La mirada del mendigo

11 diciembre 2010

Casarse por la Iglesia

Filed under: religión — Mendigo @ 23:43

boda

La doctrina católica se basa en:
a) la revelación, es decir, los libros canónicos. A saber, el Tanaj hebreo o Antiguo Testamento. Y los Evangelios o Nuevo Testamento
b) la tradición, esto es, la doctrina de la Iglesia. Cuando el obispo de Roma habla ex catedra, está fijando la doctrina.

Todo en esta vida es opinable. Sin embargo, para un católico lo escrito en la Biblia y las encíclicas papales NO son opinables: son doctrina. Desde la primera a la última. Hasta la última coma. Es palabra de Dios ante la que sólo cabe el acatamiento, la sumisión.

O no…(por suerte, a pesar de la Iglesia, ya existe libertad de conciencia). Pero entonces, si el que reniega de la doctrina de la Iglesia o, al menos, de las partes que les resultan incómodas, simple y llanamente no es católico.

Estaba reflexionando sobre estas cosas cuando lo relacioné con esta noticia:
Los matrimonios civiles desbancan a los religiosos
Las uniones laicas superaron por primera vez el año pasado a las oficiadas ante el altar.

No me extraña, me dije. Y si la minoría que aún se casa por la Iglesia supiera lo que eso significa, no habría ninguno. Bueno, alguno habría: cuatro tarados del Opus y poco más.

Y eso que sólo enfrentan los matrimonios civiles con los religiosos, y no cuentan las parejas de hecho o los que, simplemente, convivimos juntos sin más papeleo y burocracia. Tampoco cuentan los que se casan delante de un cura, y no lo vuelven a ver más hasta el bautizo o la boda de otros colegas. Vamos, los que se casan por la apariencia, porque es más chulo, porque siempre se hizo así, porque las fotos salen más bonitas en la iglesia. Me pregunto cuántos de esos matrimonios religiosos serán de contrayentes verdaderamente convencidos, o simplemente hacen el paripé para no disgustar a los papás o los abuelos

Pues a eso me voy a dedicar, a explicar en qué consiste el matrimonio católico. Especialmente algunos puntos de la doctrina que muchos curas prefieren omitir, pasar de puntillas, avergonzados de su propia doctrina y temerosos de quedarse sin fieles.

Sin embargo, ésta es la doctrina cristiana, revelación de Dios y, por lo tanto, inmutable y eterna.



A la mujer no le consiento enseñar ni arrogarse autoridad sobre el varón, sino que ha de estarse tranquila en su casa.

1ª Epístola de San Pablo a Timoteo 2:12

Tomo para ello la encíclica que versa precisamente del matrimonio, la Casti Connubii, promulgada por Pío XI en fecha tan reciente como 1930 (si empezamos a investigar encíclicas medievales…).

Démosle la palabra a Dios, por boca de su representante en la Tierra:

Consolidada, por último, la sociedad doméstica con el vínculo de este amor, es necesario que florezca en ella lo que San Agustín llama jerarquía del amor. Jerarquía que comprende tanto la primacía del varón sobre la esposa y los hijos cuanto la diligente sujeción y obediencia de la mujer, que recomienda el Apóstol en estas palabras: Estén sujetas las mujeres a sus maridos como al Señor, pues que el varón es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia.

[N.d.M: Pío XI menciona, con toda razón, el Nuevo Testamento, en concreto la Epístola de San Pablo a los efesios, Ef.5,22. No se inventa nada, esta barbaridad machista está en el núcleo de la doctrina cristiana. Perdona, Dios, por la interrupción. Sigue, sigue…]

[…] Porque, si el varón es la cabeza, la mujer es el corazón, y como aquél tiene la primacía del gobierno, ésta puede y debe reivindicar para sí como propia la primacía del amor.

Esta obediencia de la esposa al marido, además, puede ser diversa cuanto al grado y al modo, conforme las diversas circunstancias de personas, lugares y tiempos; es más, si el marido faltare a sus obligaciones, corresponde a la esposa hacer sus veces en la dirección de la familia. Pero torcer o destruir la estructura misma de la familia y su ley principal, constituida y confirmada por Dios, eso no es lícito ni tiempo ni en lugar alguno.

Muy sabiamente enseña nuestro predecesor León XIII sobre el mantenimiento de este orden entre la esposa y el marido, en su citada encíclica sobre el matrimonio cristiano: «El varón es el jefe de la familia y cabeza de la mujer; la cual, sin embargo, puesto que es carne de su carne y hueso de sus huesos, deberá someterse y obedecer al marido no como esclava, sino como compañera, de modo que jamás estén ausentes de la prestación de esta obediencia ni la honestidad ni la dignidad. Sea el amor divino el perpetuo moderador del deber de cada uno, tanto del que manda cuanto de la que obedece, ya que ambos son imágenes, el uno de Cristo y la otra de la Iglesia» .

[N.d.M: Se refiere a la encíclica Arcanum Divinae Sapientiae, también sobre el matrimonio, que es aún más integrista y soporífera que la presente]

[…]

Falsas teorías sobre la naturaleza del matrimonio

Pero se manifiesta también lo perniciosas que son estas falsedades en las consecuencias que sus propios defensores deducen de ellas: que las leyes, las instituciones y las costumbres por que se rige el matrimonio, pues que tienen su origen en la sola voluntad de los hombres, a ella sola están sometidas, y por ello no sólo pueden, sino que deben ser instituidas, modificadas y abrogadas al arbitrio de los hombres y según las vicisitudes de las cosas humanas; que la potencia engendradora, puesto que se funda sobre la naturaleza misma, no sólo es más sagrada, sino también más amplia que el matrimonio, y por ello puede ejercitarse tanto fuera como dentro del claustro conyugal, aun sin cuidarse de los fines del matrimonio, o sea, como si el libertinaje de una mujer impúdica gozara casi de los mismos derechos que la casta maternidad de la esposa legítima.

[N.d.M: A una defensa de la teocracia en pleno siglo XX le sigue el ataque, sin solución de continuidad, a las madres solteras]

Apoyándose en estos principios, algunos han llegado a inventar nuevos modos de unión, acomodados, según dicen, a las actuales circunstancias de personas y tiempos, que presentan como otras tantas especies de matrimonio: uno temporal, otro a prueba, otro amistoso, que se arrogan la plena licencia y los derechos todos del matrimonio, pero suprimido el vínculo indisoluble y excluida la prole, a no ser que las partes convirtieran después su unión y modo de vida en matrimonio de pleno derecho.

Más aún: hay quienes pretenden e insisten en que estas monstruosidades sean aprobadas por las leyes o que, por lo menos, sean excusadas por los públicos usos e instituciones de los pueblos, sin ni siquiera detenerse a pensar que tales abusos nada tienen en absoluto de esa moderna cultura, de que tanto blasonan, sino que constituyen, por el contrario, nefandas aberraciones, que harían volver, incluso a los pueblos civilizados, a los bárbaros usos de ciertos pueblos salvajes.

[N.d.M: Todo un ejemplo de tolerancia, ante quien entiende de otra forma el matrimonio]

Anticonceptivos

Criminosa licencia, que se arrogan unos porque, hastiados de prole, tratan sólo de satisfacer sin cargas su voluptuosidad, y otros alegando que ni pueden guardar continencia ni admitir prole por dificultades propias, o de la madre, o de la hacienda familiar.

No existe, sin embargo, razón alguna por grave que pueda ser, capaz de hacer que lo que es intrínsecamente contrario a la naturaleza se convierta en naturalmente conveniente y decoroso. Estando, pues, el acto conyugal ordenado por su naturaleza a la generación de la prole, los que en su realización lo destituyen artificiosamente de esta fuerza natural, proceden contra la naturaleza y realizan un acto torpe e intrínsecamente deshonesto.

No es extraño, por consiguiente, que hasta las mismas Sagradas Escrituras testifiquen el odio implacable con que la divina Majestad detesta, sobre todo, este nefando crimen, habiendo llegado a castigarlo a, veces incluso con la muerte, según recuerda San Agustín: «Porque se cohabita ilícita y torpemente incluso con la esposa legítima cuando se evita la concepción de la prole. Lo cual hacía Onán, hijo de Judas, y por ello Dios lo mató».

[N.d.M: Ciertamente, aquí el cardenal Ratti no hace más que reproducir la revelación judeocristiana, del primer libro de la Torah: Génesis 38]

Puesto que algunos, apartándose manifiestamente de la doctrina cristiana, enseñada ya desde el principio y sin interrupción en el tiempo, han pretendido recientemente que debía implantarse solemnemente una doctrina distinta sobre este modo de obrar, la Iglesia católica, a quien Dios mismo ha confiado la enseñanza y defensa de la integridad y honestidad de las costumbres, en medio de esta ruina de las mismas, para conservar inmune de esta torpe lacra la castidad de la alianza conyugal, como signo de su divina misión, eleva su voz a través de nuestra palabra y promulga de nuevo que todo uso del matrimonio en cuyo ejercicio el acto quede privado, por industria de los hombres, de su fuerza natural de procrear vida, infringe la ley de Dios y de la naturaleza, y quienes tal hicieren contraen la mancha de un grave delito.

[N.d.M: La doctrina de la Iglesia es terminante en este punto. Me causa mucha risa que la práctica totalidad de matrimonios “católicos” recurran sistemáticamente al uso de diferentes medios anticonceptivos, a sabiendas que obran en contra de los mandamientos de su fe. Sólo unos cuantos alucionados, con siete y ocho hijos, se puede decir que son cristianos consecuentes. Los demás, unos perfectos hipócritas]

Nos contristan, asimismo, profundamente las quejas de aquellos cónyuges que, acosados por la dura necesidad, encuentran enormes dificultades para el sostenimiento de los hijos.

Habrá que cuidar, sin embargo, y de la manera más absoluta, que las condiciones funestas de las cosas externas no originen un error mucho más funesto todavía. No puede surgir dificultad alguna capaz de derogar la obligación impuesta por los mandamientos de la ley de Dios, que prohíbe los actos por su íntima naturaleza malos.

[N.d.M: Es preferible que mueran tus hijos de hambre, antes que desobedecer un precepto religioso. Esto es cruel fanatismo destilado]

Emancipación de la mujer

Cuantos de palabra o por escrito empañan el brillo de la fidelidad y de la castidad conyugal, esos mismos maestros de errores tiran también fácilmente por tierra la fiel y honesta sumisión de la mujer al marido. Incluso muchos de éstos vociferan todavía con mayor audacia que la sujeción de un cónyuge al otro es una indignidad; que los derechos de los cónyuges son todos iguales, y con la mayor presunción proclaman que, al ser violados con la servidumbre de uno, ya se ha operado o debe operarse una cierta emancipación de la mujer. Y distinguen tres tipos de emancipación, según que tenga por objeto el gobierno de la sociedad doméstica, la administración del patrimonio familiar o la evitación o extinción de la prole, llamándolas social, económica y fisiológica; fisiológica, en cuanto pretenden que las mujeres, a su arbitrio, sean libres o deba dejárselas libres de las cargas conyugales o maternales propias de la esposa (ya hemos dicho suficientemente que esto no es emancipación, sino un horrendo crimen); económica, pues defienden que la mujer pueda, aun sin saberlo el marido o no queriéndolo, encargarse de sus asuntos, dirigirlos, administrarlos, haciendo caso omiso del marido, de los hijos y de toda la familia; finalmente, social, porque tratan de apartar de la mujer los cuidados domésticos, tanto de los hijos cuanto de la familia, a fin de que, abandonados aquéllos, pueda entregarse a sus aficiones y dedicarse a asuntos y negocios incluso públicos.

Pero ni ésta es una verdadera emancipación de la mujer ni aquélla libertad concorde con la razón, y llena de dignidad, que se debe a la misión de mujer y de esposa cristiana y noble; antes bien, es corrupción de la feminidad y de la dignidad de madre y perversión de toda la familia, en que el marido se ve privado de la esposa; los hijos, de la madre, y la casa y la familia toda, de su custodio siempre vigilante. Más aún: esta falsa libertad y antinatural igualdad con el marido se vuelve en daño de la mujer misma, ya que, si la mujer desciende de la sede verdaderamente regia a que, dentro de los muros del hogar, ha sido elevada por el Evangelio, no tardará (si no en la apariencia, sí en la realidad) en caer de nuevo en la vieja esclavitud y volverá a ser, como lo fue entre los gentiles, un mero instrumento del hombre.

Esa igualdad de derechos, que tanto se exagera y pregona, debe admitirse, sin duda alguna, en todo aquello que corresponde a la persona y a la dignidad humanas y en las cosas que son consecuencia del pacto nupcial y son inherentes al matrimonio; es incuestionable que en estas cosas los dos cónyuges gozan de los mismos derechos y tienen las mismas obligaciones; en lo demás debe reinar cierta desigualdad y moderación, que postulan el bien de la familia y la debida unidad y firmeza de la sociedad doméstica y del orden.

Pero si en alguna parte, a causa de los diferentes usos y costumbres sociales, deben cambiarse algún tanto las condiciones sociales y económicas de la mujer casada, corresponde a la autoridad pública acomodar los derechos civiles de la esposa a las necesidades y exigencias de estos tiempos, pero teniendo siempre en cuenta lo que reclama la diversa índole natural del sexo femenino, la honestidad de las costumbres y el bien común de la familia, y siempre también que quede a salvo el orden esencial de la sociedad doméstica, que ha sido establecido por una autoridad y sabiduría más alta que la humana, o sea, por la divina, y que no puede ser alterado ni por las leyes públicas ni por convenios privados.

Matrimonios mixtos

Pero dejan mucho que desear en esta materia, y a veces con peligro de la salvación eterna, los que temerariamente contraen matrimonios mixtos de los que el maternal amor de la Iglesia retrae a los suyos por causas gravísimas, según aparece en muchos documentos, comprendidos en aquel canon del Código que establece lo siguiente: «La Iglesia prohíbe severísimamente en todas partes que se contraiga matrimonio entre dos personas bautizadas de las cuales una sea católica y la otra adscrita a una secta herética o cismática; y, si hay peligro de perversión del cónyuge católico y de la prole, el matrimonio está vedado incluso por ley divina».

Divorcio

[…] Otros, yendo más lejos con sorprendente procacidad, opinan que el matrimonio, en cuanto contrato meramente privado, debe dejarse en absoluto, como se hace en los demás contratos privados, igualmente al consentimiento y arbitrio privado de ambos contrayentes, y que, por tanto, puede disolverse por cualquier causa.

Pero también contra todas estas insensateces subsiste en pie, venerables hermanos, la ley de Dios, única de toda certeza, ampliamente confirmada por Cristo, y que no podrá ser debilitada ni por decretos de hombres, ni por sufragios de pueblos, ni por voluntad alguna de legisladores: Lo que Dios unió, el hombre no lo separe. Y Si el hombre llegara, contra todo derecho, a separarlo, ello sería totalmente nulo; con razón, además, según hemos visto más de una vez, ha afirmado el mismo Cristo: Todo el que abandona a su esposa y toma a otra, adultera; y adultera también el que toma a la abandonada por su marido.

Debe recordarse igualmente el juicio solemne con que el concilio Tridentino condenó estas doctrinas: «Si alguno dijere que el vínculo matrimonial puede disolverse por herejía, o por molesta cohabitación, o por afectada ausencia, sea anatema»; y: «Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando enseñó y enseña, según la doctrina evangélica y apostólica, que, a causa del adulterio de uno de los cónyuges, el vínculo del matrimonio no puede disolverse, y que ninguno de los dos, ni siquiera el inocente, que no dio causa para el adulterio, no puede, viviendo el otro cónyuge, contraer nuevo matrimonio, y que adulteran tanto aquel que, abandonada la adúltera, toma a otra, cuanto aquella que, abandonado el adúltero, se casare con otro, sea anatema».

[N.d.M: Esta parte me encanta. ¡Anatema! ¡Herejía! ¡A la hoguera! XDDDDDD]

Si la Iglesia, por consiguiente, no erró ni yerra cuando enseñó y enseña esto y, por lo mismo, es absolutamente cierto que el vínculo matrimonial no puede ser disuelto ni siquiera por el adulterio, es claro que las restantes causas de divorcio que suelen alegarse pesan mucho menos y no debe concedérseles importancia alguna.

[N.d.M: Que el marido forre a hostias a la mujer no tiene ni la más mínima importancia]
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Sobre el uso de preservativos, píldoras anticonceptivas, dispositivos intrauterinos o cualquier otra anticonceptivo, volvió a expresarse Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae en fecha tan reciente como 1968:

En conformidad con estos principios fundamentales de la visión humana y cristiana del matrimonio, debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y sobre todo el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas.

Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación.

Tampoco se pueden invocar como razones válidas para justificar los actos conyugales intencionalmente infecundos, el mal menor o el hecho de que tales actos constituirían un todo con los actos fecundos anteriores o que seguirán después y que por tanto compartirían la única e idéntica bondad moral. En verdad, si es lícito alguna vez tolerar un mal moral menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social.

Es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda.

[N.d.M: Se nota que esa excusa es o debía ser frecuente. Pues no, no hay excusas, condón malo😛 ]

Así que, queridos amiguitos, esto es el matrimonio católico. O, al menos, lo que no se suele contar de la concepción integrista, machista, teocéntrica del matrimonio en el cristianismo.

Ahora, la elección es de cada uno, de su conciencia. ¿Comulgas con lo antedicho? Si es así, adelante, póstrate ante el cura. Pero si no…es triste empezar un matrimonio con una farsa, una mentira.

24 comentarios »

  1. ¡EA! qué no se diga más ¡¡¡NickNeuk… a casarnos… por la Iglesia pero YAAAA!!! que el Mendi me ha convencido😀

    ¡Ozú lo que hay que leer, ozú!!!

    Comentario por Nynaeve — 12 diciembre 2010 @ 0:23 | Responder

    • Tú espera, que esto es sólo el primer capítulo.

      A ver si mañana subo el segundo, y vas a salir disparada a la iglesia más cercana a que te bauticen.

      Por cierto, ya enviaréis alguna centollita para acá que sobre del banquete, eh?😉

      Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 0:45 | Responder

  2. Joder mendigo, si no te quieres casar por la iglesia diselo a la parienta tranquilamente, pero no te montes un post de estos que la vas hacer sentir mal, macho.
    Por cierto yo casadito por la iglesia sin hacer la comunión.
    Mi hija bautizada por dos padrinos, si dos chichos, uno de ellos sin bautizar.
    La verdad que se fían bastante los “pobres”. jejejejej

    Comentario por Karkos — 12 diciembre 2010 @ 0:24 | Responder

    • Ni por la Iglesia, ni mucho menos en un juzgado. Yo ahí sólo entro esposado y a empellones. No siento menos desprecio por un juez o por un alcalde, que el que siento por un cura. De hecho, podría nombrar a más curas que respeto que jueces o alcaldes.

      Oye, y se puede con dos padrinos? Nu lo sabía. Yo, es que no me gustaba el circo ni de pequeño. Así que no voy a las bodas de nadie. Alguno que no me conoce, se ha ofendido. Me la suda.

      No me gustan las farsas, no me gustan las tradiciones, no me gustan las multitudes y, a pesar de la coña que le he hecho a Nyna, ni tan siquiera me gusta el marisco. Y en las bodas, que yo sepa, no suelen poner tortilla de patatas (que es mi verdadero manjar). Entonces…¿Para qué coño voy a ir a ninguna boda? Arg! Fanfarria consumista.

      La relación que yo tenga con mi compañera nos incumbe a los dos y punto pelota. ¿Qué coño pinta el resto del mundo en ese tema? Nada.

      Que ya lo seeee, que soy un borde. Weno, po fale. Pero vivimos así la vida la hostia de tranquilos (bueno, la lobita sí que va a alguna boda, pero es que a ella sí que le gusta el marisco XDDDD ).

      Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 0:56 | Responder

  3. Si ya sabía yo que os lo íbais a tomar a coña.

    ANATEMAAAAAAAAAAA!!!!!

    Jajajajajaja

    Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 0:43 | Responder

    • Pero que esperas de los que leemos tu blog. Si un ultra católico leyese tu blog sangraría por los ojos. Tron no se como son los otros pero te recuerdo que cuando los curas en las bodas de los colegas decían: “En un rito religioso como el que nos reúne hay que comulgar con las sagradas escrituras…” yo me levantaba y salia de la iglesia😛

      Comentario por kike — 12 diciembre 2010 @ 11:10 | Responder

      • Te faltarían las dos pistolas al cinto, y salir dando una patada a la puerta mientras la voz en off silba una canción del Far West.

        XDDDDDDD

        Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 16:08 | Responder

  4. Por cierto espero que no te creas que me he leído esta entrada hasta el final. En cuanto pusiste el “Démosle la palabra a Dios, por boca de su representante en la Tierra:” me fui a los comentarios.😄 Por mi salud mental y mi buen royo hay cosas que paso de leer o de escuchar.
    ¿Alguien escucha como los políticos se lanzan mierda en las entrevistas diciendo mil estupideces?
    ¿Alguien ve el discurso del rey por Navidad?
    ¿Alguien lee las repuestas de Mendi hasta el final?

    JUAS JUAS JUAS

    Comentario por kike — 12 diciembre 2010 @ 11:15 | Responder

    • JAJAJAJAJAJA

      JUAS JUAS JUAS

      Sí que es verdad, si me aburro yo mismo.

      Pues venga, te lo resumo: más o menos, viene a decir que de tu forma de convivencia con el espetito, el 100% es pecado, estupro, nefando, torpe, procaz, desordenado, deshonesto… ¡ANATEMAAAA!

      Es decir, que más vale que no exista el Dios cristiano o nos vamos a tener que pasar varias eternidades juntas, una detrás de la otra, en el infierno.

      XDDDDDDDDDDD

      Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 16:11 | Responder

      • En el infierno… ¡¡Bailando Congaaaaaaaaa!! Yeeeeehaaaaaaaaa!!

        Comentario por wenmusic — 12 diciembre 2010 @ 19:01 | Responder

        • De hecho, habrá un montón de gente interesante en el infierno. Todo aquel que ha luchado por la libertad, la justicia, ha sido excomulgado.

          En cambio, si contamos la cantidad de criminales que han sido ungidos por la Iglesia, el cielo debe ser lo más parecido a Dachau.

          Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 21:34 | Responder

  5. Corriendo voy pa la iglesia a que me case un cura… pero coño ¿con quién? o mejor dicho ¿contra quién?.

    De la gente que conozco que se casado por la iglesia poquitos habrá que no lo haya hecho por la costumbre del rito. Es más que les oyes lo de los cursillos prematrimoniales y salen hasta los huevos u ovarios.

    Comentario por Javi — 12 diciembre 2010 @ 12:03 | Responder

    • Sí, los de tu quinta, e incluso de la mía, acababan pasando por vicaría. E incluso ahí, hay diferencias. Los colegas del pueblo se empezaron a casar 5 ó 10 años antes que los de Madriz, y casi todos por la Iglesia (a pesar de que cagarse en Dios era lo más delicado que salía por su boca en lo tocante a la religión).

      La mayoría de los de Madriz, hace años que viven juntos y casi ninguno se ha casado.

      Y eso de la peña de mi edad, que los más jóvenes…pasan bastante. Es que, tanto civil como religiosa, no deja de ser una chorrada. Si estás bien con una persona, estás. Cuando lo dejes de estar, pues ya no lo estás. Por qué tiene que hacerse público un tema íntimo, es una chorrada.

      Antes sí, hace años, con las relaciones personales tan ligadas a la vida social, el paso al matrimonio era un escalón, un momento importante en la vida. Pero ahora esas estructuras ya han cambiado. Especialmente desde que existen los anticonceptivos y que, por lo tanto, mantener una relación sexual no implica un embarazo. Y también desde que una mujer no necesita del hombre protector que traiga dinero a casa, sino que puede emanciparse y vivir su propia vida de forma autónoma (lo que tanto le jode a la cucaracha blanca).

      Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 16:18 | Responder

  6. Ainss!! Resulta que no solo vivo en pecado,desde hace 13 años, sino que además lo he complicado más 3 veces teniendo 3 retoños a los que “abandono” para realizar trabajos alejada de casa, y además voy y se me ocurre la brillante idea de que mi pareja y yo compartimos de igual a igual las tareas y el cuidado de los peques…
    ¿En el infierno hace calor no??, ¿podré llevarme un ventilador digo yo…?
    En fin… sin palabras, ahora entiendo porque muchos curas y monjas no se casan…..

    Comentario por celialor — 12 diciembre 2010 @ 12:36 | Responder

    • Muy buenas, Celia. Bienvenida!

      Calor, dices? Pues por favor, que llegue ese infierno pero ya! Lo que me iba a ahorrar en calefacción.😉

      En el cielo de un Dios machista, cruel y vengativo, yo no quiero estar. De hecho, mi sitio estará en las calderas de su antagonista: Pedro Botero. Como decía Bakunin, si existiera Dios, habría que matarlo.

      Y una cosa que ninguno hemos comentado ¿Y ese morbillo extra que da lo de vivir en pecado? Yo lo pienso y me entran ya ganas de…

      Pues nada, a seguir disfrutando de una relación igualitaria, basada en la amistad y no en la sumisión. Tus hijos no perpetuarán esa sociedad discriminatoria en la que nosotros nos educamos.

      Un saludo!

      Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 16:33 | Responder

  7. Cuánta razón tenía el gran Fernán Gómez cuando decía aquellas bellas y sabias palabras de: “¡¡¡A la mierda!!!”

    Qué asco, la leche. Está claro que no merecería la pena ir al cielo de un dios así de cabrón. A mí déjame pecar todo lo torpe y deshonestamente que pueda. Y que me quiten lo bailao.

    Mi madriña, lo que ha dado de sí la fábula de cuatro mamarrachos machistas con ganas de putear al personal. ¡Miles de años de puteo y falacias!

    Y ya basta de hacer las cosas por quedar bien. ¡Y no hace falta casarse para comer marisco! Con lo que se suele gastar en los regalos de boda y ropitas para la boda comes marisco hasta aburrirte ese día.

    Comentario por wenmusic — 12 diciembre 2010 @ 19:12 | Responder

    • Lo que me jode es que ahora van de buen rollito, y las partes peliagudas de su doctrina las ocultan. A ver, señores, la doctrina de la Iglesia es toda. Tanta mamarrachada buenista. Llevan machacando a la mujer durante siglos y ahora se quieren inventar una historia paralela. Si llevas defendiendo que la mujer debe obediencia al marido durante todo este tiempo, al menos no seas cobarde, sé coherente y apechuga con tu credo.

      Enga, con dos cojones, dilo claro en misa, o por la radio, o por la tele. Recuerda cuál es tu doctrina.

      Si aunque sea los que se dicen cristianos se leyeran su libro sagrado y vieran las barbaridades que se dicen en él…

      Comentario por Mendigo — 12 diciembre 2010 @ 21:37 | Responder

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    Pingback por Tweets that mention Casarse por la Iglesia « La mirada del mendigo -- Topsy.com — 12 diciembre 2010 @ 19:48 | Responder

  9. ¡Ojo! que esta doctrina se hizo ley tras la victoria de Franco. Los divorcios y matrimonios civiles celebrados durante la república quedaron anulados. Provocando miedo y sufrimiento sabiamente administrados por la Santa Madre Iglesia.

    Si hoy día no hacen barbacoas de herejes no es porque no quieran si no porque no les dejamos.

    Comentario por Dr.Turbio — 13 diciembre 2010 @ 13:11 | Responder

    • Muy buenas, Doctor Turbio.

      Sabias palabras. La libertad hay que defenderla, porque nada de lo ganado es para siempre. Ayer por la mañana, como podemos ver en las encíclicas, estaban proponiendo la sumisión de la mujer, condenando desórdenes como la democracia, exigiendo que la legislación estuviera basada en su doctrina…si no los ponemos en su sitio, volverán. Como han vuelto los mulás a imponer su burrería.

      Cualquier sistema político es preferible, incluso el estado fascista, a una nueva teocracia. Ya hemos pasado una vez por la Edad Media, en España nos costó salir de ella, abandonando los privilegios, hasta bien entrado el siglo XIX. Ya sabemos lo que es vivir bajo el gobierno de la Iglesia, Cristo regnat. No más.

      Comentario por Mendigo — 13 diciembre 2010 @ 19:59 | Responder

  10. […] Casarse por la Iglesia esmola.wordpress.com/2010/12/11/casarse-por-la-iglesia/  por DexterMorgan hace 3 segundos […]

    Pingback por Casarse por la Iglesia — 13 diciembre 2010 @ 18:30 | Responder

  11. […] » noticia original […]

    Pingback por Casarse por la Iglesia | PHP SPain — 13 diciembre 2010 @ 19:05 | Responder

  12. Ritos, ceremonias, convenciones, celebraciones. Negocio y doctrina. No hay más. ¿El amor, el proyecto común de compartir vivencias? eso nada tiene que ver con formalizar un contrato, a ojos de un dios ni a ojos de un poder civil.

    Comentario por picapiedra — 13 diciembre 2010 @ 21:01 | Responder

    • Lo importante es asegurar que no mantienes a la prole de otro. Ésa es la primitiva finalidad del matrimonio y por lo que se exige, como un valor superior, fidelidad a la mujer.

      Hoy el mundo ha cambiado. Ya no vivimos en la selva, no podemos seguir manteniendo una institución que tiene más de perpetuación genética siguiendo el impulso animal, que de comunidad de sentimientos entre seres humanos civilizados (y, por lo tanto, complejos, contradictorios y…LIBRES).

      Comentario por Mendigo — 14 diciembre 2010 @ 1:19 | Responder


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