La mirada del mendigo

14 septiembre 2014

Opium

Filed under: religión — Mendigo @ 16:34

En las sociedades más avanzadas existe la opinión generalizada de considerar a las religiones como un fenómeno social inocuo para el individuo. Ello es debido a la poca importancia que la religiosidad tiene en nuestra cotidianeidad, habiendo relegado a la fe en el dogma a un rincón marginal de nuestras vidas.

El que la religión en nuestras sociedades post-industriales se consuma en pequeñas dosis no debería ocultarnos los efectos perniciosos que la fe en el dogma provoca en la inteligencia. Leves, cuando la exposición del individuo a la irracionalidad es moderada; en occidente nos ha costado siglos erradicar la epidemia de fanatismo, enfermedad que se transmite en un medio ignorante como las bacterias lo hacen ante la ausencia de higiene. La cultura es la higiene de la mente, previniendo su contaminación por lo absurdo.

(existe una correlación clara entre religiosidad de una sociedad, PIB per capita y tasa de alfabetización, a quien le interese puede consultar los datos).

Sin embargo, cuando la exposición al dogma es mayor, frecuentemente en sociedades donde la religiosidad es una pandemia, se aprecian en toda su crudeza sus devastadores efectos sobre la inteligencia. A continuación una serie de ejemplos de perturbaciones psicológicas causadas por la exposición intensa y prolongada, seguramente desde la infancia, a la religión, en individuos que seguramente tienen una base somática, el cerebro, perfectamente sana. Nacieron normales pero el entorno impregnado de religiosidad afectó a su desarrollo hasta obnubilar su juicio de forma similar a los trastornos cognoscitivos que podemos apreciar en toxicómanos.

Ejemplo de cuán imbécil puede llegar a ser un cristiano.
Ejemplo de cuán cretino puede llegar a ser un judío.
Ejemplo de cuán criminal puede llegar a ser un musulmán.

No es ya que entre todo grupo de población puedes encontrar casos de imbéciles, cretinos y criminales, sino que esas desviaciones patológicas han sido causadas por la exposición dosis masivas de totalitarismo religioso.

Es por ello que propongo solicitar a la OMS la inclusión de la religión, es decir, la superstición sistematizada, en el registro de enfermedades mentales.

Si la exposición es baja, la enfermedad cursa con una leve sintomatología, pero según aumenta la dosis de credo inoculada en el organismo los efectos son devastadores. Particularmente cuando la exposición tiene lugar en las fases de desarrollo de la conciencia, en los niños. Y particularmente las religiones se centran en inocular su carga de culpa y represión en edades lo más tempranas posibles, cuando las impresiones son indelebles y la capacidad de defensa mínima. Las religiones deben apresurarse para grabar sus ideas en la mente del creyente antes de que ésta genere anticuerpos contra las ideas absurdas y grotescas.

Por ello también sugiero considerar la enseñanza confesional una forma de adoctrinamiento (enseñanza de una doctrina religiosa) y, por lo tanto, de abuso infantil.

La falta de sostén intelectual de las religiones obligan a perpetuarse mediante esta bajeza, pues en la arena de las ideas no se tendrían en pie ni un asalto en un individuo no condicionado desde la infancia.

Sabemos de antiguo que la dosis es la que hace la medicina, pero también el veneno. Es este principio el que se enuncia en las sociedades más civilizadas para considerar tolerable el conocimiento precientífico, e incluso otorgarle efectos beneficiosos. Puedo entender que, como otro tipo de drogas, la religión puede suponer un lenitivo para aliviar, quizá aturdir el dolor existencial. En un mundo que fluye, como nos enseñó Heráclito, el ser humano arrastrado por la corriente tiene una comprensible necesidad psicológica de encontrar un punto firme, un asidero. Por mucho que buscarlo en la religión es tan ridículo como evitar caer por un precipicio agarrándose a su sombrero, hay muchas personas que lo encuentran reconfortante.

Este efecto balsámico en bajas dosis no nos debe dejar de prevenir contra una sustancia con fuerte carga adictiva, especialmente y como otras drogas en individuos que ven cómo el suelo cede bajo sus pies. Y sus efectos sobre las facultades cognoscitivas e intelectivas son tan lesivos como los causados por otros estupefacientes, que pueden ir desde ver apariciones de la Virgen a querer apuñalar a tu propio hijo porque una voz en su cabeza así te lo ordena (Abraham, patriarca y modelo de las tres religiones semitas, individuo que en nuestras sociedades modernas estaría confinado de por vida en un hospital mental).

Toda mi vida he luchado contra el fascismo, como expresión política de la irracionalidad, de la bestialidad humana. Pero cada vez soy más consciente que el fascismo no es más que una religión, en la cual la patria es analtecida a modo de sucedáneo de la divinidad. El patriotismo es el recambio de las élites a una idea de Dios deslegitimada, arrinconada por el avance de la razón y la ciencia.

Una expresión ubicua en el mundo musulman es el Takbir: Allahu akbar. Precede o continua a una acción en extremo torpe, absurda o inmoral. El grito de Allahu akbar! supone hacer una pausa en el discurso de la razón, vendarle los ojos a la conciencia, embotar la inteligencia ahogándola en fanatismo para que todas las potencias del cuerpo no se rebelen contra algo que naturalmente les repugna.

¿Cuál es la traducción de este exabrupto coránico? La mejor traducción al español del Takbir es el conocido eructo del despojo humano con fajín: ¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!

El significado es exactamente el mismo, la exaltación de la animalidad, la suspensión temporal del raciocinio (sea para lanzarse contra los alfanjes o bayonetas enemigas, sea para decapitar a uno o a mil prisioneros, sea simplemente para asumir la realidad como predestinación).

La religión, como el fascismo, es totalitaria: exige plena sumisión del individuo (musulmán = el que se somete), en todos los aspectos de su vida, incluso en los más personales, aspirando al control de toda la sociedad (necesita la unanimidad, la ausencia de crítica para perpetuar su ridiculez). En una sociedad plural y abierta, la superstición se bate en retirada. Los monstruos se esconden entre las tinieblas, bajo la cama del niño que aún cree, que aún no sabe.

La religión, el fascismo entre ellas, crea un ente superior: el Dios-Nación, ante cuya inmensidad el resto del mundo no es nada. Si Dios es infinito, el valor del resto del universo tiene de cero en comparación. Por ello el indomable ruso nos advertía: si existiera Dios, habría que matarlo.

Un ejemplo sacado del Tanaj judio (vamos, de la Biblia):

Aquel mismo día, Josué se apoderó de Maquedá y pasó al filo de la espada a la ciudad y a su rey, consagrándolos al exterminio junto con todos los seres vivientes que había en ella. No dejó a nadie con vida, y trató al rey de Maquedá como había tratado al rey de Jericó.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Podéis seguir leyendo la continuación en Dios es amor, pero ya os prevengo del restultado: a continuación hacen lo mismo en otras cuatro ciudades palestinas. ¿No parece que haya cambiado mucho el cuento, verdad?

En realidad, el exterminio que los nazis hicieron contra el pueblo judío no es más que lo que su libro sagrado preconiza…sólo que en sentido opuesto, con los judíos en el papel de víctimas, en vez de verdugos.

Pero una acción depravada, y el exterminio de una ciudad es una acción abyecta, considerado una vileza y un crimen de guerra desde hace milenios, lo es independientemente de quién juegue el papel de víctima y verdugo. Esto cabe dentro de cualquier inteligencia sana, que la maldad de una acción no depende de la identidad de los actores. Los nazis no son perversos porque fueran rubios y hablasen alemán, sino porque mataron industrialmente a seres humanos (de toda condición, en lugar preeminente, judíos).

Esto, insisto, es entendible para cualquier cerebro normal. Sin embargo, Allaju akbar!, y a partir de aquí ya se puede admitir el genocidio de un pueblo, si esto complace la sed de sangre de mi Dios-Nación, ya sea Allah y la Umma o comunidad de creyentes, Yahveh y la limpieza étnica del sionismo, o la España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio). Puede ser llenar España de fosas, bombardear Gaza con fósforo blanco o masacrar a la comunidad yazidí, todo crimen es fútil si se compara con el infinito del Dios-Nación. Después de todo, quizá el fin último de la institución social que es la religión es la legitimación de la guerra, la justificación del crimen tribal en provecho de las oligarquías.

Es curioso cómo el relato bíblico tiene el mismo argumento de una peli mala de Hollywood: el prota mata, mata y mata (indios, vietnamitas, pandilleros, alienígenas…). Se pasa toda la peli matando y, sin embargo, es el bueno. Pero no es bueno por sus acciones (es un criminal) sino que es considerado como bueno antes e independientemente del análisis de sus acciones. Cometa las atrocidades que cometa, el guapo prota seguirá siendo el bueno de la peli. Es de mi secta, de mi tribu, el relato llama a la identificación del espectador con el buen criminal, con el justo asesino.

Exactamente igual que la Biblia, la historia del pueblo psicópata ungido por Dios. Y llevamos con esta deformación moral toda la historia, hasta nuestros días: Así matan los drones de EEUU en Iraq.

Usan robots volantes para ametrallar por control remoto, incluso a quien yace herido en el suelo. Pero son los buenos. Es fácil cuando tienes el monopolio de la información y la opinión, el púlpito televisivo.

4 comentarios »

  1. Es tan fácil manipularnos. No hay más que ver lo de Cataluña. No tantos como quieren hacernos creer pero sí unos cuantos. Con la religión, más de lo mismo. Aunque, siendo justos, no debemos pasar por alto la labor de la pequeña Iglesia. Y los valores que propugna. Me ha gustado tu entrada, Mendi. Estamos rodeados y debemos tenerlo, al menos, presente.

    Comentario por Campurriana Campu — 15 septiembre 2014 @ 7:08 | Responder

    • Pero el problema es que la pequeña iglesia propugna valores de caridad y limosna, cuando se trata de justicia.

      Para evitar que nos manipulen, ademas de un sano escepticismo y mucha cultura, un buen principio seria no someterse ante nadie, al menos no voluntariamente.

      Comentario por wenmusic — 15 septiembre 2014 @ 11:11 | Responder

      • La limosna es la válvula de alivio que ofrecen las religiones para que la olla social no les explote en las narices. Con limosna no se ha cambiado ninguna sociedad, porque el rico es libre de darla o no, y en qué cuantía; mucho mejor que pague sus impuestos (justicia social).

        Por otra parte, todo lo anterior no quiere decir que no haya gente en la iglesia de base que sean magníficas personas. Un modelo. Ya quisieran muchos izquierdosos que van por la vida con la nariz levantada…

        Comentario por Mendigo — 15 septiembre 2014 @ 14:22 | Responder

  2. No me refería sólo a la caridad y limosna que, obviamente, necesitan ser acompañadas por muchas otras cosas por aquello de “no me dé usted peces y enséñeme a pescar”. El ser buena persona como base fundamental. El compartir, ayudar, tratar al prójimo como a uno mismo (esperando que uno se trate bien a sí mismo, claro). Conozco a personas de la pequeña gran Iglesia que hacen muchísimo por sus parroquias. Las conozco personalmente y sé de lo que hablo. Muchos izquierdosos, como dice Mendi, son buenisímos-buenísimos mientras no les toquen la cartera a ellos. También conozco a algunos. Puajjj

    Comentario por Campurriana Campu — 18 septiembre 2014 @ 22:53 | Responder


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