La mirada del mendigo

11 abril 2012

Le Schtroumpf Paysan

Archivado en: ecología,energía — Mendigo @ 9:45

También podría llamar a esta entrada “reflexiones de un urbanita con azada”. Me explico, he dedicado estos días festivos a avanzar en el desbroce y cuidado de lo que los ingleses llaman orchad, es decir, un huerto de frutales (aunque hay de todo, desde flores y ajos hasta algún alcornoquillo).

Además de reflexionar sobre la inaudita situación de que en Ourense se pasen tres meses, Enero, Febrero y Marzo sin llover, y que a pesar de que por fin han empezado las lluvias vamos a tenerlas tiesas este verano a no ser que caiga esta primavera el puto monzón…me dio la gimnasia de sacho para cavilar otras cuestiones.

Los impuestos no sólo sirven para recaudar, sino también para dirigir la economía de forma que discurra por los caminos más eficientes y provechosos para la mayoría, imputando costes que el mercado no hace. Por ejemplo, el impuesto sobre el tabaco trata de reconducir la adicción a la nicotina, reduciendo el consumo de un producto pernicioso para la sociedad (para los que fuman y para los que no) además de compensar el gasto médico que origina esta adición.

Es de todos bien sabido que buena parte del coste en surtidor de los combustibles de automoción (no desgraciadamente el gasóleo de calefacción) está constituido por impuestos (IVA e impuesto especial de hidrocarburos). España es uno de los Estados de la UE que tiene impuestos más bajos por este concepto, lo que permite que en España el litro de gasolina sea de los más baratos, y que el margen de beneficio de las petroleras en España sea de los más altos (el litro de combustible antes de impuestos es más caro que en los países de nuestro entorno).

Este impopular impuesto es, en mi (nada modesta) opinión, uno de los grandes aciertos de la política europea de las últimas décadas y, si de mí dependiera, lo subiría mucho más. ¿Razones? Muchas. No sé si os acordaréis de cuando analizamos la balanza comercial española, desagregada por sectores. Efectivamente, las importaciones de energía (léase petróleo y gas principalmente) tumban totalmente el equilibrio de nuestra balanza comercial. Lo cual significa que el subsistema económico español se empobrece con el saldo neto de sus intercambios comerciales debido a que tenemos que comprar ese petróleo y gas (lo cual enriquece a un reducido grupo de familias que rigen sus Estados según principios feudales).

Los impuestos sobre hidrocarburos provocan una reducción del consumo, lo cual tiene varios efectos beneficiosos además del directo de reducir nuestra dependencia energética. Por ejemplo, el alto precio relativo de los combustibles en Europa ha permitido que la industria de la automoción europea se centre en lograr mejoras en la eficiencia de los vehículos, lo cual explica en parte su éxito presente sobre la quebrada y rescatada industria automovilística usamericana (GM, Ford y Chrysler).

Pero también esa subida artificial de los costes de los combustibles permiten imputar unos costes sociales que tiene su uso, como la contaminación atmosférica que provoca miles de muertes prematuras al año en el medio urbano ante la pasividad o incluso complicidad de las administraciones.

Igualmente, la carestía energética permite racionalizar el ordenamiento del territorio, toda vez que los poderes públicos han renunciado a gobernar y abandonado esta labor en función de los intereses especulativos. Efectivamente, unos combustibles más caros desincentivan la expansión de los núcleos urbanos y el crecimiento de los mismos en forma extensiva, siguiendo el nefasto modelo de urbanizaciones de bajísima densidad poblacional que el rebaño aprende a admirar en las teleseries usamericanas de moda.

La carestía energética (de la cual sólo estamos hoy palpando los pelos del bigote) provocará un aumento de la eficiencia en todos los órdenes de la vida, también en el urbanismo, primando la ciudad de tamaño medio y alta densidad, donde la mayoría de los trayectos se puedan hacer a pie o en bicicleta, cejando la presión de las grandes urbes sobre su entorno rural y natural (que en el caso de Madriz se extiende hasta las provincias limítrofes).

Pero de los combustibles convencionales ya hemos hablado aquí en numerosas ocasiones, así que quería tratar hoy un combustible (de calefacción y cocina) alternativo: la madera. El gasóleo cada vez más caro y el enorme desempleo que se vive en las zonas rurales, está espoleando la tala de árboles para leña. En principio, esto no tendría que ser necesariamente malo: Francia es el país europeo en que más desarrollado está el empleo de biomasa para calefacción, y conserva ejemplarmente sus bosques. El problema es que Españistán es diferente. Al menos, comento la realidad gallega, que es la que palpo día a día. En Francia, la tasa de reposición es igual o superior al 100%, es decir, por cada superficie talada se repuebla otra, siendo el ritmo de consumo parejo al de crecimiento del bosque. Este es un modo sostenible de obtener calefacción en el medio rural sin quebrar la balanza comercial con importaciones de petróleo y gas. Este NO es el modelo que se sigue en Galicia. Con los bosques de caducifolias prácticamente extinguidos, la mayoría de la superficie forestal está cubierta de plantaciones de pino y eucalipto que no sirven como cumbustible (la resina del pino atasca el tiro, se consumen muy rápido…son maderas de muy baja calidad). Entonces, los lugareños están talando los pocos robles que quedan (muy buena madera para leña, arde lento y da mucho calor, como la encina) y, cuando no tienen ya ninguno que talar que sea más gordo que un brazo, se dedican a derribar los árboles de ribera (alisos y sauces, principalmente) que son los que contienen el río en su cauce en las crecidas y protegen las márgenes de la erosión, además de ser el bosque ripícola lo último que queda de bosque autóctono en Galicia (porque es muy difícil que arda en un incendio, al ser tremendamente húmedo).

Este tipo de talas, absolutamente descontroladas (hay que pedir un permiso administrativo, que se concede sin el menor control, un mero trámite…eso cuando se pide), superan con mucho la tasa de reposición de las especies abatidas. En las orillas de los ríos y los lindes de las fincas, año tras año hay más claros dejados por la tala de árboles para combustible. Irónicamente, esta forma de calefacción, que está esquilmando lo poco que queda de especies arbóreas autóctonas en Galicia es vendida con cinismo como “natural” y “ecológica”. Ciertamente, nada más enxebre que calentarnos en la lareira, o con las cocinas de leña. Este modo de calefacción era sostenible cuando en Galicia la población era menor y los bosques de planifolias la norma. De hecho, no había que abatir el árbol sino que sólo con la poda había más que suficiente para calentarse en el invierno. Sustituido el bosque atlántico por plantaciones de pino de California y eucalipto, lo poco que queda de él se escapa por las chimeneas de las casas y chalets por ser una alternativa mucho más económica a la calefacción de gasóleo o metano (lo que se comercializa con el nombre de gas natural, exactamente tan natural en su origen como el petróleo, de hecho se extrae conjuntamente).

Primero se tala el árbol viejo que hay en el prado, que ya estaba ahí en vida del abuelo. Da para un par de inviernos, quizá tres. Cuando se acaba, habrá que talar dos de los jóvenes. No dan más que para un invierno. ¿Y luego?

Para poner freno a esto, además de prohibir que los putos chalets de nueva construcción se sigan construyendo con chimenea (no existe nada más ineficiente que un hogar abierto), podemos recurrir de nuevo a la mano rectora de los impuestos. Talar un árbol produce un daño a la sociedad, porque nos priva de sus beneficios (sumidero de CO2, protege de la erosión, y entre sus ramas y sus raíces alberga y protege una amplia variedad de vida que, de no existir, no sería posible), e incluso de su misma contemplación (existen pocos espectáculos tan majestuosos en la Naturaleza como contemplar el porte de un árbol adulto). Por lo tanto, este perjuicio que el mercado no reconoce debe ser imputado en el coste de la madera obtenida mediante un impuesto. Es importante que el impuesto no sea por el valor de la madera, sino un coste fijo por m³ de madera. De esta forma, será más gravoso para la forma de silvicultura más dañina, el cultivo y tala salvaje de maderas de bajísimo valor (eucalipto y pino radiata, cortado muy joven para virutas, o la reciente introducción del roble americano por los progres del BNG durante el bipartito), que es el mayoritario en el Noroeste peninsular (lo de Portugal es ya el Averno). De esta forma, desincentivamos el uso de madera como combustible (este impuesto no gravaría las podas, sólo cuando se derribe el árbol) y, además, promocionamos la sustitución de las especies de madera barata por especies autóctonas de ciclo largo (madera mucho más cara, y por lo tanto menos afectada por un impuesto al volumen de madera).

Así, podríamos iniciar una reconquista del bosque atlántico frente a las repoblaciones de especies industriales de ciclo corto, primando las maderas de calidad y la creación de una industria del mueble de calidad frente a la basura de contrachapado del Ikea (alucino los precios que tienen para la mierda que es). Y, de paso, estaríamos poniendo la primera piedra para acabar con la plaga endémica de los incendios en Galicia, porque es imposible explicar el problema de los incendios sin mencionar un par de siglas: ENCE (pasta de papel, Pontevedra) y FINSA (tableros de conglomerado, Santiago), las dos grandes devoradoras de madera barata gallega. Aunque, por cierto, tanto los periodistas y políticos, como la Guardia Civil (SEPRONA) y la fiscalía lo logran, con virginal ingenuidad y grosera desvergüenza a partes iguales.

Por cierto, y ahora que menciono el bosque Atlántico. Se ha hablado y llorado con lágrimas de cocodrilo el incendio en el Parque Natural das Fragas do Eume. Vamos a ver, la creación de ese parque es una mamarrachada como la copa de un…eucalipto, porque eso es precisamente lo que había, hay y sigue habiendo en ese “paraíso natural”: plantaciones de eucaliptos y pinos, cuyo valor natural es prácticamente nulo. De hecho, es negativo, mejor sería que no estuvieran, pues así permitirían que, en el curso de los siglos, las especies autóctonas fueran recolonizando el terreno perdido. Antes bien, son los agresivos eucaliptos los que van ganando espacio a las especies autóctonas. El río Eume está muerto por la presa, y ahora con el relleno de la mina de As Pontes. Y sí, existe un bosque ripícola de altísimo valor natural (sobre todo por algunas especies de helechos), pero es sólo una estrecha franja de unos pocos metros en torno al Eume y sus afluentes. El resto, la mayoría de la superficie del parque, es el mismo tipo de plantación de pinos y eucaliptos que puedes encontrar en cualquier rincón del Noroeste peninsular, la misma mierda. Que arde, por supuesto, como arde todos los años desde hace décadas. Y como es mayoritaria, la mayoría de las hectáreas afectadas por el incendio han sido de monte bajo y eucalipto (que da igual que arda, rebrota ganando aún más espacio sobre las especies que sí son afectadas). Sólo una pequeña parte del incendio afectó a partes ecológicamente importantes y, esto sí, es muy grave. Pero la mayor amenaza no es el fuego, sino la prosecución de una política de silvicultura de monarquía bananera (destrucción de la biodiversidad a mayor gloria y beneficio de las grandes industrias transformadoras) incluso dentro de los límites de un Parque Natural que ellos mismos declararon.

Por cierto ¿por qué hostias nunca he visto un puto eucalipto en Francia, Alemania u Holanda, a pesar de tener climas más propicios para su cultivo? ¿Por qué todas las nuevas repoblaciones de eucaliptos están realizándose en países del tercer mundo, con la fuerte oposición de la población local? Galicia es, cultural y socialmente, el culo del mundo, pues aquí ni tan siquiera resistimos la destrucción de nuestros ecosistemas (ni de nuestra cultura).

Y quería tratar un último punto, también al hilo de los impuestos como forma de imputar coste externos, especialmente los ambientales. Yo debo ser el único gilipollas del municipio que, para controlar las malas hierbas, no echa mano del veneno (herbicidas) o, simplemente, le pega fuego (lo más común). Hablas con alguien de la aldea, y parece que estás hablando con el doctor Bacterio o que le han regalado un Quimicefa. Mencionan de carrerilla toda una serie de productos tremendamente perniciosos tanto para la salud humana como para el medio ambiente, como quien habla de marcas de yogures (siempre usan los nombres comerciales, nunca los componentes). Y yo me pregunto, de qué sirve que yo evite en mi parcela el uso de esos productos si todas a mi alrededor (todas las que están cultivadas, que la mayoría están abandonadas con xestas de varios metros) son regadas de todo tipo de productos fitosanitarios en cantidades industriales. Insecticidas, fungicidas, herbicidas…todo ello es arrastrado por el agua y acaba contaminando las tierras, incluso de los que no queremos envenenarnos por que la manzana esté libre de irregularidades, y lo que es peor, los acuíferos de los cuales bebemos.

Entiendo que el uso de un producto para un caso en concreto es admisible, igual que yo también tomo una medicina cuando contraigo una enfermedad. Pero la cultura implantada son los tratamientos “preventivos”, que significa echarle todo tipo de productos, en cantidades salvajes, para matar todos los seres vivos a excepción (e incluso a veces también) del árbol en cuestión. La cuestión es que muchas de esas hierbas, hongos e insectos son también necesarias para mantener un equilibrio que permita seguir extrayendo cosechas de forma sostenible y evitando la propagación de plagas (para las cuales habrá que echar aún más pesticidas). Es decir, lo mismo que si cada mañana me bajo a la farmacia y me tomo un poco de cada medicamento, para evitar ponerme enfermo.

Como la gasolina y la leña, los fitosanitarios son terriblemente baratos. Un sobre de un euro de insecticida o fungicida puede contaminar miles de litros de agua, y matar la vida en un área de cientos de metros cuadrados. Esta pérdida de biodiversidad es un mal común, que debe ser compensado vía impuestos que encarezcan estos productos en relación de diez a uno, para que su uso se limite al necesario cuando surja un problema. De esta forma, los agricultores-envenenadores no sacarían del mercado a los productores que evitan el uso (al menos masivo) de estos compuestos, ya que tienen que compensar con mano de obra lo que el envenenador logra con una fumigada.

Por supuesto, también estoy a favor de subir los impuestos al gasóleo agrícola hasta igualarlo con el de automoción, para evitar el exceso de laboreo ¿desde cuándo hay que arar un souto de castiñeiros?

Otra medida, esta más pensada en los campos de la meseta Sur: censar y tasar los pozos para prevenir la sobreexplotación de acuíferos, otro recurso público que está siendo dañado por intereses particulares que, por mucho que sugiera Adam Smith, no conducen al bien común sino a la autodestrucción acelerada del medio.

29 febrero 2012

Ganadería extensiva

Archivado en: ecología — Mendigo @ 1:51

sanabria

Para los que no lo conozcáis o reconozcáis, es el lago de Sanabria, el mayor lago glaciar de la península y eje del Parque Natural al que da nombre. El Domingo, cuando pasamos a la vuelta de nuestro periplo montañero, estaba ardiendo. He escogido esta foto porque se ve exactamente la parte que estaba siendo afectada: el cañón del río Tera. Por las noticias, sé que todavía sigue ardiendo, y se han declarado otros cinco incendios más dentro del Parque.

Ese fue el primero que avistamos, a la entrada de Galicia (aunque administrativamente hicieron que la Sanabria perteneciera a Castilla, provincia de Zamora), de una serie de seis incendios en unos pocos kilómetros. El último entre Xinzo y Sandiás, estaba empezando a arder entre unos robles.

El Domingo no fue un día especial. Cuando salimos, una semana antes, al pasar por esa misma zona (sudeste gallego) había tres incendios activos. Desde estas Navidades, han venido sucediéndose con insistencia criminal con la ayuda de la ausencia de precipitaciones. Tampoco nada extraño, quizá la anormalidad es cómo los incendios de verano cada vez se desplazan más hacia el otoño-invierno, cuando los efectivos contraincendios son mínimos.

Y esta es la principal causa de los fuegos, especialmente en la conflictiva temporada de este año: los propios brigadistas, los que están o los que se han quedado fuera, provocan pequeños incendios para reivindicar un puesto de trabajo durante todo el año. En el rural gallego no hay muchas más oportunidades de empleo, y si encima llega la crisis estrangulando la economía doméstica la necesidad se torna desesperación.

Pero hay otras. Desde luego, los cazadores, para tener el monte despejado y poder abatir piezas que, en un bosque, serían prácticamente imposibles de capturar. Los empresarios de la madera barata, ENCE o FINSA, que viven del eucalipto y del pino y cuyos procesos de producción (pasta de celulosa y tablero de conglomerado) aceptan perfectamente la baratísima madera quemada. Los empresarios eólicos, no por nada las portillas de la Canda y Padornelo cuentan con varios cientos de aerogeneradores, máquinas que trabajan de forma menos eficiente si se deja medrar el bosque a sus pies. Por eso, periódicamente, qué causalidad, hay incendios que lamen las lomas donde se asientan los parques. El último, hace unos meses, ha dejado calcinado (y limpito) el terreno del parque eólico de Padornelo.

Sin embargo, hoy quería centrarme en una, de la que generalmente no se hace mención. En concreto, es la más que probable causa de los incendios en el Parque Natural de Sanabria de este Domingo (uno más en la interminable serie que están devastando ese paraje ¿protegido?). Me estoy refiriendo a los ganaderos, en este caso a los vaqueros sanabreses, que usan los pastos de altura del macizo de la Sierra Segundera para apacentar a sus animales. Las vacas son más melindrosas con la alimentación que ovejas y cabras, y gustan de los brotes tiernos que nacen tras un incendios, despreciando las retamas ya maduras.

Quería dejar claro en este punto los diferentes tipos de apacentar al ganado. Uno es el ganado estabulado, que se alimenta con la hierba segada o, cada vez más, con harinas y piensos industriales. Otro es la ganadería extensiva, pero responsable, en la que el pastor lleva a pastar al ganado a tierras propias, o ajenas pero que ha acordado con los dueños algún tipo de compensación (o simplemente se lo ceden para mantenerlo limpio). Si el pastor es una persona sensata, lleva el tractor con la desbrozadora y limpia de esta forma el sitio, si es que la retama está tan alta que no puede ser aprovechada por el ganado. Hasta aquí, ningún problema.

La cuestión es ese tipo de ganadería que libera los animales en un medio natural, a menudo de montaña, especialmente frágil, que no es de su propiedad sino pública. Es decir, que en vez de alimentar con sus tierras a sus animales, se los alimentamos con las tierras de todos, con tierras además que son de especial protección. El fulano de ciudad ve esto como el colmo del ecologismo, de la vida sana y natural. Pues no. El ganado vacuno, pero sobre todo el ovino y caprino, es una fenomenal máquina deforestadora. Un rebaño de ovejas deja un monte más perfectamente cortado que el césped del Bernabeu, donde ni una brizna asoma más allá de medio dedo.

Un sitio donde es especialmente evidente los terribles efectos sobre el medio natural de la ganadería, en este caso ovina, es en Irati. Irati es el mayor hayedo de Europa Occidental tras la Selva Negra, un sitio verdaderamente mágico, uno de los más bellos rincones de la península. Pero me estoy refiriendo a la parte de Irati que está en territorio navarro, con una protección ambiental que prohíbe el pastoreo. Sin embargo, la frontera con Francia está perfectamente demarcada: justo a partir de ella, las feraces pendientes de Irati se transforman en despobladas lomas peinadas por batallones de ovejas (la célebre ardi beltxa) en el lado francés, sin protección. Nin un sólo árbol, ni tan siquiera un matorral que sobresalga del suelo más de un palmo.

A un lado y a otro de la frontera, vemos las consecuencias del pastoreo sobre el medio natural: la destrucción más absoluta.

Otro ejemplo lo tenemos en Castilla. En tiempo, la gran riqueza de tierras castellanas era la lana, y los ganaderos, organizados en la poderosísima mesta, forzaban a su favor las políticas públicas. Hoy podemos ver las consecuencias de dedicar cada vez territorios más amplios al pastoreo de ovinos: inmensas extensiones sin ningún árbol. Hay en Castilla una forma muy particular de población arbórea, las dehesas. O, en castellano antiguo, las defesas, es decir, tierras defendidas de la mesta, donde los rebaños tenían vedado el paso o podían entrar con ciertas condiciones. Esto creo los espacios de robledales y alcornocales abiertos, que han servido de provisión de alimentos para la cabaña porcina, además de reducto de biodiversidad en las dos mesetas.

Acabamos de llegar del pirineo francés, y ahí siguen con la historia de Oui à l’ours, Non à l’ours. Y aquí vemos a los ganaderos imponer a tiros su opinión (el oso pirenáico se da ya por extinto, e incluso los ejemplares eslovenos reintroducidos siguen siendo abatidos por lazos, cebos envenenados o disparos de cazadores). Analicemos la situación: la cabaña ovina pirenaica se compone de 300.000 cabezas. Cada año, se producen 200 muertes por ataques atribuidos a osos (y convenientemente indemnizados). Aún soslayando que 200 ovejas muertas es mucha actividad para siete osos que quedan vivos en el Pirineo (más de la mitad son un fraude), no parece que sea un grave problema. Con todo, los ganaderos imponen su ley a la opinión mayoritaria que es favorable a conservar reductos ecológicos inalterados, donde se puedan mantener las especies autóctonas. Es decir, no sólo estamos permitiendo que sus rebaños se alimenten en verano en tierras que son, en muchos casos, públicas, sino que encima tienen que dictar las normas de lo que podemos o no hacer la ciudadanía con esas tierras. Y si no les conviene, lo resuelven por la vía de los hechos consumados, sean los cartuchos, el veneno o el fuego.

Permitidme ahora que cuente una anécdota personal. En el pueblo de mi padre estoy intentando repoblar el terreno (el mío, no vaya a decir nadie nada) con robles a partir de semilla (bellotas). Son tierras que están ya muy debilitadas por la terrible sucesión de incendios en un plazo muy corto de tiempo, en los cuales apenas apuntan algunas carqueixas. ¿Os acordáis esos días de heladas tan duras? Yo he tenido que ver cómo ardían unos pinos una mañana a diez grados bajo cero. Al lado de donde ardía, aún había una costra de escarcha. Mucha gasolina debieron echar para que ardiera aquello (espero que ahora no venga ningún conselleiro inepto diciendo que se debe a las altas temperaturas). Para quien no conozca Ourense, no se creería lo que es aquello, incendio tras incendio, y pensará que exagero. Yo os emplazo a venir y comprobar en qué estado está el monte.

Bien, pues en ese pueblo, que podría ser cualquiera, hay un fulano con ovejas. Como pastor tenía a un portugués al que le pagaba trescientos euros, y casi no le daba ni de comer (según cuentan, hasta le aguaban el vino). El pobre diablo se hartó de no tener ni para tabaco y se volvió para su pueblo, ignoro a qué desgraciado tendrán ahora. El caso es que este fulano lleva a comer a sus ovejas por todo el monte. Monte que ni siquiera es comunal, son pequeñas tirillas abandonadas cada uno de su propietario. Todos en el pueblo sabemos que es él el que quema reiteradamente el monte para crear pastos para los animales (aunque algún incendio, como el de los pinos, son cosas de los de las brigadas). Aquí todo se sabe.

La cuestión es que no sólo este fulano pasea sus ovejas por las tierras de todo el mundo sin pedir permiso a nadie (con el minifundismo llevado a la locura que impera allí, ello supondría recabar mil permisos para recorrer unos pocos kilómetros, y con mil no exajero ya que las tierras son tirelas de sólo unos pocos metros de ancho). La cuestión es que, con el paso de las ovejas, tengo casi imposible conseguir que un roble salga adelante. Entre sus dientes, y los fuegos, las probabilidades que tengo de ver esa tierra un día regenerada, como la conocieron mis antepasados, son mínimas.

Es mi tierra, por supuesto podría legalmente impedirle el paso. Esto, en la práctica, es una chorrada. Evidentemente, no voy a estar de guardia por salvar unas pocas bellotas en 300m² de tierra de mierda, erosionada, en mitad de ninguna parte. Pero es que, además, si lo hiciera, puedo tener por seguro que el siguiente fuego iba a empezar precisamente en mi finca. O quizá otro día los frutales que estoy intentando plantar en otra finca aparecían tronchados o envenenados. Esas cositas que pasan en esos remansos de paz y compañerismo que son los pueblos.

Vamos, que me tengo que joder, y ver cómo un fulano se enseñorea del monte del pueblo, imponiendo el modelo que le beneficia. De ver cómo los montes de Sanabria arden cada año para que las vacas de unos cuantos puedan pastar de gratis, empobreciendo ecológicamente el lugar. De cómo el oso pirenaico es conducido a la extinción por los pastores que suben sus rebaños en la estivada, y que consideran que todo el Pirineo les pertenece, a pesar de no tener título de propiedad ninguno sobre él (más que de una borda y un pedacito de tierra en torno a ella).

Y luego, tengo que escuchar el discurso bobalicón de que la ganadería es buena para la Naturaleza ¿?¿?¿? y preserva el entorno ¿?¿?¿?¿? No, este tipo de ganadería extensiva, además de aprovecharse del espacio común sin pagar un duro, haciendo competencia desleal a aquellos ganaderos que sí alimentan con lo propio su ganado, causan un gravísimo deterioro a los ecosistemas en los que se instalan, y si su incidencia es intensiva y reiterada, causando una destrucción total y absoluta del medio tras unos pocos años.

Eso sí, queda tan bucólico lo del pastor en la montaña…

Ahora podéis volver a los medios oficiales, en los cuales la energía eólica es una “energía verde”, los cazadores son deportistas amantes de la naturaleza, los brigadistas son profesionales que se juegan la vida defendiendo esa naturaleza y los pastores son el sumum de la vida natural. Y los montes gallegos arden…por combustión espontánea, no te jode…

1 febrero 2012

Más allá de los límites

Archivado en: ecología — Mendigo @ 5:21

limits of growth

Quería hacer una reseña del libro que acabo de terminar: Más allá de los límites del crecimiento (Beyond the limits).

No es precisamente ninguna novedad editorial, fue escrito en el 92 como actualización de otro libro del que posiblemente hayáis oído hablar: Los límites del crecimiento (The limits to growth), más conocido como “el informe Meadows” (por Donella Meadows, su autora principal, junto con su marido Dennis y Jorgen Randers), de 1972. Ambos son un encargo del Club de Roma para estudiar (y modelizar) el ecosistema y econosistema terrestres (este está apoyado en último término en aquel), para describir las condiciones de sostenibilidad del planeta.

Creo que es la primera vez que se planteó la afirmación que ahora es bastante común: no se puede operar un sistema que tiende al infinito, dentro de un mundo finito. La población, la deuda, la contaminación, la producción y el consumo…se describen históricamente como funciones exponenciales (tienden al infinito con creciente fuerza). No se pueden operar una función exponencial en un espacio acotado, como es nuestro mundo, luego en algún momento ocurre el sobrepasamiento (se crece por encima de las capacidades del sistema) y, tras el, el colapso (corrección abrupta de esas variables ante un fallo generalizado del sistema).

Se inscribe dentro de lo que se llamaba hace unos años maltusianismo, y ahora son los partidarios del decrecimiento.

Pues de eso va el libro, por si a alguno os interesa (que yo creo que debería). Si queréis prescindir del papel, lo podéis encontrar en la fenomenal página Qué de libros: requiere el registro, el cual os recomiendo por la enorme biblioteca que disponen, pero si sólo queréis este libro os muestro el enlace de descarga directa (pronto será más difícil conseguir un libro en pdf que un gramo de farlopa).

El informe original de 1972, sólo lo he podido localizar en inglés, en la mulita.

En el 2004 hubo otra actualización, que no he conseguido encontrar de forma gratuita en la red, ni tan siquiera en idioma bárbaro: Los límites del crecimiento: 30 años después (o, en inglés, por menos de la mitad).

Edito: ¡Encontrado! Está en inglés en la mulita.

Por cierto, aquí hay un montón de datos:
Earth Policy Institute

Para terminar, como aperitivo, transcribo un párrafo del libro, a mi juicio, quizá, el más interesante, donde se da solución a la polémica entre economistas de izquierdas convencionales y decrecentistas.

Crecer significa incrementar el tamaño por la asimilación o acumulación de materiales. Desarrollar significa expandir o lograr la realización de potenciales de algo; alcanzar un estado de mayor completud, tamaño o mejoría. Cuando algo crece, se hace cuantitativamente más grande; cuando algo se desarrolla, se hace cualitativamente mejor o, al menos, diferente.

El crecimiento cuantitativo y la mejoría cualitativa siguen leyes distintas. Nuestro planeta se desarrolla a lo largo del tiempo sin crecer. Nuestra economía, un subsistema de la tierra finita y sin crecimiento, debe eventualmente adaptarse a un patrón o modelo de desarrollo similar.

Creemos que no hay distinción que importe más mantener que ésa. Nos indica que, pese a existir límites al crecimiento, no tiene por qué haber límites al desarrollo.

21 diciembre 2011

Enlaces varios

Archivado en: ecología,economía,política — Mendigo @ 20:14

Tengo una carpeta de marcadores pendientes del tamaño de un petrolero, así que voy a tratar de ir dándole salida a ese almacén de ideas.

Estaba leyendo una de las entradas de Jaque al Nneoliberalismo (La oligarquía financiera contra la democracia social europea) cuando me llamó la atención una frase:

En esta nueva guerra financiera, los gobiernos están siendo llevados a actuar como agentes del orden que actúan en nombre de los conquistadores financieros en contra de sus propios ciudadanos.

Entonces lo asocié con el discurso de Raxoi, según el cual anularían la reposición en todos los cuerpos de funcionarios lo cual implica recortar personal, lo cual puedo hasta verlo bien en las redundantes burocracias de la administración, pero en la sanidad o en la educación, ya con una grave carencia de personal, reducir aún más sus efectivos es casi criminal. Pero mencionó dos excepciones en los que no se contempla una reducción de efectivos: la policía y el ejército (imitando al gobierno ilegítimo que el FMI y Goldman Sachs han impuesto al pueblo griego).

Somos después de Italia el estado con más policías por habitante (se duplica el óptimo recomendado por la UE), a pesar de tener una muy baja tasa de criminalidad, por mucho que la jauría mediática haga parecer lo contrario (y la mayor parte por menudeo de drogas, causa principal de ingreso de la mayoría de la población reclusa, delincuencia que se cortaría de raíz con la legalización y regulación). La Guardia Civil es, de hecho, el organismo estatal que más ha crecido en efectivos en estas dos legislaturas de mayoría socialfascita (y muy orgullosos que se muestran de ello).

En cuanto al ejército, no se me ocurre mayor inutilidad que mantener a 135.000 machotes entrenándose para una guerra que jamás se producirá (45.000 de ellos son oficiales y suboficiales, ratio absurdo en cualquier otro ejército). Porque la guerra ya está aquí, es económica, y la misma existencia de ese contingente ocioso nos está haciendo salir derrotados.

La misma Angela Merkel está reduciendo el número de efectivos del ejército alemán, bien haría Raxoi en imitar en esto a la teutona. Por cierto, por si alguien se le ocurre mencionar lo de apagar fuegos, para eso no se contratan militares sino bomberos forestales, y se adquieren motobombas y no carros de combate. De todas formas la UME sólo cuenta con 3.000 efectivos, así que quedan 132.000 funcionarios que no aportan nada al bienestar de la ciudadanía y sí mucho gasto.

El caso es que el Estado se reserva la función represora, el monopolio de la violencia como decía la Vicepresidenta de la Vega. Lamentablemente, no tiene el exclusividad de la razón y la justicia, con lo que todo ese poder armado amenaza la libertad y la justicia de los ciudadanos (que nadie se mueva a engaño, el ejército no está para defender las fronteras de una hipotética invasión lusa, eso no se lo cree nadie, el ejército español está para matar españoles, ha sido su función durante los últimos siglos y es la única guerra que han ganado desde tiempos del emperador Carlos V, si queréis podemos hacer recuento de todas las guerras perdidas por el glorioso e invicto ejército español).

Después del desmantelamiento de sus atribuciones y privatización de las funciones que desempeñaba, al Estado sólo le queda la labor coercitiva (la Santa Coacción que decía Escrivá), el uso de la violencia. ¿Y para todo lo demás? Mastercard.

Queridos españoles, esto es lo que habéis votado, esto es lo que merecéis, esto es lo que tendréis. ¡Bienvenidos al paraíso neoliberal!

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Y ahora, sartenazo.

Karkos, el arúspice del pico petrolero, nos trajo una serie de enlaces sobre decrecimiento. La tangana que tuvieron en Rebelión Juan Torres y Antonio Hernández no tiene mucho interés, pero sí que me parecieron interesantes otro par de artículos que aquí someto a vuestra consideración.

Pedro Prieto – Crecer o decrecer, that’s the question

El artículo es interesante, de las gráficas (algunas de la AIE) no hagáis mucho caso, como de cualquier otra bola de cristal. Pero tomo un párrafo que me gustaría comentar:

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Supongamos que se acepta que el crecimiento de una economía nacional, como la española, sea de un moderado 3% anual (que siempre es acumulativo) y proyectemos luego matemáticamente ese 3% a lo largo del tiempo: al cabo de 25 años la actividad económica actual se habrá duplicado; al cabo de 50 se habrá cuadruplicado y al cabo de 100 se habrá multiplicado por 16.

Estas cifras hacen que surjan las siguientes preguntas: ¿Podrá España producir en 2110 16 veces más autovías que hoy; 16 veces más líneas de alta velocidad; 16 veces más túneles, obras públicas o edificios que hoy? Si hoy en día tenemos capacidad fabril para cerca de 3 millones de vehículos privados al año, ¿podremos permitirnos la fabricación de 50 millones de vehículos privados anuales, aunque sean eléctricos? ¿Botellines o latas de cerveza, aunque sean reciclables? Y así con cualquier actividad económica productiva o de servicios. ¿Podremos acoger a 800 millones de turistas al año, 16 veces más de los 50 que ahora acogemos? ¿Podremos tener 16 veces más sucursales bancarias?

Se reconozca o no, el modelo actual está agotado. Punto y final. Finiquito.

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La respuesta es: no vamos a producir 16 veces más latas de cerveza, más o menos produciremos la misma cantidad, asumiendo un crecimiento vegetativo próximo a cero. Sólo que dentro de un siglo, la lata de cerveza estará 16 veces más cara. ¡Es la inflación! Y sólo con ella podremos salir de este atolladero de deuda, crecer (al menos de forma aparente) y asumir el pago de una deuda que, hoy por hoy, es impagable (no tanto la pública como la privada).

Es también muy interesante el epígrafe que dedica a desmontar la falacia tecnológica por la cual unas maravillosas tecnologías (la nuclear o las renovables) nos salvarán del yugo del petróleo y permitirán la transición a otro modelo energético en el que la producción de energía sea sostenible. Chorradas. Lo llevo diciendo desde hace años, sólo hay que fijarse en los órdenes de magnitud.

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Hay quienes tienen la esperanza de que las energías renovables o la nuclear puedan compensar con sus propios aportes la progresiva disminución de energía fósil en tiempo real, es decir, aumentando sus flujos en proporción inversa a la mengua de combustibles fósiles.

El mundo consumió en 2005 unos 509 Exajulios de energía. Expresados en valores energéticos comprensibles para el lector, esos 509 Exajulios equivalen a unas 15.000 centrales nucleares de 1 Gigavatio o a unos 12.000 millones de toneladas de petróleo equivalente. Lo curioso es que pocos son conscientes de que, de toda esa gigantesca cantidad, apenas 59 Exajulios (es decir, un 10,6%) fueron el aporte energético eléctrico a la sociedad mundial. Eso significa, ni más ni menos, que nuestra sociedad industrial y capitalista actual en su conjunto es fundamentalmente no eléctrica. Y como las energías renovables modernas y la nuclear sólo producen electricidad, el cambio de las infraestructuras mundiales desde la energía fósil a la eléctrica sería una tarea titánica cuya existencia sólo es posible en las pizarras de algunos ilusionistas.

Pero, además, lo cierto es que las reservas probadas de uranio dan para unos 60 años de consumo en las 440 centrales nucleares que operan en la actualidad. Si consideramos que una central nuclear suele tardar unos diez años en generar el primer vatio desde que se planifica hasta que empieza a funcionar, la tarea de construir varios miles de centrales nucleares es algo insensato, porque antes de tener a punto los primeros centenares se habrían agotado todas las reservas mundiales existentes de uranio… por no hablar de que su cenit mundial de producción será muy anterior al agotamiento total, como hemos visto que sucede con el petróleo.

Con respecto a la posibilidad de que las modernas energías renovables (eólica y solar, fundamentalmente) cumplan la tarea, por mucha buena voluntad que tengamos y por mucho informe que alguna organización ecologista haya publicado, la realidad es que los 200.000 MW de potencia eólica que había instalada en el planeta a finales de 2010 produjeron un 1,8% de la electricidad que el mundo consumió ese año.

A esto se le añade el agravante de que entre el año 2009 y el 2010 el consumo eléctrico mundial aumentó un 5,9%. Si se considera que toda la capacidad mundial de producción de aerogeneradores llegó a suministrar en 2010 unos 40.000 MW, las matemáticas indican que sólo para cubrir el aumento del consumo eléctrico mundial de 2010 habría que haber multiplicado por 15 la producción mundial de aerogeneradores.

Si, además, lo que se pretende –en el poco tiempo de que ya disponemos– es sustituir la generación eléctrica de origen fósil o nuclear por la eólica, sería necesario aumentar esa capacidad fabril entre 50 y 100 veces. Y aún así, lo único que se estaría resolviendo –en las pocas décadas de que ya tampoco disponemos– es el problema del suministro eléctrico (que, recuérdese, fueron sólo unos 54 de un total de 509 Exajulios). Por supuesto, si lo que se pretende es resolver el problema del aporte de la energía fósil en todos los ámbitos las escalas se multiplican hasta lo utópico.

A nadie se le oculta que estos sistemas renovables, por más deseables que sean, han sido instalados fundamentalmente en países muy desarrollados (el 67% en Europa o en América del Norte) y el 28% en países emergentes, todos ellos con políticas de primas y subvenciones.

Tales primas y subvenciones son posibles en las sociedades con excedentes dinerarios y, por lo tanto, energéticos (por supuesto, fundamentalmente de origen fósil), lo cual hace muy dudoso que, si estas sociedades empiezan a declinar por falta de los combustibles que ahora las alimentan, vayan a poder seguir destinando los ingentes recursos mencionados a esos reemplazos.

[...]

Y en cuanto a la energía solar, a la que se concede un mayor grado de potencial teórico, sin lugar a dudas la situación es similar en los aspectos analizados para la energía eólica: el 75% de todas las instalaciones mundiales se han llevado a cabo en Europa y el 15% en USA y Japón, es decir, en sociedades (hasta ahora) muy excedentarias en poder económico y financiero (y, por lo tanto, en excedente energético) que podían permitirse destinar sus excedentes a estos menesteres. Y, aún así, en 2010 apenas produjeron el 0,28% de la electricidad mundial. Sus menos de 20.000 MW de capacidad fabril anual deberían multiplicarse como los panes y los peces para poder obrar un milagro.

Lo peor es que, por poner un ejemplo concreto, ni los gobiernos griego, portugués, irlandés, español o italiano, que han impulsado considerablemente estas energías en Europa, parecen estar en condiciones de seguir haciéndolo tras la aparición de los primeros síntomas de agotamiento o llegada al cenit económico (y energético) de sus sociedades, alimentadas principal y básicamente por energía fósil. Otro de los detalles que está siendo sorprendentemente ignorado por la mayor parte de la economía convencional, es que son precisamente esos países europeos con mayor crisis los que sufren las mayores dependencias energéticas, especialmente de petróleo, de toda la UE.

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Pero os invito a leer el artículo porque tiene muchas más cosas interesantes.

Pero mejor aún es este otro artículo de Margarita Mediavilla (profesora de Ingeniería de Sistemas): Decrecer bien o decrecer mal

No conocía a esta mujer y me ha encantado por lo clarito que habla. Os copio alguna línea del artículo pero este sí os recomiendo fervorosamente que lo leáis.

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Si tenemos en cuenta los stocks de recursos materiales renovables, es decir, todo aquello que, como las pesquerías, los bosques, la atmósfera, o las tierras fértiles, nos proporcionan recursos y absorben nuestros desechos; todos los stocks del planeta llevan décadas disminuyendo. Esto es una disminución neta en la capacidad del planeta para sostener la vida humana. Pero eso no es todo, en los últimos años también están disminuyendo los flujos, es decir, estamos teniendo problemas para extraer algunos recursos al ritmo que deseamos. Esto es ya una disminución del consumo humano forzada por causas naturales. Ya estamos viendo que la extracción de petróleo se ha estancado desde el año 2005 debido al fenómeno del pico del petróleo, y también estamos viendo la disminución de las capturas debido al colapso de numerosas pesquerías. Luego, desde el punto de vista material, consumir menos no es una opción de los partidarios del decrecimiento, es una realidad. Ya estamos decreciendo.

Tendemos a enfocar demasiado el problema ambiental como una opción moral, algo así como “tenemos que consumir menos para cuidar el planeta”, pero esta idea es antropocéntrica y falsa. No tenemos que consumir menos, vamos a consumir menos, al menos materialmente.

[...]

¿Son válidas todavía las recetas de la socialdemocracia en este escenario de límites en el que nos encontramos? A mí me gustaría lanzar esta pregunta a todo el colectivo de los economistas críticos. Es posible que dichas recetan ya no sean válidas, porque el keynesianismo que consiguió superar la recesión de principios del siglo XX, tuvo como consecuencia un espectacular aumento del consumo de todo tipo de recursos naturales, recursos que, en estos momentos no pueden volver a crecer de esa forma, e incluso van a empezar a decrecer.

Quizá las recetas clásicas de la socialdemocracia sean muy insuficientes para superar esta crisis. Quizá se deba poner mucho más énfasis en repartir puesto que estamos en un mundo limitado, quizá tengamos que pensar en relocalizar dado que nos estamos quedando sin el combustible principal del transporte, quizá tenemos que pensar en una economía centrada en el territorio, puesto que las energías renovables dependen de él, quizá tenemos que pensar en una economía del estado estacionario y en cómo conseguir realmente el “menos es más”.

game over

1 diciembre 2011

Okupación rural

Archivado en: Activismo,ecología,patrimonio — Mendigo @ 18:09

Buscando lugares deshabitados para visitar en Teruel durante este acueducto, me he topado con este artículo que me ha parecido muy interesante.

okupa

Dentro del llamado movimiento okupa existe una vertiente menos conocida orientada a la ocupación de propiedades rurales abandonadas. Este movimiento tiene sus orígenes en el neorruralismo europeo de los años de 1960 y 1970, pero es en los años de 1980 cuando empezamos a encontrar casos de ocupación rural en España.

Las ocupaciones rurales se hacen generalmente en terrenos estatales, porque los resortes de la administración pública son más lentos y pueden pasar años antes de que se tomen medidas, pero también porque existe la posibilidad de que finalmente podamos pedir una concesión del pueblo ocupado, comprometiéndonos a rehabilitar las viviendas respetando el estilo y materiales originales, como ha ocurrido en Aineto, Artosilla e Ibort, en Huesca.

Aunque es tan ilegal ocupar una propiedad pública, como una privada, desde el punto de vista ético son cosas muy distintas. Los pueblos abandonados propiedad del Estado fueron expropiados en su momento en nombre del “bien común” y no están proporcionando ninguna utilidad a la sociedad. Es, en todo caso, el okupa quien está prestando un servicio, invirtiendo su dinero y esfuerzo en rehabilitar aldeas que son un bien público y que, de otra forma, terminarían desapareciendo.

Aunque desde 1996 la ocupación de lugares abandonados está tipificada como delito de usurpación en el código penal, los juzgados suelen considerar resuelta la cuestión con el desalojo de la propiedad ocupada, archivando la causa a continuación. Es decir, que casi nunca se han dictado las condenas previstas legalmente por el delito de usurpación, menos aún tratándose de pueblos completamente deshabitados y sin ninguna función social.

Muchas ecoaldeas hoy consolidadas iniciaron su desarrollo partiendo de ocupaciones realizadas hace veinte años y, con ello, han demostrado que es una opción viable a tener en cuenta a la hora de asentarse en el medio rural en caso de no dsiponer del dinero suficiente para comprar una propiedad.

Para optar por esta solución hay que estar dispuesto a vivir con cierta incertidumbre porque, de hecho, la única certeza que tendremos es que, probablemente, nunca seremos propietarios de la casa que habitemos. A cambio, podremos dedicar nuestro dinero únicamente a acondicionar la vivienda y a hacer mejoras que de cualquier forma serían necesarias.

Un proyecto de este tipo no debemos pensarlo con mentalidad de propietario, sino como si se tratase de un alquiler sin contrato. Es decir, prorratearemos el dinero invertido entre el número de meses que estimemos vivir allí. El resultado, seguramente, será una cifra ridícula si la comparamos con cualquier alquiler legal y, además, el tiempo siempre correrá a nuestro favor, algo muy positivo si queremos llegar a viejos.

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De pueblos okupados, comunas hippy, ecoaldeas, neorurales o como se les quiera llamar, sé de cuatro por la zona de Laza-Vilar de Barrio. Ninguno de ellos viene en las “listas oficiales” de pueblos ocupados, y es muy difícil localizarlos si no te acompañan. De hecho, el último, ni sabía de él y lo encontré de casualidad mientras paseaba por la montaña. Y mejor así, cuanto menos gente sepa que están ahí, menos problemas tendrán. Sé de otro aquí cerca, a orillas del Lérez, pero nunca lo he localizado (tampoco nunca me he puesto, la verdad).

También alguna peña que, en vez de en una pequeña comunidad, vive una casa aislada. Así recuerdo dos casos curiosos.

Uno en Francia, en la Auvernia, donde encontramos a un fulano que había restaurado una antigua estación de tren (ignoro el régimen de propiedad) que había quedado abandonada al cerrarse las vías. Especialmente curioso era el invento que tenía para desplazarse: había adaptado una chiva (Citroën 2CV) a los raíles del tren, y de esta forma (marcha adelante y marcha atrás) podía llegar a otros apeaderos abandonados rápidamente. Creo que puse una foto del invento hace tiempo…sí, aquí está.

Y luego el duende de Laza (su nombre de pila es José), un cincuentón de barbas hasta las rodillas que vive solo en medio de la sierra. Una persona absolutamente asombrosa. Compró hace ya bastantes años una enorme extensión de terreno por 10 talegos (era peña casi pelada en medio de la nada, el puto culo del mundo) y, con el tiempo (y cagallón a cagallón, como nos contaba) fue haciendo tierra fértil donde plantó de todo. Frutales, un par de huertas y un terrenito de maría (que le había dado no pocos quebraderos de cabeza con los picolos). Llegar a su casa es increíblemente difícil si él mismo no te dirige, incluso alguna vez he intentado llegar y he acabado perdiéndome en la red de veredas, incluso habiendo estado otras veces. Su casa es una choza de lascas de lousa (pizarra, muy abundante en esas montañas) hecha por él mismo. Más bien una guarida, en que la parte más alta no permite estar más que de rodillas. Pasar las terribles noches de invierno ahí dentro debe ser duro. Me contaba que su casa le había costado veinte duros. Se partía el culo él mismo (supongo que por la cara que debía poner) y luego me explicó que era lo que le había costado una caja de puntas (clavos). El resto eran materiales que había recogido del entorno.

La última vez que le vi, ya hace años, estaba construyéndose otra casa aneja. ¿Quién dice que no se empieza una casa por el tejado? Me comentaba risueño. Me llevó a verla y es cierto. Aprovechando el alero de una roca, lo había prolongado con una estructura de maderas y lascas de piedra para hacer un tejado. Ahora tocaba apilar piedras para hacer las paredes. Al menos, en ella, sí que podrías estar de pie.

Curioso personaje, siempre he tenido por él un gran respeto.

Los de las comunas no, esos son unos dandys en comparación con este fulano. Placas fotovoltaicas, agua corriente, casas bien reabilitadas…se lo tienen todo muy bien montado.

Luego conocí a otro chaval, que decía que iban a hacer lo propio con una aldea despoblada por Trevinca. Entre sus burradas (estaba muy pillao), decía que quería construir una catapulta. ¿Se pondría a cazar jabalíes con ella? ¿Atacaría las aldeas vecinas? Estaba muy mal, pero es este tipo de personas con las que merece la pena relacionarse. Porque la gente es cada vez más aburrida, monótona, remilgada y predecible.

Aps! Que estaba tratando sobre el tema de la okupación de pueblos, un par de enlaces más:
- Okupación rural
- Neoruralismo y okupación rural

Y un mensaje curioso que me he encontrado en el foro de A las barricadas:
[...]
Este agosto mi mujer y yo cojimos unas cuantas cosas en mochilas, fuimos a vizkaya, compramos un burro y salimos de alli direccion al pirineo, sin mas objetibo ke buscar donde keriamos ke nuestros futuros hijos corrieran y crecieran.

Si queréis seguir leyendo cómo les fue, podéis hacerlo aquí.

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Venga, y una canción de regalo. Un tema que el trovador de Carabanchel dedicó a los hijos de republicanos muertos, criados en horfanatos durante el franquismo.

Por cierto, ¿sabíais que uno de los instrumentos que Rosendo empezó tocando era un arpa? La encontró descordada en un contenedor, la reparó y se puso con ella. Este tío es una de las pocas personas que verdaderamente respeto. Por cierto, sigue viviendo en Carabanchel.

O acaso alguno prefierís la versión de Reinci?

Un himno, un puto himno, toda una declaración de intenciones. Me pareció que le venía bien a la entrada.

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