La mirada del mendigo

13 julio 2014

Lombardía II

Filed under: fotos — Mendigo @ 23:42

Cremona. Tiene gracia que de una ciudad llena de museos, casas nobles e iglesias notables destaque la foto de una paloma. De otras ciudades, ni siquiera me ha convencido una foto, mientras que de otros sitios estoy subiendo varias. No es una muestra representativa del viaje, supongo, más bien que hay días que uno está más inspirado, o las musas se ponen de tu parte, o simplemente el entorno es más propicio, qué sé yo.

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12 julio 2014

Lombardía I

Filed under: fotos — Mendigo @ 11:28

Bueno, ya hacía tiempo que no subía ninguna foto. Cada vez tengo menos tiempo y ganas, pero creo que este espacio no estaría completo sin otro tipo de entradas. Desde un principio este cuchitril nació no sólo para exaltar el amor a la justicia, sino también a la técnica, al arte y la naturaleza.

A pesar de todo y de todos, el mundo es precioso. Merece la pena salir a descubrirlo.

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3 julio 2014

Folga

Filed under: política — Mendigo @ 10:40

Yo no sé lo que tendrán los críos de hoy en la cabeza, pero a mí me enseñaron desde muy pequeñito que lo más despreciable que se podía ser en este mundo era chivato o esquirol. Es algo que absorbes del ambiente y que cuando eres un crío asimilas sin razonarlo. Con el paso de los años te das cuenta que ese código de comportamiento es una medida de defensa de un pueblo sometido que condena a los traidores, aquellos que desde dentro trabajan para el enemigo, rompiendo la unidad.

La defensa de un grupo depende de los lazos de unión de sus miembros, sea en una manada de búfalos que cierra filas ante el ataque de los leones, dejando a las crías dentro; sea en una unidad militar como los hoplitas, en la que su probabilidad de salir vivo depende de la cohesión del grupo y la confianza en el compañero, ya que tu flanco derecho está defendido por el escudo de quien tienes a tu lado. No es nada nuevo, es casi ley natural.

Por eso la moral del pueblo reprende tan duramente a los que abren una grieta en la defensa, rompiendo los lazos de solidaridad del pueblo: chivatos y esquiroles. Por eso también la burguesía, que nunca ha perdido la conciencia de clase y siempre diligente en la defensa de sus intereses de clase, ha difundido y premiado ambos comportamientos (desde el colegio de curas al dogma reproducido por la televisión). Haciendo labor de zapa en el archienemigo, la masa obrera; correcta estrategia, cuánto tenemos que aprender del 1%.

Quedémonos con el caso de los esquiroles. Supongo que lo sabréis, el origen de la palabra es el gentilicio de un pequeño pueblo catalán. En gallego se les llama quebrafolgas, exactamente igual que en inglés: strikebreakers. Aunque ése es el término académico, pero el pueblo generó otra palabra para referirse a ellos: scab. Es decir, roña, costra de inmundicia…por extensión, bribón, canalla. En Francia se les llama jaunes (amarillos, como los sindicatos), y también tiene una historia curiosa detrás, os dejo que la descubráis.

Es evidente que en el idioma del pueblo, no son comportamientos bien aceptados, y la razón es de todo punto lógica: para un trabajador ponerse en huelga le supone un esfuerzo, que puede ser llevado a circunstancias dramáticas, y ese esfuerzo queda anulado si alguien ocupa su lugar en la cadena de producción. Es por ello que la legislación vigente prohíbe este comportamiento: al menos en teoría, el puesto de trabajo de un obrero en huelga no puede ser sustituido.

Pero esquirol es también el que trabajando previamente en la empresa, no secunda la huelga y acude ese día a trabajar. Como el primero, este comportamiento supone la anulación del esfuerzo de sus compañeros, ya que permite la continuación de la producción en la empresa, acaso con un nivel de actividad menor. Pero lo más importante, rompe los lazos de solidaridad y siembra la cizaña. Porque en caso de que la huelga obtenga sus objetivos, también el esquirol saldrá beneficiado de ello sin haber pagado un precio por ello. Si la huelga fracasa, no ha perdido nada y ha quedado bien con el patrón. En la situación actual, el escenario es un win-win para el esquirol. Han metido a la clase trabajadora en el dilema del prisionero: la opción óptima es colaborar entre todos para lograr evadirse, pero sólo con que uno delate el plan ya nadie podrá escapar y el chivato obtendrá un beneficio en su condena. De esta forma, la conducta racional es ser el primero en chivarse, para que no se adelante el compañero (el segundo no recibe beneficio). Este simple esquema lógico es el que provoca la disgregación del grupo, pues la delación es la estrategia ganadora. Y es el mismo caso con el esquirol: es una estrategia ganadora, y todos lo sabemos. El efecto que tiene sobre la cohesión del grupo es devastador: nadie quiere ser el tonto que ponga la cara para beneficio del que no se arriesgó. A la siguiente huelga van menos y, al final, el día de la huelga todo el mundo llega a fichar, por miedo a ser el único gilipollas, el siguiente en quedarse sin empleo.

Bien. Pues una ley que salga del pueblo, promovida por el pueblo para defenderse y autoregularse, y que refleje los valores e intereses del pueblo y no de su minoría acaudalada, debe acabar de un plumazo con la segunda definición de esquirol, así como nuestros padres lograron forzar en la legislación una norma que ilegalizara la primera acepción.
esquirol
1. adj. Dicho de una persona: Que se presta a ocupar el puesto de un huelguista. U. t. c. s.
2. adj. despect. Dicho de un trabajador: Que no se adhiere a una huelga. U. t. c. s.

El articulado sería muy sencillo: la decisión de acudir a la huelga se toma en asamblea de todos los trabajadores, bajo voto secreto para evitar coacciones de ninguna de las partes. Y si hay una mayoría de trabajadores que está a favor de la huelga, TODA la plantilla está obligada por ley a respetar la decisión mayoritaria e ir a la huelga. De esta forma, das verdadera libertad al trabajador a decidir si está de acuerdo o no con la huelga, sin quedar señalado frente a la dirección (y con un 26% de paro, pedir a un trabajador que se destaque en la lucha exponiéndose al terrorismo patronal es algo parecido a la heroicidad, y héroes en la historia hay pocos).

Por supuesto, vendrían las chorradas del derecho al trabajo, etc. Que le expliquen el derecho al trabajo a los 6 millones de parados, o el derecho a la vivienda a los desahuciados. Vamos a ver, la huelga no es un fenómeno individual, sino colectivo, y como tal debe ser entendido, también por el ordenamiento jurídico. Dentro del “derecho al trabajo” (cosa más idiota) no entra el derecho a reventar la huelga de tus compañeros, ciscándote en la opinión mayoritaria y obteniendo beneficio del esfuerzo ajeno. Una huelga de parte de la plantilla es como beber vino aguado, supone desvirtuar el mismo fenómeno de la huelga, que se basa en la premisa más básica del poder popular: Fuenteovejuna. Porque somos pequeños, y aislados no valemos nada, el poder nos aplasta con el pulgar como piojos, es que hemos de recurrir a la unión. Yo puedo disentir de los motivos de ir a una huelga, exponerlo y debatir todo lo acaloradamente que se quiera. Pero si mis compañeros deciden por mayoría ir a ella, sé que mi obligación es sumarme. Es algo muy básico, que está en el ADN obrero, es el padrenuesto de cualquier trabajador asalariado, da hasta vergüenza tener que explicarlo. Creo que ahora los críos, de puro analfabetos, no saben ni eso (porque sus padres, los de mi generación, se les ha olvidado enseñárselo, creían que sus retoños estarían por encima de las luchas obreras, entre algodones).

No hay nada de lo que alarmarse por forzar legalmente el cierre de una empresa en que la mayoría de la plantilla haya votado la huelga. Hay una retahíla de cosas que son decididas por mayoría (más bien, impuestas por el poder, que cada vez es más evidente que no es democrático), en las que no cabe plantearse la decisión individual. La huelga debería ser evidentemente una de ellas. Convertirla en una decisión individual es el camino de la burguesía para desactivar su amenaza introduciendo roña en la unidad obrera. Pero pongamos otros ejemplo: que cada uno decida individualmente el carril para circular en una carretera, el derecho o el izquierdo. Es ridículo, tiene que haber un acuerdo. O una decisión con más carga política, por ejemplo, el tipo de IVA. Yo no estoy de acuerdo con los actuales tipos, pero es evidente que todo tendremos que pagar el mismo tipo, no tiene sentido que cada cual pague el que le parezca oportuno. Todo el Estado está construido sobre cuestiones en que se impone un criterio colectivo.

Sobre el derecho al trabajo: es una estupidez. El trabajo no es un bien sino una carga, como sabe todo aquel que ha trabajado. En una sociedad capitalista, el trabajo es el medio para conseguir llenar la escudilla, pues para comer tienes que demostrar tu utilidad en el proceso productivo. Pero no quieres trabajar ¡lo que quieres es comer! No nos saltemos ese paso, que siempre damos por hecho. No hay derecho a ganarse la vida, porque eso supone que sin él, el sistema amenaza con quitártela. Y esto no es moral, especialmente con esos 6 millones de personas a la cuales no se les concede la oportunidad de demostrar su valía porque no hay sitio en la maquinaria de la burguesía para ellos.

En un sistema socialista, el derecho es a participar en la riqueza del país, en la parte que proporcionalmente te corresponde según tus necesidades. ¿Y el trabajo? El trabajo es una obligación para con el resto de la sociedad, como contrapartida a poder disfrutar de ese derecho a la riqueza producida, también proporcionalmente distribuido según tus capacidades. Y actualmente eso significa que con trabajar no más de 30 horas a la semana, basta y sobra. El resto de horas van sencillamente a saciar al capital, es decir, explotación.

Todo totalitarismo, desde el tiempo de las pirámides al Kremlin, construye una teología en torno el amor al trabajo para mejor explotar al pueblo. Arbeit macht frei. Si, libres como el humo que sale por la chimenea.

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Nota: En Suecia lograron otra solución al problema moral del esquirol que recibe los beneficios de una lucha en la que no participó, que de hecho ayudó a minar. Las ventajas obtenidas por un sindicato sólo repercuten entre los afiliados a ese sindicato (que se entiende sí que siguieron la disciplina de lucha). Pero realmente, esta es una solución realmente complicada, crea confusión regulatoria y antagonismo entre trabajadores e incluso los diferentes sindicatos. Me parece mucho más elegante mi solución.

Y de paso, de esta forma se revierte la profesionalización de la actividad sindical, dejando que sea cada trabajador el que asuma la responsabilidad de la defensa de sus intereses, sin delegarla en sindicalistas profesionales (la otra pata de la democracia, después de recuperar la soberanía de manos de los políticos profesionales).

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Para terminar, una barra libre de música, que cada cual se sirva según sus gustos y apetencias. Hoy el tema es Rusia:

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25 junio 2014

La judicatura es marxista

Filed under: política — Mendigo @ 9:43

Sala Segunda de la Audiencia Provincial de Pontemierda.

CASO A
Hechos: Dar una paliza y acuchillar a la víctima, estando el agresor en estado de embriaguez.
Sentencia: 18 meses de prisión (el agresor no entrará en la cárcel)

CASO B
Hechos: Estar en el mismo grupo en el que alguien arrojó colorante a una piscina, salpicando también el traje del gerente, el cual sufrió un empujón (probablemente dio también alguno).
Sentencia: 36 meses de prisión (que exigen cumplimiento en el centro penitenciario, estando una de ellas embarazada).

Entre ambas sentencias sólo median unos días.

Uno de los principios básicos de la administración de Justicia es que debe ser proporcional.

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Realmente, se podría acabar aquí la entrada. Todo comentario ulterior es inane para alguien con dos dedos de frente, pero como me lo pide el cuerpo, voy a continuar aporreando el teclado. Aunque sólo sea para desahogarme.

No se ha podido probar que fueran estas dos profesoras de gimnasia las que arrojaran la pintura y, en cuanto al empujón, el encargado testificó que fue obra de un hombre. Simplemente, fueron identificadas por el encargado (una de ellas había trabajado allí hacía unos años) y han servido de cabeza de turco para la Fiscalía (que recordemos depende del gobierno, y se circunscribe en otras sentencias del mismo cariz). Esa misma Fiscalía que actúa como abogado defensor, si la categoría social del reo lo merece. Vergüenza.

Esta sentencia es un claro ejemplo de lucha de clase. La Fiscalía y la Magistratura han seguido un criterio de clase. Este tipo de violencia es ejercida de forma habitual por la burguesía y la clase social que le sirve de podium, peana o pedestal, para defender sus intereses de clase, esto es, sus privilegios. Cuando la lucha de clases es aplicada en un sentido, de arriba a abajo, se enmarca en el funcionamiento normal del sistema (dura lex, sed lex). Sin embargo, aquellos casos esporádicos en que la lucha de clases opera en sentido inverso, vertical ascendente, es considerada delincuencia y reprimida con saña.

Nota 1: Compárese la violencia de salpicar con pintura un traje, con la violencia de encerrar a dos personas durante tres años. Y es violencia, ya que no van de buen grado sino que se forzará su voluntad. La violencia del Estado es tan apabullante que no precisa emplear la violencia física, pues el agredido sabe que ante ella no cabe resistencia. Si alguien entra en tu casa y te conmina a que le des el dinero o te da una paliza, y te golpea para lograr forzarte a ello, es violencia. Si entra un grupo de asaltantes con armas de fuego, sigue siendo violencia aunque no medie una pelea o ni siquiera una mala palabra, ya que es tan evidente el desequilibrio y tan poderosa la amenaza que cedes ante ella. La coacción de la voluntad por medio de la fuerza, o de la amenaza de su uso, es violencia. El Estado destila violencia en cada uno de sus engranajes, aunque sólo en los escasos momentos en los que alguien se atreve a resistirla se muestra explícita como agresión física.

Si estas trabajadoras se negasen a entrar por su propio pie en prisión, sería llevadas a rastras por la policía.

Nota 2: Pontemierda es una villa terriblemente clasista, lo ha sido durante décadas como ya relata el mismo Castelao (por otra parte, no más que cualquier otra pequeña capital de provincias). Esta sentencia no es más que un botón más de la superioridad y el desprecio con el que una minoría de pontemierdeses (los PTV) trata al resto de la ciudadanía, especialmente los que vienen de las aldeas (y no es ni sombra de lo que yo recuerdo cuando era niño). Por cierto, Raxoi pertenece a una de esas familias de pontevedreses de toda la vida. Nada pues de lo que extrañarse. Aquí siempre se ha vivido la guerra de clases, o mejor dicho, el linchamiento de clase (no se puede hablar de lucha cuando los golpes sólo caen en una dirección). Los niños bien saben perfectamente a qué clase pertenecen y, de hecho, hacen todo lo posible por remarcarlo. La clase alta siempre han tenido una exacerbada conciencia de clase, mucho antes de que naciera Marx. La novedad, el peligro, es que los de abajo la adquieran, y con ella la noción de sus intereses.

Nota 3: Sí, conozco a las víctimas (porque son víctimas, víctimas de una agresión perpetrada por la Fiscalía que ha empleado sobre ellas una violencia inaudita). Una sólo de vista, íbamos al mismo gimnasio; y la otra algo más porque fue monitora de aerobic de mi compañera. Nunca me cayó ni medio bien, realmente. Pero eso ni quita ni pone para que me parezca que han sufrido una aberración legal, ciñéndose a la letra de la ley para mingitar sobre cualquier aspiración de pretender el ideal de Justicia. Una agresión, una agresión de clase, una marranada de PTV para dar un escarmiento a la chusma que protesta.

Nota 4: En el mundo al que aspiro, los responsables de la agresión a estas dos mujeres deberán sentarse en el banquillo a rendir cuenta de sus actos. Y, probablemente, sí que merezcan pasar una temporada entre rejas, probándose otro calzado.

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No juzgues a nadie sin haber caminado dos lunas con sus zapatos.
Proberbio sioux

20 junio 2014

Drones

Filed under: pacifismo — Mendigo @ 1:42

Hay temas que me producen un reflujo gástrico nada más pensar en ellos. El de los drones, máquinas matando seres humanos, es uno de ellos. Por lo tanto, es un tema que hasta ahora había preferido evitar darle muchas vueltas, al menos sin antes tomarme un protector gástrico. La cuestión es que no sé ni dónde ni cómo llegue a este vídeo:

Propaganda de material bélico, no es que el vídeo tenga nada interesante, la cuestión es que tras echarle un ojo me quedé cavilando y…acabé llegando a una conclusión: ¡hostia!

Recapitulemos un poco. Los drones empezaron siendo pequeñas aeronaves que eran usadas principalmente en misiones de observación, especialmente indicadas para trabajar tras las líneas enemigas o en una zona no asegurada: si eran derribados, la pérdida no era grande. En poco tiempo los drones asumieron también el cometido de ataque a tierra, pero aunque se habla de aviones no tripulados, en realidad se trata de aparatos tripulados a distancia, al menos la decisión de matar sobrevolando una aldea de Yemen es tomada por un tipo con un monitor y un joystick en el desierto de Nevada. La desconexión emocional entre víctima y asesino es de esta forma máxima, la carga moral de apretar el gatillo es poco mayor que la de un videojuego. No hay remordimientos, y el soldado puede volver esa tarde a casa a jugar con sus hijos en el jardín, después de haber bombardeado una polvorienta aldea en las antípodas (geográficas y sociales) del planeta.

La evolución lógica es prescindir del tipiño del joystick guiando y dando órdenes al aparato por satélite. Las aeronaves son cada vez más autónomas, y una vez programadas en base pueden ser lanzadas, dejando en ese momento la decisión de sembrar la muerte en manos de una inteligencia artificial.

Los beneficios son muchos. Veamos, a los soldados hay que emborracharlos de religión y/o nacionalismo para que superen la natural repugnancia que sentimos a matar individuos de nuestra propia especie, invirtiendo la escala de valores hasta poner el asesinato como un valor positivo, es más, como el objetivo del soldado. Si dejas ese trabajo en manos de un robot te puedes ahorrar todas las chorradas de medallas, patria, gloria, honor, medallas, soflamas, himnos, desfiles, estandartes, capellanes castrenses, cruzadas, yihads y mierdas santas. El robot no va a pedir justificaciones idiotas que aplaquen su conciencia: basta programarlo y ejecuta las órdenes. Por otra parte, soldado es el que recibe la soldada, es decir, un mercenario que lleva a la alhóndiga su conciencia y deja que le pongan precio. Mucha patria, mucho amor por la bandera mucha mierda, pero si no hay paga aquí no combate ni el Tato…a no ser que recurras a la coacción (o coges el fusil, o eres fusilado).

Las levas forzosas son un medio para reducir el precio de la mano de obra en el negocio del crimen de Estado generalizado (es decir, la guerra). Pero lo de forzar a quienes luego pones armas en las manos siempre tiene su punto peligroso: no vayan a pensar y volver las armas contra quienes los violentan hacia el crimen. Por eso, es mucho más fiable, disciplinado y barato recurrir a los beneficios del circuito integrado.

El cine se imaginó a Terminator, es decir, robots-soldado de aspecto humanoide. Pero es el cine. En realidad, en el medio terrestre hay infinidad de irregularidades que hacen muy complejo desarrollar un soldado biónico. Por ahora sale mucho más barato seguir pagando a chicos de barriada pobre para que rasguen su inocencia empuñando el escopetón para pagarse los estudios. En el mar muchas tareas están ya automatizadas, pero al tratarse de grandes estructuras no hay rivalidad entre hombre y máquina, ya que hay espacio para albergar ambas en una unidad de combate.

Pero llegamos al cielo. Se dice que la fuerza aérea no gana las guerras, se necesita un ejército que ocupe el territorio enemigo. Con ella no se gana la guerra, pero quien tenga el control de los cielos no puede perderla. Y es en un medio continuo y fluido como el aire en el que una inteligencia artificial puede imponerse a la humana. Es entonces donde me di cuenta del potencial de los malditos drones.

Los combates navales son lentos, con naves que desplazan miles de toneladas, sin embargo en los combates aéreos la velocidad es determinante. Velocidad del aparato, y velocidad de reacción del piloto; un titubeo, un vacilación, una incorrecta interpretación de la situación de combate en vuelo supersónico (Mach>1) significa ser derribado (eufemismo por explotar en mil pedazos). Y aquí la máquina tiene ventaja, por la diabólica rapidez con la que piensa, pero también la frialdad con la que toma y ejecuta las decisiones.

Imagínese el lector un combate de ajedrez entre un campeón mundial y una máquina. Por ejemplo, el célebre enfrentamiento entre Garik Kasparov y Deep Blue en el 97. En la famosa partida, Kasparov acabó poniéndose nervioso por una serie de movimientos extraños del supercomputador, eso le llevó a obsesionarse y le condujo a la derrota. Ahora imagínate que ese torneo hubiera sido a vida a muerte; la presión que sufriría el humano, y que no alteraría a la máquina. Pues ésa sería la circunstancia de un hipotético combate aéreo entre dos aparatos exactamente idénticos, excepto en el piloto: humano y electrónico. La máquina no tiene miedo a perder la vida, pues nunca la ha tenido.

Como decía, el aire es un medio continuo, con propiedades fáciles de medir y de interpretar por un microprocesador (mientras que para los sentidos humanos no son tan evidentes variaciones diferenciales de densidad o presión). En estas condiciones, todo se trata de modelizar el comportamiento del aparato en cada momento, cargar los mapas en la memoria, y ya tienes un piloto que es capaz de aprovechar las características del aparato siempre al máximo, y por supuesto sin que las fuerzas le provoquen el desmayo (los pilotos llevan trajes especiales para reconducir la sangre de vuelta al cerebro y evitarlo). Los errores son corregidos al instante por acelerómetros y sensores de presión distribuidos por el aparato que advierten instantáneamente de, por ejemplo, una entrada en pérdida (desprendimiento de la capa límite). El cerebro electrónico es informado exactamente de dónde se produce y reacciona sobre las superficies de control para corregirlo, con una rapidez y exactitud simplemente inalcanzables para el ser humano.

Por otra parte, en el aire, a diferencia del mar, es crucial el peso. Un sistema autónomo puede prescindir de todos los interfaces con el piloto, además de todos los apoyos vitales (desde el traje anti-G que antes mencionamos, al asiento con eyección o el oxígeno). No hace falta mostrarle las informaciones en pantallas, para que el piloto las interprete. La interpretación es inmediata porque sensor y cerebro hablan el mismo idioma, el código binario. No hay pedales, palancas, botones, no hay lapso entre pensamiento y ejecución. Los sistemas del avión y su piloto son una sola unidad, a la cual un piloto humano sólo puede aspirar.

Aún hay más. Los duelos entre ases del cielo son cosas que quedaron para el album de fotos de la Gran Guerra. Ya en la Segunda Guerra Mundial los combates aéreos eran trabajo de equipo, y hoy en día ni siquiera cabe pensar en entablar un combate tipo dogfight. De hecho, hace ya tiempo que los aviones de caza dejaron de montar ametralladoras. La electrónica de los misiles reina sobre la aviónica, y los derribos se producen sin haber entablado contacto visual con el enemigo. Los combates son partidas de ajedrez de unidades entrando y saliendo de la zona de combate, y en este modelo de lucha, electrónico y táctico, un escuadrón de drones puede jugar sus cartas mucho mejor. Los miembros de un escuadrón deben estar compenetrados, para ello se ensayan las maniobras y están comunicándose en el combate. Pero la comunicación de un escuadrón de robots siempre será superior a los humanos, pudiendo compartir constantemente los datos de posición, velocidad y actitud de vuelo con el resto de “compañeros”, llegándose a comportar el escuadrón como una única inteligencia con varias extremidades.

Más aún, en su estrategia puede entrar el riesgo o sacrificio de uno o varios de los elementos, con la misma indiferencia con que tú puedes hacer un intercambio de piezas en el ajedrez. Alfil por dama, quién no estaría de acuerdo con ese intercambio? El alfil, claro, si tuviera consciencia de su propia existencia.

E incluso abundando en el aspecto económico, con un drone ahorras en el costosísimo entrenamiento de un piloto de combate, miles de horas de vuelo real y simulado para lograr un dominio del aparato que el ordenador tiene nada más salir de la cadena de producción. Ademán de que, por supuesto, un piloto electrónico no demanda salario ni una pensión al final de su vida útil. Y en el escenario de una guerra total, sabemos que el plazo para producir nuevos aviones que sustituyan a los derribados es más breve que entrenar nuevos pilotos. A este problema de falta de aviadores experimentados se enfrentó la Luftwaffe tras la Batalla de Inglaterra o los japoneses tras Midway, y mientras que los aviones alemanes (Stukas, Messerschmitt, Focke Wulf…) eran relativamente sencillos de pilotar (boom&zoom), los japoneses basaban gran parte de su superioridad aérea en aparatos que exigían una gran destreza del piloto. En su desesperación, acabaron montando a niños en bombas volantes (los Okha, flor de cerezo, qué bello nombre para cometido tan repugnante). Les enseñaban lo justo para dirigir el avión bomba a su objetivo, no tenían que aprender a despegar pues las “flores” eran dejadas caer a gran altura desde el intradós de un bombardero, los Betty, y desde luego no tenían que aprender a aterrizar porque simplemente el avión no tenía tren de aterrizaje.

Pensando estas cosas me fui dando cuenta de que el futuro de la guerra en los aires está en mano de las máquinas. Según mejoren, y ten por seguro que lo harán, la inteligencia artificial aplicada al combate aéreo ¿qué piloto humano se atrevería a enfrentarse a semejante rival? Los drones darán la superioridad aérea a aquella potencia que esté más adelantada en su desarrollo (drones contra humanos, y drones contra una generación anterior de drones), y como dijimos al principio, eso no es exactamente lo mismo que ganar la guerra, pero es sinónimo. Por otra parte, la evolución de los aviones no tripulados dejan obsoletos a proyectos cuyo desarrollo ha sido carísimo y no hace tanto que han entrado en fase de producción (como el Eurofighter o su primo-hermano el Rafale).

El potencial de esta tecnología es descomunal, y las consecuencias de su dominio, aterradoras. En un futuro inmediato, estas máquinas se convertirán en un arma que marque una diferencia cualitativa respecto al ejército que no cuente con ella, algo así como pasó con la carrera nuclear durante la Guerra Fría. Las grandes potencias, que serán las primeras en desarrollarla, serán aún más impunes a la hora de imponer su voluntad por medio de la violencia. Y sin pagar el precio político de las bajas, de los mutilados, de las deserciones.

Estamos, en suma, ante un fenómeno mucho más grande del que me imaginaba, una tecnología bélica tan disruptiva como lo pudo ser la aparición de las armas de hierro al final del calcolítico, que hicieron caer imperios y auparse otros en su lugar. La invención del estribo, el arco compuesto, las máquinas de asedio, el acero, la pólvora, la pólvora blanca, la dinamita o, finalmente, la fisión y la fusión nuclear, todas tecnologías que cambiaron o dirigieron el fluir de la historia. Si queremos entender y predecir el mundo en que viviremos, habremos de prestar atención al desarrollo de la inteligencia artificial aplicada a la aeronáutica.

Nota: En la cabecera se trata de un Phantom Ray de la casa Boeing. Sobre estas líneas, el X-47B de la Northrop Grumman.

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Como complemento musical de esta entrada, algo que creo apropiado: un Requiem. Esta parte en concreto es el Lacrimosa del Requiem por mi amigo, de Preisner.

Si queréis la obra completa (esta interpretación me gusta aún más, poneos en el 0:24:40 o en 1:01:00 y preparaos, porque se os va a poner un nudo en la garganta).

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