La mirada del mendigo

10 junio 2015

El Sabotaje

Filed under: política — Mendigo @ 15:17

Lo que puede pasar cuando no pagas a tus trabajadores:

+

Creo que es una estupenda introducción para este clásico de la literatura anarquista:

Émile PougetEl Sabotaje

Con este breve ensayo, quiero abrir la cuestión sobre la legitimidad del sabotaje en la lucha obrera. Espero que, a estas alturas, cualquiera que entre por aquí sabe discernir entre legalidad y legitimidad. Ambos términos serían sinónimos perfectos si la legislación fuese escrupulosamente ética y técnicamente perfecta. Pero tal legislación sólo podría darse si hubiera sido dictada por una divinidad, y nuestros legisladores distan mucho de tal consideración. De hecho, algunos a duras penas cuesta incluirlos, a empujones, en la categoría de humanos.

[N.d.M: en el fondo los creyentes tiene razón; si existiese un Ser Supremo omnisciente que hubiera dictado un libro, este código sería de obligado cumplimiento para todo ser humano ya que sería completamente identificable con la ética, absolutamente justo. La cuestión es que Dios no existe y los libros que se presentan como relevados son una colección de atavismos, la mayor parte de los cuales moralmente deleznables].

El sabotaje es un recurso que, en principio, va contra mi forma de ser: me gusta ir de frente. Ahora bien, no soy tan ignorante ni estúpido como para suponer que todo enfrentamiento debe hacerse en un campo de batalla despejado, con dos ejércitos formados en línea como en las luchas medievales. Si Viriato logró mantener en jaque a la poderosa Roma no fue, desde luego, enfrentándose en campo abierto a las legiones, sino aguijoneando aquí y allá, buscando siempre la superioridad puntual y replegándose inmediatamente. En una guerra asimétrica los valores medievales pierden su razón de ser, el enemigo pequeño debe crear otras reglas que le favorezcan o perecer.

En el campo laboral, la burguesía tiene el control capital, la propiedad de la empresa. La clase obrera, por otro lado, tiene el control de su fuerza de trabajo, de arrendarla a los primeros, o de dejar de hacerlo: esto es, la huelga.

[N.d.M: El derecho de huelga implica la posibilidad de negarse a trabajar. Eliminar el derecho a huelga convierte automáticamente al trabajo en forzado y al trabajador, en un esclavo]

Así expuesto, pareciera que las fuerzas están igualadas en ambos bandos, y que se espera de ellos una lucha leal. Bien, pero es que las fuerzas están muy lejos, en la realidad, de estar igualadas. Hoy en día, con un desempleo masivo, hacer huelga en muchos sectores es más que una heroicidad, es una temeridad, e incluso diría que es una estupidez: si vas a ser el único gilipollas que la haga en la empresa, lo único que consigues es acabar de patitas en la calle sin lograr nada más que los trepas de la empresa se rían de ti. La huelga es un buen arma en algunos sectores y circunstancias (funcionarios, sectores con gran proporción de puestos fijos o que ya disfrutan de una gran solidaridad, en los que el seguimiento es masivo, lo cual limita mucho la posibilidad de represalias), pero no en muchos otros, cada vez estratos más amplios de la población.

Una de los pilares de este blog se basa en la necesidad de equilibrio entre las fuerzas. Todo poder sin contrapeso tiende a extralimitarse, y es fuente de toda opresión. Con la ley mordaza, la posibilidad de que un analfabeto uniformado multe por miles de euros a un ciudadano sin tener que demostrar, ante un juez, su acusación. Es un buen ejemplo, pero es el mismo caso que un empresario que pasa por encima de la legislación laboral sin que se pueda hacer nada para remediarlo (porque así lo ha dispuesto el legislador, que la protección al trabajador esté llena de agujeros por los que el empresario, al final, siempre acaba instaurando su terror por encima de las leyes). El ejemplo más a mano: echando a la calle al único pringao de la empresa que se le ocurrió hacer huelga.

Para acabar con la injusticia, para limitar la arbitrariedad, debe existir un contrapeso al poder de la propiedad. Si no es la renuncia voluntaria al trabajo, debido al terrorismo patronal ¿qué nos puede servir de defensa? Pues una posibilidad histórica, pero hoy completamente relegada, es el sabotaje.

Lo primero, que quede claro: es juego sucio. Y, por lo tanto, para ser legítima debe sacarse del arsenal cuando el enemigo haya recurrido antes a malas artes. Usarla indiscriminadamente, o como primera opción en vez de la huelga, conduce al desprestigio de este recurso para otras ocasiones en que sea necesario su uso, y con él, el de toda la clase trabajadora.

Ahora bien ¿es justo hacerle al Mercedes del jefe lo de arriba, si lleva varios meses sin pagar nóminas? Porque es muy apetecible, financiarse gratis a costa de tus trabajadores.

Pero tampoco hay que hacer algo tan espectacular. El kilo de obrero va cada vez más barato; de hecho, la intención es devaluar el trabajo hasta hacerlo una commodity, perfectamente intercambiable como lo puede ser un saco de trigo de un mismo cargamento. Ahora bien, ese ser prescindible, fungible, ese pobre diablo que curra toda la jornada por una mierda de salario…muchas veces está rodeado de maquinaría y mercancía por valor de muchos millones. Maquinaría y procesos que, además, conoce perfectamente. Las consecuencias de un tornillo que se afoja, una válvula que se abre, un componente que se derrama en la mezcla…pueden provocar daños muy costosos, destrozar una maquinaria o tener que tirar una enorme cantidad de materia prima, además de detener el proceso.

Pongamos un ejemplo práctico: una empresa de reparto cuyo jefe obliga a trabajar 50 horas, y al que no le guste a la calle. ¿Cuál es la recomendación para esos trabajadores puteados? ¿la huelga? Le faltaría tiempo al jefe en largar al que se le ocurriera tal cosa (o no renovar su contrato). ¿Entonces? Pues un día llega una furgoneta con un calentón en la culata. Unos miles de euros y la furgoneta parada en el taller. Otro día otra con el embrague reventado en pocos kilómetros. Otra, con la bomba de inyección destrozada porque alguien echó parte de gasolina en el depósito… ¿De quién es la culpa? Mía no, jefe. Yo sólo fui el último que la cogió, pero a saber de dónde viene la avería.

Y, de esta forma, el jefe aprendería que las acciones tienen consecuencias, que nadie es impune. Y que tratar de robar a tus trabajadores, sale caro. ¿Lo mismo que se le dice al que roba gallinas? Pues lo mismo, mismito, con el que roba el trabajo ajeno.

Puede salir muy caro, tener a una plantilla enfadada. Además, el recurso al sabotaje es seguro para el trabajador. A la impunidad del empresario, se opone la impunidad del saboteador. Es agarrarse de los huevos mutuamente, si tú aprietas, yo aprieto.

Equilibrar la situación. Cambiar las normas.

No esperéis que esta forma de lucha sea amparada por ningún parlamento burgués. Costó muchos años, y muchos muertos que reconocieran el derecho a negarse a trabajar…

Por cierto, el recurso al sabotaje no es ni mucho menos propio de la industria. Una administrativa, despedida por cogerse demasiados permisos tras quedarse embarazada. Vaya, qué mala suerte, un virus informático que ha formateado los discos duros de todos los ordenadores que estaban en red. O aún más divertido: la contabilidad en B de la empresa, por error dirigida a la Agencia Tributaria.

El poder negociador de un bando es directamente proporcional a la capacidad de hacer daño al otro bando. Si atamos de manos a los trabajadores, con el paro y una legislación diseñada para favorecer al capital, mientras que dejamos con las manos libres al patrón, las condiciones laborales van a seguir deteriorándose sin fin. Por ejemplo, la posibilidad de horas extras en contratos a media jornada, que permite tener al tipiño trabajando 8 horas y cobrando 5, sin que haya forma de que sea detectado por la inspección de trabajo porque, si aparece…es que justamente ahora está haciendo horas extras. Pues a ese empresario tan imaginativo, se le pueden felicitar las pascuas con un ligero cambio en algunos parámetros, para que salga toda la producción ligeramente defectuosa. Y, cuando alguien se dé cuenta, habrá que tirar un stock enorme de mercancía ya terminada y lista para embarcar.

Bueno, hasta aquí la presentación. Yo mismo tengo mis dudas, especialmente por el riesgo de servirse de esta arma de forma improcedente o injusta (por ejemplo, a quien despidan por incompetente y se vengue rompiendo algo). Para usar este arma, de último recurso, la clase obrera deberá aspirar a una categoría ética superior a la burguesía que combate, para usarla siempre con justificación, para no caer en el desprestigio. Que esto se dé siempre, en todos los casos, es mucho, muchísimo suponer (hay también mucho empresario honesto y mucha mala bestia con trabajo asalariado).

[N.d.M: Por supuesto, en una sociedad civilizada, no haría falta llegar a estos extremos porque tendríamos una legislación laboral equilibrada, y un ejecutivo que cumpliese su papel de garante del cumplimiento de las leyes. Pero es evidente que este no es el caso en España, donde quien debe guardar y hacer guardar las leyes hace la vista gorda o legisla en pro del delincuente laboral. Cuando el Estado está de parte del agresor, al pueblo no le queda otra que autoorganizar su defensa (igual que en los 90, con el auge de los grupos neonazis y la anuencia o apoyo de los cuerpos policiales, que tuvimos que unirnos para poder defendernos de un reguero de víctimas cada semana; una vez que hicimos frente a la impunidad con que actuaban y mandamos a varios al hospital, dejó de ser tan divertido salir “a cazar guarros” entre los niñatos fascistas y las aguas volvieron a su cauce).]

Ninguna agresión sin respuesta, que no exista resquicio de impunidad (que siempre, indefectiblemente, conduce al abuso) en ningún ámbito. Pero debe existir proporcionalidad en la respuesta.

Y ahora, se abre el debate. Vuestras consideraciones, por favor.

8 comentarios »

  1. Yo creo que tiene el mismo defecto que ser el único pringao que va a la huelga: como no esté organizado colectivamente, estás vendido. Además, puede generar que el empresario tome represalias basándose únicamente en la sospecha, y entramos en un terreno muy pantanoso para ambos bandos, pudiendo ocurrir alguna barbaridad.

    En definitiva, siendo requisito la unidad y consenso de los trabajadores, la huelga me parece mejor opción. Continuamente nos encontramos en la vida a gente que bien merece unas ostias, pero no vamos repartiéndolas a diestro y siniestro.

    Si simplemente con la unión obrera está el tema ganado (no sin coraje, lucha y hasta sufrimiento). Lo difícil es conseguirla!

    Comentario por wenmusic — 10 junio 2015 @ 19:07 | Responder

    • Evidentemente, si hay solidaridad entre los compañeros, no hace falta ponerse a romper cosas a escondidas: se hace una huelga y se miden las fuerzas. La cuestión es que en muchos sectores, el seguimiento de por ejemplo una huelga general es menor al 10%. En esas circunstancias, hacer huelga es ponerse una diana en el pecho. No puedes obligar a nadie a ser un héroe.

      En cambio, el sabotaje no requiere de organización. Cada uno hace la guerra por su cuenta, sin saber lo que hace el otro. Simplemente, hay mal ambiente y se empiezan a romper cosas. Las cosas se rompen, simplemente que ahora se empiezan a romper más a menudo. O no se hacen las cosas tan bien… La cuestión es devolver la agresión, que al empresario no le salga gratis si hace alguna marranada.

      Vamos, lo que aprendemos de críos. Si le damos una bofetada a un niño, este nos la devuelve. No es un muñeco, que le arrancamos los brazos y no protesta, en frente tenemos una persona que también sufre y también es capaz de causarnos daño. Por eso, tenemos que llegar a un equilibrio, no podemos dañarle sin esperar recibir también nosotros. Lo contrario, es sadismo: causar daño a una persona indefensa, sin que existan consecuencias. Y es lo que hay que evitar, en todos los órdenes de la vida: cuando existe un resquicio de impunidad, aparece quien lo aprovecha.

      ¿Has visto alguna vez a algún gato revolcarse sobre el ratoncillo que acaba de matar? Nuestra naturaleza no es muy diferente a la suya, tenemos una tendencia animal en regodearnos en nuestro propio poder.

      Comentario por Mendigo — 11 junio 2015 @ 13:19 | Responder

  2. Una inspección de trabajo bien informada también hace daño y serviría de aviso.

    Comentario por Corvo do Anllóns — 10 junio 2015 @ 19:30 | Responder

    • Mira, yo tengo visto en varias empresas “venga, hoy a ponerse todos los EPIs” y esa misma mañana, pasarse la inspección.:/

      De todas formas, si los inspectores quisieran pillar contratos irregulares, no tienen ni que ir a la empresa, basta con pedir el listado a la Seguridad Social, y ver cómo se encadenan contratos por obra o temporales. Sí, si inspección de trabajo funcionara como debe, sería una buena herramienta para hacer cumplir la ley. Si los sindicatos vigilasen su cumplimiento, en vez de dedicarse a tareas impropias, el respeto a la legislación laboral sería la norma, y no habría que recurrir a medidas poco limpias.

      En un país serio donde las instituciones funcionasen…pero yo estoy hablando de España.

      Comentario por Mendigo — 11 junio 2015 @ 13:10 | Responder

  3. Pero es que la cosa puede no ser tan fácil. Por ejemplo, si la contabilidad B acaba en manos de Hacienda, hay una lista muy corta de trabajadores que podrían haberla mandado. Si se avería una máquina de una manera que requiere conocimientos técnicos específicos, lo mismo. Y lo mismo con la cuestión de la oportunidad, a veces, surge en muy pocas ocasiones y es fácil identificar quienes han podido estar ahí en el momento oportuno.

    Y aparte me dejo los dispositivos de vigilancia, tanto cámaras como los de software.

    O que alguno de los compañeros se entere y se chive.

    En fin, que sí, que es una herramienta de lucha necesaria, siempre que se pueda utilizar. El sabotaje individual es muy arriesgado, y está y va a estar cada vez más difícil.

    Desde un punto de vista colectivo, es otro cantar. Esto es, una plantilla unida que por lo que sea no puede recurrir al derecho a la huelga… o por lo que sea, la huelga no es eficaz… por ahí, tal vez.

    Pero me cuesta ponerme en una situación concreta.

    Lo veo mucho más si lo enfocamos desde un punto de vista colectivo, pero generalizado. A nivel de toda la sociedad. Si llegamos al punto de plantearnos una huelga general indefinida, pero resulta que, siendo muchos, no somos suficientes como para que esa huelga sea eficaz. Una huelga de, digamos, 5 millones de personas, puede ser inútil, especialmente en un país con 5 millones de parados.
    Pero 5 millones de personas cortando carreteras, por ejemplo, paraliza el país. Aunque haya otros 20 millones de personas que no tengan arrestos para hacer huelga, no podrían trabajar aunque quisieran.
    Y hay muchas otras posibilidades.

    Pero bueno, esto es fantasear. ¿Cuántos se pueden estar planteando hoy en día en España una huelga general indefinida?

    Comentario por Ocol — 11 junio 2015 @ 18:00 | Responder

    • Yo creo que cada uno en su trabajo sabe cómo hacer para causar daño sin ser cogido. Eso sí, tienes razón que en una empresa pequeña es más difícil.

      De todas formas, aduces lo mismo que Wen, que el jefe podría empezar a tomar represalias a lo loco, disparar sin apuntar. Eso incrementaría muchísimo el mal ambiente en la empresa, y sólo serviría para empeorar la situación.

      Al final, hay que provocar una nueva solución de equilibrio. Yo no te jodo si tú no me jodes. Que la burguesía sepa que es mejor tener a los trabajadores contentos, porque querer sisarles su sudor sale mucho más caro que los cuatro duros que dejas de pagarlos.

      Mira, yo he jugado al rugby desde jovencito. Y cuando estaba empezando, un veterano me dijo: nunca salgas del campo, sin haber devuelto las hostias que te han dado. De eso se trata, de responder a toda agresión. Si te la comes y te callas, te van a llover veinte, vas a estar comiendo hostias toda tu vida. Y eso sirve para una mujer maltratada, o para un trabajador explotado.

      Eso no quita que también sea importante promover tu propuesta: una guerra hasta la rendición incondicional de la burguesía, la huelga indefinida. De hecho, yo propuse una estrategia de acción para maximizar el daño minimizando el coste para los trabajadores. Soy el primero en apuntarme a una acción así, hasta poner de rodillas el capital. Y para hacerlo, lo primero es creerse que es posible.

      Comentario por Mendigo — 12 junio 2015 @ 15:14 | Responder

      • Muy buen apunte el de “estrategia”. En algunas cosas sí que hemos llegado ya a las mismas conclusiones…

        Comentario por Ocol — 12 junio 2015 @ 18:15 | Responder

  4. […] lo que están haciendo esos trabajadores de Enedis (la Red Eléctrica francesa) tiene un nombre: sabotaje. Una forma de sabotaje muy suave. Y ya vamos siendo mayorcitos para no asustarnos de ciertos […]

    Pingback por La diferencia | La mirada del mendigo — 18 junio 2016 @ 10:06 | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: