La mirada del mendigo

1 febrero 2012

Más allá de los límites

Filed under: ecología — Mendigo @ 5:21

limits of growth

Quería hacer una reseña del libro que acabo de terminar: Más allá de los límites del crecimiento (Beyond the limits).

No es precisamente ninguna novedad editorial, fue escrito en el 92 como actualización de otro libro del que posiblemente hayáis oído hablar: Los límites del crecimiento (The limits to growth), más conocido como “el informe Meadows” (por Donella Meadows, su autora principal, junto con su marido Dennis y Jorgen Randers), de 1972. Ambos son un encargo del Club de Roma para estudiar (y modelizar) el ecosistema y econosistema terrestres (este está apoyado en último término en aquel), para describir las condiciones de sostenibilidad del planeta.

Creo que es la primera vez que se planteó la afirmación que ahora es bastante común: no se puede operar un sistema que tiende al infinito, dentro de un mundo finito. La población, la deuda, la contaminación, la producción y el consumo…se describen históricamente como funciones exponenciales (tienden al infinito con creciente fuerza). No se pueden operar una función exponencial en un espacio acotado, como es nuestro mundo, luego en algún momento ocurre el sobrepasamiento (se crece por encima de las capacidades del sistema) y, tras el, el colapso (corrección abrupta de esas variables ante un fallo generalizado del sistema).

Se inscribe dentro de lo que se llamaba hace unos años maltusianismo, y ahora son los partidarios del decrecimiento.

Pues de eso va el libro, por si a alguno os interesa (que yo creo que debería). Si queréis prescindir del papel, lo podéis encontrar en la fenomenal página Qué de libros: requiere el registro, el cual os recomiendo por la enorme biblioteca que disponen, pero si sólo queréis este libro os muestro el enlace de descarga directa (pronto será más difícil conseguir un libro en pdf que un gramo de farlopa).

El informe original de 1972, sólo lo he podido localizar en inglés, en la mulita.

En el 2004 hubo otra actualización, que no he conseguido encontrar de forma gratuita en la red, ni tan siquiera en idioma bárbaro: Los límites del crecimiento: 30 años después (o, en inglés, por menos de la mitad).

Edito: ¡Encontrado! Está en inglés en la mulita.

Por cierto, aquí hay un montón de datos:
Earth Policy Institute

Para terminar, como aperitivo, transcribo un párrafo del libro, a mi juicio, quizá, el más interesante, donde se da solución a la polémica entre economistas de izquierdas convencionales y decrecentistas.

Crecer significa incrementar el tamaño por la asimilación o acumulación de materiales. Desarrollar significa expandir o lograr la realización de potenciales de algo; alcanzar un estado de mayor completud, tamaño o mejoría. Cuando algo crece, se hace cuantitativamente más grande; cuando algo se desarrolla, se hace cualitativamente mejor o, al menos, diferente.

El crecimiento cuantitativo y la mejoría cualitativa siguen leyes distintas. Nuestro planeta se desarrolla a lo largo del tiempo sin crecer. Nuestra economía, un subsistema de la tierra finita y sin crecimiento, debe eventualmente adaptarse a un patrón o modelo de desarrollo similar.

Creemos que no hay distinción que importe más mantener que ésa. Nos indica que, pese a existir límites al crecimiento, no tiene por qué haber límites al desarrollo.

16 comentarios »

  1. Vaya mendi, eres un completo noctámbulo o un madrugador a juzgar por la hora en que me llegan estos mensajes.

    Bueno, acá ya está bien tarde.. mañana con tiempo lo leo bien.

    Comentario por cami — 1 febrero 2012 @ 5:26 | Responder

    • Muy buenas, compañero.

      Te quejarás, para ti la hora es de lo más propia. Para ti debían ser sobre las 11 de la noche, no?

      Ahora en serio, el apunte lo escribí ayer, pero lo programé para unas horas más tarde para no pisar el anterior, que lo consideraba muy importante.

      Pero nada más levantarme, he tenido que escribir una nueva entrada que garabateé en un cuaderno antes de irme a acostar, pisando ésta. O lo hacía, o me iba a encontrar mal a gusto con esa idea dentro. No he dormido mucho, pero al menos me quedo satisfecho. Ojalá sirviera para algo…

      Comentario por Mendigo — 1 febrero 2012 @ 8:35 | Responder

  2. Pues ese párrafo es de lo más lúcido, sí ha de ser interesante el libro.

    Comentario por wenmusic — 1 febrero 2012 @ 14:39 | Responder

    • Si quieres, te presto el mío, que estamos cerca. Por si prefieres el papel al panel LCD.

      Yo me he bajado ya la 1ª y tercera partes, además de algunas críticas al mismo. Lo malo es que…está todo en inglés.😦

      En fin…así practico…

      Comentario por Mendigo — 1 febrero 2012 @ 16:20 | Responder

    • Es un libro muy impolrtante, el primero asusto mucho pero como se encontró petroleo en el mar del norte se olvidó pero ahora sigue teniendo la misma validez

      Comentario por karkos — 1 febrero 2012 @ 17:05 | Responder

      • Pues para lo que queda de petróleo y gas en el mar del Norte…más valía ponernos a preocuparnos más.

        Pero sí que es cierto que estimaron por lo bajo la capacidad de descubrir nuevas reservas, así como de reducir la contaminación (cuando se quiere, como en las centrales térmicas). Pero eso son sólo desviaciones numéricas, cuantitativas. Puedes adelantar o retrasar el hostión. Pero cualitativamente, el concepto es el mismo: siempre te vas a topar con límites. ¿Que encuentras reservas tras reservas? Te chocas con el efecto invernadero, que es el límite de la atmósfera como sumidero.

        Da igual, podía descubrirse pozos en el mar del Norte todos los días. Siempre va a haber límites, si no es por un lado, es por el otro…

        Comentario por Mendigo — 3 febrero 2012 @ 9:50 | Responder

  3. Ahora si comento. Acá cerca de mi casa hay unas áreas rurales muy fértiles y muy bonitas que se han usado tradicionalmente para ganaderías de leche y cultivos comerciales de cebolla u otras hortalizas. En el sector hay una familia de campesinos famosa porque produce en su finca (menos de 8 hectáreas en pura montaña y pendientes empinadas) todo lo que necesitan para vivir. Su producción es limpia, sin químicos ni fertilizantes y reutilizan absolutamente todo: el estiercol de los Cuyes y conejos lo utilizan de abono, la mezcla de plantas y variedades evitando el monocultivo les permite combatir plagas, el agua la toman de un nacimiento en bosque cercano…

    No son ni una colonia de Hippies ni una manada de locos. Cuando se les pregunta que les llevó a adoptar un modelo productivo que es completamente autosostenible responden “la pobreza”. Y evidentemente, en el modelo comercial de agricultura estaban condenados a ser explotados por los intemediarios, por las grandes firmas de agroinsumos, por los prestamistas, etc, etc, etc. Quizá hacían dinero, pero era una ilusión que les mantenía atados a un sistema explotador.

    En el Valle del Cauca, donde la tierra es más fértil, hace años un señor demostró en la práctica que sólo se necesitaba una hectárea bien cultivada ecológicamente y diversificada para abastecer totalmente de alimentos a una familia. Y agregaba que, dado el estilo de cultivar “en revuelto” la tierra no se erosionaba ni se dañaba como sucede con los grandes cultivos agroindustriales, sumamente nocivos para el medio ambiente.

    Estos ejemplos pequeños nos permiten comprender que es posible hacer del mundo un lugar más ameno para todos, si los recursos se explotan en armonía con la naturaleza y en función de las necesidades sociales, no de las leyes absurdas del capitalismo que devastan el planeta. No implica esto que el mundo deba volver a la autarquía feudal y al atraso tecnológico, pero si debe aprender bastante de tecnologías quizá más antiguas pero más benévolas con el hombre y la naturaleza. Un ejemplo masivo y maravilloso lo dan los campesinos del Movimiento Sem Terra del Brazil, que replicaron el modelo colectivo y autosostenible a nivel de aldeas y grandes pueblos, hoy cuentan con más de dos millones de almas produciendo, conviviendo y luchando. Materialmente es posible, quizá socialmente todavía no, pero la austeridad y la carestía nos obligarán a cambiar muchos de nuestros hábitos y jerarquías.

    Comentario por cami — 2 febrero 2012 @ 2:47 | Responder

    • Por supuesto, me encanta lo que me cuentas. Por cierto, ayer estuve plantando yo unos arbolitos en una tierra que me gustaría llevar adelante sin pesticidas ni abonos químicos.

      Pero una reflexión. Me dices que una hectárea puede satisfacer las necesidades alimentarias de una familia. El concepto de familia es muy variable, en Europa no tiene el mismo significado que en América pero, pongamos, una media de unas 5 personas. Necesitamos una hectárea por 5 personas. Somos 7500 millones de personas, y subiendo. Las tierras agrícolas son las que son, y están perdiendo rendimiento según se agotan por los cultivos industriales. Podemos ganar más a costa de hacer retroceder la frontera natural, empobreciendo el planeta biológicamente. Pero incluso eso tiene un límite (además de un riesgo, es una bomba biológica, una plaga puede devastar todo un planeta de monocultivo).

      Y estamos hablando de recursos alimentarios, pero eso sólo daría para subsistir. Pero también necesitamos madera, papel, aceites industriales, fibras para tejidos…

      Tenemos que procurar vivir en equilibrio con la Naturaleza. Pero si no existe un equilibrio de la población, ningún otro equilibrio será posible. Incluso con raciones de supervivencia para todo el planeta, tomando unas gachas de avena en todo el día, llegará un momento en que no exista mundo para todos. Lo retrasaremos, pero el momento llegará.

      Y la tendencia es la contraria, a no contentarse con las gachas de avena sino querer tener un carro, aire acondicionado, ir al supermercado y que esté repleto…

      Comentario por Mendigo — 3 febrero 2012 @ 11:13 | Responder

      • Como siempre, para todo problema hay una solución: podemos empezar a comernos los unos a los otros, así bajamos la superpoblación mientras acabamos con el hambre😛

        Comentario por marcostonhin — 3 febrero 2012 @ 14:22 | Responder

        • ¿Se puede elegir a qué semejanta nos hemos de comer? Porque yo me comería las tetitas de alguna que yo me sé…
          😉

          Comentario por Mendigo — 5 febrero 2012 @ 12:19 | Responder

  4. Gracias por el enlace, lo leo y charlamos. ¿Que te pareció Animal Farm? Estoy leyendo una historia del siglo xx muy interesante, de Eric Hobsbawm. Un abrazo

    Comentario por Gustavo Atilio Rui — 3 febrero 2012 @ 4:50 | Responder

    • Pues…bueno, es curioso, divertido, interesante. Pero como me gusta más la historia que los libelos literarios, he de decir que, intelectualmente, es bastante deficiente. O, al menos, no refleja fielmente la complejidad de la Revolución Rusa (que es, evidentemente, lo que intenta caricaturizar).

      Desde luego, tiene aciertos, pero no creo, como Benjamín el burro, que sea un proceso inevitable. Tras cada revolución viene una nueva burocracia. No necesariamente. Desde luego, la revolución rusa supuso un avance neto. Por supuesto, sin negar los terribles crímenes que se cometieron en su nombre contra los seres humanos pero, también, como sí que refleja bien Orwell, contra la inteligencia.

      Un abrazo (hoy, -8,6ºC, el nombre “Enero” tiene significados muy diferentes a este lado del ecuador😉 )

      Comentario por Mendigo — 3 febrero 2012 @ 11:02 | Responder

      • Si hay una ventaja que tiene la literatura sobre la historia, y el arte en general, es que te permite ir mas allá del mero análisis. Quedaría muy pelotudo un historiador que expresara que no tiene la mas reputa idea de las causas y las consecuencias de sus propios actos, pero puede ser un hecho artístico interesante una historia como Forest Gump.
        El arte libera de la falsa dicotomía realidad-fantasía, porque la percepción humana llega mucho mas allá de estos conceptos.
        Y no me digas que prefieres los análisis basados en la realidad, porque la vida misma, es un constante intercambio de información cuantitativa, símbolos, cultura, percepciones erróneas que producen reacciones verdaderas, y cosas por el estilo.
        La subjetividad es mucho mas humana que la objetividad.
        Si pretendemos hablar de política, y mas aún, hacer política, deberemos enfocarnos en la consecución de objetivos, mediante la permanente negociación con induviduos que toman sus desiciones en forma subjetiva.
        Si no, terminamos declamando realidades tan alejadas de la percepción del común de la gente, que no tienen punto de contacto con la subjetiva realidad que prima en la vida diaria de aquellos a quienes queremos convencer.
        Para modelar la realidad, debemos estar tan al tanto de los datos objetivos, como de las percepciones subjetivas de los que nos rodean. Si no, estamois condenados a ser minorías “iluminadas y cultas” pero minorías al fin.
        Y las transformaciones las logran las mayorías, cultas o brutas como un arado, pero mayorías al fin.

        Comentario por Gustavo Atilio Rui — 3 febrero 2012 @ 18:27 | Responder

        • Pero es que Orwell no intenta explorar la percepción de la mayoría, necesariamente subjetiva, sobre la realidad. Pretende con su fábula cambiar esta percepción, influir en ella, es claramente un acto de propaganda. Lo cual no es intrínsecamente malo, por ejemplo, me encanta la cartelería de la primera mitad del s.XX, y es una disciplina absolutamente propagandística. En la URSS hubo verdaderos artistas, pero también en la Alemania del III Reich, en la tumultuosa Inglaterra de los ’20 y ’30 o en los dos bandos aquí en España.

          Quiero decir, que el libro me ha parecido con cierto valor literario, notable agudeza en la crítica, pero poca honestidad en la reproducción de los hechos. Y pese al valor que puedan tener las percepciones subjetivas ante un hecho social, lo importante es el hecho en sí. Es decir, que la mayoría de la población alemana ignorase o quisiera ignorar la existencia de crematorios, lo importante es que estos funcionaban. Interesante conocer la percepción de la sociedad alemana sobre este hecho, sin duda, pero en primer lugar conocer el hecho objetivo, concreto.

          Y es que la historia, la economía, pero también la política son ciencias. Y se rigen por otras normas mucho más severas que el arte, que debe ser libérrimo.

          Comentario por Mendigo — 5 febrero 2012 @ 12:18 | Responder

  5. Las poblaciones de atún y caballa han disminuido un 60% en 50 años
    La sobrepesca las ha llevado al borde de la sostenibilidad

    Comentario por Mendigo — 8 febrero 2012 @ 18:22 | Responder

  6. Os dejo este pedazo de link de Antonio Turiel que habla de los problemas que estamos empezando a tener con el diesel.

    El pico del diésel
    http://crashoil.blogspot.com/2012/02/el-pico-del-diesel.html?showComment=1328787691266#c2373261752012266696

    La cadena se rompe por el eslabón más debil

    Comentario por karkos — 9 febrero 2012 @ 12:47 | Responder


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