La mirada del mendigo

11 mayo 2009

The camping

Filed under: ecología — Mendigo @ 17:03

En numerosas ocasiones, existen alternativas que son consideradas por el común de la gente como más amables o respetuosas con el medio natural. Sin embargo, al analizar detenidamente la situación, lo que parecía una estupenda idea para proteger el medio ambiente resultan ser una agresión aún mayor que la opción convencional a la que pretenden servir de alternativa.

Ejemplos, han sido tratados muchos en estas páginas. Quizá el peor sean los biocombustibles, responsables directos de la destrucción de inmensas extensiones de selvas tropicales de altísimo valor biológico, así como del encarecimiento de la cotización de cereales desembocando en la crisis alimentaria de 2007-2008 (unida a la especulación en mercados de futuros de la que también tratamos).

Otro gran engaño verde, también relacionado con la automoción, son los vehículos híbridos. Lavaconciencias que no consiguen compensar con una reducción de consumo significativa el sobrecoste ecológico que supone el producir y desechar unas tremendamente contaminantes baterías.

Quizá la estupidez ecolojeta (pero estupendo negocio para inversores sin escrúpulos) más extendida sean los huertos solares. Se llevan buena parte de las subvenciones estatales para el desarrollo de energías renovables, sin embargo no consiguen producir ni el 1% de las necesidades (mientras que la eólica, por ejemplo, sin ser tampoco la panacea del ecologismo, al menos compensa el daño ecológico que produce con una contribución para cubrir el consumo energético español del 10%).

Otra de las agresiones al medio natural, que normalmente es disimulada, como las anteriores, con el disfraz verde, para ocultar un lucrativo negocio a costa de la destrucción de nuestros ecosistemas son los camping. Es difícil resistirse a una palabra en inglés, sabiamente empleada por los empresarios del sector para disimular la poca cosa que ofrecen, lo ramplón de su oferta. Espacio de acampada o parque de campismo no tendrían el mismo éxito, desde luego.

Yo nunca entro en los camping. Me parece absurdo pagar por nada, cuando he de ser yo el que aporte el alojamiento. De tener que elegir alojamiento, por similar cuantía escojo una pensión modesta que siempre será más confortable que dormir en el suelo con un trozo de tela por pared. Trozo de tela que tengo que pagar y traer yo.

Conste que, hasta comprar la furgo, siempre he viajado durmiendo en los lugares más insospechados. Y, en el campo, he dormido como un bendito en la tienda adaptando las irregularidades del suelo a las curvas de mi anatomía. Pero gratis. Que me quieran alquilar un cachito de campo para plantar la tienda…me parece absurdo.

Absurdo a no ser que no sepas vivir sin la conexión a la electricidad, sin bar, sin piscina, sin lavandería, sin…todos los lujos que ofrecen estos establecimientos hoteleros.

Nada que ver pues con lo anterior. Si mi tienda es un iglú estrictamente para dos personas (y sin moverse mucho), increíblemente ligero, resistente al viento y a la lluvia…la gente que frecuenta los camping emplean pesadas tiendas. ¿Por qué? Evidentemente, porque no van a cargar con ellas en marchas de varios días, sino que una vez que la montan, de ahí no la mueven en días, semanas…e incluso hay camping en las que se quedan montadas todo el año.

Curiosamente, es el tipo de turismo del mochilero que planta la tienda a la noche y la levanta al amanecer para dormir al raso, el que está prohibido en comunidades como Asturias, gobernada por socialfascistas. La forma de viajar que tengo ahora, de furgoneteiro, o los primos mayores, las autocaravanas. Aparcamos en asfalto, y ninguna actividad trasciende al exterior. Cuando abandonamos el aparcamiento (a no ser que seas un guarro, especie que abunda en todos lados pero que es menos abundante entre nuestro colectivo, mucho más sensibilizado con el medio natural que los socialfascistas a los que hacía referencia antes), no queda rastro de nuestra presencia. Un tipo de turismo que, si no fuera por la contaminación de los motores, podríamos decir que es, con la de los mochileros, la única inocua para el medio ambiente.

Sin embargo, es el tipo de turismo perseguido en diversas regiones, con la alucinante excusa de proteger el medio ambiente (término, insisto, redundante aunque de moda). Dejan claro que el medio y el ambiente de la basura que redacta las leyes son los billetes, porque el único daño que causa este tipo de turismo de generalizarse es a la economía de los empresarios turísticos. Efectivamente, el turismo de mochila o furgoneta no precisa de los lujos decadentes que ofrecen los camping, somos autosuficientes. Sólo necesitamos de una naturaleza íntegra para disfrutar de nuestros días de vacaciones, no necesitamos hormigón ni ladrillo, ni bares, ni chiringuitos, ni discotecas. Sólo queremos que nos dejen en paz. Esta forma de vivir, que no precisa de lo que le ofrece la industria hotelera, es criminalizada precisamente porque no permite enriquecerse a constructores y empresarios hoteleros (las dos grandes, únicas industrias de este país).

Los políticos social o popularfascistas nos obligan a visitar los establecimientos de los empresarios hoteleros. Ni de coña, antes prefiero no pisar Asturias (ni Aragón, ni ningún sitio donde no se me quiera; tengo la frontera portuguesa a un paso y la francesa un poco más allá, donde se puede dormir tranquilo sin que ningún subnormal de verde tenga que venir a molestar).

Bien, pero si tenemos que elegir ¿Qué escogemos, hotel o camping? Al margen de preferencias y circunstancias personales, sólo tratando el tema ecológico. ¿Qué produce menos descalabro en el medio natural en el que se ubica?

Así, sin pensar, parece que sin duda el camping. Es más verde (hay césped).

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Pongamos un ejemplo:

camping 1

camping 1

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Este camping (ahora vacío, pues no estamos en temporada) ha sido construido al lado del mar, destruyendo parcialmente un valiosísimo paraje de encinar costero cantábrico, del que sólo quedan unas pocas manchas. Un atentado ecológico que me imagino que será escrupulosamente legal, pero es un verdadero crimen a la riqueza de ecosistemas (unos cientos de metros más allá, había un eucaliptal de los que hay miles y miles de hectáreas, podrían haberlo hecho en él, pues ya poco de biodiversidad había que destruir allí).

Apreciamos los desmontes y movimientos de tierras necesarios para poder conseguir explanadas donde los domingueros puedan poner sus tiendas horizontalmente. Hay verde, claro, verde césped primorosamente cuidado para que sea cómodo. Podrían cultivar soja transgénica, que también sería verde e igual de ecológico: cero. También en el Bernabeu hay césped, y no consideramos un campo de furbo como un ecosistema íntegro.

Quizá la mayor ventaja del camping respecto de un hotel es que no precisa de cimentaciones. Tampoco esto es totalmente cierto: un camping comprende varios edificios que, estos sí, precisan de cimentación. Amén de muros, piscinas, colectores, vías de acceso…

Pero la gran diferencia es que, aunque el daño por metro cuadrado es menor que un hotel, el daño por turista alojado es tremendamente superior, pues ofrece un tipo de alojamiento extensivo, mientras que un hotel tiene una mayor densidad y un mejor aprovechamiento del suelo. Por poner un ejemplo: si todos los veraneantes que se alojan en los asquerosos hoteles de, por ejemplo, Benidorm, decidieran alojarse en campings, la destrucción costera sólo para albergar a esa gente iría desde el Cap de Creus al Cabo de Gata.

Los grandes hoteles son una aberración, cierto. Pero tienen la ventaja de que concentran la destrucción, siendo capaces de albergar a muchos turistas en un reducido espacio. Además, los hoteles por lo general se ubican en zonas urbanas, en los que el daño ya está perpetrado. Si hay que destruir, al menos que la destrucción sea concentrada e intensiva. Además, los hoteles aceptan clientes, al ralentí, todo el año. Mientras que los camping permanecen desiertos salvo en temporada alta. La destrucción del medio natural, medido en m²/turista/año es muy superior en el caso de los camping.

Aunque la verdadera alternativa es el turismo que nada precisa, más que un espacio virgen; el que no tiene que destruir lo que visita: la forma de viajar de mochileros y furgoneteiros.

Para añadir más gravedad, las normativas para la construcción de campings son más laxas que en el caso de hoteles, con lo que se construyen campings destruyendo parajes naturales de especial riqueza como el anterior, en el que un hotel tendría difícil conseguir los permisos de obra (difícil no es imposible, y en este país quien de verdad gobierna son las constructoras).

Por último, mencionar la burla de la ley que suponen ciertos camping que se dedican a albergar todo el año a caravanas. Una urbanización de caravanas, que tienen la parcela reservada año tras año, que no se han movido jamás de ahí…en un sitio que teóricamente no es urbanizable. Cada vez el concepto se extrema: verdaderas casas con chimenea, recibidor, cocina, baño….sostenidas por pilotes y dotadas de unas ruedas minúsculas y una lanza que jamás han sido empleadas porque sería una verdadera temeridad mover un remolque así. Son trasportadas encima de camiones, colocadas con grúas, como casas prefabricadas que son pero con unos ruedines que burlan la ley y permiten tener un apartamentito a pie de playa, en terrenos en los que teóricamente no está permitido construir.

Su modelo de turismo destruye nuestras costas y Parques Naturales. Pero los ilegales somos nosotros.

¡Hay que joderse, Pedrín!

6 comentarios »

  1. Y si no me equivoco en Galicia también está prohibida la acampada libre. Lo cierto es que no tienen vergüenza.

    Si uno ensucia o maltrata el medio ambiente, que le multen. Pero que no sea excusa para que unos cuantos se inflen a ganar pasta.

    Comentario por wenmusic — 11 mayo 2009 @ 18:10 | Responder

    • La cosa es qué definas por “acampada libre”.

      Con la furgo bien aparcada, puedes pernoctar hasta tres noches en el mismo lugar. En Galicia, digo.

      Si te interesa, hice una comparativa de la legislación en las distintas autonomías.

      Lo de irte a tu bola con la tienda, sí que está prohibido. Pero como no tienes que estar donde hay carreteras, como con la furgo, la puedes plantar donde te pete y luego seguir andando a la noche siguiente. Por los picolos no hay problema, porque no se apartan más de 10 metros de su coche/moto. Les debe dar miedo, perderse en el monte y que les coma un lobo. Por eso, con ocultarte un poco, puedes dormir más tranquilo que la puta leche.

      Comentario por Mendigo — 11 mayo 2009 @ 19:46 | Responder

  2. La madre que te parió. Ahora cada vez que saque a los churumbeles al camping tendré que pensar en que mejor nos vamos a un hotel, que es más ecológico.

    No hay derecho a jodernos las vacaciones de esta manera… no hay derecho…🙂

    Comentario por javierM — 11 mayo 2009 @ 18:14 | Responder

    • Joas joas joas joas

      Jua jua jua jua

      Ya me imaginaba algo así…

      Pero Javi, a mí no se me puede hacer caso. Por las mismas, vendes el coche, te iluminas con velas o sales a la calle desnudo, para alborozo de tu concejala de Medio Ambiente y futura alcaldesa.
      😛

      Comentario por Mendigo — 11 mayo 2009 @ 19:48 | Responder

      • Ehhhh… Mi villa es fronteriza a la de la Botella.

        Comentario por javierM — 12 mayo 2009 @ 18:47 | Responder

  3. Ostia tú, siempre me olvido que Coslada es un municipio. Que me perdone su vuecencia.

    No sé, siempre lo he considerado un barrio más. Y ahora, con el metro…

    Pues que sepas que tu “villa” tiene tantos habitantes como esta capital de provincia en la que me encuentro. Mejor dicho, tendrá más, pues la población inmigrante no censada es mucho mayor allí. Aquí las escalas son otras (para lo bueno, y para lo malo).

    Desde luego. Si todavía fueras de Móstoles, Getafe, Arganda, Lega…pero ¿Coslada? Juraría que nunca he salido por Coslada. ¿Qué hay en Coslada? Incluso Hortaleza tiene más vidilla! (Hortaleza, porros y cerveza, que se decía). Coslada…

    Comentario por Mendigo — 12 mayo 2009 @ 21:49 | Responder


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