La mirada del mendigo

30 enero 2016

El eucalipto y el fuego

Filed under: ecología — Mendigo @ 19:02

Por algún comentario en la pasada entrada, me doy cuenta que hay cosas, que para el que vive aquí son muy obvias, que para otra gente no tienen por qué serlo.

Salió el tema de los incendios y los eucaliptos, así que quería explicar alguna cosilla. Me ayudo de una foto que saqué ayer, en un paseo (desgraciadamente, no es difícil encontrar aquí ni eucaliptos ni incendios, más bien lo difícil es encontrar un lugar que se haya librado de ambos).

incendio eucaliptos

Son unos eucaliptos, tras el paso de un incendio hace unos meses. Como podéis ver, los eucaliptos ya están rebrotando. Supongo que muchos pensaréis que tras el paso del fuego, todos los árboles mueren, pero esto no es exacto. Las coníferas, por ejemplo, es muy difícil que sobrevivan pero muchas especies son bastante resistentes, como todo el género Quercus (roble, encina, rebollo, alcornoque…) los fresnos o los sauces. Pero las partes aéreas (es decir, el tronco y las ramas) sí que se pierden irremediablemente (a excepción del alcornoque, por su protección natural ignífuga), y rebrotan del pie (de las raíces). Si os fijáis en las fotos, otras especies como el toxo, también tienen este comportamiento y ya empiezan a volver a brotar.

La cuestión es que, en la mayoría de los casos, el tronco de los eucaliptos no es destruido por el fuego (para cargarse un eucalipto adulto, os lo aseguro, hay que hacerle cosas mucho peores que exponerlo a la llama, tienen una resistencia increíble a prácticamente todo lo que mataría a cualquier ser vivo). Así, pasados unos meses, rebrota, pero no del suelo sino del mismo tronco. En un par de años, nadie diría que un eucaliptar ha sufrido un incendio.

Y ahora, quería explicaros las consecuencias de este comportamiento ante el fuego, un elemento tan propio de Noroeste peninsular como lo puede ser la lluvia.

Una buena parte de los terrenos con eucaliptos no son monocultivos, sino extensiones mixtas. Hay un carballal, y el palurdo de turno planta entre medias de los enormes robles algunas plantitas de eucalipto. Al cabo de diez años, ya han igualado en altura a enormes robles seculares (no es ninguna exageración) y, a partir de ahí, los sobrepasan enseñoreándose del techo del bosque. Los robles siguen ahí, impertérritos. Es el árbol propio de esta tierra, tan majestuoso como tenaz, resistente y sobrio: puede sobrevivir con esos vampiros vegetales al lado.

Pero entonces, viene un incendio. Provocado por el mismo palurdo que plantó los eucaliptos o un vecino. El fuego consume todo, dejando atrás un paisaje calcinado. Pero, como hemos visto, esta negrura es engañosa: tras las primeras lluvias, el eucalipto empieza a rebrotar en todo su fuste. Seguramente, los robles tampoco están muertos. Su tronco está renegrido, pero en primavera vuelven a salir hijuelos de las raíces. Sin embargo, al tener que comenzar de nuevo la carrera en búsqueda de luz solar, y ser el roble de tan lento crecimiento, se ve sobrepasado por los colonizadores, ya que éstos no han perdido la ventaja de la altura. De esta forma, a los dos o tres años del incendio, los eucaliptos ya han vuelto a desplegar toda su frondosidad, impidiendo la entrada de sol a las tiernas hojas del carballo, que de esta forma languidece y muere, veinte metros más abajo. En este tiempo, como mucho le ha dado para levantar un metro del suelo (y es muchísimo, lo hace impelido por las poderosas raíces que sobrevivieron en el suelo).

Así pues, el entorno ha pasado de ser un bosque impenetrable de robles centenarios, a ser un monocultivo de eucaliptos. Para semejante destrucción natural no ha hecho falta más que una mínima intervención humana: plantar unas plántulas de eucalipto, baratísimas (la misma ENCE las vende), vienen en yogurteras como los plantones de huerta, a unos céntimos la unidad. Se hace un hoyito, se introduce la plantita, un pisotón y a correr. Pasados unos años, una caja de cerillas, una mecha de chisquero, un poco de gasolina y desaparecen decenas de hectáreas; cuando se descontrola, cientos o miles.

Es muy fácil matar, demasiado sencillo destruir. Revertir esta destrucción, eliminar las especies invasoras (que no sólo es el eucalipto, también el pino y mucho cuidado con las mimosas, que tienen una tremenda capacidad de colonización) y volver a repoblar con autóctonas, costará un Potosí (que, por supuesto, los accionistas de ENCE no van a querer poner). Que esas plantas crezcan, y volver a disfrutar de esos grandes gigantes de mil brazos… llevará siglos.

Hay una anécdota que cuenta Marco Polo. Cuando regresó de su fantástico viaje, contaba a su regreso las maravillas que había conocido de la civilización china. Entre ellas, mostraba un billete, explicándoles que era una forma de dinero. Obtuvo las burlas de sus provincianos convecinos, incapaces de entender un concepto como el dinero fiduciario. Para probar que ese trozo de papel no valía nada, lo quemaron. Habían hecho desaparecer un billete que equivalía a carros enteros llenos de sus monedas.

La riqueza es un concepto humano, y hay que tener cierta cultura para apreciarla. Las culturas más bajas sólo reconocen la riqueza como la abundancia de bienes tangibles, con los que llenar la panza. En un paso más allá, la Humanidad empezó a darle valor a los bienes suntuarios, aquellos cuyo valor era determinado por la capacidad de denotar pertenencia a un estrato social privilegiado.

Y ya está. Aquí se encuentra la sociedad española: da valor a aquellos bienes materiales que permiten llenar la panza, o alardear ante el vecino.

Sólo unos pocos individuos son capaces de ir un poco más allá, y reconocer la importancia de bienes inmateriales, o materiales cuyo valor va más allá de esa materialidad. Porque ¿qué es una talla de la Piedad más que un leño con formas caprichosas? ¿Qué es un templo romano, más que un conjunto de piedras viejas, apto para improvisar un lugar para guardar el ganado? ¡Cuánto menos es la música, que no es más que aire!

Es el proceso civilizatorio el que les confiere valor. Un portátil sería completamente inútil a un coetáneo del Arcipreste de Hita, por poner un ejemplo. Como mucho, lo usaría para calzar la pata de una mesa, o el más culto lo desplegaría para utilizarlo de atril, en el cual sostener un libro. Y ese libro que leería ¿qué valor tendría en una sociedad ágrafa? Probablemente sería utilizado para encender el fuego, como el billete de Marco Polo, igual que se usaría la talla de la Piedad que antes mencioné para mantenerlo.

De igual forma que se desmontó el revestimiento de caliza de las pirámides (originalmente eran completamente lisas, el brillo del sol egipcio en ella se debía ver hasta en los cuernos de la Luna) para alimentar los hornos de cal, con que blanquear las paredes de las casuchas de El Cairo, nuestros antepasados usaron las piedras de los castros para levantar cercas para el ganado. Y los sillares de antiguos conventos, para levantar sus viviendas.

Para valorar una obra de arte, un monumento histórico, hay que alcanzar un cierto nivel de civilización. Y también pasa lo mismo con la naturaleza o con el patrimonio etnográfico. La gran mayoría de la población está abandonada a la bestialidad, y no reconoce más que el valor de lo inmediato, de lo que le sirve para llenarse el estómago o pavonearse. Ese analfabetismo generalizado es el que explica la devastación del patrimonio natural y cultural de esta tierra.

Dos frases tan típicas como el sempiterno “¿Y tú de quién eres?“:

1. ¿Y para qué sirven los carballos? –> Tras protestar por que estuvieran talando una touza para usarlos como combustible.

2. ¡Sólo venís a sacar las cosas malas! –> Mientras fotografío una preciosa casa abandonada en una aldea.

Realmente, el enemigo de la nación gallega, el que quema nuestros bosques, introduce especies invasoras y deja que se arruine irremisiblemente nuestro patrimonio, es siempre el mismo: LA IGNORANCIA.

Hay que declararle una guerra sin cuartel, poner todos los medios posibles y aún más, para exterminarlo y erradicarlo de esta tierra.

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17 comentarios »

  1. Completamente de acuerdo en todo.

    Comentario por David — 30 enero 2016 @ 20:43 | Responder

    • Me tomo el elogio con el mismo orgullo que un discípulo por el cumplido de su maestro.

      Estás haciendo un trabajo muy grande, compañero. Juntas tu formación como biólogo a tu capacidad como divulgador. Eres de los necesarios, David.

      Comentario por Mendigo — 31 enero 2016 @ 1:20 | Responder

  2. Hola Mendigo:

    Muy buen apunte para todas aquellas personas que tienen la inmensa suerte de vivir en lugares exentos de padecer un problema medioambiental tan grave.

    ¡Si es que es tan sencillo….! Eucalyptus globulus, así como otras especies pertenecientes al mismo género, han desarrollado a lo largo de su carrera evolutiva adaptaciones específicas para recuperarse de los efectos de los incendios en entornos donde la frecuencia de estos, por causas naturales, es, desde hace cientos de miles de años, mayor que en nuestra zona (todos los años aparecen noticias en los medios de comunicación sobre los devastadores y monstruosos incendios que asolan inmensas superficies de territorio australiano). Esa recurrencia del fuego, ¿ha provocado la desaparición del género? No, el género se ha diversificado (más de 600 especies) y prosperado en ecosistemas con ese tipo de perturbaciones tan recurrentes. ¿Cuentan carballos, rebollos, castaños…, con adaptaciones tan eficientes como las que han permitido a Eucalyptus prosperar en ese tipo de situaciones? No, al haber sufrido durante su larga historia evolutiva una menor presión selectiva por parte del fuego, se encuentran en franca desventaja. ¿Cuál es la media anual de incendios en Galicia? Unos 10 000 focos incendiarios, la inmensa mayor parte de ellos provocados. Por lo tanto ¿cuál de los géneros competirá y prosperará con ventaja en una zona con tan alto número de incendios?, ¿eucaliptos, robles, castaños, tejos, abedules…….? Eucaliptos (globulus), indudablemente.

    Y tampoco debemos olvidarnos de sus más que demostradas propiedades alelopáticas. Siendo la alelopatía el efecto dañino que produce una planta sobre otra, se ha demostrado en un buen número de investigaciones, que diversas especies del género Eucalyptus (entre ellas E. globulus o E. camaldulensis) se valen de esa característica para prosperar en perjuicio de otras especies vegetales.

    Un saludo.

    P.D. ¿Has visto lo bien que me he portado en mi segundo comentario del monográfico de músicas kurdas?

    Comentario por Daniel Pérez — 30 enero 2016 @ 23:43 | Responder

    • Madre mía, tenerte detrás leyendo da un poco de cague, por si meto la pata. Al fin y al cabo, me estoy metiendo fuera de mis dominios. Bueno, en realidad es lo que hago en el 99% de lo que escribo.🙂

      Más que viendo, estaba oyendo lo bien que te has portado. Bueno… excepto las Azúcar Moreno esas en versión kurda, que no he aguantado ni unos segundos. Pero yo no quiero que te portes bien! De hecho, me gustó mucho más la primera tanda. Me resulta mucho más divertido cuando pasáis de mi y os ponéis a lo vuestro, y los comentarios acaban saliéndose de madre. Vosotros hacéis que este blog esté vivo (aunque yo voy con la lengua fuera para poder seguir y contestar algo, siquiera por mínima cortesía).

      Por cierto, volviendo al tema… yo estoy procurando plantar bellotas de alcornoque (además de cerquiño, roble y encina), convencido de que es el árbol perfecto para el pueblo (SE de Ourense). Básicamente, un árbol con el uniforme de bombero. Es lo único que puede resistir a los mendrugos de la zona (lo peor de lo peor, aún me acuerdo los 46 incendios en 7 meses, en un solo concello).

      Comentario por Mendigo — 31 enero 2016 @ 0:07 | Responder

      • Al contrario, Mendigo. En este espacio que tú has creado nos has enseñado a todos a argumentar con criterios sólidos nuestras ideas y pensamientos. Y los que no lo hagan así, y encima vengan de malas maneras, me parece muy bien que los mandes a zurcir mierdas con un látigo a la sección de comentarios de cualquier diario digital o al Facebook, al Twitter, al Tinder, al Monger o a cualquier mierda de esas.

        Bueno, realmente, las Azúcar Moreno en versión kurda fue una pequeña maldad (la verdad es que, musicalmente hablando y con todos los respetos, son una gañanada).

        Me parece una muy buena idea. A pesar de que el alcornoque en Galicia nunca llega a formar masas puras (todo lo más pequeñas arboledas desperdigadas aquí y allá o individuos mezclándose entre rebollares y matorrales), sí que es el árbol más indicado para resistir los embates del fuego. Además es de una gran belleza (cuando uno va por esas solitarias y bravías sierras del sur de la península y los ve “despelotados” por las cuadrillas de corcheros, ¡con esos troncos de color rojo terroso…….! ¡¡JODER, DAN GANAS DE HACER UN AGUJERO EN EL SUELO Y FOLLARSE AL PAISAJE!!

        P.D. En relación a lo primero que comentaba. Una vez te leí un comentario expresando lo orgulloso que estabas de haber congregado en este espacio a gente de un gran nivel. Realmente, Mendigo, puedes estarlo. Entrar en “A flor de cedo”, por poner uno de los últimos ejemplos, y leer los comentarios de Fouche o de Arnotegi, es una auténtica delicia. ¡Vaya par de máquinas!

        P.D. ¿Ves lo que digo?… David Álvarez… ¡TOMA YA!

        P.D. Me voy al monográfico de música kurda a tocarte los cojones….. jejejejeje

        Comentario por Daniel Pérez — 31 enero 2016 @ 16:05 | Responder

        • Como siempre, nunca se deja de aprender en este blog.Aqui en Asturias tenemos 12 hectareas, el alcornocal de Boxo, en uno de tantos microclimas que tiene la peninsula. Un saludo

          Comentario por Emilio Fernandez Alberti — 31 enero 2016 @ 21:49 | Responder

          • Hola Emilio:

            Pues fíjate si se aprende que yo no tenía ni idea de que en Asturias pudiese haber un bosque (aunque sólo sea de 12 hectáreas) de alcornoques. He buscado información en Internet y he podido ver que se encuentra en el concellu de Allande, allá por las tierras de Los Oscos y Taramundi. Y parece ser, por lo que he podido leer, que no es la única zona de Asturias donde crece el alcornoque. De hecho, y a raíz de tu comentario, he recordado que hace unos años, viendo un documental sobre el occidente asturiano, me llamó mucho la atención ver un buen ejemplar de alcornoque al pie de un camino de aldea asturiana.

            Un saludo.

            Comentario por Daniel Pérez — 1 febrero 2016 @ 18:41 | Responder

            • Buenas Daniel
              Y que empanada siempre se me olvidan los enlaces http://www.asturnatura.com/naturaleza/alcornocal-de-boxo.html, esas zona y un poco mas al sur la zona de Narcea tiene un microclima, un poco mas seco, incluso se dan vinos, que tuvieron su importancia en el pasado y tras casi su desaparicion parece que vuelven con fuerza, http://www.vinosdeasturias.es/consejoregulador.php.
              Yo tambien me quede alucinado con lo del alcornocal, y que se considera especie autoctona, todo gracias al Mendi, empieza a hablar de eucaliptos, y uno que buscando arboles autotocnos de Asturias se encuentre con el alcornoque, y claro cuando no das botanica desde que hiciste el herbolario del colegio, estas cosas te rompen los esquemas. Tb ley lo que tu dices de aldea, de hecho creo que estaba junto a una ermita, pero no encuentro la pagina donde lo encontre.
              Por cierto me alegro de aportar un poco, pq ya estaba harto de tanto sabelotodo, que si musica etnica por aqui y por alla, que si lingusitica, que si antropologia, que si arte,que si automocion, botanica, etc, etc, solo os faltaba hablar de fusion nuclear😉

              Comentario por Emilio Fernandez Alberti — 1 febrero 2016 @ 22:21 | Responder

              • Hombre, Emilio, yo si quieres me pongo. Anda que no me mola la física del átomo…🙂

                Comentario por Mendigo — 6 febrero 2016 @ 4:26 | Responder

            • Pues este finde pensaba ir yo a uno por Viladecruces: os sobreirais do Arnego. No sé si lo conoces.

              Le comentaba a un colega uno de los sitios más raros donde he visto alcornoques (normalmente lo asocias a terrenos cálidos) fue bajando del puerto de Ancares hacia Casaio, a una cota muy alta.

              Por cierto, el otro día, dando un paseo por los molinos del Barosa, me encontré con un ejemplar tremendo, magnífico (aunque rodeado de eucaliptos). Debe tener una salvajada de años.

              Comentario por Mendigo — 5 febrero 2016 @ 0:00 | Responder

              • ¡Ostras, es verdad! ¡Y cómo pasa el tiempo…! Tu comentario me ha hecho recordar la sorpresa que me llevé cuando en una tarde del año 2007, saliendo de Lalín y dirigiéndome por una carretera comarcal hacia no sé qué lugar, me encontré con una densa masa boscosa de alcornoque y roble. ¿Qué harán estos alcornoques en plena Galicia oceánica? Según la opinión de los botánicos que se han acercado por el lugar, una de las razones que permite la presencia de esta especie en tan inusual emplazamiento, es el calor que aporta el abundante sustrato de roca serpentínica que hay en la zona.

                En los Ancares, el alcornoque, parece que no es raro en la cuenca alta del Navia (el alcornocal de Boxo del que nos habla Emilio, crece en ese mismo entorno geográfico de la cuenca del Navia).

                No conozco ese ejemplar de Barosa… la mayor parte de mis querencias naturalistas se sitúan al este, al sur y al norte de Galicia; muy rara vez (y en este blog sobrá decir el porqué) están en dirección oeste. Si a eso le añadimos que yo, al igual que tú, soy más de secano e interior, más de montaña que de playa, más de soledades que de multitudes… ¡y eso que nací y me crié en Barcelona!

                Espero con ilusión fotos y texto de esa excursión a los sobreirais do Arnego. ¡Pásalo bien!

                Por cierto, ¿has visitado a este venerable anciano?

                Comentario por Daniel Pérez — 5 febrero 2016 @ 18:48 | Responder

                • Vaya! Parece que hemos seguido trayectorias parejas. De la gran ciudad a la soledad de los caminos y las trochas.

                  Pues no lo conocía, y debo haber pasado un montón de veces al lado, porque la Ribeira Sacra es uno de mis destinos favoritos. Es que ni me suena el nombre de la aldea! No, espera. No es el Santiorxo que está al lado del Sil, sino otro que está al Sur de Monforte, no?

                  Me hace gracia lo de “centenario”. Sólo con cien años, para un alcornoque, no haces más que un buen ejemplar (como el que te decía del Barosa). Pero ese viejecito encorvado debe tener mucho puto siglo a cuestas. La lástima es pensar que éste es sólo un testigo de cómo era Galicia, antes de que llegase Atila vestido de modernidad… Podríamos vivir en un paraíso, sin necesidad de morir para conocerlo. El pensar en lo que algún día fue me hace sentir aún más rabia al constatar en qué lo hemos convertido.

                  Comentario por Mendigo — 6 febrero 2016 @ 4:25 | Responder

                  • Efectivamente, Mendigo, el ejemplar del vídeo es el que está en la aldea monfortina de Santiorxo (no tenía ni idea de que hubiese otro Santiorxo en la Ribeira Sacra lucense).

                    Lo que algún día fue, y, como bien has dicho en alguna ocasión en este blog, lo que podría ser ahora si se hubiesen hecho las cosas con un mínimo de vergüenza, conocimiento y sensatez.

                    Nos tenemos que conformar con los retazos de una naturaleza hecha jirones.

                    No obstante, si existiese un mínimo de voluntad por parte de ciudadanía y administración, me atrevería a decir que, al menos gran parte del interior gallego, todavía sería fácilmente recuperable.

                    Comentario por Daniel Pérez — 6 febrero 2016 @ 15:40 | Responder

                    • Y ya que hablas de la Ribeira Sacra, mira qué bonita se pone en otoño.

                      ¡Ay si hubiese voluntad….!

                      Comentario por Daniel Pérez — 6 febrero 2016 @ 16:02

                    • ¡Venga, que se me va la olla como en la entrada de la música kurda!

                      ¡¡Vámonos a Venezuela, Mendigo!! ¡¡ESTO SÍ QUE SON PALABRAS MAYORES!! ¡¡¿Qué no habrá en esos cerros gigantescos?!! ¡¡¿Qué no habrá en esas selvas inmensas que los circundan?!! Sin duda este es el paisaje más atronadoramente hermoso que hay en la faz de la tierra. (Imprescindible verlo a pantalla completa)

                      Comentario por Daniel Pérez — 6 febrero 2016 @ 16:58

  3. Que bien mencionar el sentido puramente convencional que tiene el dinero, y en general, el valor de cambio y valor de uso de las cosas. Creo que apunta a la raíz del problema: si nuestro paradigma mental no establece una convención social de que la vida y la naturaleza son sagradas nunca saldremos del atolladero (y eso implica minimizar los impactos, fomentar adaptaciones amigables con el medio, copiar dinámicas naturales que tiendan al equilibrio y no a la destrucción, etc).

    En otras palabras: la crisis ambiental es más social de lo que se cree.

    Comentario por Cami — 31 enero 2016 @ 21:38 | Responder

    • Con tantas cosas, se me había olvidado comentarte. Y me da rabia, porque tocas un tema muy interesante.

      Como sabrás, hay una corriente que propone mercantilizar el medio ambiente, asociarle a la Naturaleza un valor de mercado, para que sea entonces valorada. Malo. Porque cualquier valor podrá ser asumible para un sistema que crea dinero a partir de la deuda (del propio dinero, de la nada en suma).

      ¿Cuál es el valor de una vida humana? Este debe ser infinito. Cualquier otro valor, implicará asumir el asesinato como parte del funcionamiento del sistema. Pues de la misma forma, la Naturaleza debe tener un valor absoluto, infinito. Es decir, me suda la polla cuánto dinero tú tengas, porque no puedes comprar el derecho a contaminar este río o destruir esta selva.

      Para actuaciones menores, puede ser útil la imputación de externalidades (el mundo no se acaba porque sólo una empresa emita CO2, es asumible pero se debe pasar factura por su contribución al calentamiento global). Pero este sistema debe moverse en unos límites, puestos por la legislación. Fronteras que ni siquieran pagando se pueden cruzar. La dignidad de una persona o la supervivencia de un ecosistema, por ejemplo.

      Comentario por Mendigo — 6 febrero 2016 @ 4:12 | Responder


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