La mirada del mendigo

26 mayo 2009

Despido libre

Filed under: economía — Mendigo @ 12:01

Ya se sabía, estaba cantando, que la CEOE así como el brazo político del capital (PP y CiU, por ahora), iban a aprovechar la coyuntura económica para intentar destruir derechos de los trabajadores.

Era obvio.

Uno de los puntos más importantes es el abaratamiento del despido o, como ellos lo llaman, la flexibilización del mercado laboral. Es exactamente lo mismo pero ¿a que suena distinto?

Acuerdo

Estamos escuchando últimamente imbecilidades como que la culpa del crecimiento del paro se debe a la falta de flexibilidad del mercado laboral. Bien, esto es rotundamente falso. Está creciendo el paro por una caída en la actividad económica en las empresas. Si una empresa cierra, sus trabajadores se quedan en la calle. Y si no cierra, pero tiene menor volumen de negocio, es evidente que tiene que despedir gente para adaptar la plantilla a los pedidos.

Por cierto, y como inciso. Leo en el programa de Izquierda Anticapitalista que quieren prohibir los despidos. El infantilismo no ayuda a cambiar el mundo. Es la misma visión pueril que tiene un niño bienintencionado que dice ¡pues yo prohibiría el hambre en el mundo! Y prohibiría las guerras. Y prohibiría que la gente se muera.

El discurso de la izquierda está siendo algo parecido, y es del género imbécil. En vez de analizar las causas de la crisis, queremos solucionar las cosas por decreto. Esto es populismo barato, decirle a los trabajadores lo que quieren oír y, de paso, evitar cuestionar el origen del problema: el mismo sistema capitalista.

Seamos serios, si una empresa ve que sus pedidos caen, que tiene una capacidad de producción excesiva, sobredimensionada, para un escenario económico comprimido, tendrá que echar gente a la calle. Se le puede pedir que aguante un poco la plantilla, a la espera de que vuelva a recuperarse la economía. Se le puede pedir que se trabajen menos horas o menos días, para aguantar la plantilla al completo. Se podrá argumentar, con toda la razón, que la actual situación ha sido aprovechada por muchas empresas (las grandes, sobre todo) para hacer una salvaje reestructuración en su plantilla con la excusa de la crisis y que, esto sí, debe ser prohibido. Pero también hay que reconocer que hay empresas en las que sobra personal, y por muy buena voluntad que tenga el empresario (que también los hay que se preocupan por su gente, aunque no sea lo común)…al final es necesario despedir gente para adaptar la capacidad productiva a la cartera de pedidos. De otra forma, la empresa podría ser inviable económicamente y acabar todos los trabajadores en la calle.

Desde aquí he defendido siempre que las empresas deben ser propiedad de los trabajadores. Pero incluso en una empresa colectivizada (cooperativa, empresa pública…) llegado un punto habría que considerar la necesidad de reducir mano de obra. Se haría de la forma menos traumática posible, pero puede llegar el momento (por ciclos económicos o por agotamiento del sector en el que trabaja la empresa) en el que no quepa otra salida.

Por lo tanto, en este mundo no caben las simplezas. La revolución no se construye con buenismos ni buenos deseos, sino trabajando sobre la realidad económica.

Ni las simplezas bienintencionadas de unos, ni las falsedades malintencionada de los otros. Como decíamos, antes de esta digresión, se oye que la culpa del paro es por la rigidez de nuestro mercado laboral.

Rotundamente falso.

El incremento del paro consecuencia directa de la caída en la actividad económica. Y si se abaratase el despido hoy, mañana habría en la calle miles de obreros más. Si los empresarios no despiden a más gente es porque les resulta más caro que mantenerlos. Precisamente una indemnización por despido elevada es la que disuade al empresario de echar a la gente a la calle.

También es cierto que, como consecuencia indirecta, también pudiera disuadir en épocas de bonanza a la contratación. Pero desde luego, ahora no es el caso. Ahora un empresario no se está pensando si contrata o no más gente, sino cómo podría prescindir de media plantilla, sin que le sea demasiado caro.

Por lo tanto, culpar del paro a la indemnización por despido es falso, estúpido y miserable.

El reducir los costes de despido, es decir, flexibilizar el mercado de trabajo, persigue dar facilidades para que el empresario adapte en cada momento su capacidad productiva a sus necesidades. Si necesita gente, la coge sin miedo porque sabe que, cuando falten pedidos, la podrá despedir. La curva de empleo calca a la de actividad económica.

¿Esto es bueno o malo? Para el empresario bueno, sin duda. Para el trabajador, no tanto: potencia el empleo cuando las cosas van bien (y es fácil encontrar trabajo), y potencia el desempleo cuando las cosas van mal (te vas a la calle cuando es más difícil encontrar otro chollo).

Unas prestaciones por desempleo altas lo que buscan es regularizar esta tendencia, y que la curva de empleo siga, pero de forma atenuada, la de actividad económica. Con ello, se consiguen amortiguar los picos de caída en la producción, obligando al empresario a mantener a los trabajadores, es decir, haciéndole co-partícipe con el Estado de la responsabilidad social de mantener el nivel de ingresos de los trabajadores. Los empresarios, evidentemente, no quieren ni oír hablar de responsabilidades sociales. Eso es tarea de “papá Estado”, y ojalá ni eso. Pero dado cuenta que disfrutan de la bonanza económica, es justo que cuando cambian las tornan también participasen, en el mismo grado, en el sostenimiento del edificio social.

Quizá el subir las prestaciones por desempleo también desincentivaría la contratación en épocas de bonanza, por el miedo a que un cambio de ciclo le pille a la empresa con el pie cambiado, y con una carga de producción excesiva y difícilmente acomodable. Sin embargo, este es un problema menor, ya que se da en épocas de expansión económica, en las que es más fácil encontrar acomodo al trabajador en otra empresa, y que el Estado dispone de excedentes para preocuparse de los que no encuentran empleo. Es un problema menor si con él podemos compensar el riesgo de una avalancha de despidos en cuanto aparezcan nubarrones en el panorama económico.
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Otras voces, señalan la injusticia que suponen los distintos tipos de contrato que existen. Realmente es cierto, los nuevos tipos de contrato que se han ido introduciendo han creado una división entre los trabajadores.

En la sociología española podemos apreciar una linea de falla en torno a los 40 años. Nuestros padres y hermanos mayores (hablo desde mis treintaytantos) tienen un piso en propiedad, que pudieron pagar dedicando una parte menor de su sueldo. Un contrato laboral decente, con una buena protección por despido y una remuneración que podríamos calificar de adecuada en muchos casos.

Es una generalización, hay infinidad de casos, pero creo que podría se válida.

Sin embargo, de mi generación para abajo, la situación es bien distinta. Jóvenes que están endeudados de por vida, atados a una hipoteca a la que dedican la mayor parte de su sueldo. Sueldo que es una mierda, encadenando contratos precarios (temporales, por obra…) con una bajísima protección por despido. Jóvenes que viven acobardados por la perspectiva del despido, terrorismo patronal por el cual el empresario puede cobrar venganza de cualquier movimiento de defensa de sus derechos que intente el trabajador.

Desde aquí he dicho muchas veces que, en España, hay dos clases sociales: los que tienen piso en propiedad (o hipotecas antiguas, razonables), y los que se han comprado piso hace poco o están de alquiler. Unos, podrán ahorrar y mantener un aceptable nivel de vida. Los otros, se pasarán toda su vida (al menos, toda su vida laboral) en una situación de debilidad, de desprotección, de riesgo a caer en la ruina a poco que venga una mala racha.

A la burbuja inmobiliaria se le suma la contratación precaria para crear esas dos sociedades; una, que vive en un Estado del bienestar. Otra, mayoritariamente joven, que sobrevive en una piscina llena de pirañas y tiburones. Estamos creando unas generaciones que viven acongojadas ante la perspectiva de perder el trabajo y no poder pagar la hipoteca. Esto va a pasar una factura psicológica. Estamos creando una sociedad acobardada, oprimida, medrosa. Ignoro las consecuencias de ello, pero no me cabe duda ninguna de que las tendrá.

Esta dicotomía en el mercado laboral español existe, es un hecho. Trabajadores maduros con derechos, jóvenes totalmente desprotegidos, zarandeados y ninguneados por el sistema.

Ciertamente es una injusticia, pero ¡cuidado! no hay que caer en la trampa que ponen los que quieren que los trabajadores nos enfrentemos unos a otros. Pues nuestros padres y hermanos mayores no tienen la culpa de nuestras malas condiciones económicas. Ellos son responsables de sus condiciones de trabajo, y las ganaron no sin mediar lucha. Nosotros tenemos la culpa de la progresiva bastardización del mercado laboral, de tragar con los contratos en prácticas y las ETTs. De la falta de cultura asociativa, sindical, de que vayamos por libre en la negociación con el patrón, en la que indefectiblemente llevamos las de perder.

Bueno, para ser justo, habrá que repartir las culpas. Fueron nuestros padres, votando al felipismo y al aznarismo, los que han creado las condiciones para que ahora sus hijos no sean capaces de emanciparse hasta pasada la treintena. Votaron liberalismo económico (del morritos o del bigotes) y nos lo tenemos que comer nosotros. Nosotros que seguimos votando mayoritariamente liberalismo económico, así que tampoco podemos cargar culpas sobre ninguna generación en concreto, pues todos nos hemos dejado engañar con esas promesas del paraíso terrenal que nos ofrecía la patronal por medio de sus representantes políticos.

Querida juventud española…esto es el capitalismo. ¿No era lo que queríais? Pues ahora…¡a apechugar!
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La flexiguridad. No iba a irme sin hablar de ese palabro. El modelo danés.

En Dinamarca, el mercado de trabajo está absolutamente desregulado, no hay indemnización por despido, y tienen un pleno empleo. Entonces, concluyen los satrápas de los negocios, lo que hay que hacer es abaratar el despido en España, y el problema del paro estará resuelto.

Semejante argumentación sólo puede ser maliciosa, porque habría que padecer algún tipo de retraso mental para creerse semejante patraña.

A nuestros liberales se les llena la boca con la “flexi“, pero se olvidan que ese, al fin y al cabo, contrato social lleva aparejada una contraparte: “guridad“.

En Dinamarca, bien es cierto, el despido es libre. Un empresario puede contratar unos días al trabajador, y darle boleto con la misma facilidad. Pero ese trabajador tiene una protección social, que le permitirá durante cuatro años mantener su nivel de vida (el paro danés es superior a los sueldos españoles). En Dinamarca, un parado tiene una renta, transporte gratuito, educación gratuita, ayudas a la familia…

El tercer pilar del concepto de flexiguridad es la formación. El empresario paga una cuota fija por cada trabajador en concepto de formación. De tal forma que el trabajador podrá, siempre que quiera, acudir a cursos de formación (sea de enseñanzas regladas o no). De esta forma, Dinamarca crea un sistema de formación permanente a sus trabajadores, convirtiéndose en una potencia tecnológica en muchos sectores por la alta cualificación de su mano de obra.

Dinamarca tiene una mayor productividad que España, y los sueldos son astronómicamente superiores. Prueba palpable de que el camino a la productividad no es echar más horas y congelar los salarios, sino justo al contrario.

El sistema escandinavo es interesante, parece que funciona, y se puede reflexionar sobre él. Tiene cuestiones que me parecen incorrectas. Tanta laxitud en el mercado de trabajo, con gente cambiando de oficio cada año, no creo que sea buena. No ya para la estabilidad del trabajador, sino para el propio sistema productivo. La experiencia de un trabajador es un capital valiosísimo para una empresa, y me parece un error plantear un sistema en el que haya trabajadores que estén continuamente volviendo a la casilla de salida. Por mucha formación en el nuevo trabajo que se dé, es un despilfarro de conocimientos y destrezas.

En cualquier caso, parece razonable que, si trabajadores y empresarios llegamos a un nuevo acuerdo social, incluyamos la parte y la contraparte del contrato. Es decir, si reducimos los costes del despido (flexi), en la misma medida debe incrementarse la protección social del trabajador y la oferta (real) de formación (guridad).

Querer imponer sólo uno de los puntos, olvidándose del otro, supondría una enorme calamidad para los trabajadores, retrocediendo casi un siglo en los derechos laborales. Sería entregar mano de obra maniatada a la máquina productiva.

Tal cosa es lo que proponía CiU y firmó el P$O€, antes de echarse atrás.

Porque dejémoslo bien claro. El sistema de flexiguridad en lo que consiste, en definitiva, es en quitarle cualquier tipo de responsabilidad social al empleador. Se le ofrece una masa de fuerza de trabajo, y puede hacer uso de ella como le venga en gana, sin ningún compromiso. Pero para ofrecer ese mercado de trabajo desregulado, es el Estado el que debe cargar en solitario con el inmenso esfuerzo de dar seguridad a esos trabajadores que caen rápidamente en el paro. Es el denostado “papá Estado” del liberalismo el que, a fin de cuentas, permite con su sobreprotección que las empresas se puedan desentender de sus obligaciones sociales.

Como dije, es un sistema. No me parece el más justo, pero podemos extraer de él consecuencias interesantes.

Hemos de entender que en las relaciones laborales, como en todo en este mundo, hay que lograr un punto de equilibrio. Fundamentalmente, el mayor arma de los trabajadores es la huelga, es decir, dejar de ofrecer su mercancía: el trabajo. El tremendo problema es que, salvo casos puntuales, este arma no vale de nada si no existe unión entre los trabajadores.

Por el contrario, la más poderosa de las armas del empresario en su lucha de poderes contra el trabajador es el despido. El poder de este arma es relativa cuando el trabajador no tiene deudas pendientes, su sistema de seguridad social le da una protección absoluta, y en la economía se goza de pleno empleo (en Dinamarca, en el 2007 las tasas de para estaban sobre el 3%, técnicamente a esto se le llama pleno empleo). Quedarse sin trabajo en Dinamarca no es un drama: sabes que vas a seguir cobrando del Estado, y que pronto encontrarás otro trabajo.

En tales condiciones, tiene sentido recortar la protección contra el despido. El trabajador puede defender sus derechos sin miedo pues, si el empresario toma represalias y le despide, esto no supone un quebranto demasiado grande para la economía familiar.

Aunque no haya indemnización por despido, el empresario debe valorar si le compensa despedir a un trabajador ya formado, que conoce la empresa y su oficio, y tener que buscar relevo en un mercado laboral con una bolsa de paro pequeña. Si el empresario, considerado esto, decide prescindir de su trabajador es que verdaderamente no le interesa seguir teniéndole en la empresa y es razonable que lo despida (al fin y al cabo, la relación laboral se basa en un libre contrato entre las partes).

Pero…es que esta situación no tiene absolutamente nada que ver con la situación del mercado laboral español. En el Estado Español, el empresario tiene absolutamente la sartén por el mango. Exceptuando a los fijos que varios años y que tienen indemnizaciones por despido muy elevadas, despedir al resto de los trabajadores le sale a precio de saldo. De hecho, los empresarios no tienen que despedir, les basta con no renovar los contratos precarios, por lo que, de facto, podemos decir que en España ya existe el despido libre.

La situación del mercado laboral español es de profundo desequilibrio, en la que una parte somete a la otra por tener todos los ases en la mano. El miedo del trabajador precario a ser despedido anula cualquier intento de presentar batalla por sus derechos. El trabajador español vive con el miedo en el cuerpo, y esto se nota en la progresiva pérdida de derechos, y en la no reclamación de los que, aún teniéndolos en papel, son regularmente pisoteados. Circunstancia, la del quebranto legal de toda la normativa laboral, que todos los españoles damos por hecho y asumimos con resignación, así como la corrupción, como una enfermedad endémica.

La facilidad con que un empresario puede condenar a un trabajador al infierno, es el arma con el que el terrorismo patronal amenaza a una masa de jóvenes trabajadores desunidos, con la que los mantiene amordazados y maniatados, un verdadero reinado del terror. La violencia económica es también otra forma de violencia, y hay empresarios que hacen de ella su forma de gobierno corporativo, sometiendo a chantaje continuo a sus empleados con la amenaza del despido (o, simplemente, la no renovación del contrato precario).

El despido supone, para un joven español, no ser capaz de pagar el alquiler o la hipoteca. Además, con el paro en niveles reales del 20%, la casi certeza de no ser capaz de encontrar un puesto de trabajo en mucho mucho tiempo. El despido, o la no renovación, suponen una condena a la exclusión social que el empresario-señor feudal distribuye a su libre arbitrio.

En este estado de desprotección del trabajador, proponer ahondar en esa desprotección abaratando el despido es una tremenda villanía. Villanía que encuentra mucho eco entre las sabandijas de la Cámara Baja, y muchos tememos que acabará colando.

Por cierto, para ser ecuánime, he criticado el desequilibrio en cualquiera de los dos sentidos. Así como me parece repugnante el excesivo poder que tiene un empresario respecto de sus trabajadores, tampoco me parece provechoso el caso opuesto: los empleos blindados que tienen los funcionarios. Un sistema que le dice al trabajador que, salvo que mate o viole a algún cliente o compañero, sabe que, haga lo que haga (o no haga) tiene el puesto de trabajo asegurado, es un sistema que conduce directamente a la baja productividad. Nadie debería tener el puesto de trabajo pendiente de un hilo, de un capricho o una represalia del jefe. Pero tampoco un puesto de trabajo debiera ser considerado como vitalicio. El trabajador deberá demostrar su valía y esforzarse, o buscar otro trabajo. El enorme lastre que le supone al sector público el tener que contar con trabajadores absolutamente incompetentes (imagen del funcionario que escribe en el teclado con los dos índices) porque algún día aprobaron una oposición, coloca a las empresas públicas en desventaja frente a las privadas.

Empleos de calidad, pero no empleos blindados. Porque de esa forma, el neoliberalismo plantea su opción: privatización. Como lo que es del Estado no es rentable, tiene que venderse. Falso. Lo público puede y debe ser más rentable (aquella empresa que deba serlo, la sanidad ni la educación no tienen porqué buscar rentabilidad económica, no es su razón de ser) que lo privado. Pero para ello debe poder contar con la capacidad de poder despedir al trabajador que se toca los cojones (que si sabe que puede perder su puesto de trabajo, seguro que espabila y se pone al día). La inmunidad genera, además, abusos. Abusos que los funcionarios públicos (mismamente policías, pero igual cualquier empleado de ventanilla que quiera amargarte el día) cometen contra la ciudadanía.

No sería consecuente si defiendo la nacionalización de sectores estratégicos como el energético o el bancario, si a la vez no defendiera la desfuncionarización de las empresas públicas, para que las empresas estatales puedan competir en igualdad de condiciones con las privadas.

Insisto, empleo de calidad, respeto a la ley, seguridad en el empleo pero…ni inmunidad ni cargos vitalicios.

Pero ése no es, precisamente, el tema. Volvamos al asunto:

Así pues, si el liberalismo económico quiere romper la baraja y proponer otras reglas, de acuerdo. ¿Modelo danes? Está bien. Primero aseguras un modelo de protección social inmensamente sólido, en el que todo ciudadano vea su nivel de ingresos cubierto y no tenga por qué temer una situación de desempleo (ayudas al transporte, a la formación, sanidad y educación gratuitas a todos los niveles…). Desarrollas un programa de formación continua (de verdad, en España las posibilidades de un trabajador de continuar su formación son inexistentes) y bajas la tasa de desempleo (y de economía sumergida) para asegurar que un trabajador puede encontrar alternativas en un plazo prudencial de tiempo en caso de ser despedido…y podemos empezar a hablar de abaratar el despido.

Despido que, insistimos, es ya prácticamente libre menos en el caso de los trabajadores con contratos antiguos, adecuadamente protegidos.

En un contrato, las dos partes se deben comprometer a algo. Algo a cambio de algo. ¿Ceder los trabajadores derechos a cambio de nada? Serían demasiado estúpidos si lo consintieran (de lo cual no estoy seguro).

El error de los jóvenes trabajadores serían enfrentarse a las generaciones anteriores, en vez de al capital exigiendo contratos como los de sus mayores. Por ahí va la línea argumental del liberalismo económico, buscando la división y enfrentamiento entre los trabajadores sabiendo que de ello obtienen los empresarios fuerza y beneficio.

Veremos…

En resumen: probablemente haya que modificar el marco laboral, que dista mucho de ser perfecto. Pero para ello habrá que reencontrar una nueva posición de equilibrio entre empleador y asalariado. Actualmente, con la aparición de las nuevas formas de contratación precarias (contratos por obra, temporales, de formación, ETTs, subcontratas o autónomos), la situación está desbalanceada en perjuicio del trabajador. Si la derecha quiere abundar en este desequilibrio de fuerzas, haciendo aún más vulnerable a la parte más débil, las consecuencias serán funestas (porque el perro es paciente, pero si le tiras demasiado del rabo acaba por morder).

Veremos cuán dócil es el perro español, hasta que punto es capaz de aguantar. La derecha siempre igual, intenta en su avaricia tirar demasiado de la cuerda, hasta que la rompe. Muchos se han dado cuenta que es mejor la socialdemocracia que ofrece el P$O€ (y buena parte de IU), pues les asegura menos beneficios, pero de forma más segura.

Estos ricos, no aprenden…

10 comentarios »

  1. Magnífico análisis, sobre todo porque no abusas de tecnicismos ni farragosas explicaciones. Agua clara.

    Lo lamentable es que nunca un cambio de sistema social -verdadero- ha sido iniciado por los que lo controlan, y los borregos estan/mos con el culo apretado y pensando… “que me quede como estaba”. Lo peor es que no nos vamos a quedar como estamos, vamos a arrastrarnos delante de los “empresarios” suplicando que nos den un trabajo temporal, duro, con jornada inacabable, y todo ello por el módico precio que al empleador le venga en gana.

    Es lo que hay, creo.

    Comentario por glomayol — 26 mayo 2009 @ 15:46 | Responder

    • Buenas glomayol!

      Bueno, evidentemente que el cambio deberán forzarlo aquellos que ahora están jodidos. No esperes que parta de los que están contentos con el status quo. La cuestión es que, en vez de progresar para buscar mayor seguridad del trabajador, ya sea por la vía de encarecer el despido en los contratos basura, de eliminar estos a la vista del resultado que han tenido, sea por la vía de que el Estado de una mayor protección en caso de desempleo, lo que se pretende es que el trabajador esté cada vez más desprotegido.

      En estas condiciones, hoy en día un trabajador no tiene fuerza de negociación, es un pelele que no le queda más que aceptar lo que le ofrezcan o irse a la mierda, porque otro lo va a coger. Es una situación de desequilibrio que desde luego conviene a una de las partes y, encima, pretende volcarla más a su favor.

      Comentario por Mendigo — 26 mayo 2009 @ 17:44 | Responder

  2. Buen post, lo envío a apezz. Me parece digno de debate.

    Comentario por wenmusic — 26 mayo 2009 @ 16:08 | Responder

    • Gracias tronk. Bueno, largo y embrollado, como siempre. No tengo tiempo y escribo las ideas al vuelo, sin tiempo ni de corregir la ortografía ni de darle mayor coherencia al texto.

      Es que estaba un poco harto de escuchar tanta estupidez y medias verdades como se llevaban tratando sobre este tema.

      Apezz es algo así como un sucesor de meneame, no?

      La verdad, no me gustan mucho estas cosas. JavierChiclana a veces menea alguna de mis entradas (cosa que le agradezco). La de las baterías, que es una de las pocas de las que me siento orgulloso, creo que está bien hecha y no hay (o no he encontrado) un estudio así, en castellano, en toda la red…y tuvo 3 votos y sólo unas pocas visitas. Sin embargo, es algo importantísimo, que puede cambiar el mundo que conocemos.

      En cambio, la carallada que escribí con lo de mi gata (la lobita se empeñó)…y resulta que tiene más votos y un porrón de visitas. Yo flipo.

      A la gente no le importa absolutamente nada! Bueno… Allá ellos. Es sobre sus espaldas que va a caer, que yo ya tengo unos añitos y las espaldas más o menos cubiertas…

      Comentario por Mendigo — 26 mayo 2009 @ 17:53 | Responder

      • jejeje Bueno, es que los gatos gustan siempre.

        Dejé menéame y fui a Apezz, porque es más simple, sin negativos ni karma ni cosas raras. Solo busco un sitio al que los usuarios puedan enviar noticias y extenderlas, para que haya debates sobre las cosas (aunque a veces sean vacíos o incluso soeces).

        Comentario por wenmusic — 26 mayo 2009 @ 18:20 | Responder

  3. Lo que buscan los empresarios, aparte de abaratar el despido, y si pueden hacerlo libre, es tener domesticados a los trabajadores y retroceder en condiciones de trabajo y salarios. Un abaratamiento de los despidos traería consigo una avalancha de nuevos parados, cuyos puestos se irían sustituyendo por trabajadores mas baratos y mas dóciles. Aquí no quieren ni modelo danés, ni escandinavo ni leches, quieren un modelo a medida de sus avaras intenciones y cuanto mas desprotegidos estén los empleados mejor para sus intereses.

    Comentario por Javi — 26 mayo 2009 @ 16:57 | Responder

    • Pues estupendo resumen, Javi.

      Sí, dejémonos de monsergas. Lo que les jode a los empresarios es que tienen una casta de trabajadores, de 40 a 60 años, con buenos convenios, buenos sueldos, con el culo pelao que no se dejan mangonear. Y a la que el empresario quiere tocarles los cojones, le ponen la empresa del revés.

      Y los empresarios están deseando, perdiendo el culo, por poder despedir a esa clase de trabajadores, y contratas a los nuevos jóvenes, sumisos, obedientes y daosporculo. Que necesitan de la pasta como un yonki de la papela, porque la funden a la misma velocidad que un cubito de hielo sobre el asfalto en verano. Y ya no te cuento si se han casado, tienen algún crío y una hipoteca a cuestas. Ponen el culo porque no les despidan. Y es lógico, es que no les queda más remedio, están cogidos por los huevos.

      Toda esta sarta de groserías son las que jamás verás pronunciar al presidente de la CEOE, pero es lo que está pensando cuando hablan de flexibilidad. El KamaSutra que nos quieren hacer, Javi. No ya darnos por culo, nos quieren hacer el puto kamasutra, de ahí tanta flexibilidad.

      Eso no quita a que la postura de mucha gente de izquierda sea pueril, demagógica y miope. Prohibir los EREs… Si los prohíbes, las multinacionales directamente echan el cierre y se deslocalizan. Es que habría que pensar antes de hablar, coño. Que es muy fácil decirlo y arreglar las cosas a decretazo, en plan taxista, pero el mundo es un poquito más complicado…

      Comentario por Mendigo — 26 mayo 2009 @ 18:00 | Responder

      • Estoy completamente de acuerdo contigo.

        Comentario por Marta — 28 junio 2009 @ 17:07 | Responder

  4. Alberto Montero – Precariedad laboral

    Comentario por Mendigo — 18 junio 2009 @ 9:48 | Responder

  5. […] camino más sencillo para alcanzar la máxima desprotección del trabajador es el despido libre. Un trabajador que puede ser despedido en cualquier momento sin contrapartidas, y un despido que […]

    Pingback por Bienvenidos al siglo XIX « La mirada del mendigo — 26 junio 2009 @ 10:30 | Responder


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