La mirada del mendigo

12 septiembre 2015

Alcouve

Filed under: economía — Mendigo @ 8:58

Las conversaciones con Ramom dan mucho de sí; surgen temas que merecen sacarlos de este intercambio a dos para recabar más opiniones.

Estábamos hablando de los business angels, es decir, inversores que buscan embriones de empresas (start-ups), seleccionando aquellas ideas de las que esperan un fuerte crecimiento, para invertir en ellas.

La idea es buena, y ofrece una forma de financiación a los proyectos innovadores alternativa a la tradicional bancaria (la empresa no asume deuda, sino que comparte la propiedad con el que aporta el capital (equity). Es bien sabido que este tipo de actividad inversora ha ayudado a generar un ecosistemas de empresas muy activo en los USA. Aquí, como me comenta Ramom, el río baja seco.

Por supuesto, no se trata de una labor altruista. El inversor espera obtener rentabilidad económica de una inversión tan arriesgada, adquiriendo empresas que aún no han echado a rodar. Muchas de esas empresas morirán antes de salir del cascarón, pero con sólo una que consiga prosperar le puede compensar el resto de fallos (la ventaja que obtiene de invertir en fases tan tempranas del desarrollo es que las valoraciones de las empresas son extremadamente bajas).

Esta función de trampolín de empresas, es la que desde hace ya un tiempo vengo proponiendo yo para el Estado. Considero absolutamente imprescindible reactivar la actividad económica, y para ello se debe dar apoyo a la creación de un nuevo tejido económico, que entre gente con nuevas ideas. La cuestión es que capital e ideas rompedoras no suelen estar en las mismas manos; un business angel consigue capital con el que regar esas ideas, y esta función puede ser una actividad privada y, además, también puede ser cometido del Estado. Debería serlo, con un 20% de paro la prioridad número uno de cualquier ejecutivo debería ser arrancar de nuevo el motor.

Pero Ramom no está de acuerdo, porque la experiencia le dicta que el Estado, a la hora de repartir subvenciones, es un ejemplo de mala asignación de recursos; por lo que, de convertirse en inversor, seguiría despilfarrándolos en apoyar proyectos ridículos, pesando más los intereses partidistas o personales del adjudicador (porque el Estado no decide nada, porque es un ente administrativo sin voz, discernimiento ni voluntad, son individuos los que toman las decisiones y discriminan cómo se reparten unos fondos).

Lamentablemente, es muy difícil no poder estar de acuerdo con Ramom en este punto.

Ahora bien, yo lanzo la pregunta: ¿es connatural, inseparable, el nepotismo y la corrupción al funcinamiento del Estado? ¿El Estado es, en su esencia, un mal administrador y adjudicador de recursos? ¿O esta incompetencia fraudulenta es consecuencia de un mal diseño del sistema, que permite que individuos dispongan de los fondos del Estado para su interés particular o partidista?

¿No podemos idear otro mecanismo que fuerce al Estado a conducirse diligentemente con sus inversiones? Yo creo que sí (claro, por eso estoy escribiendo esto), pero para ello hay que abandonar el papanatismo que subyace bajo el autoritarismo, la impunidad de los sirvientes del Estado para hacer de un sayo de la capa de todos, porque se supone que obrarán siempre con honor (por ejemplo, las bestias pardas que cogen para antidisturbios).

Si reconocemos que la inversión privada es más eficiente que la pública en la selección de proyectos viables, mi idea es emular su funcionamiento en el ámbito público. Y volvemos al segundo pilar de este blog, la execración del autoritarismo, desactivar los espacios de impunidad que conducen invariablemente a la arbitrariedad y al abuso, como vía para poder alcanzar el primer pilar: la propiedad colectiva de los medios de producción.

Vamos a exponer más detalladamente la propuesta: un inversor privado arriesga su dinero, o el dinero de los partícipes, en caso de ser el gestor de un fondo. Una mala asignación de recursos, invirtiendo en empresas con un corto recorrido vital, provoca en un caso un agujero en su patrimonio; en el otro, acabar de patitas en la calle, por incompetente. Y es que a nadie le gusta perder su dinero. Pues bien, esa asunción de responsabilidades es imperativo copiarla en el ámbito público.

En el caso que estamos tratando, el gestor de un fondo de público de inversión en embriones de empresas (en esta fase no es sólo inversión, sino acompañamiento), debería responsabilizarse de sus decisiones. Si este profesional ha tenido buen ojo y ha escogido bien las empresas (el desempeño de la cartera de sus compañeros serviría como benchmark, esto es, término de comparación), estoy encantado de que a ese trabajador público se le recompense con largueza de acuerdo a su valía. No hay problema, le sale barato al Estado tener gente inteligente a su servicio. Y a este gestor que demuestra su competencia con buenos números (track record, y ya me estoy pasando con tanto barbarismo), se le irán concediendo la responsabilidad de invertir mayores sumas.

Pero para aquellos gestores incompetentes que le estén haciendo perder dinero al Estado, sólo hay un camino: el de la puerta. A la puta calle sin compasión, porque nos empobrecen a todos.

¡Oh, blasfemia! ¡Despedir a un funcionario! Yo no sé en qué “manual del perfecto izquierdoso” está grabado con letras de fuego que no se puede despedir a un funcionario. Anatema. Ahora bien, yo tengo prístinamente claro que mientras el Estado no sea capaz de descartar a los funcionarios incompetentes y sustituirlos con el mejor trabajador que esté disponible en este momento, mientras no se les obligue a asumir responsabilidades de su desempeño en el trabajo, nada que promueva el Estado podrá ser justo ni eficiente, y seguirá primando el compadreo, la corrupción y la mediocridad derivada del que, haga lo que haga, sabe que se va a llevar a casa un dinerito seguro. Yo tengo un principio muy distinto: el Estado debe contratar al mejor en cada momento, y este trabajador debe estar al servicio del Estado, y no al revés.

¡Póbrecito funcionario! No veo por qué. Si quiere evitar ser despedido, hay una solución clara: ser competente. Por cada funcionario incompetente que calienta su silla, hay un joven aspirante mejor preparado que no encuentra trabajo. ¿Quién da más pena? El principio meritocrático es claro en su exigencia: cada puesto ha de ser ocupado por el más capacitado que esté disponible en ese momento (que no quiere decir que sea el mismo, pasado unos años).

De hecho, de hecho, siempre aconsejo incluir la imbecilidad supina en el Código Penal. De esta forma, aquel gestor que dilapidase neciamente recursos públicos (como hicieron, por ejemplo, los directores de cajas) respondiese de su incompetencia criminal con su patrimonio particular. Por supuesto, en la medida de sus responsabilidades, cuanto más alto es el cargo, mayor debe ser la responsabilidad asumida. ASUMIDA. Las responsabilidades se asumen, no sólo se es un alto cargo para cobrar, y luego escurrir el bolso cual fulana cuando vienen mal dadas (ver comportamiento innoble de los directores de ADIF y Renfe ante el accidente de Santiago, cargando todas las culpas sobre el último eslabón de la cadena de mando).

Y, de ser demostrado que el gestor público dejó que criterios personales dirigiesen sus inversiones (conceder financiación a familiares, amiguetes o empresas afines al partido), que acabase con los huesos en la cárcel. Para ello, por supuesto, debe darse un supuesto: transparencia absoluta en todo el trayecto que siga cada euro público.

Ahora sí. Con estas premisas, sutiles cambios en la administración, creo que ya el Estado está en condiciones de convertirse en inversor (business angel, venture capital, capital semilla o como demonios le queramos llamar), y promover la creación de nuevas empresas aportando financiación para aquellos proyectos (en varios estadios de ejecución) de los que se estime van a generar riqueza (porque para destruir riqueza, subvencionar proyectos estructuralmente deficitarios, mejor nos estamos quietecitos).

Los que triunfen, tendrán como accionista al Estado, al cual deberán rendir cuentas como a cualquier otro accionista y el cual cobrará cuando se reparta el beneficio. Pero será un accionista que podrá pensar en la viabilidad de la empresa a largo plazo, y pensando en ella deben establecerse los incentivos y la evaluación del representante del Estado en el Consejo de Administración (otro profesional de la gestión que deberá rendir cuentas de las empresas a su cargo).

La economía es la ciencia de administrar recursos limitados. La rentabilidad no es sólo una medida propia de una economía capitalista, como muchos creen. En la Unión Soviética se estudiaba, y en ocasiones con mayor detenimiento y acierto que en el campo capitalista, la rentabilidad de cada inversión. Porque los recursos son limitados, y la rentabilidad mide la eficiencia en la creación de riqueza a partir de unos recursos empleados. Una empresa que no es rentable, está destruyendo más riqueza que la que consigue generar. Si esta situación (natural en los primeros pasos de un proyecto empresarial) perdura en el tiempo, nos empobrece a todos. Una empresa es una máquina de generar riqueza; si en vez de generarla, la destruye, es un monstruo infernal, una aberración económica que hay que desactivarla cuanto antes, antes de que ese zombie siga canibalizando recursos).

NOTA: Que nadie confunda una empresa pública con un servicio público. Un servicio público no está sometido al criterio de rentabilidad económica, aunque sí debe ser regido por el de la eficiencia en la prestación de ese servicio. Lo digo porque hay quien juega a la confusión entre ambas.

NOTA II: Que nadie piense que propongo limitar la inversión privada en start-ups o cualquier otro tipo de empresa. En modo alguno. Muy al contrario, pretendo sumarle a su (parca, en España) capacidad inversora, la descomunal potencia de fuego del Estado (¿cuántas empresas, puestos de trabajo se podrían haber creado con los 40.000M€ del rescate de Bankia, 8.500M€ del rescate de la CaixaBosta gallega, 13.000M€ de su homóloga catalana…?).

Con 5 millones de parados, la reactivación de la economía debería ser la primera de las prioridades de todo programa político de cualquier signo. Hasta aquí lo que yo propongo; si hay quien tenga una idea mejor, que la exponga, pero hasta ahora no he encontrado nada en ningún programa político.

+

Por cierto, por si alguien tiene la curiosidad de saber el significado del título de esta entrada. Es el término patrimonial gallego, ya que la conversación original con Ramom era en esta lengua, para referirse a…un semillero. Ou sementeiro, ou pebideiro, porral...

21 comentarios »

  1. La idea es muy buena mendi pero el problema va a ser el de siempre nuestra deplorable clase política que en vez de contratar al mejor disponible meterán al torpe que no saben donde encasquetarlo y este hará lo que mejor le parezca. Roig el de mercadona creo una plataforma para star ups y puso al frente a uno de sus mejores ejecutivos, yo creo que lo mejor y más barato es un cambio legislativo que facilite la creación de empresas y recorte los trámites necesarios para crearles y que los impuestos que se cobrar por arrancar la empresa se supriman

    Comentario por Corvo do Anllons — 12 septiembre 2015 @ 16:35 | Responder

    • No es la clase política, sino la deplorable condición humana que trata de sacar partido propio a costa del bien común. Pero para evitar abusos, es que se tiene que diseñar el sistema inteligentemente, también en el caso de la política de selección de personal. Con pruebas bien publicitadas, objetivas, y luego un seguimiento del rendimiento del trabajador, que determinaría el progreso de su carrera.

      Lo que propones, de eliminar burocracia (la pastarrufa que se sacan los notarios y registradores sin aportar valor) e impuestos para la creación de empresas, es una medida perfectamente compatible con lo que yo propongo. Y alguna más: pinchar la burbuja del suelo industrial/comercial, pues gran parte de los beneficios de la empresa se van a retribuir la propiedad del que nada arriesga, nada nuevo crea.

      Comentario por Mendigo — 13 septiembre 2015 @ 7:12 | Responder

  2. Hola chic@s!! Totalmente de acuerdo!!! Me gusta la idea de q el propio estado sea capaz de incentivar y apoyar nuevos proyectos. También habéis abierto el tema de los funcionarios. Deberíamos hacérnoslo mirar el tema de los funcionarios. ¿Porque tenemos q pagar todos la sobre protección de un trabajador q no aporta nada? Sin embargo a investigadores del CSIC, conozco un caso en particular, he imaginó que será la tónica habitual, se le renueva la beca- contrato cada año.

    Impuestos y burocracia a nueva empresas como comenta corvo sería también un punto de partida muy interesante y creó que de “fácil aplicación”, porque el tema de los funcionarios…(muchos votos en juego)

    También creó haberlo comentado alguna vez, no estoy de acuerdo con las subvenciones q otorgamos a la ligera. De echó no me gusta el concepto de subvencionar y creó q deberíamos cambiarlo por el de papa estado te presta a intereses muy bajos (a los bancos si) y tu lo inviertes en innovación, mejora de equipos o simplemente en echar a rodar tu empresa con nuevas ideas ( a caso no se supone q los bancos hacen esto y sacan rentabilidad). Eso siiii, si la empresa no va bien por lo que sea, pues a pagar con tu patrimonio, si te lo gastas en intereses personales y no hay resultados sociales (generas empleo, riqueza a través de impuestos…) entonces el interés de ese préstamo pasaría del 0.1 al 10 como un préstamo de consumo normal.
    Sólo dejaría cabida a subvenciones a cosas mi concretas para apoyar en casos muy concretos. Creó que la mayoría de las veces una subvención es una forma de parchear un problema (pan para hoy hambre para mañana).

    Y por último y como comenta Mendigo el tema de los servicios públicos, por favor q alguien me explique como es posible q las empresas privadas sean MAS EFICACES en la gestión de recursos q deberían seguir un criterio social y medioambiental ante todo.

    Comentario por Miguel — 13 septiembre 2015 @ 9:32 | Responder

    • Miguel, ¿cómo sabes que las empresas privadas son más eficientes?

      No será por comparación… en España no hay realmente empresas públicas para que puedas contrastar. Lo que llaman empresas públicas, son en realidad empresas estatales. Lo mismo reza para servicios públicos y todo lo que hacen funcionarios y contratados directamente por el Estado.

      Público no es lo mismo que estatal. Sería lo mismo si hubiera democracia, pero no la hay.

      La baja eficiencia de las administraciones estatales (falsamente llamadas publicas) españolas es debido a que son administraciones privadas, donde la oligarquía que manda realmente en este país coloca en los puestos de mayor influencia a familiares, enchufados y lacayos varios para que les sirvan a ellos, no al pueblo, que no gobierna ni de lejos.

      Es decir, que la experiencia española lo que puede demostrar, en todo caso, es que la gestión privada es pésima, ineficiente, destructora de recursos… y que necesitamos, desesperadamente, gestión realmente pública. Y para eso necesitamos antes una democracia.

      Comentario por Ocol — 13 septiembre 2015 @ 12:35 | Responder

  3. Y de nuevo el mismo problema. Los principios de mérito y capacidad no pueden aplicarse en un entorno de competitividad, donde hay una gran mayoría de mediocres que por mérito y capacidad sólo tendrían acceso a empleos precarios de baja cualificación. Porque esa gran mayoría de mediocres peleará por los empleos más cómodos y mejor remunerados con sus armas, que ya que no son ni el mérito ni la capacidad, son el compadreo, el nepotismo, el lameculismo o el intercambio de favores. Y hará porque la competición no sea meritocrática. Y, al ser mayoría, impondrán su criterio.
    Fin de la viabilidad de la propuesta.

    Lo siento, Mendigo, pero es lo de siempre. Este tipo de propuestas no pueden salir adelante más que en un entorno de cooperación, donde la mayoría, voluntariamente, renuncie a competir por puestos de trabajos donde hace falta personas de mayor mérito y capacidad. Y en consecuencia, esa renuncia no puede ser penalizada con unos salarios o condiciones laborales poco satisfactorios en comparación con los otros.

    La propuesta es buena, pero antes de poder sacarla adelante hay que cambiar el chip de una mayoría suficiente de la gente. Y cambiar radicalmente la sociedad en la que vivimos. Democratizarla, igualar las condiciones de vida de todos… en definitiva, cooperar en lugar de competir.

    Puedes hacer mil propuestas como esta y no servirá de nada, no mientras no consigamos una ciudadanía dispuesta a sacarlas adelante… esto es, dispuesta a cooperar.

    Comentario por Ocol — 13 septiembre 2015 @ 12:27 | Responder

    • Ocol creo q no me has entendido. Era ironia, queria decir q no comprendo q una empresa privada (entiendo x privada q tiene q sacar un beneficio) pueda gestionar mejor los recursos que una empresa publica y mas cuando el critero de estas empresas deberian ser principalmente social y medioambiental. Para mi empresas publicas deberia ser todo lo q afecta directamente al bienestar general, energia, agua, sanidad, educacion, transporte y algunas mas q me dejare. Con esto no quiero decir q no hayan empresas privadas en estos sectores(aunque estiendo q seria dificil pues papa estado tendria ventaja).

      Tampoco entiendo muy bien tu diferencia de estatal y publica, me parece lo mismo. Aunque estoy de acuerdo q en España si no funciona es culpa de politicos y por ende de nosotros mismos q los seguimos votando.

      Yo si q creo q sea viable un estado como el q plantea Mendigo. Esta claro q hay q cambiar el modelo de sociedad, sino no habriamos llegado en el punto donde estamos. Ademas siempre dicen que los momentos de cambio son despues de las grandes crisis o guerras asi que esperemos q el momemto sea ahora.

      Comentario por miguelito — 13 septiembre 2015 @ 22:30 | Responder

      • Contestación dada por un trabajador con contrato temporal en empresa pública a su jefe: yo he entrado para trabajar poco y cobrar mucho.

        Comentario por Corvo do Anllons — 14 septiembre 2015 @ 15:00 | Responder

        • Corvo, ¿este comentario pretende demostrar algo? Más allá de que el susodicho trabajador no tiene muchas luces. Por otra parte la idea de trabajar poco y cobrar mucho la suscriben muchas personas que trabajan en empresas privadas. Ah no, no es posible. Eso solo sucede con los trabajadores de las empresas públicas. ¿?

          Comentario por Arnotegi — 14 septiembre 2015 @ 16:13 | Responder

        • eyyyyyy!!!! No lo cojo. Lo mismo pasara en la privada. Aparte de esto creo que he especificado en mis comentarios anteriores que los trabajadores de públicos al igual que los privados deberían responder con su puesto ante estas cosas.

          Comentario por Miguel — 14 septiembre 2015 @ 17:48 | Responder

          • Si mi jefe me encarga algo y le respondo así sabes lo que me ocurriría?

            Comentario por Corvo do Anllons — 14 septiembre 2015 @ 19:49 | Responder

            • Depende de quién sea tu jefe y quién seas tú. Si eres un enchufado puedes decirle eso y mucho más, y no te van a despedir, ya sea la empresa estatal o privada.

              Pero eso no ocurriría en una empresa realmente “pública”. Porque en una empresa pública el jefe es el pueblo. Y si se detectara un parásito, no beneficiaria al pueblo tenerlo ahí, y por tanto, se le despediría.
              En cambio, en una empresa privada, puede convenir a sus propietarios que determinadas personas cobren un salario de la misma, aunque sean parásitos. Ahí priman los intereses personales de unas pocas personas (accionistas, directivos).
              Y lo mismo ocurre en nuestras actuales empresas estatales, falsamente llamadas “públicas”. Al ser gestionadas con criterios privados, esto es, al primar en ellas los intereses personales de un grupo reducido de personas (los políticos profesionales que mandan en ellas en cada momento), también está abierta la puerta al parasitismo.

              Comentario por Ocol — 14 septiembre 2015 @ 21:59 | Responder

            • Corvo y si yo le digo eso al mio también. Por otra parte habría que estudiar si eso es asi, si esa persona de verdad no rinde o si no es beneficiosa para la empresa. Entonces a la puta calle!!!! De todas formas no se porque hemos entrado en esta discursion, sigo sin cogerlo.
              100% de acuerdo con Ocol, debería ser mas difícil el enchufe en la publica que en la privada. Al final y al cabo si yo tengo una empresa de fontanería y meto a mi cuñado que es un inútil y un vago ¿Quién me lo puede impedir? luego apretó al resto de sus compañeros y apañado.

              Comentario por Miguel — 15 septiembre 2015 @ 8:49 | Responder

      • “Público” es del pueblo. Esto es, que el pueblo -todos nosotros- no sólo lo costeamos, sino que somos los que decidimos cómo debe funcionar, qué trabajo se debe hacer, para qué deben servir esas instituciones “públicas”… a quién contratar en ellas…
        En España no decidimos nada. Lo deciden todo los políticos o cargos puestos a dedo por políticos. Que no nos representan. Luego estamos hablando de administración o gestión “estatal”, llamada erróneamente “pública”.

        Comentario por Ocol — 14 septiembre 2015 @ 21:44 | Responder

      • Y sí, lo de la ironía no lo había entendido, je, je.

        Comentario por Ocol — 14 septiembre 2015 @ 21:46 | Responder

        • Vale Ocol ya entiendo tu diferencia entre estatal y publica. No estoy de acuerdo con que no tenemos un verdadera democracia. Sino como han dicho algunas veces habria que echarse a la calle de nuevo (otra guerra civil).
          Yo me inclino en que la ciudadanía “vivimos bien” y no queremos ver que esto es insostenible y la gente sigue votando la misma mierda, otros por miedo al cambio, otros pasaran de la política…

          Comentario por Miguel — 15 septiembre 2015 @ 8:51 | Responder

          • Miguel, date cuenta del argumento que acabas de aportar: como admitir que no hay democracia implicaría problemas -“habría que echarse a la calle”-, pues no lo admitimos. Nos convencemos de que la hay, y así no asumimos riesgos… más allá del riesgo de vivir en un Sistema insostenible donde día sí día también a una parte de la ciudadanía se le pisotean sus derechos… pero, mientras no nos toque a nosotros… pues habemus democracia.

            Es decir, no aportas ninguna razón, Miguel. Afirmas que hay democracia como condición a priori, porque no quieres que sea de otra manera.

            Cuando yo afirmo que no hay democracia no lo hago por que me gusten los conflictos o los riesgos. Lo afirmo porque hay evidencias de que es así. Aquí te dejo un enlace con algunas, por si sacas valor para afrontar la cruda realidad:
            http://noalregimendel78.blogspot.com.es/p/por-que-decimos-que-no-hay-democracia.html

            Ah, y el camino a conseguir una democracia real no pasa por una guerra civil -como la del 36-. De hecho, para empezar bastaría con poner en marcha un nuevo proceso Constituyente. Cosa que ya lo consiguieron en el 78 sin ninguna guerra civil… aunque sí echándose a la calle. Eso no nos lo quita nadie. Simplemente esta vez habría que hacerlo mejor a la hora de dotarnos de una nueva Constitución.

            Comentario por Ocol — 17 septiembre 2015 @ 20:09 | Responder

  4. Funcionamiento de un servicio público esencial gestionado por políticos (gracias a los amigos de Lanzarote)
    http://www.lavozdelanzarote.com/articulo/politica/diaz-rijo-inventor-desaladoras-imposible-inalsa-pierda-50-ciento-agua-isla-estaria-inundada/20110914232400068276.html

    Comentario por Corvo do Anllons — 15 septiembre 2015 @ 12:50 | Responder

  5. No me gusta la idea. Bastante tiene el Estado con la labor de gestionar eficientemente los servicios públicos como para meterse en el arriesgado mundo de los negocios. Cuando digo eficientemente me refiero a establecer prioridades y hacer prevalecer el servicio a los ciudadanos, logrando además que se brinden unos servicios públicos óptimos con una asignación de recursos lo más austera posible. El poder de fuego del Estado lo puede reservar para garantizar las pensiones y bajar los impuestos, fomentando en lo posible la emprendeduría empresarial. No es ni medio normal que se le cobre a un autónomo o pequeño empresario desde el día 1, cuando su balanza comercial estará arrojando pérdidas los dos primeros años, como poco.

    El mórbido engranaje administrativo actual, las empresas e institutos públicos, los 17 despropósitos autonómicos repetidos a semejanza de la estructura administrativa de la Administración Central, cada uno persiguiendo sus propios intereses y sin ningún tipo de estrategia de país a corto, medio o largo plazo, todo esto es un problema inmediato y acometer su solución debe ser una prioridad.

    Ya he participado alguna vez y te he dicho que soy funcionario de carrera. Y detesto que se meta en el mismo saco a los funcionarios de carrera de base, los indios que sacan el trabajo, que no participan en modo alguno en el reparto de fondos y de capítulos de gasto, junto a la mafia política que se colocan todos a dedo, tanto si tienen una oposición (para puestos de nivel 28 al 30) como si no la tienen (para puestos de subsecretario, ministro o presidente de gobierno) y que precisamente son los que gestionan la administración, y dilapidan el dinero de todos. El sistema de asignación de puestos de trabajo en la Administración es tan corrupto que ha tocado fondo. La pretendida reforma del partido de gobierno, que ha tenido una mayoría absoluta en la administración central y la mayor parte de autonomías en la última legislatura, ha quedado en humo y les ha retratado: no les interesa porque todos maman de la administración como parásitos. La red clientelar es demasiado grande como para desmontarla.

    La asignación de personal en la administración, particularmente en niveles altos, es en un 90% a dedo. Funciona de la siguiente forma:

    1.- la más habitual, cuando la plaza debe convocarse por concurso: se le incorpora al favorito al puesto de forma provisional, mediante comisión de servicios, para que acumule experiencia realizando las funciones propias de esa plaza, y que serán exigibles unos meses después, incluso dos años después, cuando finalmente salga a concurso. Para más seguridad, incorporan al perfil de la plaza algún mérito relacionado con el currículum del favorito, no necesariamente relacionado con los cometidos del puesto, que aún le permitirá sumar más puntos. Por supuesto, el tribunal del concurso hará siempre todo lo posible por ayudarle frente a los demás concursantes.

    2.- en el caso de un puesto de mando, basándose en la prerrogativa de los superiores de la discrecionalidad y confianza, se nombra a una persona “a dedo”. Esta libre designación, que así se le llama a la asignación digital, está prevista en la ley para casos excepcionales y muy próximos al ministro, pero se ha generalizado hasta la náusea. Es simplemente corrupción, y como tal ha de llamarse. En mi opinión no debería existir libre designación en ningún caso, ni siquiera en los más altos puestos administrativos. La administración debe conservar a toda costa su independencia frente al color político del gobierno de turno. El carácter fijo e irremovible de los funcionarios se estableció precisamente para preservar a la administración de las injerencias políticas y dotarla de independencia.

    Creo firmemente que no hay más que un responsable de que un trabajador público no rinda, y éste es su superior. Evidentemente todos tenemos unos deberes y se nos presupone una moral que nos obliga frente a los demás, pero no podemos confiar en la integridad de todos y cada uno de los empleados públicos. Por ello, también en la empresa privada, se le exigen resultados a los que dirigen, pues en base a esta responsabilidad cobran una retribución muy superior a sus subalternos.

    La clave en la administración es cómo elegir, y cómo exigir resultados, a los que la dirigen. Y me estoy desviando del debate…lo siento. Y yo lo veo tan fácil como esto: todo trabajador de la administración debería cubrir un cuestionario anualmente, OBLIGATORIO Y ANÓNIMO, sobre el desempeño de sus compañeros y sus jefes. Sencillamente. En las bases de datos resultantes podemos tener rankings de los trabajadores más y menos válidos, considerando su capacidad de trabajo en equipo, capacidad de liderazgo, implicación y responsabilidad en el trabajo, habilidades verbales y escritas, lo que se quiera.

    Pero repito, la administración no es la que dilapida los dineros públicos, sino los cuarenta ladrones que PPSOE ha puesto al mando, que a su vez han metido cada uno otros cuarenta y así sucesivamente…todos a dedo. Fuera de los puestos de mando hay funcionarios en su mayor parte honrados y trabajadores, muchos de ellos desmotivados y gestionando como pueden el lastre que supone tener unos jefes nefastos.

    Saludos,

    Comentario por abeja_encoronada — 16 septiembre 2015 @ 18:56 | Responder

    • Buenas, abeja.

      Intento ser breve:

      “El poder de fuego del Estado lo puede reservar para garantizar las pensiones y bajar los impuestos” –> Precisamente hay que invertir en crecimiento para garantizar las pensiones, y precisamente teniendo una cartera de empresas rentables es la forma de bajar impuestos (los que corresponda bajar). La potencia de fuego del Estado es vía endeudamiento, así que mejor que endeudarse para pagar pensiones, es endeudarse para generar riqueza, y poder pagar el día de mañana, con más facilidad, esas pensiones.

      “Bastante tiene el Estado con la labor de gestionar eficientemente los servicios públicos como para meterse en el arriesgado mundo de los negocios” –> Esto no lo he entendido, es como si el Estado fuera una única persona, que no se puede ocupar de todo. Habrá un grupo de personas que gestionen la sanidad pública, y otro grupo de personas que gestionan las inversiones del Estado. Crees que el Estado tenga un 50% de las acciones de Red Eléctrica Española resta en algo competencia a la sanidad o la educación pública? Un razonamiento bastante deficiente, lamento.

      Respecto al tema funcionarial, basta con eliminar esta condición del ordenamiento jurídico, y asimilar los trabajadores públicos a los privados. El que rinde, se le promociona, el que no, a la puta calle.

      Comentario por Mendigo — 16 septiembre 2015 @ 23:01 | Responder

  6. ¿Que si es connatural al funcionamiento del Estado el nepotismo y la corrupción? No creo que sea posible eliminarlas del todo, pero desde luego, tomando como referencia el estado español (y otros muchos con él), sí que se podría reducir mucho su influencia. Por otra parte, el nepotismo no se da solo en las entidades públicas. También las entidades privadas favorecen a los amigos o familiares (la gran familia de los grandes poseedores del capital).

    Por ejemplo. Preguntas: “¿cuántas empresas, puestos de trabajo se podrían haber creado con los 40.000M€ del rescate de Bankia, 8.500M€ del rescate de la CaixaBosta gallega, 13.000M€ de su homóloga catalana…” Mi respuesta, con seguridad demasiado simplificada además de derrotista (se admiten otras) es que: Ninguna. Porque si lo hubieran intentado se los habrían comido como han hecho con Syriza (sin pretender idealizar a estos). Los grandes poderes defensores de la acumulación de capital en manos privadas, que no necesariamente amigos del libre mercado ni de la meritocracia, bien que se han encargado de penalizar a este partido cuando no ha seguido el guión establecido. Sin embargo no había mas que loas al gobierno español en época de boom inmobiliario, y a día de hoy no tienen ningún escrúpulo en promocionar a Nueva Democracia en Grecia o al PP en España y sus políticas de austeridad. Políticas necesarias para salvar a sus grandes amigos, o incluso, forzando un poco el lenguaje, familiares. Y es que los grandes defensores de lo privado intervienen constantemente en lo público. De hecho veo la historia político-económica reciente como una constante invasión de los poderes privados en lo público, viéndose cada vez los estados más debilitados ante estos poderes privados. Y sí, es cierto que los estados a la hora de asignar recursos y repartir subvenciones no parecen hacerlo con criterios demasiado buenos pero, una vez más, cabe preguntarse como asignaron los recursos económicos y el poder del que disponían los grandes bancos a la hora de repartir créditos. La respuesta de los grandes defensores de lo privado ya me la sé: 1) Cargar Toda la responsabilidad de ello a la representación del Estado en las cajas y a la intervención de las administraciones en la actividad económica. Comparto la crítica tanto a la gestión política de las cajas como a la intervención de las administraciones en el desarrollo de AVEs, aeropuertos, carreteras innecesarias o pueblos fantasma y a su interrelación; 2) Acusar a los que decimos que el punto 1) define una parte de la realidad pero no la explica, que en realidad lo que hacemos es defender lo público ciegamente y que eso nos lleva a justificar el punto 1). Paradójicamente, inmediatamente después de esto pasan a defender a los partidos que gobernaron entonces (sobre todo al PP) y a su modelo económico. Parece ser que el único problema es que fueron un poco traviesos pero que en el fondo son buenos chicos. Sin embargo, el agujero creado por el latrocinio directo de los representantes del estado o directivos de las cajas es sólo un mínimo porcentaje del total. Si realmente hubieran hechos las cosas de puta madre, el agujero creado por sus robos no habría sido mayor problema. Lo que ocurre es que es muy difícil que personas con esa baja catadura moral hagan bien las cosas en el sentido democrático del término, cuando acumulan tanto poder sin que haya un contrapoder que les haga frente. El estado habrá sido nefasto en su gestión, absolutamente de acuerdo, no es mi intención defender lo contrario, pero detrás de ellos había intereses privados que también se han endeudado y han promovido un modelo económico insostenible, en ocasiones mandando más sobre los partidos políticos que los ciudadanos a los que supuestamente se deben. Sin embargo los ciudadanos seguimos votándoles en masa aunque podríamos (deberíamos) no hacerlo. ¿Tenemos lo que nos merecemos?

    Pero claro, estás hablando de las start-ups que lo que hacen es precisamente saltarse a los grandes bancos y al gran poder que estos tienen, sobre todo si actúan (como lo hacen, aunque se pueda matizar) coaligados con los grandes poderes políticos. ¿Se podría desde el Estado promover iniciativas de este tipo? Yo entiendo que sí. Lo que no debería hacer es participar en la economía como lo hace en la actualidad. La diferenciación privado bueno y eficiente, público malo malísimo e ineficiente me parece que lleva asociada una profunda carga ideológica. El problema es que es la ideología de los poderosos, los que poseen los medios, y nos están inoculando esa idea hasta el tuétano. Una consecuencia preocupante de esto es que son muchos los ciudadanos que están convencidos de que lo público es malo. Que está en la propia naturaleza de la Política la incapacidad de los políticos de realizar una buena gestión y que si estos roban tampoco es algo que nos tenga que extrañar tanto. En este sentido me ha parecido significativa la afirmación de “abeja encoronada”: “Bastante tiene el estado…” Y si lo público es malo ¿quiénes son los mejores gestores de lo público? Pues aquellos que lo desprecian. Y así no hay manera. Por supuesto con esto no quiero decir que la realidad venga a ser lo inverso. Público bueno buenísimo, privado nefasto. Detrás de lo público y lo privado hay gestores humanos que pueden actuar con más o menos acierto y con peor o mejor intención. Desarrollar estructuras institucionales (jurídicas, administrativas…) que promuevan la transparencia desde luego es algo absolutamente necesario si queremos tener la posibilidad de desarrollar una democracia, sino perfecta (no creo en las hadas), al menos sí no tan imperfecta.

    Resumiendo: la idea me parece muy buena pero no veo posible desarrollarla mientras no haya un cambio de percepción, cultural me atrevería a decir incluso, en las propias bases de la sociedad. Y este cambio, con el poder que a los grandes medios les damos los propios ciudadanos hoy en día, es algo que se me antoja complicado.
    Por no querer extenderme mucho me parece que me ha quedado todo un poco embrollado😦

    Comentario por Arnotegi — 18 septiembre 2015 @ 10:05 | Responder

    • Nas, tronk!

      Te comento brevemente.

      “sí que se podría reducir mucho su influencia [de la corrupción]” –> Como posible, por supuesto que es posible. A no ser que alguien venga a decir que los españoles somos genéticamente inferiores a los alemanes, daneses, fineses…o que tenemos una mayor propensión al a corrupción, sea innata o cultural, lo cual es inadmisible. Porque si la cultura española, además de tortura animal, incluye la corrupción…bueno, pues mejor damos carpetazo a esa cultura y nos asimilamos a otra menos dañina.

      “el nepotismo no se da solo en las entidades públicas” –> Cierto, ni la corrupción. Y la mala selección de personal, y muy especialmente de dirección, es una de las causas de la baja productividad de las empresas españolas. La meritocracia debe entrar, sin duda, en la empresa privada.

      “los grandes defensores de lo privado intervienen constantemente en lo público” –> y no sólo eso, se lucran con lo público. No saben ganar dinero si no es bajo el paraguas del Estado. No saben competir sin tener la baraja marcada, el Estado detrás.

      “la representación del Estado en las cajas” –> Pero el tema de las cajas merece un gran debate, crítico, sobre los controles públicos que existían. Ninguno. Si le damos el control de una entidad bancaria a un tipiño, y no le pedimos responsabilidades, se dedica a hacer de ella…pues eso, lo que hemos visto. Por cierto, creo recordar que de las vascas, ninguna ha caído, no? Realmente creo que en Euskadi vais un pasito más avanzados en el camino de la civilización. Pero vamos, la lección de las cajas hay que estudiarla, y recordarla para que algo así no vuelva a repetirse.

      “el latrocinio directo de los representantes del estado o directivos de las cajas es sólo un mínimo porcentaje del total” –> Por supuesto, y esto es algo que muy poca gente recuerda. El grave daño que le hizo Rato a la sociedad no fue por lo que se sacó de su tarjeta Black, calderilla, sino derivado de si mala gestión (junto con Blesa, más la mala gestión como director del FMI y como Ministro de Economía). Ése es el daño, poner a incapaces e inmorales al mando del timón.

      “¿Tenemos lo que nos merecemos?” –> ¿Acaso lo dudas?

      “La diferenciación privado bueno y eficiente, público malo malísimo e ineficiente me parece que lleva asociada una profunda carga ideológica.” –> En el caso español, privado bastante ineficiente, y público el despiporre de la mala gestión. Porque si en la empresa privada hay, en general, poco interés y capacidad para ser competitivo (mercados cautivos, oligopolios, regulados…), en el ámbito público se aplica el “tor mundo é güeno” y es mil veces peor. Pero no por ser público, sino por la falta de control y asunción de responsabilidades.

      “Detrás de lo público y lo privado hay gestores humanos que pueden actuar con más o menos acierto..” –> Sí, pero debemos establecer incentivos para que esto ocurra. Responder con su patrimonio particular si con su estupidez dilapidan el dinero público me parece un buen acicate, no crees? O, si te tocas los cojones en vez de trabajar o eres un inútil, acabas en el paro.

      “promuevan la transparencia” –> Pero esto debe ser un principio básico. Vamos a ver, en tu comunidad de vecinos, tú vas al administrador y en cualquier momento le puedes pedir las cuentas, las facturas, el libro de actas. ¿Por qué? Porque no es suyo, sino TUYO, eres un copropietario. Pues en tu ayuntamiento, lo mismo, en tu comunidad, lo mismo, y en el gobierno central, lo mismo. ¿Cómo te van a esconder algo, si es tuyo, estamos hablando de tu propiedad? ¿Cómo va a negociarse, por ejemplo, un tratado comercial sin tu conocimiento y consentimiento? Es una aberración! Entonces será lo que sea, pero desde luego no una democracia.

      “no haya un cambio de percepción, cultural me atrevería a decir incluso, en las propias bases de la sociedad” –> Claro, el cambio es considerar que, realmente, nosotros somos los propietarios del Estado. Dejar de pensar como siervos, y pensar como señores, en una sociedad de iguales. Y entender que tenemos derecho a mandar sobre el Estado, pero también sobre la empresa en la que curramos, y que también tenemos derecho a la parte de pastel que nos corresponde de la riqueza que se genera, que con nuestro trabajo se genera. Eso es socialismo.

      Ahora bien, necesitamos un Estado eficiente. Porque si alguien plantea aumentar el Estado, pero con estas premisas, yo soy el primero que estoy en contra. Porque es subvencionar la vagancia, el compadreo y el despilfarro.

      Comentario por Mendigo — 19 septiembre 2015 @ 22:32 | Responder


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