La mirada del mendigo

22 julio 2010

El carbón

Filed under: energía — Mendigo @ 19:19

El carbón mineral es el menos glamuroso de los combustibles fósiles. Conocido desde antaño y muy empleado desde la Revolución Industrial para alimentar las primeras máquinas de vapor, lleva unos años en regresión en el mundo rico por su potencialidad contaminante. Sin embargo, la imperiosa necesidad de China de generar energía eléctrica ha compensado esta tendencia con creces. La nuevas tecnologías de combustión del carbón prometen darle una segunda vida.

El carbón es, de los combustibles fósiles, el que menos energía aporta al quemarlo por unidad de masa. La magnitud que mide esta relación, se llama Poder Calorífico (superior, si existe condensación del vapor de agua antes de salir del sistema).
Metano (Gas Natural) – 55,5 kJ/kg
Propano (GLP) – 50,35
Gasolina – 47,3
Gasóleo – 44,8
Antracita – 27
Lignito – 15

Como consecuencia de ello, es el que más CO2 emite para obtener en su combustión una misma cantidad de energía.
Metano – 50 g CO2/MJ
Propano – 60
Gasolina – 67
Fuel Oil – 69
Madera – 83
Carbón bituminoso – 88
Lignito – 92
Coque de petróleo – 96
Antracita – 99

Esto nos lleva a los tipos de carbón. En resumidas cuentas, existen carbones de diferente rango, según lo avanzado que esté en ellos el proceso de carbonización. Desde la turba, que no es propiamente un carbón, producto de la transformación anaerobia de la madera en ciertas condiciones (en turberas, humedales de aguas ácidas y frías, que impiden la descomposición), hasta la antracita, que está compuesta casi completamente de carbono, es un carbón en el cual se ha dado de forma completa el proceso de carbonización.

Según progresa dicho proceso, el carbón va perdiendo humedad y volátiles, y quedando sólo una estructura, cada vez más compacta, de carbono puro. Desde la turba, usada en países pobres como recurso energético barato pero muy contaminante, pasa a lignito pardo, lignito negro, carbón bituminoso (uno de cuyos tipos es la hulla) y antracita.

El carbón contiene, además de carbono fijo, otros minerales que, al quemar, quedarán en el cenicero del quemador, formando las escorias. No sería un problema grave si no fuera porque se producen miles de toneladas de cenizas en la combustión del carbón, que no se sabe muy bien qué hacer con ellas (generalmente, se envían a las cementeras).

Pero el mayor problema ecológico de la combustión del carbón son, sin duda, las emisiones a la atmósfera. Por la chimenea de una central térmica se escapan inquemados (partículas muy finas de carbón que no han terminado de arder en la caldera) y cenizas de variada composición (según fuera la composición del carbón que se esté quemando) que también causan una variada panoplia de enfermedades cuando entran en nuestros pulmones. Como nota curiosa, se estima que una central térmica de carbón emite más elementos radioactioactivos al medio que una central nuclear, debido a que el carbón puede contener en pequeñísimas proporciones uranio o torio. Para evitar que estas cenizas se escapen por la chimenea se emplean métodos como los ciclones o precipitadores electrostáticos.

Hasta aquí los contaminantes sólidos, pero los dos mayores tóxicos que emite la combustión del carbón, además del inevitable CO2, son los óxidos de nitrógeno (N2O principalmente) y de azufre (SO2).

Hay carbones con más o menos azufre en su composición, y en principio es bueno porque aumenta su poder calorífico (el azufre es combustible). Pero el azufre reacciona con el aire y escapa en forma de SO2 que, en contacto con el vapor de agua de la atmósfera, forma el H2SO4 es decir, ácido sulfúrico. Al volver a tierra con las precipitaciones causa la desfoliación de las plantas, la acidificación de los acuíferos, de los ríos y del suelo, provocando la destrucción completa del entorno (incluso del entorno urbano, pues la lluvia ácida corroe los edificios, los monumentos…). Para evitar estas emisiones, se procuran evitar carbones con alto contenido en azufre, la cuestión es que estos carbones son más caros.

Aún peor es el problema de los óxidos de nitrógeno, ya que el nitrógeno no sólo es parte constituyente del carbón, sino también del aire con el que se quema (tres cuartas partes del aire que respiramos). Para evitar la disociación del N2 atmosférico (y, por lo tanto, su oxidación como NOx) se procura que la temperatura de llama no supere los 1000ºC. Sin embargo, esto supone una pérdida de rendimiento del sistema. Además, esto no impide que se formen los óxidos de nitrógeno a partir del combustible. Estos óxidos, al combinarse con el vapor de agua, forman compuestos tan peligrosos como el ácido nítrico (H2NO3). Otro ingrediente más para la lluvia ácida. En todo caso, el mayor productor de NOx no son las centrales térmicas sino los motores (especialmente los de ciclo Diesel, por tener mayores temperaturas en la cámara de combustión, para eso mismo se usa la famosa válvula EGR que se jode cada poco, para bajar la temperatura en la cámara haciendo recircular los gases de escape, a la vez que creamos una atmósfera menos rica en oxígeno).

La forma de reducir la emisión de estos gases es inyectando en la llama compuestos como la cal, la caliza o dolomita, que reaccionen con el azufre y precipiten, extrayéndolos por el cenicero. El control de los NOx es más difícil y, sobre todo, más caro, empleando disoluciones de sulfito de sodio o de amonio.

La tecnología de combustión del carbón ha ido progresando, para obtener mayores rendimientos (y, por lo tanto, menores emisiones de CO2 por unidad de energía generada).
En principio, se quemaban grandes trozos de carbón en parrillas. Luego, con el objeto de aumentar la superficie de contacto con el aire, y por lo tanto que la reacción fuera más rápida y violenta, generando más calor, se pasó a introducir el carbón finamente pulverizado en quemadores, que aseguran un íntimo contacto con el aire.

Para aumentar aún más el rendimiento, se están desarrollando plantas que emplean el concepto de lecho fluido, manteniéndose las partículas de carbón en suspensión mediante una corriente de aire vertical ascendente. En estas condiciones, el carbón se comporta como un fluido, y no como un sólido. Se está investigando la posibilidad de presurizar el sistema, aumentando la presión y haciendo que los gases de escape muevan una turbina de gas, manteniendo el intercambiador de calor para la turbina de vapor. Esto es, estaríamos ante un ciclo combinado de carbón, con un rendimiento sensiblemente mayor (obtenemos dos salidas de potencia).

Otra forma, mucho más compleja, de operar un ciclo combinado usando carbón como combustible es mediante la gasificación del carbón. El carbón se descompone en un gas combustible, en un proceso que precisa de mucha energía y que libera una gran cantidad de CO2. El gas obtenido obtiene buenos rendimientos en el ciclo combinado, pero no sé hasta qué punto el rendimiento global de la instalación compensará (económica y ecológicamente).

Pero la problemática del carbón no empieza cuando arde, sino mucho antes, en las entrañas de la tierra. No sólo se trata del enorme daño ecológico que hacen las explotaciones de carbón a cielo abierto, grandes abismos de kilómetros de diámetro y cientos de metros de profundidad. Para explotar esta fuente de energía se precisan de personas que desciendan a las minas a extraerlo. La enorme voracidad con la que los hornos de las centrales e industrias lo queman exige que sea un ejército de mineros el que se juega la vida cada día en todo el mundo para seguir asegurando el suministro regular de carbón. Y esto comporta muchos muertos. Sólo en China, con su desmedida necesidad de energía y sus paupérrimas condiciones laborales, murieron el año pasado 2.631 mineros. Un impuesto en sangre que paga China por alcanzar el honor de ser “la fábrica del mundo”, donde se fabrica buena parte de todo lo que, gustosamente, consumimos.

Con este tema, pasa lo mismo que en el sector del transporte. Aunque las estadísticas dicen que es el avión el medio de locomoción más seguro, mucha gente sigue teniendo miedo al avión. En el tema de la energía, el coco es la energía nuclear, que no es ni mucho menos una panacea y tiene graves inconvenientes, pero que según muestran los datos históricos, no merece ni mucho menos la idea de energía peligrosa a la que se le suele asociar. Si ponemos en relación la energía producida con el número de muertes asociadas al uso de esa energía (desde la minería, la construcción de las instalaciones y la contaminación), la energía nuclear es la más segura.

Con mucho, la que más muertes causa es el carbón. Y eso, sin que se haya determinado cuantitativamente la relación entre la contaminación y las muertes prematuras que provoca. Otra de las energías más cruentas, y que tampoco es percibida como tal por el público, es la hidroeléctrica. La posibilidad de la rotura de una gran presa causaría una tragedia apocalíptica, arrasando con todas las localidades ribereñas que la ola encontrase a su paso. Es una posibilidad remota pero no despreciable: en España ya han colapsado dos pequeñas presas (que yo recuerde), la de Vega de Tera y la de Tous, arrastrando las aguas la vida de 144 y 30 personas, respectivamente.

La minería del carbón en España ha dejado miles de viudas en un siglo largo de historia. Las presas han inundado valles, asesinado ríos, desplazado lugareños. Las térmicas siguen contaminando nuestro aire (muchísimos menos, con las nuevas tecnologías para la depuración de gases que se han ido adoptando desde los años 80). Pero es la energía nuclear la que carga con el estigma popular de peligrosa y contaminante, por mucho que su impacto en el medio natural sea muy reducido (cualquier otra fuente agrede más al medio para producir una misma cantidad de energía), y las muertes asociadas a su uso sean limitadas (directas, los 31 trabajadores y bomberos de Chernóbil, más varios miles que han desarrollado o desarrollarán a lo largo de su vida enfermedades por la exposición a la radiación).

Lo dejo, porque va a parecer que estoy a favor de la energía nuclear, cuando lo cierto es que estoy en contra de TODAS. Donde unos ven energías “buenas” y energías “malas”, yo sólo veo destrucción de nuestro medio, todas diferentes, a cual mayor (y probablemente las más dañinas sean las que la gente tiene por energías “verdes” o “ecológicas”).

Continuo con un repaso del papel del carbón en la actualidad. En el mundo se extraen algo más de 6.400 millones de toneladas de carbón cada año. Carbón que, insistimos, generará en el mejor de los casos otros tantos miles de millones de toneladas de CO2 (más otros cuantos millones de toneladas de gases tóxicos).

Más de la cuarta parte de la energía que consumimos en el mundo, proviene de este sucio mineral. El 60% del carbón producido se emplea para producir electricidad, y el resto se emplea como materia prima y/o combustible en la industria pesada (especialmente las siderurgicas, donde se coquiza el carbón para servir a la producción de acero).

Es una fuente de energía barata, pero muy contaminante. La mala noticia es que, además, es con mucha diferencia el combustible fósil más abundante. Llevamos quemando carbón durante el último siglo y medio, y en el mundo hay reservas para seguir haciéndolo al ritmo actual durante otro siglo y medio más. Las consecuencias para el clima de agotar estas reservas pueden ser catastróficas. Sin embargo, una vez que se acaben el petróleo y el gas, no me cabe duda que los gobiernos se lanzarán a sus minas de carbón (aquellos que aún tengan) para seguir produciendo energía barata.

Por desgracia, además, las mayores reservas de carbón están en manos de la gran superpotencia dominante, una antigua superpotencia nuclear que no quiere dejar de serlo, y de la gran potencia económica emergente: USA, Rusia y China. Y ninguno de los tres aceptará presiones para que, por el bien de toda la Humanidad, no recurran a sus reservas de carbón para disponer de energía cuando los pozos de petróleo y gas de todo el planeta se vayan secando. Es como pedir a un yonki que, en pleno mono, no eche mano del bolsillo donde tiene una papela más de caballo. Como pretender que un hambriento no acuda a su alacena para acabar el último corrusco de pan. No me cabe duda que ese carbón que ahora está bajo tierra acabará ardiendo. Por eso, tristemente, considero el cambio climático como inevitable.

La esperanza: que esos cálculos estén errados, que haya menos reservas de las que se cree y, las que haya, sean más costosas de extraer. En cualquier caso, la inevitable subida de los precios de la energía hará que buena parte del carbón que ahora es sólo un recurso, pase a ser reserva (es decir, económica y técnicamente factible su extracción). Por lo tanto, el desastre está asegurado. A no ser que logremos extirpar la codicia del alma humana. Es decir, que el desastre está asegurado.

Para terminar, podéis echarle un ojo a esta tabla, en la que se ponen en relación las cifras de producción de cada Estado, con las reservas calculadas.

Tanto Rusia como USA tienen carbón para varios siglos (si no incrementan su producción para suplir otras fuentes agotadas o necesidades futuras), pero es curioso que a China no le queda tanto. No porque tenga poco, que es el tercero en reservas, sino porque está extrayendo carbón a un ritmo frenético (in crescendo). Medio siglo puede parecer mucho, pero en términos geoestratégicos no lo es tanto. El consumo chino de carbón hace palidecer incluso al gran depredador de energía, los USA, y es la principal causa de que sea la República Popular el mayor emisor de CO2 del mundo.

La situación es más acuciante para muchos países europeos de gran tradición minera, como Alemania o España. Máxime porque en unos años habremos acabado con el único combustible fósil que nos quedaba, y tendremos que importar también esta fuente de energía, comprometiendo hasta el extremo nuestra soberanía energética.

Sin energía no hay industria, no hay economía y ni tan siquiera hay civilización. Pero somos muchos, las necesidades son grandes y no hay muchas alternativas. Las reservas siguen menguando y el cielo cada vez más envenenado, el tiempo se acaba.

Me cuesta imaginar cómo será el mundo dentro de treinta o cuarenta años, cuando sea un anciano.

No se cómo cambiará, pero no creo que sea para mejor.

24 comentarios »

  1. Mucho veremos cambiar el mundo, pero poco la condición humana.

    Comentario por wenmusic — 22 julio 2010 @ 20:24 | Responder

    • Pues sí, la verdad. Cuando leo algún libro de historia, sea la época que sea, no hago más que encontrarme con hombres y mujeres, perfectamente reconocibles, con sus miserias y mezquindades (y alguna grandeza). En todas las épocas, el mismo reparto, sólo cambia el escenario. Estoy leyendo sobre la antigua Roma, y me parece estar leyendo el periódico.

      Por cierto, que no lo has dicho pero seguro que lo has pensado…vaya coñazo de entrada, ¿eh?😉

      Me asusto yo mismo… XDDDDD

      Comentario por Mendigo — 23 julio 2010 @ 8:07 | Responder

      • No, es algo extensa, pero la verdad es que desconocía un montón de cosas del carbón. La verdad es que en esta serie de artículos energéticos se ve que los que mandan en el mundo “coinciden” con los que tienen más recursos para generar energía.

        Comentario por wenmusic — 23 julio 2010 @ 10:09 | Responder

        • Nooooo. Qué va, qué va, no saques conclusiones prematuras. Que aún quedan por repasar las otras dos Gracias, el petróleo y el gas natural. Más el resto de energías…

          Comentario por Mendigo — 23 julio 2010 @ 10:18 | Responder

      • De coñazo nada. Me parecen de lo más interesante estas entradas sobre la energía que te estás currando. Es un tema que desconozco totalmente y se agradece leerlas junto a los comentarios que van saliendo.

        Comentario por manolox — 23 julio 2010 @ 11:47 | Responder

        • Pues gracias, tronk.

          En principio intento ser imparcial. Luego, intento compensar la idea que tiene la gente de que la fotovoltáica es chachipiruli y que la nuclear es malísima, haciendo ver que ni tanto ni tan calvo.

          Luego, intento comentar cosas que no verás nunca en un tema de energía. Como, por ejemplo, los movimientos que se están haciendo desde hace décadas para asegurarse las grandes potencias el control de las materias primas. Y la energía es la materia prima clave. A esta batalla entre bambalinas se le conoce por el nombre de “El Gran Juego”.

          Comentario por Mendigo — 23 julio 2010 @ 17:32 | Responder

          • Debo confesar que estuve a punto de no leer el artículo porque me pareció, dicho en plata, un coñazo. Pero al final empecé y debo decir que me has dejado impresionado. No se si eres un mar de conocimientos generales o si eres un genio del google, pero lo cierto es que sí hay muchas cosas que desconocía.

            De china no se puede esperar nada, directamente. Siendo un país que se declara comunista (juas), en realidad es el país más capitalista del mundo, pues allí lo que manda es el dinero sobre todas las cosas: sobre la dignidad, sobre la vida, sobre todo.

            Por último, y sin saber qué nos desvelarás sobre el resto de energías, comentar que me dijo un pajarito en una ocasión que se gasta más corriente eléctrica en fabricar una placa fotovoltaica de la que es capaz de producir esa misma placa en toda su vida útil. Para que luego no digan que es todo política. Al final las únicas placas solares que dan rendimiento son las que concentran la energía solar mediante espejos.

            Comentario por marcostonhin — 26 julio 2010 @ 16:09 | Responder

            • Jajaja, sí, sí que es un coñazo. Pero es que no siempre lo necesario es divertido. Y creo que el conocimiento somero de cuestiones energéticas es absolutamente necesario para ejercer una ciudadanía responsable. Me gustaría que, a partir de lo que pongo, os interesarais y buscaseis más información.

              En China, no te creas, sí que está surgiendo cada vez más una conciencia ecologista. Lo que pasa es que, cuando falta pan en el plato (en este caso, arroz), es difícil preocuparse por cuestiones del medio natural (aunque a medio y largo plazo, es lo que va a darte o quitarte ese pan o ese arroz).

              No son conocimientos generales, sino específicos de mi carrera. Para una vez que hablo de los que sé…😉

              Lo de la energía necesaria para fabricar la placa fotovoltaica…según quién te lo diga, y cómo haga las cuentas (en estas cosas hay mucha cifra falseada). Yo, lo que he leído, es que un placa tarda entre 10 y 20 años en producir la energía que ha sido empleada en fabricarla, es decir, en empezar a generar energía neta. Y las placas tienen una vida estimada de 25 años. Así que…

              La concentración solar, con lentes o espejos, se puede usar tanto con solar térmica (el sol calienta un fluido, que luego se expande para realizar trabajo) o con solar fotovoltaica (así sustituimos superficie de placa por espejos/lentes, más baratos por metro cuadrado). El problema de esta última opción es que, al recibir más radiación, la célula fotovoltaica se calienta, bajando el rendimiento. Por ello, hay que idear mecanismos de refrigeración. Vamos, un buen lío.

              Me alegro mucho que te haya interesado, Marcos.😉

              Comentario por Mendigo — 27 julio 2010 @ 8:46 | Responder

  2. El criterio económico y el ecológico no deberían estar tan alejados como lo están actualmente. El problema es el negacionismo de los daños en nuestra economía de elevar los gases nocivos para la salud y para el planeta. Elevar la temperatura global ocasiona un riesgo ambiental y para la salud que las tecnologías actuales de transformación de energía no pagan. Tenemos hablado muchas veces de la cotización del CO2 y que con la crisis se ha desplomado, sin embargo el precio mínimo de la tonelada de CO2 debería ser el precio de captura de ese CO2 ya sea en bosques en zonas deforestadas o por tecnologías de captura y almacenamiento.

    Una política de captura de CO2 pagado por los productores de CO2 (incluido el transporte) sería una gran mejora pero tendría que ser global ya que aunque Europa se ponga las pilas el CO2 no conoce de fronteras.

    He leído una idea creciente de que las centrales térmicas de metano en pocos años serán más caras en pool que la eólica con prima de producción (4,6 $/millón BTU a un futuro de 8$/millón BTU). Creo que ahí va a estar lo importante del criterio económico.

    Es posible que me este adelantando y que lo fueses a publicar en tu próximo articulo pero sino te doy un posible machaque literario😉

    Sabemos que el Mega vatio eólico en instalación ronda el millón de € y que luego sólo quedan los gastos de mantenimiento de la instalación durante los 25 años de explotación de la instalación. Sería super interesante saber en cada tecnología el coste por MW de la instalación más los euros que supone cada combustible por MWh a precio actual y en que momento ese combustible supera los 76€/MWh de la eólica en costo de producción. Esto te lo expongo porque se esta hablando en ciertos artículos de “opinión” que las térmicas en 8-10 años superen en gasto productivo a la eólica. El criterio económico es el que queda por tumbar porque en el caso de las térmicas a día de hoy prefiero casi lo que sea.

    Comentario por kike — 24 julio 2010 @ 11:41 | Responder

    • Totalmente de acuerdo. La cuestión es internalizar todos los costes, también los medioambientales, en cada tecnología de generación. Es decir, si tu central produce unos resíduos radioactivos la ostia de peligrosos, tienes que pagar su gestión. Ahora mismo están pagando 65 años a ENRESA, la cuestión es que 65 años para ciertos isótopos de semiperiodo largo es NADA. Así que habría que calcular qué hacer con ellos pasados esos 65 años (que son necesarios para el decaimiento de los isótopos de ciclo corto). Los costes de un repositorio profundo, o los presumibles costos de un reprocesado y transmutación. Pero claro, eso es jugar a las adivinanzas.

      Igualmente, las emisiones de CO2 (pero también de SO2 y N2O) debieran tener una tasa fija, y no la necedad esa de que cotice en bolsa (por un euro, puedes comprar el derecho de emitir una tonelada de CO2). Esta tasa debería incluir, como dices, los costes del daño que provocan esas emisiones (calentamiento global, lluvia ácida). Pero de nuevo, este cálculo es muy difícil, pues es especular con consecuencias futuras.

      Pero de igual forma, las hidroeléctricas deberían compensarnos por el daño causado a nuestros ríos, por la inundación de los valles, por el riesgo que corremos si una estructura se rompe (por lo que sea, terremoto, ataque con explosivos o el simpel deterioro de la estructura).

      Las eólicas deberían pagar el daño que causan a los montes donde se ubican. Como decía Santi, las repercusiones son variadas, tanto para la fauna (colisiones con aves, stress por el ruido), la flora (debe mantenerse despoblada de árboles para que el viento no pierda velocidad) o el suelo (facilita la erosión). Es una merma de los espacios públicos que son aprovechados para un uso privado (producir energía para lucro propio), provándonos de su disfrute como espacios naturales.

      Lo mismo reza para las solares, cuando éstas se instalen sobre el terreno (sobre tejados de edificios u otras superficies urbanizadas no hay ningún problema). Un campo de heliostatos supone varias hectáreas de terreno destruidas para producir, total, una birria de energía.

      Los embalses de marea alteran de forma grave el equilibrio de los ecosistemas costeros. Al quemar biomasa estamos empobreciendo paulatinamente los suelos y favoreciendo su erosión al dejarlos desprotegidos de su cobertura vegetal…

      Todas estas agresiones dañan el medio natural, que es de todos, para que unos pocos (las grandes eléctricas, los empresarios-mafiosos de la fotovoltáica o la eólica) obtengan beneficios. Esta agresión debe ser compensada, incluyendo en sus costes un impuesto de generación, para compensar el daño que hacen al medio, en la medida que este daño se produzca.

      La cuestión es que esto encarecería enormemente el recibo de la electricidad (los costes serían repercutidos en la factura, como es lógico). Y, quizá, el resultado para algunas energías “verdes” sería, en contra de lo que el común de la gente cree, que las haría definitivamente inviables.

      +++++++

      En cuanto al futuro coste del CO2…eso depende de cuestiones políticas, así que me declaro incapaz de adivinarlo. Pero evidentemente sí, si sube lo suficiente, podría ser más barato producir un kWh con eólica que con térmica convencional e, incluso, con ciclo combinado (si a eso le sumas una futura y más que probable subida del precio del gas natural, acabas de matar plantas que de puro nuevas aún tienen la etiqueta).

      Comentario por Mendigo — 24 julio 2010 @ 14:40 | Responder

      • Ese dinero no tendría que ser vía impuestos que también es una forma sino como obligación en inversión en proyectos beneficiosos para el medio ambiente que limitasen los daños causados por nuestra generación en el planeta. Si la factura energética sube muchas tecnologías que ahora no dan beneficios serían viables económicamente. Creo que se podría crear mucho empleo salvando al mundo en vez de destruirlo.

        De oídas vi en un recorte del país que el MWh costaba 18€ en las hidroeléctricas, 21 en las nucleares pero no decían nada del precio en las térmicas y para mi es muy importante saber el coste real de estas con el carbón y el metano en precio actual y con subidas fuertes al verse reducido el aporte del petroleo en el planeta. Cuando el petroleo toco los 147$ el biodiesel era viable económicamente (que no ambiental).

        Comentario por kike — 24 julio 2010 @ 16:25 | Responder

        • Pues eso, un impuesto. Que luego se dedique a una cosa u otra, pero es un impuesto o tasa a las eléctricas por jodernos la tierra. Que busquen la forma de joderla menos, o que escojan la que menos dañe, y el impuesto será menor.

          Lo del recorte del país, lo puedes coger con pinzas. El kWh a las hidros les sale prácticamente gratis. La infraestructura se amortizó hace décadas y ya ha salido de balance. Los gastos de mantenimiento son mínimos, no tienen que pagar por el “combustible”…

          No puede ni compararse en costes a las nucleares que…bueno, también llevan años amortizadas, pero no tantos, ya que son muy muy caras. Pero es que las nucleares sí que tienen que pagar un mantenimiento y operación muy muy costosos porque precisan de personal muy cualificado, el combustible, que sólo representa el 10% del coste de generación, pero le llega…

          Por cierto, también es un poco pobre hablar sólo de €/MWh. Porque también se ha de retribuir la confiabilidad y la flexibilidad para darlos. Quiere decir, las nucleares trabajan a piñón fijo, no se pueden desconectar a voluntad. A cambio, dan estabilidad a la red, y forman la base de la generación. Obviamente no se puede retribuir igual los kWh “torpes” de la nuclear a los “ágiles” kWh de la hidroeléctrica, que pueden entrar en la red unos minutos después de que el Centro de Control lo pida (hay que tener cuidado con esos caudales con el golpe de ariete). Los kWh de la eólica son “antojadizos”, pueden venir cuando nadie los necesita, teniendo las demás que hacerles hueco, y luego faltando cuando más falta hacen (en los anticiclones de invierno y verano, con máximas de frío y calor y picos de consumo). No deberían ser retribuidos igual. Los solares también son variables, pero no tan aleatorios, son relativamente predecibles, y aún más las centrales de marea.

          Por eso, que también en la retribución por tecnologías sería justo que no sólo se retribuyese la cantidad de energía, sino la utilidad de esa tecnología para replicar la curva de demanda.

          Tú imagínate que sólo hubiera nucleares, a ver con qué coño cubríamos los picos. O a ver qué hacíamos cuando sobrase electricidad. O que sólo hubiera fotovoltaica: por la noche, a iluminarnos con velas. Y las noches de invierno duran… O que toda fuera eólica. No es sólo cuestión de kWh, sino de tenerlos disponibles cuando los necesitemos, por eso unos kWh deben costar más que otros, porque valen más que otros.

          Comentario por Mendigo — 24 julio 2010 @ 20:18 | Responder

          • En relación con las térmicas de carbón, y la curva de demanda:
            A finales del año pasado comentaba un representante de una compañía que, con la situación de baja carga en la que empiezan a trabajar, habrá que cerrarlas por poco rentables, y si se quiere mantenerlas en reserva para cubrir posibles temporadas de mayor demanda, se plantean pedir una retribución específicamente por disponibilidad.

            Comentario por santi — 26 julio 2010 @ 17:53 | Responder

            • Por pedir…

              Si quieren cerrarlas, que las cierren. Está en su mano. ¿No querían liberalización? Pues que apechuguen.

              De todas formas, eso de cerrarlas es una chorrada. No son rentables porque tienen que amortizar una inversión demasiado grande, y les excede del tiempo que se habían fijado, dando pérdidas en los libros. Pueden venderla. Pero si le echan el cierre, entonces sí que el plazo de amortización será infinito, y todo lo construido será pura pérdida (y los ciclos combinados no son precisamente baratos).

              Comentario por Mendigo — 27 julio 2010 @ 8:52 | Responder

              • Las centrales a que aludía no son los CC, sino las convencionales de carbón, que si están en buena parte amortizadas.

                La verdad, yo conozco una con tres grupos, uno de los cuales (el más viejo y pequeño) ya está definitivamente parado, y los otros dos han funcionado menos de dos meses el año pasado; en esas condiciones, no pueden ser nunca rentables.

                Comentario por santi — 27 julio 2010 @ 17:18 | Responder

                • Ahhh, fale, no te había entendido.

                  Sí, claro, con un 1/6 de carga, puede que no sea rentable operarla, aún sin tener en cuenta las cargas financieras. Pero esas son decisiones de las compañías, que han creado una sobrecapacidad con los ciclos combinados, y ahora preferirán emplearlos más a costa de reducir sus plantas menos rentables. Hicieron sus cuentas con los precios del pool a 7¢, y ahora a 4¢ o menos no les cuadran los números.

                  Comentario por Mendigo — 28 julio 2010 @ 8:23 | Responder

      • “… las emisiones de CO2 (pero también de SO2 y N2O) debieran tener una tasa fija, y no la necedad esa de que cotice en bolsa …”

        Bueno, los “mercados” están ávidos de nuevos productos con los que jugar. Por eso se implantaron con tanta facilidad los derechos de emisión.

        Así es como se fabrica dinero: algo que no valía nada (el derecho a emitir) de pronto se le dió un valor monetario.

        Por supuesto, los que ya emitían no tuvieron que pagar nada, se les regaló una cosa que ahora vale una pasta, y con la que pueden negociar. Hace un tiempo, si cerrabas una fábrica, pues vendías lo que tuviera valor residual (maquinaria, chatarra, etc…); ahora también los derechos de emisión que NO TE COSTARON nada cuando la pusiste.

        E incluso se le dieron derechos a los que no emitían (los paises pobres), con los que pueden negociar. Para qué querían más los “mercados”, otro valor con el que especular.

        Comentario por santi — 26 julio 2010 @ 17:44 | Responder

        • De nuevo, totalmente de acuerdo.

          Habría que reorganizar todo el sistema, para que toda actividad tenga que pagar, no por el exceso de CO2 respecto a lo concedido, sino a partir de la primera tonelada de CO2 que emita. En todo caso, se le puede poner una curva a partir de la cual, según la actividad que realice, el excederse de un límite le resulte cada vez más caro.

          Comentario por Mendigo — 27 julio 2010 @ 8:54 | Responder

  3. Confirmaron que Argentina se medirá con el campeón del Mundo en el Monumental…

    encontre interesante el artículo y lo he añadido al blog noticias argentinas🙂, un abrazo…

    Trackback por Noticias Argentinas — 25 julio 2010 @ 13:13 | Responder

  4. “…Otra forma, mucho más compleja, de operar un ciclo combinado usando carbón como combustible es mediante la gasificación del carbón. El carbón se descompone en un gas combustible, en un proceso que precisa de mucha energía y que libera una gran cantidad de CO2. El gas obtenido obtiene buenos rendimientos en el ciclo combinado, pero no sé hasta qué punto el rendimiento global de la instalación compensará (económica y ecológicamente). …”

    La gasificación es endotérmica, pero el poder calorífico del gas generado (con elevados contenidos de CO y H2) compensa, y la reacción global gasificación-combustión es exotérmica, obviamente.

    Una de las principales ventajas de la gasificación es que permite aprovechar combustibles marginales. Así se pueden utilizar carbones altos en azufre o cenizas en buenas condiciones. El gas generado (parecido al gas de síntesis), que contiene SH2, se puede desulfurar con facilidad para obtener azufre elemental, o para fábricar ácido sulfúrico.

    La térmica de Elcogas en Puertollano quema carbones de muy baja calidad (alto contenido en cenizas) y coque petroquímico (elevado contenido en azufre), con emisiones bajas de partículas y SO2.

    Comentario por santi — 26 julio 2010 @ 18:13 | Responder

    • Muy bien dicho, sí señor.

      Pero, es cierto que compensa? Energéticamente compensa? Es decir, el poder usar el ciclo de gas, compensa la energía consumida en la gasificación? No he visto datos. ¿Cuál es el rendimiento global de Elcogas?

      Supongo que económicamente puede compensar, por lo que dices, desulfurar un gas es mucho más sencillo que un sólido (carbón), por lo que se pueden usar combustibles de baja calidad (así se le da salida a los residuos de la refinería de Puertollano, y al carbón de la zona, que de otra forma no tendrían otra utilidad).

      Comentario por Mendigo — 27 julio 2010 @ 8:59 | Responder

  5. Voy a pasar por vago, posteando sin aportar nunca datos :S

    En este caso, me he molestado un poco más de lo habitual, y he buscado información.

    General de ELCOGAS:
    http://www.elcogas.es/elcogas_body//index.php?option=com_content&task=view&id=57&Itemid=42

    Sobre gasificación (sacada de la anterior), un artículo interesante:
    http://212.170.221.11/elcogas_body/images/IMAGEN/TECNOLOGIAGICC/GICCtecnologialimpiadelcarbon.pdf

    En resumen, el autor (advierto que es parte interesada) dice el gas de síntesis generado en la gasificación contiene el 75% del poder calorífico del carbón original, más un 15% adicional recuperable de calor sensible, lo que lleva al 90% de recuperación de energía. Teniendo en cuenta que este proceso permite alimentar un ciclo combinado, cuyo rendimiento energético es manifiestamente mejor que el de una central térmica clásica, yo diría que si compensa:
    Central convencional: 35-40% rendimiento
    Central gasificación + ciclo combinado: 90%rend. gasificación x 55% rendim. generación = 49,5% rendimiento global.

    De todas formas, da datos concretos de rendimiento bruto y neto de la central de ELCOGAS, 47 y 42% respectivamente.

    Comentario por santi — 27 julio 2010 @ 17:12 | Responder

    • Vago tú? Te debería cubrir a besos! (no lo haré, tranquilo).

      Para alguien que me sigue el rollo… XDDDD

      Conocía los datos de rendimiento de ELCOGAS, y es por lo que me preguntaba si valdría la pena tanto rollo (el gasificador es caro, sobre todo si operas con oxígeno puro, por la unidad de fraccionamiento) para obtener un rendimiento neto del 42%. Con lecho fluido a presión ya estás cerca de esos datos, y si a la salida le añades una turbina no sería difícil acercarse a los 45% (creo recordar un proyecto piloto en USA que tenía por objetivo el 50%).

      Yo creo que el sentido de esta tecnología está en lo que comentabas: poder emplear carbón de mala calidad, y así dar salida al carbón autóctono, reduciendo la necesidad de importación.

      De todas formas, ELCOGAS es una unidad de demostración de potencia media (335MW). Si de verdad es rentable, deberían crearse otras centrales de mayor tamaño y, por ahora, parece que el ejemplo no cunde. Pero vamos, que toda investigación para aumentar el rendimiento, que sea bienvenida. Se logren los objetivos o no.

      Comentario por Mendigo — 28 julio 2010 @ 8:49 | Responder

  6. […] los datos que dimos al principio de la entrada anterior, el metano es el hidrocarburo con mayor poder calorífico (y el combustible, sólo por detrás del […]

    Pingback por El gas natural « La mirada del mendigo — 28 julio 2010 @ 12:32 | Responder


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