La mirada del mendigo

8 abril 2009

Aceptación

Filed under: cousas — Mendigo @ 10:28

Yo me parto el culo cuando salgo a la calle.

Veo a hombres, pero sobre todo a mujeres, que parecen un absoluto adefesio. En un rebuscado intento de asemejarse a un canon de belleza escurridizo, mueven a la risa con su estrafalario conjunto. Desde el incómodo calzado a las enormes gafas que les tapan toda la cara, parece que las ha vestido su peor enemigo. Incluso mujeres que son naturalmente bellas, se disfrazan con unos ropajes, “complementos” y afeites que disimulan casi completamente esa belleza, dándoles un aspecto estrambótico, marciano.

Desde luego, no voy a ser yo el que de lecciones de extravagancia, que voy vestido como un cerdo. Mejor dicho, yo no me visto, me abrigo. Si por mi fuera, andaría la mitad del año desnudo. Sin embargo, el poco interés que muestro por mi atuendo no me quita el tener una mínima idea de la belleza, de la pureza de líneas, de la armonía. Me encanta el arte, y en especial el cuerpo humano (un bello animal), y creo que soy capaz de discernir entre la belleza y el esperpento.

Yo voy hecho una mierda porque no me interesa mi aspecto (no el externo, al menos). Pero resulta curioso que quien invierte tiempo y dinero, y no poco, en embellecerse acabe pareciendo un lardeiro (muñecos ataviados con ropas robadas, aquí y allá, en los tendales de los vecinos los días anteriores ó entroido -carnaval-, y que se colgaban en el Domingo Lardeiro para burlarse de los vecinos que habían “contribuido” con su ropa).

Por supuesto que cada uno viste como quiere, yo mismo hace no tantos años llevaba unas pintas de cojones. Comprendí que no dejaba de ser otra moda y colgué las botas.

Si a una persona le gustan los zapatos de puntera larga y tacón, los encuentra bellos y decide ponérselos, no tengo ninguna objeción. Bueno, sí, una: son una clase de calzado que parece diseñado por un podólogo loco para crear problemas de pies y de espalda en un futuro. Pero como los males recaerán sobre el lomo de otro burro (burra) pues ahí me las den todas.

Pero si a esa sujeta de nuestro ejemplo (lamento el uso reiterado del sexo femenino, pero esta clase de imbecilidad está mucho más desarrollada entre las mujeres) le hubiéramos enseñado unos zapatos así un año antes, los hubiera rechazado como ridículos. Lo mismo que sí, en plena moda de los zapatos puntiagudos y elevados, le hubieran mostrado unas bailarinas. Ni bajo amenaza hubiéramos conseguido que la individua en cuestión (cualquiera que podemos ver paseando las avenidas céntricas, de tiendas, de cualquier capital de provincia) se pusiera unas bailarinas…antes de ponerse de moda. Ahora, no se las quita ni para ir a cagar: es una persona sin criterio. Despreciable.

¿Cuál será la siguiente estupidez que los gurús de la moda obligarán a llevar a miles, millones de personas? Inimaginable. Pero seguro que me voy a reír rato largo cuando la vea.
.
.

El tema no es tan banal como pareciera y nos habla del concepto de libertad. ¿Tal pija estúpida es libre de vestir como quisiera? Bien, en principio tiene libertad política para vestir casi como guste (mientras no muestre sus genitales o sus nalgas, que tan tolerantes no somos y acabaría teniendo problemas). En principio no existe ninguna ley que ordene a una persona a vestir de una determinada forma. Sin embargo, cuando salimos a la calle, y sobre todo entre cierta clase de gente, cunde el uniformismo. Todos se ponen de acuerdo en llevar la misma ropa a la vez. Curioso expresión de libertad, interesante casualidad.

Las botas peludas esas, de pata de oso, por ejemplo. La primera vez que vi unas pensé que se trataba de una broma. No; era una adelantada. Después vinieron más, y más, hasta que la mitad de las chicas que paseaban por el tontódromo de Pontemierda llevaban esa imbecilidad hecha calzado. Ahora las muy pijas llevan unas katyuskas (botas de agua, de pescar) decoradas con floripondios multicolores. Estupendo: unas botas que hasta hace poco eran de trabajo, incómodas porque el índice de transpirabilidad del plástico es nulo, y te cocías ahí dentro, acabando más mojado por el sudor del propio pie que por las cuatro gotas que pueden estar cayendo…y se convierte en una bota para vestir. Parece una mala broma. ¡Y aún cuestan más que un calzado con membrana transpirable! (Gore-Tex o cualquier otra). Hay que ser imbécil…

¡Y a nadie le obligan a ponerse esas mierdas! Lo interesante del asunto es que esa gente compra esa basura porque le gusta, porque están convencidos que realmente desean eso. ¿Son libres, pues? No, están completamente alienados (que es un palabro para no decir idiotizados, por la sociedad, por la industria, más comprensible y expresivo).

La moda en el vestir es especialmente absurda, pero hay muchas más modas. Y mucho más dañinas: desde ciertas drogas (empezando por el tabaco) al gusto por modelos de coches “hormonados” (todoterrenos, SUV, todocaminos, monovolúmenes…). La industria crea modas, necesidades, según sus conveniencias: fabricar botas de plástico con colorines por medio euro y venderlas a 50. Estupendo. Vender abalorios a cambio de oro a los indios ingenuos (ignorantes) es treta vieja que reporta pingües beneficios.

Me gusta la diversidad. Cuando veo a alguien con ropa diferente, imaginativa, disfruto. Aunque me pueda parecer extraño o chocante en un primer momento, le concedo un salvoconducto si no el indulto porque en nuestra sociedad, en todas, es difícil ser original. Cuando alguien escoge, con verdadera libertad, su vestuario, es realmente respetable. Sin modas, sin modelos, sin más canon de belleza que el autónomamente creado para uno mismo. Pero claro, esto es extremadamente difícil, encontrar una persona con criterio. Demuestra una seguridad personal, una entereza, una valentía intelectual verdaderamente excepcionales.

Aunque su criterio no sea el mío (por definición no lo será, pues la inteligencia es personal e intransferible), aunque tal atuendo no le resulte favorecedor (y es un ejemplo, el vestir, de cualquier otra decisión en nuestra vida); si es una decisión propia, tomada sin condicionantes externos, ajena a modas y costumbres, nunca será ridícula. Será más o menos extravagante, pero no risible. Risible es vestir como un payaso y creer que eres la elegancia personificada. Risible es ser un pelele, una persona sin criterio, obediente a los dictados de la industria, así vistas de la forma más discreta.

Dejemos ya de lado les fringues y vamos a arar otro campo: la música. Hace años oí a Trecet (¿sabíais que también ha sido comentarista de rugby?) una reflexión curiosa: en el mundo hay un 90% de la gente que escucha un 10% de la música que existe. Esto es maravilloso, porque nos deja a un 10% de las personas que podamos disfrutar tranquilamente del mejor trozo del pastel, de ese 90% de música desconocida para el gran público, el trozo más grande, y el más sabroso.

Trecet acertó en la reflexión pero se equivocó en el porcentaje: no es un 90, sino un 97% el número de los gilipollas. Se le conoce como la Ley del 97 y uno de sus posibles enunciados es:

“El 97% de la gente es gilipollas”

En todos los países, sociedades, culturas, hay un 97% de gilipollas. Un 97% de los hombres es gilipollas, y sólo un 3% de mujeres no lo son. Un 97% de negros es gilipollas absoluto, un 97% de blancos gilipollas redomado, un 97% de chinos es gilipollas integral y un 97% de suecos es gilipollas de libro.

El problema es que el 100% de la población cree (creemos) estar incluidos en el otro 3%.

XDDDDDDDD

Pero hablaba de la música. Cuántas veces habré escuchado lo de “al principio esa canción no me gustaba, pero a fuerza de oírla, ahora me encanta”. La gente sin criterio son como cerdos, comen lo que la industria musical les quiere echar en la pila.

Como en el caso de la moda en el vestir, es increíble las subnormalidades que son capaces de escuchar, bailar, adquirir…sólo y únicamente porque la máquina publicitaria ha conseguido meter su mierda en las radiofórmulas, en las tiendas de discos, en los pubs de moda subir al monito de turno a los altares, haciendo que las revistas le hagan entrevistas, hablen de él…para luego despeñarlo buscándole rápido recambio. ¡Cuántos dioses caídos pare la industria musical! ¡Qué bella es la iconoclastia, crear un Dios para luego destruirlo! Tiene hasta belleza, una especie de justicia, de revancha. Inteligente, la industria musical. Los que desprecio son los acólitos que, de nuevo sin criterio, siguen los dictados del verdadero Dios, quien pone y quita títeres, quien dicta gustos y tendencias: esa misma industria.

Como en el vestir, soy tremendamente abierto, ecléctico en cuestión de gustos musicales. Si en la ropa no me gusta ninguna, con la música me sucede algo muy distinto: me gustan todas. O casi todas. Pero las que no me gustan, las respeto en cuanto que son una expresión de las emociones humanas en un lenguaje sonoro. Probablemente no me gusta porque no la entiendo, porque mi cultura musical no es tan amplia y no sé apreciarla.

Pero lo que detesto son las notas apañadas con el expreso y acuciante deseo de amasar dinero. Melodías pegadizas, letras pueriles, puesta en escena de función de fin de curso en un instituto gringo…la música comercial es pura excrecencia (para variar, creo que ya he usado varias veces la palabra “mierda”). Sin embargo, esta mentira, esta falsa afectación codificada en una partitura (supongo que en vez de corcheas pondrá signos de dólar) es la preferida por las masas. Probablemente, porque no tienen acceso a otra cosa (ahí es donde la mulita me parece uno de los grandes avances de nuestro tiempo, un patrimonio de la humanidad a proteger, tan importante para el desarrollo de la humanidad como el invento de Gütenberg), ni tienen la cultura para entenderla, buscarla, apreciarla. En resumen, son como cerdos.

Pero este aborregamiento, esta renuncia de la propia inteligencia para aceptar los dictados venidos de una autoridad externa, tiene vertientes mucho más siniestras. ¿Cómo y por qué alguien decide hacerse hincha de un equipo de football? Y de la misma forma ¿Cómo y por qué decide ser seguidor de tal o cual partido político? ¿Por qué la gente sigue los dictados de tal o cual iglesia o confesión?

Igual que la pija estúpida que se pone unas gafas gigantescas: porque necesita un modelo que seguir. Temeroso e indeciso, reconociendo su incapacidad para encontrar un camino, el individuo acepta como propios los valores, los gustos, los intereses y las aficiones que le dicta un ente superior. Ese ente superior sólo se personifica en el fascismo (el colmo de la ausencia de inteligencia), las más de las veces se le pone el nombre vago y nebuloso de Dios o de sociedad (son lo mismo, el uno es la creación de la otra) tras la cual se encuentran los intereses de una clase privilegiada.

¿Por qué alguien adopta como propios unos valores estéticos, ideológicos o religiosos, externos? Por necesita la aceptación de la sociedad.

¿Me quedan bien estas gafas? ¡Raúl tendría que estar en la selección! Qué bien ha hablao esta mañana Federico, lo ha clavao. Y el individuo se miente, creyendo que Losantos (o Gabilondo, o Escolar…) ha expresado la opinión de ese pobre desgraciado, cuando es precisamente al revés.

¿Quién tendría valor para sostener en el siglo XV que la tierra era redonda? ¿Quién, de sostener ahora que es plana?

Hay muy pocas personas con ideas propias, más o menos equivocadas, pero con valentía, con confianza suficientes para mantenerlas frente al resto de la sociedad. Muy pocas personas que piensan de forma autónoma, en vez de asumir el pensamiento único, ya masticado y digerido, que nos ofrece el sistema (o cualquiera de los subsistemas, y pienso ahora en tanto chavalín con camisetas del Che).

Somos monos. Necesitamos que nuestra conducta sea sancionada con el beneplácito del resto del grupo, del resto de los monos del árbol, en especial del jerarca. Supongo que es un impulso psicosomático, una necesidad escrita en nuestros genes. Incluso podríamos decir que los que no tienen esa necesidad de adecuar sus ideas con las del resto del árbol, los genios, los imprescindibles, son biológicamente mutaciones extrañas, rápidamente solventadas por el resto del grupo, que mata a palos a ese mono y su descendencia.

¿Fue fruto de tu análisis y reflexión que has llegado a la conclusión de defender tal ideología? ¿O primero te hiciste xxxxxxista y luego te autoconvenciste que era tu ideología la más justa?

¿Existe algún creyente que, tras estudiar las diferentes religiones que en el mundo ha habido durante largos años, decidió abrazar su credo y su Dios como el único y verdadero? ¿O más bien primero fue lo segundo y, luego, lo primero?

¿De verdad te gustan esas gafas tan horrorosas que llevas?

¿De verdad crees que eres libre? ¿Tú eres tú, o lo que los demás esperan que tú seas?

Demasiadas veces, la elección precede al razonamiento, se pone el carro delante de los bueyes. A este tipo de error se le llama teología.
.

Me gustan mis errores; No quiero renunciar a la deliciosa libertad de poder equivocarme.

.
Charles Chaplin
.
.
O dicho de otra forma: Yo seré un gilipollas, no lo niego. Pero al menos soy el gilipollas que yo he escogido ser. Si yerro, asumo mis errores en vez de cargar con los de otro. Pero si alguna vez acertare, el mérito sería propio.

10 comentarios »

  1. Para ilustrar esta entrada te has quedado corto con solo dos canciones de “La Polla Records”. Yo hubiera añadido “Salve”, “Estrella del Rock”, “Socios a la fuerza”, “Mentiras post”…que ponen un acento más (cada una) a tus comentarios.
    Y aún así habrá quien no se entere.
    Saudiña

    Comentario por Xaquin — 8 abril 2009 @ 21:21 | Responder

    • Bueno, yo quería poner el “Muy Punk”, la otra venía “de regalo”.

      Por poner canciones de La Polla…no me tientes, no me tientes. Siento debilidad por Evaristo, como ya te habrás dado cuenta. Es un puto genio!

      Comentario por Mendigo — 9 abril 2009 @ 8:47 | Responder

  2. Las personas necesitamos sentir que formamos parte de un grupo, tenemos todavía en nuestros genes marcada la necesidad de pertenecer a la tribu, porque la tribu garantizaba la supervivencia, y ser expulsado de la tribu era una muerte segura. Este concepto tan básico lo entendieron a la perfección los publicistas, que vieron en ello una oportunidad para aplicarlo a los negocios, y así nació la moda. La moda es elitista, porque la forma más sencilla y más lucrativa para ellos de diferenciar a unos de otros es hacerlo a través del poder adquisitivo. Por eso la primera pava que se calzó esas botas peludas pago un pastón por ellas, pero fue la primera en tenerlas (se sintió la más importante) y creó tendencia en su entorno y fue admirada/envidiada y rápidamente quisieron imitarla (necesitamos imitar al poderoso para sentir que nosostros tambien lo somos). Como los muy pudientes no son tantos, la industria necesita de la aportación económica de más personas que, gastando menos a nivel individual, consiguen, por su número, facturar mucho más dinero. Claro que, una vez que la mayoría ha conseguido hacerse con las gafas de mosca y las botas peludas, la necesidad de las corporaciones de volver a facturar hace necesario que lo que el año pasado era moda, este año esté obsoleto (primer principio de la sociedad de consumo) y sea necesario volver a empezar. La próxima temporada las gafas de sol serán tipo Lennon (redonditas y chiquitajas) y el calzado guay serán los botines.
    Con la música ocurre algo diferente. La música es una expresión cultural genuina (al próximo imbécil que relacione cultura con moda es como para darle tollejas hasta que le duela a su peor enemigo) y toda expresión cultural nace del pueblo, de la plebe, de la masa, como forma de protesta, reivindicación, expresión… y eso es peligroso y por ese motivo necesitan tenerla bajo control. Y lo controlan dulcificando los sonidos (para que no nos alteremos), acallando los mensajes de las letras comprometidas, reduciendo el mensaje a la nadería, a otra expresión vacia de contenido y apta solo para divertirse y usar y tirar. El blues, el jazz, el rock, el punk, el hip hop…, nacieron en la calle, fueron vilipendiados por el poder, y finalmente fagocitados por la industria para convertirse en un negocio.
    Todo es pop y el último punk se suicidó en Putney Bridge… según ellos, claro.

    Comentario por picapiedra — 9 abril 2009 @ 2:16 | Responder

    • Muy acertado.

      Ahora, a mí lo que sí me altera de verdad es escuchar cualquier emisora y que me estén con poperadas blandengues. Y no exagero, me pone de mala leche porque siempre están con las mismas, y con el mismo estilo. Es cansino…
      Hay cosas en el pop que me gustan, como en cualquier otro estilo, pero es que este estilo acapara el 95% de los medios, y salen demasiados grupos/solistas que, sencillamente, sobran.

      El día que una emisora de radio me eche jazz variado todo el día volveré a creer en la radio.

      Comentario por wenmusic — 9 abril 2009 @ 10:59 | Responder

      • El PP mató Radio 3 y el P$O€ no tiene ninguna intención de resucitarla. Más bien, acaban dándole la puntilla, echando a los grandes dinosaurios contra los que ni tan siquiera los populares se atrevieron.

        Comentario por Mendigo — 9 abril 2009 @ 13:02 | Responder

  3. Pica, me quedo con dos ideas:

    La necesidad del sistema de que todo quede rápidamente obsoleto, provocando un frenesí consumista por adaptarse al ritmo impuesto por las marcas.

    Y la forma que tiene el sistema de integrar en él a aquellos que lo cuestionan, haciendo de la propia “revolución” un elemento del sistema (camisetas del Che, discos de Extremoduro…).

    Comentario por Mendigo — 9 abril 2009 @ 8:44 | Responder

  4. Mendigo, no te quedas corto, pero te dejas las entrañas en contra de las ´mujeres patriarcadas´, –sin criterio, es verdad– y olvidas a lOs bobOs que van con los pantalones por debajo de los gluteos y a quienes tenemos que sufrir viéndosolos cuando se sientan en público. O los inseguros de pantalones ceñidos para que se les note más el ´gran bulto´ que tienen entre las piernas. No hablemos de los ´hombres´ camiseta cartel permanente, que más que humanos son letreros con patas. O esos ´super-machos´ auto-mutilados con tatuajes por todas partes que hacen apartar la vista del horror.

    Tu tesina contra ´la individua´ refleja una reciente rabia contra la mujer y mucho resentimiento.

    ¿Cómo puedes criticar a l@s demás, si tenemos que sufrir viendo cómo vas tu? Mejor todavía, ¿que te hace a tí el centro del universo al que tiene que adaptarse mujer alguna??

    Comentario por lisistrata — 13 abril 2009 @ 10:52 | Responder

    • a) Si crees que sostengo que sólo las mujeres son imbéciles, es que no has entendido nada de lo que he escrito. La ley del 97 no entiende de sexos. Siento que te hayas sentido identificada. No es una cuestión de lo que se tiene entre las piernas, sino sobre los hombros.

      b) Tendrás que ir a Septiembre, para obtener tu diploma de psicoanalista aficionada. No has dado ni una.

      c) Esto no es una cuestión de estética. Para gustos, colores, como he dejado claro para el que sepa leer. Lo que desprecio es aquella persona sin criterio, que acepta modas (veo que es ahí donde te duele), pero también ideas, religiones, valores, conceptos, sin someterlos a un juicio crítico. La moda era sólo un ejemplo más bien intrascendente, lo interesante venía al final. No has entendido nada.

      Por cierto, hermoso apodo.

      Comentario por Mendigo — 13 abril 2009 @ 13:54 | Responder

  5. He tenido la suerte de no haberme visto nunca arrastrada por las modas, o de creer en algo por el simple hecho de que me digan que ha de ser así. Confío más en mi criterio y mi intuición, lo primero yerrará algunas veces, lo segundo por desgracia raras pintando siempre las cosas más oscuras. Ni tan siquiera me considero ecologista pues por lo que sé la mayoría de ellos defienden la conservación de la naturaleza para que siga siendo servidora del hombre y no por los propios derechos que ésta posea. Las modas siempre han depertado en mí rechazo, son producto de un sistema que promueve el consumismo ante todo, y que mejor modo que tachando de anticuado lo que tan solo tiene unos meses o como mucho un año. Zara fabrica ropa que en cuestión de un cortísimo periodo de tiempo se puede lanzar a la basura porque se deshace y como hoy día casi nadie sabe coser…
    Finalmente yo visto a mi manera y lo que es seguro es que no te gustaría como, pues si no te gustan los colores de mi espacio más te horrorizarías de mis harapos xDDD. Salud!

    Comentario por Helena — 18 abril 2009 @ 16:11 | Responder

  6. No es a mí a quien le tiene que gustar, sino a ti. A mí me gusta que tú sepas dirigir tu vida sin necesitar de la aprobación del resto del mundo, que decidas por tu cuenta, que seas autónoma en la toma de decisiones.

    Un saludo!

    Comentario por Mendigo — 18 abril 2009 @ 18:42 | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: