La mirada del mendigo

16 marzo 2013

Llión II

Filed under: fotos — Mendigo @ 18:51

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Mañana en el puerto de Valdeteja, que une los dos valles que visitamos.

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Al otro lado del último pico que se ve en el horizonte, se haya la estación de San Isidro.

La belleza, la armonía y el silencio, de este lado.

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Vista general de la Sierra de Riaño (Celleros, Compastiñosas, Aguazones, el Bolero) desde el Alto del Puerto.

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Esta marmita era especialmente grande.

Supongo que en el fondo estará hueca por debajo, horadada por el río. Como te caigas en ella, a ver cómo sales.

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Me imagino este paisaje lleno de hoteles, remontes y pistas y se me cae el alma a los pies.
¿Por qué hay gente que para ir a la nieve tienen que destruirlo todo? Lo mismo para ir a la playa, vayan a donde vayan, llevan la destrucción.

En vez de amoldar la montaña a sus capacidades, ¿no es más bello amoldarse a ella, aceptar sus reglas y vivir en armonía con el medio?

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Frente a frente con la Quemaona.

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Braña camino a Ruayer (castellanizado como Río Aller, en todas partes la españolización tiene que ir a meter el cuezo).

¿Dónde termina la casa y empieza la nieve? Es divertido, puedes estar dándote un paseo y, si te descuidas, estarle pisando el techo al vecino.

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Hedningarna son suecos, así que vamos un a bajar un poco, hasta Polonia:

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Ya nos hemos alejado un trecho de la furgo. La aparcamos justo hasta donde dejaron de limpiar, en el refugio de la Vegarada. La furgo no se aprecia, porque además estaba entre paredones de nieve que dejó la quitanieves, pero sí que se ve el refugio. Un puntito cuadrado justo en el centro de la imagen.

Al bajar nos quedamos a dormir ahí mismo, para al día siguiente bajar a Ruayer (con raquetas, se entiende, del lado asturiano es una pista y no vienen a limpiarla). Estuvimos charlando con una amable mujer que había subido a ver la nieve, y al enterarse que pretendíamos quedarnos a dormir ahí arriba, y que no teníamos en la furgo calefacción estática, hasta nos invitó a ir a dormir a su casa. Estaría pensando que nos iban a encontrar a la mañana siguiente todo congelados, me figuro, jejeje.
Lo cierto es que, bajo las mantas, se está tan ricamente. Esa noche no hizo mucho frío, pero la primera, y eso que estábamos más bajos, el reloj-termómetro que tenemos al lado de nuestras cabezas marcaba -9,7ºC. En el interior de la furgo, que deben ser no más de -14ºC fuera. Sí, a esa temperatura ya lo que saques de las mantas, la nariz, la mano, se queda frío. Pero las noches siguientes las temperaturas subieron un poco y ya la última sólo tuvimos -4,3ºC dentro de la furgo (unos -7ºC fuera). Que puede sonar muy bestia dormir en una “habitación” a esa temperatura, pero la cuestión es que teníamos calor y tuvimos que retirar alguna manta.
Si estáis dudando si pillaros una furgo por si tendréis frío por las noches, ya tenéis la prueba de que no es así. Siempre llevamos los sacos, por si acaso la temperatura bajase mucho, pero desde que nos pillamos la furgo nunca hemos tenido necesidad de usarlos. De verdad, no necesitamos tanta cosa como nos quieren vender; se puede disfrutar de un viaje, incluso en condiciones extremas, sin tanta carallada como la que cargan algunos en sus furgos. Eso sí, desayunar con granizado de leche y galletas de chocolate pétreas…eso no tiene precio.

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Arista de Peña Condales, que si la sigues te lleva a Peña Cellero

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Probablemente no compartiréis mi entusiasmo, pero a mí me encanta esta foto.

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Tonos negros y dorados, entre tanto blanco me figuro que se agradece.

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Hemos comido al llegar al puente y, desde ahí, abandonamos la pista para subir a pico. Rápidamente vamos ganando altura, dejando el río muy abajo.

Mis pelotas también van ascendiendo hasta la glotis.

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Esta foto es del primer día, en Redilluera.

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Como veis, la comodidad de seguir la huella abierta por otros. Las Z, el camino de subida con las raquetas. Las S, la pareja que bajó esquiando (es fácil observar por las huellas que suben cuatro raquetas y sólo bajan dos).

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Llegando ya al final, la pendiente se modera y permite respirar un poco y sacar la cámara. En el ascenso, noto que la lobita, que viene tras de mi, lleva un rato callada. Circunstancia excepcional que me induce a pensar que ella también ha echado un vistazo hacia abajo y se ha dado cuenta de la altura que estábamos cogiendo.

Ella es más segura pisando, y más valiente (o más inconsciente, se fía demasiado de que no va a resbalar). Yo perdí pie un par de veces, que me sirvió de aviso para no confiarme. Para darme ánimos, recuerdo que pensaba que si resbalaba, tenía sólo unos metros para intentar parar antes de coger velocidad. Si no, llegaría abajo tras romper la barrera del sonido y otras cuantas dolorosas cosas más. Un poco de humor negro que siempre ayuda.

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Hacia el N, la Sierra de las Fuentes de Invierno, con el Jeje, el Nogales y el Pico del Oso, todos ellos dosmiles raspados.

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El carrilito que hemos seguido se bifurca. Dos se marchan a subir hasta ese puerto, tras el cual está a un paso el Pico Huevo (en la otra tanda lo sacamos entrando desde el valle del otro lado). Llevamos crampones, así que no sería demasiado aventurado subir por las zetas que han dejado. Pero hay un paso allá arriba, entre las rocas, que no veo cómo resolverlo sin encordarse. Y más con la roca cubierta de hielo. Desde aquí parece un escalón, pero es una pared de varios metros, antes de retomar de nuevo la seguridad de la nieve (los crampones agarran lo indecible en nieve dura, por si nunca los habéis probado).

Pegarse la pechá para luego tener que dar la vuelta sin llegar a nada, como que no, escogemos seguir la otra huella, la de los esquiadores. Al poco también abandonaremos ésta para ir a buscar unas buenas vistas del conjunto. Vistas que no tuvimos, porque por arte de ensalmo el cielo se cerró de repente. Gracietas de la montaña.

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Y volvemos al Norte, al quinto carajo, donde empezamos este periplo musical con las brujas de Värttinä. A Finlandia.

Esta es mucho más dulce.

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Vista general hacia el Sur, desde el refugio de la Vegarada, y donde se aprecia la salida del carrilito que habremos de seguir.

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El árbol, la casa, la montaña ¿acaso no están pidiendo que los acribilles a fotos?

A la bajada, paramos a descansar en esa borda. Por una vez no íbamos apurados de tiempo, la bajada fue mucho más rápida de lo que parecía gracias a que la nieve se había ablandado y daba mucha confianza. Teníamos media hora de margen que dedicamos a sentarnos al sol como lagartijas y disfrutar de un momento de reposo tiraos cual domingueros. El árbol no tenía hojas, pero sí estaba atiborrado de pájaros (herrerillos?) que iban y venían. Dimos buena cuenta del chocolate, el agua que nos quedaba (cuidado no caer en la novatada: a cierta altura la escasez de agua líquida es absoluta, irónico porque estás rodeado de agua…en estado sólido), y marchando a nuestra casita con ruedas que nos espera allá abajo.

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Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

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A mano izquierda de la casa hay otra construcción, tan cubierta de nieve que sólo se ve un tejado; quizá un corral.

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De verdad, me da hasta pena pisar la nieve y romper esta perfección.

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El Pico del Mediodía. Cuando nosotros, tardones, aún estábamos a mitad de camino, veíamos a tres montañeros coronarlo desde el Sur. Sólo estuvieron unos segundos y empezaron el descenso. Desde ahí arriba debieron ver el murallón de nubes que nos cubrió el cielo unos minutos más tarde.

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Abajo, al fondo, el puerto de Pedrafita. Nota: en la cartografía aparece como Piedrafita, pero eso es un engendro al estilo de Puenteareas, si queremos castellanizarlo lo correcto es decir Piedrahita (o Puentearenas), aunque en esta página siempre preferimos respetar la toponimia original.

Frente a nosotros, el Pico Compastiñosas (2.101m) y el nacedero del Torío (afluente del Bernesga, que también acaba en el Esla, el Duero y para acabar pasando baixo a ponte da Arrábida).

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Y fin de la escapada. 5 días que han dado para mucho. Los lamentables logros deportivos quedan maravillosamente compensados por las conquistas estéticas. Es decir, no habremos hecho grandes proezas, pero qué bonito que estaba todo, joder. Espero con esta serie haberos animado a salir de vuestros cubiles e ir al encuentro con la Naturaleza, también en los más duros días de invierno. Unos jerseys, unas botas y no necesitáis nada más. Es otra forma de acercarse a la montaña, con respeto, reverencia; amándola tal y como es, sin domesticarla, sin mutilarla con acero y hormigón. Nadie os pedirá el forfait, sólo se os ruega que la cuidéis porque es un medio tan imponente como frágil.

8 comentarios »

  1. Guau!! esto si parece la Gloria preciosas imágenes. Gracias por el regalo no solo para los ojos, también para el alma.

    Comentario por Arantza — 16 marzo 2013 @ 20:10 | Responder

    • Gracias, compañera.

      Me siento satisfecho, para qué ocultarlo, cuando me decís que os gustan. Ahora, si mis fotos os picasen la curiosidad y os moviesen a conocer y disfrutar del mundo natural que muchas veces tenemos más cerca de lo que creemos, podría decir que el objetivo estaría plenamente alcanzado.

      Comentario por Mendigo — 16 marzo 2013 @ 22:41 | Responder

  2. Ufff!!! me duelen las piernas de ente viaje por la nieve, me voy a poner un riberita con un poco de picoteo para descansar.

    Coñas aparte, un paseo espectacular. Parece, en algunas de las fotos, estar inmerso en un desierto que ha sustituido la arena por nieve. Convierte un paisaje que en condiciones normales es de aristas pronunciadas en líneas suaves. Y por otro lado parece dar miedo dar un paso hacia adelante, es como una sensación de que vas a hundirte en la nieve desapareciendo en un abismo oculto.

    Gracias por la fotos compa, con tanta mierda a nuestra alrededor es algo placentero disfrutas de estos paisajes.

    P.D.- Si metes al papa ahí en medio no podrías verlo con la bata blanca.:mrgreen:

    Comentario por Javi — 16 marzo 2013 @ 20:31 | Responder

    • Se le reconocería por el tufo a fascista, entonces.
      😄

      Gracias por los halagos, tronk. Lo tienes muy fácil, que tú también tienes dosmiles al ladito. Si quieres, te doy toda la información que pueda (lo poco que he aprendido en estos años, que a mí tampoco me enseñó nadie) para patear por nieve. El equipo para sólo dar un rulo no es tan raro ni tan caro. Lo principal, gafas. Parece raro que lo mencione, pero es lo único imprescindible. Como salga el sol en ese desierto blanco puedes ganarte una lesión ocular. En el Decathlon hay gafas de factor de protección 4 (muy importante asegurarse de este punto) por poco dinero.

      Luego, unas botas calentitas con Gore, no hace falta que sean la hostia, y unas polainas (las del Decathlon son una basura). Lo de las polainas es tan importante o más que las botas, porque de nada te sirve que sean GoreTex que te cagas si te entra nieve por la caña. Hay pantalones que se ajustan al tobillo y bueno, puede hacer el efecto, pero desde luego mejor polainas.

      Y luego, en nieve recién caída o fundida, cuando hay una buena capa, raquetas. Según va avanzando el día, se hacen más necesarias. En el Lidl francés vimos unas con muy buena pinta por cuatro chavos, de hecho las nuestras las pillamos en Francia algo más caras.

      Con eso, un jersey de lana y ah! protección solar, la más alta que encuentres, basta y sobra para pasar un estupendo día pateando por la nieve.

      Comentario por Mendigo — 16 marzo 2013 @ 22:11 | Responder

  3. No se si de salir a la nieve, pero desde luego de salir a la naturaleza si que dan ganas. Hay algo de lo que casi nunca hablas en estos paseos: de los sonidos a esas alturas. Y digo sonidos, no silencio, porque aunque solo fuera tu respiración, el sonido siempre lo tienes ahí.

    En cuanto a las músicas que pones, me ha sorprendido el grupo polaco. Si hubieras hecho algún juego de adivinanzas yo las hubiera situado más en Hungría o Bulgaria. Lo que hace la ignorancia. Si algún día se me ocurre volver a las andadas con los programas de radio voy a tener que ficharte como consultor musical !

    Comentario por Aurora — 17 marzo 2013 @ 16:14 | Responder

    • Pues no te prives, entonces. Tienes la suerte de vivir en Francia, un camino agradable para pasear por el bocage no te queda lejos.

      Es curioso que te preguntes por lo sonidos. Una de las cosas que más me agrada de pasear por el campo es liberarme de sonidos intrusivos, agresivos (ahora mismo escucho el ventilador de la CPU, la lavadora funcionando en el otro extremo de la casa y un coche que pasa por la calle. El campo es ruidoso, pero por lo que sea, porque nuestro instinto está programado para ello, son sonidos que no nos resultan extraños, quizá porque están cargados de significados. Los sonidos mecánicos sólo tienen sentido para las máquinas.

      En la casa que aparece en las fotos, en medio de la nieve, bajo un árbol, estuvimos escuchando el tumultuoso trino de los pájaros. Más arriba, en las cimas, donde sólo hay hielo, el único sonido es el del viento. Es impresionante, quizá incluso descorazonador. Sabes que no va a cesar nunca, a no ser por su propia voluntad. Su escala espacial y temporal es tan superior a la nuestra, que te recuerda tu insignificancia, por si quedaba alguna duda ante esas moles de piedra. Es una sensación similar a la de estar en la orilla del mar.

      Comentario por Mendigo — 18 marzo 2013 @ 10:12 | Responder

  4. Todas las fotos estupendas, por supuesto. La primera me parece hasta sensual, con esas formas y curvas tan suaves y sugerentes😉

    … aunque habría que hablar con los ayuntamientos correspondientes: No se puede permitir paisajes tan chulos sin una buena instalación hotelera y telesillas para que todo el mundo pueda subir a verla y disfrutarla (y con una cafetería con su correspondiente mirador arriba para estar calentito, claro) :b

    Lo que dices de que se duerme perfectamente en la furgo con una manta será si duermes pegado a una estufita de 36º😉 Yo he dormido alguna vez en el coche a -10º (dentro del coche, fuera ni idea), pero a base de saco alpino ya que en esas ocasiones estaba yo solito, haciendo noche cerca de la estación de esquí para aprovechar el día (sí, ya te he dicho que antes que podía era de esos que iban a estaciones de esquí).

    Comentario por marcostonhin — 18 marzo 2013 @ 19:33 | Responder

    • No, con una manta no, con unas 7.😉

      Y sí, la estufita de 200W es imprescindible. Más yo, que duermo siempre desnudo (me agobia la ropa para dormir).

      Lo de dormir en el coche también lo hemos hecho, cuando no había maldito sitio para poner la tienda, pero para mí era una tortura. Para dormir necesito estirarme. Puedo dormir sobre el suelo, amoldándome a las protuberancias, eso no me importa. Pero tener la libertad de estirar la pierna o el brazo, si no me siento encerrado y sólo me acabo durmiendo por puro agotamiento. Lo del coche era una tortura, y cada vez era más chungo buscar sitio para poner la tienda, así que empezamos a pensar en pillarnos la furgo. Y desde luego, es el paraíso (cuando no vienen los picolos a tocar los cojones).

      Comentario por Mendigo — 19 marzo 2013 @ 9:40 | Responder


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