La mirada del mendigo

9 mayo 2014

Cave domini canem

Filed under: concurso,economía,Música — Mendigo @ 0:38

Llevo un tiempo en que apenas paro por casa, así que me disculparéis por no poder ni siquiera escribir unas líneas. Ahora hago un alto para extender mi advertencia de la entrada pasada: mucho ojito con lo que os intentan colar en el banco.

Si un banco español necesita capital, puede:

a) acudir a los mercados internacionales, que le piden un 6,37% de interés para cubrir el riesgo que tiene asociado (y da gracias, hace un año directamente no le quería prestar nadie). Eso, el Santander, que chiringuitos como el Popular o el Sabadell siguen siendo considerados como apestados en los mercados de capitales. Es que lo son.

b) captar depósitos entre sus clientes. Sin embargo, el BdE ha puesto en suspenso la libre competencia y ha fijado unos topes máximos en la remuneración de los depósitos. Por lo tanto, si le prestas tu dinero al banco, con suerte lograrás un poco más del 1%.

En otras palabras, nos obligan a financiar a una banca quebrada, y además hacerlo a bajo coste. El pasivo barato por decretazo es otro rescate, que se viene a sumar al resto de los actuaciones con las que se intenta salvar a la banca con dinero público, hundiendo para ello al resto de la economía, al Estado y a toda la sociedad: deuda avalada por el Estado, créditos fiscales avalados por el Estado que cuentan como capital, SAREB para limpiar balances con cargo a las arcas públicas, los famosos 100.000 millones que Europa presta al Reino de España para que recapitalicemos la banca, cajas vendidas por 1€ después de sanearlas con miles de millones de dinero público y blindar sus beneficios con un esquema de protección de activos…

Pero es que la banca aún tiene una opción c) para conseguir dinero, aún más rentable que recabarlo de sus clientes al 1% y mucho más que acudir al mercado y pagar el 6%. Chupar de la teta de papá-Supraestado: efectivamente, el BCE mantiene abierta la barra libre de liquidez (un night-club sólo para banqueros, la economía productiva sigue con el grifo del crédito cerrado) a un tipo del 0,25%. Y se trata de una barra libre ilimitada, por la necesidad de capital cualquiera que esta sea.

En estas circunstancias, no es de extrañar que muchas entidades ni siquiera se acerquen a los máximos impuestos por el BdE en sus depósitos. Para qué, ya están ahítos.

Y aquí viene la trampa, y donde quiero que pongáis atención. Como las rentabilidades de las IPF son tan miserables que ni siquiera sirven para cubrir la inflación (la real, la percibida, el IPC lo dejamos junto a Caperucita y Los Tres Cerditos), la gente es más propicia a moverse a otros productos de inversión que prometan mayor rentabilidad. ¿Y quiénes son? Pues fundamentalmente son gente mayor, los que al final de su vida laboral han conseguido hacerse con un más o menos modesto capital.

Tales fueron las víctimas principales de la masacre de las preferentes y subordinadas, y ahora les vuelven a atacar con planes de pensiones, fondos de inversión variopintos (como el de renta fija que me ofrecieron, referenciados a un índice, a un sector…), depósitos estructurados, seguros de ahorro, unit-links, cocos…y demás historias. Mi encarecido consejo: manteneos lejos de toda esa mierda. Como las tragaperras del casino, están llenas de lucecitas y colorines, pero dentro tienen una fría maquinaria ideada por profesionales para desplumaros. No seas idiota: no vas a ganarle a la banca. Si te aconseja un fondo que invierte en X, es que el banco sabe que existe una probabilidad mayor de que X fracase que el suceso contrario, y por lo tanto podrá justificar esa merma en tu patrimonio argumentando “quién iba a decir que X iba a quebrar, pero no es nuestra culpa…”.

Ellos saben mucho más que tú de inversión. No apuestes contra la banca. Las cartas están marcadas. Y si consideras que lo que te da el banco por tu dinero es una mierda, que lo es, sácalo y llévatelo a casa. Por menos del 1% no compensa asumir el riesgo de que cruja la banca y caer en un corralito (no, no te vayas a Argentina, tenemos el ejemplo de Chipre mucho más próximo en el espacio y el tiempo).

La banca quiere tu dinero como otros parásitos viven de la sangre del huésped, pero robártelo mientras esté en un depósito a plazo fijo es muy difícil. Saben que como haya una quita a los depósitos (para salvar por enésima vez a la banca) se puede liar parda, la gente tiene muy claro que ese dinero es sagrado. Por ello, tratan de conducir a la gente (como dijimos, principalmente gente mayor, los de mi generación tenemos un patrimonio por lo general, colosalmente negativo) fuera de la seguridad del redil de los depósitos. Para, de esta forma, poderlos desplumar sin que rechisten. Asumirán la pérdida como una jugarreta del destino, o una falta propia, al no entender la mecánica interna de la ruleta y las leyes de probabilidad que rigen su funcionamiento y determinan su resultado. En vez de salir a la calle armados de cacerolas o de algo más ofensivo, se quedarán en sus casas avergonzados, mortificándose por un error que asumen como propio, cuando en realidad fueron conducidos hasta el borde del desfiladero y empujados por ese señor tan simpático del banco.

Esta es la situación:
– En un caso, si resistes la tentación que te ofrecen (como todo timo, los vendesartenes intentan excitar la codicia del pardillo) e insistes en una IPF, sabes que estás financiando a la banca, casi gratis (en términos nominales; en términos reales, descontada la inflación, le estás prestando tu dinero completamente gratis).
– Y si dejas que te engatusen con fondos y demás marranadas, estarás exponiéndote no sólo a prestarles de balde tu dinero, sino además a ver cómo cuando lo quieras retirar, le falta un buen bocado.

Es importante que seas consciente de su voracidad, como te defenderías del mordisco de una vívora. La banca española aún no ha cerrado el boquete en su balance que le dejó la explosión de la burbuja (de hecho, cada vez es más grande, se le adjudican más viviendas de las que consiguen colocar en el mercado, y el precio del m² continua bajando inexorablemente). El dinero público no es suficiente para restañar la brecha y ahora van a saco a por tu dinero. Directamente.

Estás avisado. Mucho cuidado cuando entres en una sucursal bancaria: echa mano a tu cartera o lo puedes lamentar el resto de tus días.

NO firmes nada que no hayas leído.
NO contrates nada que no hayas pedido.
NO inviertas en nada que no entiendas.
NO te dejes asesorar por alguien que cobra precisamente para engañarte

Y, por último, insisto:
NO permitáis que personas vulnerables de vuestro entorno, como ancianos, jóvenes o personas sin una mínima cultura financiera acudan sin compañía a una sucursal.

De haber seguido estos sencillos consejos, decenas de miles de familias españolas no se habrían arruinado estos últimos años con los sellos, las participaciones preferentes y deuda subordinada de las cajas quebradas, las acciones de Bankia, las cuotas participativas de la CAM, el fondo Optimal Estrategical (vaya nombre, eh?) que comercializaba Santander y que resultó ser parte del timo del tito Madoff… et caetera.

COMENTARIO: Notad que yo mismo he entrado inconscientemente en su juego al emplear la forma impersonal reflexiva “se habrían arruinado”. Como si hablase de un fenómeno meteorológico. Pero conocemos el complemento agente ¿por qué omitirlo? No se han arruinado: han sido desplumados, estafados, engañados, robados, truhaneados…por individuos muy concretos, que actuaban siguiendo indicaciones de otras personas también perfectamente identificadas y con la connivencia de unos terceros de los que también sabemos nombres y apellidos que teniendo el poder y el mandato de evitarlo, no lo hicieron o incluso lo facilitaron.

Hay víctimas, y hay culpables. Lo que no hay es justicia.

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Venga, vamos a animar un poco esto, que estoy hasta el nabo de cuestiones serias, sesudas y enjundiosas.

A ver quién acierta primero el nombre y título de este personaje:

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Y para ponerle algo de color a la entrada, un pedazo de mi juventud que me encontré el otro día perdido en mp3; de cuando huía a la menor oportunidad del pueblerino Madriz, gomina y castellanos, para salir por el efervescente Vigo de los ’90.

Silvia, la cantante, es una preciosidad viguesa que narcotizaba a los críos (también presentaba un programa infantil en Telegaita) con su físico y ademanes de estrella del porno.

Aunque puede que os suene más este homenaje al género gore (sonaba en un anuncio de cierto infecto mejunje carbonatado…no, ese no, el otro).

19 abril 2014

La nueva engañifa de los vendesartenes

Filed under: economía — Mendigo @ 15:47

Me figuro cuál es el proceso de selección de personal que emplean los bancos. Encierran a los aspirantes en una habitación con una cartera llena de billetes encima de una mesa y apagan las luces. Las vuelven a encender y cachean a los postulantes, y al que haya sido más rápido y hábil en hacerse con la cartera antes que los demás, es contratado.

Esto viene a cuento porque hace poco tuve que pasarme por una sucursal del Sabadell en la que me vencía un depósito. He de confesar que lo aplacé todo lo que pude, porque me da aprensión y absoluta desgana tener que tratar con esos mierdecillas de aspecto pulcro y conducta abyecta.

En el Mendigo sección Servicio Público, ya hemos alertado de las preferentes y sus consecuencias, así como de nuevas triquiñuelas para que los charlatanes de oficina endosen la basura que no pueden colar en los mercados internacionales a los inversores mayoristas, a sus clientes menos avisados. Amén de otras conductas propias de su ramplona condición moral.

En esta ocasión, quiero preveniros del nuevo y legal fraude con el que los bancos pretenden parchear su balance con el dinero sisado a sus clientes. Como digo, esto me lo ofreció una zampabollos pintarrajeada del Sabadell, pero como las organizaciones mafiosas se copian sus métodos de extorsión, no me extrañaría que similar mierda fuera también colocada por otros bancos y sucursales.

Yo acudía a anular la renovación automática del depósito, porque ya sabía que no tenían nada interesante que ofrecerme y quería irme con mi dinero a otra parte. Después de reconocer de soslayo que su oferta de depósitos era birriosa y risible, me ofreció dos ¿¡¿alternativas?!? a una IPF. Uno era un depósito estructurado, un engañabobos cuyo principio de funcionamiento se puede resumir en la siguiente ley: cara, gano yo; cruz, pierdes tú.

Mi cara de asco debió ser lo suficientemente elocuente porque no volvió a mencionar el tema, y pasó inmediatamente a la opción b) que me proponía: un fondo de renta fija. Mi faz debió mudar súbitamente del asco a la de estupefacción, que la mastuerza debió malinterpretar como interés, porque empezó a desgranar de forma entusiasta las chorradas que le habían enseñado.

Cuando me recuperé de mi asombro al contemplar el camión de estiércol que me estaban intentando hacer tragar, empecé a disfrutar de la situación y a darle cuerda para que ella misma se ahorcase. Su expresión medida de arrogante confianza con la que esta inepta comercial pretendía ganarme; las extemporáneas respuestas que daba a mis preguntas, que demostraban que me hallaba delante de una completa analfabeta económica cuyo conocimiento de los mercados no iba más allá de los folletos internos llenos de palabras rimbombantes (sarta de chorradas) con los que la entidad alecciona a sus vendedores de crecepelos infalibles. Así como el hábito no hace al monje, trajearse no convierte a una palurda cuarentona especialista en repasar catálogos de bolsos en una sofisticada trader.

El momento cumbre fue cuando me mostró en qué estaba invertido concretamente ese fondo de renta fija, giró el monitor y me mostró orgullosa su contenido: ¡¡¡deuda pública a medio plazo española e italiana!!! ¡¡¡¡Vade retro!!!!. Como si del monitor hubiera emergido la imagen de Satanás, me aferré a mi asiento y debí recular unos centímetros, acongojado por semejante horror. De ser creyente, me hubiera persignado y escapado corriendo.

Ahora creo que es el momento de hacer algunos comentarios, para que el lector que no esté familiarizado con estos temas comprenda el alcance del estupendo negocio que me ofrecían en esa cueva de rufianes decorada con ese estilo corporativo (está todo estudiado para ofrecer un impresión de solidez y confianza, un artificio comercial para crear en el cliente una percepción no racional que se diluiría como azucarillo en el café caliente si el cliente repasase las cuentas de la entidad a la que confía su capital) y juzgue por sí mismo.

Por cierto, el nombre correcto para el dinero que tenemos en el banco es capital, no ahorros, ni siquiera dinero, no nos llamemos a engaños.

Lo primero, la renta fija. El mercado de renta fija se distingue del de renta variable (llamado coloquialmente la bolsa) en que en él no se venden títulos de propiedad (acciones) sino títulos de deuda (bonos, letras, obligaciones…) de entidades públicas (Estados, CCAA, empresas públicas e incluso algún gran ayuntamiento) o privadas (por ejemplo, un bono de Telefónica), así como híbridos entre deuda y capital como las participaciones preferentes.

Creo que hay un malentendido generalizado con su nombre. Que se llame renta fija no quiere decir ni muchísimo menos que las cotizaciones sean fijas, sino que el rédito de esa deuda está predeterminado (es decir, una empresa puede repartir o no dividendos, en la cuantía que considere oportuno, pero está obligada al servicio de la deuda en la cuantía prometida en el momento de la emisión…o declararse en quiebra).

Cierto es que normalmente los mercados de renta fija eran bastante aburridos y monótonos, pero en los últimos años el panorama ha cambiado por completo, recordad no hace tanto cómo la deuda española y la dichosa prima de riesgo abrían página en los telediarios.

Así que, primer concepto que debe quedar claro, el mercado de renta fija es como cualquier otro mercado de capitales, los precios de los activos fluctúan y en él se puede ganar dinero…o se puede perderlo. No es necesariamente malo, pero desde luego un fondo de renta fija no es un sustituto a un depósito ni adecuado para un público general.

Ahora vamos a analizar esta inversión en concreto, con las pobres herramientas que nos da el sentido común, para tratar de paliar nuestra ignorancia (desde luego, la mía) en esta clase de mercados altamente especializados.

¿Es un buen activo la renta fija periférica, en concreto la italiana y la española? La lógica nos dicta que el valor de las cosas es inversamente proporcional a su abundancia. Los diamantes son valiosos en cuanto muy escasos en la naturaleza, y precisamente si algo le sobra al mundo hoy en día (además de idiotas y truhanes) es precisamente deuda. La incapacidad del capitalismo de generar más crecimiento productivo se soslaya con la impresión de papelitos, postergando el inevitable final: reconocer que no hay suficiente riqueza en el mundo, ni en 10 planetas, que respalde todo el dinero en circulación. En concreto, la deuda pública española se ha duplicado en cuatro años de crisis y amenaza con traspasar las barreras psicológicas del 100% del PIB y del billón de euros en este ejercicio.

Sobre la deuda italiana, es aún mayor que la española tanto en términos relativos (120% del PIB) como absolutos. Si bien su déficit está mucho más controlado, se trata de un país con una posición competitiva aún peor que la española, en el cual el crecimiento ni está ni se le espera. Realmente, Italia ofrece el espectáculo de un Estado en descomposición, y la fuga de su joya de la corona industrial, FIAT (que tendrá sede legal en Holanda y sede fiscal en UK) supone la puntilla.

Antes de prestar dinero es evidente que debemos plantearnos la capacidad del prestatario para devolverla, y en este caso estamos comprando deuda de dos países con graves problemas en su misma estructura de Estado, que hasta hace nada tenían gravísimos problemas para financiarse hasta que el BCE les echó un capote.

De hecho, la posibilidad de que España (o Italia) paguen su deuda es nula. La deuda española es impagable, y postergar el momento de la reestructuración lo único que va a provocar es más dolor, y que ésta sea más severa, como hemos visto en el caso griego. Hagamos cuentas, si volviéramos a los felices tiempos del 2007, con las cuentas públicas con superávit primario, tardaríamos 46,3 años en repagarla. Con el panorama actual, con el Estado varado en un déficit estructural que se retroalimenta (cuanta más austeridad se aplica para cerrar la brecha, más se deprime la economía y hace más difícil hacer frente a esa deuda) la ilusión de poder pagarla algún día se antoja un cuento de hadas. ¿Cómo vamos a poder pagar el principal, si ni siquiera podemos hacer frente al pago de intereses y tenemos que generar nueva deuda para pagarlos?

Pero esto no significa necesariamente que se vaya a perder dinero si prestamos a alguien en apuros. De hecho, los bancos se aprovecharon de las dificultades de los Estados y subieron los tipos al que le prestaban dinero a los Estados (curiosa forma de agradecerle el favor a quien te acaba de rescatar). En el aciago verano del 2012 los bancos cobraban el 8% por prestarle dinero a los gobiernos español o italiano (o un 34% por prestarle al Estado griego). Luego entró en acción Draghi con su “believe me, it will be enough“, sus programas LTRO (es decir, dinero casi gratis a los bancos) y la amenaza de activar el OMT (compra de deuda pública en el secundario) y los tipos se desinflaron, haciendo ganar de paso mucho dinerito a la banca que habían llenado sus balances de deuda pública comprada en esas horas turbulentas. Si miráis las cuentas del 2013 de la banca nacional, es precisamente la venta de estos títulos lo que está salvando sus resultados.

Aquí tengo que explicar otro concepto básico: la cotización de un título de deuda es inversamente proporcional al interés ofrecido en ese momento. Es decir, si tú tienes un bono por el cual el Estado español se compromete a pagarte un 6%, y hoy emite nueva deuda a un 1%, si lo vendes en el mercado secundario exigirás al comprador una prima del 5% sobre el valor nominal. En otras palabras, si el interés al que se endeuda un Estado sube, la cotización de su deuda emitida baja, y viceversa.

El caso es que la banca compró deuda periférica en el 2012 cuando estaba muy barata (tipos altos), y ahora que los precios están por las nubes (intereses por los suelos) quiere desprenderse de ella realizando suculentos beneficios. Pero para ello tiene que encontrar un tonto útil que se la compre, y como en el caso de las preferentes, subordinadas, pagarés…han decidido que ese mirlo blanco al cual desplumar seas tú, o alguien de tu familia.

Desde luego, colectivamente, es estupendo que los mercados de deuda se hayan apaciguado y el Estado pueda financiarse a precios razonables. Ahora bien, con un Estado con un billón de euros de deuda y que la aumenta a razón de 70.000 millones cada año, ni loco me acerco yo a esos activos. Y mucho menos acepto el riesgo de hacerlo por un 0,56% (interés de la última subasta de letras a 12 meses).

Realmente, es estúpido entrar un fondo de inversión que va a comprar deuda pública, porque para eso lo puedes hacer tú mismo desde la página del Tesoro (me figuro que su equivalente italiano será similar) y te ahorras las comisiones de gestión del fondo (que no son pecata minuta). Pero es que, además, para es del género idiota complicarse la vida comprando deuda al 0,56% cuando encuentras sin dificultad depósitos a un año que triplican esa tasa.

Si aún no te he convencido de que este negocio es tan prometedor como instalar un puesto de helados en Groenlandia, deja que te recuerde una cosa. Estamos en una situación anormal de los mercados de deuda fija, en la que la intervención de los bancos centrales están rebajando artificialmente las rentabilidades (para alivio de nuestra economía). En otras palabras, existe una burbuja descomunal en los mercados de renta fija, derivada a que son los propios bancos centrales (cuyo poder de compra es ilimitado, pues son quienes imprimen el dinero) los que entran en tromba y compran esa deuda, desplazando a los demás jugadores (que se van a otros mercados buscando más interés y creando otras burbujas, como en la renta variable o los fondos de inversión inmobiliaria).

En otras palabras ¿Qué pasa si compras deuda periférica a precios de burbuja? Pues lo mismo que si compraste un apartamentito en un pútrido litoral urbanizado para especular en el año 2007: dolor. Si vuelven las turbulencias y el BCE no puede (o no quiere, empezando por el Constitucional alemán) calmar las aguas, las cotizaciones de la deuda se desplomarán (es decir, los intereses a los que nos financiamos subirán, recuerda la relación inversa) y quien haya invertido en dicho fondo palmará una buena cantidad de pasta.

No tiene por qué pasar, de hecho no tengo ni puta idea de qué va a pasar, pero es evidente que el riesgo está ahí. De hecho, lo que me parece del género aberrante es que España o Italia estén financiándose más barato que la mayor economía del mundo (que, con todos sus problemas, crece al 3% y crea empleo). Nos viene de puta madre, desde luego, pero esto no tiene lógica ninguna. En cuanto la situación recupere un poco la racionalidad y la realidad nos vuelva a poner en nuestro sitio, podemos volver a pasarlas muy canutas.

Rentabilidad del bono español a 5 años:

Pero no nos pongamos derrotistas. En la bolsa se puede ganar y se puede perder. Ya hemos visto que podemos perder hasta la camisa. ¿Qué podemos ganar? Pues sinceramente, con la deuda periférica batiendo marcas históricas de baja rentabilidad (más bajas que antes de la crisis) y emitiendo más barato que países con la AAA de las agencias de rating…mucho más no creo que podamos pedir. Recuerda, si compras una Letra del Tesoro al 0,56% y dentro de un mes los tipos han bajado al 0,51%, podrás venderla obteniendo un rendimiento extra del 0,05%. Pero mucho más allá no va a ir, aunque sólo sea porque el límite inferior está en el 0% (no sé si alguna vez algún país se ha financiado a tipos nominales relativos, Alemania en el 2012 sí, pero a tipos reales, descontada inflación). Eso sí, no existe límite superior, a un país que muestre dificultades para hacer frente a su deuda los mercados le pueden exigir tipos desorbitados (Grecia, Argentina…) que les resarzan del riesgo de una quita. Y, eventualmente, si la quita fuera del 100% (borrón y cuenta nueva), nuestros papelitos valdrían menos que el papel higiénico. Exactamente cero. Es a lo que nos arriesgamos comprando renta fija: si la empresa o Estado emisor quiebra, nos exponemos a perder toda la inversión. Exactamente como el caso de las preferentes. Claro, quién podría imaginarse que entidades con más de un siglo a cuestas pudieran arruinarse…pues ocurrió, y este baile aún no se ha acabado.

Este es la perspectiva de invertir en la cumbre de una burbuja: no se puede racionalmente esperar grandes beneficios ulteriores. Ahora bien, si bajas la mirada y ves la altura alcanzada…cualquier resbalón en la situación económica te puede hacer despeñar hasta los profundos infiernos. Y esta clase de producto tóxico es lo que el Banc Sabadell está ofreciendo a sus clientes que se interesan por una IPF (Imposición a Plazo Fijo, vamos, un depósito de toda la vida). Si la selección de activos parece un muladar (lo peor de lo peor, en el binomio rentabilidad/riesgo), el timing es simplemente demencial.

Hasta ahora, he tratado de explicar por qué la idea de invertir en un fondo de renta fija, en este momento, y expuesto a deuda periférica, me parece el colmo de los despropósitos. Me cuesta encontrar una inversión más idiota que me sirva de ejemplo, no sé, quizá abrir un restaurante vegetariano en una isla habitada por antropófagos. Montar una tienda de radiadores en Gabón o una librería al lado de un campo de fútbol.

Por supuesto, es sólo una opción. Para quien tiene un conocimiento profundo de mercados de capitales, aquellos profesionales que saben en lo que se meten, es una opción de inversión más. Ahora bien, si tienes la misma idea de economía que yo, o aún menos, te recomiendo que te mantengas alejado de la renta fija e historias semejantes, y procures difundir entre tus familiares y conocidos la alarma de este nuevo anzuelo con que la banca pretende pescarnos (como todo timo, se despluma al incauto con el señuelo de la rentabilidad que estimule su codicia…que le acaba perdiendo; el mecanismo no es distinto al timo de las estampitas).

Por regla general: sólo invierte en aquello que comprendes. Si no entiendes completamente lo que estás firmando, es que ese producto no es para ti.

Y, de nuevo, recomiendo que no dejéis ir a personas mayores o, en general, personas influenciables y con pocos conocimientos de economía, a una sucursal bancaria sin ir acompañados. Unas palabras amables, un gesto tan inocente como una firma, y pueden perder de un plumazo lo que les costó toda una vida de trabajos ganar. Así de miserables y malnacidos son los empleados de banca, que se disfrazan de tu amigo para mejor engañarte; tomad ejemplo de la historia sobre preferentes que os conté hace un tiempo y procurad sortear el campo minado que la banca nos tiende para desplumarnos.

Existen los que viven del capital, es decir, del trabajo de los demás. Existe la clase social de los que arriendan su fuerza de trabajo a los anteriores para sobrevivir. Una subclase de los anteriores son los que venden (prostituyen) su inteligencia y formación, que en grosso modo constituyen la clase media. Pero aún queda otra clase, los que desprovistos de natural inteligencia, pero demasiado holgazanes para trabajar la tierra y demasiado cobardes para trepar por un andamio, ponen en venta su conciencia para la perpetuación del capital y su desarrollo. En esta clase entran los violentos al servicio del Estado, militares y diferentes policías, los sacerdotes de las diferentes religiones (antes, quien no servía para estudiar pero no quería trabajar, o se metía a cura o a Guardia Civil, ahora los seminarios están vacíos pero los cuarteles siguen siendo la aspiración de muchos jóvenes). Y también hemos de incluir en esta categoría a periodistas y empleados de banca, individuos sin honor que malvenden su conciencia por un plato de lentejas (bueno, o dos, que el poder paga bien a quien necesita).

Creo, quiero creer que si a una pescantina su jefe le dice que venda una partida de marisco, a sabiendas de que está en mal estado y puede provocar una intoxicación, ésta se resistiría a engañar a sus vecinos y caer en el oprobio público. En general, la gente tiene un poso de honradez que se rebela ante acciones evidentemente inicuas. ¿Qué tiene, por ejemplo, una pescadera que no tiene una pija vendesartenes? Vergüenza. Vergüenza de pasear con sus hijos por el barrio sabiendo que ha engañado a sus vecinos. Y ésta viene de un sentimiento de pertenencia a la sociedad, de comunidad.

O imaginemos un electricista, que te hace un apaño en la instalación a sabiendas de que eso sólo se tendrá en pie unos meses, y luego amenaza con provocar un cortocircuito y eventualmente un incendio de consecuencias catastróficas (como catastrófico fue tener tu dinero invertido en preferentes). Un tal electricista sería considerado más que como un ladrón (por hacer mal su trabajo y cobrarlo) como un criminal, que expone a su cliente a la desgracia. Imaginad el daño que podría causar un mecánico de coches si se condujera con la misma moralidad que un empleado de banca: su jefe le pide que te monte una rótula de dirección reutilizada de otro coche, o si no le despide. ¿Dilema moral? No para una persona decente. Realmente, yo no he conocido jamás a una pescadera, a un electricista, a un mecánico, oficios humildes, que, excusándose en que “yo hacía mi trabajo” o “recibía órdenes” pusiera en peligro al cliente que acude y deposita en él su confianza.

Por el contrario, los gusanos de las sucursales son engordados con la ideología de las élites, por las cuales ellos están por encima de convencionalismos como la ética y el honor, obstáculos o taras propios de las clases bajas que les impiden triunfar. Se les hace creer que están por encima del bien y del mal, pero no dejan de ser empleados, trabajadores, que tienen que convivir en la misma escalera, cruzarse por la calle, llevar a sus hijos al mismo colegio que las víctimas de sus engaños. Pierden la cara, pero no obtienen el beneficio de su fechoría, les basta con conservar su puesto y, a lo sumo, aspirar a un plus de productividad. Porque saben que, como en el caso de los periodistas, los honrados acaban haciendo cola en las puertas del INEM, así que se aprestan a ver quién es más canalla.

Los empleados de banca no pertenecen ni a una clase ni a la otra, y son despreciados por todas. Un desprecio que se han ganado a pulso con sus actos. La cuestión es que si notas que alguien te mete la mano en la cartera, puedes revolverte contra el ladrón, mientras que yo tuve que aguantar la compostura delante de la zarrapastrosa que de forma tan ruín y taimada me tendía la celada, cuando lo que se merecía era ser abofeteada o escupida en la cara por ratera.

25 marzo 2014

Cosas por hacer

Filed under: economía — Mendigo @ 2:11

Me enerva escuchar una y otra vez la resignación lastimera con que la gente sufre la injusticia. ¿Qué podemos hacer?

Pues, coño, se pueden hacer muchas cosas, con muy poco. Para cocinar la revolución hace falta un cántaro de determinación, un buen manojo de rebeldía, un chorrazo de imaginación, todo ello sazonado con una pizca de inteligencia y rehogado con una cucharada de organización.

En general, por mucho que lo critiquemos, seguimos ciñéndonos a las reglas del juego. Y sabemos que con esas reglas, sólo nos toca perder. Ahora que quién es el candidato para las Europeas… ¡Al carajo, hombre, al carajo!

Es idiota entrar a un casino pensando en ganar dinero. No, la ley de probabilidades está más que estudiada para que en la ruleta, al cabo de n tiradas, la banca alcance una ganancia neta a costa de los jugadores. El juego está pensado para que el empresario del casino haga negocio.

¿Que hacer? Bueno, ya han salido en este espacio varias ideas: un portal de internet que aglutine la información de la izquierda, una productora de material audiovisual (aunque sólo sea subtitular el que hay en otros idiomas), una editorial electrónica que promueva y coordine estudios, medios de comunicación como una radio/televisión por internet, la apertura de locales/centro sociales que den servicio a la comunidad…mil formas de hacer visibles unas ideas, hasta lograr su hegemonía.

Bueno, pues aquí propongo otra. Quizá una idea de bombero, pero siempre será mejor que el menú del día que nos ofrecen los partidos: vótame, y ya veremos.

La idea es abrir un supermercado. Exactamente, una cadena de supermercados.

La idea me vino de la pretensión del gobierno de eliminar el tramo superreducido del IVA a los productos frescos, lo cual sería un acto vil, de hecho criminal, un robo. Efectivamente, hay cada vez más familias que pasan el mes con lo justo, reduciendo la cesta de la compra hasta el límite de la supervivencia. Un aumento de los impuestos indirectos, en especial el IVA a los productos frescos, supone directamente un empobrecimiento ulterior. Si un producto se encarece un 6% (pasa de ser gravado al 4% del IVA superreducido al 10% del IVA reducido), el que dedica todos sus ingresos a la cesta de la compra se vuelve de un plumazo un 6% más pobre. Al presupuesto familiar, le supone un torpedo en plena línea de flotación. Hablando en plata, los niños comerán menos días carne y más días macarrones.

Identificado un problema, que existe y está extendido, por mucho que nuestra hipócrita sociedad mire para otro lado, procuremos resolverlo. Vótame y cuando gane ya verás cómo lo arreglo todo… No, arreglémolo nosotros, aquí y ahora. Con lo que tenemos, sin esperar a contar con los recursos del Estado a nuestra disposición.

La respuesta: abrir supermercados. Serían negocios, no ONGs, que en teoría tendrían ánimo de lucro para poder competir en la misma liga que los Carrefures y Mercaconas, sólo que ejercicio tras ejercicio, qué casualidad, no arrojarían beneficio ninguno. Al fin y al cabo, no se puede obligar por ley a que un negocio tenga beneficios, ¿no? Y ahí está la clave, aplicaríamos sobre los productos el margen que nos permitiese cubrir gastos (sin incurrir en pérdidas estructurales, para no suscitar acusaciones de dumping). Al no esperar beneficio empresarial, podríamos ofrecer los productos más baratos, ayudando a la gente (es decir, ayudándonos) y jodiendo a las cadenas de distribución.

Pero las cadenas existentes son empresas muy eficientes, así que habría que pensar muy bien la jugada pues con el volumen de mercancía que mueven, son capaces de ajustar los precios y aún sacar beneficio de ellos. Para sacar el proyecto adelante habría que replantearse el concepto de alimentación, recurriendo a productos frescos de temporada y secos a granel, eliminando embalajes y, en todo caso, sólo admitiendo envasados de marca blanca. Sin chorradas de musiquita navideña ni folletos publicitarios: productos de calidad (organoléptica, no de presencia) al menor precio posible. Esto se podría conseguir creando un sistema distribución integral, del campo (o mar) a la tienda, puenteando los distribuidores y negociando directamente con los productores. De esta forma, además, contribuimos a romper la dictadura de precios que pesa sobre el sector primario, agregando otro jugador, e imponemos otro paradigma de producción basado en la calidad y seguridad alimentaria de los productos y no en su comerciabilidad (apariencia, calibre, uniformidad, ausencia de máculas, envasado resultón…).

El ganadero vende la leche unos céntimos más cara, el consumidor la recibe unos céntimos más barata, ambos disponen de más renta disponible. Si aplicamos el sumatorio para todos los productos y todos los ciudadanos, obtenemos una sociedad más rica. Y que se jodan los Roig, los Schwarz y los Areces, que hacen su riqueza de nuestra pobreza.

Tú dile a un productor de naranjas que le coges toda la cosecha, con la única premisa de haber alcanzado su punto de maduración, en vez de decirle que le compras sólo las que tengan tal calibre y estén ausentes de defectos. Ya verás como consigues un precio mucho más bajo. Y, de paso, no tiras tantísimo género perfectamente apto para el consumo como se desaprovecha ahora.

Hay margen para jugar, y ganar, en el precio. Hay margen con la reducción de los envases, para volver al vino a granel y la devolución de los cascos, como hacíamos cuando éramos críos. Se nos ha vendido que tirar el continente después de usarla es lo moderno, de ricos, pero es al contrario. En Alemania, en Austria se está recuperando este sistema, con máquinas que automatizan la recepción y expenden un ticket con la cantidad a descontar. En la República Checa los cascos de cerveza se devuelven, lavan y reetiquetan. De esta forma, el contenido sale baratísimo (de la calidad de la cerveza checa no hace falta que os convenza, no?).

Y no, no es lo mismo que reciclar. Reciclar es un puto negocio para unos pocos, que reciben materia prima refinada y se ahorran la mano de obra del proceso de separación. Hacer una botella nueva a partir de vidrio reciclado supone el 80% de la energía respecto al proceso normal. En cuanto a la materia prima, el sílice, la arena es virtualmente infinita. El verdadero ahorro en energía está en no destruir esa botella, reutilizarla, estandarizar los tipos y crear un circuito cerrado para su gestión. Quien dice el vino, dice la leche, dice el aceite…

Hay margen para ser eficientes, para ofrecer a la sociedad más por menos. Crujir a las grandes cadenas y demostrar por la vía de los hechos que se pueden hacer de otra forma las cosas, que otra sociedad no es sólo necesaria, sino perfectamente posible y, además, deseable para el 99% de la población que vive de su trabajo y no del ajeno. Si hemos de proponer a la sociedad otro proyecto socioeconómico, habremos de dar pruebas de que nuestras ideas son solventes, de que además de competentes, somos honrados, y que realmente estamos de su parte. El camino se demuestra andando. Ahora sólo falta dotarnos de una organización que se atreva a reescribir las reglas del juego y extenderse por todo el tablero.

Hacer política levantando una red de economatos ¿y por qué no?

1 marzo 2014

Bankia, el periodismo está reñido con la aritmética

Filed under: economía,información — Mendigo @ 0:20

Como ya os habréis dado cuenta, últimamente tengo poco tiempo y menos ganas de seguir escribiendo. Realmente, es que creo que no tengo nada más que aportar, más que un pernicioso mal humor. Está todo más que dicho, y es seguir dándole vueltas a lo mismo: quien no se entera es porque pura y llanamente no quiere, no se atreve o no le interesa enterarse.

Pero no para procurar cambiar nada, sino para dar prueba de vida, de vida rebelde, que no sólo no me han convencido sino que cada día me dan más asco, habré de seguir emborronando las páginas de este cuaderno de notas. Aunque sea con un par de enlaces. Bueno, una terna.

Vamos a probar que el término “periodista” es el antónimo de “barrendero”: éste recoge la basura, aquel la disemina.

Prueba nº1: Expansión – El Estado gana 136 millones con la venta del 7,5% de Bankia por 1.304 millones de euros

Prueba nº2: GurusBlog – El FROB inicia la venta del 7,5% de Bankia ¿Vendemos a pérdida?

Prueba nº3: GurusBlog – ¿Cuánto dinero vamos a perder vendiendo Bankia a 1,51 euros por acción?

Edito:
Prueba nº4: José Carlos Díez – Bankia: crónica de un desastre anunciado

Quod erat demonstrandum

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La belleza como refugio:

6 noviembre 2013

How The Economic Machine Works

Filed under: economía — Mendigo @ 15:30

De El Blog Salmón os recomiendo un interesante vídeo acerca del funcionamiento general de la economía, el papel de la deuda, los tipos de crédito, los ciclos económicos…

Es muy básico, pero me parece una visión general tremendamente pedagógica. Lo malo, que sólo está en lengua bárbara, pero el narrador pronuncia extremadamente bien, así que puede ser seguido sin demasiado esfuerzo. Por cierto, para que no os llevéis a engaño, os dejo que descubráis quién es el guionista.

Un apunte: en el minuto 18 comenta la situación en la que los tipos de intereses no consiguen reactivar la economía. Básicamente, porque por muy barato que esté el crédito, nadie lo quiere tomar porque no tendrías en qué invertirlo, ya que las perspectivas económicas son sombrías: un particular no va a pedir un crédito para comprarse una vivienda, si cree que esperando un par de años la obtendrá mucho más barata. De forma análoga, una empresa no invertirá en ampliar su capacidad de producción cuando ya tiene parte de su capacidad parada. Le sobra capacidad, y los salarios están cayendo así que no necesita invertir para mejorar la productividad.

Conceptos asociados a esta situación:

John Maynard Keynes: Trampa de liquidez
Richard Koo (economista jefe de Nomura): Recesión de Balance

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