La mirada del mendigo

17 noviembre 2011

Odio a los indiferentes

Filed under: política — Mendigo @ 15:54

Gramsci

Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.

La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?

Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.

Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes.

Antonio Gramsci

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Tomado de Sin Permiso gracias al enlace de Pedro. Muchas gracias, compañero!

15 comentarios »

  1. Puedo entender que la gente no se movilice por miedo (ahora mismo, tengo bastante). Lo triste es cuando notas que a tu alrededor nadie lo hace por indiferencia pura. Aunque creo que es más bien una especie de indefensión adquirida. “¿Para qué protestar, si no va a servir de nada?”.

    Comentario por Shy Girl — 19 noviembre 2011 @ 1:58 | Responder

  2. Compi, pero ¿por miedo?

    Pues no hemos conocido (no nosotros, sino la Humanidad en su historia) etapas peores. Una, la tenemos bien reciente.

    Yo creo que podemos buscar otra excusa, pero no el miedo. ¿El desánimo o fatalismo que comentas? Sí, esa ya la encuentro más lógica.

    Comentario por Mendigo — 19 noviembre 2011 @ 9:16 | Responder

    • También la comodidad o simplemente las preferencias de cada uno. No todo el mundo tiene interés en dirigir el mundo: hay mucha gente que simplemente quiere vivir su vida sin complicaciones, y que otros se ocupen de la política. ¿que luego esta gente no tenga derecho (moral) a protestar cuando las cosas no se hagan como les gusta? totalmente de acuerdo.

      También otra cosa: dile a un trabajador que se pasa todo el día currando como un cabrón (por ejemplo, la mayoría de empresarios de las PYMES😛 ), que en lugar de pasar el poco tiempo que le queda con su familia debería dedicarlo a estar más metido en política. También entiendo perfectamene a mucha gente que prefiere irse a tomar una caña en vez de participar en una protesta.

      No todo es ser cobarde o valiente, eso es simplismo a lo “Disney” (donde sólo hay buenísimos y malísimo). Simplemente cada uno tiene sus preferencias y sus circunstancias. Siempre he opinado que la vida es demasiado corta como para pretender decirle a los demás cómo deben vivirla.

      Comentario por marcostonhin — 19 noviembre 2011 @ 9:51 | Responder

      • Bueno, también es cómoda la posición de la mujer que se somete al marido y dedica el resto de su vida a servirle y darle hijos, delegando en él el gobierno de la familia. Incluso te diría que es intelectualmente muy cómodo ser esclavo, teniendo a alguien que te dirija y cargue con la responsabilidad. Ser soldado, limitarse a acatar órdenes, es realmente cómodo para los espíritus pusilánimes.

        Pues habrá que educar a los niños para que sean libres, y eso significa asumir el gobierno de su propia vida y las consecuencias de sus actos y decisiones.

        Respecto al tiempo, estoy muy de acuerdo. Por eso es que habría que reducir la jornada laboral a las 35, 30, 25 horas (para empezar). Para que quede tiempo de que el trabajador pueda ser persona y ciudadano. Y para liberar de esa pesada carga a los empresarios, nacionalizar sus empresas. :P²

        Comentario por Mendigo — 19 noviembre 2011 @ 11:57 | Responder

      • Los españoles tendemos a eso. “El poco rato libre que me queda, no me quiero comer la cabeza; paso de política”…. y luego, nos pasamos horas en los foros y las barras de los bares, hablando sobre todo lo divino y lo humano, pensando cómo cambiaríamos el mundo si nos dejaran. No dejo de pensar que es algo contradictorio. El ser humano necesita opinar, ejercer el juicio; ¿cómo le puede molestar que le consulten?

        Comentario por Shy Girl — 19 noviembre 2011 @ 23:24 | Responder

        • Es normal. No puedes esperar la misma conciencia ciudadana de un francés que de un español. Los largos años de vasallaje pesan sobre la conciencia común.

          Por eso es tan importante educar a los críos como mujeres y hombres libres, que tomen el control de su vida y asuman las consecuencias de sus actos y decisiones. En vez de enseñarles a obedecer, enseñarles a no obedecer JAMÁS.

          Comentario por Mendigo — 20 noviembre 2011 @ 10:35 | Responder

    • Me refiero a que, desde los tiempos de los asirios, es sabido que la mejor manera de someter a un pueblo, de vencer toda resistencia, es el Terror. No sé si fue Queipo de Llano o Mola el que lo recomendaba, sin ningún rubor. Castigos desproporcionados, víctimas aleatorias. Cómo si no entender que los españoles soportaran a Franco durante tanto tiempo. Mi abuela se crió escuchando los disparos de los “paseíllos” en la tapia del cementerio, por las noches.

      Y no sé si será por los efectos combinados de la lectura de 1984 y la Doctrina del Shock, y los tabardillos que han tenido los pobrecitos mercados esta semana, o que algunas épocas del año me hunden el ánimo. Pero me he vuelto terriblemente pesimista últimamente (hasta mi familia me reprocha que les pongo el cuerpo malo…). Posiblemente, la Cospedal tenía razón: hasta ahora, hay mucha gente que no ha protestado, porque tiene la esperanza de que con el cambio de gobierno, las cosas mejoren. Pero como no mejoren (y creo que los mercados seguirán nerviosos y desconfiados, los pobrecitos, por una buena temporada…) se van a unir a los que hasta ahora han llamado “folloneros, perroflautas, progres trasnochados, radicales antisistema, kale borrokas y demás fauna”. Y cuando media España salga a la calle, y sea difícil mantener eso de “son una minoría marginal, poco representativa, no hay que darles respuesta”… tengo miedo de que intenten acallarlos por los métodos que describe la Klein en su libro. No es sólo miedo a volver a las condiciones laborales del siglo XIX, que la miseria empiece a rondar a la mayoría de las familias españolas, que yo ahora mismo no tenga muchas expectativas de futuro. Empiezo a temer también que perdamos la libertad y la dignidad que nos quede. Que sólo tengamos dos alternativas: o tragamos, con la sensación de que nos hemos vendido por un plato de lentejas (no: por medio plato de lentejas), o se arma una zapatiesta horrible.

      El Estado social ha caído; el Estado democrático está cayendo; ¿el siguiente será el Estado de Derecho? Tengo la sensación de que vivimos una situación muy parecida a la que describe Gramsci. El mundo está dominado por un poder económico que ha terminado sometiendo al poder político, y está ejerciendo una dictadura más o menos encubierta. Y ahora, sólo se puede derrocarlo mediante un levantamiento. Y sabemos lo que los poderosos son capaces de hacer por conservar sus privilegios. El mismo Gramsci, terminó diez años en una prisión (entre la indiferencia de los italianos, claro, que le rieron las gracias al Duce de la misma manera que se las han reído a Berlusconi).

      Buff, vaya un pesimismo. A ver si esta primavera me devuelve un poco la alegría.

      Comentario por Shy Girl — 19 noviembre 2011 @ 23:08 | Responder

      • Sobre los asirios, me estaba acordando de un relieve en no sé qué palacio de Asur que mostraba una bucólica escena cortesana, en los jardines del palacio, del cual pendían como guirnaldas los pellejos de reyes extranjeros derrotados.

        Los acadios o los egipcios fueron aún más antiguos en esa propaganda del terror, grabando estelas y monumentos en los que aparecían sus gobernantes como grandes dioses, castigando al que osara levantarse contra su poder. Tampoco hemos evolucionado gran cosa, sólo que ahora, en vez de relieves en granodiorita, son imágenes en la televisión por satélite.

        Estupendo comentario.

        Venga, no hace falta que esperes a la primavera. El invierno es la mejor estación de todas! La belleza severa del sol jugando con los cristalitos de hielo en un campo cubierto de escarcha…

        Amargarse no sirve de nada, al menos que no nos roben nuestra alegría!

        Comentario por Mendigo — 20 noviembre 2011 @ 10:31 | Responder

    • Miedo a perder la casa, esa que les ha esclavizado y no tener dónde refugiarse. Miedo a no tener para darles de comer a sus hijos, miedo a que además de todo esto, la “humillación” sea pública y se enteren todos los vecinos…

      Sip, miedo…

      Comentario por Nynaeve — 21 noviembre 2011 @ 12:59 | Responder

      • Sí, es cierto. Estamos siendo esclavizados por las deudas. Sí, es cierto, mucha gente cuando ve su futuro, siente miedo, pánico. Especialmente aquellos con responsabilidades familiares.

        Pero insisto. Eso no es nada comparado con otros tiempos.

        Si nuestros mayores pudieron hacerlo ¿acaso hemos nacido nosotros con un órgano menos que nos haga más débiles, más timoratos, más pusilánimes?

        Hemos crecido en la abundancia, lo que nos ha hecho débiles. Pues vamos a tener escasez, para hacernos fuertes.

        Comentario por Mendigo — 21 noviembre 2011 @ 23:23 | Responder

        • No, no es que seamos más pusilánimes. Es que estamos en otro “tiempo” al que te estás refiriendo. En la revolución industrial, no salieron todos los obreros a la calle juntos desde el principio. Fue poco a poco. Unos porque todo cambio da vértigo, otros miedo a la reacción del patrón. La sensación de que si cerraban la fábrica, se quedaban todos sin trabajo y no menos importante, quien “quería” al patrón y sentía pena por él y lo que les iban a hacer. Fue poco a poco, a razón de explicar que no había derecho a tener que trabajar 18 horas y pasar frío y hambre, mientras el patrón vivía de puta madre… pero antes de llegar al convencimiento de que la unión hace la fuerza, muchos de los que no se movían o por lo menos al principio, tachaba de perroflautas y violentos a quien sí queria defender sus derechos…

          Comentario por Nynaeve — 21 noviembre 2011 @ 23:51 | Responder

        • Y cuando digo lo del “tiempo” es que tu te fijas en el resultado final y yo creo que estamos al principio del camino o quizá un pasito más allá, tras ver un poquito más de movimiento por la calle…

          Comentario por Nynaeve — 21 noviembre 2011 @ 23:52 | Responder

        • Sí, también tienes razón. Yo tengo la imagen del final del proceso, con huelgas durísimas (incluso durante la República, gobernando el Frente Popular). Pero para llegar a ello hubo que ganarse el mismo derecho de hacer huelga.

          Pero insisto: aquellos días había gente muy dura, muy comprometida. Lo de mandar dinero para que unos compañeros mantengan la huelga, o aceptar a sus críos en tu casa…es una fraternidad obrera que no veo ahora ni por asomo. Todo lo contrario, la gente ve una huelga o una manifestación, y se queja porque le cortan la calle o no pueden darle el servicio que quería.

          Hay que empezar a enseñar desde cero, porque hemos ido perdiendo mucha de la cultura obrera. Si hay huelga, hay huelga, y no trabaja ni Dios. En la asamblea puedes decir si estás de acuerdo o no con hacer huelga, pero con lo que se decida, todos a una. Y eso ahora no se tiene. Y ya he discutido con dos monitas a cuenta de la huelga de profesores, porque ellas decían que que fuera quien quisiera, quien estuviera de acuerdo.

          Y lo primero, primero, sería enseñarle a la gente cuál es su puta clase. Que me parece que tienen una confusión de cojones, y hay más de uno que se cree marqués siendo un desgraciado de la vida.

          Comentario por Mendigo — 22 noviembre 2011 @ 2:07 | Responder

          • Pedagogía social, lo llamo yo. En cuanto a lo de la gente muy dura y comprometida, ya llegará… sólo tenemos que volver a creernos que la unión hace la fuerza. Joé, tengo una entrada en este sentido a medias desde hace siglos y no encuentro el momento de terminarla y soltarla…

            Comentario por Nynaeve — 22 noviembre 2011 @ 9:06 | Responder

            • Ahora que dices, que tengo que ponerme con los resultados electorales…

              Comentario por Mendigo — 22 noviembre 2011 @ 12:18 | Responder


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