La mirada del mendigo

25 diciembre 2013

Inutilidad parlamentaria

Filed under: democracia — Mendigo @ 15:31

Es de común acuerdo, excepto entre la casta política, que el Senado es una inutilidad que habría que eliminar. Comparto la opinión, desde luego, pero ésta se hace extensiva también al Congreso. Ambas cámaras, en general el sistema parlamentario español, es inútil, redundante y superfluo.

Procedo a demostrar esta afirmación, pero antes quiero hacer una salvedad. En esta entrada voy a aceptar como marco de trabajo (condición de contorno, podríamos llamarle) conservar el sistema político basado en los partidos como sujetos de soberanía. Es el actual sistema pero no es mi sistema; como he escrito repetidas veces mi modelo es la Democracia, democracia directa, en el cual los partidos políticos tendrían un papel de meras asociaciones de electores creadoras de corrientes de opinión, incluso podrían tener algún papel en la redacción de los proyectos de ley o del contenido de las votaciones. Pero el encargado de apretar el botón en la votación debe ser el conjunto de la ciudadanía. Nadie puede representar al pueblo mejor que el pueblo mismo, estando el original presente no cabe representación alguna (pudiendo asistir los novios a la boda nadie se casa por poderes).

Pero no es esto lo que voy a sostener hoy. Como he dicho, quiero demostrar que tanto Congreso como Senado son instituciones superfluas para el funcionamiento de ESTE sistema partitocrático (y como los partidos están completamente sojuzgados y sometidos al poder político, deviene un sistema plutocrático).

Como recordaba a propósito de IU, sus Excelentísimas Señorías son reata de mulas tordas cuya función clave es apretar un botón de colorines u otro según se lo ordenen. Las ocasiones en que un diputado rompe la disciplina de voto son absolutamente excepcionales, anecdóticas en los miles de votaciones que se desarrollan a lo largo de la legislatura (creo que en esta legislatura no ha habido ningún caso, en la pasada Antonio Gutiérrez contra la reforma laboral y dos diputados murcianos en la tramitación del estatuto castellanomanchego, y en la anterior, Celia Vilalobos con el matrimonio homosexual). Menos de una decena de casos en la última década, a una media de 4 votaciones al día por unos 200 días con actividad parlamentaria son 8.000 votaciones, 2,8 millones de votos emitibles. Y de ellos, menos de una decena ha tenido la valentía de oponerse a la disciplina de partido; eso supone una tasa de belicosidad e independencia de criterio de sus Excelencias del 0,0004%. Es decir, el mandril que ocupa cada escaño tiene una fiabilidad del 99,9996% al emitir su voto, una buen resultado incluso para una máquina, no cabe duda que el primate está bien amaestrado (atiborrado de galletitas, y aterrorizado ante las consecuencias de la desobediencia). Efectivamente, la consecuencia menor es la multa de 600€ que los partidos imponen automáticamente; una señoría díscola se enfrenta a ser repudiado por su partido, separado de la gran teta del poder, protagonizando una caída vertiginosa al más puro estilo Luzbel a los infiernos del mundo real, donde tienes que trabajar todo un día para llevar a casa 1.000€ al mes como cualquier otro ciudadano anodino.

Así como los monarcas se distinguen por sus bajezas, sus Excelencias son elegidas por el partido según criterios de mediocridad, intelectual, académica y moral. Yo no veo en sus señorías más Excelencia que en la adulación, en la sumisión y la previsibilidad.

Para puestos de no gran responsabilidad en las empresas se hacen exámenes de inteligencia, competencias y frecuentemente uno de idiomas. Para acceder a un cargo de mil y no muchos euros (los importantes y bien remunerados son para los nenes de apellido compuesto). Para escalar las listas de los partidos hasta posiciones de lanzamiento sólo es necesario acreditar ser un redomado lameculos, servil y obediente a las órdenes como un perro.

Para tomar el acta de diputado yo establecería como condición mínima el pasar un examen de conocimientos, con nivel de bachillerato; un resultado en el test de inteligencia superior 100 (normalidad); y una prueba de conocimientos de algún idioma extranjero, al menos a nivel B2 (intermedio).

Hay ofertas de trabajo mileurista que exigen carrera y dos idiomas, de ellos bilingüe en inglés, para puestos de administrativo segundón. No creo que sea mucho pedir un nivel cultural de bachillerato para dirigir una empresa llamada Estado español con un presupuesto de 320.000 millones de €, y legislar sobre un país cuya plantilla son 46 millones de ciudadanos y cuyo PIB sobrepasa el millón de millones de euros.

Lo cierto es que si aplicásemos estos criterios a sus Excelencias, el parlamento quedaría casi vacío. Porque ni llegan ni a nivel de ESO:

Tiene secuela:

Y para qué recordar las hilarantes incursiones en el inglés o francés de nuestros próceres.

No gobierna el pueblo. Bajo el engañoso eufemismo de “democracia representativa” se disimula el gobierno de unos pocos (por y para una minoría) (oligocracia), que desde luego no son los mejores (ἄριστος), organizados en partidos (partitocracia) sometidos al poder económico (plutocracia). Y propongo incluir otro término más que define nuestro sistema político: elithiocracia, o gobierno de los ineptos (ηλίθιος).

Recapitulemos. Tenemos a 350+266 Excelencias (a nivel estatal, más los escalones autonómico y municipal) con un nivel intelectual inferior a sus supuestos representados (del moral da cuenta la sumisión de su conciencia), cuyo único cometido es apretar el botón indicado.

No representan al español medio más que por compartir las cualidades de mediocridad, incultura y desconocimiento del concepto de honor, pero en un rango superior a las lucidas por el común del pueblo. Venden su conciencia e independencia de criterio por una generosa soldada pero, por lo demás, no representan más que a sí mismos y a su clase, con unas ambiciones e intereses totalmente diferentes, y a menudo opuestos a los del pueblo.

En entrada pretérita propuse sustituirlos por otros primates haplorrinos (de nariz seca) que no gastasen miles de euros al mes en cacahuetes y no exigiesen un iPad by the face. Un mono bien amaestrado para oprimir el botón correcto a la indicación de su domador sería igual de eficaz que un diputado, no habría resultado apreciable en la gobernación del Estado (saldrían aprobadas las mismas leyes, por idéntico porcentaje) y tampoco notaríamos mayor diferencia en el desarrollo de las sesiones, con los escaños ocupados por mandriles domesticados para guardar la compostura.

En esta entrada, abogo por avanzar en la simplificación del funcionamiento del sistema, su sistema (el mío, reitero, es la Democracia), eliminando del mecanismo las piezas redundantes. Esto es: que las votaciones sean llevadas a cabo por un representante de cada partido, cuyo voto sea proporcional al número de primates del género Homo (la especie, vaya usted a saber) de cada color político que actualmente ocupan los escaños (ya ni pongo en cuestión el reparto de escaños del pucherazo electoral).

Sustituimos un sistema de 600 y pico Excelencias por otro de unos pocos tipiños, según el número de partidos con representación parlamentaria, cada uno emitiendo su voto ponderado. El resultado sería el mismo en el 99,9996% de los casos y nos ahorraríamos un buen dinerito que se podía dedicar a mejores fines y, sobre todo, el triste espectáculo que ofrecen a diario.

Unos pocos tipiños se pueden reunir en una habitación, y quedarían además liberados dos singulares edificios (en Madriz, pero otros muchos en comunidades y ayuntamientos) para poderlos destinar a usos más edificantes. Por ejemplo, podríamos aprovechar que la cávea está ya construida para un teatro o una sala de conciertos. Y si no, pues unos multicines.

De hecho, en el caso en que haya una mayoría absoluta de un partido, se pueden omitir las votaciones sin menoscabo ninguno de la legitimidad del sistema (no se puede sustraer de donde no hay), conectando directamente la legislación y gobierno de la res pública con las sedes de Génova o Ferraz, según el caso. Que nadie se alarme; sin ir más lejos es lo que ocurre en esta misma legislatura, sólo pido simplificar el sistema eliminando redundancias.

¿Para qué disputar un partido del cual ya se conoce previamente (ex ante, como diría en germanías un moderno augur de catástrofes pasadas) el resultado? Normal que hasta los mismos jugadores se hundan en sus escaños abrumados por el mortal aburrimiento que supone representar una farsa de guión pautado. La indiferencia del público es, por supuesto, categórica.

Pongamos un ejemplo candente: hace sólo unos días en el Congreso se aprobó la Ley del Sector Eléctrico, que es el desarrollo legislativo de la reforma energética perpetrada en Julio por el Ministerio de Industria. Ya entonces, cuando el sol doraba las mieses, se advirtió que las eléctricas trasladarían el peso de la reforma a los consumidores en la siguiente subasta CESUR. Ahora el gobierno se hace el sorprendido, pero el resultado de la subasta estaba cantado desde hace meses para cualquiera que conociera mínimamente el sector eléctrico (recomiendo esta entrada para ir entendiendo el vicioso sistema de formación de precios en el mercado eléctrico).

Bien, volvamos al tema de hoy. Esta ley fue aprobada con los votos de los diputados del PP, CiU y PNV, y la abstención de Rosa Díez y sus cuates. Ahora bien, yo pregunto ¿Quién se la leyó? Un Proyecto de Ley de 78 páginas técnicas más cientos de páginas más de enmiendas, para modificar el anterior de 150pg.

Y aún más. De haberlo leído ¿Quién cuenta con el conocimiento necesario del sistema eléctrico para entender el texto y las consecuencias de cada párrafo, de cada línea, de cada coma? Coma que puede convertirse en más o menos ceros en la cuenta de resultados de las grandes eléctricas.

Más el resto de cuestiones a tratar. El mismo día los diputados también mostraron su opinión sobre temas tan dispares, técnicos y complejos como las facturas electrónicas, la deuda comercial en el sector público, el índice de revalorización de las pensiones, la ley de cajas de ahorros, la reforma de la administración local y ni más ni menos que los PGE2014. Todo ello el 19 de Diciembre.

Y yo me creo que sus señorías se han leído toda esa cordillera legislativa, la han comprendido, y emiten su voto de forma razonada y consecuente con sus principios y conocimiento que, sólo casualmente, coincide el 99,9996% de las veces con sus compañeros de grupo. ¡Ja! De ser cierta esta patraña, realmente merecerían el título de Excelentísimos, pero en esta página seguimos insistiendo en que el rey, obviamente, está desnudo. En que todo esto no es más que una pantomima para darle lustre democrático a la situación de siempre: los poderosos mandan y el pueblo acata.

Seamos serios, la reforma eléctrica fue cocinada en los despachos de las calles Génova y Capitán Haya, por donde pasaron los negociadores y lobistas de las partes implicadas. En este caso la situación tenía su morbo, porque el gran capital se presentaba con intereses divididos y enfrentados, por un lado las grandes eléctricas en torno a UNESA, por el otro los fondos internacionales y empresas como Acciona, con fuertes apuestas sobre el sector renovable. Incluso algunos jugadores, como Iberdrola, tenían un pie en ambos campos.

A estas negociaciones fueron ajenos los primates de la Carrera de los Jerónimos, como los de la calle Bailén. Cuando llegó el texto a ambas cámaras, no se esperaba de sus Excelentísimas señorías que lo leyeran, ni mucho menos que lo comprendieran, y en modo alguno que dieran su opinión. Sólo que pulsaran el botón correcto según se lo ordenase el partido.

Cuando se quieren poner objeciones a un sistema de Democracia directa, se objeta que la ciudadanía votaría sobre temas que no conoce bien. Efectivamente, es que ésa es la situación actual, con abogaduchos que no saben distinguir las unidades de energía de las de potencia, votando una ley sobre un sector tan endiabladamente complejo, y a la vez tan crucial para la competitividad de la economía española y el bienestar básico de los ciudadanos, como es el eléctrico.

Por lo tanto, el partido cocina el proyecto de ley o la enmienda en cuestión, y la manda al Congreso para que pase el trámite burocrático, se sigue el guión, los monitos aprietan el botón según lo previsto y ley o enmienda aprobada o rechazada, según lo previsto.

Como vemos, el resultado sería exactamente el mismo eliminando el mecanismo intermedio y, como dijimos, que las leyes sean votadas directamente por un representante del partido en cuestión, con una la ponderación que le corresponda. Si la ponderación no fuera por escaños, sino por apoyo electoral recabado en las últimas elecciones, el sistema podría incluso empezar a considerarse democrático. Porque claro, por qué ponderar por escaños si ya los escaños han dejado de existir, se mostraría el pucherazo de forma demasiado evidente para los intereses de la Casta.

Vamos con otro ejemplo. Propongo la siguiente función:

f(x,y,z,t,α,ψ) = ln(e^y)/e^(1-cosπ)*[(ψ!*sin(6π)/(ax²+by²+cz²)+x^(1/2)-ln|i²|*arctg(3α/2)*δ²x/δt²]

¿Es evidente, no? Es una sencillísima función que todos conocéis. ¿Ah, no? ¿No la reconocéis? Bueno, eso es que, igual que los padres de la nación, he embarullado un poco el asunto para hacerlo poco reconocible. Desbrozando un poco los términos superfluos que he añadido para despistar, la función anterior queda en la forma:

f(x,y)=x*y

Es decir, el área de un rectángulo de lados x e y.

Ambas funciones son idénticas, sólo que la primera es un engendro y la segundo es inmediatamente reconocible. Exactamente igual pasa con el batiburrillo de cámaras y comisiones, para disimular que el eje de la soberanía no pasa por ningún parlamento sino que está en manos del partido de turno.

Otro ejemplo quizá más evidente. Tenemos la proposición lógica siguiente:
(p∧¬q)∨(¬p∧q)∨(¬p∧¬q)

No acaba de estar claro qué queremos decir. Igual que el tongo electoral disimulado en el truco matemático de las circunscripciones electorales provinciales sumado a la ley d’Hondt, o el coeficiente de actualización de las pensiones para justificar la congelación de las mismas aludiendo a unos criterios técnicos, arcanos impenetrables para el vulgo. Pero con un poco de paciencia vamos deshaciendo la madeja hasta llegar a:
¬(p∧q)

Que es una proposición equivalente a la anterior, pero mucho más sencilla de comprender. Dos proposiciones son equivalentes y, por lo tanto, sustituibles si sus tablas de verdad son iguales. Igualmente, si hubiéramos metido a representantes de los distintos partidos en una sala y votaran, valiendo el voto del pepero 185 unidades, el del socialis…, quiero decir el del socialdemócr…, bueno, ya sabemos, el del P$O€ 110 unidades, el representante de CiU 16 unidades y así, el resultado hubiera sido exactamente el mismo: la ley hubiera sido aprobada. Y las leyes que han sido rechazadas en pleno, hubieran sido igualmente rechazadas.

Por lo tanto, como la tabla de valor es la misma, como el resultado de la función es el mismo, podemos considerar ambos sistemas equivalentes. En matemáticas preferimos siempre la forma más esbelta de una ecuación, eliminando términos superfluos y simplificándola en lo posible porque el objetivo es ENTENDER. En política, se añaden términos y engranajes redundantes porque de lo que se trata es que la gente NO COMPRENDA NADA.

Una máquina de seiscientas dieciséis piezas que funciona exactamente igual que lo haría una máquina reducida a siete engranajes (repesentantes del PP, del P$O€, CiU, IU et alii, PNV y grupo mixto). ¿Cómo se justifica esta complejidad en la ingeniería política si no es para despistar a la ciudadanía con tanta parafernalia democrática? En la misma caja, durante el franquismo, funcionaba una maquinaria muy parecida. Lo que pasa es que en este caso las manecillas del reloj se pasaron 40 años sin atrever a moverse, por mucho que las ruedecitas de dentro pareciera estar animadas.

Claro, luego queda el folclore de la cámara, las filigranas oratorias y las costumbres parlamentarias que saben como un polvorón caducado.

Vamos a ver. ¿Para qué coño sube un tipiño al estrado a contar su vida? ¿Acaso alguien cree que por muy brillante que sea su verbo, logrará arrancar las lágrimas a la bancada contraria, conmover sus conciencias (lo cualo?) y cambiar el sentido de su voto?

Sí, estoy de coña. Todos sabemos que eso no ha pasado jamás, ni pasará. No sirve de nada, la ley que está apoyada por la mayoría de mandriles que sostiene al gobierno pasará, mientras que la presentada por los mandriles de la oposición será rechazada. Diga lo que se diga, y los discursos que conmueven al Senado quedan relegados a los libros de historia, capítulo de la República Romana. Ya podría venir el mismísimo Cicerón redivivo que no cambiaría ni un solo voto de la más insignificante de las votaciones.

¿Entonces, para qué demonios ese teatrillo? Si el discurso no está dirigido a convencer a los rivales políticos, estará entonces destinado a la ciudadanía. Pero entonces, no hacen falta bambalinas tan costosas, que cada partido político traslade a los medios de comunicación y cuelgue en su página web lo que el ponente fuera a leer, y ya lo leeremos nosotros en la tranquilidad del hogar. De hecho, sin el límite de tiempo que pende sobre los grupos pequeños, probablemente el debate podría ser mucho más rico, admitiendo sucesivos turnos de réplica y contraréplica aderezados de datos, enlaces a fuentes de autoridad, gráficos, presentaciones…

Y el ciudadano, al final, tomando en cuenta esas y otras razones, decidiría el sentido de su voto con la misma facilidad que entra a ver los movimientos de su cuenta corriente o se juega una partida al Quake (o el videojuego que esté ahora de moda).

Eso es Democracia.

Y el sistema actual…no es más que el mismo menú de siempre, con un chorrazo de ketchup para hacerlo más moderno, una tramoya para que al final se acabe cumpliendo la voluntad de los señoritos.

Ah!
Y feliz Navidad Saturnalia!

16 comentarios »

  1. Juas, juas. Hacía tiempo que no me reía tanto. Muy bueno y bien redactado. Totalmente cierto. Hace ya tiempo que vengo pensando más o menos lo mismo.
    La mayor diferencia es que yo añado otra definición a esta dedocracia, la de tetocracia. Me refiero al juego del teto.
    Y eso de que el poder es del partido de turno, es incierto.
    Conozco personas con nombre y apellidos, que me han confirmado que sus empresas, en el contrato, figuraba que estaban obligados a entrar en cierto partido político. Curiosamente, estas empresas tenían dos o tres empleados en esta situación. Pongamos PP, P$O€, CIU o similares. Así se aseguraban que al menos tenían a uno de los suyos en el poder.
    Lo más curioso, es que personas que no saben ni quieren la política, de un día a otro pasan a militar en un partido que muchas veces no es el que les gusta, y encima, directamente a la cima, a ocupar posiciones de responsabilidad tipo ministro, conceller, concejal responsable de obras públicas, por ejemplo, pasando por encima de muchos otros militantes con preparación y mucha más convicción.
    En el momento en que un partido deja de ser relevante para el poder, pierde todas las ‘donaciones’ y muchos de sus ‘altos cargos’ pasan a otros partidos/empresas/asuntos. Justo lo que creo que está pasando en estos momentos en el P$O€.
    Es decir, que los partidos son directamente ‘compañías teatrales’ encargadas de entretener al gran público.
    Dejo para otro día mis aciagos pareceres sobre el futuro político que creo que nos espera.
    Así que para dejar buen sabor de boca, comentar que también soy un defensor de la democracia participativa, aunque ésta es difícil de mantener fuera de las plazas de los pueblos (por desgracia, tal y como ya dijeron sus padres, los griegos). Pero como creo que el futuro precisamente va a pasar por los pueblos, pues es un sueño reconfortante para empezar el año.

    Felices Fiestas!!!!!!

    Comentario por Beamspot — 25 diciembre 2013 @ 17:48 | Responder

    • Buenas, Beamspot!

      En la oposición se pasa frío, mucho frío. También el PP tuvo esa larga travesía por el desierto, lo que pasa es que sí que tenía poder local y autonómico, mientras que el P$O€ ahora está desahuciado del poder en casi todas partes. Y, de todas formas, el PP tiene mucha más facilidad para que, cuando pasa el cazo, éste vuelva lleno. No me extraña, es muy rentable pertenecer a la familia popular.

      Otra cosa ¿por qué dices que es difícil sacar la Democracia del ágora y llevarla a recintos más amplios como Internet? De verdad que yo no le veo mayor dificultad. Vamos, hay retos organizativos y tecnológicos muy superiores, hasta te diría que es una cuestión trivial. Lo que falta es:

      1) voluntad política (los partidos no quieren perder su lugar nuclear en el poder)

      2) interés ciudadano por los asuntos de su polis (la gente está embrutecida)

      Comentario por Mendigo — 31 diciembre 2013 @ 1:32 | Responder

      • Mi razonamiento (corto, al ser el mío un cerebro mononeuronal), es lo que yo llamo principio de realimentación. Defesto profezionás. La idea base es de que para que una cosa funcione, el sistema de control debe ser capaz de sensar la salida, y modificar la función para que esta salida se corresponda con lo deseado. Dicho con otras palabras más llanas: hacerse responsable de lo que uno hace, sentir en sus propias carnes los efectos de sus propias decisiones.
        En un pueblo, donde te cruzas en la calle con el que te vota, tienes unas ‘realimentaciones’ y unas responsabilidades mucho más difíciles de eludir que cuando decides sobre algo que no te afecta y cuyos ‘sufridores’ nunca te cruzarás.
        Como vés, no es una razón técnica (estoy también de acuerdo que con Internet no es algo extremadamente difícil, de hecho, lo implementaría siempre que fuese posible para mejorar la participación ciudadana, aunque creo que en menos de 50 años, internet será un mero recuerdo), e incluso es posible que mejorase el interés ciudadano, al acercarlo a la política, además de mejorar la cultura y el conocimiento.

        Comentario por Beamspot — 2 enero 2014 @ 15:08 | Responder

        • Pero yo entiendo que sólo el que va a sufrir las consecuencias de una mala decisión, o beneficiarse en el caso de acertar, en este caso el pueblo, tiene derecho y legitimidad para tomarla.

          Comentario por Mendigo — 2 enero 2014 @ 23:35 | Responder

          • Correcto. Por eso la decisión debe ser del pueblo. No puede se que Canarias decida sobre el IVA que afecta a la península, pero no a las Canarias. Lo mismo a nivel local. Lo que afecta al pueblo o área, debe ser decidido por toda el área, y sólo por el área. Pero muchas veces, la frontera de la afectación no es tan nítida como queremos. Y habitualmente, las cosas que afectan a una región grande, habitualmente no se reparten por general por igual en toda la región (ese es el principio por lo que un voto de una aldea gallega no vale lo mismo que un voto de Madrid o Barcelona), y eso significa que cuando esa área es demasiado grande, el sistema se vuelve demasiado difícil de utilizar. Para rematar, generalmente, los pueblos vecinos suelen tener historia de rivalidades, lo cual tampoco suele ayudar.
            Así pues, cuando la decisión es cosa de dos pueblos, aunque sean pequeños (pongamos 200 habitantes en total), la cosa suele ser más difícil que cuando se trata de un sólo pueblo, aunque éste tenga más habitantes que la suma de los otros dos.
            Si ya hablamos de ciudades (>50000 habitantes), la cosa también se complica demasiado. Claro que EMHO, las grandes ciudades están condenadas en un futuro no tan lejano, lo cual no deja de ir a favor de mi posición de democracia participativa en las ágoras rurales.
            Por desgracia, me temo que lo que siempre ha funcionado es lo que seguirá funcionando: los jerifaltes terratenientes locales son los que mandarán y tendrán la sartén por el mango, y el resto, borregos a su servicio. Sólo cambiará la escala y los valores absolutos (mucha menos población, mucha menos ‘riqueza’, mucha menos libertad, mucha más esclavitud, mucha más hambre, etc).

            Comentario por Beamspot — 8 enero 2014 @ 16:39 | Responder

            • Bueno, es que el término no es a quién le afecta, sino a quién le compete. Me explico con un ejemplo tonto: si Francia reduce sus importaciones (por ejemplo, por un recrudecimiento de la austeridad), desde luego es una decisión que afecta a España (porque disminuyen nuestras exportaciones), sin embargo no le compete a un español pronunciarse sobre las importaciones galas (realmente, tampoco se le pregunta a ningún francés, si quiere empobrecerse voluntariamente).

              Si Catalunya se independiza, es algo que sólo compete decidirlo a los catalanes, a pesar de que obviamente afectan al resto del Estado. Sin embargo, para integrar un territorio tienen que estar de acuerdo ambas partes. Igual que un matrimonio, vaya, para hacer una vida en común es necesaria la aprobación de las dos partes, pero para seguir en solitario basta con la voluntad de ese sujeto (porque no se trata de hacer nada juntos sino precisamente de lo opuesto, hacer vida en solitario).

              Siguiendo con el ejemplo: contaminar un río afecta a los pueblos que se hallen aguas abajo, luego la política de depuración debe ser llevada por toda la cuenca. Sin embargo, el que un ayuntamiento promueva unas políticas de empleo exitosas y robe población a los colindantes también afecta a estos, sin embargo, no caben pronunciarse (eso sí, pueden replicar las medidas que funcionan). Por eso, que sí que es cierto que las fronteras entre competencias pueden ser a veces vagas, pero yo creo que con un poco de sentido común (y una legislación bien redactada) la mayoría de los problemas no serían tales, para discriminar quién es el sujeto de soberanía.

              Comentario por Mendigo — 10 enero 2014 @ 10:02 | Responder

  2. […] para reír pero también para pensar. Algo para reír pero también para pensar un rato. https://esmola.wordpress.com/2013/12/…parlamentaria/ […]

    Pingback por Democracia Real Ya - Página 24 - SexoMercadoBCN — 26 diciembre 2013 @ 22:00 | Responder

  3. Ya comenté en una entrada anterior que debería ser (y de hecho ES) ilegal que los parlamentarios voten según las órdenes de su partido. Si hay muchos parlamentarios es precisamente para que haya pluralidad de opiniones, y en eso se supone que se basa el sistema, no en que uno decida y los demás repitan como loros (para hacerlo así, como bien dices, excusamos tener tanta gente chupando del bote).

    Y que encima tengan los webos para multar a los que votan distinto… ya no se qué me parece.

    Comentario por marcostonhin — 27 diciembre 2013 @ 19:05 | Responder

    • P.D.: ¿por qué la clase pijotera se empeña en mandar a sus hijos a colegios de pago? Vistos los resultados, está claro que los colegios públicos son mucho mejores.

      Ah, claro, es que resulta que toda esta pandilla son hijos de papá que se pasaron la juventud de juerga en juerga, sin tocar nunca un libro, y están en ese cargo no por su sabiduría sino precisamente por ser hijos de papá.

      Comentario por marcostonhin — 27 diciembre 2013 @ 19:07 | Responder

      • Pues estuve buscando uno del CQC italiano, que era la hostia. Pena no haberlo encontrado. Era una tipa haciéndoles preguntas a los diputados italianos…qué pedazo de bestias. De vergüenza ajena. Y son los que más cobran de Europa, verdaderos sinvergüenzas. Italia es España al cuadrado.

        Comentario por Mendigo — 31 diciembre 2013 @ 1:26 | Responder

    • Bueno, ambos sabemos que es ilegal según artículos 67 y 79 de una ley que es superior en rango a cualquier otra. Pero luego el Constitucional se pasa la Constitución por el forro de los cojones y aplaude que los partidos castiguen la ruptura de la disciplina de voto.

      Por otra parte, tampoco te creas que me gusta que los diputados tengan opinión. Porque realmente no se les vota a ellos, sino a ideas, o mejor dicho partidos que representan unas ideas. Yo no voto personas, en las cuales no confío porque, para empezar, ni siquiera conozco. Si se diera el caso de eliminar las cámaras y dejar sólo los representantes de cada partido, y el reparto de ponderación de voto fuera conforme a los resultados electorales según una proporcionalidad directa…no sería una democracia, porque seguiría sin gobernar el pueblo, pero sí que al menos sería un sistema legítimo y no me encontraría a disgusto con él.

      Comentario por Mendigo — 31 diciembre 2013 @ 1:22 | Responder

  4. Buenos días señoras y señores diputados de este blog.

    Quiero presentar una enmienda parcial a este artículo de su señoría Mendigo. Creo que: 4 votaciones al día por unos 200 días son 800 votaciones que a su vez multiplicado por 350 escoñaos son 280.000 votos. No les multiplique usted el trabajo por diez, no sea que les vaya a dar un algo.

    Quiero hacer mención también a que en mi carrera hacia altos puestos en política no he tenido ni pajolera idea de lo que significan esas funciones hasta que no las ha explicado resumidamente.

    Salud a todos.🙂

    Comentario por Javi — 28 diciembre 2013 @ 11:26 | Responder

    • La enmienda del Excelentísimo señor Diputado por Burgos queda rechazada por:

      1) porque yo lo valgo

      2) porque el blog es mío y me lo follo cuando quiero

      y por si las anteriores no fueren suficientes ahí va una tercera:
      3) hago una relación entre los casos de ruptura de disciplina de voto y los votos emitidos. He enunciado media decena de casos que yo recuerde en los últimos 10 años (las dos legislaturas de ZP y la que llevamos). Pongo otros tantos que no me haya enterado, unos diez en diez años (no sé la cifra exacta, pero estará en ese orden de magnitudes), y por lo tanto tengo que relacionarlos con los votos emitidos…en esos diez años.

      Para ulteriores explicaciones, nos vemos en la cantina del Congreso, con unos cubatas en la mano.

      Comentario por Mendigo — 31 diciembre 2013 @ 0:37 | Responder

      • Ante la rotundidad de tales argumentaciones nos vemos en la cantina, cubatas en mano. Además allí nos salen baratos que paga la plebe😉

        Comentario por Javi — 31 diciembre 2013 @ 10:52 | Responder

        • Todo por el pueblo, pero sin el pueblo. Brindemos por el pueblo!
          😉

          Comentario por Mendigo — 31 diciembre 2013 @ 15:30 | Responder

  5. Comentario por mse — 11 enero 2014 @ 20:04 | Responder


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