La mirada del mendigo

25 marzo 2014

Cosas por hacer

Archivado en: economía — Mendigo @ 2:11

Me enerva escuchar una y otra vez la resignación lastimera con que la gente sufre la injusticia. ¿Qué podemos hacer?

Pues, coño, se pueden hacer muchas cosas, con muy poco. Para cocinar la revolución hace falta un cántaro de determinación, un buen manojo de rebeldía, un chorrazo de imaginación, todo ello sazonado con una pizca de inteligencia y rehogado con una cucharada de organización.

En general, por mucho que lo critiquemos, seguimos ciñéndonos a las reglas del juego. Y sabemos que con esas reglas, sólo nos toca perder. Ahora que quién es el candidato para las Europeas… ¡Al carajo, hombre, al carajo!

Es idiota entrar a un casino pensando en ganar dinero. No, la ley de probabilidades está más que estudiada para que en la ruleta, al cabo de n tiradas, la banca alcance una ganancia neta a costa de los jugadores. El juego está pensado para que el empresario del casino haga negocio.

¿Que hacer? Bueno, ya han salido en este espacio varias ideas: un portal de internet que aglutine la información de la izquierda, una productora de material audiovisual (aunque sólo sea subtitular el que hay en otros idiomas), una editorial electrónica que promueva y coordine estudios, medios de comunicación como una radio/televisión por internet, la apertura de locales/centro sociales que den servicio a la comunidad…mil formas de hacer visibles unas ideas, hasta lograr su hegemonía.

Bueno, pues aquí propongo otra. Quizá una idea de bombero, pero siempre será mejor que el menú del día que nos ofrecen los partidos: vótame, y ya veremos.

La idea es abrir un supermercado. Exactamente, una cadena de supermercados.

La idea me vino de la pretensión del gobierno de eliminar el tramo superreducido del IVA a los productos frescos, lo cual sería un acto vil, de hecho criminal, un robo. Efectivamente, hay cada vez más familias que pasan el mes con lo justo, reduciendo la cesta de la compra hasta el límite de la supervivencia. Un aumento de los impuestos indirectos, en especial el IVA a los productos frescos, supone directamente un empobrecimiento ulterior. Si un producto se encarece un 6% (pasa de ser gravado al 4% del IVA superreducido al 10% del IVA reducido), el que dedica todos sus ingresos a la cesta de la compra se vuelve de un plumazo un 6% más pobre. Al presupuesto familiar, le supone un torpedo en plena línea de flotación. Hablando en plata, los niños comerán menos días carne y más días macarrones.

Identificado un problema, que existe y está extendido, por mucho que nuestra hipócrita sociedad mire para otro lado, procuremos resolverlo. Vótame y cuando gane ya verás cómo lo arreglo todo… No, arreglémolo nosotros, aquí y ahora. Con lo que tenemos, sin esperar a contar con los recursos del Estado a nuestra disposición.

La respuesta: abrir supermercados. Serían negocios, no ONGs, que en teoría tendrían ánimo de lucro para poder competir en la misma liga que los Carrefures y Mercaconas, sólo que ejercicio tras ejercicio, qué casualidad, no arrojarían beneficio ninguno. Al fin y al cabo, no se puede obligar por ley a que un negocio tenga beneficios, ¿no? Y ahí está la clave, aplicaríamos sobre los productos el margen que nos permitiese cubrir gastos (sin incurrir en pérdidas estructurales, para no suscitar acusaciones de dumping). Al no esperar beneficio empresarial, podríamos ofrecer los productos más baratos, ayudando a la gente (es decir, ayudándonos) y jodiendo a las cadenas de distribución.

Pero las cadenas existentes son empresas muy eficientes, así que habría que pensar muy bien la jugada pues con el volumen de mercancía que mueven, son capaces de ajustar los precios y aún sacar beneficio de ellos. Para sacar el proyecto adelante habría que replantearse el concepto de alimentación, recurriendo a productos frescos de temporada y secos a granel, eliminando embalajes y, en todo caso, sólo admitiendo envasados de marca blanca. Sin chorradas de musiquita navideña ni folletos publicitarios: productos de calidad (organoléptica, no de presencia) al menor precio posible. Esto se podría conseguir creando un sistema distribución integral, del campo (o mar) a la tienda, puenteando los distribuidores y negociando directamente con los productores. De esta forma, además, contribuimos a romper la dictadura de precios que pesa sobre el sector primario, agregando otro jugador, e imponemos otro paradigma de producción basado en la calidad y seguridad alimentaria de los productos y no en su comerciabilidad (apariencia, calibre, uniformidad, ausencia de máculas, envasado resultón…).

El ganadero vende la leche unos céntimos más cara, el consumidor la recibe unos céntimos más barata, ambos disponen de más renta disponible. Si aplicamos el sumatorio para todos los productos y todos los ciudadanos, obtenemos una sociedad más rica. Y que se jodan los Roig, los Schwarz y los Areces, que hacen su riqueza de nuestra pobreza.

Tú dile a un productor de naranjas que le coges toda la cosecha, con la única premisa de haber alcanzado su punto de maduración, en vez de decirle que le compras sólo las que tengan tal calibre y estén ausentes de defectos. Ya verás como consigues un precio mucho más bajo. Y, de paso, no tiras tantísimo género perfectamente apto para el consumo como se desaprovecha ahora.

Hay margen para jugar, y ganar, en el precio. Hay margen con la reducción de los envases, para volver al vino a granel y la devolución de los cascos, como hacíamos cuando éramos críos. Se nos ha vendido que tirar el continente después de usarla es lo moderno, de ricos, pero es al contrario. En Alemania, en Austria se está recuperando este sistema, con máquinas que automatizan la recepción y expenden un ticket con la cantidad a descontar. En la República Checa los cascos de cerveza se devuelven, lavan y reetiquetan. De esta forma, el contenido sale baratísimo (de la calidad de la cerveza checa no hace falta que os convenza, no?).

Y no, no es lo mismo que reciclar. Reciclar es un puto negocio para unos pocos, que reciben materia prima refinada y se ahorran la mano de obra del proceso de separación. Hacer una botella nueva a partir de vidrio reciclado supone el 80% de la energía respecto al proceso normal. En cuanto a la materia prima, el sílice, la arena es virtualmente infinita. El verdadero ahorro en energía está en no destruir esa botella, reutilizarla, estandarizar los tipos y crear un circuito cerrado para su gestión. Quien dice el vino, dice la leche, dice el aceite…

Hay margen para ser eficientes, para ofrecer a la sociedad más por menos. Crujir a las grandes cadenas y demostrar por la vía de los hechos que se pueden hacer de otra forma las cosas, que otra sociedad no es sólo necesaria, sino perfectamente posible y, además, deseable para el 99% de la población que vive de su trabajo y no del ajeno. Si hemos de proponer a la sociedad otro proyecto socioeconómico, habremos de dar pruebas de que nuestras ideas son solventes, de que además de competentes, somos honrados, y que realmente estamos de su parte. El camino se demuestra andando. Ahora sólo falta dotarnos de una organización que se atreva a reescribir las reglas del juego y extenderse por todo el tablero.

Hacer política levantando una red de economatos ¿y por qué no?

1 marzo 2014

Bankia, el periodismo está reñido con la aritmética

Archivado en: economía,información — Mendigo @ 0:20

Como ya os habréis dado cuenta, últimamente tengo poco tiempo y menos ganas de seguir escribiendo. Realmente, es que creo que no tengo nada más que aportar, más que un pernicioso mal humor. Está todo más que dicho, y es seguir dándole vueltas a lo mismo: quien no se entera es porque pura y llanamente no quiere, no se atreve o no le interesa enterarse.

Pero no para procurar cambiar nada, sino para dar prueba de vida, de vida rebelde, que no sólo no me han convencido sino que cada día me dan más asco, habré de seguir emborronando las páginas de este cuaderno de notas. Aunque sea con un par de enlaces. Bueno, una terna.

Vamos a probar que el término “periodista” es el antónimo de “barrendero”: éste recoge la basura, aquel la disemina.

Prueba nº1: Expansión – El Estado gana 136 millones con la venta del 7,5% de Bankia por 1.304 millones de euros

Prueba nº2: GurusBlog – El FROB inicia la venta del 7,5% de Bankia ¿Vendemos a pérdida?

Prueba nº3: GurusBlog – ¿Cuánto dinero vamos a perder vendiendo Bankia a 1,51 euros por acción?

Edito:
Prueba nº4: José Carlos Díez – Bankia: crónica de un desastre anunciado

Quod erat demonstrandum

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La belleza como refugio:

6 noviembre 2013

How The Economic Machine Works

Archivado en: economía — Mendigo @ 15:30

De El Blog Salmón os recomiendo un interesante vídeo acerca del funcionamiento general de la economía, el papel de la deuda, los tipos de crédito, los ciclos económicos…

Es muy básico, pero me parece una visión general tremendamente pedagógica. Lo malo, que sólo está en lengua bárbara, pero el narrador pronuncia extremadamente bien, así que puede ser seguido sin demasiado esfuerzo. Por cierto, para que no os llevéis a engaño, os dejo que descubráis quién es el guionista.

Un apunte: en el minuto 18 comenta la situación en la que los tipos de intereses no consiguen reactivar la economía. Básicamente, porque por muy barato que esté el crédito, nadie lo quiere tomar porque no tendrías en qué invertirlo, ya que las perspectivas económicas son sombrías: un particular no va a pedir un crédito para comprarse una vivienda, si cree que esperando un par de años la obtendrá mucho más barata. De forma análoga, una empresa no invertirá en ampliar su capacidad de producción cuando ya tiene parte de su capacidad parada. Le sobra capacidad, y los salarios están cayendo así que no necesita invertir para mejorar la productividad.

Conceptos asociados a esta situación:

John Maynard Keynes: Trampa de liquidez
Richard Koo (economista jefe de Nomura): Recesión de Balance

24 octubre 2013

No es por putear, pero…

Archivado en: economía — Mendigo @ 23:00

…bueno, está muy bien que sigáis pensando que sí, que vuestro sueldo es una mierda, que es cierto que los sueldos en Europa son más altos, pero que aquí la vida está más barata y así los dineros cunden más.

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La gasolinera del Intermarché de Clermont-Ferrand, hace tan sólo unos días. Es de las baratas, pero no la más barata: a la ida llenamos el depósito (gasóleo, obviously) en el Auchan de Angoulême, a 1,269€. No sé cómo estará la cosa en tu zona, yo poco después de esa foto eché sopa en el Carrefour de Pontemierda a 1,359€.

Ah! Sí, es verdad, pero es que la vivienda por allá afuera está muy cara. ¿Muy cara? ¿Más que aquí? ¿Seguro?

No es que estemos gilipollas, es que somos gilipollas.

Nota: se me ha jodido el frigorífico, el clásico termostato. Aquí me piden 48€, en cambio por eBay lo pillo en Hong Kong a 6€. Sí, pero esos precios es porque los chinos se mueren de hambre, son explotados, etc, etc. Ya, pero es que lo puedo traer de UK por 11€, con portes incluidos por Royal Air Mail (probablemente me llegará antes que si lo hubiera pedido a Murcia). En los tres casos, es el mismo puto termostato hecho, por supuesto, en China.

Sueldos de mierda, con márgenes empresariales y comerciales pantagruélicos. Es que así no hay quien viva.

14 septiembre 2013

La Renta Básica o el cheque de 1.000€

Archivado en: economía — Mendigo @ 17:41

Estaba subiendo a La Cebolla un artículo de Vicenç Navarro sobre la Renta Básica.

Dice el profesor: “Y también asumo que nadie que se considere progresista cree que la manera de solucionar este enorme déficit social sea dando un cheque social a cada ciudadano y residente para que se espabile por su cuenta y pague con este dinero unos servicios privados que sustituyan a los públicos, a los cuales el cheque público sustituiría”

La cuestión es que a veces sí que he escuchado (y aún peor, leído) como el colmo de lo “re-evolucionario” esta pretensión (el 15M supuso un despertar político de parte de la ciudadanía, pero también inundó el debate con cantidades industriales de infantilismo). E incluso le han puesto cifra: un cheque de 1.000€ para todos.

Lo primero que se me viene a la cabeza es ¿y por qué mil? ¿Porque es un número redondo? ¿Algún cálculo subyacente que determine la idoneidad de esa cifra? ¿es suficiente para el que la recibe? ¿es factible para el Estado? Vale, suena bien. Puestos a pedir, también podríamos pedir que saliera de los caños de las fuentes cerveza y/o vino, en vez de prosaica agua.

La peregrina idea del cheque de mil euros (o la cantidad que sea), es una simplificación burda del concepto de renta básica de individuos que mantienen la estructura mental de un régimen capitalista (al respecto, interesante artículo de Beatriz Gimeno que acabo de encebollar). Para cubrir unas necesidades, puede hacerse considerando que el mercado es, siempre, la forma más eficiente de hacerlo. O pueden cubrirse estas necesidades, al menos alguna de ellas, por medio de los servicios provistos por el Estado.

Un ejemplo: le damos a un ciudadano un cheque de 1000€, para que cubra sus necesidades vitales con holgura. Pero si el mercado inmobiliario está desbocado, y un alquiler le supone ya 800€, le quedará bien poco para llevar una existencia digna a este hipotético ciudadano. De hecho, esta política del cheque a todo el mundo a lo que conduciría sería precisamente a una carestía en los bienes de primera necesidad, y principalmente en la vivienda. Los 1000€ se entregan al ciudadano en cuestión, pero acaban en el bolsillo del arrendador (algo parecido a lo que ocurrió con la renta de emancipación, dinero dado a los jóvenes que indefectiblemente acababa en el bolsillo de los caseros, dinero público que sólo servía para inflar la burbuja de los alquileres).

Al ciudadano, siguiendo el ejemplo, le resulta más conveniente que en vez de 1000€ la renta sea sólo de 500€, pero además le concedas un alquiler social de 100€. De esta forma, aún le quedarán 400€ en el bolsillo para sus gastos, en vez de 200€.

A pesar de recibir un cheque cuya cuantía sea la mitad, este acuerdo le conviene al receptor del cheque. Pero también le conviene al Estado, que es capaz de promover alquileres sociales por mucho menos de esos 800€. O debería ser capaz, y para ello se impone una lucha implacable contra la mediocridad, la arbitrariedad y la corrupción (punto número uno, terminar con los contratos vitalicios en el sector público).

Podemos pensar en otros servicios, como la sanidad o la enseñanza, que el Estado provee de forma más eficiente.

Otro ejemplo: de nada sirve a un anciano que le des 1.000€, pues con esto sólo cubre la mitad de los (altísimos, delictivos) costes de una residencia privada, y el resto lo tendrá que cubrir con sus ahorros hasta que se muera o se le agoten. El anciano preferirá que el Estado le proporcione una persona que pueda atenderle en su casa y, en caso de gran dependencia, tener una plaza en una residencia pública.

Mejor que el infausto cheque-bebé del dadivoso PSOE pre-crisis, es preferible una red de escuelas infantiles suficiente, que permitan liberar a la madre unas horas del cuidado del niño para poderse incorporar al mercado de trabajo y conseguir de esta forma actualizar su puramente teórico derecho a la igualdad de oportunidades. Porque la igualdad, cuando no puedes traer dinero a casa y dependes económicamente del marido, es una quimera que queda muy bonita en los discursos oficiales. El dinero es poder, dejémonos de caralladas.

No se trata de repartir un río de dinero que, manteniendo la estructura de este sistema, acabará siendo conducido al molino de los capitalistas. Se trata de proveer unos servicios, que unas veces podrá cubrirlos la iniciativa privada por medio del mercado y otras la asistencia pública directa.

Y hay un tercer caso que es el peor de los dos mundos: los servicios ofrecidos por la empresa privada pero sin mediar la competencia abierta del mercado (por ejemplo, privatización de la gestión hospitalaria). Esto es la puerta de entrada al latrocinio absoluto.

+

Addendum: No cabe libre mercado en los bienes de primera necesidad. Si estás en mitad del desierto a punto de morirte de sed, pagas cualquier fortuna que te pidan por una botella de agua (ya sabéis qué apelativo merece el que confunde valor y precio). La demanda no es libre de aceptar el chantaje, porque la alternativa es la muerte.

En realidad, el libre mercado no existe jamás, es sólo una simplificación teórica igual que los esquemas de sólido rígido que usamos en ingeniería para modelizar un problema.

polígono de fuerzas

Es útil como primera aproximación, pero luego hay que añadir todas ese cúmulo de cosas que has obviado abstrayéndote de la realidad: el medio puede no ser continuo ni homogéneo, existen deformaciones elásticas, rozamientos, errores de medida…

Por cierto, tan absurdo es dotar a los mercados de capacidades taumatúrgicas, casi divinas…como considerar que son la fuente de todo mal. Los mercados son sólo un instrumento, debo decir un estupendo instrumento del cual la humanidad se ha dotado desde tiempo inveterado para redistribuir recursos. Habrá casos en los que sea oportuno su uso, en términos tanto de eficiencia como de justicia. Habrá casos en los que no.

Por ejemplo, el mercado es un buen mecanismo para que el público acceda a la última soplapollez electrónica, para que elija entre los distintos modelos el que más rabia le dé. Que por cierto, esta decisión no es libre, antes bien está condicionada por las mil triquiñuelas de la publicidad, para que prefieras un artilugio de Apple, un trapito de Zara o un cascajo de Ikea aunque debas pagar un sobreprecio respecto a sus alternativas en el mercado. Pero ahí está la responsabilidad de todo consumidor de informarse y no dejarse llevar por cantos de sirena.

Sin embargo, el mercado es criminal a la hora de distribuir la producción mundial de cereales. Porque dejémoslo claro: si millones de personas se mueren de hambre al año es porque no tienen dinero para pagar esa comida. Y vivimos en un sistema, aceptamos como legítimo un sistema que les dice, no tienes dinero, no comes.

Este espacio considera aborrecible la pena de muerte, ahí está en primera posición en los cartelones de la derecha. Ningún crimen es lo suficientemente grave como para merecer la muerte. Sin embargo, condenamos a un niño a morir de inanición por cometer el más espantoso de todos los crímenes: no tener.

Y lo vemos como algo normal. Hasta este punto nos han deformado la conciencia.

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Otra cuestión: la libertad de elección tradicionalmente se asocia a la distribución de recursos según el mercado. Puedes ir al supermercado y comprar cerveza rubia o negra. Y esto es bueno, en realidad toda libertad es buena, el mal viene de las restricciones a la libertad. Si no tienes un chavo, no puedes comprar ni una ni otra cerveza, toma restricción de la libertad.

Pues bien, realmente esta libertad de elección no es particular del mercado, no está reñida con la provisión pública de bienes o servicios. No hay una razón de principio que impida apuntar a tus hijos al colegio público de tu elección, o escoger el facultativo en el que más confíes. Habrá de estar supeditado a las posibilidades del sistema, pero considero que es un aspecto que se debe desarrollar en los servicios públicos.

En el ejemplo primero, de la persona a la cual se le concede una renta básica de 500€ en metálico + un alquiler social. A esta persona se le pueden ofrecer diferentes posibilidades ¿en qué barrio o calle deseas vivir? ¿Qué piso prefieres? Habrá quien prefiera la última planta para tener buenas vistas, habrá quien prefiera el primero para no subir escaleras. Dentro de las posibilidades, no hay razón para que los servicios públicos no ofrezcan un abanico de opciones. Dentro de las posibilidades, no puede ser que exijas vivir en el Palacio de Linares, pero es que de hecho el mercado también te excluye esa posibilidad (de hecho, con los ciudadanos de menor poder adquisitivo, es radicalmente excluyente, hasta de la dignidad humana).

¡Ojo! No confundir lo anterior con la última Esperanzada neoliberal, que proclama el derecho de que el Estado costee a la clase media la enseñanza privada de sus hijos vía conciertos educativos, o la sanidad privada con deducciones fiscales.

El Estado ofrece una sanidad, una educación públicas. Reclamo que en estos servicios se prime dentro de lo posible la libertad de elección del ciudadano. Pero si eres tan señorito que decides pasar de estos servicios e irte a la privada, ¡te los costeas tú, so caradura!

Reductio ad absurdum: (cómo me gustan los latinajos)
Siguiendo el mismo razonamiento, el Estado provee transporte público. Pero en nombre de la libertad de elección, yo reclamo mi sacrosanto derecho a escoger ir al trabajo en vehículo privado. Por lo tanto, el Estado debe subvencionarme la compra del BMW que yo elija. Al fin y al cabo, le estoy ahorrando al Estado mi espacio en el metro.

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