempo entre los campos o el monte. Que por cierto, a quien no veo es a los del SEPRONA. Deben tener miedo a ensuciar sus motos, porque no se atreven a salir del asfalto. ¿Tendrán miedo a caerse? Realmente, nunca he visto unas Yamaha XT más limpias que las de la Guardia Civil. Para el uso que le dan, que les quiten las ruedas de tacos y les pongan unas asfálticas. ¿Ir andando? Demasiado señoritos. Pues así jamás pillarán a nadie, porque se les oye llegar desde kilómetros antes.

Probablemente, ni es lo que pretenden, ellos hacen su ronda y en paz. Van a cobrar lo mismo…

Y qué decir de los chavalines del ejército, subiendo y bajando por una carretera con cara de aburrimiento infinito. Desperdicio de pesados todoterreno militares, de gasóleo y pneumáticos de tacos, rodando por el asfalto. ¿Alguien ha hecho el cálculo del costo/beneficio de tener a esos tipiños de caqui contaminando el paisaje con su presencia? ¿En cuántos incendios han colaborado estas patrullas militares a esclarecer? ¿Uno? ¿Ninguno? Es dinero público, debería justificarse, ¿no? O realmente, ¿es sólo una coartada para justificar la existencia de 135.000 fulanos improductivos, pagados de nuestros impuestos?

Este verano vinieron algunos guardia civiles a caballo, y los muy señoritos paseaban a la sombra, por la ribera, donde jamás se va a desatar un incendio. ¡Qué agradable paseo cuando el medio de locomoción lo paga la sociedad!!! ¿Resultados? Por favor, no los vayamos a ofender pidiéndoles resultados, ellos son funcionarios, policías, no tienen que justificar su puesto ante nadie.

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Los pirómanos en sentido estricto, que queman por quemar, están en vías de desaparición. Solo el 7% en el caso de Galicia. Según el capitán del Seprona consultado, en 2012 solo un gallego (de Agolada, Pontevedra) fue juzgado y declarado como tal: como un enfermo mental armado de mechero.

Pues uno al año no hace el 7% de los incendios, que esos son 686 focos para una misma persona en un mismo año.

¿Y por qué hay locos en Galicia y no en Navarra? Ah, es verdad, el ADN gallego. ¿Explicación racista o simplemente imbécil?

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A bombo y platillo se dio a conocer la detención y posterior libertad con cargos del septuagenario pastor de ovejas, principal sospechoso del gran incendio este agosto de Oia-O Rosal (Pontevedra), que arrasó 1.850 hectáreas. Cuenta ahora con sólidas coartadas, como la de un concejal de su pueblo que dice haber estado con él cuando se inició el fuego.

¿Y? Existen las mechas de chisquero. Eso es bien sabido, cuando el fuego se ha desatado, el autor está en el bar jugando a las cartas.

Joder, estoy leyendo El País de la Piruleta, diario global de los Mundos de Yupi.

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Puede que resulte al final como el tortuoso camino que llevó a detener a un indigente sin todas sus facultades mentales por el mayor incendio en Galicia en la última década, el de Cerdedo (Pontevedra), en aquel terrible verano de 2006, con 8.000 hectáreas calcinadas y dos víctimas mortales, dos mujeres que quedaron atrapadas en su coche. El hombre pasó un año en la cárcel, pero luego fue absuelto.

Es a quien pillan, al último desgraciado. Con casos así es con los que se ponen medallas. ¡¡¡Qué monumento a la mediocridad, la cobardía y la incompetencia!!!

Muchos “responsables” pero, a la hora de asumir responsabilidades, nunca aparece nadie. Nadie con el honor de decir: “lo admito, no sé cómo solucionar esto, dejo mi puesto para darle la oportunidad a otro”. Apegados al carguito, al sillón, a la nómina haciendo de su existencia parte del problema, nunca de la solución.

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Pero si hay unos cuantos sospechosos y solo unos pocos culpables, de la Galicia en llamas también surgen historias de valientes anónimos que se enfrentan al fuego para salvar la tierra generosa, que tanto dio de comer. Manuela Barja, hoy más conocida como Manuela sin Miedo, no hizo caso de las brigadas contraincendios que le ordenaban marchar a casa cuando, en marzo del año pasado, y cumplidos los 83, se echó al monte herida en una mano para defender las fincas de su aldea de Laioso, en el municipio orensano de Vilar de Santos. La empujó el amor por su paisaje y el no soportar ni por un instante más los lamentos de sus vecinos, en aquel incendio que arrasó 400 hectáreas. Ese día, la imagen de su cara ennegrecida por el humo espeso, la cabeza protegida solamente por el pañuelo oscuro que siempre lleva, dio la vuelta a España. Su marido, ya fallecido, había sido brigadista, y ella en su juventud también había participado en la extinción de algún fuego desbocado. La lumbre siempre se ha prendido, dice, coincidiendo totalmente en su planteamiento con Pepe do Fieiro, el último pastor que retiró sus cabras de O Pindo. Los viejos se van muriendo, cada vez son menos manos que trabajen la tierra. “Ahora ya no hay quien roce”, dice, “a la fuerza tiene que arder el monte”.

Este es el broche final de todo artículo periodístico actual, copiando el estilo del otro lado del charco. La guinda final que apela a los sentimientos, centrándose en un testimonio y cerrando el artículo con bucle al comienzo (el pastor de cabras). Un estilo impostado, asquerosamente predecible y amanerado y, sobre todo, más falso que un duro de cartón.

Una anciana contra las llamas, preocupada por su paisaje. JOAS JOAS JOAS JOAS. Vale, no niego que esta anécdota sea verídica, aunque me cueste creerlo, pero es eso, una anécdota; elevar la excepción a la categoría de norma es confundir al lector, un paso antes de la mentira pero bien entrado en el terreno de la manipulación.

Vamos a ver, cuando hay un incendio los vecinos se reúnen para ver el espectáculo, pues la vida rural no ofrece muchas ocasiones para romper la monotonía. Normalmente lo comentan entre risas, cuando no claramente con un “deixade que arda!”. Sólo se ponen inquietos cuando el fuego se empieza a acercar a su casa, a una nave, establo…por lo demás, por ellos, ya puede arder Troya que no mueven ni un dedo para evitarlo.

Esta es la realidad, de lo que yo he vivido tantos años en el Sur de Ourense. Ahora, la edulcorada realidad oficial de los que no conocen más verde que la maceta de la terracita de cervecería donde alternan, va por otros derroteros.

4 septiembre 2013

Medios

Filed under: ecología — Mendigo @ 1:20

Hoy, al salir de casa, he mirado en derredor y me he dicho: “qué raro, hoy no hay ningún incendio”. ¿Os podéis imaginar lo que supone este pensamiento? Desde hace un mes, no ha faltado un solo día en el que, hacia un lado u otro, no viera una columna de humo. Sí, uno, un día en el que cayó una fugaz tormenta.

Hoy no ha sido la excepción. Según venía he visto un fuego en A Gudiña (el mismo pueblacho del que hablé a cuenta de las estaciones absurdas de AVE).

Una chorrada que suele repetir la chusma política santiaguesa es que faltan medios. Independientemente de los que haya, siempre los valoran como escasos.

Os presento la relación, a ver si os parecen escasos:
5.708 personas (344 menos que la campaña 2011, ya tenéis ahí 344 razones por las que el monte arde)
32 aeronaves (entre aviones y helicópteros, parte de ellos alquilados, ya tenéis otra poderosa razón)
360 medios mecánicos, de los cuales 156 motobombas (idem, eadem, idem)

Por poner en relación, Galicia dispone de más personal y aviones que en todo el Estado francés. Y mira que hay bosques en Francia…

No sólo no faltan medios, como dicen los borregos de la oposición. Es que existe una superabundancia de medios de extinción, que con los años han creado una verdadera industria del fuego que mueve cada año medio centenar de millones de euros, desde las empresas que alquilan los helicópteros a los parcos salarios de los vasallos del alcalde-cacique, pasando por las empresas semi-públicas Tragsa y Seaga, que riman con precariedad laboral.

El 30% del dispositivo contraincendios es contratado a dedo sin formación

No perdamos de vista la proporción, porque aunque la mayor parte del coste de extinción corresponde a los medios aéreos (se estima que un gran incendio cuesta a razón de 50.000€ a la hora), la contratación de las brigadas supone un chorro de dinero en el rural gallego, que alivia el año (y en algunos casos salva de la indigencia) a varios miles de familias gallegas.

Podéis verlo de varias formas, como un dinero público que se pierde mitigando la actividad criminal de ciertos elementos, o como la única forma que existe para que las administraciones públicas dediquen fondos a la Galicia profunda.

Luego llegarán los periodistas a repetir los lugares comunes de siempre. Faltan efectivos, cuando hay efectivos como para invadir un pequeño país. El monte arde porque está sucio, cuando la suciedad está dentro de su bóveda craneal. Un monte arde porque alguien lo quema, y con la suficiente gasolina arde hasta el Obradoiro. Por mucho que elimines el sotobosque, parte inherente de un bosque de enorme riqueza biológica, una vez que el fuego haya alcanzado la primera copa, se transmite de copa a copa a gran velocidad sin necesidad de tocar el suelo.

Los bosques franceses, alemanes, austriacos, eslovenos…tienen sotobosque, y no arden. En Galicia, por el contrario, arde todo. Hasta las peñas han ardido este verano, con sólo unas hierbas que habían salido del pasado incendio.

Entiendo que el sentido de la clase política y su apéndice periodístico difundiendo tonterías semejantes es evadir la cuestión de quién quema el monte, con qué motivo. Pareciera que es un fenómeno meteorológico o una plaga bíblica, o que los bosques ardieran por combustión espontánea. Pues no, abandonemos las formas impersonales, el bosque no arde, al bosque lo queman.

Y en vez de dedicar una millonada cada año a tapar la hemorragia, lo inteligente es ser radical: analizar la raíz del mal y atajar las causas en su origen. Pero para eso hace falta:
a) tener cerebro
b) tener cojones/ovarios
La basurienta clase política carece de ambos órganos, así que el remedio que ofrecen es siempre el mismo durante décadas: medicación para paliar los síntomas, para jamás curar la enfermedad (porque no interes, porque su costo político es inasumible). Y año tras año cada vez la superficie ocupada por el bosque atlántico se reduce hasta la insignificancia, la excepcionalidad en un mar de eucaliptos renegridos y rebrotados.

Inciso: el mayor criminal ecológico es la propia Xunta, pues aún peor, mucho peor que un incendio es una repoblación con especies alóctonas (pinos, eucaliptos, Quercus rubra, Juglans nigra…). Un bosque autóctono, tras un incendio, se recupera. Tardará décadas, pero se recupera. Pero si encima plantamos especies de crecimiento rápido como los que fomenta la administración, se harán pronto con el techo del bosque y la destrucción será definitiva. La mayor parte del territorio gallego ha sido destruido de esta forma y ya, ecológicamente, tiene el mismo valor que un vertedero. Incluso puede que encontremos más biodiversidad en un vertedero que en una plantación de eucaliptos (no es broma).

Los incendios mueven en el rural galaicoportugués muchos millones, entre peonadas, madera barata, indemnizaciones. Es normal que haya grandes intereses en que esta locura no termine nunca, y los políticos no quieren enfrentarse de cara a esta situación y hacerse las preguntas pertinentes:

¿Quién o quiénes están quemando el monte? Y sobre todo ¿por qué, con qué motivo, cuáles son los intereses que los mueven?

No hay cargo público, político, policial o judicial, que haya dado una respuesta satisfactoria a este interrogante, a pesar de que cobran para proporcionarla. Esquivan la cuestión con respuestas del mundo de la piruleta en el que viven.

Llevamos desgranando desde hace años los principales causantes: las madereras, los empresarios eólicos, la ganadería extensiva, los cazadores, los brigadistas, los aldeanos queriéndose ahorrar un desbroce…

En este espacio no tenemos pelos en la lengua, no tenemos que buscar el voto de nadie ni nos interesa hacer amigos (de hecho, sentimos un hondo placer en granjearnos nuevos enemigos que sumar a la lista).

Pero realmente, en el fondo ¿sabéis quién es el verdadero causante de la reiteración machacona de incendios en la esquina noroccidental peninsular (Galicia, León, Zamora, Asturias y Portugal al Norte del Tejo)?

La miseria.

El atraso, la ignorancia, la bestialidad a la que han condenado durante siglos al rural gallego. El desprecio que se ha sembrado por una tierra, una cultura y una lengua. El odio a sí mismo que se ha inculcado en el acomplejada alma gallega.

Yo no me imagino a un alemán quemando un bosque. O, por ejemplo, a un vasco. Unos y otros sienten devoción por su tierra. ¿Alguien ha visto un incendio en Alemania? ¿O en Euskadi-Nafarroa? Yo, al menos, no.

En cambio aquí, cada vez me cueta más buscar sitios que no hayan sido arrasados por las llamas en los últimos años, para dar un paseo (no ya una larga caminata, un paseo). Y cada vez quedan menos.

Entonces ¿qué medios son los adecuados para acabar de una maldita vez con este problema recurrente? ¿Gastar millones cada año, año tras año durante décadas, en pomada para las pústulas o recetar antibióticos para curar la enfermedad, modificar en la sociedad las condiciones higiénicosanitarias para atajar su contagio y desarrollar una campaña de vacunación para erradicarla? Desde luego, no esperéis que los fabricantes de pomadas os aplaudan.

Los medios más eficaces en la extinción de incendios los llevan muchas décadas empleando en los países europeos, desde luego con magnífico resultado.

Educación, de los niños y de los mayores. Una persona culta, bien formada intelectual y moralmente, no va al monte con un bote de gasolina y una mecha de chisquero.

Pero también desarrollo económico y social, ofrecer un futuro a los habitantes del rural para que no tengan que recurrir a la criminalidad ambiental para defender su quizá única fuente de ingresos.

Y respeto, respeto a un pueblo, a una cultura, a una tierra que le sirvió de cuna. Respeto a sí mismo.

Hace falta devolverle a Galicia la dignidad que le fue arrebatada y que, desde luego, no ha vuelto a encontrar. Sólo hay que ver los paisajes que hacen de ella sus propios hijos.

cualedro

24 agosto 2013

Bomberos incendiarios

Filed under: ecología — Mendigo @ 12:56

Ya estoy más que harto de los incendios.

Llevo todo el mes de Agosto sin que pase un solo día sin ver una columna de humo, si no es en oriente, en poniente, si no es en la sierra, hacia Portugal. Bueno, lo del humo hacia Portugal es ya diario, independientemente de los otros incendios. Así lo están dejando, más arrasado que Verdún.

Sí, eso lo veréis en las noticias, especialmente cuando los incendios son cerca de ciudades como estos días en Ourense. Pero lo que no os contará el puto periodista de turno, y mucho menos el politicastro, es la razón.

¿Porque alguien le prende fuego al monte, no? ¿O es que creemos que arde por combustión espontánea? Serán las meigas, no te jode…

Bueno, pues en el Mendigo sección incendios (que es ya una sección fija en este blog) llevamos años procurando despejar la incógnita de la ecuación de los incendios. ¿Quién es el malnacido que está destruyendo esta tierra? Lo que pasa es que no es una ecuación sino una matriz, y la solución es múltiple.

Hace un tiempo hablé de los camiones de pinos quemados que van camino de Santiago (FinSA) o Portugal para hacer muebles baratos. Efectivamente, las madereras explican buena parte de los incendios, en concreto aquellos que afectan a plantaciones de pinos y eucaliptos.

Buenas parte, pero no todos. Otros muchos se explican por la ganadería extensiva, por ejemplo en Sanabria donde sueltan las vacas durante todo el año en el parque natural, porque es más barato alimentarlas en terreno de todos que arrendar prados o comprar pienso. Y cuando faltan pastos, cerilla. O las ovejas en tierras bajas. Yo me doy de cabezazos cuando pienso en el desatino que es quemar todo un monte para que pasten unas pocas ovejas. Pocas, para los que seáis de las mesetas os resultará raro, pero aquí rara vez un rebaño tiene más de 30 cabezas, 50 a lo mucho. Ya no sólo por la destrucción natural, es que incluso económicamente en el corto plazo. Hagamos cuentas, una oveja cuesta sobre los 70€, así que un rebaño aquí no pasa gran cosa de 2.000€. Y para alimentarlas se organiza un incendio al que tienen que ir motobombas, personal, hidroaviones, avionetas de carga en tierra y helicópteros. Si se desmanda, ya tiene que venir maquinaria pesada, efectivos de otras comunidades… Cada hora de helicóptero en el aire sale a unos 6.000€. Ayer estaba tumbado en el río y aquello parecía Vietnam, con helicópteros y aviones yendo y viniendo de un incendio a otro.

Así que echad cuentas lo cara que sale la lana o el kilo de cordero a Galicia. Salen caras de cojones esas putas 30 ovejas, y nos salen caras a todos. Era infinitamente más barato darle una pensión al pastor y que dejara de una puta vez las ovejas.

Podría seguir la cuenta, que si los cazadores para despejar el monte, que si el fulano que quiere limpiar su finca y no le apetece pagar una tractorada (también digo lo mismo, nos sale caro de cojones el desbroce, para ahorrarse 50 o 100 ouros que le costaría).

Estad atentos los que viváis en la urbe, porque esto nunca lo vais a escuchar en la realidad paralela que os cuentan los medios.

Pero ahora vamos a centrarnos en un colectivo muy concreto, los bomberos forestales. Creo que en este caso, es mejor explicarlo con un ejemplo. Me cuentan que un chaval del pueblo por fin ha conseguido trabajo; sabía que la situación en su casa estaba muy peliaguda, con todos en paro, acabándose la ayuda de 400€ y sin visos de aparecer nada nuevo. Me alegré sinceramente.

Mi alegría se difuminó en cuanto supe de qué iba a trabajar: en las brigadas forestales, en la campaña de verano.

Mi respuesta asombrada: ¿Ése?

Para que entendáis mi respuesta, os haré una semblanza de este personaje. Se trata de un joven, que a pesar de tener veintipocos tiene un perfil bastante parecido a un odre. Ya de crío no tenía muchas luces, en el colegio repitió y repitió hasta que llegó a la edad límite y lo echaron. En los trabajos ha durado poco porque además de torpe, es en palabras suaves poco afanoso en el trabajo. Vamos, más vago que la chaqueta de un guardia. Así que trata de sacarse unos duros ofreciendo su ayuda en las labores del campo, pero hasta las viejas le dan largas porque no le cunde el trabajo y al final, como es tan torpe, se acaba haciendo siempre daño o cometiendo alguna otra calamidad.

A estas alturas deberíamos hacer una precisión. Los brigadistas de la Xunta sí que pasan por unas pruebas físicas serias, son profesionales bien preparados que formar por ejemplo las unidades heliotransportadas. Una de las pruebas físicas es una carrera de resistencia con un fardo a cuestas (lo que en condiciones reales sería la manguera).

Cualquier comparación con los tipiños que escogen los concellos es ofensiva, si esta mole de carne tuviera que correr más de 500 metros, le explotaría el corazón. Es absurdo meter a un incapaz así en labores de extinción, porque el primero en ponerse en peligro es él mismo. No es broma, en un incendio de hace un par de años, falleció otro brigadista: un cincuentón que, cuando cambió la dirección del viento, no pudo correr para ponerse a salvo porque estaba cojitranco.

Los alcaldes tratan de hacer un favor (canjeable a cambio de servilismo electoral) a este colectivo de parados de larga duración, amas de casa culonas y jóvenes sin ninguna formación, y lo que consiguen es ponerlos en peligro. ¿Os acordáis de la que se armó cuando traté el problema con los GRUMIR?

El caso es que estaba anteayer subido a lo alto de un cerro, disfrutando bajo la sombra de unos jóvenes carballos de la rala brisa que aliviaba un poco el calor, y en frente tenía, cómo no, el espectáculo del enésimo incendio. Un incendio del cual el periódico dice que acudieron dos aviones y tres helicópteros, aunque por allí sólo pasó en toda la tarde una de las avionetas de carga en tierra, dando una única pasada antes de ponerse el sol (¿para que conprobar las fuentes si es más sencillo transcribir el parte oficial?).

Con el macabro espectáculo me acordé del señor de las lorzas, y temí que en ese momento estuviera de guardia. Pero a continuación pensé ¿y si no está de guardia? ¿no habrá sido él? Un soto de castaños y carballos, lejos de cualquier pueblo, esto ni es cosa de los madereros (queman pinos o eucaliptos), ni de los pastores (queman xestas cerca del pueblo), ni de los eólicos (ahí no hay ni va a haber aerogeneradores). No es por desbrozar, así que o son los cazadores (posible, es zona de bastante caza) o ha sido algún brigadista.

Evidentemente, yo no sé si ha sido este muchacho o cualquier otro, pero lo que es seguro (porque hay detenciones y condenas) es que los brigadistas emplean los incendios como chantaje para asegurarse un puesto de trabajo el año que viene. Igual que con las ovejas, nos sale bien caro ese puesto de trabajo.

Pero ahora poneos en la situación de un joven desempleado, cuya única expectativa laboral es trabajar unos meses con TragSA o los GRUMIR apagando incendios. Igual que los clanes mafiosos, convencen al tendero de que necesita de su protección, y para eso le dan una paliza y le destrozan la tienda. ¿Censurable? Sí, pero más cornadas da el hambre. Y en la Galicia profunda hay situaciones humanas terribles, que los que diseñan las estrategias de loita contra o lume desde los despachos de Santiago ni llegan a imaginarse.

Los incendios son un negocio, una fuente de ingresos para varios miles de personas en Galicia. De hecho, como digo, son la única fuente de ingresos en todo el año para algunos hogares, el único dinero que entra además de alguna chapuza esporádica. Si Galicia, y especialmente Ourense, recuperase la normalidad española, y ya no digo Europea, muchos de esos puestos de trabajo peligrarían. No hacen más que defender su puesto de trabajo y, a la postre, su vida.

Quizá ahora entendáis un poco más por qué podéis cruzar Alemania, Francia o sin ir más lejos Navarra sin ver un solo incendio, y por qué es imposible caminar más de 10km en Ourense sin encontrarse con los restos de uno. Ya cada vez van quedando islitas de vegetación en un mar de troncos renegridos y monte despoblado de cobertura vegetal más allá de las gramíneas.

¿Exagero? Venid a Ourense a comprobarlo.

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