La mirada del mendigo

12 noviembre 2009

Emisiones

Filed under: ecología,energía — Mendigo @ 12:46

Creo que todos sabéis que el tratado de Kyoto impuso unos límites a las emisiones de CO2 a cada país, y estos países distribuyeron derechos de emisión a cada industria. Por así decirlo, le expidieron un cheque a cada empresa (eléctricas, cementeras…) permitiéndole emitir tantas toneladas de CO2 durante un determinado periodo.

Uno de los mecanismos que permitía Kyoto es el de comprar y vender esos derechos de emisión. Si una empresa piensa que va a emitir más, puede dirigirse a una bolsa y comprar derechos de emisión por la cantidad de toneladas de CO2 que necesita a otra empresa que, por lo que sea, cree que le sobran los derechos que tiene (incorrecta adjudicación por parte de la administración, inversión en tecnologías más eficientes o, simplemente, que la crisis ha obligado a reducir la carga de trabajo en planta).

¿Qué pasó con estos derechos? Bueno, aquí tenéis un gráfico histórico de la cotización de la tonelada de CO2 (más concretamente, del derecho a emitirla) del mercado europeo:

Pantallazo

Nota: el gráfico inferior no muestra el volumen de CO2 emitido, sino el volumen de CO2 negociado (derechos comprados o vendidos) ese día en el mercado.

Nota 2: La línea recta que une el mínimo del 2008 con el de principios del 2009 es irreal, en ese periodo no hubo mercado y, por lo tanto, tampoco cotización. Se refiere a derechos distintos: la primera parte son los derechos de emisión del período 2005-2008 y, la segunda, del 2008-2012 (los que ahora se están negociando).

Como vemos, la tonelada de CO2 llegó a marcar máximos de 30€, pero se desplomó (también en esto hubo burbuja) hasta llegar a costar un céntimo de euro. Es decir, que si tú tenías un euro, podías o pagarte un café, o comprar derechos de emisión por valor de 100 toneladas para tu empresa. Verdaderamente delirante.

¿Las razones? Unos inviernos más suaves que reducen el consumo de energía, el cierre de térmicas de carbón o su transformación en centrales de ciclo combinado (mucho más eficientes), el fin de la burbuja inmobiliaria (especialmente en Irlanda y España) que hace que las cementeras trabajen a medio gas y, por fin, la crisis económica que deprime la industria en su conjunto, hicieron que las empresas no sólo no necesitasen comprar más derechos, sino que todo el mundo veía que le iban a sobrar derechos de emisión en ese período. Lo que a todo el mundo le sobra y no lo necesita nadie para nada está claro cuanto vale: cero.

Ahora las empresas están intercambiando derechos para el próximo período, que acaba en el año 2012. Descuentan una recuperación económica y que, por lo tanto, la demanda energética será mayor, con lo que la tonelada de CO2 cotiza a 13€ (exactamente, a esta hora, a 13,52€ como podemos ver en el gráfico diario).

Bien, ya he soltado el rollo. Ahora me toca contestar a la pregunta que siempre os hacéis: ¿Y a mí qué? Me importa un cojón lo que paguen las industrias, así revienten.

Pues a ti mucho.

No podemos evitar las trágicas consecuencias del cambio climático. Una atmósfera anormalmente enriquecida con las actuales 387ppm de CO2 (datos de Marzo, durante siglos se ha mantenido estable en 285ppm) conlleva inevitablemente un aumento de la temperatura media del planeta, como a estas alturas ya todos sabemos (y los que subimos a la montaña desde hace años hemos podido constatar de forma palmaria). El exceso de CO2 con que hemos desequilibrado al ciclo natural tardará del orden de 1000 años en ser reequilibrado por la Tierra (diluyéndolo en las aguas profundas de los océanos, proceso brutalmente lento).

CO2 atmosférico

No podemos evitar que el cambio climático sea trágico, pero debemos evitar que sea devastador. Y la concentración de CO2 en la atmósfera sube siguiendo una curva exponencial (quemamos hidrocarburos a mucha más velocidad que la Tierra es capaz de “digerir” el CO2 resultante).

Luego, parece de todo punto necesario que cambiemos el modelo energético. Esto significa abandonar la combustión como proceso para obtener energía. Quisiera dejar claro lo que esto supone. Llevamos quemando materia orgánica (madera, excrementos secos, tuétano) desde hace milenios, en que el Homo erectus domesticó el fuego y se sirvió de él para cocinar los alimentos, espantar las fieras, y seguir trabajando después de la puesta de sol. El fuego nos permitió ser lo que somos, al mejorar nuestra dieta, permitir la conservación de los alimentos, y gastar menos energía en la digestión que cuando nos alimentábamos de alimentos crudos. Nuestro cerebro sufrió a partir de entonces un meteórico crecimiento (tenemos un índice de encefalización cientos de veces superior al de otros mamíferos). En esas noches en que el clan se juntaba en torno al fuego, los erectus empezaron a transmitir conocimientos, vivencias, recuerdos, mitos y esperanzas. Nacía, en torno a una fogata, la cultura y, con ella, la Humanidad.

…y así…hasta hoy.

Hemos llegado a un momento histórico en el que no podemos seguir quemando cosas para obtener energía. Vivimos tiempos verdaderamente excepcionales, este cambio de modelo energético vendrá en los libros escolares de historia durante muchos siglos.

Vale, que sí, que muy bien. Pero…¿qué demonios tiene que ver el erectus, con el cambio climático y con la cotización de la tonelada de CO2?

Es evidente. Obtener energía quemando combustibles fósiles (en el motor de nuestros coches o en la caldera de una central térmica) es barato, aún demasiado barato. Si queremos darle una oportunidad a las otras alternativas, debe imputarse a la combustión (o mejor, a los combustibles destinados a ella) el daño que provocan esas emisiones debido al cambio climático. Es decir, la tonelada de CO2 emitido debiera tener un coste tal que disuadiera del empleo de tecnologías de combustión en favor de otras alternativas energéticas.

El valor exacto difiere mucho según los autores y según qué energía tratemos de equilibrar, pero podemos decir que entorno a unos 100$-200$ la tonelada de CO2 empezaría a ser más rentable la energía eólica que las viejas centrales de carbón. La energía nuclear (cuya huella de CO2 es incluso menor a la de la energía fotovoltaica) ya puede competir en costes con ventaja con las viejas centrales térmicas, pero no con las mucho más eficientes de ciclo combinado. Por último, la energía fotovoltaica sólo sería rentable a partir de 500$ la tonelada de CO2, y sólo en desiertos y empleando concentradores solares.

Pero no nos engañemos, al final esta factura la tendría que pagar el consumidor, pues la generación del KWh de energía y de los productos de la industria se verían encarecidos. No vengamos luego con demagogias de que cómo es que sube el gobierno la factura de la luz. El coste de la energía eléctrica en España está anormalmente bajo (gracias al invento de Rato del déficit de tarifa) y, si queremos producir energía eléctrica sin emitir CO2, eso ha de llevar un coste añadido.

Es más, esa tasa por CO2 emitido debería ser introducida en los hidrocarburos, para desincentivar un transporte de mercancías por carretera altamente ineficiente en favor del ferrocarril y, por fin, electrificar el parque móvil de vehículos privados (para lo cual necesitamos duplicar nuestra capacidad de generación, a pesar de prescindir de las plantas térmicas).

No se debería hurtar el debate a la ciudadanía, que decida qué quiere hacer con su futuro. Y este debate debe realizarse exponiendo todos los datos. Es urgente, es necesario dejar de emitir más CO2, pero no es ni fácil ni barato. No hay milagros tecnológicos: hay que reducir el consumo de energías primarias a menos de la mitad y, aún así, hay que instalar una fabulosa capacidad de generación de energía eléctrica (nuclear, hidroeléctrica y eólica, principalmente), para cubrir la demanda actual, suplir la producción de las centrales térmicas actualmente en funcionamiento, y hacer frente a la electrificación del transporte y la calefacción de viviendas y oficinas (bombas de calor de nueva generación, de alto rendimiento).

Habremos de elegir. Lo que es imposible es querer evitar cambios climáticos catastróficos (es decir, eliminar casi por completo las emisiones de CO2), y al mismo tiempo pretender que el kWh siga costando 11¢. No se pueden mandar a la historia las gasolineras y las calderas de calefacción, si no asumimos que nuestras montañas y costas van a llenarse de aerogeneradores y necesitamos multiplicar por veinte nuestra capacidad nuclear instalada (de la hidroeléctrica no hay mucho más donde rascar, al menos en España, y también sus consecuencias sobre el medio natural y humano son tremendas).

Una sociedad madura debería tomar una decisión asumiendo las consecuencias de esta. El agua calentita pero no queme, que es la pataleta habitual en temas energéticos, es pueril. La magia no existe más que en los cuentos, o nos quedamos con lo que tenemos y precipitamos el mundo al abismo, o emprendemos un cambio brutal de modelo energético que no va a ser ni mucho menos barato en términos económicos ni ecológicos.

No hay opción buena pero sí la hay peor.

11 comentarios »

  1. Esto es como la pescadilla que se muerde la cola,de esto si somos culpables todos,me explico,me imagino que a todos nos importa el cambio climatico pero cuando hace frio en vez de ponerte una manta subes la calefacion,utilizamos poco o nada el transporte publico (aki me incluyo)si hace calor aire acondicionado.
    No es cosa solo de las empresas es cosa de TODOS,deveriamos reducir el consumo energetico industrial y particular o sea una revolucion consumista.Esta claro que el cambio climatico esta hay y creo que tal como somos llegara antes de lo que creemos,bueno con lo del impacto sobre el medio natural es uno de los precios a pagar por que de esta no nos salva ni dios,no gusta ver cuando caminas por el monte esas torres gigantescas pero no queda mas remedio (si Don Quijote levantara la cabeza estaria en su salsa)si lo que pretendemos es energia limpia hay que ponerse las pilas ya.Greenpace hace tiempo que lo esta diciendo(hay un documental que lo resume de puta madre)y mientras tanto todos hacemos oidos sordos (rectifico casi todos).

    Comentario por miguel — 12 noviembre 2009 @ 14:09 | Responder

    • Nas Miguel!

      Ciertamente, el esfuerzo tendrá que venir de todos, en especial de los que más energía consumimos (los ciudadanos de los países ricos). Y se consume energía de muchas formas. Por ejemplo en la calefacción (si tienes frío, aislas bien la casa, en vez de subir la calefacción, por ejemplo). Pero también se consume energía comprando cosas, desde una botella de agua hasta un televisor. Todo ello, para estar disponible en el mostrador de la tienda, ha tenido que consumir una cierta cantidad de energía (extracción, proceso, embalaje, transporte…).

      Lo de los aerogeneradores, por ejemplo. Muy bonitos no son, y por supuesto que mejor estaba el campo sin ellos. Pero si hay que aguantarlos, sea, pero que al menos se haga bien, intentando minimizar el impacto (no como ahora, que es un negociete de las autonomías que dan a sus amiguitos del alma, los cuales revenden a terceros sus derechos).

      Con la nuclear para qué hablar. A mí no me salen las cuentas si no se emplea, simplemente. Ahora, con un CSN totalmente controlado por partidos políticos y eléctricas, lo que menos cuenta en sus reflexiones es la seguridad. Para tener energía nuclear de forma tan irresponsable, mejor es no tenerla. O Italia vendiendo desechos radioactivos a la mafia para que se deshaga de ellos…tirándolos al mar frente a la costa somalí. ¿Pero a quién se le ocurre permitir a los italianos tener centrales nucleares? Si son italianos, no lo pueden evitar! Si por mi fuera, no les dejaba ni tener carnet de conducir!😛

      En cuanto a los de Greenpeace, he visto tanto dato sesgado en sus publicaciones, que de esa peña ya no me creo nada. Tan pronto satanizan la energía nuclear, tan pronto les da por el viento y dicen que todo con eólica marina (cojonudo, instalar cientos de miles de aerogeneradores en todas las costas no afecta nada a los ecosistemas costeros, nadiña), como les da por los biocombustibles. De verdad creo que mucho “ecolojeta”, lo mejor que podría hacer es callarse. Porque cada idea que da es más dañina que el supuesto daño que intenta evitar.

      Comentario por Mendigo — 12 noviembre 2009 @ 16:21 | Responder

      • De hay biene el comentario de la pescadilla,les sale mas caro hacer las centrales seguras que dejarlas asi, es lo mismo de siempre,me hago rico y que nos jodan a todos lo preocupante es que ni se dara cuenta que el, por mucha pasta que tenga contra la naturaleza no podra hacer mucho,lo de la calefacion es lo que decia yo te pones un jersey y ya esta es lo mismo o parecido,lo de italia,no hace falta irse tan lejos solo hay que hechar un vistazo en nuestra casa ¿donde enterramos nuestros residuos?debajo de un puñado de tierra,la tierra no es capaz de absorber tanta mierda en un corto plazo,si hechamos un vistazo a los montes me preocupa mas los escombros vertidos conscientemente que las torres,(que el daño visual tambien es importante)lo de Greenpeace cada uno lo ve de una manera diferente,es cierto que no es lo mismo que hace años pero reconozco que tienen cojones(los que se arriesgan,los que creen)no hablo de los que ahora estan forrandose desde sus casas)
        Y negociete amigo mio ya sabes que es absolutamente todo,hasta la muerte.

        Comentario por miguel — 12 noviembre 2009 @ 16:58 | Responder

        • No, si yo no digo que los de Greenpeace les falten huevos. Lo que les falta es inteligencia, en muchas de sus propuestas.

          Están llenos de prejuicios. Lo natural= bueno, lo artificial, y sobre todo lo radioactivo=malo.

          Y la cagaron con los biocombustibles, que están haciendo un daño inmenso en las selvas húmedas de sudamérica y el sudeste asiático.

          Comentario por Mendigo — 12 noviembre 2009 @ 21:29 | Responder

  2. Está claro que todo viene del exceso. Las sociedades excesivas. Las occidentales lo son mucho más, y son las que más se tendrían que moderar.

    Es cierto que en casa se hay que controlar (algunos ya lo hemos hecho un poco siempre, la verdad), pero en las empresas ni te cuento. La energía (en todas sus formas) que se desperdicia no es normal.

    Luego, evidentemente, soy un tío raro porque apago las luces que los demás van dejando encendidas innecesariamente… ¡En casa de los demás!

    Comentario por wenmusic — 12 noviembre 2009 @ 21:36 | Responder

    • Jajaja. Sí, a mi también me pasa. Por un lado me da mal rollo, porque al fin y al cabo es la casa del otro. Pero si salgo de una habitación dejándolo todo encendido me siento incómodo. O con el frigo…que a veces suelto un “joder, coge lo que quieras y ciérralo de una puta vez”. Y claro, en casa ajena…😄

      Aunque eso de que son las sociedades occidentales las que más gastan…un ciudadano de los Emiratos Árabes consume casi el doble de energía que un gringo, y el gringo casi el doble que nosotros.

      Comentario por Mendigo — 12 noviembre 2009 @ 22:17 | Responder

  3. Estaba ahora leyendo el periódico:
    Científicos alertan de la biopiratería en los mares
    Las empresas patentan genes y compuestos marinos extraídos en aguas de otros países.

    No sabría si ponerle el tag de “ecología” o el de “cultura libre”.

    Comentario por Mendigo — 12 noviembre 2009 @ 23:19 | Responder

    • ¿cómo rábanos pretenden patentar genes y compuestos extraidos de seres vivos “naturales”? ¿es que acaso los inventó el que los descubrió? Yo si invento algo lo patento. Pero si sólo me tropiezo con algo eso no me da derecho de exclusividad, pienso yo.

      Comentario por marcostonhin — 14 noviembre 2009 @ 1:19 | Responder

      • Mi perplejidad es pareja a la tuya.

        Yo cada vez entiendo menos.

        Comentario por Mendigo — 14 noviembre 2009 @ 12:58 | Responder

  4. Con lo de que tenemos que elegir me recordaste algunos absurdos, no los de las compañías que ya los conocemos todos (aunque hagamos como si nada) sino los de los ecologistas “de moda” que se pasaron años protestando y exigiendo la instalación de generadores eólicos, y ahora están siempre protestando porque los generadores eólicos alteran el paisaje y son un peligro para las aves.

    Tenemos que elegir, eso está claro. No podemos pretender que la electricidad que carga la batería de nuestro fabuloso móvil o la energía que mueve nuestro coche salga de un enchufe limpio y ecológico: no, sale de una central de generación eléctrica que, sea del tipo que sea, siempre tendrá un coste a corto y largo plazo.

    Por mucho que le pese a mi bolsillo, soy de la opinión de que la solución pasa por multiplicar el precio del kw y del litro de combustible. Es la única forma de que la gente empiece a ahorrar energía por mucha conciencia social que se pretenda.

    Comentario por marcostonhin — 14 noviembre 2009 @ 1:16 | Responder

    • Pues no podemos estar más de acuerdo: todo tiene un precio, y si queremos salvar al planeta tenemos que asumir un esfuerzo (de contención de nuestro despilfarro energético, pero también económico).

      Pero el político que diga esto no gana las siguientes elecciones. Este no, que nos quiere subir el recibo de la luz. Es lo que tiene vivir en una sociedad infantil e ignorante.

      Comentario por Mendigo — 14 noviembre 2009 @ 13:00 | Responder


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