La mirada del mendigo

7 octubre 2010

Uno más

Filed under: cousas — Mendigo @ 0:12

Hoy la lobita ha recibido una llamada de teléfono: uno del pueblo, un amigo de la niñez, ha muerto al caer al vacío desde un séptimo mientras instalaba las ventanas de un edificio en O Barco.

No es nada excepcional: más o menos a la misma hora fallecía otro trabajador gallego en Porriño, aplastado bajo una torre de palés que se derrumbó.

El Reino de España no sólo es especial en la tasa de paro; otra de las estadísticas en los que esta mierda de Estado destaca es en siniestralidad laboral.

Su compañera no recibirá una medalla, ni se dispararán salvas, ni será consolada por ningún Borbón, a pesar de haber muerto en acto de servicio. No habrá funerales de Estado ni los diarios abrirán sus portadas con la noticia de su fallecimiento. Es una víctima de segunda categoría, de las que sí pueden ser tolerables, lamentable pero admisible.

Los tertulianos no pontificarán sobre su muerte, pues no es esa clase de mártires la que conviene crear en la opinión pública. Se asume como un fenómeno meteorológico, inevitable, inexorable: para que funcione la maquinaria, habrá que lamentar algunas víctimas atrapadas entre sus dientes.

Ochocientos veintiséis trabajadores muertos (iba a escribir el guarismo, pero me parecía una falta de respeto), sólo el año pasado, y venimos de cifras mucho más altas.

¿Cuántos murieron en Atocha? ¿Cuántos en toda la historia criminal de ETA? Es más mediático y truculento el asesinato machista de una mujer a martillazos pero ¿por qué tal diferencia en el tratamiento de unas y otras muertes? La inmensa cantidad de recursos públicos que son movilizados en la lucha contra un terrorismo independentista, miles de agentes, sin contar con la erosión en los derechos ciudadanos y en la misma democracia que se supone debemos aceptar para luchar contra un fenómeno que no ha causado en la última década más muertes que la siniestralidad laboral en una semana.

¿Por qué es tan disímil el valor de la vida humana según las circunstancias en las que se pierda? Conviene aventar una muerte y pasar de puntillas sobre otras mil.

La culpa de un siniestro laboral la tiene en primer lugar el trabajador, por haber incurrido en un riesgo. Un principio de la Seguridad en el Trabajo es que no existe ningún accidente laboral inevitable, todo accidente laboral es debido a una transgresión de las normas de seguridad. El ambiente de trabajo debe ser seguro para las personas, que deben estar protegidas incluso para una coincidencia de causas fortuitas. Las protecciones y guardas deben ser redundantes. Es evidente que estas normas no se cumplen en casi ningún centro de trabajo, y cualquier despiste o accidente puede acarrear la tragedia. La normativa de Seguridad e Higiene en el Trabajo, QUE ES LEY, se incumple de forma concienzuda y metódica. De nuevo, parece que en este Estado sólo se cumplen las leyes que interesan, mientras que otras son redactadas en la arena del estero, como las iniciales de los enamorados, para que se las lleve la próxima marea.

La culpa de un siniestro, decía, la tienen primero los trabajadores, por la presión que ejercen sobre el que quiere trabajar seguro. Tiene mucho que ver el vano orgullo machista, falsa valentía del que arriesga su vida estúpidamente y luego no se atreve ni sostener la mirada del patrón. Porque no nos engañemos con el cuento del empresario malvado que escatima en medios de protección: la mayoría de las veces son los mismos trabajadores los que rechazan emplearlos.

El primer responsable de preservar su seguridad es el mayor interesado: el trabajador.

Pero la ley (esa que es repetidamente ignorada en los tribunales, dulcificada por unos jueces que jamás se han subido a un andamio) deja bien claro que la responsabilidad mayor es del empresario, último responsable de la empresa, de sus instalaciones y de sus puestos de trabajo. Descontando el terrorismo patronal, criminales que niegan los medios de protección a sus trabajadores para no disminuir la productividad o simplemente para ahorrarse los veinte pavos que cuestan un arnés o unas gafas: también los empresarios bienintencionados son legalmente responsables, pues aunque hubieran puesto a disposición del trabajador los medios para desarrollar la actividad en condiciones de seguridad, si éste los ha rechazado debería haber impedido su entrada al lugar de trabajo. Es más, un trabajador que no sepa utilizar adecuadamente los EPIs y desarrollar su trabajo en seguridad es un trabajador incompetente para ese puesto (por rápido que trabaje!) y no debería ni tan siquiera haber sido contratado.

Por lo tanto, condena durísima para el empresario, para el aparejador, para el capataz o el encargado que, estando a cargo de esa obra, han permitido que se desarrollara con peligro para los trabajadores. No porque con ello se vaya a arreglar la tragedia de hoy, sino para prevenir otras más. Pues si los que tienen la responsabilidad de la obra se hacen también responsables de los que trabajan en ella, pondrán todos los medios para que ésta transcurra en seguridad, por humano y egoísta miedo de pasar media vida en prisión por homicidio culposo.

Pero, por último, la responsabilidad mayor recae sobre el Estado. Si existen decenas de miles de agentes de Tráfico vigilando el cumplimiento del Código de Circulación (otra ley) ¿por qué el Estado renuncia a vigilar el cumplimiento de las leyes que incomodan a la burguesía? Las leyes fiscales, con el fraude, la corrupción y la economía sumergida a niveles de monarquía bananera, son de cumplimiento opcional. Y las otras leyes cuyo cumplimiento es más que casual, anecdótico, es toda la legislación laboral. Papel mojado, por no decir rollo de papel higiénico.
El Estado tiene la obligación de respetar y velar por el cumplimiento de sus leyes, ¡¡¡¡DE TODAS!!!! Cada vez es más raro ver a un conductor sin el cinturón de seguridad, o a un motero sin el casco: el dinero invertido en las campañas de concienciación más la presión policial han introducido este cambio en nuestras costumbres. Sin embargo, es habitual ver trabajando a un obrero sin arnés en el tejado de un edificio (las caídas a diferente altura son la causa principal de muertes, con los accidentes in itinere).

Mientras que el gobierno socialfascista multiplica la contratación de tricornios, siendo el país de Europa, con Italia, que más policías tiene por habitante, verdadero Estado policial a pesar de ser uno de los de menor delincuencia (pese a la alarma y el miedo que propagan los medios); al mismo tiempo deja escuálidas las plantillas de otros dos cuerpos encargados de vigilar la ley: los inspectores de Hacienda y los inspectores de Trabajo. España cuenta con un inspector laboral por cada 23.000 trabajadores (hoy puede que más, no porque haya más inspectores, sino porque hay menos trabajadores). La media de la UE15 es de un inspector por cada 12.000 trabajadores. Y luego, podríamos hablar de la labor que desarrollan estos inspectores, la gran mayoría prefieren no complicarse la vida y pasar por alto las irregularidades, sellando el libro de visitas como otro acto burocrático más, absurdo e inútil como el protocolo de la realeza. Quizá sea que salen de la delegación ya con la correa y el bozal puestos, para que no muerdan, sólo asusten un poquito.

Por lo tanto, para mí, el principal culpable de esos miles de trabajadores muertos es el Estado, que renuncia a su cometido de hacer cumplir las leyes que molestan a los poderosos de la nación: las fiscales (cuando no tejen un ordenamiento jurídico a su conveniencia, como la vergüenza de las SICAV) y las laborales.

Puede anunciar sin rubor en el periódico que oferta un trabajo de 50 horas semanales, no se preocupe, no le va a pasar nada. ¿Arneses en la obra? Los dejamos en la caseta y ya los repartiremos cuando el inspector avise que se va a pasar. Que no se preocupe el señorito, que esto de las leyes sólo sirven para tener bien controlado al populacho. Cuando uno pertenece a una cierta clase, las leyes ya no son frías e inflexibles, de hierro colado; sino que son sutiles, maleables, elásticas, subjetivas, virtuales.

Los que se sientan, hacen la caja.
Los que se arriesgan, van al cajón.

Un trabajador muerto, uno más, a sumar a unas estadísticas oficiales de las que no interesa tratar en los editoriales de los periódicos o en las tertulias radiofónicas.

Mi pesar a su compañera. Mi desprecio por los que siguen tolerando esta sangría.

accidente laboral

28 comentarios »

  1. Persephone – Guardian Angel

    I´m so tired now
    But I cannot fall asleep
    So many thoughts, so many fears
    My eyes are full of tears

    Someone takes my hand
    I think I understand
    I missed you for so long
    What did I do wrong?

    You said you´re my guardian angel
    Always by my side
    How can I go on without you
    Who will hold me tight?

    I had no time to say goodbye
    Left me breaking down and cry
    You suddenly went away
    A child alone afraid all day
    Why did you leave me here alone
    Crying myself to sleep all night long
    Where ever you´ll go, where ever you´ll be
    Promise – never, never without me

    You said you´re my guardian angel
    Always by my side
    How can I go on without you
    Who will hold me tight

    Comentario por Mendigo — 7 octubre 2010 @ 0:30 | Responder

  2. ¿Por qué somos un país tan especial en este sentido? ¿Por qué lideramos las peores estadísticas? No todas, evidentemente, pero sí muchas de las más básicas para declararnos un país avanzado. ¿Es acaso lo que arrastramos del pasado? ¿Algún día evolucionaremos y daremos un paso adelante? Porque dada la actualidad, esto tiene pinta de ir más bien hacia atrás…

    Me cuesta muchísimo ver trazos positivos de cara al futuro en este país…

    Comentario por wenmusic — 7 octubre 2010 @ 11:42 | Responder

    • Ochocientos y picos muertos, son tres muertos al día, todos los días.

      Y lo triste es que es una cifra estupenda, pues veníamos de varios miles de muertos. Pero al haber menos trabajadores, especialmente en la construcción, han bajado las estadísticas de accidentalidad, tanto en valores absolutos como relativos.

      Creo que el fascismo extirpó en los españoles la capacidad de indignarse. Como te comentaba en tu espacio, nos clavan una rebaja en el despido, una rebaja en las pensiones, las cuales se cobrarán más tarde, se empieza a plantear reducir salarios (es decir, que no se actualicen con la inflación) y reducir las prestaciones por desempleo y endurecer su cobro. ¿Qué más? ¿Qué más queda? ¿Qué hace falta para que la gente se levante? Les están robando en sus propias narices, y no reaccionan. Hay un goteo de muertes de trabajadores, pero se sigue viendo natural exponerse uno y otro día al peligro. Y cuando pasa, es un accidente, un desliz, fatalidad, mala suerte.

      Me gustó mucho el cartel que puse abajo, es de la CGT. ¿Cómo que accidente? Si trabajas en un medio peligroso, antes o después acabará tocándote. Es como meter una bala en un tambor de miles de agujeros. Probablemente la primera vez no te pase nada. Pero una y otra vez y al final te levantarás la tapa de los sesos.

      No es tolerable. En España hay muchas cosas que NO son tolerables. La tortura y malos tratos policiales, la corrupción, la economía sumergida, la falta de legitimidad de los representantes públicos.

      Pero el fascismo enseñó a la gente a encogerse de hombros y seguir hacia delante. Extirpó el gen de la que permite al ser humano indignarse, tratar de cambiar las cosas. Nos falta el gen del sentido de la Justicia.

      Comentario por Mendigo — 7 octubre 2010 @ 14:57 | Responder

  3. Como bien dices la primera responsabilidad es del trabajador. Y no nos engañemos porque en ESTE caso la culpa real la tiene, en la mayoría de los casos, el trabajador.

    Todas las empresas cuentan con los medios de protección. TODAS, pues les obliga la ley y en cualquier trabajo donde haya un peligro la empresa tiene que justificar que ha adoptado las medidas oportunas. Pero es a los trabajadores a los que les parece “una mariconada” andar de aquí para allá con los arneses, o ponerse el casco, o… lo que sea. Y claro, si el encargado/patrón/lo que sea les dice algo ya hay malas caras y mala uva, como si les estuviera tratando como niños pequeños (cuando en realidad sí se comportan como niños pequeños).

    Yo esto lo he vivido de primera mano una y otra vez. En nuestra empresa (no, yo no soy el “puto jefe” de toda la empresa ni mucho menos) tenemos absolutamente todos y cada uno de los medios de protección, no sólo los que exige la ley, sino los que puedan hacer falta en cualquier momento. Todos los trabajadores tienen cada uno su casco, sus guantes y sus botas de seguridad. Hay arneses más que de sobras por si tienen que subir a cualquier sitio, y escaleras y andamos perfectamente homologados.

    ¿Cuál es el problema? Muy bien, les hemos dicho una y mil veces que tienen que ponerse el casco. “Pero con el casco no se da trabajado” “pero con el casco no vemos bien” “pero con el casco…. ” mil excusas, y al final tiene cada uno su casco, y todos bien guardaditos en sus correspondiente taquillas. Se supone que son mayores de edad y saben lo que tienen que hacer. Pero no, hay que ser un machito y andar con las seguridades mínimas, que eso da imagen de veterano (en fin).

    ¿Qué hacemos ahora? ¿los mandamos a la calle? ¿tenemos que estar todo el día detrás de ellos como si fueran niños pequeños? ¿tenemos que andar detrás de ellos cada vez que van a una obra o un mantenimiento para vigilarlos? ¿Qué es esto, una guardería?

    Por lo de pronto, y luego de repetirselo una y otra vez, les hemos hecho firmar la lista de los materiales que les hemos entregado. Y aún así, después de mil broncas, miles de malas caras y miles de firmas, el día que a alguien le caiga algo en la cabeza y no lleve casco la culpa la llevaremos nosotros, claro.

    La mejor comparación es: el Estado es responsable de que las carreteras sean seguras, de que todo esté en buen estado, de que comprueben que los coches están bien construidos para asegurar que protejan lo mejor posible a sus ocupantes, y de concienciar, por fin, de los peligros de arriesgarse en la carretera. Ahora bien, si a pesar de ello a uno le da por pasar de todo e ir a 200 por una carretera con curvas y se mata, la culpa será del guardia que no anduvo detrás de él, ¿no?

    Comentario por marcostonhin — 7 octubre 2010 @ 23:27 | Responder

    • Pues sí, es responsable. No de esa muerte en concreto, pero si hay un elevado número de muertes en las carreteras, la responsabilidad es del Estado que no ha sabido vigilar por el cumplimiento de las normas de seguridad en la carretera. Las bajadas de accidentalidad se las apunta la DGT como méritos propios, y de igual forma cuando repunta se la critica como una responsabilidad suya.

      De todas formas, no siempre es tan simple la cuestión. Las carreteras españolas están muy mal mantenidas, como motero te puedo decir que son una trampa mortal. Puedes encontrarte en una curva ciega con barro o arenilla que te hagan salirte de la trazada. Se gastan miles de millones en nuevas autopistas, pero ni un duro en escobones. En cada coche de la Guardia Civil tendrían que llevar un par de escobones para que, al menos, hicieran algo útil para la seguridad vial.

      Pues en el chollo, lo mismo. Es la empresa la responsable del centro de trabajo. Igual que si un niño se da un leñazo en el patio del colegio el responsable es el direntor y el equipo de guardia, o si alguien resbala en un comercio el responsable que deberá indemnizar es su dueño. El empresario es el responsable de que se adopten las medidas de seguridad en la empresa. Lo pone la ley, aunque sé bien que ya los jueces se encargan de dulcificar la píldora, pues pertenecen a la misma clase social que el empresariado, y curiosamente sólo queda conciencia de clase entre los burgueses, que manda carallo.

      Y esto es así, porque se supone que es el empresario el que tiene poder suficiente para obligar a cumplir las normas de seguridad, porque es en última instancia del que depende la decisión de la elección de procesos.

      Más cosas. Dices que TODAS las empresas tienen y hacen usar los EPIs. Demostrarte lo contrario sería fácil, basta con que hubiera una que no lo hiciera, y yo te podría enumerar varios casos (especialmente cuando se trabaja con un inmigrante sin papeles, que entonces ya desaparece cualquier respeto por el trabajador). Si el incumplimiento de la ley es norma o excepción, es algo que podríamos discutir pero, sin un estudio, se trata sólo de una apreciación subjetiva basada en nuestra limitada capacidad de observación.

      Y conste que lo que me relatas que ocurre en tu empresa, me lo puedo creer perfectamente. Es cierto, muchas veces son los mismos trabajadores los que rechazan los EPIs ante la insistencia del encargado. Cierto. La cuestión es que el trabajador español tiene, en general, una cualificación muy baja. No ha recibido una enseñanza formal para aprender a desarrollar ese trabajo, eficazmente y en condiciones de seguridad. Especialmente en la construcción, que es donde más accidentes graves se dan, el aprendizaje ha sido muchas veces en la propia obra, de los compañeros. Esa educación informal no suele tratar temas como los de seguridad en el trabajo, como es lógico. Más bien versa sobre cómo hacer el chollo rápido y escaquear lo más posible. No sabe trabajar en seguridad, tampoco nadie le ha enseñado.

      El trabajador español está mal formado, y ello también es responsabilidad del Estado (y del empresario, que pida esa formación, también esa seguridad, a los trabajadores).

      Por cierto, y ahora tratando de tu empresa. En varios convenios hay un punto por el cual puedes sancionar a un trabajador que no esté trabajando de forma segura (no usa los EPIs, está ebrio…), mandándolo ese día a su casa y descontándoselo de la nómina.

      Puedes (y debes) vigilar porque se trabaja seguro en tu negocio. Tienes la capacidad y el poder suficiente para hacer cumplir las normas en TÚ empresa (¿o es que para escaquear responsabilidades ahora ya no es tuya, sino de todos los trabajadores?). Por lo tanto, la responsabilidad si ocurre un siniestro laboral es también tuya (aunque no te preocupes gran cosa, que en el juzgado ya sabrán excusarte).

      Comentario por Mendigo — 8 octubre 2010 @ 8:37 | Responder

    • Pues yo, que no soy obrero pero tengo cierta relación con el sector, cuando entro en una obra o en una instalación industrial sin casco y botas de seguridad, me encuentro muy a disgusto, como si fuera desnudo (o más todavía).

      Y es que, después de haberte pegado más un golpe en la cabeza (con el casco puesto, eh?) con un trozo de viga o con algo que sobresale de un techo, te planteas lo que hubiera dolido sin casco y lo ves claro. Y piensas ¿y que pasaría si a ese operario que está en el nivel superior se le resbala la llave inglesa de 12″ y me cae a mi en la cabeza? o si piso esos tablones de encofrado llenos de clavos?

      Estoy de acuerdo con que algunos trabajadores rechazan los EPI’s, más que nada por la incomodidad que pueden suponer (y que se debe probablemente a la falta de hábito). Pero también los responsables de la empresa están para obligarles, y tienen medios para ello; si no lo hacen es por dejadez de su responsabilidad.

      Por cierto, en muchas empresas, sobre todo en el ramo de la construcción (en la industria a veces las cosas se hacen un poco más en serio) veo que la principal preocupación de los responsables es tener los papeles “en regla”, aunque luego sean papel mojado. Se tienen Planes de Seguridad (todos calcados unos de otros), farragosos hasta lo ilegible (y por tanto inútiles), pero correctamente firmados y visados; fichas de teórica formación (en realidad, una charleta en el mejor de los casos); el papelín de entrega de EPIS’s firmado por el trabajador (pero luego no se controla que los use), y así sucesivamente.

      Luego, en el extremo opuesto, están los que se pasan, principalmente multinacionales industriales americanas, que tienen normas, prescripciones, medios y dspositivos hasta para abrir un cajón del escritorio, no sea que te pilles (cierta vez, entrando con el coche en una fábrica, casi me la pego porque me distraje con el cartelón ese donde ponen los días que llevan sin accidentes, y no vi una máquina que me salía por un lado; también tiene su gracia)

      De todas maneras, los accidentes son accidentales (je), o sea, inevitables al 100%, y eso tampoco se acaba de comprender.

      Lo que podemos hacer es reducir el riesgo (que es la combinación de la probabilidad de ocurrencia y el daño causado por el episodio accidental) hasta un valor más o menos bajo, pero el riesgo es siempre mayor que cero. Y no es fácil determinar que valor es suficientemente bajo: tengamos en cuenta que la tendencia general es que cuanto menor es el riesgo, mayor es el coste (material o inmaterial) de su reducción, tendiendo a infinito a partir de cierto límite.

      La pregunta es entonces ¿qué coste estamos dispuestos a asumir?

      Por eso, cuando oigo a algún responsable del ramo decir cosas como “el número de muertos en carretera es INTOLERABLE” me río y pregunto:

      ¿y cual sería el número de muertes TOLERABLE?

      La respuesta estandar es “ninguna muerte es tolerable”.

      Y entonces contesto: “pues habrá que prohibir el tráfico, porque mientras haya tráfico habrá alguna muerte”.

      Pues lo mismo vale para los accidentes laborales.

      Comentario por santi — 8 octubre 2010 @ 21:55 | Responder

      • Nas Santi.

        Vas a la raíz de la cuestión. Tú crees que un mínimo nivel de riesgo es inherente en el trabajo. Yo no estoy de acuerdo. El ambiente laboral no tiene por qué ser más peligroso del peligro que puede entrañar estar en el hogar o en cualquier otro sitio (es decir, que haya un terremoto y se hunda la casa, que resbales y te caigas…).

        Sólo te pondría dos excepciones: el transporte y la pesca. En estas dos actividades se puede disminuir muchísimo su peligrosidad pero siempre quedará un riesgo debido a que se desarrollan en un espacio casi infinito que no es posible controlar completamente (el mar, la red de carreteras, el espacio aéreo…).

        Pero el resto de actividades se desarrollan en espacios acotados, en los cuales sí que es posible lograr una peligrosidad prácticamente nula. En estos trabajos, no hay accidentes, hay incumplimientos de la ley por parte del trabajador o del que organiza y planifica el trabajo, que han creado las condiciones para que el siniestro pueda darse. Y esto vale para una industria, una obra o una oficina.

        Un ejemplo cualquiera: las prensas y cizallas industriales tienen, por ley, un mecanismo de doble mando. Para que se desbloquee la prensa y funciona se requiere que el trabajador active simultáneamente, dos interruptores separados. Sólo teniendo sus manos fuera de la prensa, ésta se puede activar, de tal forma que es imposible que la máquina le pueda aplastar el brazo ¡ni aún queriendo! Ahora bien, me han dicho que en algunas empresas ¡los propios trabajadores! han manipulado el mecanismo de seguridad para que baste con la activación de un interruptor, por comodidad y para poder ir más rápido. Y de ahí surge el “accidente”: de la transgresión de una medida de seguridad.

        Hay un caso muy recurrido y que seguro habrás escuchado: cuando se construyó la Ciudad Deportiva de Barcelona, con el coñazo de las olimpiadas, no hubo ni un solo trabajador muerto. Sin embargo, según la estadística, se hubieran podido prever varios “accidentes” mortales. Sin embargo, al felipismo le interesaba dar buena imagen, e hizo especial hincapié en la seguridad, preocupación que las empresas trasladaron a las obras. Y no murió nadie.

        Cuando se quiere, cuando hay voluntad de ello, se puede. Otra cosa es que consideremos admisible un cierto nivel de accidentalidad. Se puede trabajar con un riesgo de accidente falta prácticamente cero, no superior al de cualquier otro ambiente. Puede que sea un poco más caro porque se trabaje un poco más lento, pero es posible.

        Volvemos a lo mismo. En Alemania ves a los trabajadores con el arnés puesto, sobre el tejado de una vivienda unifamiliar. En cambio aquí es usual verlos sin protección en edificios de varias plantas. No es que haya accidentes, es que vas comprando papeletas y, al final, te toca.

        Comentario por Mendigo — 9 octubre 2010 @ 12:07 | Responder

        • No, no, no justifico los accidentes. Lo que digo es que no existe el riesgo 0, en ninguna actividad. Incluso los parados pueden morir en accidente, incluso en tu propia casa. Hay terremotos, o edificios que se hunden por colapso estructural(afortunadamente no es frecuente, pero no imposible), o explosiones de gas, o incendios, o eléctrocuciones, o resbalones en el cuarto de baño, o intoxicaciones alimentarias o con productos de limpieza, o quemaduras en la cocina, o…….

          Todos estos accidentes se pueden evitar hasta un cierto límite, pero no al 100%

          Tampoco creo que la pesca o el transporte sean excepciones, sólo que los riesgos inherentes, son mayores que en la horticultura, por ejemplo. Igual que, en el ocio, no es lo mismo practicar parapente que jugar a la petanca. Pero es una cuestión cuantitativa, no cualitativa: todas las actividades, laborales o no, sin excepción, presentan algún riesgo.

          Llevándolo hasta el cinismo, hay una sentencia irrefutable: “Vivir mata” (y en eso sí que se tiene hasta el día de hoy un 100% de certidumbre).

          Pero vamos, que en el caso de los accidentes laborales, sí estoy de acuerdo en que hay muchos más de los que sería razonable, con cualquier criterio.

          Yo he visto de primera mano eso que cuentas de retirar los sistemas de seguridad en máquinas de mecanizado, por los propios trabajadores a los que les incomodan. Y pensé que eran unos irresponsables, ellos por desactivar los sistemas, y sus jefes por permitirlo. Y también los propios fabricantes e instaladores de las máquinas, que tiene que desarrollar sistemas de seguridad que no estorben a la producción (o sea, que además de seguridad tengan en cuenta aspectos de ergonomía, por ejemplo).

          Y en las obras, es terrible. Claro que llevar un arnés estorba, pero se me ponen los pelos de punta cuando veo a obreros techando un edificio de seis plantas sin ningún tipo de anclaje ni protección (en un pueblo de Orense, hace un par de meses, sin ir más lejos). O el desprecio al riesgo de una excavadora funcionando (mánténgase fuera del alcance de la máquina, dice el letrero, pero también hace muy poco, en una obra urbana, el capataz, el encargado y el jefe de obra estaban de charleta al lado de una retro que excavaba una zanja y pasaba el cazo por encima de ellos para descargar; por supuesto todos sin casco) o caso omiso a pasear por debajo de una grua con cargas supendidas, etc.

          El azar tiene mucho que ver en este aspecto. La gran mayoría de los accidentes se producen por imprudencias. Pero la gran mayoría de las imprudencias no acaban en accidente, no sé porque, quizá porque hay en alguna parte una legión de ángeles de la guarda, o más bien porque para que se produzca el accidente muchas veces hace falta una combinación de circunstancias adversas que al final no se dan con frecuencia. Por ejemplo: para que una máquina golpee a un peon hace falta que el peon se ponga en el recorrido del brazo de la máquina, y además, que que el brazo gire en esa dirección, y además, que el maquinista no mire. Por separado, las tres circunstancias se producen con cierta frecuncia, pero las tres a la vez, ya no es tan frecuente. POr eso en muchas, muchísimas obras, no mueren nadie, ni hay ningún accidente grave. Y no es que tengan mayores niveles de seguridad, es pura casualidad.

          Evidentemente, la probabilidad de que se produzca un accidente disminuye cuantas más medidas de seguridad se apliquen, hasta llegar a niveles muy bajos (de probabilidad). En una obra de gran envergadura, la diferencia estadística puede ser de varios muertos.

          Me han contado casos espeluznantes, por ejemplo, en la construcción de cierta central térmica se produjo una media de un muerto semanal !!! Aquí, evidentemente, las medidas de seguridad que se aplicaban tenían que ser manifiestamente insuficientes.

          Y ya ves, en Barcelona no se produjo ninguno, seguramente porque se aplicaron bien los sistemas y medidas de seguridad, con lo que redujeron el riesgo a un nivel muy bajo, y también porque tuvieron suerte; estadísticamente, podrían haber tenido uno, dos o tres con las mismas medidas de seguridad aplicadas, y hubieran sido igual de eficaces.

          Vamos, que el simil de la lotería que haces al final está bien traido. Mirémoslo asi: cada vez que cometemos una imprudencia estamos comprando una papeleta, y cada medida de seguridad que ponemos incrementa el número total de papeletas del sorteo. Cuanto más números haya, más dificil será acertar, cuantas más compres, mas probabilidad tienes de que te toque esa siniestra lotería.

          Claro que, como en las loterias normales, puedes estar comprando papeletas todos los días de tu vida y que no te toque nunca, y puede que compres una sola vez y sea esa la que te toque.

          Comentario por santi — 9 octubre 2010 @ 17:58 | Responder

          • No, coño, si ya sé que no justificas los accidentes. Te he leído bien, pero creo que tú no me has leído.

            Cuando hablo de reducir la peligrosidad a cero, no me refiero al cero filosófico de ausencia absoluta de riesgo, que es imposible. Me imaginaba que podías ir por ahí y por eso puse que para mí cero sería tener los mismos riesgos que corremos en nuestra vida normal. Que trabajar no suponga más riesgos que cualquier otra actividad.

            Y ese nivel de riesgo yo sí que considero debiera ser el objetivo.

            Comentario por Mendigo — 10 octubre 2010 @ 12:59 | Responder

            • Sí te había leido y entendido, pero todos los días veo gente que no entiende lo que lee, por eso seguí dando la matraca con lo de que el riesgo cero no existe.

              Por eso, juguemos con las palabras lo menos posible; ya hay bastante polisemia, no añadamos más. Si quieres decir “riesgo en el trabajo = riesgo fuera de el” entonces dilo así, o llámalo “incremento de riesgo cero”, que también será acertado, y vale hasta como lema.

              Pero cuando uno comprende que el riesgo cero no existe, pierde significado per se la ocurrencia de una muerte o de un accidente aislado. En todo caso, puede tenerlo si se descubre que ha ocurrido en flagrante infracción de las normas de seguridad.

              Lo que pasa a ser importante en ese caso, son los datos globales, es decir, las tasas de accidentes en una determinada actividad o colectivo (y además, para tener valor estadístico, el conjunto tiene que ser suficientemente grande).

              Comentario por santi — 10 octubre 2010 @ 16:33 | Responder

              • Santi, no seas tan puntilloso, considero que el nivel cero de riesgo está en reducir éste al nivel que en cualquier otra actividad cotidiana. Que la mayoría de la población entiende como nulo, o al menos pequeño y despreciable (como Aznar).

                También te puedes resbalar en casa y desnucarte, o que te caiga un conducto de refrigeración cuando haces la compra en un centro comercial, o que des un paseo por el campo y te caiga encima un rayo, un meteorito, o una aeronave…
                😛

                Comentario por Mendigo — 10 octubre 2010 @ 17:58 | Responder

                • Releyendo lo anterior, y reflexionando un poco, he llegado a la conclusión de que no tienes razón en lo que llamas “riesgo cero”. Las actividades laborales sí tiene riesgos, que pueden ser mayores que los de quedarse en casa.

                  Cada actividad tiene unos riesgos propios, que hay que asumir si uno se dedica a ella. Hay trabajos más arriesgados que otros: no es igual ser dependiente que policía, administrativo que bombero, barrendero que torero.

                  La filosofía de la seguridad tiene que ser otra: reducir el riesgo de cada actividad a unos valores lo más bajos que sea posible sin comprometer la viabilidad de la propia actividad imponiendo costes (materiales o inmateriales) inasumibles. Esto sería el “riesgo tolerable”. Y en caso contrario,incluso prohibir ciertas actividades cuyo riesgo sea imposible de reducir a niveles que consideremos razonables.

                  De acuerdo con esta filosofía, lo que se requiere es identificar y valorar los riesgos y aplicar medidas correctoras que los reduzcan y que sean de aplicación viable (no vale, por ejemplo, reducir la velocidad máxima del tráfico a 5 km/h, por más que eso reduzca muchíiiiiisimo el riesgo de accidente para los taxistas).

                  ¿Quiere decir eso que hay que admitir 3 muertos semanales en la construcción?. Por supuesto que no, porque hay medidas de seguridad viables que pueden reducir esa cifra uno o quizá dos órdenes de magnitud: la prueba es que las estadísticas en otros paises son considerablemente mejores.

                  Por cierto, el dato en si no significa mucho si no se pone en relación con la intensidad de la actividad: lo que importa de verdad son las ratios, las tasas de accidentes por número de horas trabajadas, por ejemplo, o por número de viviendas construidas, u otras que puedan ser significativas. Igual que no dice mucho el número de accidentes en carretera sin tener en cuenta el número de desplazamientos, o de kilómetros recorridos (error harto frecuente que distorsiona la percepción de la evolución de la accidentabilidad).

                  Pero seguirá habiendo más muertos en la construcción que en las tiendas de ultramarinos, porque son dos actividades con niveles de riesgo inherente completamente distintos; y seguirá habiendo más accidentes y más muertos en la pesca, o en el transporte, o en otros sectores de riesgo más elevado. Y lógicamente, quien se dedique a esas actividades tendrá que valorar ese riesgo, y asumirlo (puede que a cambio de una remuneración, como pasa con los “pluses de peligrosidad”) o no, y dedicarse a otra cosa.

                  Y aquí tenemos un nuevo problema: en el contexto actual, uno coge el trabajo que encuentra (hay poco que elegir) y cobra el salario que le quieran pagar. Vete al patrón a decirle que quieres pluses de peligrosidad, una leche (yo tengo experiencia de primera mano en eso). Y si las medidas de seguridad no son adecuadas, en muchos casos te callas y cruzas los dedos, no sea que te quedes sin trabajo.

                  Comentario por santi — 14 octubre 2010 @ 18:02 | Responder

                  • Vale Santi, bombero, te has lucido.

                    Bombero es una profesión en la que, como transportista o pescador, trabajas en un medio incierto, no controlado.

                    Sí, es una profesión con un riesgo inherente. Pero me has ido a coger la excepción. Si buscas, habrá más. Sin embargo, puede que sea cabezón, pero creo que en una obra puede haber el mismo riesgo que en una tienda de ultramarinos: nulo. Al menos, riesgo mortal. Es posible, si se hacen bien las cosas es posible reducir el riesgo al mismo nivel que en cualquier otra actividad.

                    Por cierto, el chico cuya muerte dio origen a esta entrada, se cayó desde un andamio de los antiguos, no el homologado europeo. Perdió el equilibrio y se precipitó al vacío. De haberse guardado las normas ahora seguiría vivo. Y si una norma deja un resquicio por el cual se puede colar la fatalidad, perfeccionese la norma.

                    Tratas un tema, el de los costes laborales de la seguridad. Claro, por eso el carbón chino es más (venga, no voy a mencionar a Chile). Por eso los costes laborales de un iPod son 5€, por mucho que lleven 13 suicidios en lo que va de año. Sería inasumible poner un andamio homologado, o reducir la jornada laboral de los que montan los iPod. Trasladar el coste de un andamio más seguro o una jornada laboral menos asfisiante al coste final del piso o del chismiño electrónico no supondría una gran diferencia.

                    Ahora bien, si un empresario trabaja barato, a costa de no respetar las medidas de seguridad, probablemente recibirá más encargos y, por lo tanto, joderá al otro empresario que sí que trabaja legalmente. De la misma manera que las empresas se llevan la producción a países con jornadas laborales extenuantes.

                    Esto sí que es competencia desleal.

                    Y por cierto, un andamio es una estructura evidente, patente, extremadamente visible. Y no está un momentito, sino que está días, semanas montada en mitad de una ciudad. ¿Cómo es posible que se cometa una ilegalidad de decenas de metros de altura y no haya una policía que lo denuncie? ¿Por qué la legislación laboral puede ser objeto de transgresión y no respetarse y mandarse respetar con el mismo celo que las demás? Me dirás que eso es objeto de los inspectores de trabajo, sin embargo no es correcto. La vigilancia de la legislación no es competencia EXCLUSIVA de los inspectores de laboral. Todo agente tiene la OBLIGACIÓN de denunciar cualquier delito, de la naturaleza que sea, del que sea testigo. De igual forma que si un policía nacional ve a alguien quemando un bosque no tiene que esperar a que llegue el SEPRONA.

                    Pero…

                    Comentario por Mendigo — 14 octubre 2010 @ 19:54 | Responder

                    • Pero si estoy de acuerdo contigo en casi todo, sólo discrepo en la parte estadística del asunto, la existencia del cero absoluto de riesgo. Lo mio es filosofía pura🙂

                      Ninguna actividad se desarrolla en un medio controlado al 100%. En unas pueden controlar mejor las circunstancias, en otras peor, y, claro, el bombero tiene más riesgo, y el policía, y el operador de planta química, y el pocero, y tantos otros. El que anda a 25 metros del suelo tiene más riesgo de matarse en una caida que el que reparte el correo, incluso con arnés homologado y barandillas y cualquier otra medida reglamentaria (y el cartero está expuesto a sus propios riesgos específicos, especialmente si hay perros por medio).

                      Por cierto, no me has dicho nada de los toreros😄.

                      Y también en la vida extralaboral pasa lo mismo: ¿crees que tiene el mismo riesgo el que dedica su ocio a la práctica de parapente que el que se dedica a la practica del mus?

                      En relación con los costes, puede hacerse el mismo análisis que en otras áreas, como medio ambiente, calidad … En teoría hay un óptimo a partir del cual los costes se disparan, lo malo es que nadie está muy seguro de donde está ese óptimo ni de cuanto vale.

                      Si fuera dinero…., pero no es sólo el coste monetario de medidas preventivas: hay otros mas “intangibles”; mira el ejemplo de la velocidad máxima de los vehículos: es un coste social porque limita la movilidad, aunque mejore la seguridad. Y a la hora de valorar, es jod..mente difícil: pones en un lado de la balanza los muertos y en el otro la movilidad?

                      Te doy la razón en el tema de la competencia desleal, es lo que pasaba con los desguaces de barcos. No solo por cuestiones de seguridad, también en condiciones medioambientales, salariales, y otras.

                      (lo de las jornadas laborales, y los sueldos de risa en las maquilas del Sudeste Asiático y de Centroamérica, eso es otra historia, aunque también tiene relación con la seguridad).

                      Y te doy la razón en el tema de las inspecciones; ya lo habías apuntado anteriormente: con que hubiera tantos inspectores de seguridad como guardias de tráfico, el número de infracciones, y en consecuenca el de accidentes, caería en picado. Pero deben ser más rentables las multas de tráfico (en todo caso, parece que a nuestros mandamases siempre les resulta más fácil sangrar al ciudadano de a pie, o de a coche)

                      Lo que pasa es que el ciudadano de a pie (o, para el caso, el policía municipal) que pasa al lado de una obra no suele tener mucha idea de que es un arnés homologado o una entibación cuajada. Algunas cosas salen “de ojo”, como los paisanos que ponen tejas correteando libres cual ardillas por el tejado, pero otras no son tan evidentes.

                      Y (por si alguien ha sacado la conclusión contraria) vuelvo a declararme en contra de los accidentes, y a favor de las medidas de seguridad, las que hagan falta. Y a insistir en que aunque los accidentes sean (filosóficamente)inevitables, SI ES EVITABLE que haya tantos.

                      Y me callo que ya he dado suficiente la matraca con este tema.

                      Comentario por santi — 15 octubre 2010 @ 20:55

                    • Santi, quien haya sacado la conclusión de que no estás de acuerdo sobre la necesidad de seguridad, es que no te ha leído. No hace falta que te justifiques, por favor, que yo creo que todos los que estamos por aquí tenemos un mínimo de cerebro para no tener que distinguir entre los buenos (los míos, los que piensan como yo), y los malos, el enemigo.

                      Eso, que me ha dado un poco de pena el comentario final, no tienes que excusarte por disentir. De hecho, suelo provocar la disensión. Aunque te estaba entendiendo, tengo que llevarte la contraria para que podamos seguir desarrollando nuestros postulados. El debate es muy interesante, tiene mucha enjundia, y lamento no poder saber más porque el recorrido es largo.

                      La cuestión es: ¿Es inevitable, y por lo tanto tolerable, y por lo tanto ajeno a la responsabilidad del empresario, un nivel mínimo de peligrosidad?

                      Las consecuencias son tremendas.

                      Santi, sinceramente, creo que podrías tener razón. Pero ¿sabes cuál es el problema? Que si concedo en lo que tú defiendes, que existe un resquicio para la fatalidad, que no existe la certeza absoluta en el mundo (lo cual filosóficamente es evidente), un juez, con menos interés por la filosofía que por la defensa de sus intereses de clase, agrande esa rendijita que tu has dejado abierta, hasta que parezca una boca de metro, y acabe etiquetando todos los siniestros laborales bajo la etiqueta de “imposible de prever, accidente” y exonere de culpa al empleador.

                      Por eso creo que la ley debiera de dejarse de finezas filosóficas y atribuir la culpa de todo accidente al empresario, pues es el responsable último de los procesos y condiciones de trabajo.

                      Probablemente introduciríamos un error infinitesimal, y castigaríamos injustamente a uno o dos empresarios que, realmente, humanamente, no pudieron hacer más por evitar un siniestro que, finalmente, sucedió. Pero es que uno ya sabe cómo funcionan las cosas, y si la ley deja entornada una puerta, los picapleitos la abren de par en par y se convierte en el coladero por el cual los empresarios dejarían sin indemnizar a las víctimas o sus deudos.

                      Aps, Santi, no creo que esté mal charlar de esto. Sabes por qué? Porque en esta sociedad, se puede hablar de casi todo. De hecho, podríamos estar hablando de como mantener tú y yo relaciones sexuales, con total naturalidad, y nadie se escandalizaría. Y está muy bien! Sin embargo, hablar de siniestralidad laboral es como hablar en el s.XIX del clítoris. Es un tema tabú en los medios de comunicación. No se debate sobre el asunto, se pasa por encima de mil, ochocientos muertos cada año de puntillas.

                      Creo que es necesario hablar, y hablar mucho sobre el tema. Y ya que en los medios de masas no se puede, al menos en conversaciones informales como ésta.

                      Un saludo!

                      Comentario por Mendigo — 16 octubre 2010 @ 10:48

  4. […] Uno más. En España, el terrorismo laboral se cobra tres vidas cada día [ esmola.wordpress.com ] […]

    Pingback por Uno más. En España, el terrorismo laboral se cobra tres vidas cada día - apezz.com — 8 octubre 2010 @ 0:33 | Responder

    • Este dato SI tiene valor estadistico

      Comentario por santi — 10 octubre 2010 @ 16:59 | Responder

  5. He presenciado un accidente laboral mortal a escasos metros de dónde yo me encontraba, en los astilleros de La Naval en Sestao. Faltaban escasos minutos para la conclusión de la jornada laboral de un sábado por la mañana, y el operario estaba recogiendo sus herramientas para ir hacia vestuarios y marchar a casa. Fue un accidente que no se puede achacar a la negligencia ni a la falta de medidas de seguridad, ya que el hombre había estado toda la mañana trabajando con todos los elementos de protecciòn y seguridad necesarios. Una fatalidad, al soltar el arnés que estaba asegurado en la barandilla de la plataforma elevadora sobre la que trabajaba hizo una maniobra extraña y cayó al vacio.
    En la cuadrilla de albañiles de mi padre en la que trabajé durante un tiempo había un gran currela y gran persona con un gran problema: alcoholismo. Más de una vez tuvimos que hacerle desistir de trabajar en el tejado por las condiciones en que se encontraba. Este tío sentía un gran respeto por mi padre, con quien empezó a trabajar de ayudante y a quien superó en destreza, y ello hacía que no nos resultara difícil hacerle desistir de sus intentos suicidas (porque no se puede calificar de otra forma subirte a un tejado a trabajar con las venas repletas de vino y cerveza). Pero no en todos los casos es tan sencillo convencer a los imprudentes.
    También en La Naval de Sestao, y en la ACB que ocupó los terrrenos de los liquidados Altos Hornos de Vizcaya he presenciado como ante la negativa de los trabajadores “fijos” ha realizar labores que entrañasen riesgo para su integridad física, estas eran desempeñadas por trabajadores de contratas de subcontratas de la subcontrata contratada para hacerlas. En la teoría neoliberal sobre la competitividad hay un capítulo no escrito pero sí asumido en que la vida de un trabajador no vale nada, vale menos que el beneficio que es capaz de generar para su patrono. Y es en este punto dónde raramente entra el Estado a poner orden, porque el Estado ha sido secuestrado por los avariciosos: “Todo para nosotros, nada para los demás” es su máxima, y la vida de un ser humano les importa menos que el resultado de sus balances.

    Comentario por picapiedra — 9 octubre 2010 @ 15:52 | Responder

    • Incluso cumpliendo todas las medidas de seguridad reglamentarias, y las no reglamentarias, puede haber un accidente, al final, la fatalidad también está ahí.

      Pero cuantas más medidas de seguridad, y más cuidado de los propios trabajadores, menos accidentes.

      Y sobre el otro tema, recuerdo una conversación muy interesante con los responsables de un astillero, que, entre otras cosas, realizaba desguaces de barcos. La actividad se había ido al garete: aquí se exigen muchas medidas de seguridad, tanto físicas como higiénicas (además de los accidentes mecánicos y térmicos -golpes, caidas, atrapamientos, aplastamientos, quemaduras,etc., los barcos tiene muchas sustancias peligrosas para la salud, como por ejemplo amianto). Los armadores se llevan los barcos al sueste asiático, donde estas medidas de seguridad apenas existen, y el trabajo es mucho más rentable. Eso si, un buque mediano puede costar tres muertos, amén de accidentes no letales y afecciones a la salud diversas.

      Pero son “chinos”, y por supuesto, su vida no vale lo que las nuestras.

      Comentario por santi — 9 octubre 2010 @ 18:12 | Responder

      • Respecto al desguace de barcos, hay un caso paradigmático: cuando fueron a desguazar el portaaviones francés “Clemençau”, los trabajadores franceses dijeron: eso lo desguaza tu puta madre. Porque en la construcción se había empleado amianto, que como todos sabemos su manipulación es cancerígena (al inhalar las fibrillas).

        ¿Sabes qué se hizo con el Clemençau? Se está desmantelando en unos astilleros en la India.

        Como dices, su vida no vale lo que las nuestras…

        Comentario por Mendigo — 10 octubre 2010 @ 13:02 | Responder

        • Perdón, creo que no se escribía así, sino Clemenceau. Ahora dudo. La pronunciación es la misma: Clemensó :p

          Comentario por Mendigo — 10 octubre 2010 @ 13:02 | Responder

    • Pica, yo no sé mucho de Seguridad, lo justo que estudié en la carrera (con uno de los pocos buenos profesores). En los juicios, los empresarios alegan eso, que fue una fatalidad. La forma de pensar en Seguridad Laboral, y con la que el legislador redacto la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, es que si existe un accidente, es que algo no se había hecho bien. En el caso que comentas no lo sé, quizá la barandilla debías ser más alta, o diseñar de forma que no tuvieras que abrir el mosquetón hasta estar en el suelo…

      Y sí, es cierto, luego está la fatalidad. Pero no podemos recurrir a ella porque entonces será el camino por el cual se evadan los culpables. Culpables que muchas veces no es el empresario malvado, sino el ingeniero torpe que no ha pensado bien una estructura o un procedimiento.

      Si tomamos las estadísticas de siniestralidad laboral, vemos que los accidentes se concentran en los dos extremos de la vida laboral del trabajador. Los jóvenes, por su inexperiencia; y los mayores, por exceso de confianza y por la pérdida de concentración y coordinación que se tiene a ciertas edades (por eso, lo de postergar la jubilación hasta los 70 años es prácticamente un crimen).

      También se aprecia que los trabajadores fijos sufren menos accidentes que los temporales, y éstos que las subcontratas, como bien dices. Primero, igual que los jóvenes, por falta de experiencia en ese puesto. Segundo, por la presión a la que el empresario somete al trabajador para que vaya más rápido. Y tercero, por la inseguridad laboral que provoca que el trabajador tenga que aceptar trabajos en condiciones de seguridad o salubridad inaceptables.

      Y ese es el futuro, ahora que el puto P$O€ ha quitado las últimas barreras que les quedaban a las ETT.

      Y no sigo porque acabo diciendo burradas.

      Comentario por Mendigo — 10 octubre 2010 @ 13:14 | Responder

      • Pero me cago en la reputísima k,zbdlzdbv,jadfbyvkaerfvbkaedj

        Comentario por Mendigo — 10 octubre 2010 @ 13:15 | Responder

      • Efectivamente, el portaaviones se escribe Clemenceau.

        La India, y también Corea del Sur, son dos destinos prioritarios de los barcos deshauciados.

        La fatalidad existe? Pues si, claro que existe, como la suerte. Y las normas están, entre otras cosas, para cortarle las alas con más o menos éxito.

        En todo caso, cuando ocurre un accidente, tiene que hacerse una investigación, y ahí es donde se descubre si la causa es la fatalidad o el incumpimiento de las normas.

        Siempre que la investigación se haga con seriedad y diligencia, claro. Pero si el inspector está más preocupado por comprobar si los papeles estaban en regla que en determinar las causas y circunstancias del accidente, pues mal vamos. Y a veces pasa. Y también haría falta que los jueces estén formados para comprender estos casos.

        Porque el empresario se juega bastante, no creais, puede pasarlo mal en caso de accidente (y aquí voy a romper una lanza por los empresarios: en los casos de accidentes laborales graves que he conocido – entre ellos 3 mortales – los directivos y empresarios estaban bastante afectados por el propio accidente, no solo por lo legal, sino también por lo personal, o al menos así me lo parecido)

        Comentario por santi — 10 octubre 2010 @ 16:50 | Responder

        • Ahora sí que estoy de acuerdo con todo lo que has dicho. E incluso con lo último, pues el jefe del chaval que murió en O Barco se encuentra hospitalizado, pues estaba trabajando con él cuando se cayó de la ventana y tiene una fuerte crisis nerviosa.

          Aps, y ya que estamos, enlazo los artículos del político francés y del portaaviones epónimo.

          Comentario por Mendigo — 10 octubre 2010 @ 17:52 | Responder

  6. Desde diferentes puntos de vista ya lo habéis dicho casi todo.

    No creo que por defecto siempre deba ser culpable el empresario, los accidentes son muy diversos; por ejemplo, esta semana presencié un accidente laboral: una furgoneta de reparto embistió a un electricista en moto. Aquí parece evidente que no puede haber culpa del empresario. La furgoneta paró en el stop de un cruce de calles y arrancó incomprensiblemente justo cuando pasaba la moto, el chico cayó sobre la acera a mis pies con la pierna rota; el conductor bajó lívido sin entender lo que había ocurrido.
    Quizá penseis que es un accidente de trafico y es otro tema, pero permite ponerlo como ejemplo: en estos accidentes hay una normativa muy clara y detallada que determina la culpabilidad, quien no tiene preferencia de paso es culpable aunque el otro sea invisible y haya salido de repente de la nada. Las normas incluso determinan en casos discutibles: si uno embiste a un vehículo por detrás será culpable por no mantener la distancia y la atención debida, aunque el de delante haya hecho toda clase de imprudencias. Creo que este debería ser el modelo para la siniestralidad laboral, que cada parte tenga claro qué es lo que se puede y no se puede hacer. Lo cual implica necesariamente una mejor formación de todos los implicados en empleos de riesgo.

    Siniestralidad cero es imposible pero ponerlo como objetivo y dotar los medios necesarios permitirá acercarse mucho.

    Comentario por Josep — 16 octubre 2010 @ 15:08 | Responder

    • Pero en este caso sí que hay alguien que se ha saltado las normas, y creado un peligro.

      Santi lo que dice es: bien, pudieran volverse locos los semáforos, y dar verde a las dos direcciones a un mismo tiempo. O podrían romperse los frenos de la furgoneta, a pesar de estar convenientemente revisada, y atropellar al motero. O…

      Es decir, remotísimas coincidencias que podrían provocar un accidente, coincidencias que podrían ser imposibles de evitar.

      O no. Por ejemplo, podemos sustituir el semáforo por una rotonda, lo cual elimina el riesgo de accidente mortal pues las velocidades son muy bajas (al menos entre dos coches).

      Tu caso es diferente, ya hay alguien que se ha saltado las normas de seguridad (en este caso, las de circulación).

      Comentario por Mendigo — 16 octubre 2010 @ 16:18 | Responder

  7. Galicia es la comunidad con más muertes en el trabajo

    Comentario por Mendigo — 28 abril 2011 @ 9:06 | Responder


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