La mirada del mendigo

1 marzo 2011

Parvos 100%

Filed under: lengua — Mendigo @ 10:58

100% galega

leite

sustantivo masculino
1. Líquido branco segregado polas glándulas mamarias das femias dos mamíferos, co que alimentan as crías.
O leite da nai é o mellor alimento para os nenos de teta.

2. Este líquido, extraído das femias de certos animais, que se utiliza como alimento.
En Galicia hai unha importante producción de leite. Productos derivados do leite.

3. Zume branco de certas plantas.
As leitugas e as leitarugas deitan leite ó cortalas. CF. látex.

4. Líquido branco coma o leite.
Leite de coco, leite de améndoa.

5. pop. Esperma.
A bruxa engadiulle á apócema leite de cabrón.

Dente do leite. V. dente.

Do leite. Que aínda mama, mamote [animal]. Un ranchiño do leite.

Leite batido, leite mazado. Leite que queda despois de batelo para face-la manteiga.

Leite callado, leite preso, leite trallado. Leite que se coagulou, quedando a materia sólida separada do soro. Co leite callado faise o requeixo.

Leite cortado, leite picado. Leite que se acedou por culpa da calor.

Maza-lo leite. V. mazar.

carrabouxo lingua

2 septiembre 2010

Wikifacha

Filed under: lengua — Mendigo @ 10:31

Hay engendros que hacen rechinar los dientes a cualquiera con una mínima sensibilidad lingüística.

Uno puede aceptar que La Coruña, Oporto u Orense pueden estar avalados por la historia de una lengua, y que son similares a llamar Nueva York a New York, Amberes a Antwerpen o Londres a London. El idioma castellano ha desarrollado para esos lugares, tan comunes, nombres con genealogía propia a partir de los nombres originales. Sea.

Pero el caso de poblaciones menores, su presencia en la lengua es tan minúscula que no justifica que el castellano, a través de los siglos, haya creado formas propias de esos topónimos. El fenómeno es bien distinto, es considerar que el idioma que se habla en la periferia es una variedad deformada, primitiva y grotesca del castellano, medida de todas las cosas. Por lo tanto, en documentos oficiales, sólo debe aparecer la versión corregida, esto es, correcta, del nombre del lugar: Rianjo. Sanjenjo. Villanueva de Arosa.

Siempre me ha parecido asombrosa la falta de humildad para llegar a un sitio y enseñar a los indígenas cómo se llama su tierra. Aún más asombroso es cómo el paisano gallego, con tocado de plumas, acepta la deformación del topónimo con la misma fe que acepta los latinajos del cura. Ellos sabrán, esos hombres sabios que vienen más allá de las portillas de la Canda y el Padornelo. ¿Qué vamos a saber, nosotros? El eterno síndrome del gallego acomplejado.

Todo empezó buscando, un día, el artículo de la Wikipedia en castellano sobre Castelao, figura más prominente del galleguismo, que luchó toda su vida para que la cultura y el pueblo gallego fueran respetados. Con horror, leo que nació en “Rianjo”. ¿Qué demonios es eso? La única forma oficial y correcta del topónimo es Rianxo. Rianjo no es más que la deformación de un nombre, castellanizándolo a la fonética castellana. Pero la grafía “j”, e incluso el fonema /j/ son desconocidos en Galicia. Por lo tanto, un lugar que se llame Rianjo, Sanjenjo, La Toja o Ginzo tendrá que estar en algún lugar fuera de Galicia, pues es ajeno a su cultura.

Las transformaciones no sólo se cebaron con ese sonido /ʃ/ tan extraño en castellano y tan común en otras lenguas como el inglés (como se lamentaba el Secretario General de CCOO, Fernández Toxo). También afectaron a diptongos propios del gallego, como el caso de Ourense, Soutelo e incluso a la traducción parcial y peregrina de los topónimos: el caso paradigmático del mismo Sanjenjo, que bien traducido sería San Ginés, o de Pontesampaio que sería, en todo caso, Puente de San Pelayo, y no Puentesanpayo (supongo que los gitanos tendrán otro puente y otro santo).

Puestos a traducir, uno se pregunta porqué Pontevedra no se le cambia el nombre por Puentevedra o Puentevieja (no doy ideas, porque habrá pontemierdeses que con tal de demostrar que no son gallegos, la quieran adoptar), ya que Pontedeume lo hicieron Puentedeume. Celdanueva podría sustituir a Celanova, Foz se llamaría Hoz, Garganta o Ensenada; Vilachá por Villallana y, si se atreven a cambiar a Pobra de Trives por Puebla de Trives ¿Por qué no renombrar, puestos a hacer el ridículo, como Montefuerte a Monforte, La Calle a A Rúa y Puenteherrada a Ponferrada?

Y sí, el Bierzo es también Galicia, aunque la campaña de castellanización está consiguiendo finalmente sus últimos objetivos, igual que en el resto de León y Asturias: que las personas olviden definitivamente su cultura, que será extraña a los niños, y abracen la lengua mesetaria como propia. Una, aunque no muy grande y muy poco libre.

La Wikipedia en castellano ha soslayado una premisa fundamental, introduciendo voluntariamente una ofensa, una bofetada al plurilingüismo: los topónimos, como los antropónimos (nombres de persona), no se traducen. ¿Os acordáis del “yo me llamo Josep Lluís aquí y en la China popular”? Lo que dijo Carod Rovira es legalmente exacto, nadie tiene derecho a forzar una traducción de un nombre propio de persona o lugar. Un sitio se llama como sus habitantes quieren que se llame, una persona se llama con el nombre que le dieron sus padres. Sólo a un esclavo, a una población sometida se le puede cambiar el nombre para llamarlo “Viernes”, como rebautizó Robinson Crusoe a su mudo esclavo.

Lo curioso es que sólo la Wikipedia castellana se presta a esta gracieta facha, propia de tertuliano de la COPE. Por ejemplo:
Wikipedia en castellano: Rianjo

Mientras que el resto de wikipedias respetan el derecho de sus habitantes a denominar su propio lugar de nacimiento:
Wikipedia en catalán: Rianxo
Wikipedia en inglés: Rianxo
Wikipedia en francés: Rianxo
Wikipedia en italiano: Rianxo
Wikipedia en vasco: Rianxo
Wikipedia en neerlandés: Rianxo
Wikipedia en portugués: Rianxo
Wikipedia en turco: Rianxo
Wikipedia en vietnamita: Rianxo
Wikipedia en waray: Rianxo

Nota: el waray es uno de los idiomas originarios de Filipinas, amenazado primero por el castellano y ahora por el inglés. Es curioso que respete tu cultura el que vive en las antípodas, y no tu vecino.

Por cierto, que las lindezas de la Wikipedia no sólo se quedan en la toponimia, también traduce nombres de organismos oficiales como:
Junta de Galicia, mientras que el resto de Wikis respetan el nombre de la institución, Xunta.

Por supuesto, el desprecio no es sólo para el gallego. También la Wikipedia obliga a castellanizar, para solaz de Losantos y César Vidal, nombres propios como:
Generalidad de Cataluña
Mientras que ingleses, alemanes, portugueses, holandeses…no son tan imbéciles y palurdos de traducir el término “Generalitat” a su propio idioma (generalidade, generality, Allgemeinheit…).

La ofensa sigue contra los topónimos como Villanueva y la Geltrú de nuevo sólo en la Wikipedia castellana, mientras que, incomprensiblemente, no llaman San Cucufato del Valle a San Cugat del Vallès.

Como no acepto que el españolismo se refugie en la wikipedia para ofender de forma gratuita, he suspendido mi colaboración con la wikipedia en castellano mientras mantenga en su índice y libro de estilo la toponimia franquista.

Quixote

Edito: Esta cuestión me recuerda al Chomolungma. Durante siglos los habitantes de la región se habían referido a la gran montaña por ese nombre (Madre del Universo). Pero llegó el hombre blanco y no se le ocurrió pensar que esa montaña tenía ya nombre. Con su soberbia, ignoró el nombre que tenía entre la gente del lugar y el primer imbécil blanco en verla quiso darle su propio nombre. Hoy todo el mundo la conoce con el pedante apellido de ese imbécil: Monte Everest.

4 julio 2010

Morreu un homem

Filed under: lengua — Mendigo @ 19:53

Saramago

Ya estamos de vuelta.

Durante casi tres semanas he vivido en la beatífica ignorancia de no entender nada de lo que oía en la radio o leía en las cabeceras de los periódicos de los sitios por los que pasaba. Así que ahora estoy haciendo un esfuerzo por hacerme una idea de cómo a cambiado el mundo en estos días de Junio en los que he estado ausente.

La respuesta, después de un buen rato delante del monitor, es más de lo mismo. En este último mes no ha pasado nada, nada nuevo, el poder atornillándonos vuelta tras vuelta al tablón de su sistema.

Me he enterado, con semanas de retraso, que ya no tenemos con nosotros a Saramago. Tragué saliva al leerlo en el espacio de Wen (luego he leído otras más). Una luz más que se apaga, y veo con desesperanza que no se encienden nuevas que tomen el relevo. No al menos que sean capaces de compensar la pérdida.

Esa es quizá la única diferencia. Seguimos perdiendo terreno, y estos días ha caído una torre, un baluarte que divisábamos en lontananza y nos permitía saber dónde estábamos y reagruparnos. Queda su obra, y su ejemplo. De la primera, ya hablé hace años metiéndome con el abuelete, y no voy ahora a endulzar ni una coma de lo que escribí entonces. Pero ahora que ya su boca ha enmudecido para siempre, intento recordar cuáles son las enseñanzas esenciales que le podemos agradecer.

De haberle leído en novelas, me queda una aspiración: la fraternidad universal. En todos sus libros subyace un profundo sentimiento de unión fraterna de toda la humanidad, de que ningún dolor ajeno nos sea indiferente.

También en su libros, y de forma más explícita en sus artículos, insistía en la urgencia a adoptar una ciudadanía activa, moralizando la política y la economía. Un asalto al Palacio de Invierno por parte del pueblo, para recuperar la soberanía que usurpan aquellos que dicen representarnos.

Por último, quisiera destacar de mi tocayo un consejo de viejo profesor: hablar con precisión, consultar frecuentemente el diccionario para adaptar nuestro discurso a nuestras ideas.

Los diccionarios no son infalibles, y los que los confeccionan no son inocentes. Su elaboración es autoritaria en vez de participativa, como corresponde a un patrimonio de todos, y dista mucho de ser profesional y excelente, gustando a los académicos la confusión de términos (país, patria, nación). Con todo, son una herramienta inestimable para ser capaces de poner en letras de molde la naturaleza etérea y volátil de nuestras ideas.

La potencia de nuestro discurso, y aún de nuestro pensamiento, será tan grande como rico y preciso sea nuestro vocabulario, y diestro nuestro manejo de la lengua.

Para que as coisas existam duas condições são necessárias, que homem as veja e homem lhes ponha nome

Quizá suene raro, pero tras pensarlo, la mejor manera que tengo que honrar la memoria de José Saramago es poniendo estos enlaces, y recomendando su uso frecuente. La palabra, bien usada, es capaz de liberar más energía que una reacción de fisión nuclear, de cambiar la historia, e incluso de hacer que trozos enteros de continentes se desgajen y naveguen burlando la tectónica de placas, buscando un horizonte más amable y humano.

Por respeto, el primer enlace es al diccionario de la lengua portuguesa, el mejor que conozco en la red.
Diccionário Priberam da Língua Portuguesa

El segundo, por razones de calidad, tiene que ser Le Trésor de la Langue Française. Con el Centre National de Ressources Textuelles y Lexicales ofrecen una herramienta poderosísima, excelente, para escribir en francés. Es un ejemplo para la acartonada y fachosa RAE.

Precisamente el diccionario de la RAE lo pongo en tercer lugar, porque los hablantes de castellano es lo mejor que tenemos. Con todo, es manifiestamente mejorable, tanto en la calidad de las acepciones, como en cuestiones de sencilla solución como en la usabilidad de la página y la capacidad del tercermundista servidor, frecuentemente colapsado. Habrá otros sitios mejores donde enterrar el dinero, deben pensar los que velan por la salud de nuestra lengua.

Por último, pongo el mejor diccionario en línea que conozco de un idioma huérfano, con una nación que lo desprecia e ignora, y unos poderes públicos que, lejos de protegerlo y promoverlo, lo atacan y acusan de agredir al todopoderoso castellano.
El diccionario de la Real Academia Galega.

La mejor forma de honrar la memoria de Saramago es seguir su ejemplo: escribir con elegancia, libertad, precisión y humanidad.

2 mayo 2010

Marcadores

justicia ciega

La ONU amonestó tres veces a España por la Ley de Amnistía
Los juzgados no investigan los crímenes de Franco
(more…)

3 marzo 2010

Execración del bilingüismo

Filed under: lengua — Mendigo @ 23:34

Namórate de lingua

Artículo 3 de la Constitución post-franquista:

El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

Con ello queda remachada la supremacía de un territorio, Castilla, sobre el resto. Continuismo, pues, con el centralismo uniformizador de etapas precedentes.

Sin embargo, el papel de la ley choca contra la realidad: la lengua propia de Galicia no es la lengua de Castilla. La lengua propia de Galicia es el gallego, en la cual los gallegos llevan comunicándose más de un milenio.

Una afirmación tan aparentemente obvia es el nudo gorgiano de la cuestión lingüística en Galicia. El único idioma propio de Galicia es el gallego; por supuesto que, por la vía de los hechos consumados, se ha estado introduciendo un idioma extraño, fundamentalmente en el medio urbano, como es el castellano. Este idioma es ajeno a la cultura gallega, como lo es el eucalipto a nuestros ecosistemas.

Primero el castellano se impuso, arrinconando al gallego como idioma de aldeanos, de iletrados, sólo válido para dirigirse a las bestias. Ese desprecio, autodesprecio inculcado en lo más hondo de la conciencia colectiva gallega por el poder, llevó a una situación de diglosia en la que las élites urbanas adoptaban los usos que venían de la corte, separándose cultural y socialmente de las costumbre del pueblo llano. De tal forma que el gallego quedó reducido al ámbito rural y familiar.

Llegó o rexurdimento. Grandes personalidades dieron valor a una alhaja que otros se empecinaban en cubrirla de estiercol. Durante décadas la limpiaron y la fueron poniendo en el lugar que le correspondía, rehabilitando una cultura milenaria que, como tantas otras grandezas había sido despreciada por la ciencia oficial hasta entonces.

El proceso de recuperación del patrimonio cultural sufrió un brusco parón con las dos dictaduras del siglo pasado, la del general Primo de Rivera y la cruenta sublevación militar del 36. De nuevo, el uso del gallego fue proscrito al ambiente familiar, imponiendo el uso del castellano como lengua vehicular y oficial, sobre la vernácula.

Y entonces llegó la Transición, y como en otros temas, en el aspecto cultural todo quedó atado y bien atado: se afirmaba la supremacía del castellano sobre el resto de tradiciones lingüísticas españolas, aún respetando formalmente éstas, es decir, cejando en su persecución. De hecho, se identificaba al Estado Español con Castilla, modelo en el cual el resto de naciones y pueblos debían mirarse. El vasco, el bable, el catalán, el castúo o el gallego eran “rarezas”, especifidades locales toleradas igual que se podía tolerar la homosexualidad o el ateísmo. Pero queda claro que quedaban fuera de la norma, que era católica, apostólica y castellana.

Y burla, burlando, así estamos en el momento actual. Básicamente, la lengua castellana está afianzada en las grandes urbes gallegas (con excepción de la capital, Santiago) mientras que el gallego sigue siendo predominante en las aldeas. En las villas, las fuerzas están, más o menos, igualadas.

Pero siendo que la potencia demográfica (además de económica y cultural) está en las ciudades, más jóvenes, y por lo tanto el futuro de Galicia, se entiende que el gallego pierda a pasos agigantados hablantes. La mayoría de los galegofalantes emplean un gallego deformado, mezcolanza con el castellano, llamado gastrapo. Tanto que la inmensa mayoría cree estar hablando en gallego y se sorprende de oír un gallego sin contaminaciones, el cual les causa a menudo rechazo (porque no lo entienden, y ello les lleva a formularse preguntas incómodas como ¿qué demonios es lo que hablo?.

En resumen, lo que no consiguió el Caudillo, lo consiguió la Transición. La desaparición del gallego está próxima. Quedarán hablantes, pero al romperse el relevo generacional, y al caer la proporción de galegofalantes, los últimos reductos del gallego estarán aislados en un mar de castellanidad.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Por el bilingüismo: aunque en la formulación parezca una solución equilibrada y tolerante, llevaba dentro el germen del exterminio de una lengua y una cultura.

Si ponemos a un conejo y una zorra en la misma jaula, sólo a un débil mental se le ocurre pensar que la situación es equilibrada. El gallego parte de una situación de indefensión frente a uno de los idiomas más poderosos del mundo. Mientras que el castellano fue normalizado en el s.XVIII, el gallego lo ha sido en tiempos recientes, y aún persisten sustanciales controversias. Esas viruelas de juventud, el castellano las pasó hace dos siglos. El gallego, tras siglos de ostracismo, presenta grandes lagunas en el lenguaje científico y técnico, lagunas que sólo pudieron ser rellenadas de forma artificial, lo cual contribuyó a acrecentar el desapego del ciudadano por su lengua, que utilizaron ciertos sectores reaccionarios para ridiculizarlo.

El castellano era un formidable adversario que estaba encastillado en una posición privilegiada: las ciudades, con su dinamismo económico y demográfico. Un idioma con cientos de millones de hablantes, respaldado por el Estado, e inoculado a la población por la teta ideológica de finales del pasado siglo: la televisión. Y no lo digo en tono de broma, sino completamente serio.

El castellano dejó de sonarle raro a miles de gallegos al empezar a escucharlo en la caja tonta. De la misma forma, siempre digo que Goku o Sin Chan hicieron más por la supervivencia del gallego que los académicos de la lengua gallega juntos.

Aún así. Hoy día el gallego es el idioma principal de más de la mitad de la población de la Comunidad Gallega. Fuera de estos límites, en Navia, en el Bierzo o en Sanabria, el gallego ha sido prácticamente borrado del mapa (lo cual evidencia la importancia que tiene el que exista una protección de las administraciones sobre el idioma, igual que la casi completa extinción del asturleonés, espejo en el cual el gallego puede mirarse pues lo que tú eres, yo fuí, y lo que yo soy, tú serás).

Millones de gallegos que, aunque en su mayoría entienden la lengua de Castilla e incluso podrían hablarla, tienen por idioma propio, o que emplean a cotío, a língua de seu, o galego.

Y no, el castellano no es su lengua. Es una lengua ajena, que conocen, que comprenden, que pueden escribir porque se la han enseñado en la televisión o en la escuela (por este orden), pero no es su lengua. El castellano es la lengua de todos los castellanos, pero no de todos los españoles. A no ser que quieras forzar la identidad de Castilla=España, siendo así que entonces, pueden quedarse los castellanos con su bandera rojigualda porque es evidente que el resto no cabemos en ese concepto de Estado.

Habrá que decirlo de una vez para siempre: que casi media población gallega haya abandonado su lengua materna para hablar una lengua extranjera es una anormalidad. Es una anormalidad como lo sería que en Dinamarca se hablase mayoritariamente alemán (lengua que la mayoría de los ingleses conocen, así como el inglés).

Esta anormalidad lingüística tiene unas causas patentes: la constante segregación del gallego, un proceso de apartheid cultural que ha actuado durante siglos. Si en el siglo XVIII la introducción del castellano era anecdótica, sólo entre las clases altas o funcionarios (administrativos, eclesiásticos, judiciales o militares) venidos de la meseta, poco a poco el servilismo y el autodesprecio que se había inculcado a los gallegos hizo que las clases medias urbanas, oriundas, fueran adoptando el idioma invasor. Toda vez que se introdujo la zorra en el gallinero, la suerte estaba echada. Tardaría décadas, pero el destino del gallego, como de tantos otros idiomas, estaba sentenciado.Lo que se inició con una imposición, ya pudo continuar retroalimentándose espontáneamente, creciendo en número de hablantes en las sociedades en las que lograba traspasar un umbral crítico. Si costó introducirlo, llevó mucho menos tiempo hacerse mayoritario y, de ahí, hegemónico en las ciudades.

Y esta es la perfidia del bilingüismo: cualquier observador imparcial, sabe que en las actuales circunstancias, el castellano acabará en cuestión de décadas por desplazar al gallego. De hecho, como ya hemos dicho, éste se encuentra ya herido de muerte, aunque vivo, está sentenciado.

Si no se proteje al gallego, éste morirá. Podemos seguir engañando no sé a quién, con el discurso buenista del bilingüismo: ambos pueden convivir. Podríamos hacer lo mismo contigo, querido lector. Podríamos encerrarte en una habitación con un gigantón de aspecto patibularío armado de fenomenal cuchillo de montería. Una semanita entera, con la comida limitada y cerramos la puerta deseándoos que os comportéis fraternalmente y compartáis amigablemente la comida.

Cuando abramos al cabo de la semana la puerta y comprobemos el resultado, nos encogeremos de hombros resignados; sí así tenía que ser, sea, no cabe en nosotros ninguna responsabilidad si uno de los dos ha prevalecido. Al fin y al cabo, es ley natural, la del más fuerte. ¡Gloria a Darwin en las alturas!

Esto es una hipocresía. Como lo sería meter en la misma jaula a la zorra y la liebre y esperar que todo discurra en paz y concordia. Sabemos que no es así, que esto no es un cuento. Y muchos, sabiendo que no es así, callan y miran hacia otro lado porque les conviene: así no tendrán que pasar la vergüenza de desconocer el idioma de su país. A tanto llega la pereza mental, todo por no ir a clase y reaprender lo que un sistema construido en torno al castellano les forzó a olvidar.

Así que, que quede claro, recapitulemos: el castellano no es el idioma propio de Galicia, el idioma castellano es un idioma extranjero en Galicia, como lo sería el vasco, o el francés, o el inglés.

Si admitimos que el castellano es también propio de esta tierra, se acabó el gallego. Es exactamente lo que está acabando con el gallego.

¿Soluciones? A estas alturas, prácticamente ninguna. Sólo podría revertirse la castellanización de la sociedad empleando métodos análogos a los empleados para introducir el castellano en Galicia. ¡Oh, tiranía! No. Porque en un caso se cortaron carballos, para plantar eucaliptos, y en este sería arrancar eucaliptos para volver a restituir la situación del ecosistema cultural, antes que las tropas bárbaras cambiaran la faz de esta tierra. No es lo mismo robar que restaurar lo robado, aunque para ambos se precise la fuerza.

En blanco sobre negro: la relación con las instituciones, exclusivamente en gallego (tribunales, notarios, registros de propiedad…). La educación, exclusivamente en gallego, quedando el castellano relegado a su lugar natural en Galicia: el de lengua extranjera. Los medios de comunicación, por supuesto, en gallego (A voz de Galicia é, compre que sexa, en galego). Y, de crucial importancia, las televisiones sólo podrían emitir en gallego.

Es evidente que esto sólo se puede conseguir de una forma: con la independencia de Galicia. Y es por ello que sostengo que la única oportunidad que tiene el gallego de sobrevivir, es por la formación de un estado propio ajeno a la Castilla-España. De la misma forma que el portugués ha conseguido perdurar, gracias a desgajarse del resto de territorios Hispanos y contar con el apoyo de un Estado propio.

¿Os parece muy radical? Bien, entonces aceptamos la muerte del gallego.

Pero habrá que elegir.

Si no arrancamos los eucaliptos de los montes y repoblamos con carballos, si dejamos los montes como están y aplicamos el principio del laisez-faire, el eucalipto, un árbol de más rápido crecimiento, más resistente a los incendios, que se adapta a una gran variedad de ecosistemas y crea en unos años un ecosistema propio que le es propicio y tóxico para el resto de competidores, si no hacemos nada será el eucalipto el árbol que colonice toda Galicia. Y dentro de unos años, los niños tomarán al eucalipto como el árbol propio de Galicia, el árbol gallego por antonomasia.

No es ninguna broma: yo me sorprendí al saber que el piñeiro bravo o piñeiro do país (Pinus pinaster)…es una especie alóctona, procedente del Mediterráneo. Las repoblaciones sistemáticas del s.XIX hicieron que ya los paisanos nazcan tomándolo como propio. Y lo mismo pasará con el eucalipto, que vencerá sobre el pino. Y lo mismo pasará con el castellano, y puede que quizá con el inglés, que acabará venciendo a ese primer colonizador y transformando un mundo rico en un desierto cultural de olor a caramelo balsámico.

En resumen, señores, decidámonos. Si optamos por no hacer nada, estamos permitiendo la extinción de la cultura gallega. Que está muy bien, es una opción legítima, pero que quede claro el sentido de vuestra elección.

Y una cosa más: cuando haya desaparecido el último hablante de gallego, habrá desaparecido Galicia. Ninguno de los que habite esta tierra podrá decir de sí mismo que es gallego, pues gallego no es quien nace en un territorio (devastado) en concreto, sino el que comparte una cultura que se fue fraguando usando esta tierra como crisol durante siglos y siglos. Así naciera en Sebastopol, tenga la tez negra como el tizón y se apellide Wong. Si es copartícipe de la cultura gallega, es gallego.

De la misma forma, quiero dejarlo claro: por mucho que se apellide Castro, tenga los ojos verdes y naciera en Chantada, si abjura de la cultura gallega tomando como propia una cultura ajena, no se puede decir que sea gallego. Será ciudadano de la Comunidad Autónoma de Galicia, si está empadronado en ella, pero no es gallego.

La galleguidade no es una cuestión racial, sino cultural. Nadie que no comparta esta cultura puede llamarse gallego.

Quedará el nombre. Comunidad Autónoma de Galicia. Pero será una concha vacía, de esas que cogen los niños en la playa. Sin gallego, el vehículo que articula y alimenta toda una cultura, un modo de percibir el mundo, Galicia ya no existirá.

Para alivio de muchos, insisto, de los que viven en esta tierra odiando sus raíces.

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