La mirada del mendigo

10 diciembre 2011

Busco tripalium

Filed under: política — Mendigo @ 14:27

El autor de este artículo es un comentarista habitual por estos lares, V.

Con esto abro una nueva etapa de colaboraciones (que espero me quiten un poco de tripalium, y no tener más) que seguro enriquecerá la página (debéis estar jartos de escucharme escupir sapos y culebras, un cambio de tono vendrá bien al blog).

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tripalium

Si buscamos en un diccionario latino la traducción del término castellano “trabajar”, nos aparece el verbo laborare, que a su vez proviene del sustantivo labor, laboris, esfuerzo.

Es evidente que la forma castellana no proviene de esta palabra. Consultando un diccionario etimológico, podemos salir de dudas. El término “trabajo” viene de otro término latino, tripalium, que significaba literalmente ‘tres palos’ y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba al reo. Mediante una evolución metonímica, adquirió el sentido de ‘penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz’.

Es decir, este nombre pasó de designar un instrumento de tortura a referirse a uno de los efectos de la tortura: el sufrimiento.

De tripalium, sustantivo, se formo tripaliare, verbo genérico para “torturar” y, de ahí, al gallego traballar o al castellano trabajar (vía castellano antiguo trebajo).

En la antigua civilización grecorromana desempeñaban esta labor, en mayor medida, los esclavos.
De la wiki: “No existen actividades para esclavos propiamente dichas: cualquier actividad puede ser llevada a cabo por un esclavo, si se excluye la política entre estas. Esta era la única actividad en la que el ciudadano tenía el monopolio. En realidad, para los griegos era la única actividad digna de un ciudadano, mientras que las demás debían delegarse en la medida de lo posible a los no-ciudadanos”.

En la Edad Media, se impuso el sistema feudal.
-Feudo: “En la Edad Media, contrato por el cual los soberanos y los grandes señores concedían tierras u otros bienes a sus vasallos a cambio de que ellos y sus descendientes les prestaran servicios y les jurasen fidelidad”.

En la Edad Moderna, las encomiendas.
-Encomienda: “Institución de la América colonial mediante la cual se concedía a un colonizador un grupo de indios para que trabajaran para él a cambio de su protección y evangelización”.
Así como el tráfico de esclavos provenientes del continente africano.

A lo largo de estas épocas, el trabajo iba destinado a los estratos más bajos, en constante evolución situacional, y a los pueblos menos avanzados tecnológicamente y, por lo tanto, inferiores en la batalla. El trabajo era propio de seres sumisos y coaccionados.

expulsión

Para el cristianismo, significaba otra cosa:
“Una perspectiva bíblica del trabajo es aquella que lo ve de por sí como algo creado por Dios para la humanidad. El trabajo lícito, independientemente del que sea, glorifica a Dios; es el plan original para la humanidad. Es más, aquellos que no creen, también creados a imagen y semejanza de Dios, glorifican a Dios con su trabajo, ¡y ni siquiera lo saben!”

Algo parecido al cartel que pendía a la entrada del campo de extermino de Auschwitz: Arbeit macht frei, es decir, el trabajo de hace libre.

Los amerindios no entendían por qué se les obligaba a trabajar para enriquecerse, cuando, para ellos, era más fácil y menos sufrido subsistir gracias a la caza o la agricultura, dedicando más tiempo al juego y la socialización, en vez de a penar por la acumulación de riquezas materiales.

En resumen, el laboro ha ido mudando su apariencia hasta nuestros días hasta convertirse en lo que conocemos hoy en día como “trabajo”. Lo consideramos como una necesidad, como un medio para sobrevivir, para poder tener acceso a la alimentación, para tener un hogar en el que refugiarse de las inclemencias del tiempo. Incluso más: un medio para conseguir todo tipo de lujos. El dinero hace de intermediario entre el trabajo y las pretensiones del hombre. Esto, a su vez, fomenta la competitividad; cuanto mejor desempeñe uno su trabajo, en comparación con el resto, tendrá mayor acceso a la riqueza, al dinero. Progresar, pisoteando a otros, para conseguir lo que se desee.
Ésa es la idea que se transmite, actualmente: trabajar para ser alguien importante, para poseer múltiples cosas y, en última instancia, para ser feliz. Se ha pervertido el verdadero significado de la palabra laboro. No son las palabras las que nos engañan, sino el que sentido que se les otorga. Se ha invertido por completo la situación: parece ser que el trabajo es necesario para ser libres, es decir, para tener posibilidades de realizar lo que queramos. Pensando así, nos estamos haciendo un flaco favor. Aceptamos la esclavitud del trabajo para conseguir una vana ensoñación de libertad.

Y en esas estamos: nos escandalizamos por el elevado número de parados en España. Y no entendemos que ese es el fin ideal al que deberíamos tender. Hacia la minimización del trabajo, no al exceso de él. Parece que sin trabajo no somos nada.

Ahora que todo el mundo espera que se solucione el panorama del desempleo, rápidamente; yo abogo por su limitación, por su supresión en la medida de lo posible. No quiero trabajar para que otros vivan bien a costa de mi esfuerzo. Quiero que se minimice al máximo el campo de acción del trabajo: suprimir lo superfluo y mantener, sólo, lo estrictamente esencial para seguir funcionando como sociedad. Pocos trabajos, pero con relevos constantes. Que aparezca la multicualificación: que una misma persona pueda desempeñar varios trabajos con eficacia, para erradicar la monotonía actual. Primar la vocación por encima de la profesión: es decir, igualar los sueldos, en la medida de lo posible, para que se trabaje en aquello hacia lo que uno tiende personalmente, independientemente del salario a obtener: el que se quiera enriquecer que trabaje más horas. Aumentar el tiempo dedicado a la recreación, al ocio, a las aficionas personales. Y no esperar a los 67, cuando ya se nos ha acabado tres cuartas partes de la vida, para ser libres.

mafalda

33 comentarios »

  1. Bienvenido sea pues V.

    Sobre el contenido de la entrada hay otro aspecto del trabajo que pienso cabría destacar. El trabajo es también parte de nuestra identidad e incluso de nuestra dignidad (en el caso de no tenerlo sobre todo). Es y debe serlo, aunque hay en la actualidad la tendencia a destruir este valor del trabajo con las medidas de flexihostias y precarización.

    Por e.j. Me llamo Luis y soy alfarero. (también podría meterse un “estoy casado”, “tengo siete hijos” y “vivo en Murcia”)
    Esos detalles básicos sobre la identidad propia reflejan, más que quienes somos, lo que los demás reconocen en nosotros. No se si entiende por donde voy.

    La cuestión esté tal vez en la diferenciación entre el trabajo asalariado (hoy imperante y necesario) y trabajo como dignidad y valor que aportamos a la sociedad. Independientemente de su categoría, cualificación y/o renumeración.

    Por porner otros ejemplos: Soy el médico del pueblo, soy el barrendero, soy el cartero, soy ama de casa y tengo 4 hijos, …soy … y el resto de la comunidad me reconoce como tal independientemente de que gane un pastón con ello, gane para malvivir o me lleve la satisfacción del deber cumplido.

    Saludos y suerte en la colaboración.

    Comentario por manolox — 10 diciembre 2011 @ 18:42 | Responder

    • Lo de alfarero me recuerda a Saramago.

      Yo intentaré ir un poco más lejos. Creo que tratan de romper la conciencia propia, el mismo soy. El ser capaz de reconocerte como un individuo autónomo, diferenciado del resto de la sociedad. Por supuesto, somos lo que somos en relación a la sociedad, sin ella no duraríamos ni unas horas. Pero curiosamente, ese capitalismo que se vende como individualista, es profundamente embrutecedor y alienante (también el socialismo estalinista, por cierto) en el que el individuo pierde la identidad y sólo puede recuperarla acudiendo a la masa (soy del partido tal, del equipo cual, veo los mismos programas de televisión que tú).

      Comentario por Mendigo — 10 diciembre 2011 @ 19:55 | Responder

      • Pues sí, los dos estáis acertadísimos.

        @ Manolox: El trabajo del que hablas es el que yo considero ” vocacional”, el que nos atrae independientemente de la remuneración. Podríamos hacer una distinción: llamar ,a éste, empleo o, mejor, actividad y al otro trabajo( tortura). Al fin y al cabo, la vida es puro movimiento, es acción. La vocación debería tender más hacia las aficiones que hacia el tripaliare. Como suelo decir, ya que, posiblemente, vamos a emplear más de media vida en desempeñar un rol en la sociedad, por lo menos que sea algo que nos llene.Lo que tú, acertadamente, dices de la satisfacción. Por otra parte, quizás, nos identifiquemos con la profesión que desempeñamos, en la sociedad, porque ésta está imbuida de un espíritu utilitarista. Somos en tanto que representamos un servicio para el resto. En cambio, en una sociedad libre de estos prejuicios, podríamos decir: Soy Juán, el generoso, al que le gusta patinar, el comunista… o algo así.

        @ Mendigo: Suscribo todo lo que dices: el sistema actual es egoísta y, a la par, alineante. Puedo sonar contradictorio, pero en el fondo no lo es. Me explico, es egoísta porque rechaza lo ajeno, lo que la persona no considera propio. Todo lo que no sea familia o amigos, o personas con las mismas ideas, se mira con suspicacia y se ataca a la mínima( ej: los inmigrantes de los que habláis en otra entrada). Pero, en vez de reconocer la propia individualidad, es decir, desarrollar una personalidad independiente y libre, se fomenta la identificación con el grupo de iguales: tengo un smartphone, soy del Barça y voto al PSOE. Se repite como un puto cliché. Soy algo porque hay un grupo detrás que me respalda, con mis mismas aficiones, con mis mismas ambiciones, con mis mismas posesiones… El rebaño que se dice.

        PD. Gracias a todos por vuestros comentarios y, en especial, a Mendi, por haberlo publicado😉.

        Comentario por V — 11 diciembre 2011 @ 19:57 | Responder

        • A ti, por aportarnos nuevas perspectivas y temas de debate.
          😉

          Comentario por Mendigo — 11 diciembre 2011 @ 20:20 | Responder

          • Gracias🙂🙂.

            Comentario por V — 13 diciembre 2011 @ 15:14 | Responder

        • Lo que nos hace desconfiado con lo que vemos como “extraño” o “foráneo” no es la sociedad, sino nosotros mismos. Es algo propio de todos los simios, por instinto.

          A veces nos olvidamos de que no dejamos de ser monos, y como tales aún permanecen muchos de nuestros instintos, algunos incluso contrarios a cualquier razonamiento.

          Comentario por marcostonhin — 13 diciembre 2011 @ 19:58 | Responder

          • Puede ser por instinto, no te lo voy a negar, pero eso no puede servir de excusa para seguir comportándose así. Se supone que hemos desarrollado una “inteligencia”, pues usémosla. Sigamos caminando hacia el superhombre que decía Nietzsche.

            Comentario por V — 14 diciembre 2011 @ 22:04 | Responder

  2. Muy interesante. Buen enfoque. Me ha gustado este cambio de tono, que enriquece más, si cabe, este blog.

    Al final, uno pasa la vida trabajando como un cabrón, y cuando se da cuenta y echa la vista atrás se pregunta, ¿pero qué coño he hecho en toda mi vida? Enzarzarse en la rutina del trabajo-casa, ganar para los gastos y así hasta la ansiada jubilación. Buf… ¬¬

    Comentario por wenmusic — 10 diciembre 2011 @ 19:52 | Responder

    • Por otra parte, es que no queda más puto remedio.

      Quiero decir, antes podías decir, joder, trabajo un poco menos, vivo de forma más sobria y en paz. Pero es que los que se incorporan ahora al mercado laboral tienen que trabajar como un cabrón, uno mismo y su pareja, para acceder a lo mínimo, que es vivienda, comida y vestido. Y que no se quede uno en el paro… Y lo de tener críos…cuando las cosas mejoren. Nos han ido cociendo poco a poco, casi sin darnos cuenta. Incluso a base de endeudarnos, parecía incluso que properábamos, cuando en realidad éramos cada vez más pobres.

      Enriquece más, si cabe…

      ¡Pelotón!😛

      Comentario por Mendigo — 10 diciembre 2011 @ 20:05 | Responder

      • Sí hay remedio: sembrar, para luego recoger los frutos. Algún día los campos yermos serán sustituidos por las mieses estivales y , ese día, habremos ganado nosotros. Y, lo que es más importante, habrá ganado el mundo.

        Somos esperanza andante.

        Comentario por V — 11 diciembre 2011 @ 19:59 | Responder

        • Habla por ti, compañero. Yo soy desesperanza renqueante.
          😦

          Cuando los esclavos abrazan sus cadenas, sabes que has perdido. Y eso es lo que veo a diario…

          Comentario por Mendigo — 11 diciembre 2011 @ 20:18 | Responder

          • Pues yo creo que no es verdad eso que dices. Y la demostración de que conservas un pellizco de esperanza es este blog. No creo que lo tengas, simplemente, para desahogar. Creo más bien que lo utilizas para plantar batalla, para guerrear… Aunque esa lucha sea estéril, mantienes la esperanza por el simple hecho de combatir. Pero no desesperanzado: la desesperanza implica la claudicación absoluta. Mientras siga un puño en alto, hay esperanza. Mientras sigan apareciendo nuevas generaciones, hay esperanza. Mientras el mundo gire, hay esperanza. La victoria y la derrota están separadas por una fina línea que se llama CONCIENCIA.

            Hay que luchar, luchar y luchar; y cuando estemos exhaustos, cuando no podamos ni mover un dedo, seguiremos luchando. Porque así somos y no tenemos por qué cambiar.

            Comentario por V — 13 diciembre 2011 @ 14:52 | Responder

            • Aunque esa lucha sea estéril, mantienes la esperanza por el simple hecho de combatir. Estás desencantado y decepcionado con la sociedad, como yo. Pero no desesperanzado: la desesperanza implica la claudicación absoluta.

              No se por qué, pero me comió ese trozo :S.

              Comentario por V — 13 diciembre 2011 @ 14:54 | Responder

            • Tenías hambre!😛

              No lo sé. Si te creas ilusiones, sólo sufres decepciones. Esto va por días, supongo. Hablas que vendrán nuevas generaciones, pero es que ése es precisamente el problema. Yo a los nuevos críos los estrangulaba. Mira que siempre digo que mi generación (’70) fuimos una panda de mierdas, en comparación con las anteriores (’60) y (’50). Pero es que lo que está saliendo ahora de los colegios, de las universidades…viven en su puta propia fantasía, en su paraíso artificial. Y salen de él para encontrarse con una realidad negra: no hay sitio para ellos, a no ser que sus papás los coloquen (el 1%). 50% de paro juvenil. Lo que no entiendo es cómo no cruzan contenedores y coches y les prenden fuego; cada noche, un infierno en las calles. Y sin embargo, están tranquilas.

              En fin…

              Comentario por Mendigo — 13 diciembre 2011 @ 19:35 | Responder

              • “¡qué asco de generación de vagos y simvergüenzas! ¡En mis tiempos sí que se trabajaba duro, y éramos hombres de verdad!”

                Si es que cuando yo digo que vas viejo…

                Comparto contigo que algo debería estallar. Lo del movimiento 15M fue un comienzo de algo que podría haber llegado a más (aunque ya fue impresionante hasta donde llegó) pero que estoy viendo que al final las cosas seguirán exactamente igual. El problema es sencillo: tal como está ahora todo controlado, el “sistema” es paciente y no tiene prisa, ya que por mucho que quieras protestar al final tendrás que pasar por el aro para poder vivir y tirar p’alante. Por mucho que odies a los bancos, al final necesitarás tener una cuenta. Por mucho que haya choriceo, al final tendrás que pagar impuestos (como mínimo el IVA).

                Comentario por marcostonhin — 13 diciembre 2011 @ 20:04 | Responder

                • Sí, mi generación no me entusiasma precisamente. Pero, aquí estoy yo( no es que me tenga en alta estima) y otros con mis mismas ideas de cambio. Mientras existas tú, exista yo, o exista alguien con ideas revolucionarias… Hay esperanza: en cualquier momento puede prender la mecha. Un segundo lo cambia todo. Lo que está claro es que no va a ser un cambio generacional abrupto: nos gusta el rebaño a raudales.

                  Por cierto, a mí el “15M”( me parece absurdo ese término la verdad), en líneas generales, no me gusta. Es más, me repugna en cierto modo. ¿ Por qué? Porque su origen no es muy noble: parte de la injusticia personal. La mayoría de sus seguidores, si mejoraran su condición sociolaboral, se apartarían del movimiento. Sólo se busca el interés personal. Al menos esa es mi opinión: me gustaría equivocarme, la verdad, y ver que ha sido un auténtico despertar de mi generación. Pero…

                  Comentario por V — 14 diciembre 2011 @ 22:10 | Responder

                  • No te tienes en alta estima? Pues yo sí que te tengo!!!! Uno de los dos se equivoca, y yo no tengo el hábito de hacerlo.😛

                    Pero te vuelvo a repetir: somos una minoría, lo que queremos un cambio de la estructura social. La enorme mayoría lo que quiere es que vuelvan las vacas gordas, la situación pre-crisis, sin darse cuenta que en el vientre de la burbuja estaba la crisis. Siempre ha sido así, ni que fuera la primera burbuja de activos que vemos. Ahora, esta es de las gordas, de las que va tardar una generación en ser digerida. Y la que le toca ahora entrar de pleno derecho en la sociedad adulta…pues se va a joder. Y la siguiente…pues olvidará los errores del pasado, y vuelta a empezar.

                    A mí me satisface que este blog ya tenga seis añitos. Porque podemos comparar lo que decía en el 2006 y lo que digo ahora. Avisaba que nos íbamos a dar el hostión (y si ahora no soy más que un pringaíllo, hace seis años no sabía ni la centésima parte, y ya era evidente…para el que quisiera mirar), nos lo hemos dado. Efectivamente, la gente se vuelve protestona cuando tiene el estómago vacío, esto lo saben bien los príncipes que son y han sido. Pero también algunos hay que protestamos, si es que ya es vicio, con el estómago lleno, porque nos duele que no todo el mundo goce de nuestra suerte.

                    Yo hay veces que lo digo: mucho de lo que yo propongo, directamente NO ME CONVIENE directamente. A mí, sinceramente, que gobierne el PP o el P$O€ es que me la pela, hasta mira, me viene bien. Hombre, blanco, hetero y de clase media. Por mí, ya pueden venir dos tazas de capitalismo. Ahora, ME CAGO EN DIOS, NO ES JUSTO! Estamos creando mucho dolor, un dolor sordo, que no se escucha porque aún por encima le imponemos el silencio de la vergüenza. Este latrocinio de riqueza y sudor al que llamamos sistema y deberíamos llamar eutopía, está machacando vidas y esperanzas, está llevando dolor ya no sólo al cuerno de África, sino a nuestros mismos barrios. Esta injusticia es intolerable, y hay que ser muy ignorante, o muy egoísta para no rebelarse contra ella.

                    Comentario por Mendigo — 15 diciembre 2011 @ 20:16 | Responder

                • Xa imos para vellos, tronk. E ti tampouco te salvas! Eu xa conto algunha cana…

                  No lo sé, hasta cuándo será el límite de la gente. Yo tengo bastante miedo del futuro, la verdad. Toca desapalancar la economía, es obvio. Se puede hacer de muchas formas, con inflación, con aumento de la productividad que estimule el crecimiento…pero como recurramos a la opción de la austeridad, eso provoque una depresión de la economía, lo cual generará más déficit lo cual necesitará una vuelta de tuerca más de austeridad…podemos convertir una leve enfermedad en una dolencia mortal (sólo hay que ver el caso griego, o el irlandés).

                  Temo que cuando todo reviente sea demasiado tarde, y nos hayamos convertido en un país subdesarrollado, con todo el tejido productivo hundido, con una sociedad fracturada y un Estado disfuncional, que no puede prestar los servicios mínimos (saqueado y demolido por el nihilismo neoliberal). La latinoamericanización de Europa. Es que no es una peli de ciencia ficción, es que tenemos el ejemplo reciente del Cono Sur. A los itlaianos y griegos les han aplicado Friedman en vena, igual que a chilenos y argentinos.

                  Comentario por Mendigo — 15 diciembre 2011 @ 20:00 | Responder

                  • Bueno según los principios de la lógica paradójica, los dos podemos estar equivocados al mismo tiempo. Así que va a ser eso😉.

                    Yo creo que hacia eso debería tender la evolución del hombre: reconocer la justicia de una situación, independientemente del resultado personal que conlleve y actuar en base a la consecución de dicho ideal de justicia. Aun a sabiendas de que puede suponer un perjuicio propio. A mí me duele mucho todo lo que está sucediendo: tanto dolor, tanto sufrimiento ajeno… me desgarra. No quiero ser partícipe ,por omisión, de este genocidio. Me niego en rotundo. Y no es una frase bonita, es la verdad, MI VERDAD,

                    Comentario por V — 16 diciembre 2011 @ 1:03 | Responder

  3. Si señor, me gusta

    Siempre he dicho que de lo poco con lo que estoy de acuerdo con el cristianismo es en el concepto del trabajo como castigo divino (en el Genesis, es la condena a Adan y sus descendientes por el pecado original, además de lo del parto con dolor, que es la otra gran putada de ese dios misericordioso)

    Comentario por santi — 10 diciembre 2011 @ 21:34 | Responder

    • Pues yo tampoco estoy de acuerdo con esa afirmación, Santi. Y no porque sea ateo, que lo soy, sino porque considero que hay una clase de “trabajo”, el vocacional( del que hablo más arriba), que merece la pena. Que es satisfactorio, que afirma tu personalidad en relación con tu sociedad y que repercute, de manera positiva, en ella.

      Somos seres sociales, eso no cabe duda. Supuestamente, la razón principal por la que formamos parte de un conjunto es porque ,así, se facilita el trabajo. La fuerza de la unión reduce el esfuerzo individual.

      Pero, irónicamente, el formar parte de una sociedad, supone lo contrario. Más trabajo, embrutecedor e invasivo, para que unos puedan vivir como dioses.

      El cristianimo ha hecho mucho daño al mundo y, en este caso, no iba a ser menos. Los castigos están para cumplirlos, Santi: ya se ha encargado la Iglesia de que así sea. Espero que Pablo de Tarso esté contento…

      Comentario por V — 11 diciembre 2011 @ 20:05 | Responder

      • Bueno, yo llamo trabajo a lo que se ha de hacer por obligación, como ir a la oficina todos los días. Además del trabajo remunerado, hay otros que se hacen para uno mismo, las tareas del hogar, por ejemplo, que también son obligatorios (aunque con un grado de libertad mayor, porque uno es su propio jefe, y decide con qué nivel de polvo puede convivir). Y luego están esas actividades que tu llamas “vocacionales”, que para mi no son trabajos, porque se hacen por gusto, porque te satisfacen, y no son una obligación. Mendi hace este blog, y eso no es un trabajo en el sentido que yo lo entiendo, por más que pueda conllevar un esfuerzo importante (en el caso de Mendi, no, que es un vago y le encarga los posts a otros xD).

        Es la diferencia entre levantar sacos y pesas: un obrero carga sacos por obligación, porque sinó no le pagan, y se muere de hambre. El culturista levanta pesas, con el mismo o más esfuerzo, pero lo hace voluntariamente, porque eso le procura una cierta sastisfacción. Incluso paga por ello.

        ¿El trabajo es bueno? Pues si, en tanto nos permite satisfacer nuestras necesidades (biológicas y otras). ¿Es desagradable? Pues en general si, aunque depende de cada caso. No es lo mismo trabajar de pocero que de DJ. ¿El trabajo puede ser satisfactorio? Pues en general no, es una obligación. Una misma actividad (levantar pesos) puede ser satisfactoria, si se hace voluntyariamente, pero insatisfactoria si se hace por obligación. Pero al menos deberíamos tender a que el trabajo fuera lo menos desagradable posible. Una forma clara de conseguir eso es que sea POCO: lo malo, si breve, menos malo.

        Hay que tener en cuenta el balance: trabajo – necesidades. Cuanto mayor sea el segundo término, mayor será el primero y viceversa. Acordarnos del aforismo “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”.

        Por supuesto, las necesidades básicas (comida, bebida, abrigo, refugio..) tienen que ser cubiertas. Las necesidades “menos básicas” también pueden ser cubiertas, porque eso nos crea una satisfacción….. hasta cierto punto, es decir, hasta que el trabajo que requiere cubrirlas no compensa. Aquí entran en juego nuestras escalas de valores: por ejemplo ¿nos merece la pena trabajar x horas por tener un nuevo aparato (tele, coche, …)? Depende del valor que le demos al aparato y a la satisfacción que nos procura, y depende también de lo desagradable que sea nuestro trabajo.

        Y estoy de acuerdo contigo: una forma de que el trabajo sea a la vez menor y menos desagradable es la colaboración social, si esta se desarrolla de forma justa. Pero cuando la sociedad se basa en la supremacía o en la dominación de unos por otros, este beneficio se reduce, o incluso desaparece para los de abajo (para los de arriba, en cambio, es estupenda). De todas formas, sin ser creyente tampoco, no creo que este fenómeno sea culpa del cristianismo. En realidad es una constante universal con bien pocas excepciones. Los atenienses tenían esclavos, pero no eran cristianos.

        Comentario por santi — 12 diciembre 2011 @ 14:47 | Responder

        • No has entendido mi definición de trabajo vocacional. Para mí el trabajo vocacional es aquel que presta un servicio a la comunidad, es de carácter obligatorio, está remunerado y, a la par, te satisface su ejecución.

          Por ej.: Yo soy diplomado en E. física. Quiero ser maestro y si algún día llego a serlo( allá por el 2050…), estarñe entusiasmado. Seguro que habrá días que no quiera acudir, seguro que habrá días malos… pero, en líneas generales, es un trabajo que me llena, que me gusta. No dependo de los factores externos( dinero, tiempo libre…) para encontrarle el sentido a la actividad. No sé si me sigues…

          De lo que tú hablas son aficiones: te aportan un bienestar en sí mismas, pero no están remuneradas económicamente.

          Respecto a lo del cristianiamo: no me refería que la Iglesia fuera culpable de la situación actual. Lo que quería decir es que sí que le interesa que así sea. Que se sufra, que se padezca… Al menos, ése es su dogma: padecimieno terrenal para alcanzar la gloria. ¿ NO?

          En todo lo demás, totalmente de acuerdo. A mayor números de necesidades, mayor número de trabajos. Por eso es importante la unión de la sociedad para minimizar el trabajo.

          PD: Tienes razón, Mendi es un vago y, encima, un explotador: tanto hablar de tripaliare y a mí me tiene esclavizao… xD. Espero que esto no lo lea😉.

          Un saludo!

          Comentario por V — 13 diciembre 2011 @ 15:12 | Responder

          • SI, si lo entiendo. Puedes tener un trabajo remunerado que, además, te guste. Ni siquiera hace falta que sea un servicio a la comunidad, aunque todos los trabajos, en poco o en mucho, lo son.

            Esta es la situación ideal, pero está al alcance de pocos. Incluso cuando trabajas en lo que te gusta, habrá momentos en los que no te apetezca, o que quieras hacer otra cosa y no puedas, porque estás atado por la actividad. Y, por otra parte, un jefe imbécil puede conseguir que hasta el más vocacional de los empleados acabe hasta los mismísimos del trabajo, conozco algún caso así….😦

            En general me gusta mi trabajo, pero hay rachas buenas y malas, y a veces me dan ganas de mandar a la mierda a todos. Pero tengo que dar de comer a una familia….

            El problema es que hay muchos trabajos en los que esa satisfacción es difícil de encontrar. No se prestan a ser vocacionales. Por ejemplo, un pocero limpiando alcantarillas (el otro día hablábamos de la prostitución, otro caso en el que en general no se entra por vocación … o eso creo, al menos).

            Quizá uno de los retos más difíciles en algunos casos, es precisamente encontrarle el gusto a lo que se hace (aunque sea una mierda de curro de repartidor de pizzas). Puede ser por vocación hacia la actividad, o por simple satisfacción del “deber cumplido”. Me parece importante porque así se trabaja más a gusto, con mejor ambiente, se rinde más y no se amarga uno la vida. También pasa que falta en muchos ámbitos una cultura del trabajo “bien hecho” frente al “cumplir” con los mínimos.

            Y ahora viene Mendigo y me cruje por decir esto🙂

            Comentario por santi — 13 diciembre 2011 @ 15:42 | Responder

            • ¿Por qué te iba a crujir?

              No, si yo estaba callado porque me estaba interesando el debate que teníais. De hecho, estáis desarrollando el artículo que propuso V. Es que de eso se trata, ¿podríamos organizar el laboro sin necesidad de convertirlo en tripalium?

              En este caso (y sin que sirva de precedente😛 ) me siento más identificado con la posición de Santi. No todos los trabajos pueden ser vocacionales, e incluso en aquellos casos que lo son, no pueden serlo continuamente.

              V, dices que quieres ser maestro. No he conocido personas más convencida de su vocación que mi vieja, maestra. Me dio clase y te puedo asegurar, y no es porque sea mi vieja, que es para lo que verdaderamente ha nacido. Tiene un dominio de las fieras que ya quisiera un domador de circo. XDDDDDDDDD. Bueno, pues incluso mi vieja, llegaba muchos días frita y agotada, sobre todo al final de su carrera docente, que los niños se hicieron asquerosos con el influjo de la tele.

              Como dice Santi, si todo el trabajo fuera vocacional, no habría poceros y sobraríamos candidatos a actor porno. Más bien de lo que se trata es de que cada uno, en su oficio, tenga la oportunidad de sentirse realizado y progresar. Para eso tiene que ver que su trabajo sirve para algo (difícil en las modernas cadenas de montaje). Es por ello que soy un convencido de las cooperativas, en las que el trabajador tenga un control sobre su vida laboral y las circunstancias que la rodean. En alguna empresa, he pensado que si la dirigiera el último peón, funcionaría mucho mejor que dirigiéndola el jefe, que no baja nunca a la nave. Un trabajador, el último peón, tiene un conocimiento sobre su puesto de trabajo y debe tener la autoridad de modificar ese trabajo (evidentemente, una autoridad colegiada con sus compañeros, en realidad la autoridad la tienen los trabajadores reunidos en asamblea). Creo que esto es fundamental para que un trabajador sienta el esfuerzo realizado como propio. Por supuesto, además del hecho de ser co-propietario de la empresa y participar en los beneficios.

              Luego, tenemos otro punto: no todos los trabajos pueden ser vocacionales o, al menos, amenos, agradables o creativos. La cuestión es usar el progreso técnico para reducir los trabajos más penosos al mínimo posible. Con una mano de obra devaluada por el capital, la tendencia es inversa. ¿Por que invertir en mecanización o automatización, si el kilo de obrero va barato? ¿Por qué invertir en seguridad, en higiene en el trabajo, si la inspección de trabajo se la suda, si los sindicatos no hacen nada y los trabajadores no rechistan?

              Y finalmente, las horas. Siguiendo el ejemplo del blog. Si yo tuviera que decicarle 8 horas a esto día tras día, sería una tortura (ya que fuera obligatorio lo haría una carga). No es necesario trabajar tantas horas! Primero, es absurdo que habiendo 5 millones de personas desocupadas, las que aún conservan el puesto estén echándole horas y horas (muchas más de 8, no siempre pagadas). Una simple redistribución de un recurso escaso, el trabajo. Bueno, tiene sentido económico, bien lo sé, pero eso es debido al sesgo que introducen las cotizaciones emrpesariales a la SS, un impuesto al trabajo, la SS habría de integrarse en los presupuestos generales y que las rentas del capital contribuyeran a pagarla, que no saliera sólo de las del trabajo.

              Una persona que trabaja 5 horas es más productiva que si trabaja 8, esto es evidente. Pero además, esas 3 horas las puede dedicar a formación continua, con lo que será cada vez más productivo. Y también, las puede dedicar al ocio (que mueve todo un sector económico), a establecer relaciones sociales (que se va perdiendo en el mundo moderno), a realidad ejercicio físico, a…vivir.

              Por otra parte, no es necesario este ritmo de sustitución en muchos de los productos. No es necesario producir tanto, gran parte de ello no sirve para cumplir una necesidad real sino una necesidad ficticia o inducida. Por ejemplo, no es necesario cambiar de móvil cada año, sino cuando se rompa el viejo. Se crean medicamentos, y luego se descubren las enfermedades para las que son eficaces (con poca diferencia sobre un placebo). Estamos desperdiciando un montón de horas de trabajo (y de recursos naturales) en productos y servicios que, realmente, no aportan o cubren ninguna necesidad objetiva.

              La técnica iba a servir para liberarnos del trabajo. En lugar de ello, sirve para cargar de trabajo a los afortunados que lo tienen, y dejar a más de media humanidad sin él porque no tiene cabida en una economía cada vez más especializada. Y si no aportas (trabajo o capital), no recibes. Simplemente, estamos excluyendo a media Humanidad, que tiene que sobrevivir entre las grietas del sistema, en la economía informal, porque no hay sitio para ellos en la moderna producción. ¡Pero son mujeres! ¡Son hombres! ¿Qué esperamos? ¿Que se echen a un lado y se dejen morir de hambre en silencio, porque realmente sobran para el sistema productivo, y aún más como consumidores potenciales? ¿Los gaseamos? ¿Los incineramos? Tenemos unos 3.000 millones de seres humanos que están de más, que no tienen cabida en la economía moderna. En España, son 5 millones de personas. ¿Qué hacemos con ellos? Antes, cuando sobraban brazos, los metían en barcos y los llevaban a colonizar otras tierras, antes de que empuñasen armas y armasen una buena. Pero ahora?

              También algún día tendremos que ocuparnos de ese problema, que se sigue soslayando. No hay trabajo para todos. ¿Sólo tiene derecho a comer, a vivir, aquel que puede aportar trabajo a la maquinaria?

              Comentario por Mendigo — 13 diciembre 2011 @ 20:24 | Responder

              • Creo que tenemos un cierto desenfoque en este tema del trabajo, sobre todo cuando hablamos de él como un recurso. El trabajo no es un recurso, es una carga. No es algo que tenemos, es algo que nos tiene. En realidad, la gente que busca trabajo no busca “trabajo”, busca un sueldo. SI les das a elegir entre un puesto de trabajo o una primitiva de 5 millones, el 99,9% escogen lo segundo.

                Desde un punto de vista global, trabajamos porque hace falta para obtener los bienes y servicios que necesitamos, primero para sobrevivir, luego para nuestro bienestar, incluso para satisfacer algunos vicios absurdos (como ese de tirar las cosas antes de tiempo).
                El problema es que este sistema que tenemos produce bienes y servicios a lo bestia, suficientes para todos, pero se reparten muy mal, se dosifican, se acumulan en unas manos y se deja en al insatisfacción a grandes capas de la población. El sistema genera un chantaje económico implícito de las capas altas sobre las bajas, del capital sobre el trabajo: si quieres obtener más, es a costa de que el capital obtenga mucho más. Y llegado el caso, se deja de producir, para conseguir que el reparto siga siendo injusto.

                La técnica nos ha quitado mucho trabajo penoso, basta pensar en cómo se hacían las faenas agrícolas antes de los tractores o las cosechadoras, o las obras de construcción cuando no había excavadoras. Y en general, la penosidad se ha reducido globalmente, pero menos que lo que sería deseable y posible. Porque la lógica del sistema lleva a que, a medida que se aumenta la productividad, se aumenten las necesidades, y en todo caso, se mantenga o agrave el reparto injusto.

                Funciona de forma simple: la mayoría de la gente no vive de lo que produce por si misma, sino de vender su trabajo a otros. Con esto creamos el “mercado de trabajo”, donde se “manipulan” los precios para que prevalezcan los otros medios de producción, en especial, el capital, que se reproduce a si mismo y se adueña de todo. La gente depende entonces de un sueldo. Y obtener ese sueldo está en manos del capital, que impone su ley.

                Comentario por santi — 13 diciembre 2011 @ 21:08 | Responder

                • Ergo el problema no es de producción, sino de distribución.

                  En todo caso, de reordenar la producción de forma racional. Por ejemplo, no dedicando recursos técnicos, humanos y económicos a imbecilidades varias (no sé por qué se me viene a la cabeza el nombre de Calatrava) y reasignándolos en labores que redunden en algo provechoso.

                  Esto lo puedes hacer un una economía dirigida, pero esa rigidez también tiene muchísimos inconvenientes (corrupción con mayúsculas, dificultad en detectar las lagunas en productividad…). También lo puedes hacer en una economía más abierta, usando el mercado (que no es Dios, pero sí un buen instrumento) a la par que una política fiscal inteligente.

                  Y para los bienes de primera necesidad, vivienda, alimentación, información, sacarlos del mercado y asegurar por ley, punto uno de la nueva Constitución, que el Estado está obligado a proveer de ellos a la ciudadanía (directamente, por un mercado regulado, como sea).

                  Comentario por Mendigo — 15 diciembre 2011 @ 19:26 | Responder

                  • Pues si, para mi el problema no es del tamaño de la tarta, sino de cómo se cortan las porciones. Aunque eso podría cambiar en un futuro no muy lejano con la crisis de karkos (quiero decir, de la energía)

                    Yo si soy partidario de una economía dirigida, planificada (o si quieres, “orientada”, para dejar una cierta flexibilidad a la iniciativa privada), más eficiente en el uso de recursos, incluido el recurso “mano de obra” (eso lo tengo que aclarar), y cuando digo eficiente no me refiero a “rentable” monetariamente, sino a eficaz en la obtención del beneficio “satisfacción de necesidades”, particulares y colectivas, y ponderada en relación con el entorno finito en el que nos movemos.

                    Antes decía que el trabajo no es un recurso, pero me refería al concepto “puesto de trabajo” como recurso (por ejemplo, cuando se habla de “yacimientos de empleo” poco menos como si fueran equivalentes a un yacimiento de petróleo). La “mano de obra” si es un recurso, lógicamente (un factor de la producción). De hecho, a día de hoy, por desgracia, es un recurso muy abundante.

                    Comentario por santi — 15 diciembre 2011 @ 20:17 | Responder

              • Por cierto, es verdad que hacemos mucho trabajo inutil. La prueba es que en los últimos años, más de 2 millones de personas se han quedado sin curro, y el país no se ha hundido, no hay una hecatombe, no tenemos una enorme mortandad por hambre o frío, las cosas parece que siguen funcionando (por lo menos de momento). Ergo, el trabajo que hacían esos dos millones de personas no era tan necesario.

                Una parte importante de esos parados proceden de la construcción: un caso “ejemplar”de trabajo innecesario: construir 600.000 viviendas al año. Pero era la lógica del sistema (llevada hasta el abismo de la mano de sus propias contradicciones): se ganaba dinero haciéndolo.

                Por otra parte, y aunque los economistas digan lo contrario, a mi me parece que el sistema de economia de mercado basado en la competencia que tenemos es bastante ineficiente desde el punto de vista del trabajo. Algunos ejemplos:

                a) Una obra pública sale a concurso. Se presentan 40 empresas. La mayoría se habrá estudiado la obra, habrá hechos su presupuestos, habrá desarrollado una planificación, …. Quizá no todas, pero unas cuantas se habrán currado la oferta. Pues todas menos una habrán trabajado en balde, y ese trabajo no habrá servido para nada.

                b) Unas cuantas empresas en un sector, compitiendo entre si: con sus comerciales de un lado para otro intentando captar clientes. Unos cuantos comerciales visitando a un cliente potencial que no va a comprar nada, o a otro que solo va a comprar a uno de ellos. Más actividad improductiva. Un porcentaje muy alto de licenciados en carreras técnicas trabajan de comerciales (un desperdicio de materia gris).

                c) Un fabricante de lo que sea, tiene sus ingenieros trabajando en desarrollar y mejorar el producto o el proceso productivo; eso es un trabajo útil, y añade valor. Y también tiene sus gabinetes de publicistas currando y dándole al coco para inventarse la propaganda para venderlo. ¿Es productiva esa actividad? Pues yo diría que no aporta nada al producto, que no añade nada de valor. Otro trabajo inútil. Pero en este sistema economico puede ser absolutamente necesaria, para no quedarte fuera del mercado.

                Comentario por santi — 13 diciembre 2011 @ 21:49 | Responder

                • Una empresa de telecomunicaciones se pasa varias semanas abriendo zanjas para colocar una instalación de telecomunicaciones enterrada en varios barrios de una ciudad. Termina el trabajo, cierra la zanja y asfaltan para dejarlo todo listo.

                  A partir de ese momento, OTRA empresa de telecomunicaciones se pasa varias semanas abriendo zanjas EN LOS MISMOS SITIOS (justo al lado de las anteriores) para colocar una instalación de telecomunicaciones enterrada en varios barrios de una ciudad. Termina el trabajo, cierra la zanja y asfaltan para dejarlo todo listo.

                  A partir de ese momento, UNA TERCERA empresa de telecomunicaciones se pasa varias semanas abriendo zanjas EN LOS MISMOS SITIOS (justo al lado de las anteriores) para colocar una instalación de telecomunicaciones enterrada en varios barrios de una ciudad. Termina el trabajo, cierra la zanja y asfaltan para dejarlo todo listo.

                  No es ficción, es algo que se hizo en el barrio donde vivía de pequeño. Estuvimos muchísimo tiempo con las calles levantadas por las obras, ya que por motivos legales, de competencia o de la madre que los parió a todos la zanja abierta por una empresa no podía ser utilizada por la siguiente, aunque fuera exactamente para lo mismo: cada empresa tenía que abrir su zanja y dejar todo perfectamente terminado antes de que empezara la siguiente.

                  Luego aparecen las crisis, claro.

                  Comentario por marcostonhin — 14 diciembre 2011 @ 16:35 | Responder

                  • Y antes ya se habían pasado los del gas, y los del agua, y los de la red electrica, y los del alcantarillado, ,,,, Lo de los servicios enterrados es a veces de locura. ¿Que costaría canalizarlo todo en galerías visitables? Antes eran frecuentes en la industria. La galería es cara, pero sólo la haces una vez.

                    Y luego la duplicidad o triplicidad. Tres redes de cableado, tres redes de antenas de telefonia…..

                    Ese tipo de servicios, creo que los economistas los llaman “monopolios naturales”. Una solución sería que hubiera solo una red, propiedad del común y gestionada por la administración (o incluso por un concesionario), como el agua o el alcantarillado.

                    Comentario por santi — 14 diciembre 2011 @ 17:43 | Responder

                    • Me gusta los derroteros que ha tomado la conversación🙂.

                      @Mendi: No quería decir que el trabajo vocacional fuera el único. Ya me gustaría: no representa ni un tercio… Lo que quería decir es que, en el mundo laoral que propuse, adquiriría un valor más importante. Al igualarse los sueldos, la gente tendería a desempeñar un trabajo al que está predestinado, por decirlo de alguna forma. Y eso repercute positivamente en el trabajador, por la satisfacción de realizar algo gustoso y también repercutiría en la parte de la sociedad que se viera afectada por ese trabajo. Seguro que tu madre transmitía esa pasión por el trabajo e hizo a muchos niños disfrutar.

                      O por ejemplo, lee esto:

                      http://www.marca.com/blogs/planeta-axel/2011/06/09/pequenos-milagros-sin-importancia.html

                      Sé que no te gusta el fútbol, pero leélo de todos modos. El que te guste o no es irrelevante. Este tío transmite tan bien su pasión por su trabajo que, aunque no te atraiga la temática, te hace disfrutar leyéndolo y, a la vez, partícipe de ese sentimiento. O, al menos, es lo que a mí me pasa.

                      Lo demás creo que está más o menos dicho: cooperativas de trabajadores, relevos ocupacionales( un año trabajo, al siguiente me sustituye otro), uso de la tecnología para minimizar el trabajo duro, versatilidad( poder desempeñar varios trabajos, para no caer en el hastío)….

                      Habría que eliminar los trabajos insustanciales: aquellos que no aportan un servicio, objetivamente, relevante a la sociedad. Por ejemplo: las tiendas de souvenirs. Quedarse con los trabajos necesarios para el correcto funcionamiento de la sociedad y punto. Redistribución de la riqueza de forma equitativa. Porque no nos engañemos: el trabajo no es una carga ni un recurso. Es el método, a priori, que tenemos para minimizar el esfuerzo individual gracias a la unión colectiva. Digo a priori, porque ha degerenado hasta el extremo. El formar parte de una sociedad implica aceptar una serie de responsabilidades como elemento perteneciente a ella y eso implica trabajar solidariamente por un bien común.

                      Un saludo!

                      Comentario por V — 14 diciembre 2011 @ 23:53

                    • Estupendos ejemplos de la duplicidad (=ineficiencia) con que nos obsequia un sistema capitalista. Afortunadamente, existe una Red Eléctrica, empresa con buenos beneficios de capital mayoritario público. Porque si tuviéramos que multiplicar las redes de alta por cada eléctrica que opera en el Estado…

                      Yo hace tiempo propuse uno: se construye una atopista (con el esfuerzo económico, pero también deterioro mental que comporta), y sólo es utilizada por parte de los conductores, mientras que otros prefieren seguir usando la vía antigua para ahorrarse el peaje. Visto desde un punto de vista micro, tiene todo el sentido económico del mundo (el conductor quiere ahorrar dinero, la empresa quiere rentabilizar la inversión). Pero desde una visión macro, estamos infrautilizando una inversión que, de generalizarse su uso, aumentaríamos la eficiencia del transporte (ahorro en combustible, tiempo de conducción, accidentes, molestias para las poblaciones que atraviesa la antigua nacional…).

                      Por eso hay estructuras que sólo deben ser implementadas por el Estado. Si en ese momento no tiene dinero, que se espere a tenerlo o que lo pida. Seguramente que el tipo al que lo consiga sea más barato, incluso en las circunstancias en las que nos movemos, que el coste que supone para la sociedad el pagar saecula saeculorum a la concesionaria de la autopista (es lógica, ésta espera obtener un retorno de su inversión MUCHO MAYOR que el de unos bonos del estado…porque de no ser así, compraba los bonos y en paz).

                      Comentario por Mendigo — 15 diciembre 2011 @ 19:34


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