La mirada del mendigo

8 noviembre 2015

Rateros

Filed under: política — Mendigo @ 23:01

En este espacio hemos tratado en infinidad de ocasiones el absurdo legal (quiebra la presunción de inocencia, invirtiendo la carga de la prueba) de dotar de presunción de veracidad a lo peor de la sociedad, a aquellos que no valían para estudiar, pero vagos y cobardes para subirse a un andamio.

Pero ahora, quisiera proponer otro desgarro que la legalidad hace en la justicia: el poder omnímodo y sin contrapeso del juez. Sobre el policía, un magistrado tiene la ventaja de no ser un analfabeto, mas ser una persona leída no es garantía de probidad. El ordenamiento legal desoye la sabiduría tradicional que dicta que el hábito no hace al monje, y efectivamente considera que vestir un uniforme, pantalones por dentro de las botas siguiendo una inquietante estética paramilitar (muy del gusto de tanto aficionado a las armas y la violencia que viste de uniforme) o una ridícula casulla negra con puñetas bordadas, transmuta al individuo que la porta en un ser angelical que no precisa de ser controlado.

Allá donde no hay equilibrio de poder, lo diré una y mil veces, hay arbitrariedad y abuso: es la naturaleza humana, sólo un cínico o un estúpido puede pretender que ciertos elementos están por encima de ella, precisamente los elementos encargados de la represión (es decir, su existencia se debe precisamente al hecho de que la sociedad no esté formada por serafines, querubines y tronos).

justicia

Y ahora, voy a proponer un ejemplo. Hace sólo unos días el Supremo ha dado un puñetazo en la mesa para poner un poco de lógica en los juzgados, permitiendo la acumulación de demandas. Os explico de qué va el tema. Como sabréis, últimamente se están multiplicando los casos de afectados por temas financieros, las preferentes y subordinadas, el fondo de Madoff/Santander, los pagarés de Nueva Rumasa, las cláusulas suelo, las acciones de Bankia, Gowex o Pescanova… Estos afectados, para reducir los costes procesales, se integraban en plataformas que planteaban demandas conjuntas. De esta forma, no sólo podían negociar mejores condiciones con el despacho de abogados que eligieran, sino que, en caso de perder el pleito y ser condenados a costas, también la cantidad sería mucho menor al repartirla entre todos los demandantes.

En principio, parece una idea lógica, ¿no? Unirse y presentar una demanda común entre todos los afectados. Pero llegaba al juzgado, y muchos jueces estaban desestimando esa acumulación de demandas y obligaba a presentar demandas individuales a cada afectado. El resultado es que, a los afectados, les resultaba mucho más costoso luchar por sus derechos (y llevó a mucha gente a desistir, ante el miedo no sólo a una minuta mucho más alta de su abogado, sino la aterradora posibilidad de ser condenado a pagar las costas de los abogados de Bankia, por ejemplo). Otra consecuencia de esta decisión legal es que los juzgados se han saturado con demandas idénticas, en las que sólo cambia el nombre del demandante y la cuantía a reclamar (además del riesgo que ahora reconoce también el Supremo, de obtener sentencias incongruentes sobre hechos idénticos).

Esto me lo contaba una amiga abogada, que está ya harta de ir al mismo juzgado a contarle una y otra vez las mismas cosas al mismo juez, en un teatrillo indecente que costeamos todos los ciudadanos. Yo, en mi cándida inocencia (o ignorancia legal) le contesté que no entendía ese empeño de los magistrados ya que, con esa decisión, se saturaban ellos mismos de trabajo. La respuesta fue aterradora: realmente, para los jueces no supone mucho más trabajo, las sentencias son un copia-pega unas de otras (de hecho, me contó, había leído sentencias en las que, según cada página, cambiaba el nombre del demandante al de otra sentencia anterior), como no podría ser por otra parte pues se trata de exactamente los mismos delitos. ¿Entonces? Pues entonces, así los jueces cobran el plus de productividad por número de sentencias dictadas.

¡ARG! Me quedé fulminado. La imagen de persona que administra justicia, puesta de relevancia por toda la parafernalia que la rodea y blindada por una impunidad casi absoluta en el ejercicio de su labor…y no deja de ser un vulgar ratero de tres al cuarto, que sabotea el buen funcionamiento de los juzgados y, lo que es peor, martiriza a los demandantes, muchas veces gentes de pocos recursos que se han quedado sin ellos, obligándolos a asumir innecesariamente unas costas muy superiores…sólo para llevarse un piquito más a casa.

Podemos recurrir al Spain is different, a la picaresca del Lazarillo de Tormes, a los rasgos étnicos o culturales que ligan hispanidad y corrupción, españolidad y falta de honor, arrastrado por un sobresueldo. Porque de eso se trata, son funcionarios públicos corruptos, que con su comportamiento innoble dañan a los que se acercan a los tribunales buscando justicia y son de nuevo burlados.

prevaricación
Del lat. praevaricatio, -ōnis.
1. f. Der. Delito consistente en que una autoridad, un juez o un funcionario dicte a sabiendas una resolución injusta.
(en este caso, rechazar la acumulación de demandas a pesar de juzgarse hechos absolutamente idénticos)

Pero creo que ya no cuela; al menos desde hace unos años ha calado en la sociedad la intolerancia contra la corrupción, la exigencia de ejemplaridad en la vida pública. Porque ¿qué auctoritas puede tener un ratero para juzgar a otro ratero?

Y el origen de este, como del resto de abusos, como la corrupción política o la explotación laboral, reside en la impunidad de estos comportamientos. Como los abusos policiales o la incompetencia de un funcionario burócrata.

+

Actualizo con algunos enlaces de la privatización de la justicia en USA (fábrica de tendencias):
The Privatization of the Justice System
Arbitration Everywhere, Stacking the Deck of Justice
In Arbitration, a ‘Privatization of the Justice System’
In Religious Arbitration, Scripture Is the Rule of Law

Y aún no han entrado en funcionamiento los TTIP/TTP/TISA.

8 comentarios »

  1. no tenia ni idea que los jueces tuvieran plus por productividad. LAMENTABLE, quieren hacer leyes para mejorar la “productoividad” de los funcionarios y al final solo favorecen a aquellos que quieren perjudicar, los caraduras y listillos. Es como la productividad con los profesores, si es por aprobados, pues todos aprobados y a cobrar. Ahora los que los honestos y justos cobraran menos pq siempre suspenderan a alguno que se lo merece. Españistan

    Comentario por Emilio Fernandez — 8 noviembre 2015 @ 23:10 | Responder

    • Incentivos mal estudiados son contraproducentes.

      Pero si te fijas, los jueces no están moralmente por encima del último Guardia Civil analfabestia, que para cumplir el cupo de multas echa mano de la imaginación. Cada uno barre para casa, indiferente a los conceptos de ética y honor. Mientras no superemos este déficit moral, seguiremos siendo un país subdesarrollado. Españistán.

      Comentario por Mendigo — 8 noviembre 2015 @ 23:19 | Responder

  2. Pego y copio en mi face.

    Comentario por Diego Blasco — 10 noviembre 2015 @ 8:19 | Responder

  3. pues eso:
    de nuevo, no es cuestión moral, de buenos frente a malos
    es cuestión sistémica: si estableces parámetros mercantiles para la educación o la justicia obtienes mercancía-aprobado y mercancía-resolución-judicial.
    Cuando queramos servicio público de educación y de justicia lo mejor será que establezcamos parámetros propios del servicio público (para empezar, democráticos)

    brazos, a seguir ahí en la brecha 😉

    Comentario por escaiguolquer — 10 noviembre 2015 @ 19:14 | Responder

    • A la postre: una torpe política de incentivos, que aplican la noción de productividad en una cadena de producción “número de piezas a la hora” a sectores que sí necesitan un control y evaluación, pero con herramientas más complejas.

      Apertas, tronk!

      Comentario por Mendigo — 12 noviembre 2015 @ 11:24 | Responder

  4. Una buena parte de los jueces en España (no conozco en otros países) no se distinguen mucho de los bancarios que colocaron preferentes entre ancianos, analfabetos y familiares que confiaban en ellos.
    Siempre me ha hecho gracia (es un decir) la inquina contra los políticos, cuando yo no veo que sean más ladrones que cualquier otra profesión. En las que he tenido oportunidad de conocer algo por dentro no veo muchas diferencias. La facilidad para venderse barato y la poca vergüenza son generalizadas y, curiosamente, tienden incluso a aumentar a más estudios/posición.
    En general, el mundo de los juzgados es apasionante (hordas de funcionarios -actualmente- entrando a los edificios judiciales para fichar ¡15 minutos antes de la hora de salir!, las mordidas generalizadas -años 80- que tantos disgustos causaron a hoy alcaldesa de Madrid cuando se enfrentó a buena parte de sus compañeros para ponerles fin, los motines negándose a utilizar los nuevos sistemas informáticos…).

    Comentario por Javier — 13 noviembre 2015 @ 18:24 | Responder

    • Yo he de decir que soy un completo ignorante en temas judiciales, y llevo este analfabetismo a gala: me repele. Supongo que por eso me decepcionó tanto lo que me contaron.

      Lo de los políticos…bueno, realmente son reflejo de la sociedad de la que salen. Por otra parte, como los jueces, la sociedad pone en ellos una responsabilidad muy grande, y deberían ser ejemplo de honorabilidad. Porque si no, qué coño, ponemos a una pescadera de Presidenta del Gobierno y a un encofrador de juez. Al fin y al cabo, si no se espera de ellos más que alcance la moralidad media de la sociedad…

      Comentario por Mendigo — 14 noviembre 2015 @ 23:09 | Responder

  5. Me gusta el sistema judicial ingles porque, en caso de petición de pena de cárcel por parte del Estado, exige la formación de jurado, del que pueden ser parte los inmigrantes legales. Es caro pero es bueno no dejar una cosa tan importante como la administración de la justicia en manos de profesionales ajenos a la realidad de la sociedad.

    Comentario por josemanuel55 — 14 noviembre 2015 @ 13:03 | Responder


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