La mirada del mendigo

23 noviembre 2012

Encomio de la propiedad privada

Filed under: economía,política — Mendigo @ 21:56

Me parece que voy a sorprender a algunos presentando un panegírico de la propiedad privada, pero existe bastante confusión, interesada, sobre este concepto y me gustaría contar algunas obviedades.

El derecho a la propiedad privada está recogido en los Derechos Humanos y es reconocido por todos los sistemas políticos y económicos habidos en el mundo contemporáneo, a excepción de algunos experimentos como los falansterios.

La posesión de bienes materiales es una necesidad humana, un soporte material al cual asirse, una pequeña porción de la realidad que controlas y gobiernas frente al resto del mundo que es ajeno.

La posesión privativa de ciertos bienes, además de satisfacer una necesidad psicológica, también tiene un fin práctico: el dueño se responsabiliza de su uso y cuidado, adaptándolo a sus necesidades. Estoy pensando en los más rudimentarios elementos que creó nuestra especie, desde un rascador para curtir pieles a una aguja de hueso. Puedes prestarla, por supuesto, pero tú has hecho ese utensilio y tienes preferencia en su uso. Con la especialización y el comercio, puede que tú no hubieras creado ese bien, pero habías aportado una cantidad de trabajo equivalente para adquirirlo, con lo que podías considerarlo igualmente tuyo.

Y de esta forma, podemos seguir desde un bifaz hasta el último engendro electrónico de nombre estúpido (iBerzas, iPollas, iMierdas…). Tenemos la necesidad de poseer ciertos bienes, saber que hay una parte de la realidad que está a nuestra disposición. La condición del que nada tiene (por ejemplo, un esclavo en sociedades donde no se les remunerase ni se les permitiera acumular lo ganado para lograr la manumisión y devenir liberto propietario) debe ser muy dura, incluso desde el punto de vista psicológico. La posesión aporta seguridad al individuo (aunque evidentemente, también puede convertirse la necesidad de acaparar la realidad en un fin en sí mismo, lo que antes se llamaba codicia y ahora, consumismo).

Muchas veces se enfrenta la propiedad privada a la propiedad colectiva, como dos enemigas, cuando esto es absurdo. La propiedad colectiva es una prolongación de mi propiedad privada. Por ejemplo, yo tengo un coche, una propiedad privativa, no es de nadie más. Pero si no existen las vías de comunicación, me sirve de una mierda ese coche, a no ser que intente ir con él monte a través. Puedo intentar construir una carretera yo solito, pero lo llevo un poco crudo. Yo solo no puedo construir una carretera, un hospital, un colegio… Pero a decir verdad, es que tampoco necesito un colegio de uso exclusivo para mí o para mis hijos (aunque tuviera el dinero para construirlo y pagar el profesorado, es más que ineficiente, es absurdo). Es por ello que hay ciertos bienes que yo poseo de forma colectiva, porque es la única forma que tengo de poseerlos.

¿Me limita en algo mi propiedad el que existan unos bienes que sean públicos, como parece querer sugerir ciertas pseudoideologías? Pues no, tengo un coche que es mío y, además, tengo una carretera que también es mía, cuya propiedad comparto con el resto de la sociedad, y la cual está a mi disposición como propietario que soy.

Soy mucho más rico, por tanto. De hecho, si no existiera esa propiedad pública mi propiedad privada, el coche, no serviría absolutamente de nada. Y, de hecho, cuando esa carretera es una propiedad privada (de una concesionaria, aunque sobre su propiedad habría mucho que hablar, pero reduzcamos a lo más simple), tengo que pagar por su uso. No es mía, el propietario me la presta y tengo que pagar por ese permiso de utilización.

No hay antítesis entre propiedad privada o colectiva, son complementarias: ambas suman riqueza para el individuo.

(da un poco de vergüenza tener que enunciar lo evidente, después de tanto desprecio y demonización de la propiedad pública)

Por lo tanto, la propiedad privada no sólo es legítima sino deseable, para el bienestar del individuo y de la sociedad (es fantástico saber que no tienes que compartir los gayumbos con nadie).

Podemos decir, paradójicamente, que el socialismo es el sistema que defiende la propiedad privada, frente al capitalismo, que la ataca. La propiedad privada de todos los ciudadanos.

Porque falta añadir una coletilla (que siempre cae en los ataques al hombre de paja, cuando un garrulo trata de explicarnos por qué fracasó el comunismo o chorradas semejantes, cuando sabe de los sistemas socialistas lo que le explico el cura que daba clases en su escuela).

Lo que es ilegítimo es la propiedad privada de los medios de producción. Esto es, tú puedes tener un buen coche, un casote, un peluco de marca…si eso te satisface, y lo has ganado con el fruto de tu trabajo, adelante. Lo que no puedes tener es la propiedad de las herramientas que otro necesita para su trabajo.

No es legítimo que prives al carpintero de su gubia y su formón, y cobres por permitir su uso, pues sin ellas el carpintero no puede ganarse la vida. Es un chantaje, y de forma no muy diferente opera la mafia. Cada uno puede vivir del fruto de su trabajo, pero es inmoral vivir del trabajo de los demás.

La gubia y el formón, la tierra, la maquinaria, las estructuras, las empresas, es lo que se llama medios de producción, las “herramientas” que necesita un trabajador para realizar su trabajo, pues nadie trabaja sobre el aire.

Y la afirmación, ni siquiera está completa hasta que no precisamos un poco más. Es ilegítima la propiedad privada de los medios de producción ajenos. Un ebanista puede ser propietario de su gubia y de su formón, pero no los del vecino. Esto es, puedes ser propietario de la tierra que eres capaz de trabajar, pero no más tierra en la que debas requerir los servicios de otro trabajador. Porque entonces estás alquilándole lo que él necesita para trabajar: la tierra. Esto es la base del vasallaje: el señor que detenta la propiedad de la tierra y, en ocasiones, también de los aperos, el molino, las bestias…cede el uso de una parcela a cambio de una parte de la cosecha, además de una cesión de derechos en beneficio de su señor -pérdida de propiedad implica pérdida de autonomía, de liberta y de derechos-). La aparcería (cesión de tierra a cambio de una cantidad) acaba subiendo un peldaño más en el camino de la esclavitud: es el aparcero el que alquila la fuerza de trabajo, perdiendo todo control sobre la actividad productiva, la cual es dirigida por el señor feudal ahora convertido en próspero terrateniente.

Como hay empresas que no pueden llevarse a cabo con el esfuerzo de sólo un ciudadano, es por lo que existe otra forma de propiedad de los medios de producción: la propiedad colectiva y, dentro de ella, la estatal.

Esto es bastante evidente, la propiedad de un obrador de carpintería puede ser de sólo una persona. Pero a poco que se le acumulen los encargos, no dará abasto y tendrá que incorporar más capital fijo y más mano de obra. Si abolimos el trabajo asalariado como forma de esclavismo (aprovecharse del trabajo de otro hombre, robar su esfuerzo al aprovecharse de que tenemos los medios de producción que él necesita para vivir de sus manos) queda otra solución moralmente aceptable: las empresas cooperativas. Cada trabajador es dueño de su puesto de trabajo, o mejor dicho, de la parte alícuota de la empresa donde trabaja; y el beneficio que obtiene por su trabajo (un beneficio que no es mermado por el beneficio empresarial, la parte que el capital sisa al obrero) es repartido de la misma forma.

Hay empresas que por su tamaño, o por ser intensivas en capital (por ejemplo, toda vez acabada una central hidráulica necesita muy poca mano de obra para funcionar. Ningún trabajador es capaz de aportar su parte de capital para construir la central, ni sería legítimo que unos pocos trabajadores tuvieran tanto capital…), se prestan más a un tipo de propiedad colectiva: la propiedad pública o estatal. En este caso, el trabajador es asalariado, pero no en beneficio de un propietario o grupo en concreto, sino de toda la sociedad.

Parece prudente que éste sea el modelo de los sectores estratégicos (aquellos de cuyo funcionamiento depende el resto de la economía, por ejemplo, si para una fábrica de tapones de corcho amenazas la producción de vino embotellado, pero si cae la red eléctrica paralizas todos los sectores de un país) y de los grandes sistemas de prestación de servicios básicos como la sanidad o la educación.

Hasta aquí, la limitación que podemos poner a la propiedad privada: la de las herramientas para que otra persona se gane la vida. Es necesario poner este límite a la propiedad privada (como también ponemos otros, por ejemplo, es ilegítimo el esclavismo, esto es, la propiedad humana) precisamente para defender la propiedad privada de todos. Para que un trabajador tenga derecho a tener propiedad privada, es decir, pueda con el fruto de su esfuerzo comprarse una vivienda, un vehículo, unas facilidades que nuestra civilización nos ofrece, en un valor equivalente al producto del trabajo que este ciudadano ofrece…debemos negar necesariamente el pretendido derecho del empresario de aprovecharse del trabajo de este obrero.

Toda punción que el empresario haga sobre el beneficio de explotación, en forma de beneficio empresarial, es capacidad de compra que ve mermada el obrero. Esto es, menor capacidad para adquirir el derecho privativo sobre cierto bienes.

De forma esquemática: cuanto más valorada esté la propiedad privada de los medios de producción (capital), menos propiedad privada será capaz de conseguir el trabajador.

El capitalismo es el sistema que valora con preferencia el capital sobre el trabajo y los recursos naturales, por lo que operando bajo este sistema, las rentas del capital crecen y el derecho del trabajador a recibir compensación por su trabajo mengua (el empresario se queda cada vez con mayor parte de la tarta de la riqueza producida, y cuando la tarta crece, el obrero no se entera del engaño, pero cuando, como ahora, la tarta mengua…).

Formulado de otra forma: el capitalismo es una amenaza para la propiedad privada…del trabajador.

Como muestra, un botón: un trabajador debe trabajar media vida para pagar una vivienda que otro trabajador levantó en cuestión de semanas. Para poder permitirse un bien esencial como es la habitación, tiene que ofrecer a cambio media vida laboral, y la diferencia en horas de trabajo (invertidas en construirla y comprarla) va a la retribución del capital.

Incluso hay familias que están en una situación patrimonial neta negativa (lo que se conoce bajo el explícito barbarismo de underwater), y no deja de ser chocante que unos trabajadores, después de una vida de trabajo, no sólo no posean nada en balance, sino que aún deban más de lo que poseen. Es la devaluación del factor trabajo en una economía capitalista.

La última parada del tren del capitalismo, en el cual los beneficios del capital se encumbran en demérito de los salarios, es la retribución 100% al que detenta los medios de producción, y la retribución mínima, el 0%, al que oferta la mano de obra. Es decir, el esclavismo.

¿Crees que estamos muy lejos?

Je, je, je.

La retribución al esclavo nunca puede ser 0, pues no deja de ser una máquina que precisa de mantenimiento, al menos mientras dure su vida útil. El señor debe proveerle de alojamiento, vestido, alimentación, formación…lo justo para que al menos pueda desempeñar su trabajo. También hay que alimentar a las mulas y guarecerlas en un establo.

La diferencia en este sistema es que la alimentación, el vestido, el alojamiento…no lo provee el amo: te lo pagas tú.

Y después de descontar las cosas que necesitas para mantener tu fuerza de trabajo ¿cuánto te queda en el bolsillo?

Ahora ya sabes por qué el socialismo niega el derecho de propiedad sobre los medios de producción. Para que tú tengas derecho a tener propiedad privada.

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La Historia nos enseña que ciudadano es equivalente a propietario. Un desposeído no tiene derechos ni libertad: por eso cae en esa condición. Es al mismo tiempo causa y efecto. Y cuando el ciudadano recupera derechos recupera con ellos la propiedad (durante la II República los sueldos crecieron fuertemente, ésta fue la causa determinante para que las clases privilegiadas promovieran el golpe de Estado; pero también podríamos mencionar como origen de la democracia ateniense el auge de unas clases medias enriquecidas con el artesanato y el comercio, la aparición de las villas en la Baja Edad Media, escapando del control feudal…).

Pongamos un ejemplo: Tras la Revolución de Octubre, el mujik, apenas bestia de carga durante el zarismo, vio cómo su esfuerzo era retribuido con mayor largueza. No sólo en salario directo, sino en servicios que erradicaron el hambre y el analfabetismo en el curso de una generación, poniendo a un pueblo había sido mantenido durante siglos en condiciones próximas a la animalidad por el reino de la cruz a la cabeza del desarrollo tecnológico y humano, lo cual provocó la explosión de los índices de esperanza de vida o de riqueza (el PIB per capita, por ejemplo). Pero para conseguir todo ello, hubo que negar el derecho de nobleza y clero ortodoxo a vivir a costa del esfuerzo esclavo de ese mujik harapiento y analfabeto, que pudo ver cómo su hijo iba a estudiar a la universidad.

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Corolario: algo que me quema es presentar el alquiler de vivienda como alternativa a la propiedad. ¡Qué tonteria! Proponemos como alternativa a la propiedad propia (permítaseme la redundancia) de la vivienda es la propiedad ajena, arrendada (es decir, convertida en capital). Tanto compra como alquiler son ambas alternativas basadas en la propiedad privada (tuya o de tu casero).

La verdadera alternativa a la propiedad sería, por ejemplo, la vivienda social. Que no hace falta irse a Varsovia o a Marinaleda, Francia tiene un enorme parque de vivienda social, Alemania ofrece alojamiento a quien no puede costeárselo, y le paga la factura de la calefacción (que suele ser un servicio público).

Aunque, volviendo al principio de este artículo, yo prefiero como solución la propiedad privada. Considero que es importante para la seguridad psicológica del individuo tener derecho privativo sobre el techo que lo cobija. Para ello no se necesita la caridad del Estado, basta con retribuir al trabajador por el valor creado con su trabajo (sin la sisa, escamoteo, sustracción, robo del beneficio empresarial) y valorar la vivienda en el trabajo que lleva implícito, sin abultar su precio por el beneficio que el capital especulativo añade.

En suma, que cada uno puede vivir, y vivir bien de su trabajo, si impedimos que haya quien viva del trabajo ajeno.

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