La mirada del mendigo

31 julio 2009

Defensa de la vida y relativismo moral

Filed under: internacional — Mendigo @ 9:20

Todo crimen es abominable, pero el asesinato institucional o pena de muerte es, desde luego, el más grave. Consiste en el asesinato de un hombre (o mujer) de forma fría y premeditada.

En otros crímenes la culpa recae sobre el asesino y los facilitadores. En la pena de muerte la sombra de esa muerte recae sobre toda la sociedad que la consiente y la promueve. No es la pena capital sino el crimen capital, es lo más bajo a lo que puede llegar una sociedad.

Sin eximentes de enajenación mental transitoria o permanente, de alteración de la conciencia por el uso de sustancias psicoactivas. No son las circunstancias, una niñez difícil, una mala educación… el asesino, que es toda la sociedad, no tiene escusa posible: todos son culpables de asesinato en grado de colaborador necesario y, siguiendo su misma lógica brutal, todos los ciudadanos debieran ser ahorcados, electrocutados, envenenados, apedreados o fusilados. Se asesina al reo en nombre de toda una sociedad, y toda esa sociedad queda ensuciada con ese crimen absurdo.

El mapa de la pena de muerte es una buena muestra del estadio de civilización de una sociedad:

De entre esos países, no todos la aplican efectivamente. Si recurrimos al informe de Amnistía Internacional sobre la pena de muerte, podemos resumir los crímenes judicializados en la siguiente tabla:

Pantallazo1

Estos son datos mínimos, confirmados, de ejecuciones cometidas por diferentes estados en 2008. El número de asesinatos legales perpetrados es, sin ninguna duda, más alto.

China es, ya lo sabíamos, el gran verdugo. Su estado represor asesina a más gente que el resto de las maquinarias judiciales del mundo. Los siguientes miembros de tan funesto club son estados con un fuerte componente religioso. In God We Trust o Allah Akbar (الله أكبر), la religión oficial sanciona los crímenes y les da cobertura moral.

No es extraño que el mapa de la pena de muerte refleje con bastante similitud el mapa de expansión del islam: en el mismo Corán se recoge el asesinato legal para “crímenes” como la apostasía o el adulterio (en el caso de la mujer). De igual forma, en la Biblia podemos encontrar prescrita la pena de muerte para numerosos “delitos” como la homosexualidad, la idolatría, la blasfemia o, de nuevo, la infidelidad de la mujer. (¿de qué nos extrañamos luego con la “violencia de género”?). En ambos libros sagrados las penas de sangre no son sancionadas, y se emplaza a la familia de la víctima a que vengue el crimen (sabia medida, pues así se inicia una interminable cadena de crímenes y obligaciones de sangre entre familias).

Pero vamos a proponer otra tabla, en el que relacionemos la aplicación de la pena de muerte con la población de esas sociedades.

Pantallazo2

El número indica el número de asesinatos legales cometidos por millón de habitantes.

Como vemos, ni la inmensa población iraní o árabe son capaces de diluir la brutalidad de su sistema judicial islámico. E incluso China, con sus descomunal población, logra descender muchos puestos en el ranking de la ignominia (y se teme que las cifras reales sean muy superiores).

Y el título. ¿Por qué he puesto ese título? Paciencia.

La Iglesia Católica se ha mostrado siempre muy tolerante, extremadamente tolerante con la esclavitud, la miseria, la guerra y la pena de muerte, que son las mayores infamias de la humanidad.

La Iglesia sigue basando su doctrina en la obra de Santo Tomás de Aquino, máxima autoridad teológica del cristianismo. Respecto de la pena de muerte, podemos leer en la obra del Aquinate:

Cualquier arte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Por tanto, si fuera necesario para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede infectar a los otros, tal amputación será laudable y saludable. Pues bien, cada persona singular se compara a oda la comunidad como la parte al todo; y por tanto, si un hombre es peligroso para la sociedad y la corrompe por algún pecado, en orden a la conservación del bien común se la quita la vida laudable y saludablemente; pues como afirma San Pablo en 1 Corintios 5, 6 : un poco de levadura corrompe toda la masa.
(Summa Contra Gentiles III 147)

y

Por consiguiente aunque matar al hombre que conserva su dignidad sea en sí malo, sin embargo, matar al hombre pecador puede ser bueno, como matar a una bestia, pues ‘peor es el hombre malo que una bestia y causa más daño’, en frase de Aristóteles

( S. Th. II-II, q. 64, a. 2, ad 3)

y

es lícito matar al malhechor en cuanto se ordena a la salud de toda la sociedad y, por lo tanto, corresponde sólo a aquél a quien esté confiado el cuidado de la comunidad […]. Y el cuidado del bien común está confiado a los príncipes, que tienen pública autoridad y, por consiguiente, solamente a éstos es lícito matar a los malhechores; no lo es a las personas particulares

(S. Th.. II-II, q. 64, a. 3, c)

Que es traladado al Catecismo de la Iglesia Católica (nº2266) como:

La enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte.

El Cardenal Giovanni Pacelli (Pío XII, un buen aliado de Hitler) lo dejó bien claro, en un discurso en Septiembre de 1952:

Esta reservado al Poder Público privar al condenado del bien de la vida en expiación de su delito, después que, por su crimen, el se ha desposeído de su derecho a la vida.

Justificación del asesinato.

Y, para terminar, lo haré con otro cardenal más actual pero no menos nauseabundo, Joseph Ratzinger, que en Junio de 2004 en la reunión de obispos norteamericanos afirmó:

Not all moral issues have the same moral weight as abortion and euthanasia. There may be a legitimate diversity of opinion even among Catholics about waging war and applying the death penalty, but not however with regard to abortion and euthanasia.

Es decir, que considera un asesinato cuando se interrumpe la vida de un zigoto, embrión o feto que, por su ausencia de facultades mentales no se puede decir que sea un ser humano. También considera asesinato cuando los familiares de un enfermo terminal deciden dejar de ensañarse con su cuerpo, toda vez que también ha cesado definitivamente su conciencia.

Pero la misma condena categórica se vuelve tibia indulgencia, intercambio de pareceres, cuando se trata de la pena de muerte. Un embrión o feto es un ser humano, un enfermo que lleva más de 10 años en coma es un ser humano. Sin embargo ¿existen dudas sobre la naturaleza humana de un reo? ¿acaso no es persona? ¿No es una vida humana que merece ser defendida?

Relativismo moral.

Ratzinger, alias Benito XVI, es un puerco; como todo el que defiende o justifica el asesinato. Por los motivos que sean.

Matar es matar.
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Como guinda de un tema tan duro, un tema del insigne Javier Krahe:

La Hoguera

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8 comentarios »

  1. A cor do estado español está mal. Debería ser verde, porque aínda permanece en vigor, na xustiza militar, en tempos de guerra, para determinados crimes.

    Comentario por Fumador — 31 julio 2009 @ 20:10 | Responder

    • Non, que eu saiba foi derogada vai anos a pena de morte, incluso en tempos de guerra.

      O cal é unha parvada, porque a guerra é precisamente a aplicación indiscriminada da pena de morte, é dicir, o asasinato institucional xeneralizado.

      Comentario por Mendigo — 31 julio 2009 @ 20:37 | Responder

  2. Creo que todo lo que podría decir está comentado, quizás añadir otra pena de muerte, la muerte de millones de personas por falta de alimentos, de medicinas y de servicios básicos. Culpables de ello: el mundo y los gobiernos, tanto los suyos como los de las grandes potencias, y como no, los intereses del capital.

    Comentario por Javi — 1 agosto 2009 @ 16:06 | Responder

    • Efectivamente, el hambre, la miseria es el peor de los crímenes, la peor de las guerras. La muerte silenciosa de millones de personas. Personas que, además, sienten vergüenza de su situación y mueren en un rincón, sin fuerzas para reclamar ese trozo de mundo que les pertenece y “las reglas del juego” capitalista les niega.

      Algún día se alzarán en armas todos los desheredados del mundo. Son más y no tienen nada que perder. A ver si sirven nuestras fragatas y aviones de combate para detenerlos…

      Comentario por Mendigo — 1 agosto 2009 @ 20:09 | Responder

  3. No quiero justificar aquí las contradicciones de la Iglesia, pero todo esto se complementa denunciando que la moral cristiana prohíbe el matar, y paradójicamente los hombres, aún habiéndose educado en esa moral, no tienen reparos en matar. No sé qué mandamiento es pero sí me lo sé: No matarás. Y creo que en esa dirección está la doctrina y todas las “declaraciones” tanto del Papa anterior como de este. ¿Que la doctrina cristiana no consigue parar las guerras? No creo que sea culpa de la iglesia, sinceramente. Sería quitarle responsabilidad a los hombres.

    Comentario por Pinciano — 1 agosto 2009 @ 19:41 | Responder

    • Buenas Pinciano!
      No sé por qué dices que la moral cristiana prohíbe matar. Históricamente esto no ha sido así: la Iglesia Católica lejos de condenar la guerra, la ha fomentado, instigado e incluso organizado (desde las cruzadas hasta nuestra Guerra Civil). Y, por supuesto, no sólo no ha puesto ningún reparo en la pena de muerte (que el Vaticano tuvo en su legislación hasta 1965) sino que igualmente la ha promovido con saña (Tribunal del Santo Oficio) o disculpado y justificado moralmente (nuestro castizo garrote vil).

      Sobre los 10 mandamientos hay mucho que hablar. Primero, porque para muchos no son diez, sino diecisiete. La traducción más fiel de la Torah (libro del Éxodo) parece que dice: “No matarás al inocente”. Como no sé hebreo clásico no puedo confirmártelo, pero esto estaría en la línea del resto del libro. Recordarás que Dios entrega las Tablas de la Ley a Moisés, el mismo Moisés que manda plaga sobre plaga al pueblo egipcio hasta asesinar a todos los primogénitos, y luego cierra las aguas del Mar Rojo sobre el ejército del faraón, matando a cientos de personas. Pero los egipcios no eran inocentes, pues eran idólatras, así que no hay óbice en asesinarlos a miles. Como en el resto de la Biblia, en la cual van desgranando crímenes y tropelías del pueblo judío para hacerse con el control de Palestina…hasta hoy.

      Más cosas. Las guerras no sé, pero una postura beligerante de la Conferencia Episcopal Española en contra de la pena de muerte, muy especialmente en los años álgidos de la represión franquista, hubiera supuesto que muechos españoles seguirían hoy con vida. Antes bien, si la Iglesia los años anteriores del golpe hizo una labor de promoción del mismo, durante la guerra de facilización de la victoria de los sublevados (impidiendo que llegara material bélico a la República, mientras que Hitler y Mussolini ponían aquí su esfuerzo bélico), llegado el triunfo la curia no se movió para evitar la masacre indiscriminada, verdadera limpieza racial de subhumanos tal y como lo entendían los mismos sublevados, Iglesia Católica incluida.

      Por último, en modo alguno señalar la responsabilidad de la Iglesia Católica en la justificación y cobertura ideológica (recordemos a Pinochet, siendo bendecido por Wojtila) de la pena de muerte resta responsabilidad a los hombres: porque la Iglesia Católica está compuesta precisamente por hombres y nada más que hombres. También mujeres, pero su opinión no pinta nada pues están para servir.

      Comentario por Mendigo — 1 agosto 2009 @ 20:29 | Responder

  4. Está claro que la alta jerarquía de la Iglesia Católica utiliza y ha utilizado las corrientes políticas para escalar posiciones de influencia política (valga la redundancia). El caso más clamoroso que hemos tenido en España ha sido, obviando la aceptación de un régimen dictatorial que albergaba la pena de muerte (gracias al silencio de buena parte de la sociedad española), la gestación de una banda fascista, racista y terrorista en las iglesias del País Vasco con el fin de obtener un poder político independiente del resto de España (gracias, una vez más, al silencio de buena parte de la sociedad vasca). Que se lo pregunten a Arzallus.

    Comentario por Pinciano — 3 agosto 2009 @ 22:14 | Responder

    • Buenas Pinciano.

      La Iglesia Católica siempre ha utilizado corrientes políticas…conservadoras. Recuerdo la tumba de un obispo decimonónico (¿en Coria?) que según rezaba su esquela fue “martillo de liberales”.

      La relación de la Iglesia Vasca con el nacionalismo vasco también tenía ese signo ultraconservador. Lo que no tengo tan claro es la relación de la Iglesia vasca en su conjunto con la creación de ETA. Es una acusación muy grave y, por lo que sé, injusta.

      Ciertamente, ya sabemos que ETA nació en un seminario y toda esa historia. Pero la Iglesia no tuvo más implicación que, en general, el resto del pueblo vasco. La Iglesia Vasca tiene unas especifidades que no tiene la española, entre otras cosas está muy imbricada en el conjunto de la sociedad, y participaba del sentir colectivo del pueblo vasco (y aquí nos podríamos remitir al carlismo).

      Por ello, que ciertos miembros de la Iglesia Vasca haya pertenecido o facilitado la creación de ETA no es nada extraño, pero no se puede imputar al conjunto de la institución su génesis.

      Un apunte, sólo es una cuestión de precisiones. ETA no es fascista. Esto no es ni mejor ni peor, simplemente es usar el término fascista con propiedad. La ideología de ETA no coincide con la ideología fascista.

      Tampoco es racista, aunque sí tienen un discurso etnicista que puede tener alguna lógica tratando pueblos del neolítico, o tribus no contactadas de la Amazonía, pero es absurdo al referirse a la sociedad vasca actual.

      Terrorista evidentemente sí, aunque es un apelativo que no me gusta, pues sirve para denominar los crímenes de “los malos”. Si son buenos, es decir, están organizados y pertrechados por el Estado, no son terroristas sino soldados.

      Yo prefiero emplear para toda acción de violencia el término “criminal”. Es criminal un atentado de ETA, es criminal cuando un B-52 descarga toneladas de bombas sobre Afganistán.

      El valor absoluto de la vida humana no me permite recurrir a esas componendas y distingos. Hay que condenar todo crimen, toda amenaza contra la vida humana independientemente de quién sea la víctima y quién el verdugo.

      Teniendo esto claro, a partir de ahí, luego cada uno puede pensar lo que quiera.

      Comentario por Mendigo — 4 agosto 2009 @ 14:54 | Responder


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