La mirada del mendigo

26 marzo 2015

Incubadora

Filed under: política — Mendigo @ 10:01

Lamentablemente, parece que Podemos está decidido a convertirse en un partido político al uso, basado en la delegación de soberanía y el principio de representación: vótame, y yo resolveré tus problemas. Con todo, es la formación más avanzada y con mucho más democrática, dejando en ridículo a las demás (y, por supuesto, a su inevitable comparación, IU). Pero mi ideal democrático va mucho más allá de la oligarquía representativa: Democracia directa.

Por otra parte, lamento aquellos discursos de las vestales de la doctrina, que no quieren mover pieza si es que tendrá que estar de alguna forma contaminado con el sistema perverso en que vivimos (algunos bastante bien, generalmente estas vírgenes suelen venir de una clase acomodada). Este discurso de que no podemos hacer nada hasta que triunfe la revolución, de forma sincrónica, en todo el orbe son totalmente inmovilistas. No son más que una pose, un postureo de revolucionario de salón de té estéril como vientre de monja.

Por el contrario, una lectura de la Historia nos revela que la Humanidad progresa con pequeños pasitos, a veces cambios imperceptibles, diferenciales, en la conciencia social. Sólo en ocasiones, estas corrientes que llevan actuando bajo la superficie durante décadas, provocan una falla puntual, las fuerzas se desencadenan y los sucesos se suceden con rapidez, barricadas, motines, revoluciones. Pero es un error creer que estos movimientos surgen de la nada, sino que estas líneas de falla de la Historia son la culminación de un proceso de tensiones en los pliegues, soterrados a cientos de metros de profundidad, que los deforman hasta la tensión se libera y la tierra tiembla.

Ese proceso oscuro, anónimo, de labor de zapa de un sistema socavando sus cimientos es muy poco atrayente para la mayoría. Si el árbol de rivera cae, muchos agitarán los brazos y se subirán al tronco derribado, pero es una labor de años del río lamiendo las orillas y dejando las raíces al aire obstinada y silenciosamente, aunque la conclusión de ese proceso sea rápida, violenta, espectacular.

Por eso hago tanto hincapié en la información, en la necesidad de enfrentar el discurso del sistema. Pero también quisiera exponer en esta entrada el valor de la ejemplificación, una especie de piso piloto de unas ideas, un vehículo de preserie que mostrar al mundo.

Por ejemplo, si en mi pueblo logramos desarrollar un sistema de gobierno de democracia radical, donde las líneas generales, desde los presupuestos a los planes de urbanismo tengan que pasar por las urnas; y ese pueblo progresa y la gente está más satisfecha, a los del pueblo de al lado les resultará más fácil copiarnos porque ya no es un salto al vacío, sino que ven que está funcionando.

Por supuesto, ese pueblo democrático tendrá que relacionarse con otros pueblos y administraciones que no sigan su ideal democrático. Pero ¿qué esperamos? ¿Que en todas los pueblos, ciudades, regiones y países del mundo triunfe al unísono un modelo de gobierno democrático?

Si montamos una cooperativa de dirección asamblearia (aunque la gestión pueda y deba estar profesionalizada, insisto en no mezclar ambos conceptos) en el sector que sea, y la sacamos adelante y poco a poco nos hacemos un hueco en el mercado, y crecemos donde los demás menguan, hacemos pasta, pasta que nos repartimos entre todos y, al mismo tiempo, el ambiente de trabajo y las condiciones laborales son mejores…tendremos a los mejores trabajadores enviándonos sus currículos y, al mismo tiempo, otra gente pensando “si estos cabrones han podido y les ha ido bien ¿por qué nosotros no?”

Por supuesto, operar una cooperativa en un régimen capitalista lleva a incurrir en contradicciones. Quien no esté dispuesto a gestionarlas, que abandone la lucha política y se meta en un convento de clausura, donde no le alcancen las tentaciones y miserias de este mundo (por la vía de crear un microcosmos cerrado aún más miserable).

Yo soy un puto desgraciado, pero si tuviera algo de poder en algún partido político, dedicaría esfuerzo en crear empresas de capital colectivo. ¿IU, ANOVA, Podemos creando empresas? Que locura, ¿no? Un partido no está para eso. ¿¿¿Y POR QUÉ NO???? Puede ser un magnífico escaparate, una muestra de que que realmente se cree en la viabilidad de lo que se está teorizando, que no es palabrería, que puede funcionar, que realmente otras relaciones de propiedad son posibles.

No es tan descabellado: un partido se compone de una serie de militantes. El partido puede servir de celestina para juntar a afiliados afines profesionalmente, con proyectos compatibles. Una vez reunido el grupo germinal, apoyarle con la estructura, las burocracias e incluso un poco de capital (un partido como business angel, qué dislate!!! Pues podía ser una forma inteligente de financiarse, ya ves tú). Pero sobre todo, fijas en la sociedad la imagen de partido útil, que resuelve problemas de la gente, aún antes de gobernar; que está preparado y deseando gobernar para trasladar esa experiencia adquirida en la creación de empresas, aprovechándola cuando se acceda al gobierno de una administración.

Un movimiento político de izquierda revolucionaria debe trascender el marco creado por el parlamentarismo, ser algo más que una máquina electoral que te pide machaconamente cada cuatro años que escojas su papeleta. Se puede tener poder, conformar la sociedad, antes de ganar elecciones. Siempre pongo el mismo ejemplo, que es el que me reveló el enorme poder que se puede tener aún antes de hacerse con el poder institucional: Hamas, en la franja de Gaza. Cuando el Estado se desmoronaba o simplemente no existía, un grupo de milicianos se enfrentaba al ejército sionista, y al mismo tiempo creaba redes de redistribución, asistencia sanitaria, comidas… Hamas demostró a los gazatíes que tenían capacidad organizativa, cumpliendo de facto las labores de un Estado allí donde faltaba. Los ciudadanos les dieron su apoyo no en base a promesas, sino a una trayectoria de gestión ya conocida, en las peores circunstancias posibles.

Puedo poner otros ejemplos que os gustarán aún menos, pero que ejemplifican la posibilidad de gobernar de facto, aunque de iure el gobierno sea de un Estado parcialmente ausente: las bandas criminales y mafiosas, desde el Sur de Italia a México o Brasil. En su forma más desarrollada, son algo más que un grupo de individuos procurando enriquecerse con la violencia: tienen una implantación social y ayudan al ciudadano allí donde el Estado se encoje de hombros. Son redes de confianza que, en ocasiones, son más humanas que los cauces formales: por ejemplo, un ciudadano puede preferir pedir un préstamo a un capo o cacique antes que a un banco, pues las condiciones quizá sean menos duras, y la extorsión del banco sea más rígida que la de una banda de criminales que, si ve que el deudor obra de buena fe y falla en su devolución por circunstancias razonables, no tengan problema en aplazarla hasta que encuentre trabajo o su negocio mejore. A pesar de lo que se vea en las películas, no se logra la implantación social que tiene la mafia con una política exclusiva de sangre y fuego, sino con relaciones de confianza y patronazgo que pueden ser más eficientes que las legales.

Que nadie se horrorice por la comparación, no propongo crear una banda mafiosa, pero creo importante que os fijéis en el concepto. Si una persona se queda sin trabajo, y en la oficina de empleo le dan largas, probará a llamar a la puerta del cacique. Si éste le escucha, hace unas llamadas y le consigue algo, este ciudadano tendrá como referencia de autoridad a este capo, antes que al concepto etéreo de Estado, y a él tributará su fidelidad antes que a un Estado que no cumple sus funciones.

Y voy a poner otro ejemplo que os va a gustar aún menos, de organización paraestatal que con su acción directa gana muchísimo ascendiente y respeto en la sociedad, especialmente en regiones donde no hay otra organización con autoritas para organizar y gobernar de facto: la Iglesia.

Se pueden y deben hacer muchas más cosas que pedir cada 4 años el voto. En vez de gastar presupuestos ciclópeos en imprimir carteles electorales con el estúpido jeto del candidato, se hace propaganda con la acción, destinando los recursos a cambiar la vida de la gente sin esperar a ganar elecciones. La incubadora de empresas es una idea, puede haber otros miles (locales sociales, un portal de internet que cree y centralice recursos, una asistencia legal a víctimas de la violencia policial…) Pero no podemos esperar a obtener mayoría absoluta para cambiar las cosas. Es justo al revés, primero las cambiamos, y luego tendremos el respaldo popular.

Obras son amores, y no buenas razones.

5 comentarios »

  1. “Yo soy un puto desgraciado, pero si tuviera algo de poder en algún partido político, dedicaría esfuerzo en crear empresas de capital colectivo. ¿IU, ANOVA, Podemos creando empresas? Que locura, ¿no? Un partido no está para eso. ¿¿¿Y POR QUÉ NO???? Puede ser un magnífico escaparate, una muestra de que que realmente se cree en la viabilidad de lo que se está teorizando, que no es palabrería, que puede funcionar, que realmente otras relaciones de propiedad son posibles.”

    Esto es una idea recurrente en muchos de tu post y me parece magnífica. Pero el problema es el control de esas empresas, su gestión, sus objetivos…….

    Yo estoy en una cosa parecida. Que un AMPA se convierta en una empresa estable, nuestro AMPA gestiona todo el comedor y las extraescolares. Compramos hasta las lechugas…. 21 empleados tenemos……..
    ……
    Pero claro… esto tiene bastantes inconvenientes para la dirección del AMPA. Pero si se van buscando soluciones ese es sin duda el camino.

    un saludo

    Comentario por karkkos — 26 marzo 2015 @ 11:18 | Responder

  2. Casi de acuerdo en todo, pero no en la apreciación sobre los mafiosos en México, Brasil, etc. Lo que conozco es que la mafia copa un espacio que ha dejado el Estado (en efecto) pero honestamente era mil veces mejor que el Estado si estuviera, y eso cuando no hay una comunión extraña e incestuosa de ambos fenómenos, como sucede en centroamérica, ahora México y desde siempre en Colombia. Retomemos el ejemplo del prestamo, que acá conocemos de sobra: a lo mejor el ciudadano va donde el capo no porque las condiciones del banco sean más malas (eso es falso) sino porque el banco sencillamente nunca le va a prestar a ese ciudadano. Si consiguiera un prestamo legal, quizá al incumplir el deudor perdería su casa o su coche. Si el prestamo es ilegal (y en este tipo los intereses son del 10% mensual de paso un ejemplo http://www.cuadresubolsillo.com/maneje-sus-deudas/articulo/los-peligros-prestamos-gota-gota/6973) lo más probable es que al incumplir el deudor tenga que pagar con la libra de carne, de hecho, es un gran causal de homicidios y violencia.

    Lo otro es como estas redes gestionan el poder en donde están, que es lo más parecido a la Edad Media que conozco, verás, a veces la gente arma alborotos con los países de Oriente y no sé qué, y en AMérica Latina suceden fenómenos peores y mucho más violentos que tienen una base de poder similar, basada en jerarquías, estructuras autoritarias y centradas en gamonales y caciques sanguinarios. Pero las apariencias engañan, a veces…

    Comentario por Cami — 26 marzo 2015 @ 15:20 | Responder

    • Buenas, Cami!

      Por supuesto, no quisiera yo hacer un elogio de las bandas mafiosas. Por supuesto que es mucho mejor cuando se desarrolla un Estado democrático que se rige por la ley que se ha dado a sí mismo el pueblo soberano. Esto es lo conveniente, lo civilizado.

      Ahora bien, lo que quería transmitir es que no siempre los caciques recurren a la violencia (si tienen algo de inteligencia). Son una autoridad en sus sociedades no sólo por el poder que le dan las armas (aunque sí en último término), sino porque hacen el papel del Estado cuando éste no está. Mira, por ejemplo, esta noticia, que resume bastante bien lo que trato de decir: Los familiares de los estudiantes de Ayotzinapa piden ayuda a un narco.
      Padres de las víctimas del ‘caso Iguala’ solicitan a un líder criminal que averigüe lo que según ellos no está indagando el Gobierno

      Comentario por Mendigo — 3 abril 2015 @ 13:13 | Responder

  3. “¿¿¿Y POR QUÉ NO????”
    Porque, si es imposible el “socialismo en un solo país” (por que no sería socialismo, no porque la burocracia de turno no sea capaz de decretar que “ya somos socialistas, y punto pelota”), fíjate la posibilidad del “socialismo en una sola fábrica”.
    Se trata de superar la tiranía de la rentabilidad, y sustituirla por la democracia de las decisiones planificadas tomando en cuenta todos los condicionantes. No se trata de ponernos a competir con el capital en la producción de valor mercantil en forma de productos para la venta.

    Comentario por escaiguolquer — 27 marzo 2015 @ 13:43 | Responder

  4. y mientras tanto que hacemos? esperamos a una especie de apocalipsis en que solo sobrevivan personas afines al socialismo?. Es

    muy facil decir a todo que no pq se traiciona la idea original socialista, pero que hacemos? algo tenemos que hacer, y una manera

    muy acertada es la que nos dice mendigo pues demostraria que los socialistas podemos adaptarnos y crear soluciones a diversos

    problemas, ademas de crear empresas que no destinan sus beneficos solo a beneficio de los grandes accionistas. Tb seria una

    forma de que los trabajadores vayan tomando parte de un eje productivo en el q no son solo meros “objetos” y pasan formar parte de

    la toma de decisiones, porque no solo vale cumplir nuestra jornada laboral, si que no que tambien hay q tomar decisiones para bien o

    para mal. Y esto creo q es lo mas importante pq estamos demasiado acostumbrados a que nos lo den todo mascado, y pienso que para

    alcanzar una democracia participativa todos debemos ser en parte responsables, y no meras comparsas mete papeles en urnas

    Comentario por Emilio Fernandez — 28 marzo 2015 @ 21:13 | Responder


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