La mirada del mendigo

31 mayo 2016

Adicto en América

Filed under: salud — Mendigo @ 20:31

Visto el interés que me alegro haya despertado la pasada entrada, que no deja de ser una consecuencia extrema del proceso de mercantilización de la medicina, he buscado ese documental al que aludía.

Son tantas entradas, que ya no sé si lo he subido alguna vez. Si así fuera, mis disculpas por adelantado. Para los que se atrevan, aquí está en VO a pelo (si podéis con ello es preferible, ya que la traducción del primero es un bastante pobre, puto vicio español con el doblaje).

La anécdota a la que me refería, de la mujer que va al médico tras la muerte de su marido y le receta una pastilla está en el minuto 22 (por si tenéis prisa, aunque recomiendo encarecidamente verlo entero). Pero me acordaba de otro fragmento, que lo he buscado y resulta que está justo a continuación (minuto 23).

Os transcribo una frase de un psiquiatra que participa en el documental que me pareció una genial exposición del problema:

Antes, cuando un estudiante universitario se enfrentaba a la angustia, la tristeza o la depresión, leía a Kierkegaard o algún libro realmente profundo y grave para encontrar algunas respuestas para la vida. O estudiaba filosofía, tal vez leía a Freud o acudía a terapia, pero se veía a sí mismo luchando contra los problemas de la existencia. Ahora, ese mismo estudiante universitario ya ha leído en los libros de texto que toda la angustia que la gente siente se debe a desequilibrios bioquímicos. Y, con ello, todo el bagaje de la civilización occidental es desechado.

Me pregunto qué opinión tendría hoy un psicólogo escolar sobre la salud mental de un crío taciturno, estudiante mediocre, llamado Miguel de Unamuno.

O quizá un Antonio Machado, que evocaba su infancia de estudiante disipado, que se distraía con el vuelo de una mosca.

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,

de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

El poeta, un TDAH de manual (de psiquiatría), hoy sería uno de ese 10% de niños diagnosticados y medicados.

La poesía, el arte, la genialidad es enfermedad, insania, en esta sociedad en que la vulgaridad es la vara de medir de la salud mental.

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1 comentario »

  1. Reblogueó esto en Matad al mensajero.

    Comentario por Matad Al Mensajero — 1 junio 2016 @ 19:16 | Responder


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