La mirada del mendigo

13 septiembre 2011

Fer à Cheval

Filed under: fotos — Mendigo @ 18:36

Después de visitar el Jura, nos quedaron unos días para dar el salto al macizo contiguo: los Alpes. En concreto, para visitar el circo glaciar de Fer à Cheval (es decir, de la herradura) y el de Sales, un poco más al Sur.

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Aquí se ve claramente la sección de un valle glaciar, con su característica forma en U (o herradura) que, algún día, albergó una gran lengua de hielo.

Los valles fluviales, en cambio, suelen tener forma en V (según la teoría, aunque…)

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Romainmôtier, un pueblecito suizo con un precioso monasterio románico. Yo me quedé con esta placita.

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Para sacar esta foto tuve que ducharme un poco

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Cascade du Rouget

Estas cascadas no son como las del Jura, un macizo calcáreo que sólo llena sus cursos cuando la red subterránea se colmata. En los Alpes las cascadas son de una violencia atronadora, incluso a pesar de la sequía.

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El circo de Fer à Cheval. Por las paredes de la marmita, se despeña el agua y los rebecos.

No pudimos sacar ninguna foto por la distancia. Pero en una de esas pendientes empinadas, estaban jugando dos rebecos a perseguirse. Bajar como un rayo por una pared vertical, sólo para divertirse. 10 minutos de carreras imposibles en el abismo. Cuando se cansaron, simplemente pararon y se pusieron a pastar. Esos bichos nacieron sin vértigo y sin sentidiño…

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Aunque aún se cuelan los rayos de sol, la tormenta vespertina viene a nuestro encuentro.

Una hora más tarde, todo el circo estaba ennegrecido por las nubes e iluminado por los rayos. Los truenos retumbaban en las paredes del circo como los timbales en un auditorio. Llegamos a la furgo calados como pollitos.

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Ginebra, con el característico surtidor de nosecuantos metros.

Una verdadera decepción, no me gustó nada. Un puto caos circulatorio para entrar en una ciudad que no es más grande que una capital de provincia. En ella, supongo que un comprador compulsivo de Rolex se divertiría. Nosotros, que sólo buscamos la belleza, acabamos asqueados. De toda la ciudad, sólo tiene interés una calle, la Grand Rue. Y tampoco es para tirar cohetes (una calleja, a pesar del nombre, que arranca de la catedral y está flanqueada de casas antiguas).

En tres semanas, fue el único sitio donde escuchamos hablar en castellano. Predecible, por otra parte. Turismo de ciudad, de gente bien visitando la cueva de Ali Babá. Por cierto, una curiosidad: la opulencia de los coches oficiales era directamente proporcional al de la miseria del país que decían representar. Repulsivo.

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A esta montaña parece que le están saliendo cuernos.

Me recuerdan algunos laboriosos tocados renacentistas con que las mujeres de aquella afeaban (como habitualmente) su aspecto

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Cascada de Sales

No sé si es una cascada doble, o si son dos ríos que van a confluir de esta forma tan particular

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Este era el escenario de juegos de los rebecos

A nosotros, subir sólo unos pasos por esas paredes nos hacía sudar a chorros. Y eso que había un caminito, porque por esas paredes verticales no me meto ni jarto grifa.

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Sí, sé que se repite. Soy un pesao de cojones pero ¿acaso no es maravillosa la vista?

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Ésta era la vista de los chalets de Lignon, punto de partida de la subida hacia el circo de Sales

No he añadido fotos del mismo, pero es muy interesante la subida, además de por los paisajes que veis, porque alcanzado el circo, hay unas interesantes rocas con formas aborregadas, heridas por el paso del hielo. La lengua glaciar, al avanzar lentamente, no sólo erosiona la piedra por la enorme presión de centenares de metros de hielo. Las rocas que va levantando a su paso quedan en el fondo, usándolas como si fuera una lija de grano grueso (y tan grueso, rocas de un metro) para desgastar mejor. En la angostura que marca el final del circo y el inicio de la lengua, el hielo se agolpa y las presiones son máximas, dejando un campo de rocas hendidas y laceradas, cuya erosión ha continuado el agua y el frío.

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Uno de los espíritus lares de la casa, en Sixt.

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21 comentarios »

  1. ¡Wow, vaya arco iris en las cascadas!

    Me gusta mucho la 3, por el contraste.

    Muy buena también la que te tuviste que duchar, me gustan ese tipo de perspectivas.

    Curioso que te acercaras a Ginebra. La verdad es que poca relación he tenido con esa ciudad más allá de su aeropuerto.

    Qué bellas montañas, qué luces y sombras…

    Genial el mico. Me encanta esa foto.

    Comentario por wenmusic — 13 septiembre 2011 @ 18:47 | Responder

    • Si te fijas, Ginebra está justo de paso entre el Jura los Alpes. Pero vamos, la próxima vez rodeo. Aunque sólo sea para no aguantar a los petimetres policías suizos.

      La del michiño es de la nena. Mientras, yo me estaba aseando (tras todo un día pateando) en una fuente monumental cercana, mientras unos viejos me lanzaban miradas asesinas. Y eso que no me quité los pantalones!

      XDDDDDDDDDD

      Comentario por Mendigo — 13 septiembre 2011 @ 19:13 | Responder

      • Es curioso cómo las fuentes, en Ginebra, en Madrid, en Compostela y en todas partes, han pasado de ser un servicio de agua y un lugar de aseo a ser un adorno intocable sin más utilidad que la estética. La tontería humana que le llaman.

        Comentario por marcostonhin — 14 septiembre 2011 @ 8:00 | Responder

        • Pues nunca me había parado a pensar en eso…

          Comentario por wenmusic — 15 septiembre 2011 @ 9:44 | Responder

        • Totalmente de acuerdo con el mercachifle explotador.

          Es más, las fuentes públicas desaparecen de los parques, para que los niños puedan comprarse sanos y naturales refrescos carbonatados. Hay que irles enseñando que sólo lo que cuesta, vale.

          Comentario por Mendigo — 15 septiembre 2011 @ 13:57 | Responder

      • ¿Os pararon o algo así?

        Comentario por wenmusic — 15 septiembre 2011 @ 9:51 | Responder

        • Bueno, siempre que hemos estado en Suiza nos han parado. La furgo canta. La revisan por si llevamos fruta, bebidas, tabaco…no quieren que hagamos la competencia a sus putos supermercados. Ahora bien, cuando ellos hacen la competencia a nuestro Estado con impuestos bajos y secreto bancario, para eso no hay preguntas y ni fronteras.

          Otras veces no nos han parado…porque por el puesto fronterizo simplemente no había nadie. Si de verdad quisiéramos pasar ilegalmente mercancía, lo tendríamos tan sencillo como controlar los puestos y horarios. Hay que ser cretinos…

          Comentario por Mendigo — 15 septiembre 2011 @ 14:00 | Responder

  2. ¡Qué maravilla!.El paisaje,of course! y el fotógrafo.¿y dices que eres un simple aficionado?.

    Comentario por Mª José — 13 septiembre 2011 @ 18:49 | Responder

    • Un aficionadillo, un matao. Soy una fotográfica nulidad, es cierto.

      Ahora, tengo buen ojo para buscar sitios chulos (éste me lo había chivado una amiga) y no tengo pereza en patear horas y horas. Es más, me encanta. Bueno, a la séptima hora de subir ya empiezo a blasfemar un poco, pero eso también es parte de la diversión.😉

      Comentario por Mendigo — 13 septiembre 2011 @ 19:14 | Responder

  3. Como de costumbre un deleite para la vista. Estamos en buenas manos quienes iniciemos y consigamos acabar el curso de fotografía, pero bueno, eso ya lo sabía.
    Me quedo con las fotos de la ducha y la del gato, que parece un curioso vigilando a los curiosos.

    Comentario por picapiedra — 13 septiembre 2011 @ 18:52 | Responder

    • ¡Pelotón!

      Pica, para sacar esas fotos no necesitas una cámara ni conocimientos técnicos para manejarla. Necesitas unas botas de campo y quitarte el miedo a huir de la cinta de asfalto. Todas esas fotos no tienen ningún mérito fotográfico, como comentaba antes. De hecho, con tanta luz, en la mayoría no podía ver ni cómo estaba quedando, ni tenía tiempo para pararme. Sacaba la cámara, tiraba foto, y seguía andando. Como mucho, me relajaba para que el pulso no afectase a la calidad (tengo muy mal pulso, y si encima el corazón está bombeando a toda mecha…).

      Espero que disfrutes con el curso, pero sobre todo me gustaría que amaseis la naturaleza, que os acercaseis a ella. Es lo que me gustaría transmitir con mis fotos, con esta y con cualquier serie. En Euskadi, tienes sitios maravillosos a un paso de casa. Tienes una enorme suerte de vivir ahí. Sal del feismo de la gran ciudad y llena tus pulmones de aire montano!

      Comentario por Mendigo — 13 septiembre 2011 @ 19:20 | Responder

  4. Joder tio, me he quedado con la boca abierta, que macizos, que cortados y que cascadas mas espectaculares. Que envidia más sana de poder disfrutar de esos paisajes. Aunque a mi que tengo vértigo me acojona un poco.

    No sabría elegir una en especial, así que no lo haré.

    En la de la ducha ¿como te lo montaste con la cámara?, porque eso es un poco peligroso para la electrónica.

    Comentario por Javi — 13 septiembre 2011 @ 19:11 | Responder

    • Peor fue la cascada del Rouget, para la pobre cámara. En estas, lo que hago es proteger la cámara en mi vientre, entrando en la “ducha” de espaldas. En un instante, me giro y disparo. Sólo tengo una oportunidad, porque el objetivo se llena de gotitas. Luego toca separarse, limpiar la cámara, y volver a intentarlo. En la del Rouget, además de un rugido que espantaba, el spray alcanzaba a varias decenas de metros. Si te pillaba el viento, te dejaba como una sopa.

      Por cierto, que estuviste en la costa. Lo sabrás seguro, pero por si acaso: aún peor que el agua dulce, es el agua salada. Es criminal para la electrónica. Con las salpicaduras de las olas, mucho cuidado!

      Comentario por Mendigo — 13 septiembre 2011 @ 19:24 | Responder

    • El Jura es un paisaje amable, cimas humanas. Los Alpes son otra historia. Peñas verticales, agua por todas partes, todo es ciclópeo, excesivo, apabullante. Y eso que, esta vez, estaba sólo en una zona de alturas medias, tres miles. Un día, cuando estábamos viendo un castillo en el jura, por detrás de la línea de montañas, vimos alzarse el Mont Blanc. Hostia, compi, qué burrada de montaña. A pesar de que estábamos a más de cien kilómetros en línea recta, era una montaña descomunal, que levantaba el cuerpo entero de sus hermanos cuatromiles. Deberías pasarte algún día. Francia es mucho menos caro de lo que mucha gente se piensa.

      Por cierto, yo también tengo vértigo. Lo que pasa es que, con el tiempo, lo voy domando. De todas formas, en esa ocasión no hubo ningún paso peligroso. Sólo un par de sitios delicados; seguros, con una senda, pero que acojonaban por la caída tan vertical.

      Antes que Alpes tienes Piris, casi al lado. Y también tienen paisajes de quitar el hipo. Aún tengo pendientes de subir las fotos que saqué (antes de Semana Santa, qué vergüenza).

      Comentario por Mendigo — 13 septiembre 2011 @ 19:29 | Responder

  5. Me gusta. ¡Menudos paisajes!. Y el gatito…una monada.
    Graciasssssssssssssssss.

    Comentario por Campurriana — 13 septiembre 2011 @ 23:47 | Responder

    • A ti por comentar.

      Como ya dije por ahí, la el gato es cosa de la nena (si no lo digo, me pega).

      Comentario por Mendigo — 15 septiembre 2011 @ 13:55 | Responder

  6. Mendigo, una pregunta salida de tono: ¿Cómo se llaman las trepadoras que se enredan de las fachadas en las fotos que pones? me da la impresión que son una especie eminentemente europea, y cómo suelo anotar la costumbre de cubrir las casas con ese tipo de plantas en el viejo mundo (es recurrente en las imágenes del mediterráneo italiano, balcánico y francés, de extremadura y andalucía, y ahora veo que del centro-sur de europa) pues me entró la duda.

    ¿O se trata de especies distintas en regiones distintas?

    Eso porque mi madre me va a enloquecer con que le consiga un matojo de esos como el de la carnicería en la serie anterior, pa’ ponerle al frente de la casa, pero no creo que se den fácilmente en los trópicos. Bueno, ya me diras.

    Hablamos!

    Comentario por cami — 14 septiembre 2011 @ 0:57 | Responder

    • Pero compañero, la trepadora que enmarcaba la entrada de la carnicería del Jura es…un rosal. Son rosas. Que estoy seguro que las conoces, aunque sean propias de un clima subtropical.

      Pero creo que te refieres a otra planta, la hiedra (Hedera helix). Esta planta, a pesar de tener raíces y así obtener del suelo parte del sustento, se abraza a los árboles hundiendo sus radículas en el tronco y chupándoles la savia, hasta el punto de sacar árboles enormes.

      Es preferible que no introduzcas especies foráneas, porque son muchos casos de especies que en un principio sólo estaban destinadas a jardines, y luego han llegado a la naturaleza provocando, en ocasiones, calamidades ambientales. Será por trepadoras, en tu región. Es muy importante que valoréis el tesoro ecológico que tenéis, para que vuestros ecosistemas no terminen destruidos como buena parte de los europeos.

      Un abrazo!

      Comentario por Mendigo — 15 septiembre 2011 @ 14:12 | Responder

      • ¡¡¡vaya!!! la ignorancia es atrevida…

        Nunca había visto que se siembre un rosal contra un muro. He vuelto a mirar la foto ampliándola y efectivamente, las flores son rosas. Pero la forma que toma la planta, el color de las hojas, no se me parece a los rosales que suelen cultivarse en nuestros jardínes. Casi todos son de una misma variedad y se podan después que florecen, lo que deforma bastante el tallo. El color de las hojas en nuestros rosales toma un tono más oscuro.

        Creía que era una buganvila o algo así. Lo que dices de la Hiedra es cierto, es una especie sumamente invasiva, pero no ha hecho daños en los bosques nativos porque parece no tolerar la excesiva humedad. Esa si se comercializa en viveros, muy bonita y útil para tapar muros (tenemos una, en efecto).

        Creo que sembraré una Venusta, oriunda de américa y de rápido crecimiento. Porque pegar un rosal a la pared me sigue pareciendo algo inverosímil.

        ¡¡¡Hombre, gracias por el dato!!!

        Comentario por camilodelosmilagros — 15 septiembre 2011 @ 15:30 | Responder

        • ¿Por qué inverosímil? No, que va, si se adhiere perfectamente. Es pariente de otras plantas trepadoras o rastreras, como la zarza. Basta con que guíes un poco las ramas con un alambre, y en pocos años tendrás una muralla de pinchos y pétalos.

          Las buganvillas creo que no son capaces de trepar tanto. Estaba viendo la venusta. El nombre no me decía nada, pero la flor sí que la conozco. Lo mismo, el interés de tener especies exóticas. Luego, como las arizónicas de los cojones, se escapan y empiezan a desplazar a la flora autóctona. O las mimosas, o los eucaliptos, aunque estos sí que fueron introducidos adrede.

          Nada, a disfrutar de tu jardín!

          Comentario por Mendigo — 15 septiembre 2011 @ 22:28 | Responder

  7. Bua, vaya pasada, tuvo que ser espectacular. A mí que me niegen mansiones, coches de lujo, palacios, joyas y demás; que esto es toda la riqueza que puedo llegar a tener sin poseer. Que pena que no nos demos cuenta de lo verdaderamente importante de la vida y estemos destruyendo esta gran mina de belleza que representa nuestro querido planeta. Cuantos sitios recónditos existirán que ni alcanzemos a imaginar y que sólo, en algunas noches, podamos soñar con ellos y, a la mañana, despertar con la sensación de haber perdido algo.

    Es curiosa la paz que te suscitan estos lugares cuando los presencias y te ves totalmente avsallado por el espectáculo de la naturaleza: es una vuelta a los orígenes, una vuelta a lo salvaje y puro, al ser que aún habita en alguna parte de nosotros y que ya casi ni asoma…

    Un saludo, fantásticas las fotos Mendigo, en fin: un lugar para visitar!

    Comentario por V — 15 septiembre 2011 @ 23:36 | Responder


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