La mirada del mendigo

16 agosto 2015

No es tan sencillo II

Filed under: economía — Mendigo @ 13:32

Continuo con la entrada anterior, añadiendo mi respuesta a la pregunta que dejé colgada y vosotros habéis estado comentando.

Para empezar, vamos a analizar el problema, que no es otro que la pobreza sobrevenida de Yorgos, que cobra la mitad de su salario. ¿Por qué este cambio? Bien, analizándolo duramente, podríamos decir que su trabajo no vale más que esos 500€. Yorgos no produce riqueza más que por 500€, y esta baja productividad de su trabajo es la causa última de su parco salario.

Pero esta afirmación hay que completarla, añadiendo muchos matices al cuadro. La primera, es que seguramente Yorgos produce riqueza por más de esos 500€ de salario, pero parte se va a retribuir el capital (beneficio empresarial, dividendos, pago de la deuda…). Esto es, dinero sin trabajo: un robo. Efectivamente, haciendo nulo el valor del capital, Yorgos podría percibir íntegra la parte de riqueza que le corresponde por su trabajo. ¿Y cuánto es esto? Bueno, podemos aproximar que de la riqueza creada en un Estado, el 60% se dedica a retribuir el trabajo, y el 40% a retribuir el capital (tomo el caso español, me entra pereza sólo de pensar en buscar ese dato para el caso griego). Sabemos, además, que la retribución del capital lleva años ganándole terreno a las rentas del trabajo, como es de esperar en un sistema capitalista.

En resumen, en un sistema socialista puro, y haciendo un ceteribus paribus de campeonato, Yorgos debería cobrar unos 830€ como remuneración de su trabajo. Ahora bien, este salto mortal sin red que acabo de hacer tiene muchas complicaciones. Por ejemplo, hay que asumir que toda forma de capital queda abolida, lo cual implica considerar ilegítima toda la deuda internacional contraída, rechazando su pago (una quita del 100%) y asumiendo que nunca, jamás, volverás a tomar más deuda (ya que no piensas retribuir el capital que te presten). No hace falta explicar que sería realmente difícil hacer un movimiento así, y las consecuencias que tendría para la economía griega, convertida de la noche a la mañana en una isla económica, privada de medios de financiación.

Por otra parte, por mucho que valoremos a cero el capital, realmente el capital fijo (instalaciones, maquinaria…) tiene un valor, que es el que le permite a Yorgos realizar su trabajo y generar esa riqueza de 830€. Si la titularidad de ese capital es del Estado, será decisión por tanto del Estado invertir en tal o cual empresa, proveyéndola de unas u otras capacidades de generar riqueza y, por lo tanto, afectando a la capacidad de Yorgos de generarla y, por lo tanto, a su trabajo.

Otra alternativa, es repartir la propiedad entre los trabajadores, lo cual crea ya un desequilibrio de partida: habrá trabajadores que reciban mucho más capital que otros, según la empresa en la que estén prestando sus servicios y, a partir de ello, será diferente la capacidad de unos y otros de generar riqueza. Por otra parte, la propia evolución de cada empresa, con el acierto o fallo en las inversiones, llevarían a que estas diferencias de capital se expandiesen (en todo caso, el problema estaría acotado mientras sólo se permitiera a cada trabajador poseer el capital que corresponde por su participación en una empresa). Quizá la alternativa más justa fuera la primera, considerando todo el Estado como una única empresa (máquina productora de riqueza) de la cual todos los trabajadores participan de forma alícuota por su condición de ciudadano.

En llegando a este punto, tenemos que introducir una precisión ¿y cómo demonios llego a la conclusión de que Yorgos genera una riqueza de 830€? Salvo que sea una empresa unipersonal, por ejemplo, que Yorgos sea un zapatero con su propio taller, o una PyME simplicísima, es muy difícil, creo que imposible, determinar positivamente cuál es la riqueza que genera cada trabajador en su puesto, para luego retribuirla (e incluso en el caso de un autónomo, pues su beneficio está determinado por unas fuerzas del mercado que podemos impugnar, ya que no revelan el valor aportado realmente a la sociedad). Para repartir el beneficio de la empresa entre sus trabajadores, necesariamente, debemos hacer unas asunciones de orden ideológico. Podemos considerar que todos los trabajos son igualmente necesarios, desde el mantenimiendo y la limpieza a la dirección técnica y económica, y retribuir a todos por igual. O considerar el valor diferencial que cada uno de ellos aporta a la producción, efectivamente un desempeño excelente de la persona que friega el suelo no tiene consecuencias en la cuenta de resultados del mismo orden que el de un técnico que resuelva de forma eficiente un problema de diseño.

Lo cierto es que es un tema muy peliagudo. Por ejemplo, está la corriente que propone que la retribución sea proporcional a la asociada al impacto de su trabajo en el beneficio de la empresa. Por ejemplo, una nueva campaña publicitaria de un creativo de marketing reporta un crecimiento del 10% en ventas y EBITDA, pues este cantidad extra de riqueza (después de detraer los sacrosantos beneficios empresariales) debe ir a parar al creativo gracias al cual se ha producido ese resultado, ya que es evidente que ese es su valor diferencial en la empresa. Tiene su lógica, pero también se puede desmontar por la vía de la lógica: pongamos una empresa de moda que está en una situación comprometida, y contrata a un nuevo diseñador que consigue conectar con el gusto de la gente, y la empresa remonta y se convierte en una segunda Zara. Siguiendo el mismo razonamiento, la empresa pasaría de presentar un balance con pérdidas, y valorada en 0€, a ser un gigante de la moda con beneficios tremendos. Por lo tanto, todo este beneficio debería ir a retribuir (además de a los accionistas), a este nuevo diseñador, siendo el sueldo del resto de los cientos o miles de trabajadores de la empresa de exactamente 0€. Su trabajo no vale nada, y el único trabajo que tiene valor es el del diseñador con nuevas ideas. Mmmm. Ya no parece tan lógico, ¿verdad?

Es socialismo resuelve el problema cortando por la vía de en medio, y adoptando una solución que podríamos decir salomónica: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Lo cierto es que suena justo, y bastante más civilizado que lo anterior. El problema viene de su aplicación real: la falta de incentivos para la superación humana (gran problema en el mundo socialista y, en general, de todo sistema funcionarial, donde el empuje de un trabajador joven e ilusionado se ve socavado por la desidia, apatía e incluso ineptitud del que ya se ha acomodado, cobrando ambos lo mismo). En la misma Unión Soviética, este principio era tamizado con una escala retributiva según la valía del trabajador, y las susceptibilidad de ser sustituido sin merma en el desempeño de la empresa. Por ejemplo, un trabajador con varios hijos tenía derecho a un piso más espacioso que uno soltero. Ahora bien, el gerente de una empresa tenía una retribución bastante superior que un aprendiz. Seguramente las diferencias salariales no eran tan abultadas como en el campo capitalista, pero desde luego no seguían fielmente el principio marxista. De todas formas, Marx, que no tenía un pelo de tonto, consideró que esa forma de repartición del trabajo y la riqueza sería el fin de estación en una sociedad comunista, el ideal al que tender, no un principio de inmediata aplicación en el socialismo, el cual debería rebajarlo con el “a cada cual según su aportación” capitalista.

Otra forma de calcular el salario de cada trabajador es por la acción del mercado aplicado a la mercancía humana, el trabajo. Cada uno recibe el sueldo que se acuerda en la subasta que supone el mercado laboral, teniendo mayor capacidad de negociación aquellos que ofrecen capacidades más importantes para la producción, más demandadas por el sistema económico, y más raras de conseguir entre los trabajadores. Como los demás, también tiene su sentido, salvo que…seguramente las cuentas no cuadren. Es decir, que la suma de los salarios atribuidos por el mercado no coincida, no tiene por qué, con la riqueza generada por la empresa. En un sistema capitalista, sería la parte que se llevarían los propietarios, pero aboliendo la propiedad privada de los medios de producción…bueno, este beneficio empresarial iría al propietario de ese capital, sea el Estado (empresa estatal) o a los trabajadores (empresa cooperativa, y ahora aparece el problema de si se distribuirían de forma equitativa o de nuevo según su aportación…), o cualquiera de las formas mixtas.

Bueno, vamos a hacer un receso, porque esta entrada está quedando un poco densita.

Vale, seguimos un poco más. Nos habíamos quedado en que, con el advenimiento del socialismo, Yorgos recuperaría buena parte de su poder adquisitivo, recogiendo la parte arrebatada al capital, hasta los 830€. En el mejor de los casos, hay que añadir. Y es que esto, son habas contadas. Pero Yorgos aspira a más, ve el nivel salarial que hay en el corazón de Europa y no se resigna a vivir cual espartiata (y es que Yorgos es de Larisa, es decir, tesalio, no lacedemonio :P).

Volvemos por lo tanto al punto de reunión de este tipo de debates: para distribuir la riqueza, primero hay que generarla. El espectro político se divide entre los que sólo quieren ver la creación de riqueza, ajenos al problema de que si ésta no se redistribuye, no llega al común de la gente, siendo sisada por quien posee el capital y, con ello, el poder político,y mediático y, en última instancia, policial/militar. Y luego están aquellos otros que sólo se fijan en esta sisa, sin considerar que la apropiación capitalista del beneficio sólo explica parcialmente la pobreza de los trabajadores, refractarios a la idea de que también los trabajadores son responsables de su propia pobreza al no ser capaces de producir más riqueza (luego retomo esta afirmación). Definido este espacio político entre derecha e izquierda tradicional, hay otros dos grupos: el de los progres que aceptando los postulados de la derecha, es decir, considerando legítima la propiedad privada de los medios de producción, adoptan poses y ropajes propios de la izquierda política. Estos son esa clase de imbéciles que ni se preocupan de los problemas de la producción ni de la sisa; esta clase de opinantes cuya estética está tan de moda es tóxica, su programa parido por Bambi tras ser sodomizada por un Teletubbie es de una bisoñez que repulsa, y espanta la perspectiva de que algún día fuera implementado. Y es que esto no es un juego de mesa, esto es real, el hambre es real, las necesidades son reales. Mandar a millones de personas a la miseria, por seguir unos prejuicios ideológicos, es criminal y como tal debería ser tratado.

Y luego está un reducidísimo grupo de personas, en el cual aspiro yo a ingresar, que procuran comprender ambos aspectos de la economía, la creación y la distribución de la riqueza, para las cuales el término socialismo tiene un significado muy concreto y proponen los pasos para llevarlo a la práctica. Cuando los bolcheviques se hicieron finalmente con las riendas del Imperio Ruso, se encontraron con problemas de índole práctica que exigían una solución acuciante. Aunque a mucho idiota le parezca la contrario, el día siguiente a proclamar el socialismo no se habrá solucionado ningún problema. De hecho, la labor no habrá hecho más que comenzar, como en 1917, con bocas que alimentar en las ciudades, con una industria obsoleta y disfuncional que reconvertir y promover, un edificio burocrático que reformar, y seguramente habrá que enfrentar todos estos problemas en medio de la tormenta, en un clima de fuerte oposición, quizá incluso militar, tanto interna (la burguesía, buena parte del campesinado, tan tradicionalista, y los intereses creados de tanto parásito del sistema) como externa (sin apoyos internacionales, China se pondría de lado, Cuba es irrelevante y USA procurando desestabilizar el sistema desde el minuto 0).

Lo que muchos no quieren ver, porque todo el mal del mundo es causado por la rapacidad capitalista, etc…es que, aunque en Grecia se proclamase mañana mismo el estado socialista, seguiría siendo el país de mierda que es, atenazado por la corrupción y el clientelismo, con un sector productivo escasamente competitivo que es barrido por las más eficientes maquinarias económicas del Norte y del Este. Los jóvenes griegos más preparados seguirían emigrando; porque la economía griega, como la española, no genera la necesidad de puestos de trabajo de alta capacitación en un ritmo suficiente para absorber a esa generación que a un mismo tiempo es la mejor preparada, la subcontratada, la desempleada, la estafada.

Podemos mirar el ejemplo de China o Corea del Sur, las dos economía más eficientes en sacar a sus ciudadanos de la miseria en las últimas décadas. Aparentemente son dos sistemas, pero comparten un mismo camino: el del desarrollo tecnológico que propulsa el económico y, a rémora, el social. Una (restringida) meritocracia donde el esfuerzo y la valía son recompensadas y encuentran oportunidades para brillar. En realidad, China o Corea lo hubieran hecho igual de bien de haber intercambiado sus sistemas económicos. Incluso podría decir que Alemania seguiría siendo la potencia económica que es, en un sistema socialista, mientras que Grecia o España seguirían siendo una mierda. Y si Burkina Faso fuera socialista, seguiría siendo pobre.

Y es que la riqueza es la gente. Alemania, como Corea, como cada vez más China, han desarrollado una sociedad en la que se promueve y se premia el conocimiento, la competencia y el trabajo bien hecho. Ciertamente, el sistema educativo español no es tan malo, y aún genera conocimiento, pero éste es desperdiciado luego por un sistema económico que no lo demanda, y el que absorbe no lo recompensa adecuadamente (no sólo con salario, sino con promoción y responsabilidad, estableciendo un techo de cristal que sólo se permite franquear a los hijos de la casta, los de apellido compuesto, aunque sólo sirvan para tirar del arado).

¿Cómo España, el reino de la improvisación, del compadreo y de la chapuza, va a ponerse a la altura de las grandes potencias? No way! Tenemos lo que nos merecemos, y a largo plazo esta es una verdad inexorable. ¿Creéis que vamos a cambiar por cambiar uno de los colores de la bandera, o incluso teñirla completamente de rojo? ¡Ja! La infección es mucho más profunda, como para ser erradicada con un cambio de sistema económico. De hecho, y de ser implementado el cambio como es esperable por españoles, aún la enfermedad se recrudecería, encontrando buen fermento en un sistema estatista los parásitos del sistema.

Y aquí volvemos al ceteribus paribus. Yorgos pasaría a cobrar 830€ con el cambio de sistema, si el desempeño de la economía se mantiene constante. Ahora bien, cada vez soy más consciente de que la complejidad de la maquinaria económica, y de lo sencillo que sería gripar el motor si cae en manos de un niño. Y no es sino propio del pensamiento infantil que todos los problemas se resuelven mágicamente una vez conseguido el objeto deseado (cuando me compren la bici, mi vida será radiante; cuando llegue el socialismo, el sol brillará, los pajaritos cantarán y todos seremos felices). El ejemplo es evidente: con toda la buena intención del mundo, basándose en unos bellos principios de igualitarismo, Mao cortocircuitó la estructura productiva china, aumentando la ya terrible situación del campesinado chino con el Gran Salto Adelante, a la par que laminando a la minoría estudiada sobre la que debería cimentarse un resurgimiento de su industria con la Revolución Cultural. El infierno está tapizado de buenas intenciones que, regadas con el infantilismo y la estupidez, pueden dar consecuencias amargas. El panorama cambió para el ciudadano chino cuando los cuadros del PCCh se deajron de monsergas, reconocieron que el dogmatismo revolucionario podía causar aún más penurias que la opresión feudal o la rapacidad capitalista y se pusieron a pensar en el pueblo y no en su ombligo ideológico, con un pragmatismo que ha devuelto la prosperidad a los mil millones largos de chinos. Toda una lección, para exorcizar a los charlatanes que hacen carretera aventando el anatema contra el “capitalismo criminal”. Hay algo mucho peor que el capitalismo: la incompetencia, la ignorancia, la idiocia. Sus consecuencias pueden ser devastadoras.

Por lo tanto, en el cambio de sistema, es muy muy fácil e incluso probable que se acabase gripando el motor económico y Yorgos acabase cobrando aún bastante menos de esos 500€ de los que en un principio se quejaba. La cuestión es que, dentro del socialismo, y si se hacen las cosas muy bien, también se pueden ganar mucho más que esos 830€ (léase generar una riqueza mayor), insisto que el socialismo puede ser un sistema más eficiente y, por lo tanto, competitivo que el capitalismo. Ahora bien, hay que hacer muchas cosas bien, desparasitarlo de autoritarismos (y me refiero sobre todo a los de pequeña escala, los de funcionario chusquero), arbitrariedades y redundancias, donde todo el mundo deba rendir cuentas del producto de su trabajo y las decisiones tengan sus consecuencias, en uno u otro sentido.

Así pues, si Yorgos quiere producir y merecer más de esos 500€, que es a lo más que puede aspirar en un sistema capitalista, u 830€ en uno socialista, deberá sumarse a un movimiento de renovación nacional que promueva la execración de la corrupción y el clientelismo, la instauración del principio del mérito en la sociedad, en que cada puesto deberá ser ocupado por el mejor aspirante disponible, que deberá seguir demostrando que es el más apto para ese puesto o dejar paso al siguiente. Una sociedad volcada en identificar y corregir ineficiencias y redundancias, en someter a cada mecanismo de la sociedad a una revisión revolucionaria pensando en la forma de mejorar su desempeño, empleando menos recursos. También una sociedad en la que se valore, recompensándolo, el trabajo bien hecho, y no calentar el asiento durante la jornada laboral. Y, por encima de todo, un respeto por el conocimiento; el espíritu de estudio, de la cuna a la tumba, para la mejora profesional y personal. La riqueza siempre estuvo, y hoy más que nunca, en el conocimiento.

Este esfuerzo es una búsqueda común por la excelencia en todos los aspectos de la vida social, y no sólo en el trabajo (también exigiendo ejemplaridad en la gestión de lo público, transparencia y democracia máximas). Una sociedad así, será brutalmente eficiente y competitiva, y podrá medirse con cualquiera otra con ventaja en cualquier campo económico. Y esta eficiencia y competitividad, sólo pueden maximizarse en un sistema sociopolítico democrático y socialista, donde no existan exacciones de los vampiros de capital.

Pero no basta con el socialismo. Esto es sólo un método que pone los recursos en manos del pueblo. Luego, el pueblo puede hacer las cosas bien o mal, pudiendo generar aún más riqueza, o mucha más pobreza, que el capitalismo. El capitalismo es el látigo del cómitre; pero con látigo o sin él, hay que remar para llegar a puerto.

En resumen, para cobrar más de esos 830€ hay que generarlos, hay que ganárselos. Y esto es muy jodido, hay que estudiar mucho, lo cual requiere un esfuerzo personal y colectivo. Muchas sociedades prefieren quedarse con esta cantidad, o incluso menos, y que no les rompan la cabeza. Cada pueblo tiene, de nuevo, lo que se merece.

Y acabo, para considerar si no cerrado al menos acotado el tema, en el improbable caso que alguien haya llegado hasta aquí. Dejé pendiente la cuestión de que Yorgos debería generar esa riqueza, si quería pretender cobrarla. Esta frase, así expresada, deja en manos de Yorgos la responsabilidad de incrementar su productividad, y esto no es de ningún modo justo. Ciertamente, Yorgos puede esforzarse más para adquirir nuevas competencias y destrezas, y esta labor de estudio es, insisto, un esfuerzo personal, pero también colectivo (para ofrecerle esa formación). Pero de nada sirve que Yorgos aprenda a manejar una maquinaria nueva, si el empresario (sea privado o colectivo) no la adquiere, considerando que, para la mierda que cobra Yorgos, no merece la pena molestarse en invertir en tecnología, sino que si se necesitare, contrataría a tres pringadillos más. Yorgos no tiene culpa, entonces, de que no le permitan incrementar su productividad, de que no le den los medios para producir más riqueza. Como tampoco tiene la culpa de que su jefe de departamento sea idiota y no sepa diseñar un cronograma limpio, que minimice los tiempos muertos, teniendo que estar Yorgos con los brazos cruzados esperando a que sus compañeros acaben un proceso anterior. O que el director económico desvíe fondos como “gastos de representación” para que la dirección se vaya de putas con el dinero que podrían invertir en equipo y formación. Maximizar la productividad no pasa por bajar los salarios, ni mucho menos. La creación de riqueza pasa por la limpieza del diseño, la excelencia en la ejecución, la eficiencia de los procesos; el tesoro de la riqueza se encuentra en el cofre del conocimiento, no en la explotación de la fuerza de trabajo. Para abrirlo, un sistema democrático, socialista, es la herramienta más adecuada.

Pero hay que perseguir ese tesoro, para disfrutar de sus riquezas.

26 comentarios »

  1. Reblogueó esto en Baladringy comentado:
    Me ha impresionado la claridad en la exposición del autor. Tengo muchas dudas sobre la sostenibilidad del modelo, pero si entramos la vista en el modelo actual, tiene toda la razón.

    Comentario por @VJNacher — 16 agosto 2015 @ 18:18 | Responder

  2. Correcto y muy interesante. Ahora, para las personas con menos capacidades, con limitaciones o con poca ansia de ganar más (lo cual en mi opinión es muy respetable) ¿hay hueco? Porque el cuánto se gane/genere es importante, pero el paro también lo es. Quiero pensar que a pesar de la manida meritocracia, hay lugar para tener unas mínimas condiciones de vida dignas, para todos, como alguna vez ya has comentado. ¿Cómo se tendría esto en cuenta?

    Comentario por wenmusic — 17 agosto 2015 @ 9:54 | Responder

    • Nas, Wen!

      Buena cuestión, sí señor. Lo primero, hay que fomentar la formación continua, cada uno dentro de sus capacidades. No es ya ansia de ganar más, sino de desempeñar un trabajo más creativo, menos monótono o pesado, asumir nuevas responsabilidades, crecer… Hay que esforzarse en ser cada vez mejor en tu trabajo, de aprender más cosas, como si eres peón de obra.

      Pero bien, qué pasa con la fracción menos preparada? Entiendo que me preguntas según mi opinión, de acuerdo al modelo de sociedad que propongo. Bueno, me remito a lo que escribí en ¿Renta básica o trabajo garantizado?. Toda persona que se muestre disponible para trabajar, tendrá una remuneración. Será problema del Estado encontrarle ocupación, y si no la encuentra, cobrará también (no lo mismo, algo menos). De hecho, incluso los que no quieran trabajar, recibirán prestaciones para asegurar una supervivencia en condiciones humanamente dignas. Por supuesto, menos que el que se muestra dispuesto a aportar a la sociedad su trabajo. De todas formas, de esta categoría siempre habrá muy pocos, muchas veces asociados a enfermedades mentales, inadaptación…que habrá que tratar, y no castigar haciéndolos malvivir y mendigar en las calles.

      Ahora bien, no se trata de generar empleos ficticios, de abrir hoyos para luego cerrarlos (tipo Plan E, dinero que acabó en los bolsillos de las constructoras, y parte en el de los alcaldes) lo que hay que crear es actividad económica, empresas de los tres sectores que sean rentables, que perduren en el tiempo. Te pongo un ejemplo, si se crea una empresa de estructuras de polímeros compuestos para aeronáutica, además de puestos de trabajo para ingenieros aeronáuticos, industriales, químicos, matemáticos, físicos…también se crearán puestos de administrativo, técnico de mantenimiento, obrero especializado de línea, operario de limpieza, seguridad… Además de que se pagarán impuestos y se estimularán otros negocios que serán sus clientes (transporte, instalaciones…) o sus proveedores (extintores, material de oficina, materias primas, herramientas…).

      Si el sector privado no es capaz de crear una empresa así que funcione, pues lo tendrá que hacer el Estado. Estimulando la actividad económica, creamos un círculo virtuoso y, de repente, todo empieza a funcionar, baja el paro, cuadran las cuentas públicas, hay más dinero en circulación, crece la inversión en bienes de equipo… Lo que ocurría en España antes del 2008, pero esta vez de una forma sostenible en el tiempo, y no ligado a una burbuja.

      Comentario por Mendigo — 17 agosto 2015 @ 13:54 | Responder

  3. Nah, tanto discutir sobre competitividad y cooperación y al final coincido contigo en el objetivo al 100%. Y eso que soy decrecentista.

    Si lo he entendido bien, lo que planteas es que pongamos todas las líneas rojas que haya que poner (socialismo, democracia, meritocracia, sostenibilidad, garantía mínimos para una vida digna, etc.) y, en ese entorno ideal, a competir. En plan competición ultralimpia, 0,0% de dopaje, 100% justa, etc.
    Ni una pega, lo firmo ya.

    Mi objeción viene de que creo que no eres consciente de lo que implicaría conseguir ese entorno óptimo. Es una utopía, y como tal, no es alcanzable con personas como las que vivimos hoy en día. Si llegáramos a conseguir algo así, sería porque las personas habríamos cambiado. Nuestra escala de valores sería completamente diferente de la que es ahora.

    Para empezar, ese entorno que planteas no es alcanzable si no cambiamos el chip mental de la competitividad por el de la cooperación.

    Esto es, no conseguiremos avanzar hacia esa utopía hasta que no dejemos de competir y nos pongamos a cooperar.

    Y sí, la cooperación (utopía) nos llevaría a entender y asimilar la necesidad de un sistema socio-político-económico utópico como el que planeas.

    Pero si seguimos compitiendo… el mismo hecho de competir hará que la mayoría de la gente busque ventajas para ganar, sin importar si es justo, merecido o, sencillamente, inteligente.

    Con un símil algo tosco, te diría que a este nivel no hay competición sin dopaje. Si compites es porque quieres ganar, no quieres una sociedad más justa, igualitaria, democrática. Y haces lo que sea con tal de ganar. Cruzas todas las líneas rojas que haya que cruzar con tal de ganar.
    En consecuencia, competir imposibilita la creación de ese entorno. No puedes establecer líneas rojas si la gente está pensando, continuamente, en saltárselas.

    Lo mismo pasa con la democracia. Es inalcanzable en un entorno donde todos vamos a pillar lo nuestro y que le den a los demás. Democracia implica asumir que todos somos iguales, nadie es mejor que los demás, nadie tiene más derecho que otros a gobernar, nadie puede ser excluido o discriminado. ¿Cómo casa todo eso con el ansia de ser más que los demás que está vinculado a la competitividad?
    Yo no lo veo.

    El primer paso hacia la utopía es cambiar el chip, como sociedad. Asumir que es mejor cooperar que competir. Entender que para conseguir las mejores condiciones para el individuo hay que perseguir las mejores opciones para la comunidad.

    Sin ese primer paso, no hay lugar para más. Fin del camino.

    Comentario por Ocol — 18 agosto 2015 @ 10:57 | Responder

    • Ays!

      Vamos a ver, sobre la tontunada de la colaboración vs la competición.

      Ambas estrategias, como comentaba antes, no son incompatibles. La principal motivación humana es el provecho personal, y esa búsqueda puede satisfacerse tanto por la colaboración o por la competición. Depende de las circunstancias.

      Por ejemplo, dos empresas con un nivel tecnológico similar y portfolios compatibles, pueden acordar una join venture para desarrollar una cierta línea de productos (por ejemplo, una marca de coches y una de baterías, para fabricar los packs de baterías para un EV). El valor de la colaboración.

      Ahora bien, si lo que proponéis los decrecentistas de comercio local, empresas pequeñas…llega aquí Samsung, por ejemplo, y se encuentra con una PyME que trata de fabricar monitores (pongo este ejemplo porque estoy mirando ahora a mi monitor, que es de esa marca). La PyME se llama “Monitores Manolo”. Y el gerente de “Monitores Manolo” llama a Seúl y les propone colaborar, porque es mucho más bonito que competir, porque todos somos muy amigos y así seremos muy felices en el país de la piruleta y mi pequeño Pony (el nivel de lo que proponéis es de esa categoría intelectual, no superior). ¿Por qué coño Samsung va a colaborar con “Monitores Manolo”? ¿Qué tiene que ofrecerle? Para Samsung, es mucho más sencillo aplastarlos, comercializando un mejor producto mucho más barato. Y pueden hacerlo porque su tamaño descomunal les permite invertir una burrada en I+D (además de otros factores como la abundancia de mano de obra altamente cualificada en Corea).

      Resultado? “Monitores Manolo” tiene que cerrar sus puertas, porque ni su puta madre les compra su mierda de monitores “Made in Spain” con tecnología obsoleta y precios abultados. Cien curritos a la calle y una deuda incobrable para los proveedores. Vale, ahora haces el sumatorio de todos los “Talleres Manolo” que son incapaces de competir en un mercado global, y ya tienes la explicación del 20% de paro y de la balanza comercial estructuralmente deficitaria.

      Es así de sencillo: el que me diga que la solución en España es producir menos (decrecentismo) o el comercio local (autarquía, como la Rumanía de Ceaucescu o la España de Franco hasta los 60…o la Edad Media, cuando está bastante documentado que una de las razones del empobrecimiento de esa época se debe a que se cerrasen las vías comerciales, faltas de mantenimiento, y las antiguas vías romanas se convirtieran en sendas y trochas) es idiota. Un idiota de manual, el paradigma de idiota. Además, un tipo de idiota muy peligroso, por las consecuencias que tendría su programa de llegar a implementarse. Un idiota magufo del estilo de “Mirad las aves que vuelan por el cielo: ni siembran ni siegan ni almacenan en graneros la cosecha; sin embargo, vuestro Padre que está en el cielo les da de comer. Pues bien, ¿acaso no valéis vosotros más que las aves? […]” y todo ese rollo.

      Pues como digo abajo: si no produces riqueza suficiente, el carro de las historia te pasa por encima. Y algo sé de historia y, créeme: duele.

      Comentario por Mendigo — 20 agosto 2015 @ 14:51 | Responder

      • Claro, pero el problema es que ese otro mundo donde las multinacionales campan a sus anchas es el mundo en el que vivimos, y ha demostrado ser, para muchos, la peor opción posible. Además de no sostenible.
        El modelo decrecentista no da para lujos, pero, sobre el papel al menos, es sostenible y persigue garantizar una vida digna para todos.

        Que si hubiera algo mejor, pues mira, adelante con ello. Pero mientras no lo haya, el decrecimiento pasa a ser, por pobre que pueda parecer, el único camino viable.

        La alternativa, dejarlo todo en manos de las multinacionales, es un suicidio, por mucho que sean más o menos competitivas. Y… optar por no suicidarse… ¿es de idiotas?

        En tu ejemplo, la salida decrecentista no es como la planteas: sencillamente, Samsung no tiene cabida en ella, ni el mercado global de monitores tampoco. Y, en cuestión de monitores, tocará apañarse con lo que “Talleres Manolo” pueda generar, de forma sostenible, asumiendo todos que, ante la escasez de recursos, hay que sacar petróleo de las piedras. Esto es, “Talleres Manolo” tendrá que funcionar de una forma mucho más eficiente de como funcionaría ahora una empresa con ese nombre en España.

        En un modelo decrecentista, si hay que recurrir al mercado global, tendrá que ser con productos o servicios que puedan obtenerse en nuestro país, de forma sostenible, eficiente… y competitiva. Y creo que la producción de monitores no va a formar parte de ellos.

        Comentario por Ocol — 24 agosto 2015 @ 23:19 | Responder

  4. Muy interesante, ufff “no es tan sencillo”. La idea de meritocracia(si no lo e entendido mal) me parece buena pero me asalta las dudas de quien aplicaria estos principios. La idea de ocol de cambiar el chip de la gente de competir a colaborar tmb me gusta mucho. Tendria cabida en la sociedad actual? No estariamos tentandos como dice Mendigo a no resignarnos a los 820 y aspirar a mas.

    Comentario por miguelito — 18 agosto 2015 @ 23:09 | Responder

  5. Estáis rallándoos con lo de la colaboración vs competición, que es una de las tontunadas progres más grandes. En toda modelo económico, existen y han existido ambas. Como no podría ser de otra forma.

    Para conseguir un puesto de trabajo como ingeniero de planta en una empresa, debes competir con los que tienen tu mismo título, para demostrar que eres el mejor. Eso exige mucho estudio y dedicación. Pero es que esto es meritocracia. El mejor para cada puesto. Si eliminamos esta competición, reinará el compadreo, y al no estar cada puesto destinado al más capacitado, sino al mejor relacionado, bajará el desempeño de la economía (lo que ocurre ahora).

    Eso de considerar la competición como algo malo es propio de mediocres y vagos mentales. Por supuesto que trabajar en la sociedad actual, si queremos llegar a unos estándares de riqueza tales que permitan una sanidad pública, una educación pública o un sistema de pensiones público, necesitamos trabajadores muy capacitados. Eso supone una carrera por el conocimiento, para que cada uno dé lo mejor de sí en el estudio, para que luego lo pueda dar en el trabajo. Y ésta, es una conditio sine qua non para salir de la crisis y ser un pueblo próspero. Y me suda la polla el sistema económico que tengamos, sin un empeño colectivo por esforzarse en la senda del conocimiento, el futuro será de pobreza. ¿O es que creéis que el socialismo hace llover riqueza? La URSS se puso a la cabeza en la exploración espacial tocándose los huevos, de colegueo, y no me agobies con más materia?

    Señores, cada vez que vais al súper y escogéis una marca de yogur y no otra, estáis sentenciando una (atroz, por supuesto) lucha competitiva, entre las marcas de yogur por ser la elegida. ¿Os parece mal? A mí no, en absoluto: quien lo hace bien, se lleva el premio (de ser elegido). Para ello hay toda una empresa detrás procurando poner el mejor producto al mejor precio posible. Y si no lo veis en el terreno de los yogures, podéis verlo en la tecnología. Mira, un ejemplo que me gusta mucho. A finales de los ’70, principios de los ’80, empezaron a llegar las motos japos a Europa. ¿Qué ocurrió? Eran más ligeras, más manejables, más rápidas, más fiables que las europeas. Y más baratas. Resultado: escabechina de marcas europeas, de las cuales sólo quedaron vivas un puñado (en carretera, BMW, Ducati y Aprilia y para de contar, del medio centenar que había). ¿Malo? Para los propietarios de estas fábricas, claro, la comparación ofende…al que sale mal parado de ella. Pero a los usuarios, pasar de los armatostes que hacían los germanos, a las diabólicas GSXR, CBR, FZR o ZXR era como entrar en el túnel del tiempo. Simplemente, la industria europea había quedado desfasada.

    Eso es progreso! Sin esa competición por lograr soluciones tecnológicas más eficientes, connatural a la naturaleza humana, seguiríamos cazando antílopes a pedradas. Pero llegó un tipo listo con un arco, y comía más, y si descendencia tenía mayor supervivencia.

    Esto excluye la colaboración? Claro que no. Dentro de cada empresa de yogur, o de motos, los trabajadores colaboran para lograr un mismo objetivo: que cuando llegues a la tienda, escojas su yogur o su moto.

    En la caza, el grupo que llevaba arcos tenía también que colaborar. Pero al estar más avanzados tecnológicamente se impusieron sobre aquellos grupos que cazaban a cantazos, colaborativamente, pero menos eficientemente. Y así los pueblos que dominaban el hierro se impusieron sobre aquellos que aún forjaban sus armas en bronce. Y los carros hititas hicieron una escabechina entre las filas egipcias, hasta que éstos copiaron esa tecnología. Mientras que las civilizaciones del creciente fértil progresaban gracias a sus conocimientos sobre irrigación. Roma se meó sobre todos los pueblos de su entorno gracias a su superioridad civilizatoria, mientras en la otra punta del mundo China hacía lo mismo. Luego vino el colonialismo europeo, que explica por qué en México se habla la lengua de Castilla y no en Madriz el náhuatl. El apogeo francés, su relevo por el Imperio Británico y la desarrollada Alemania. El reparto de USA y la URSS de todo el orbe, y ahora la vuelta al terreno de juego de las potencias orientales. Los pueblos más desarrollados han progresado y vivido en la abundancia, y los que se han descolgado del camino del progreso han quedado sometidos por éstos o, al menos, en los márgenes de los intercambios comerciales y culturales. Y también la historia nos enseña que no hay ninguna predestinación de ningún pueblo sobre otro. Pueblos que un día estuvieron en la cabeza de carrera, ahora se arrastran en la cola (los actuales Egipto e Iraq, por ejemplo) o en un segundo plano (Italia o España).

    En resumen, que por ser blanquitos y tener un pasado imperial, no nos libra del hambre como no espabilemos. Y a quien no le guste la competición, que le eche azúcar, porque hay pueblos que están deseosos de salir del subdesarrollo y presionando muy fuerte (ha llegado China, miedito cuando llegue la India, otra potencia demográfica que también está creciendo como un obús), además de los ya establecidos (Alemania, USA, Japón). Si no quieres estudiar, acabas haciendo gimnasia en el andamio por cuatro perras, eso es valido para las personas, pero también para las naciones.

    Dicho de otra forma: si quieres algo, tienes que aportar algo a cambio. Algo que le interese al resto del planeta. Si no sabemos hacer nada bien, mejor que otros, más eficientemente, poniéndolo a mejor precio, no obtendremos los recursos para adquirir lo que queremos y no tenemos, que producen los demás. Y mucha puta naranja hay que exportar para pagar toda la energía y toda la tecnología que nos viene de fuera… Y nos tendremos que endeudar para conseguirlos, que es lo que hacemos ahora. Pero eso durará hasta que pete. Y luego? Hambre y miseria.

    La misma historia que un niño vago que cree que por ser guapito va a estar toda su puta vida tocándose los huevos, estudiando lo mínimo, y doctorándose en la Play. Dolores se llamaba Lola.

    Comentario por Mendigo — 19 agosto 2015 @ 8:26 | Responder

    • “La misma historia que un niño vago que cree que por ser guapito va a estar toda su puta vida tocándose los huevos, estudiando lo mínimo, y doctorándose en la Play.” Jajajaja. ¿Por qué te metes conmigo si yo estoy aquí callado sin decir nada? Ay… qué dura es la vida…

      Estoy de acuerdo con lo que dices y sin embargo me parece que tiene un poso de legitimidad el planteamiento de Ocol, Miguelito o cualquiera que echando un vistazo a su alrededor advierta que la competición lleva también a la justificación de comportamientos psicopáticos de unos agentes, económicos o políticos, contra otros. Tú mismo has puesto algún ejemplo de civiliazaciones que progresan más que otras y se “mean” sobre los pueblos de su entorno. O podríamos mencionar situaciones en las que se desea la desgracia de un compañero por el beneficio que alguien puede obtener de esa desgracia a título individual. ¿Es posible desarrollar un sistema económico, o un modelo de sociedad, que teniendo lo mejor del modelo competitivo mitigue de alguna forma esa otra cara oscura? Porque me parece que el modelo actual lo que hace es precisamente incentivar, al menos en líneas generales, el individualismo psicopático, con las consecuencias sociales que ello conlleva. Y no sólo lo incentiva sino que lo justifica. Al menos en líneas generales, vuelvo a insistir. Parece que el progreso es un deber ético -deber que va más allá de los beneficios evidentes que el desarrollo industrial y tecnológico aportan a las personas que pueden beneficiarse de ellos, podríamos decir que el de progreso es un concepto reificado- y que por lo tanto, cuando aquellos que no cumplen con su deber sufren, no están recibiendo sino un justo castigo, aunque ese sufrimiento esté provocado no sólo por el atraso objetivo de la región, sino por el abuso de otras regiones más desarrolladas. Al final queda todo muy cristiano. La puta obsesión con la culpa y el castigo… y el beneficio que los poderosos obtienen de ello. Por supuesto el concepto de clase atraviesa toda la cuestión. ¿Por qué vamos a solidarizarnos con el pueblo griego (o español o…)? Al final no tienen más que lo que se merecen.

      Vale que sí. Que hay que generar riqueza, es cierto. Si vives de puta madre y no generas riqueza es que alguien está generando riqueza y no está viviendo tan bien, y parece que esto sólo nos molesta si esto nos pasa a nosotros (incluso aunque en realidad no generemos tanta riqueza como nos creeemos) o a un familiar, amigo o vecino, pero si le pasa a un negrito del África pues que se joda y que no vengan aquí a robarnos el trabajo, y lo dejo aquí que si empezamos a enlazar temas esto se prolonga hasta el infinito. Pero volviendo a España (conozco mejor el caso español que el griego) y al concepto de riqueza, hay que hablar también sobre el tipo de riqueza que se crea. Porque me decías hace unas entradas que en épocas de burb uja inmobiliaria en España se creó riqueza, y vale, es en cierto sentido cierto. Y se creó además mucha “riqueza”.Pero fue una riqueza tóxica que engordó unos pocos bolsillos a la vez que difundía toxinas por todo el sistema, y cuando este colapsó el concepto de clase entró en escena y estamos donde estamos. ¿Hay que hacer al pueblo español responsable del modelo de creación de “riqueza” promovido por ciertas élites tanto españolas como internacionales? Élites que por cierto se enriquecieron (ahora sí sin comillas) muy mucho durante la época de “milagro económico”. No lo creo.

      PD: Digo que el modelo actual incentiva y justifica el abuso, sin embargo esto no es algo ni nuevo ni exclusivo de nuestra sociedad. Pero tanto que hemos avanzado en los aspectos técnicos de los modelos de producción, ¿no podríamos avanzar algo más en los aspectos sociales?

      Comentario por Arnotegi — 19 agosto 2015 @ 14:04 | Responder

      • ajajjaa. Se aceptan tirones de oreja!!! Es cierto que somos un pais un poco vagetes y acomodos, tambien tenemos que cambiar el chip en ese sentido.

        Comentario por Miguel — 19 agosto 2015 @ 19:55 | Responder

        • Vagos no, al menos las estadísticas muestran que curramos más que la media europea. Curramos, mucho, pero no somos productivos con nuestro trabajo.

          Apoltronados mentalmente, probablemente sí. Típico de un país que viene de salir de un régimen totalitario, donde el modelo de trabajador era el burócrata gris que no destacaba (porque hacerlo podía ser peligroso), hacía sus horas y a casa sin complicarse la vida. Síp, yo también creo que deberíamos tener más vidilla para ser más creativos, productivos, osados. Pero es que, realmente, no hay un sustrato fértil para experimentar y crear cosas. Todo lo que se salga del sota, caballo y rey, nadie lo entiende ni quiere complicarse la vida probando.

          Comentario por Mendigo — 20 agosto 2015 @ 14:20 | Responder

      • Mendigo mandame un privado y comparto unas cuantos fotos del viaje por Galicia. No te cabrees tanto con nosotros!!!😉

        Comentario por Miguel — 19 agosto 2015 @ 20:01 | Responder

        • Enviado!
          😉

          Comentario por Mendigo — 20 agosto 2015 @ 11:28 | Responder

      • @Arnotegui. Juas, juas, juas, juas.

        Vaaaaale, no te ofendas. Retiro lo de guapo. XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

        No, en serio. Que tampoco quiero ir yo aquí de nada, yo soy el primero que, en la carrera, aplicó la LME (Ley del Mínimo Esfuerzo). Lo de esforzarse por aprender debemos aplicárnoslo todos, yo el primero. De hecho, soy muy muy crítico con la deficiente educación que recibí en la uni (bueno, y en el resto de mi vida estudiantil). Creo que podría haber llegado más lejos, con mejor profesorado. Pero la mayoría, sólo estaban pendientes de currar lo menos posible, fichar, cumplir y ahí os quedáis. Aún más fieles seguidores de la LME que los alumnos. Sus apuntitos y no los saques de ahí, que les entra vértigo. Al acabar la carrera, propuse al catedrático alguna vía para seguir investigando, y me miró con cara rara de ¿a mí qué me cuentas? Coge tu título y lárgate, como los demás. Me limpio el culo con mi titulito, la verdad.

        Lo de la competición: sí, tiene su cara aciaga. Por eso, el marco de actuación debe ser una legislación común para todos. Cada empresa debe lograr la máxima productividad de sus trabajadores…pero ojo, las 8 horas son un límite infranqueable (de hecho, podíamos bajarlas perfectamente a 6). O, por ejemplo, hay unas normas de seguridad y salud en el trabajo que son sagradas. O no puedes lograr incrementos de productividad si con ese nuevo método emitimos sustancias tóxicas.

        Como parece que entendió bien Ocol, es establecer un marco legal claro, para que la competición no consista en reducir los derechos de los trabajadores o destruir el medio natural. Y, a partir de ahí, que gane el mejor.

        “¿Por qué vamos a solidarizarnos con el pueblo griego?” –> No, si yo me solidarizo. Total, sale gratis… Aquí tienen toda mi solidaridad y un montón de besos. MUAKS, MUAKS, MUAKS. Aupa Grecia!

        Ahora bien, o espabilan, o van a regresar a la miseria de la que salieron con artimañas contables a velocidad de crucero.

        Que otras regiones más desarrolladas abusan…sí, claro. Por que pueden. Porque la población, la mayoría de las veces la clase alta conchabada para la mejor explotación del pueblo (táctica que ya usaba Roma) se lo permite.

        Sobre el modelo de crecimiento. ¿Qué progreso aporta construir una urbanización a pie de playa? Jodes un espacio natural y bueno, sí, ofreces alojamiento a unos ingleses, es un servicio y, por supuesto, eso también es riqueza (pero el espacio natural también lo era, y ha sido destruido). Pero ahí se acabó la historia. Ya no queda más suelo urbanizable en la franja costera que urbanizar.

        Hay que crear riqueza, pero crearla de forma sostenida en el tiempo. Se pueden invertir 100M€ en hacer una urbanización o en montar una empresa de macrocapacitores, por poner un ejemplo. A corto plazo, la primera, pelotazo seguro. Pero a medio y largo plazo, cuál inversión tiene más visos de seguir creando riqueza?

        Sobre la culpa y el castigo. No se trata de eso, sino de que las decisiones tienen consecuencias.

        “¿Hay que hacer al pueblo español responsable […]?” –> Vamos a ver, no es que baje Visnú del cielo, señale a los españoles y truene ¡culpables! Simplemente, el pueblo (y dentro de éste, especialmente los quintiles inferior) es quien sufre las consecuencias de las malas políticas. ¿Justo, injusto? Pues será injusto, pero si el PIB se desploma y el paro se dispara debido a un modelo de crecimiento insostenible que llegó a su fin, a reclamar al maestro armero. Simplemente, no hay más ladrillo que colocar a los pensionistas ingleses o alemanes, y no tenemos otra cosa que ofrecerle al mundo, a cambio de su petróleo, su gas, sus ordenadores y móviles chulones. Puedes decirles…¡es injusto! ¡no sabíamos a quién elegíamos! Po fueno, po fale, pero no esperarás que ahora te regalemos la energía o la tecnología. Si tienes, pagas por ella, y si no, te endeudas, y si no pagas, pues no te vendemos.

        Sobre los aspectos sociales…bueno, se ha prohibido el trabajo infantil, hay legislación (insuficiente) para que las mujeres cobren lo mismo, hay jornada de 8 horas (que se incumple), permisos, vacaciones pagadas…desde luego, sí que se ha progresado. Por supuesto, hay que dar pasos adelante y ninguno atrás. Y yo creo que uno fundamental es que el trabajador tenga la propiedad de su puesto de trabajo, y participe en su dirección (que no gestión, que debe ser labor de un profesional). Estoy convencido de que eso cambiaría totalmente el panorama, con implicaciones decisivas en la psicología social de la sociedad.

        Comentario por Mendigo — 20 agosto 2015 @ 12:45 | Responder

        • Mendigo, al tomar como punto de partida que la competitividad es lo que genera la voluntad de esfuerzo, eliminas todas las otras posibilidades. Además de arriesgarte a errar totalmente en tus conclusiones si tu planteamiento de partida está equivocado.
          Y lo está.
          La competitividad lo que genera es la voluntad de ganar. O de no perder.
          Para lo cual, unos se esfuerzan, sí, pero otros, no. Otros aprovechan otras circunstancias, como el nepotismo, compadreo, clientelismo, enchufismo, etc., para ganar esa competición.
          Esto es, dependiendo del entorno en el que vivas, la competición puede ser hasta perjudicial, porque causa, al promover esas otras circunstancias, de que multitud de puestos de trabajo importantes para la sociedad estén en manos de personas incompetentes para desempeñarlos.

          Que tú planteas un marco legal que anule esas otras circunstancias y convierta la competición en meritocracia. Bien, de tenerlo sería genial.

          Pero el problema es que esas otras circunstancias están ahí, ahora, y que van a impedir la creación de ese marco legal adecuado: no puedes crear una competición justa si todos los que controlan la competición quieren que esa competición sea injusta, porque de ser justa, ellos no ganarían.

          Imagínate que tienes un puesto de trabajo relevante del que hay 500 puestos, y 5000 aspirantes. Y hay que crear un marco legal para que los 5000 aspirantes compitan por los 500 puestos.
          Lo normal es que, de esos 5000 aspirantes, haya tal vez, 400, 600 ó 1000 que quieran un marco legal justo, que premie realmente “mérito y capacidad”. Son los que piensan que pueden ganar en condiciones justas.
          Pero los demás aspirantes, la gran mayoría, saben que, en igualdad de oportunidades, no van a ganar. Se van a quedar sin su puesto de trabajo. Pero, en una competición no tan “limpia”, donde factores como tener amigos sean más relevantes que los méritos… podrían tener su oportunidad.
          Así que los más empujarán para que la competición no sea limpia.
          Extiende eso a todos los sectores, a todos los trabajos, y tienes una barrera infranqueable a la hora de poner en marcha un marco legal adecuado: que la mayoría no lo quiere, porque les convierte en perdedores.

          Es decir, que tu marco legal es irrealizable mientras no haya un cambio de mentalidad generalizado de la gente. Esa condición es necesaria a priori. Y no la tienes, ni la vas a tener, mientras plantees una sociedad basada en la competitividad.

          Si quieres una sociedad de ganadores y perdedores, muchos te dirán, o pensarán, de acuerdo, pero no vamos a competir a tu manera, no vamos a competir de forma justa, porque eso nos perjudica, así que métete la meritocracia donde te quepa. Aquí vale todo y si no te gusta, te jodes.

          Por eso hay que buscar una alternativa. Está claro que hay que conseguir que cada persona haga el trabajo para el que esté más cualificado, pero la competitividad no va a ser lo que nos lleve a ello.

          El trabajo no es algo por lo que habría que competir, para ganar premios mejores o peores o, simplemente, para sobrevivir. El trabajo es una necesidad social para alcanzar, individualmente, pero también como comunidad, una suficiente calidad de vida o, simplemente, para sobrevivir. Y como tal debe enfocarse. Trabajar es una responsabilidad, que debemos asumir todos. Y como tal, todos deben recibir el beneficio de ese trabajo. Un beneficio que no necesariamente tiene que adoptar la forma de dinero. Puede ser también tranquilidad, felicidad, realización personal…

          Si no hay competición, si no hay premio para los ganadores, también desaparecería parte del incentivo para todos esos incompetentes que hoy en día desempeñan de forma nefasta trabajos clave para la sociedad, como por ejemplo, en Educación. Dejarían el espacio libre para la gente verdaderamente competente.
          Y a su vez, al no haber premio para los ganadores, no es tan perjudicial para enchufados y demás renunciar a sus puestos de trabajo y asumir otros. Ello, en una sociedad basada en la cooperación, no les convierte en perdedores, como sí ocurre en tu propuesta.

          Una sociedad de iguales (cooperativa) es más asumible, mayoritariamente, que una sociedad competitiva meritocrática donde, la mayoría, serían perdedores.

          En fin, hablamos de utopías, pero esto es como los infinitos, no todas las utopías son igual de alcanzables.

          Comentario por Ocol — 25 agosto 2015 @ 0:04 | Responder

    • La virgen !!!! vaya respuesta

      Sin entrar en el fondo de la argumentación, que ya de por si es bastante preocupante, los ejemplos que pones son para echarse a temblar:

      ¿Quienes eran más leídos, más formados, más trabajadores, más productivos… los romanos o los francos? ¿Los cultos y organizados aztecas, o incas, o los pastores de cerdos que acompañaron a Hernán Cortés o Pizarro?

      Los pobres sumerios, tan cultos para su época, que inventaron la escritura, que inventaron la agricultura, que consiguieron acabar con el hambre, que eran, en suma, unos hachas en productividad, acabaron en el arroyo. ¿Porqué? pues porque unos nómadas pastores de cabras o recolectores de miel, que no producían una mierda, que no se quitaban el hambre de encima un años si y otro también, unos ignorantes, incultos, que lo único que tenían de ¿bueno? era su falta de escrúpulos a la hora de robar y cortar cabezas, los invadieron y se quedaron con su país (y que cuando se volvían elllos mismos cultos y productivos, sufrían el mismo destino a manos de otros nuevos nómadas).

      O sea, que eso que defendías un poco antes: estudia, trabaja, se productivo, como los sumerios, ahora reniegas de ello??? ¿Que nos quieres decir, que mejor ser ladrón y rapaz, como los acadios, amorreos, arios, francos, castellanos…???

      Comentario por santi — 19 agosto 2015 @ 20:25 | Responder

      • Ave María putísima!

        Realmente no es una argumentación, sino la constatación de un hecho evidente a lo largo de la historia: las sociedades fuertes progresan, muy a menudo a costa de las débiles.

        Sobre la superioridad de la civilización romana sobre las tribus galas no cabe ninguna duda (tampoco a los mismos galos que adoptaron pronto los modos de organización romanos). Supongo que quieres decir galos, ya que los francos son un pueblo germánico que hace su aparición en la historia durante el tardoimperio. Por cierto, un estupendo ejemplo de cómo, un Imperio que ya no tiene el empuje cultural de siglos pasados ni genera la suficiente riqueza como para mantener su descomunal limes, se derrumba bajo el peso de una estructura disfuncional y corrompida hasta la médula.

        Que algo así suponemos que le pasó a los sumerios, pueblo que pasado a la historia como muy piadoso, por su estatuaria y documentos encontrados, pero que sin duda tenía un aparato productivo detrás que sostenía un ejército para protegerse de las incursiones de los pueblos semitas. Duró siglos, pero cuando ese sistema colapsó, se cree que por la salinización de las tierras, pero también pudiera ser por el deficiente mantenimiento de los canales debido a un episodio de inestabilidad política, dejaron de producirse excedentes con los que costearse los servicios de estamentos no productivos como los guerreros o los sacerdotes-funcionarios, el Estado se derrumbó y los belicosos acadios se hicieron con el poder. Que, por cierto, la guerra y la invasión no deja de ser otra forma de proveerse de recursos, y así ha sido hasta ayer por la mañana. Ha habido pueblos que han hecho de ella la base de su economía, su forma de progresar. El imperio azteca-mexica, por ejemplo.

        Y sí, indiscutiblemente, la civilización europea que envió a esos porqueros con arcabuces y corazas era muy superior, descomunalmente más avanzada. De hecho, la cultura mexica es ágrafa y cuando llegaron los españoles estaban entrando en el Calcolítico. Unos 5.500 años de retraso respecto a Europa, y ese retraso, una vez que los espacios oceánicos se cerraron, lo pagaron con la libertad y la muerte. ¿Qué hubiera pasado si el Dios Huitzilopochtli le hubiera regalado una flotilla de navíos mágicos que les permitieran arribar a costas europeas? (porque con su nivel técnico y conocimientos de navegación estaban muy lejos de poder llegar por sus propios medios). Pongamos que se acomodasen en esos navíos cinco centenas de Guerreros Jaguar, armados con mazas y picas…masacrarlos, no sería un problema para el más pequeño de los Estados de la Europa renacentista. Los supervivientes, serían paseados por las villas como atracciones circenses. De hecho, medio millar de garrulos no hubieran sido rival para las equivalentemente modernas armas de hierro de los pueblos europeos, si el mágico navío los hubiera trasladado en el tiempo a la Europa prerromana. Y eso que la civilización mexica tenía la guerra como pilar de su economía (depredación del resto de pueblos tributarios), en ella estaban especializados, y en su sector económico eran sólo títeres frente al poder militar europeo. Ni que contar en el resto de disciplinas del saber: inexistente literatura, más allá de la tradición oral, toscos bajorrelieves dos mil años después de Fidias, construcciones monumentales piramidales (la más básica y estable de las formas) milenio y medio después de Vitrubio.

        El epítome de mi comentario no es, evidentemente, que si eres un niño bueno y estudioso se te abrirán las puertas del cielo. Eso es una puerilidad. Sino que una las sociedades más desarrolladas prevalecen sobre las menos desarrolladas. Una de las métricas para medir el grado de desarrollo es en la capacidad de producir riqueza, excedentes con los que invertir en seguir progresando. Por supuesto, otra de las formas con gran éxito histórico es, como mencionas, apropiarte de esa riqueza, en vez de producirla. Bueno, por cuestiones éticas, pero también de sostenibilidad del sistema, propugno la primera.

        Lo de estudiar, investigar, progresar en el conocimiento me parece la forma más efectiva de acceder a la riqueza y el desarrollo, en el s.XXI. Si estuviéramos en otro momento y lugar, quizá considerase más importante armar y entrenar a un gran número de garrulos, para someter a unos cuantos miles de ilotas que currasen por nosotros. Pero hoy eso está démodé. O quizá no tanto…

        Comentario por Mendigo — 20 agosto 2015 @ 14:14 | Responder

        • Dije francos, y dije bien, en concreto los francos merovingios, los más burros de todos los germánicos.

          Comentario por santi — 20 agosto 2015 @ 16:36 | Responder

          • ¿? Pues ahora no sí que no entiendo qué quieres decir. ¿Qué relación tiene la dinastía merovingia con el Imperio Romano? No entiendo. Los primeros reyes merovingios son del s.VI, y hacía más de un siglo que el Imperio Romano de Occidente era poco más de una ficción, para desaparecer formalmente a mediados del s.V a manos de Odoacro.

            De todas formas, los francos, como otros pueblos, estaban bastante romanizados/civilizados, pues servían en el ejército romano (hacía siglos que ningún itálico servía en el ejército) dentro de sus propias unidades.

            Comentario por Mendigo — 22 agosto 2015 @ 11:53 | Responder

            • Pensaba en Clodoveo, caudillo de los francos salios a finales del siglo V (aún en vida de Odoacro), y que se comió poco a poco la Galia galorromana entera, empezando precisamente por el último trozo romano que quedaba, el reino de Soissons, que se convirtió en la primera capital del reino franco en Francia (antes estaban en Bélgica).

              Lo de que estaban civilizados, es un poco de chiste, no? los únicos germánicos que podemos llamar “civilizados” y no mucho, eran los godos de Teodorico (si bien es cierto que cuando los vándalos saquearon Roma, no se comportaron preciamente como “vándalos”).

              Del nivel de productividad de los godos, o de los francos, o de los hunos, da cuenta el hecho de que emigraban llevando a cuestas todo su “capital” (la tienda, las armas y poco más). No fué la productividad de los invasores lo que les hizo triunfar, sino su capacidad de matar. Bueno, eso también es cultura…del saqueo. O tecnología … pero no para producir bienes y servicios para la sociedad, es la tecnología de la muerte y la dominación. La misma que permitió a los “productivos” mongoles conquistar la “improductiva” y “tecnológicamente atrasada” China.

              Comentario por santi — 24 agosto 2015 @ 23:49 | Responder

        • “[…] los francos son un pueblo germánico que hace su aparición en la historia durante el tardoimperio. Por cierto, un estupendo ejemplo de cómo, un Imperio que ya no tiene el empuje cultural de siglos pasados ni genera la suficiente riqueza como para mantener su descomunal limes, se derrumba bajo el peso de una estructura disfuncional y corrompida hasta la médula.”
          “Que algo así suponemos que le pasó a los sumerios […] dejaron de producirse excedentes con los que costearse los servicios de estamentos no productivos como los guerreros o los sacerdotes-funcionarios, el Estado se derrumbó y los belicosos acadios se hicieron con el poder.”

          Bien, en ambos casos podemos darlo por cierto… pero lo que yo digo es que no perecieron ante otros más productivos o más ricos, sino ante otros más pobres e improductivos, aunque, eso si, más agresivos (más burros). Si una máquina del tiempo te hubiera llevado a ti y a tus teorías a los bosques de Germania o a las estepas de Arabia en esas épocas, ni los francos ni los acadios te hubieran hecho ni puto caso, y si te hubieras puesto pesado, te habrían empalado.

          Los aztecas, que tampoco se la cogían con papel de fumar (siempre he alucinado con las “guerras floridas”), tenían efectivamente un desarrollo cultural parecido al de los antiguos egipcios o sumerios, muy atrasado con respecto a los europeos del siglo XVI. Wikipedia dice:
          “Los mexicas se caracterizaban por la explotación de cultivos altamente simbióticos (dependencia a la manipulación humana) (maíz, jitomate, calabaza, frijol, etc.), el uso extensivo de plumas para la confección de vestimentas, el uso de calendarios astronómicos (uno ritual de 260 días y un civil de 365), una sofisticada metalurgia prehispánica ornamental y militar basada principalmente en el bronce, oro y plata ; una escritura en forma de pictogramas el cual era usado para la documentación de hechos y el cálculo de obras arquitectónicas el cual estaba basado en un sistema métrico propio estadísticamente comparable con técnicas similares a la Edad Moderna, el uso extensivo de productos derivados de las cactáceas y agaves, y el uso de cerámico ígneo (Obsidiana) para fines quirúrgicos y bélicos.” Cortés y sus cuates alucinaron al ver Technochtitlan; no habían visto una ciudad tan grande en su vida (hasta entonces ninguno había ido más allá de Valladolid, en la época posiblemente la mayor ciudad de las Españas, junto con Sevilla).

          No fueron los arcabuces ni las corazas (ni los caballos) lo que derrotó a los aztecas (aunque la sorpresa inicial les minó bastante), sino una buena mezcla de política (alianzas con Tlaxcala), desvergüenza (o sea, de política) y viruela, con un adobo de superstición. Aunque a medio plazo, los hubieran conquistado igual a punta de arcabuz o a cañonazos.

          “El epítome de mi comentario no es, evidentemente, que si eres un niño bueno y estudioso se te abrirán las puertas del cielo”… claro, el epítome es que los más cabrones se quedan con las gallinas! Pero también es evidente es que el epítome de los anteriores comentarios y de los posts es el contrario:
          “Una sociedad volcada en identificar y corregir ineficiencias y redundancias, en someter a cada mecanismo de la sociedad a una revisión revolucionaria pensando en la forma de mejorar su desempeño, empleando menos recursos. También una sociedad en la que se valore, recompensándolo, el trabajo bien hecho, y no calentar el asiento durante la jornada laboral. Y, por encima de todo, un respeto por el conocimiento; el espíritu de estudio, de la cuna a la tumba, para la mejora profesional y personal. La riqueza siempre estuvo, y hoy más que nunca, en el conocimiento”.
          Y que conste que suscribo las palabras anteriores. El problema es cuando este conocimiento se refiere a las mejores técnicas de expoliar a tu prójimo. Creo que la civilización consiste precisamente en avanzar desde la brutalidad al respeto hacia los demas (por lo visto, eso es propio de los Mundos de la Piruleta). Por eso me escandalizan los ejemplos.

          Sobre el fondo del argumento (procompetitivo) estoy de acuerdo con lo que dicen Ocol, Miguelito o Arnotegui (otros de la piruleta). Parece que te has pasado al lado oscuro😛

          Comentario por santi — 20 agosto 2015 @ 22:33 | Responder

          • Yo siempre he estado del mismo lado: de la clase trabajadora, y su interés.

            Efectivamente, el lado oscuro.

            Comentario por Mendigo — 22 agosto 2015 @ 12:06 | Responder

    • Mendigo, das por hecho que la competición es la única forma de conseguir “un empeño colectivo por esforzarse en la senda del conocimiento”.
      No es así.
      De hecho, mira el país en el que vives. Hay competición a saco y no se puede decir que ello esté contribuyendo a ningún empeño colectivo por esforzarse.

      La voluntad de esforzarse en la senda del conocimiento puede llegar por incentivos externos (dinero), pero también puede venir por otra vía: la educación.

      Comentario por Ocol — 24 agosto 2015 @ 23:24 | Responder

  6. Y ahora, una pequeña provocación, aprovechando que habláis de meritocracia: Una verdadera meritocracia requiere, entre otras cosas:
    1- Un impuesto del 100% sobre las herencias y donaciones (el capital de mi padre es mérito suyo, no mio)
    2- Una formación estrictamente igual para todos, donde los que más valgan destaquen por si mismos, y no por la pasta invertida por sus padres.

    Comentario por santi — 19 agosto 2015 @ 20:34 | Responder

    • Matizando lo de “estrictamente igual”, el resto lo suscribo íntegramente (como ya sabes).

      Comentario por Mendigo — 20 agosto 2015 @ 11:30 | Responder

  7. […] No es tan sencillo II […]

    Pingback por LA MIRADA DEL MENDIGO | Mesa de Análisis y desarrollo — 25 agosto 2015 @ 2:40 | Responder


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