La mirada del mendigo

24 agosto 2015

Blankets

Filed under: religión — Mendigo @ 14:22

Con esta entrada cierro esta serie (¿trilogía?) sobre la religión. Por ahora, vaya, pues todos sabéis que es uno de mis temas favoritos.

Últimamente, estoy interesándome por la novela gráfica (dicho así, parece más serio que leer un cómic). Como en cualquier otro género, hay montones de basura, y alguna perla. Os recomiendo un autor, Craig Thompson. Hace poco leí su obra Habibi, y es una verdadera preciosidad (como los demás, están en la mulita, en versión original y castellana).

Pero quería traerlo aquí a cuento por otra obra anterior, Blankets, un relato autobiográfico de su adolescencia. Sin ánimo de chafar su lectura, os adelanto que Craig fue educado en el seno de una familia evangélica, en el rural de la Usamérica profunda.

Según el autor va desgranando su vida (arrancándose la piel a tiras, por cierto), sabemos que sufrió abusos sexuales en su niñez por parte del joven que hacía de canguro cuando sus padres no estaban. Sin embargo, y es lo que me parece curioso señalar, según va avanzando el libro el autor no deja ver que aquel episodio le traumatizara gravemente, afectando a su desarrollo posterior. Esa agresión sexual seguro que tuvo consecuencias psicológicas, aunque lo que el autor remarca es el dolor por no haber protegido a su hermano de sufrir también esos tocamientos.

Por el contrario, el verdadero trauma, que se convierte en el eje argumental de la historia, es el desgarro interior al que se vio sometido en su adolescencia para superar su educación fundamentalista cristiana. Insisto, su adoctrinamiento en la fe y moral cristianas le traumatizaron y condicionaron más su adolescencia y primera juventud, que el haber sido objeto de una agresión sexual continuada en su niñez.

Es éste un asunto que sé levantará ampollas, el equiparar la agresión sexual con la enseñanza confesional (es decir, adoctrinamiento infantil). Ya nos encontramos el mismo argumento en el debate con el profesor Dawkins, el cual menciona una mujer que le refirió un caso semejante: una mujer católica que, de niña, fue objeto de tocamientos por un adulto, pero recuerda que lo que verdaderamente la traumatizó durante años fue que le dijeran que una amiga suya, que había muerto, ardería eternamente en el infierno por no abrazar la fe católica.

¿Qué es más grave en el desarrollo de un niño, una agresión sexual o una educación integrista? La pregunta, provocadora, no debe tener una respuesta breve, sino que dependerá, claro, de las circunstancias, empezando por la intensidad de uno u otro abuso. Desde luego, merecería la pena el estudio del daño psicológico provocado por uno u otro (y legislar en consecuencia).

Y un aporte aún más provocador por mi parte: el daño dependerá de lo que la sociedad considere la normalidad. Y me explico: el daño psicológico sufrido, por ejemplo, por una niña al ser violada por su marido (por cierto, elemento que aparece en la última novela de Thomas, Habibi), sólo lo reconocerá si esa niña, cuando sea mujer, alguna vez comprende el ultraje al que fue sometida. Pero, si toda su vida entiende esos episodios reiterados de violencia como algo natural, dentro de la normalidad de su existencia, quizá su cerebro lo acepte como un episodio doloroso más como podría ser una contusión por una caída fortuita. Esto sería lo más terrible de todo: que, falto de libertad, el sujeto ni siquiera sea consciente del daño al que ha sido sometido (igual que un esclavo que considera merecidos los azotes que recibe por descuidarse en el trabajo).

De igual forma, una educación doctrinal sólo se revela inadecuada cuando, más tarde, el sujeto tiene que vivir en una sociedad abierta. La inadecuación de sus valores reaccionarios con el resto de personas con las que interactúa le genera sufrimiento. Sin embargo, si el individuo así adoctrinado permanece toda su vida en una sociedad acorde a esa doctrina, no hay sufrimiento mental (que no daño) al no ser consciente de las limitaciones a las que fue sometido, como bonsai humano, en las primeras etapas de su existencia.

Exactamente igual que la niña violada por su marido (de hecho, esta práctica, la del matrimonio infantil, es una más de aberraciones del conservadurismo de muchas culturas), el niño adoctrinado vivirá con esa herida abierta en su subconsciente con normalidad, pues forma parte de su ambiente social. De hecho, esa deformidad le será socialmente útil, viviendo en ese medio.

El dolor de emanciparse de esa prisión mental que grabaron a fuego en la niñez, lo comparo con el desgarro que debe sufrir una mariposa al salir de la crisálida: es en el esfuerzo por salir del ajustado sarcófago de seda cuando y como se despliegan las alas que, de ser el parto más fácil, permanecerían arrugadas e inútiles.

Lo cierto es que, con este gringo, la naturaleza hizo un buen trabajo.

Y en fin, no quiero despedirme sin recomendar otra lectura, también relacionada con la represión sexual de la variante católica del universal conservadurismo (se le puede llamar patriarcado, se le puede llamar caverna…). Os aseguro unas buenas risas (para no llorar). Son los reportajes de Jot Down sobre:
Sexo en el franquismo I: las secuelas
Sexo en el franquismo II: el regreso a las tinieblas

Tampoco al autor le parece descabellado relacionar el nacionalcatolicismo (expresión autóctona de la corriente europea del fascismo) con los subnormales del Estado Islámico.

4 comentarios »

  1. Genial! Habrá que echarles un vistazo.

    Lo genial del cómic es que, con suerte no coincide que tanto historia como dibujos sean malos. A veces la historia es floja o comercial, pero gráficamente puede ser genial, y viceversa.

    Comentario por wenmusic — 26 agosto 2015 @ 9:59 | Responder

    • A mí me encantaron, los tres libros que he leído. Sí que es verdad que una buena historia puede perdonar una parte gráfica mediocre (por ejemplo, Persépolis). Ahora, el cabrón éste dibuja que te cagas. Especialmente cuidados (se nota que trabajó para National Geographic) los dibujos de fauna. No es un “genio”, sino un currante, un profesional, se nota que se ha trabajado la anatomía humana y animal.
      Bueno, si te lees alguno, ya me contarás. Yo creo que te pueden gustar. Y si sabes de algún otro título…

      Comentario por Mendigo — 26 agosto 2015 @ 12:16 | Responder

  2. En cuanto a las secuelas de la educación religiosa, me parece totalmente normal. Ten en cuenta que no es algo puntual, sino que es algo continuado desde el mismísimo nacimiento. Y además por parte de sus padres, los que cualquier niño toma como modelo indiscutible para desarrollar desde niño la base de todo su mundo.

    Si tus padres viven su vida alrededor de la religión, tu has construido tu base alrededor de la religión, así que romper con ello es como romper todo lo que eres y juntar como puedas los pedazos.

    Comentario por marcostonhin — 26 agosto 2015 @ 14:27 | Responder

    • Exacto. Muy muy construida la última frase.

      Imposible con ayuda de un entorno abierto, imposible si no cuentas con ayuda externa que te permita confirma que no estás loco por pensar de forma distinta a como te han enseñado.

      Comentario por Mendigo — 26 agosto 2015 @ 15:09 | Responder


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