La mirada del mendigo

11 noviembre 2013

Determinismo sexual

Filed under: cousas — Mendigo @ 20:19

Quería someter a vuestra opinión este enlace:
Alemania abre su registro a bebés de sexo indefinido

Y proponeros unas preguntas.

¿Por qué se espera que un ser humano haya de tener un sexo concreto, y que tenga una manifestación externa con relevancia social? Entendamos lo que quiero decir: la ideología conservadora fuerza a que el hecho de nacer con unos u otros genitales determine el carácter del individuo. Desde posiciones progresistas se viene de un tiempo a esta parte defendiendo la posibilidad de que las personas decidan qué papel o rol social quieren representar, aunque sea el contrario a lo que sus genitales sugieren. Y a esto se le llama género (que no es más que un conjunto de estereotipos sexistas).

En resumidas cuentas: hay dos cajones, hombre y mujer. La derecha presupone que debes situarte en el cajón que la combinación genética XX o XY te tiene predestinado. La izquierda, algo es algo, te da a escoger cajón.

Pero yo me pregunto ¿por qué debes escoger entre dos cajones? ¿Por qué poner la etiqueta, hombre o mujer? Yo tengo un sexo, por supuesto, pero quiero creer que trasciendo mis genitales y que sólo estoy condicionado por ellos en aspectos puramente fisológicos: tengo una preponderancia de hormonas andrógenas, que determinan mis caracteres sexuales, vello facial y todo lo demás. Hasta ahí. Pero me complace creer que, más allá de lo somático, mi esencia no está condicionada por mis genitales. Vamos, que no pienso con la polla (excepto cuando corresponde).

Y una pregunta más ¿Qué le importa al Estado qué hay en la entrepierna de cada uno? Aún más ¿qué le importa a la sociedad? Ciudadano, eso es todo lo que la sociedad debe saber. Un cliente o empleador, además puede estar interesado en las competencias y habilidades adquiridas. Y ya.

Caracteres físicos, como si alguien se ha operado de apendicitis o si tiene alergia a tal medicamento, sólo le competen a su médico. Y otro rasgo físico como el tipo de genitales que porta, es de interés de sus parejas sexuales. Finito.

Evidentemente, y como ya dejé dicho hace tiempo, mucho menos le compete al Estado inmiscuirse en la vida sentimental o sexual de los ciudadanos. El matrimonio debe dejar de tener ningún reconocimiento administrativo. Para el Estado, son dos ciudadanos. Que quieran irse a vivir juntos, o dejar de hacerlo, por los motivos que sean y por supuestísimo adopten la posición que adopten en el coito, debe ser irrelevante. Son dos ciudadanos, punto pelota.

No me cabe en la cabeza la obcecación por tener que inscribirse en el censo masculino o femenino, en vez de desarrollar una personalidad poliédrica, original, en la que la sexualidad sea sólo un ingrediente más de un individuo complejo.

No quiero vivir determinado por mis circunstancias. ¿Hombre o mujer? ¿Blanco o negro? ¿Homo o hetero? ¿gallego o castellano? Pues ni una cosa ni la otra, y quizá un poco de todo y algo más. Soy YO.

18 comentarios »

  1. ¿Hombre o mujer? ¿Persona o cabra? ¿Yo o el otro? ¿Rey o mendigo? Tu, como en los cuentos orientales, probablemente eres las dos cosas al tiempo.

    Saludos.

    Comentario por Cami — 11 noviembre 2013 @ 20:57 | Responder

    • En mi caso, más cabra que persona. Será por eso que tiro al monte…

      XDDDDDDDDDDD

      Comentario por Mendigo — 23 noviembre 2013 @ 10:38 | Responder

  2. Me gusta mucho tu reflexión y la comparto, también soy YO.
    Un abrazo

    Comentario por Carmen — 12 noviembre 2013 @ 10:21 | Responder

    • Es un placer ser tratado por ser uno mismo, y no por su condición sexual, social o laboral. Da igual lo que tenga en la entrepierna, el dinero que haya en mi cuenta corriente, o si soy el jefe de la empresa o el de mantenimiento. Quiero que las personas me traten por mi esencia, no que me etiqueten por mis contingencias. Y como no las conocen, las suponga por mi apariencia.

      Comentario por Mendigo — 23 noviembre 2013 @ 10:40 | Responder

  3. Pienso como tú desde hace mucho tiempo, pero es la primera vez que veo esas reflexiones por escrito.
    Saludos

    Comentario por namanga — 13 noviembre 2013 @ 7:46 | Responder

    • Bueno, pues me alegro que seamos ya dos.

      Realmente, el peso, la presión social que soporta un hombre por cumplir con su rol de hombre es tremendo. Y en las mujeres, algo ya espantoso, media vida dedicada al acicalamiento y la esclavitud de la belleza y la eterna juventud. Y en eso hemos ganado mucho más los hombres que las mujeres: antes se suponía que debías ser un orangután violento y celoso, incapaz de demostrar sentimientos. Si jugabas con tu hijo: maricón. Si abrazabas a un amigo: maricón. Si te mostrabas incluso tierno con tu pareja: maricón. Había que ser un macho retieso siempre presto a entrar en pelea. Insufrible, una existencia encerrada en ese papel.

      Y es raro, normalmente se considera que es la mujer quien ha salido ganando con la mitigación del sexismo en la sociedad, pero creo que el balance es más positivo para nosotros. Sí, es cierto, el hombre tenía un lugar predominante mientras que la mujer ocupaba una posición relegada, subordinada al hombre. Pero mantener ese estatus de dominación exigía al hombre convertirse en bestia feroz, mientras que en el rol femenino tradicional se permitía cierta humanidad.

      Comentario por Mendigo — 23 noviembre 2013 @ 10:47 | Responder

  4. Sistema capitalista de producción.

    Nada más.

    Comentario por Sanjuu — 13 noviembre 2013 @ 11:09 | Responder

    • Creo que te has equivocado de entrado, compi.
      😛

      Comentario por Mendigo — 23 noviembre 2013 @ 10:47 | Responder

  5. No nos sentimos cómodos ante alguien si no podemos catalogarlo en un grupo al que estamos acostumbrados, que no se define en el esquema que nos han enseñado desde pequeños. Cuando conoces a alguien, te saca un poco del sitio si no es “A” o “B”, si no es H o M (hembra o macho), blanco o negro (en nuestra sociedad de momento es “blanco o no blanco”), empresario o asalariado, etc. Tenemos una mente muy compleja, pero que retiene las cosas a base de conceptualizar y cuadricular, por lo que necesitamos identificar con sus correspondientes etiquetas a todo aquel que vemos.

    En cuanto al matrimonio, sí tiene una cierta razón legal: si dos personas viven juntas, lógicamente tendrán gastos (comida, piso, etc.) e ingresos comunes, por lo que fiscalmente se pueden considerar de forma distinta a dos individuos independientes. Pero claro, siguiendo ese razonamiento lo que debe considerar el estado no es el matrimonio hombre-mujer, sino cualquier caso en el que dos o más individuos vivan formando una unidad doméstica (parejas, tríos o cuartetos del sexo que sea, amigos que comparten piso, comunas, etc.).

    Efectivamente hace unos años se presentó un concepto que habría resuelto ésto, pero que hizo que iglesia, derecha y demás familia echaran el grito al cielo: los “grupos de hecho”, que en mi opinión debería sustituir legalmente al matrimonio y a las parejas de hecho (¿por qué tiene que ser parejas?).

    Comentario por marcostonhin — 15 noviembre 2013 @ 19:03 | Responder

    • Sí, lo de catalogar y crear categorías es una necesidad de nuestra mente para operar. Sólo esa reducción se deja muchos matices en el tintero, y al final con lo que operas es otra cosa, que no capta la esencia del ser real.

      En cuanto a la necesidad de mantener la consideración legal del matrimonio por motivos fiscales…somos un montón de parejas que, para el Estado, seguimos solteras y no existe ningún problema para que Hacienda nos retrate. El sujeto fiscal no debe ser la “unidad doméstica” como la llamas, sino el ciudadano. Considerar la “unidad doméstica” implica en la práctica relegar a la mujer a las tareas de cuidado del hogar o de la prole. En una pareja de ciudadanos económicamente independientes, no cabe el caso de llegar al acuerdo “tú cuidas de la casa y yo gano dinero por lo dos”, sino que ambos tienen que procurar su sustento porque en cualquier momento se puede romper la convivencia. Esa supuesta protección que da el matrimonio a la parte débil lo que hace, de facto, es instaurar un reparto de roles, la dependencia económica de la mujer.

      Comentario por Mendigo — 23 noviembre 2013 @ 10:12 | Responder

      • No, no. Hablo de unidad doméstica, y me parece importante el concepto, por lo que implica de que varios ciudadanos, sin importar ninguna otra condición, compartan piso y gastos comunes. Nada más. No tiene por qué ser la mujer la que asume el rol de “ama de casa”, y de hecho en un grupo de 4 amigos que comparten piso (pueden ser cuatro hombre, cuatro mujeres o lo que se te ocurra), pueden turnarse entre ellos o incluso llegar al acuerdo de que tres de ellos trabajan para ganar dinero y el cuarto se queda en casa para tener el piso limpio y arreglado, hacer la comida y, si se da el caso, cuidar a los niños. Precisamente me parece una buena vía para olvidarse del rol “hombre-mujer” donde se da por hecho que, si uno de los dos debe dejar el trabajo para cuidar el hogar, tiene que ser la mujer (aunque en los tiempos que vivimos empieza a ser lo más común que sea el que tenga el trabajo menos estable y/o remunerado, sin importar el sexo).

        El tener hijos y demás sería aplicar otras variables fiscales por “menores dependientes” o algo así (no tienen por qué ser hijos naturales, ni siquiera adoptivos, sino simplemente que vivan en la misma unidad doméstica y sean dependientes de los adultos que viven en ella).

        Que vosotros hayáis decidido no identificaros legalmente como unidad doméstica (tenga el nombre que tenga) es decisión vuestra, pero no se puede negar que el hecho de vivir juntos implica una situación (aunque sólo sea desde el punto de vista fiscal) distinta a si viviérais separados, cada uno en su piso y teniendo que arreglarse por su cuenta.

        Comentario por marcostonhin — 24 noviembre 2013 @ 20:07 | Responder

        • Vale, usemos los mismos términos. Entiendo tu concepto de unidad doméstica, pero lo que yo quiero decir es que esa comunidad debe regirse por normas internas, perteneciendo a la esfera de lo privado donde el Estado no debe entrar jamás. Por poner un ejemplo, las normas de “yo paso las fregona y tú lavas los platos” deben partir de un acuerdo privado entre las partes, no ser parte del Derecho Civil. Y exactamente igual con las cuestiones económicas. El llegar a un acuerdo, por el cual uno de los miembros (por regla generalísima, el hombre) se compromete a aportar dinero a la unidad familiar mientras que la mujer a cambio se ocupa de la casa de los niños…bueno, es un tipo de pacto. Pero es un pacto que no puede ni debe ser sancionado por el Estado, es un acuerdo privado como el de los platos, que en cualquier momento se puede romper dejando a una de las partes en bolas: la mujer. Por lo tanto, la mujer hará bien en cubrirse las espaldas, no aceptar componendas, exigir que las tareas domésticas sean compartidas y no cercenar su carrera laboral cuando puede que un día se arrepienta de ello.

          El dar una protección legal al cónyuge, aunque en principio es una medida positiva para la mujer, sólo sirve para perpetuar el rol de ama de casa, dándole una seguridad económica. Seguridad económica muy relativa, pero lo que no concede es la independencia vital que conlleva disponer del propio dinero ganado. de nuevo, la mano que da está por encima de la mano que recibe.

          Me explico mejor ahora? Igualmente que el Estado tampoco tiene por qué entrar si tu pareja es del mismo sexo o del contrario. Es que los asuntos de alcoba no son su cometido. Para el Estado, dos ciudadanos que tienen que valerse por sí mismos. Y que si llegan a un acuerdo de convivencia y solidaridad, mejor para ellos. Y mejor si ese pacto es entre una docena (no necesariamente una comuna hippy, una familia extensa al estilo gitano, o chino…es uno de los pilares que explican su éxito).

          Comentario por Mendigo — 25 noviembre 2013 @ 10:45 | Responder

          • El problema si se hace como dices tú es que hay muchas parejas (pareja porque es lo más común) en las que por comodidad se decide que uno de los dos deje de trabajar para poder cuidar mejor de los hijos y la casa. Sí, lo más común es que sea la mujer, pero no siempre.

            En éste caso, si no se hace una diferenciación el que sigue trabajando realiza una labor y cotiza, mientras que el otro, para el estado, se convierte en un lastre para la sociedad que no cotiza ni aporta nada. Por eso es importante el tema de la unidad doméstica: para poder decidir que los miembros que trabajan cotizan por todos. Qué más da que en una unidad doméstica de 4 personas uno de ellos no cotice, si los otros tres cotizan por los cuatro (siempre bajo común acuerdo, claro).

            Tú sigues escudándote en dejar el rol hombre trabajador-mujer ama de casa. Y precisamente lo que yo te digo es una fórmula que prescinde de matrimonios o géneros, y simplemente toma la unidad doméstica como una unidad de ciudadanos que comunican al estado que su acuerdo de convivencia juntos hace que deban ser considerados de otro modo, y que deciden hacer su aportación fiscal en conjunto.

            Comentario por marcostonhin — 25 noviembre 2013 @ 12:53 | Responder

    • Yo creo que el gran problema que surge con este tipo de cambios (matrimonio, parejas de hecho, grupos de hecho), no se trata sólo del tema fiscal, hay muchas más variantes con las que se van encontrando al estudiarlo en profundidad.

      Las parejas de hecho, surgieron principalmente para que los homosexuales, transexuales… pudieran tener algún respaldo de tipo legal, sobre todo en situaciones adversas. Herencias y divorcios. Herencias, cuando igual la familia del fallecido, que nunca había estado de acuerdo con la identidad sexual de su hijo, decidía que todo lo que habían construído como pareja, se lo iban a quitar.

      De ahí, que al principio, fuera garantizando ciertos derechos y deberes y al final, llegara a parecerse muchísimo a un matrimonio (en la práctica).

      El “matrimonio” en ese aspecto es el más completo, porque lleva actualizándose por la sociedad, a medida que han ido surgiendo los cambios.

      De hecho el PSOE no tenía intención de encabronar a la Iglesia con la ley del matrimonio gay. En principio tenían la intención de llamarlo de otra manera. Cuando vieron que lo que tenían que hacer era dotarlo de los mismos derechos y deberes que al matrimonio y a la par, legislar para que si uno ya estaba casado con una mujer, no pudiera hacerlo a la vez con un hombre (esto es historia, no que yo esté de acuerdo con ello), y darse cuenta de todo lo que había que cambiar en nuestro sistema, entonces decidieron tirar por la calle de en medio y hacer lo más fácil. Que todo se llamara igual.

      Qué hay que crear grupos de hecho, pues bueno, por mi no hay problema. Eso sí, yo te digo que con contrato por delante, y si le queremos poner una temporalidad, pues que se ponga… que se ha de poder añadir a cinco o a siete, pues vale… pero yo cogería lo que ya está y lo mejoraría.

      No intentaría partir de nuevas, que hasta conseguir solucionar, lo que te hubieras dejado por el camino, muchos habrían perdido hasta la camisa y quien lo pelea hasta el final, muchos años de pelea y mucha energía.

      Por ejemplo recuerdo, cómo se consiguió pensión de viudedad en una pareja de hecho, yo creo que costó más de diez años de litigios… (hablo de memoria).

      En cuanto a los que se quedan en casa, cuidándola o haciéndose cargo de los niños, yo es que les ponía un sueldo y que cotizaran… claro que también estoy a favor de la renta básica… (no tengo muy claro ni como ni cuanto, pero sí negro sobre blanco y que estén todos de acuerdo, que no veas lo rápido que en algunos casos, se olvidan de que la decisión de que uno deje de trabajar, ha sido consensuada, y no que se esté rascando el bolo…)

      Comentario por Nynaeve — 3 diciembre 2013 @ 10:46 | Responder

      • Realmente, es que las herencias las liquidaba, porque son la base de la perpetuación de las clases sociales. Pero bueno, vale, considerando que seguimos en un sistema capitalista. El tema de la herencia se solucionaría con un cambio legal, mediante el cual cada cual determina quién o quiénes son sus herederos, sin el sistema de tercios que existe ahora (el mínimo familiar, el de libre disposición…).

        Y así un montón de historias que ahora van asociadas al reconocimiento legal del matrimonio y que, de eliminar tal reconocimiento, centrándose el Estado solamente en el individuo, su legislación sería incluso más sencilla.

        Lo del sueldo al ama de casa (porque compi, en la enorme mayoría de los casos, y ya he leído lo que me comentas en el otro sitio, esto va por la mujer) me parece una forma de anclar el papel de la mujer al cuidado del hogar. ¿Qué sueldo va a recibir por cuidar del hogar? Una mierda de sueldo, y con esa calderilla le sirve para ir tirando en vez de desarrollar una carrera profesional fuera de casa. Además, el marido pasa a ser además empleador, tu jefe. Sí, tu jefe, pues es quien te paga, e insisto una y mil veces, la mano que da está por encima de la que recibe. Mucho mejor es la renta básica, pero no a la unidad familiar (que no la reconozco) sino a cada ciudadano. Porque si es a cada familia, puede acabar siendo controlada por el “cabeza de familia”, con lo cual no sirve para la emancipación de la mujer, para que pueda ahorrar o disponer libremente de su vida. En cambio, si el Estado pone a cada ciudadano una renta mínima (que de eso también hay que hablar, yo defiendo que sólo una parte sea en metálico, la mayoría como prestaciones en especie como comedores, vivienda social, sanidad o educación), la mujer podrá dar el paso de abandonar al marido (porque le hostie o simplemente porque ya no quiera mantener esa relación) sin tener que saltar al vacío sin ningún tipo de protección económica, con una carrera profesional truncada y fuera del mercado laboral durante años. Así es muy difícil pretender que una mujer (vale, un cónyuge que se haya dedicado al cuidado del hogar o la crianza de los hijos, pero en la mayoría de los casos estamos hablando de mujer) pueda emanciparse de su marido y recomponer su vida.

        Comentario por Mendigo — 3 diciembre 2013 @ 23:56 | Responder

        • De todos modos volvemos a lo que te comentaba antes: si en una pareja, grupo o lo que sea, se llega al acuerdo por los motivos que sean de que uno de ellos no trabaje (hay muchas ocasiones en las que es imposible), entonces si no hay una figura legal que lo compense para el estado esa persona se convierte en un “jetas” que vive sin pegar golpe ni aportar nada. Si en un grupo doméstico se decide que uno de ellos trabaje cuidando del hogar y, en su caso, de los niños, mientras los demás trabajan en otro sitio, ¿por qué ha de perder todos sus derechos?

          Hay otra solución que a lo mejor te satisface más: uno trabaja fuera, y con parte de su sueldo contrata a su pareja (pagándole su correspondiente sueldo) para que realice las tareas del hogar. ¿Así estaría mejor? No se, tal vez sí pero yo no le acabo de ver ningún sentido.

          No creo que aportarle un sueldo por ser ama o amo de casa sea la solución. Me parece mucho más práctica la solución consensuada de que por mutuo acuerdo uno de los dos cotice por ambos. Si el sueldo no llega para todo, pues hijo, habrá que buscarse la vida como se hizo siempre.

          Comentario por marcostonhin — 5 diciembre 2013 @ 17:47 | Responder

        • Estoy de acuerdo con Marcos…

          Y no, otra vez, Mendi… no sé de dónde te sacas eso de que por defecto la que ha de quedarse en casa es la mujer. Yo cada vez veo más a mi alrededor, sobre todo en familias dónde el marido trabajaba en la construcción, que es él que se ha quedado en casa… es más… a más de uno, le encanta… y entonces llegamos a la parte que comenta Marcos de que son unos jetas…

          Y sí, si así nos ponemos lo de la renta básica está muy bien, pero… sigue siendo algo que no demuestra que la decisión de que uno se quede en casa suele ser decisión de ambos. A veces por las circunstancias externas, pero otras por las internas.

          O por ejemplo, mis padres. Cuando mi madre dejó la IBM con un sueldo más que decente, fue ella la que le propuso a mi padre “ponerse un sueldo” y lo que antes había sido “compartido”, pasaba a ser su responsabilidad. Mi padre le dijo que no hacía falta, pero ella sentía que tenía que ser así. Luego en la práctica, siguen haciendo cada uno lo mismo que hacian (pasado un tiempecillo) o si quieres, mi padre hace algo más de lo que hacía (asumiendo él, algo de lo que hacíamos mi hermano y yo cuando vivíamos en casa). Pero ella, se siente con más libertad, para darse los caprichos que quiere, cuando quiere, si lo hace de SU dinero… y no del de “la casa”.

          Por otro lado, eso de tener que estar dentro de la cartilla de la seguridad social de la pareja que trabaja es algo insultante… porque trabajar lo que se dice trabajar, lo hacen los dos, pero el mundo (no digo ya dentro de la familia), sólo reconoce como trabajo él de quien trae el dinero a casa.

          Comentario por Nynaeve — 10 diciembre 2013 @ 8:21 | Responder


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