La mirada del mendigo

30 septiembre 2012

Impunidad

Filed under: tortura — Mendigo @ 23:22

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Lo he dicho cien veces en este espacio, y con esta ciento una.

La impunidad conduce, invariablemente, al abuso, a la injusticia, al atropello de los derechos, al ensañamiento. La impunidad favorece la generalización del delito, su institucionalización hasta que incluso no llega a ser percibido como tal (un banquero ladrón, un político que coloca a sus amigos, un maltratador machista, un empresario que obliga a trabajar 9 horas, un dentista que no da factura, un policía agresor…).

Este país está podrido de corrupción no porque los españoles seamos más propensos genéticamente a la misma, sino porque en la construcción del Estado se dejaron abiertas adrede unas espitas legales por las cuales pudieran los elementos del régimen eludir la ley. En este país existe corrupción, existe tortura, existe fraude y existen abusos PORQUE LA DEFINICIÓN DE LA ESTRUCTURA DEL SISTEMA HACE POSIBLE QUE SE PRODUZCAN. Hay grandes áreas en las que el Estado no cumple efectivamente su labor de garante de la ley. La legislación laboral, sin ir más lejos, es papel mojado, de cumplimiento opcional, pues el Estado no pone los medios para que se cumpla (y los sindicatos tampoco desempeña su labor fiscalizadora). El cumplimiento de la ley queda al albur de la buena voluntad de las personas, lo que no ocurre con el resto de delitos. ¿O acaso se deja la caja fuerte de un banco abierta de par en par, esperando que la gente sea tan buena de no meter un fajito en el bolsillo? Para los delitos contra la propiedad privada sí que el Estado provee de medios para el cumplimiento efectivo de la ley.

La impunidad del agresor implica la indefensión de la víctima.

Y ahora centrándonos en el caso que nos ocupa, que sabéis me mueve a escribir estas líneas. Porque la he padecido, sé lo que supone una denuncia falsa de la policía, que se inventa acusaciones y no se les exige probarlas. Invertir la carga de la prueba y que sea el ciudadano, desvalido ante la apisonadora judicial, el que deba demostrar su inocencia es una perversión del derecho tal y como lo conocemos desde los tiempos de Roma. La presunción de inocencia, la obligación de demostrar las imputaciones es la base, los cimientos del derecho durante siglos. Nadie, en una democracia, una sociedad de iguales, puede gozar de presunción de veracidad, pues eso implica necesariamente la destrucción de la presunción de inocencia. Y entonces, a partir de ahí, ya no hay derecho, no hay justicia, se trata de un Auto de Fe para dar oficialidad al linchamiento de un hereje.

El testimonio del denunciante no puede tener presunción de veracidad, sea quien sea, o aniquilamos el derecho. Sea un noble en su carroza, no puede denunciar sin pruebas al desharrapado que se arrastra por los caminos, o acabamos con el Estado moderno y volvemos al Antiguo Régimen. Ni por cuna, ni por dinero, ni por inteligencia. En un Estado democrático no puede consentirse que un opulento banquero o un sabio erudito puedan sostener una acusación en su mero testimonio, por mucho que sea contra el más pobre de los mendigos o el más zote de los ignorantes. Porque el honor, la palabra, no es algo que se guarde en las cuentas en Suiza o en los libros de metafísica, y es asaz frecuente que sea el pobre y desgraciado el que dé lecciones de rectitud al señorito.

Por lo tanto, no creo en un Estado en el que la palabra del universitario valga por encima de la palabra del analfabeto. No. Pero ¿un Estado en que la palabra de un analfabeto, un mostrenco, brutal, embrutecido valga más que la palabra de alguien que pertenece a la élite universitaria? No, no, eso no es un Estado, eso es un sainete, un sinsentido, una burla carnavalesca.

¿Que el rufián pertenece a la policía? Más aún para desconfiar de su palabra, pues toda persona que se haya querido enterar (luego están los que prefieren tapar los ojos para luego justificar que nada sabían) sabe que la policía, todos los cuerpos, emplean la denuncia falsa como un arma más de la panoplia con que los arma el Estado. Y esa palabra de falso cuño es aceptada como moneda legal por unos jueces que no son sino la tramoya de la farsa, con sus togas, sus puñetas, ridículo decorado para una lóbrega puesta en escena.

No, eso no es administración de Justicia, eso es una sección más de la maquinaria represora sin legitimidad alguna, no democrática pues sus ministros no fueron elegidos por el pueblo, y tampoco tienen autoridad moral ni racional al presumir como cierto un testimonio que cualquier observador objetivo entiende que es parcial (cuando no directamente falso).

Sin pruebas no se condena a nadie. La presunción de inocencia que tienen Camps o Urdangarín, no puede volverse en presunción de culpabilidad cuando se trata de un manifestante sin carnet de partido. La misma presunción de inocencia que reclama todo político corrupto, todo empresario ladrón, la quiero para el último de los ciudadanos.

Hay que aportar pruebas.

Y esto lo estoy escribiendo en el año 2012, en el que hasta los chupetes vienen con webcam incorporada. No existe ningún impedimento en dotar a todos los agentes de policía de material de grabación para apoyar sus denuncias. De esta forma, podremos conocer la conducta del funcionario y las circunstancias del hecho denunciado. Todo policía honrado deberá estar satisfecho con esta medida, pues así podrá demostrar fehacientemente su denuncia, basándola en pruebas, e igualmente estará satisfecho de que exista cámaras en los vehículos y dependencias policiales para disipar cualquier atisbo de duda sobre posibles malos tratos o torturas a los detenidos. Si no piensan torturar, si no tienen ninguna vileza que esconder, no deberá haber ningún impedimento para que quede registrado su comportamiento exquisito para con los detenidos, según la versión oficial del No-Do.

No existe pues imposibilidad tecnológica que justifique en el s.XXI esta aberración legal. Si no se elimina la presunción de veracidad de la policía, si no se restituye la presunción de inocencia de la víctima es por interés del poder en mantener la arbitrariedad y los abusos como arma coactiva en esta especie de guerra sucia de baja intensidad contra los elementos más concienciados, más dignos, de la ciudadanía.

La palabra.

Una acusación basada en la palabra.

En los años que llevo de existencia he conocido a muy pocas personas honorables, con palabra. Ninguna de esas personas era político. Desde luego ninguna era policía.

24 comentarios »

  1. Suscribo las 101 y las próximas que lo repita.

    Comentario por Señor de la Vega — 30 septiembre 2012 @ 23:59 | Responder

    • Llevamos desde la noche de los tiempos repitiéndolo…con idéntico resultado. Medirle las costillas al pueblo es gratis pero ¡hay quien se atreva a tocar a uno de los ungidos por el poder!

      Comentario por Mendigo — 2 octubre 2012 @ 18:53 | Responder

  2. ¿Que cada policía lleve una webcam? ¿Es que te parecen pocas las grabaciones, que en ésta década en cualquier manifestación se contarán por cientos o miles, en las que queda claro sin lugar a dudas cuál fue la actuación policial? Da lo mismo: la impunidad se mantiene a pesar de todas las pruebas, de todas las evidencias. Y las acusaciones hacia las víctimas también, a pesar de que está todo perfectamente grabado y registrado.

    Más terrible aún que la impunidad en sí, es que se ignoren o inventen claramente las pruebas según convenga, a la vista de todos, y aquí no pasa nada.

    Comentario por marcostonhin — 1 octubre 2012 @ 12:19 | Responder

    • Pues también es verdad. Pero no es tanto que la policía lleve cámaras, lo importante es que los jueces estén obligados a pedir pruebas más allá de su testimonio.

      Aunque ciertamente, si el sistema es corrupto, si el juez prevarica, de nada sirve un ordenamiento garantista. Es cierto, los chavales a los que metieron piedras (bueno, la mujer no es ninguna chavalita ya) en la mochila tienen un vídeo grabado que prueba su inocencia. Si no ha sido detenido e imputado el/los policías que los denunciaron falsamente por tirar piedras y agredir, habiendo prueba gráfica de su falsedad, es que el sistema es corrupto. Y contra eso, no hay legislación que valga.

      Comentario por Mendigo — 2 octubre 2012 @ 18:59 | Responder

  3. Hola, soy lectora aunque no comentarista habitual del blog, solo entraba para puntualizar una cosa. Leo en muchos sitios esto de la “presunción de veracidad” cuando dicha presunción, en el orden penal, no existe desde Franco. Sólo se aplica a cuestiones administrativas como multas de tráfico (si el policía dice que el coche estaba mal aparcado, te corresponderá a ti demostrar lo contrario). Como curiosidad diré que mi preparador de oposiciones, un abogado penalista, había visto en más de una ocasión como los propios abogados apelaban a dicha leyenda urbana, con el consiguiente rapapolvo del juez. Otra debate es que, abolida la norma, los jueces la puedan estar aplicando de facto.

    Y si no me creen, aquí tienen las referencias a la ley en un foro nada sospechoso para el caso que nos ocupa

    http://www.foropolicia.es/foros/presunicon-de-veracidad-denuncia-de-agente-de-la-autoridad-t57194-15.html

    Comentario por Farándula — 1 octubre 2012 @ 14:29 | Responder

    • Buenas, compañera.

      Te agradezco la precisión, lo desconocía y es muy interesante. De todas formas, aunque no exista de iure en casos penales, existe de facto. Mira, tenemos tres casos en esta entrada: el de los chicos del 25S, el aterrador relato que cuenta Mr.Rosebud y el mío mismo (que no llegó ni mucho menos al extremo del compañero, sólo me enseñaron la perrera para escarmentarme).

      Los tres fuimos acusados de lo mismo: agresión a la autoridad. Es decir, delito, del ámbito penal. Yo sé que es falso en mi caso, obviamente. Pero lo que tengo sostenido por el cuello me hace pensar que las acusaciones a Mr.Rosebud y a la pareja del 25S caen por su propio peso. Cualquiera con dos dedos de frente puede entender que ningún ciudadano en sus cabales va a ponerse a agredir a un policía. Para empezar, porque todos sabemos que si nos hubiéramos atrevido, no es que nos denunciasen, es que nos molían a palos primero.

      De qué sirven, pues, testigos que afirmen tu versión? De qué sirve, incluso, una prueba gráfica que desmienta la versión policial? Si el testimonio de un garrulo con porra vale más, en opinión de un juez de conciencia más negra que su atuendo, que las pruebas que puedas aportar. Por eso creía que, legalmente, la presunción de veracidad no era válida sólo en el ámbito administrativo (faltas) sino en el penal. No lo es, te creo. Pero compañera, eso me deja aún más aturdido. Eso quiere decir que los jueces cometen esas tropelías no obligados por una ley aberrante, sino guiados por una intención tuerta, basada seguramente en su propia ideología ultraderechista.

      Pruebas, pruebas, pruebas. Y los testimonios han de ser de personas imparciales. Si no nos ceñimos a las pruebas, eso no es justicia. Y que se le den a la policía todos los medios para recabar esas pruebas. Pero sin ellas no se puede condenar a nadie.

      Comentario por Mendigo — 2 octubre 2012 @ 19:12 | Responder

      • A mi no me parece mal que la declaración de un policía tenga un plus de “presunción” de veracidad, o que el juez la valore en mayor medida que otros testimonios. Al fin y al cabo, es un funcionario, que en el ejercicio de su función, debe (“está obligado a”) actuar conforme a derecho (y el derecho prohibe testiificar en falso).

        No obstante, en casos como estos que nos ocupan, los policías son “parte”, porque son las teóricas “victimas” de “desobediencia”, “desacato” o “atentado” con lo que justifican sus acciones, asi que no puede de ningún modo aplicarse esta “presunción de veracidad informal”. Más aún si encima hay fotos y videos que muestran los hechos de otra forma.

        Y lo que me parece impresentable es que, cuando se demuestra que uno de esos testimonios es falso, no se le [tachar on]empale, se le estruje la cabeza y se le desmembre tirando por sus extremidades con cinco caballos (cuatro si es fémina) [tachar off] castigue severamente, con la expulsión del cuerpo para empezar, por falta grave a sus obligaciones.

        Que a policías que mienten, y ya no digamos que agreden a los ciudadanos (y encima en la soledad de los calabozos) se les reconvenga con un “malo, no lo hagas más” es una burla al estado de derecho.

        Que cuando un policía agrede a un ciudadano, sus compañeros silben y miren a otro lado, en lugar de intervenir, me parece denegación de auxilio a la víctima y/o complicidad, y deberían ser igualmente sancionados.

        Que los responsables (políticos, mandos superiores) sigan mandándoles a la calle sin identificación personal, me parece directamente obstrucción a la justicia, y deberían ser procesados por ello.

        Que, entre otras perlas (lo de “sacar cebollas” da una buena idea del respeto que le merecemos), un responsable de la policía diga en un programa de televisión, con una sonrisa en la cara, que “van identificados, pero que en ningún sitio dice que la identificación tenga que verse” es una puta burla a los ciudadanos que justificaría su cese fulminante en cualquier país serio del mundo.

        PS. Un abrazo al juez que se ha atrevido a mandar a la carcel a los cuatro gossos que el gobierno (cómplice y encubridor) indultó parcialmente para que se libraran de la trena.

        Comentario por santi — 8 octubre 2012 @ 22:54 | Responder

        • Compañero, todos tenemos que actuar conforme a derecho. Todos estamos sometidos a dar testimonio verdadero en un juicio.

          No sé por qué un funcionario habría de tener más credibilidad en un juicio. Te pongo un ejemplo, mañana tienes un golpe con el coche contra el de un profesor de filosofía en un instituto. Un funcionario, y de clase A, y que se supone es una persona con una cierta cultura. Habría la palabra del funcionario sobre las circunstancias del accidente pesar más que la tuya? Por? Y por qué si no es así con cualquier funcionario, lo es un un policía.

          No es por generalizar. Habrá policías decentes y otros corruptos, pero si se me ocurre un ámbito de la administración donde los funcionarios donde abundan las personas deshonestas, violentas, con baja calidad humana (desde siempre ha sido el objetivo de ultraderechistas, que veían satisfecho su ideal de velar por la sociedad y sus valores) es en los cuerpos policiales y militares.

          Dar credibilidad a un funcionario de policía por encima de otro ciudadano o incluso funcionario, para mí no tiene sentido ninguno. El juez tendrá que sopesar las circunstancias, para conferir credibilidad a testimonios contradictorios. Y, con arreglo a la recta razón, parece más plausible que unos ultraderechistas introdujesen piedras en la mochila de estos dos jóvenes, a que un teleco y una madre vayan cargados de piedras en las mochilas.

          Si lo que quisiera el juez fuera indagar la verdad. Ahora bien, si lo que pretende es comulgar con la rueda de molino que le presenta la policía, y cumplir su papel en la represión de izquierdistas…pues da por bueno pulpo como animal de compañía y tira pa’lante.

          Comentario por Mendigo — 9 octubre 2012 @ 9:38 | Responder

  4. Yo no sé cómo hay todavía quien lo duda. La decisión de cómo va a actuar la policía en una manifestación está tomada de antemano (la represión es una decisión política), y si hacen falta chivos expiatorios para justificar una carga, se detiene a cualquiera, se le acusa de lo que sea y a otra cosa. Pues no van a estar los pobres muchachotes esperando que alguien haga algo para poder arrear a un hatajo de perroflautas.

    Comentario por Javier Lázaro — 1 octubre 2012 @ 15:02 | Responder

    • Yo lo tengo clarísimo: en la actuación policial del 25S no había nada que escapase a la improvisación. Eso lo tengo más que claro. Hubo una preparación minuciosa del desalojo y previeron todas las contingencias. ¿Y provocaron los incindentes? Pues no lo sé, pero me gustaría que se aclarase ese punto.

      Comentario por Mendigo — 2 octubre 2012 @ 18:52 | Responder

  5. El que esto escribe vió hace unos siete años como varios policías locales empujaban y tiraban al suelo a una mujer embarazada que vendía baratijas en una feria de un municipio cercano. El que esto escribe iba acompañado de su mujer y su familia y recriminó, junto con más ciudadanos, a los polis matones lo que acaban de hacer con la mujer que además era inmigrante. El que esto escribe fue llamado a los cinco minutos del incidente por un mando de la misma policía y detenido por no se sabe qué. El que esto escribe fue metido en un coche policial, sin resistencia alguna, que en lugar de dirigirse a la comisaría se encaminó a las afueras del pueblo con aviesas intenciones. El que esto escribe escuchó como llamaban al móvil a uno de los polis matones que llevaban el coche porque habían apagado la emisora del vehículo. El que esto escribe se salvó de una paliza porque su cuñado era abogado y estuvo presente en la detención y se personó antes que el coche policial en el que fui introducido y ante la tardanza exigió explicaciones, eso hizo que los polis matones se dieran la vuelta y regresaran hacia la comisaría, no si antes justificar esos quince minutos llevándome a un ambulatorio para no se sabe muy bien qué. Me bajaron del coche me empujaron contra él, me esposaron, sacaron dos porras telescópicas y entre gritos y a empujones me metieron en el ambulatorio entre el asombro de las familias y pacientes que allí estaban. El que esto escribe vió con sus propios ojos como el médico al que le pidieron un informe médico sobre mí estaba tan asombrado como asustado por la escena. El que esto escribe recriminaba a los polis matones continuamente los excesos de aquella detención y exigía educadamente que lo soltasen. El que esto escribe fue llevado a los calabozos de la policía nacional de la misma localidad para pasar allí el fin de semana bajo la acusación de altercado público y atentado contra la autoridad. El que esto escribe consiguió que lo dejasen libre con cargos porque se personó para representarlo una abogada de prestigio que defendía a su vez a varios policías encausados por varios asuntos. El que esto escribe estuvo en libertad condicional hasta la fecha del juicio en el que los mismos polis matones y otros varios más que no había visto nunca declararon que forcejeé violentamente con varios polis y a dos de ellos les produje lesiones que les hicieron estar de baja médica varias semanas. El que esto escribe mide 1,68 cm. El que esto escribe tuvo que presentarse el lunes siguiente a los hechos en la misma comisaría a donde fue detenido el viernes y esperar a que le abrieran ficha policial como delincuente. Al oficial de guardia -después de buscar durante varios minutos al detenido (que era yo) y de vociferar varias veces “¿donde está el detenido? ” y no dándome yo por aludido ni dándome él por el detenido- tuve que pararlo yo mismo y preguntarle si el detenido era yo. Claramente el hombre pensó que los detenidos tenían una determinada manera de vestir y una apariencia de detenido que yo, al parecer, no tenía. Tras varios meses en el limbo el que esto escribe fue acusado por un fiscal cabrón en ese juicio de atentado contra la autoridad. Ni la declaración de mi mujer ni la de los muchos testigos que asistían asombrados e indignados a las mentiras acordadas de los polis en el juicio pudieron doblegar la voluntad de la fiscalía ni la del juez. El que esto escribe fue condenado a pena de seis meses de prisión y a pagar una indemnización de varios cientos de euros a los polis a los que supuestamente atizó. El que esto suscribé dejó de creer en la justicia española para los restos y luchará hasta su muerte para desenmascarar y denunciar a los policías matones que abundan entre las fuerzas de seguridad españolas. El que esto suscribe volvería a recriminar de nuevo a cualquier policía que tratase de esa manera a una mujer embarazada, fuera o no inmigrante. Salud y República

    Comentario por Mr. Rosebud — 1 octubre 2012 @ 17:57 | Responder

    • Impresionante. Si quieres documentar la historia en la medida de tus posibilidades y colgarla en la cebolla, bienvenida sea.

      salud y república!

      Comentario por Pablitovich — 2 octubre 2012 @ 18:07 | Responder

    • Pues no sé qué más añadir.

      La idea de Pablitovich me parece muy buena. Lo único que puedes hacer es quejarte, que ese abuso no conste como si jamás hubiera ocurrido, que no se pase página sobre la injusticia hasta que sea reparada. Por mi, lo metemos en Portada: al hilo de toda esta polémica sobre la violencia policial…esto es lo que le pasó a uno de nuestros redactores.

      Comentario por Mendigo — 2 octubre 2012 @ 18:50 | Responder

  6. Ni la judicatura ni la policía fueron depuradas (como tantas otras muchas cosas) durante la transición a “la democracia”, por lo que los métodos y trapicheos y muchos de los actores persisten. Esta es la auténtica herencia recibida.

    Comentario por picapiedra — 1 octubre 2012 @ 20:58 | Responder

    • Hemos de crear un sistema de control, para que no haya resquicios de impunidad. Mejor un doble o triple sistema de control.

      En todo sistema, sea físico, químico, social…tiene que existir un equilibro de fuerzas. Si no existe, se introduce un desequilibrio generador de tensiones.

      Comentario por Mendigo — 2 octubre 2012 @ 18:45 | Responder

    • No solo no fueron depurados, sino que en algunos sitios se siguieron cultivando en los 80 y bien entrados los 90 ciertas actitudes prepotentes y chulescas entre los nuevos agentes, promociones que no sirvieron en el franquismo, pero como si lo hubieran mamado. Hablo de policías locales que ponían multas creyéndose “Harry el Sucio”

      Comentario por santi — 8 octubre 2012 @ 23:00 | Responder

      • El poder corrompe. Si le das la capacidad de hacer daño, respaldado por el Estado, sin contestación, o la persona tiene una cabeza muy bien amueblada (lo cual no es evidentemente el caso) o se convierte en un Torrente, deseoso de apatrullar la ciudad limpiándola de indeseables. Igual que los calvos, pero con pistola reglamentaria.

        Comentario por Mendigo — 9 octubre 2012 @ 9:29 | Responder

  7. Desde la Edad Media, por lo menos los códigos de conducta, castigo y represión que se aplican al resto de la sociedad nunca afectan a los delitos de las élites, protegidas siempre por un circuito de poder que conduce indefectiblemente a su impunidad. Hannah Arendt (Los orígenes del totalitarismo).

    Comentario por HugoMM — 1 octubre 2012 @ 23:03 | Responder

    • Muy oportuna, la cita.

      Está bien el libro?

      Comentario por Mendigo — 2 octubre 2012 @ 18:44 | Responder

  8. Pues no lo he leído. Me vino a la cabeza la cita que leí en un blog muy recomendable: http://www.jorgedioni.com/blog/

    Comentario por HugoMM — 3 octubre 2012 @ 12:11 | Responder

    • Ah, vale, conocía este blog (me lo ha recordado que sea de Benavente) pero nunca lo he seguido. No sé si serías tú el que me lo había mostrado.

      Comentario por Mendigo — 3 octubre 2012 @ 15:02 | Responder

  9. La webcam no sirve para nada,hace poco,mi hijo se metió para separar a tres policías nacionales que estaban pegándole a un señor cuando ya l tenían reducido y esposado,y mi hijo sin pensarlo no les dejaba pegar,bueno por ello lo metieron en la comisaria y delante de otro chaval sus palabras fueron si no estuviera la cámara de un puñetazo te arrancaba la cabeza,por intermediar en un abuso de autoridad,con esto quiero seguros que en España los cuerpos de seguridad tienen abuso de autoridad y en esto incluyo hasta los funcionarios de prisiones que hay también tienen buenos negocios

    Comentario por pax — 4 octubre 2012 @ 2:22 | Responder

    • Buenas, Pax. Bienvenida!

      Pero…¡me estás dando la razón! Sí que sirven de algo las cámaras de vigilancia: protegieron a tu hijo!

      Comentario por Mendigo — 6 octubre 2012 @ 11:12 | Responder

  10. Yo soy victima de un criminal al que colaron por enchufe en la policia y ha puesto a policias tanto locales como nacionales en mi contra no tengo dinero que puedo hacer?

    Comentario por Fernando. — 22 octubre 2012 @ 15:30 | Responder


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