La mirada del mendigo

22 marzo 2015

Picasso na Coruña

Filed under: cultura libre — Mendigo @ 1:50

Permitidme contaros una anécdota que, aunque al principio no lo parezca, me sirve para introducir un tema clave en la consecución de la sociedad próspera y productiva que llevo proponiendo en los últimos artículos. Quizá lo más interesante de las plataformas para compartir coche sea charlar con personas con las cuales, en otras circunstancias de la vida, sería difícil coincidir. La economía descentralizada y colaborativa es, además, una herramienta de socialización y creación de un tejido civil destruido (a conciencia) por las corporaciones.

Bueno, pues la anécdota, que me enrollo. Llevaba en el coche a una chavalita de Bellas Artes, y me contaba que en su escuela habían estudiado a Picasso, pero sólo su etapa coruñesa, porque como estábamos en Galicia era “lo que nos interesa” según me describió el argumento de su profesor. Lo cierto es que yo no tenía ni idea de que Picasso hubiera vivido en A Coruña; y sí, a su padre lo trasladaron desde Málaga, y la familia vivió allí cuatro años, hasta que el pintor cumplió los 14 y al padre le dieron la cátedra en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (donde estudió y destacó el pequeño Pablito).

Puede ser interesante, para un estudioso de la obra del autor, investigar su infancia rastreando al genio en esas obras. He estado mirando un poco algunas de ese periodo y, desde luego, para ser un puto crío, pintaba con notable destreza. Ahora bien, prescindir del grueso de la obra de Picasso para centrarse sólo en una etapa muy concreta, con mucho la menos importante de su carrera, además de un modelo de artista universal…el diccionario se me queda corto para describir a ese profesor ¿imbécil rematado? No, aún peor. Como no tenemos noticia de que Leonardo da Vinci visitara Galicia, que descuelguen sus lienzos de las pinacotecas y los tiren a la basura, eliminen sus páginas de los libros de historia. Ese risible provincianismo podría ser propio de una maestrilla de parvulario, ahora vamos a celebrar el día de la madre, y luego, caretas para el Halloween. La inteligencia de los de magisterio no da para más (de hecho, suelen ser más estúpidos e infantiles que los propios críos, que asaz frecuentemente se ríen de ellos). Pero ¡alto! que estamos hablando de un profesor universitario.

Estuve pulsando su conocimiento sobre el pintor, sobre la etapa azul, la etapa rosa, sus estudios sobre las culturas mediterráneas, ibera, minoica, micénica, su relación con la alfarería… A la pobre niña no le habían explicado nada de eso en clase, a una estudiante de Bellas Artes de último año, y bastante espabiladita (que ya es decir, porque esa facultad es otra escombrera, casi al nivel de magisterio o trabajo social).

Para reír y llorar al mismo tiempo.

Eso me recordó a mi juventud, cuando haciendo el CAP el imbécil enchufadillo que nos daba clase nos insistió en que nuestra obligación como futuros profesores (de la que me libré) era la de aprobar a nuestros alumnos, porque así debía ser en una escuela democrática. ¿?¿?¿? Mezcolanza aberrante de conceptos, píldora recubierta de sacarina progre, que supone una amenaza más seria para el futuro de la escuela pública que un batallón de Espes con su séquito de corruptos.

Otra anécdota. Cuando estaba en delegación de alumnos (yo era del club deportivo, el cual los de rugby lo teníamos tomado al asalto, pero como los despachos eran anejos acaban confundiéndose en un contubernio poco edificante), nos vino una embajada de alumnos de nosedónde, pero desde luego no eran de la Politécnica, con puntos a defender ante los rectores y decanos. Uno de ellos, lo recuerdo perfectamente, es que todo examen con más de un 50% de suspensos (respecto a los inscritos!) debería ser automáticamente anulado y repetido, bajando el nivel para que al menos la mitad aprobasen. Recuerdo que nos costó recuperarnos de la sorpresa, las caras raras con que nos mirábamos en plan ¿pero de qué planeta vienen estos? Luego los acompañamos a los tablones de anuncios, para que vieran un ejemplo de las notas. En una escuela técnica, lo normal es (era, y espero por mi profesión que lo siga siendo) un 10-20% de aprobados ¡respecto a los presentados! Lo de “curso por año” reservado a portentos intelectuales, leyendas universitarias de los cuales se hablaba en la cafetería con admiración y un poco de incredulidad. Uno de los momentos más orgullosos de mi existencia, es ver mi nombre al lado de un aprobado pelado en Cinemática. Sólo éramos cuatro, creo que uno con un notable. El resto, una larguísima, monótona y ominosa relación de suspensos.

Otras veces, yo estaba del lado de los suspensos. Y así debe ser. Al menos por aquel entonces, las ingenierías seguían resistiendo a la popularización de la enseñanza universitaria y el título tenía algún valor. Un título de psicología, por ejemplo, se consigue como premio en un paquete de galletas (dicho esto por uno del gremio).

La universidad, por historia y por esencia, debe ser elitista. Y si no es elitista por capacidades intelectuales, lo será por capacidades económicas (es decir, todo niño cuyos papis tengan la suficiente pasta para mantenerle hasta que termine, y pagarle segundas y terceras matrículas, tiene asegurado su papelote). La universidad, principal ascensor social, debe ser no sólo gratuita, sino que se debe subvencionar al alumno (proveerle de residencia, comedor y material, el dinero de las becas acaba en los bolsillos de los caseros), para que todo aquel que tenga aptitudes estudie, sin importar su extracción social. Pero en sus aulas sólo pueden tener cabida las mejores mentes de cada generación. Y, si seleccionamos a los mejores, que son por definición minoría, necesariamente habrá que rechazar a la mayoría. Es una exigencia lógica. ¿Duro, eh? Pero es que el ingreso de mediocres (y los que ni siquiera llegan a eso, a la privada) en las aulas desploma el nivel y desnaturaliza la esencia de la enseñanza superior.

Por el contrario, si rebajamos el nivel de los estudios, para que todo aquel que se lo proponga pueda egresar con su titulito bajo el brazo; si está al alcance de la mayoría, ese titulito carece de valor (como carece de valor todo aquello que puede hacer cualquiera; si todos pudiéramos pintar como Picasso, su obra no valdría nada, igual que no tienen ningún reconocimiento bostezar o tirarse un pedo).

La cuestión es que la gran mayoría de los que hoy se pasean con el título de licenciado, diplomado, e incluso doctor…no deberían haber sido admitidos siquiera. Su pensamiento es romo, su cultura es somera, no tienen nada que aportar a su disciplina. Pero lo que es aún peor: buena parte de los profesores universitarios, tampoco deberían jamás haber franqueado las puertas de una facultad como alumnos (quizá como servicio de mantenimiento…). Y esto es terrible: buena parte del profesorado universitario son mediocres que encuentran en la docencia salida a una situación laboral comprometida, pues no son, al menos el mercado laboral no los considera, aptos para incorporarse a la actividad económica. Los sueldos son bajos, pero aún están por encima de los merecimientos, y de los esfuerzos, de muchos de los docentes.

Disculpad otro inciso para contar otra batallita. En rugby contratamos a un entrenador: nos vino un cincuentón con ademanes y modales de sargento chusquero. Al poco me di cuenta que su nivel cultural era también acorde a su planta: un verdadero mastuerzo. Pues no sé cómo vino a cuento, que salió el tema de sus alumnos ¿este profesor de algo? Como no sea tiro de arado…me dije. Cuando habla de la universidad y verbalicé mi pasmo ¿Tú eres profesor universitario? Desde abajo me miró con esa rabia de los que se saben inferiores, a pesar de todos sus esfuerzos. Efectivamente, profesor de Educación Física (que eso sea una carrera universitaria también habla mucho de la decadencia de nuestra sociedad). Al poco, colgué las botas, aburrido de los berridos desde la banda de aquel mendrugo. Se acabó el buen rollo y donde había un juego (rudo, extenuante, muy exigente…pero enormemente divertido), él trajo la competición, el discurso parafascista del deporte, como si la victoria valiese algo o tuviera algún sentido (pero explícale el valor del sentido lúdico del esfuerzo físico a semejante cabestro).

Pero retomemos el hilo, que se me van a perder las agujas.

Lo enunciaré de forma aún más brutal: sobra el 90% de la población universitaria. Deberíamos quedarnos con el 10% de mejores alumnos y el 1% de mejores profesores (a los cuales habría que retribuir acorde a su valía).

Sobran las clases magistrales, pues la imprenta se inventó hace siglos, es ridículo hacer perder el tiempo a los chavales como amanuenses. De cualquier disciplina hay ya estupendos libros de los cuales se puede dar cuenta en una bibliografía, siempre orientativa. El profesor que recomiende su propio texto no atenta solamente contra la modestia y el decoro, sino también es un corrupto evidente, pues utiliza su cargo público para lucrarse forzando a los estudiantes a adquirir su birrioso manual (aún recuerdo el de Prehistoria de la UNED, coleccion de datos inconexos que ya no es que fuera ortográficamente una blasfemia, es que gramaticalmente era un aborto: párrafos enteros sin coherencia ni sentido). Buena bibliografía a disposición del alumno (proscripción hasta del mismo concepto de propiedad intelectual, al menos en el ámbito universitario) y tutorías individualizadas, no necesariamente presenciales, para que el profesor acompañe el proceso allanando los escollos cuando éste quede atorado.

Hay que terminar con la tontería de la independencia universitaria y la libertad de cátedra, excusa de los docentes para esconder tras de ellas su mediocridad y sus simplezas, como la que contaba del profesor que sólo expone la etapa infantil de Picasso (pedazo adaptación curricular). El profesor es un asalariado, y debe dar el programa que determinado por su patrón, que es el Estado. Y si quiere dar lo que le salga de las gónadas, que se pague la construcción de una academia, y que allí enseñe lo que se le plazca.

El gran mal de la universidad española es que arrastra el modelo inveterado autoritario, cristalizado en el modelo de profesor-funcionario de la universidad franquista. La universidad española está construida en torno y a mayor gloria del profesor, para su mayor comodidad y solaz. Debe ser el único negocio en que se trata al cliente como subordinado. El centro de la enseñanza debe ser el alumno, y a su servicio debe estar el profesor, que para eso cobra (y si no está conforme, deberá buscarse otro oficio). No exactamente el alumno, sino la educación del alumno (tampoco la universidad va a estar regida por el alumnado, ya quisieran ellos… :P). Dejémosnos de buenismos: manda el que paga, que es el Estado. A la postre, la sociedad. El profesor es un asalariado que debe hacer bien su trabajo, que es enseñar a sus alumnos (y la evaluación de unos es la evaluación del otro) y, el que se demuestre como inepto, a la calle. En la universidad pública sólo deben dar clase los mejores. Y en la privada, eso ya no es asunto del Estado. Ahora bien, no podrán expedir títulos. De hecho, propongo que los exámenes sean comunes a todo el Estado, única entidad certificadora, en un modelo que, éste sí, me parece muy bien implementado en la UNED (el modelo único de examen es impreso en el mismo momento de acceder al aula de examen) y corregidos anónima, aleatoria y fraccionadamente (un profesor cualquiera, una parte).

Y si tal receto a los alumnos, cómo no en la selección de personal docente. Atrevámonos a pronunciar el nombre de la bestia: La endogamia universitaria, los bantustanes en que se convierte cada departamento, con reyezuelos y una jerarquía de lameculos esperando su oportunidad cuando el trono quede libre, tal es el pecado original de la universidad española. La selección de personal es perversa, y eso determina la baja cualificación científica del profesorado. Si el catedrático quiere contratar gente, insisto, que se pague su propio cortijo y, allí, como si contrata a su putísima madre. Si paga el Estado, elige el Estado, y este proceso de selección debe ser ferozmente riguroso, por la importancia del cometido. El daño que causa un mediocre dando clase es tremendo, más peligroso que poner a un pirómano como centinela en la santabárbara.

Sobran también y por supuesto las provincianas facultades de todo en el último rincón peninsular. Se deben crear polos de atracción en cada uno de los campos, donde se concentren los mejores docentes y alumnos para que las relaciones personales derivadas de la proximidad geográfica estimulen el progreso de esa disciplina. Por ejemplo: una sola facultad de aeronáutica, en Sevilla. Todo aquel que quiera hacer algo de aviación en España, tiene que irse a orillas del Guadalquivir, promoviendo la creación de empresas del sector aeronáutico y tecnológico en la zona. Con dos facultades de Letras, Salamanca y Santiago, tres quizá contando Coimbra o Alcalá, sobraban. Otras más demandadas, pongamos Medicina, Económicas o Informática, podría haber no más de media docena. Y así.

Y no, no pasa nada porque el niño no pueda estudiar sin salir del domicilio paterno. De hecho, le vendrá de puta madre salir del nido, cambiar de aires y espabilar un poco, que luego a los españoles se nos huele el provincianismo a leguas de distancia. Ves a los universitarios y aún tienen el chupete en la boca, se lo quitas y cogen un berrinche.

Por supuesto, a ese otro 90% de alumnos que no tienen méritos para ingresar en la universidad, se debe crear otros itinerarios educativos para albergarlos. No pasa nada, también muchos niños sueñan con ser futbolistas famosos y sólo unos pocos acaban jugando en 1ª división, y eso no les supone un trauma. Y si lo hace, tendrá que aprender a superarlo el nene. Pero vamos, que si los papis se empeñan en que su hijo tonto sea universitario, que se queden con la actual universidad, que no es más que una prolongación del bachillerato (y, en ocasiones, con menor rigor y exigencia) y se creen centros de excelencia para ese 1% de la población que realmente es capaz de empujar el conocimiento humano más allá de sus actuales fronteras. El nombre es lo de menos, por motivos sentimentales podemos ponerle Estoa, Academia, Jardín…pero como si los llamamos Cuadras o Lupanares, lo importante es la sustancia, no el acierto descriptivo del nombre que la designa.

Y un último trazo más para acabar este utópico boceto de enseñanza superior. La universidad ahora mismo es una expendedora de títulos: de enseñanza, poco y mal. Cuando terminas, a nadie le importa si tienes serias lagunas en tal o cual aspecto (en mi caso, cráteres como el del Etna), tienes el certificado burocrático firmado por un puerco como que dominas la materia y a ver quién lo cuestiona. Hay que revertir esta situación: lo de menos debe ser el título, lo importante debe ser el aprendizaje. Y el aprendizaje es un proceso vital, quien crea que con veintitantos años ya sabe lo que debe saber de una materia, ése, nunca debería haber entrado a la universidad (porque es idiota). A los veintipocos no sabes NADA, a los treintaymuchos no sabes una mierda, y probablemente llegarás a la senectud habiendo sólo rascado con una uña el mármol del templo del conocimiento. Por lo tanto, las aulas de las universidades (y por extensión, de todos los niveles educativos) deben estar abiertas a todas las edades, y el proceso de aprendizaje debe ser el empeño de toda una vida.

La idea de ver varias generaciones mezcladas en las aulas, aprendiendo recíprocamente, un ideal de comunidad de aprendizaje sin otro fin que el mismo conocimiento, libres de las ataduras de créditos y notas, se me antoja deliciosa. Y, al mismo tiempo, increíblemente potente, porque la universidad sería el matraz que proporciona el Estado para que en su interior se den todo tipo de reacciones, alguna fuertemente exotérmica, explosiva, que nos ponga de una puta vez en la vanguardia del pensamiento.

Y el resto, vendrá rodado…

12 comentarios »

  1. Ves “mendi” es cuando bajas de la nube conceptual al mundo de lo concreto y te pones a analizar, en este caso el tema de la universidad española, desmadejando punto por punto y con una claridad expositiva brillante y, porque no decirlo, con buen estilo que das lo mejor de ti mismo y es entonces donde solo me queda callar y quitarme el sombrero. Por entradas como esta es por lo que te sigo siguiendo, Suscribo punto por punto lo que dices.

    Un saludo.

    Comentario por fouche — 22 marzo 2015 @ 17:19 | Responder

    • No me hagas la pelota. Es mejor cuando me dais caña, así saco lo mejor/peor de mí.😛

      Mira, yo tengo pocas cosas claras, y más dudas que certezas (por eso me parece hasta ofensivo los que aseveran con rotundidad, sabiendo aún menos). Pero una cosa sí que tengo clara: la salida del marasmo económico en que nos encontramos, es con estudio. Todos, todos, tenemos que estudiar más, para subir el nivel tanto profesional como ciudadano. Y esto es válido en el sistema socioeconómico que sea, capitalismo descarnado, socialismo a ultranza, cualquiera de los tonos grises entre medias.

      Todos, desde el pastor de una aldea perdida al científico del CSIC. Todos tenemos que aprender más, que estudiar, que mejorar.

      La alternativa, la economía del espectáculo, del EuroVegas y los circuitos de F1, del sol y playa, de la paella indigesta, del balconing y de los pelotazos urbanísticos. Esa alternativa es suicida, desde un punto de vista económico como, sobre todo, social. Una sociedad de putas, paletas y camareros.

      Comentario por Mendigo — 23 marzo 2015 @ 8:22 | Responder

      • 100% de acuerdo. La clave es la Educación. Que hoy en día está fallando estrepitosamente en nuestro país.

        Aunque no sólo es estudiar más. También tenemos que cambiar la escala de valores. Si vamos camino de ser una sociedad de putas, paletas y camareros, no es porque la gente no estudia. Bueno, sí, lo es, pero no estudian porque la escala de valores de nuestro país deja al estudio como algo sin valor. Aquí lo importante es tener dinero, y gastarlo, y comprar, y consumir. Pasarlo bien. Que gane tu equipo de fútbol. Salir en la tele, haciendo lo que sea. Ser un triunfador. Ser rico. Etc.
        Lo de ser una persona responsable, cumplir con tu obligación de ciudadano, formarte suficientemente para no cagarla demasiado, o respetar a los demás… eso es de pringaos.
        Y con esa materia prima no hay solución posible.

        Comentario por Ocol — 23 marzo 2015 @ 21:13 | Responder

  2. Coincido con el análisis de nuestro actual Sistema de enseñanza, y con parte de lo que propones.

    Sin embargo, para dar por buena la propuesta debe ser congruente con lo que se desea conseguir. En este caso falta por resolver, al menos, una contradicción que invalida la totalidad: si deseamos conseguir “un ideal de comunidad de aprendizaje sin otro fin que el mismo conocimiento, libres de las ataduras de créditos y NOTAS”, ¿cómo encaja eso con la existencia de exámenes? Si no hay notas, es porque no hay exámenes.
    Y en tal caso, tampoco nos sirven los exámenes para filtrar a esa élite del 10% de alumnos o el 1% de los profesores.

    Los exámenes forman parte de un modelo de enseñanza cuya base es la competitividad, la titulitis y la universidad como vía de preparación de una determinada mano de obra para el mercado laboral.

    Una enseñanza cuyo fin es el conocimiento, donde lo más importante es el aprendizaje, tiene que dejar atrás muchos lastres de nuestro actual modelo educativo. Uno de ellos, los exámenes. No son necesarios. y, de hecho, son un estorbo.

    ¿Me resuelves la contradicción, Mendigo? Exámenes y notas, o no notas y no exámenes. ¿Con qué nos quedamos?😉

    Comentario por Ocol — 22 marzo 2015 @ 21:10 | Responder

    • Ay! Siento decir que no tengo respuesta para todo, y para solucionar ese dilema se requiere de alguien con más méritos que yo. Por un lado, hay que mantener el nivel, tanto de alumnos como de profesorado, cribando a los que no lo alcancen. Por el otro, la preparación de exámenes, aunque estimula el estudio, desvirtúa su objeto, que debe ser el conocimiento, y no pasar el examen.

      No creo que sea un problema irresoluble, pero yo no soy capaz de dar con la solución.

      Tendremos que estudiar más, pensarlo más, me temo.

      Comentario por Mendigo — 23 marzo 2015 @ 8:26 | Responder

      • Eh, ¡no vale! ¡resolver eso es esencial para que tu propuesta sea viable!😉

        Personalmente te diría que tal y como lo planteas tampoco puedo proponer ninguna solución. De hecho, no creo que la haya, no sin cambiar todo: la Universidad que planteas no puede ponerse en marcha en una sociedad como la nuestra. Necesitamos otra sociedad, con otros valores, para tener esa otra Universidad. Y ahí, sí, si te pones a ello, encuentras el como debe ser esa Universidad, el cómo conseguir nivel sin exámenes.

        Pero para ello tienes que dejar atrás muchas cosas de nuestra sociedad. Mucha mierda que nos han metido dentro. En cuanto sueltes lastre la solución aparece.

        Aunque siga siendo un problema irresoluble, porque haciendo eso habremos entrado en el terreno de la utopía…

        Comentario por Ocol — 23 marzo 2015 @ 21:23 | Responder

      • Yo creo que el asunto irá por la vía de la evaluación continua y la consecución de proyectos, lo cual, además de marcar un objetivo, puede dar lugar a cosas muy interesantes y útiles a la sociedad.

        Comentario por wenmusic — 24 marzo 2015 @ 18:41 | Responder

        • Es un debate muy complejo, y reconozco que lo tengo muy poco pensado. Evaluación continua en vez de exámenes puntuales? Me gusta más la idea pero tampoco hay una diferencia sustancial entre ambos. Más bien habría que pensar quién y con arreglo a qué criterios evalúa.

          Pero es que aún dudo de la necesidad de la evaluación. Para mí, básicamente, es un filtro para mantener el nivel en un determinado segmento educativo. Pero otra solución sería apelar a la responsabilidad de cada cual (suena muy anarquista y utópico, pero suele funcionar mejor de lo que la gente espera, otorgar confianza en la gente suele dar buenos resultados). Me explico un poco más. Imagínate que quieres aprender a jugar a un juego, yo qué sé, baseball, pongamos. Vas a una escuela de ese juego y hay varios niveles. El monitor ve lo que sabes y te recomienda que entres en el nivel x. Pero tampoco te fuerza, es una elección tuya. Puedes entrar en el nivel superior, pero como no sabes jugar ibas a estar molestando al resto de los compañeros, fallando todas las bolas y acabarías desmoralizado. Necesitas aprender la base, interiorizar con práctica los mecanismos y destrezas del juego. Podrías ir al nivel inferior, pero ahí estarías con críos de 5 años, a los que podrías acabar haciendo daño y acabarías aburrido de su torpeza. Yo creo que tú, libremente, irías probando y acabarías quedándote en el nivel en el que te vieras más cómodo. Que podría ser o no el que te recomendara el monitor, pero eso era sólo una opinión, al final nadie debería decidir por ti.

          Venga, te pongo otro ejemplo: haces una prueba en la Alliance Française y de ponen en tal nivel. Pero a lo mejor tú estás confiado de tus posibilidades, tu capacidad de esfuerzo, y crees que podrías soportar entrar en otro nivel superior. Que eso serviría de aliciente para esforzarte y progresar más rápido. Quién es nadie para decirte que no lo hagas, que un examen dice que no puedes acceder a ese nivel? Al final, si te equivocas, el que recibe las consecuencias del error (mal aprovechamiento de las clases) eres tú. Ya eres mayorcito, así que, tú sabrás.

          Visto de esa forma, tampoco importaría eliminar completamente los exámenes. Simplemente, confiar en el buen juicio de las personas, sin tanta norma, barrera y prohibición.

          Luego hay otra cuestión, y es aquellas profesiones en las que el título es habilitante. Bueno, para ellas sí que podemos poner un examen-compendio de toda la carrera. Si lo pasas, tienes el título. Ahora bien, la forma que sigas para alcanzar esas competencias, es asunto tuyo.

          Es una posibilidad, sería cuestión de probar.

          Lo de marcar objetivos, que comentas, tiene el peligro de caer en el utilitarismo. Y el conocimiento debe ser un fin en sí mismo (lo cual, obviamente, no quiere decir que no se deba aplicar en el progreso material e inmaterial de la sociedad). Ahora bien, también puede ser una buena estrategia si están bien elegidos esos objetivos. Puede ser interesante, por el aliciente de tener una meta visible.

          Comentario por Mendigo — 26 marzo 2015 @ 1:56 | Responder

          • Lo de marcar objetivos o proyectos sería una mejora pero no es suficiente. No elimina los problemas de nepotismo, endogamia, enchufes, profesores cenutrios… alumnos lameculos… proyectos basura creados sólo para uso y disfrute del parásito de turno… objetivos descabellados, absurdos o inalcanzables…

            Y si hay que evaluar… ¿quién evalúa? ¿Quién estará capacitado para ello?
            Y… ¿cómo se evalúa un proyecto de investigación puntera, en el que los que más saben son los propios implicados? ¿Cómo tratar esos proyectos que duran años? ¿O los que no llegan a los resultados esperados pero no tienen por qué haber estado mal llevados?

            Trabajar en base a proyectos es la mejor vía de aprendizaje en muchas disciplinas, y en ellas esa es la forma en la que habría que trabajar, pero eso no basta.

            Estoy de acuerdo con lo de la responsabilidad individual, Mendigo, pero tampoco es suficiente, porque seguimos dependiendo de un examen final que nos provea del título…

            A ver, yo me lo planteo así:

            1) El objetivo de la Universidad debe ser el conocimiento, esto es, la Universidad no es el sitio donde el INEM proporciona su primer curso de formación. ¿Cómo conseguimos eso?

            Fácil. Simplemente la Universidad no debe otorgar títulos. El aval de una persona que ha estudiado (y aprendido) en la Universidad será el conocimiento que ha adquirido, no un pedazo de papel.
            Y las empresas que quieran universitarios, tendrán que seleccionarlos valorando lo que saben hacer, no los papeles que estos porten.

            2) Hay que filtrar al alumnado para liberar a la universidad de incapaces.

            Una vez la Universidad no proporciona títulos, ni ventaja laboral alguna más allá del aprendizaje, sólo los capaces de aprender asistirán a ella. Los incapaces no tienen nada que hacer allí. No se molestarán.
            Problema solucionado.

            3) Hay que filtrar al profesorado para liberar la universidad de profesores incapaces.

            Aquí hay dos posibilidades. Mejor implementar las dos.

            3.1. Las universidades tienen que estar dirigidas por consejos ciudadanos (esto es, democracia directa). Ni profesores, ni alumnos, ni funcionarios, ni políticos electos. Ciudadanos de a pie, además, preferentemente, desvinculados de la universidad.
            Los ciudadanos pagan la universidad (si es pública), así que son estos los que tienen que tomar las decisiones.
            Ciudadanos que podrán valorar si un determinado proyecto es adecuado, financiable, necesario… si los investigadores están trabajando de verdad o si son unos incapaces que se limitan a escribir artículos basura y a despilfarrar recursos públicos.
            Claro que a un ciudadano de a pie puede costarle valorar un proyecto sobre nanotecnología, por ejemplo, pero en general, tirando de sentido común, un ciudadano que haya tenido una buena educación elemental -hoy en día no los hay, claro-, puede cumplir con este cometido.

            3.2. La otra posibilidad choca con algo que has dicho, Mendigo. En mi opinión los profesores e investigadores universitarios deben cobrar poco. Menos del salario medio.
            Esto es inpensable en nuestra sociedad, pero tiene sentido en una universidad donde los profesores e investigadores son vocacionales y están por su amor al conocimiento. Su trabajo ya es lo suficientemente bueno como para encima recompensarlo más económicamente. De eso nada. Los sueldos por encima de la media deben estar destinados a aquellas personas que hacen los trabajos más penosos, duros, arriesgados… ser profesor o investigador en una universidad así -o donde sea- es un premio. ¡Yo trabajaría casi por la comida!

            Y así los parásitos no estarían interesados en trabajar en la universidad, porque habría otras ocupaciones económicamente más rentables. Problema resuelto.

            ¡Eh voilá! Casi con esto sería suficiente. La universidad que queremos.

            Sin embargo, como ya he dicho, en esta sociedad esto es inviable. La universidad es parte de la sociedad, y en consecuencia, a tal sociedad, tal universidad.

            Si quieres otra universidad, hay que hacer una revolución primero… y no sólo política, sino social, cultural… o, para empezar, crear tu mismo -nosotros- nuestra propia universidad. Yo no veo más vías que esas.🙂

            Comentario por Ocol — 28 marzo 2015 @ 2:26 | Responder

          • Está claro que hay muchas opciones y merece la pena profundizar sobre ellas. Menos mal que hay sitios en los que sí piensan en ello. Este artículo me gustó mucho, es muy interesante las cosas que se plantean en ese país, lástima que cunda tan poco el ejemplo en estas latitudes…
            Ahí te va: http://rescola.com.br/finlandia-sera-o-primeiro-pais-do-mundo-a-abolir-a-divisao-do-conteudo-escolar-em-materias/

            Comentario por wenmusic — 28 marzo 2015 @ 13:53 | Responder

  3. nada viene nunca rodado… si es bueno 😉
    me gusta lo que dices, pero nunca funciona mejorar, depurar, una isla social en medio de la mierda. No puedes purificar la universidad porque es un apéndice de nuestra sociedad, una de sus partes.
    ojalá

    Comentario por escaiguolquer — 24 marzo 2015 @ 21:17 | Responder

    • En realidad, yo tenía pensado más que depurar, destruir. Aunque bien pensado, el fuego es la forma común de purificación en multitud de culturas. XDDDDDDDDDDDD

      Estaba hablando de enseñanza universitaria, pero el modelo del aprendizaje continuo debería ser la norma, en sus diferentes niveles, para todos los ciudadanos. Cada cual según sus aptitudes, capacidades e inquietudes. A uno le puede dar por estudiar física de partículas, y a otro clarinete, o dirección de cine; pero entiendo que todo ciudadano para serlo debe ser sujeto activo en la actualización del saber, de la cultura. Lo que hay que prevenir es el sujeto (objeto) pasivo frente al televisor, espectador y no actor de la vida. Por lo tanto, no planteo una universidad “pura” en una sociedad de mierda, sino una universidad como pináculo de un sistema educativo excelente.

      Hay infraestructuras, hay personal infrautilizado (y cuando falte, se contrata). Hay que abrir las aulas a toda la sociedad, desterrar la idea de que aprender, estudiar, es cosa de niños y jóvenes. Esa idea es perniciosa, malsana.

      Mira, a mi padre, ya jubilado, cuando alguien le preguntaba qué hacía, respondía: estudiando (y era bien cierto). Y le miraban con expresión de “mira que será burro este hombre, con sus años y aún estudiando…la de veces que habrá repetido”. Por supuesto que se daba cuenta y se partía el culo. Estudió hasta el último día de su vida y, para mí, su amor por el conocimiento es un modelo a seguir.

      Comentario por Mendigo — 26 marzo 2015 @ 1:36 | Responder


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