La mirada del mendigo

31 mayo 2016

Me someto a un test de TDAH

Filed under: Uncategorized — Mendigo @ 21:56

Miguel se sirve en traernos la clase de trastornos del comportamiento que identifican que un niño padece un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. En realidad, lo que están describiendo es lo que comunmente siempre se ha conocido como infancia.

De esta forma, al definir como enfermedad una etapa del desarrollo humano, el mercado potencial es enorme. ¿Qué niño no sufre de muchos de estos síntomas? de hecho, el que no presente alguno, muchos de esos rasgos, no es un niño, sino un monstruo. O un pelele, que quizá sea el modelo de ciudadano que pretenden lograr.

Para solaz del respetable, además de burlarme un poco de mí mismo y en gran medida de la charlatanería que se estudia en las facultades de psicología, he anotado al lado de cada indicio de trastorno, el modo y grado en el que lo padece este niño casi cuarentón, de ser el caso.

Distraerse fácilmente y olvidarse las cosas con frecuencia –> Pero no sólo cuando niño, sino incluso ahora. Hasta límites extravagantes. Salir de una habitación y quedarme en el pasillo pensando hacia adónde me dirigía. Estar hablando, y cruzarse otra idea en la cabeza y perder completamente el hilo del primer discurso.

Cambiar rápidamente de una actividad a otra –> ¿Os parece suficiente estar leyendo dos papers al mismo tiempo, en dos idiomas diferentes y, en una tercera pestaña, ojear las noticias? Y paro de leer para ir a fregar los platos. Además, es que lo veo algo normal y aconsejable, alternar actividades. Cuentan que el Aquinate dictaba varios libros a la vez (creo recordar que hasta ocho escribanos afanados en copiar tantos libros).

Tener problemas para seguir instrucciones –> No soy capaz de recordar una dirección que me dictan, si contiene más de tres giros. O con algún trajín burocrático, desconecto mientras la tipiña me lo explica pensando “bueno, ya lo encontraré en Internet”. Si con “instrucciones” queremos decir “órdenes”… debo tener algún defecto genético que me hace saltar automáticamente contra cualquier manifestación de autoridad. Hasta reconozco que lo mío debe ser ya patológico. Yo no acepto órdenes de nadie, eso es propio de perros o esclavos, no de mujeres y hombres libres.

Soñar despiertos/fantasear demasiado –> De esta participo en grado sumo. De hecho, como todos las anteriores, son rasgos que no hacen más que acrecentarse con los años.

Tener problemas para terminar cosas como la tarea y los quehaceres domésticos –> ¿Tengo que hablar de mi pila de platos sin fregar, en ocasiones levantada con ingenio de acróbata en precario equilibrio?

Perder juguetes, libros, y útiles escolares con frecuencia –> Esta no, básicamente porque apenas salgo a la calle con nada. Ni siquiera dinero. Y no salgo a la calle con móvil. Y las llaves, como soy consciente de mi mala cabeza, tengo tatuado en el córtex el empeño de no perderlas. Siempre que salgo de casa hago análisis de conciencia para no dejármelas dentro.

Estar muy inquietos y retorcerse mucho –> Definitivamente no, no soy la niña de El Exorcista. Además, soy flexible cual carballo, así que no hay gran cosa que retorcer.

Hablar sin parar e interrumpir a las personas –> Absolutamente no, por elemental cortesía (además es una de las cosas que más me ofenden, porque dinamita el diálogo), pero soy incapaz de estar más de 5 minutos callado. Ya me sucedía en mi etapa escolar, eso de escuchar, escuchar y no participar es superior a mis fuerzas. O hablaba con el compañero, o intervenía en clase, o reventaba por algún lado. Ahora actúo igual, sólo que la munición empleada es de mucho mayor calibre. Tengo un talento innato para hacer que el ponente se sienta intimidado, enfrentado a su propia insignificancia.

Corretear mucho –> No correteo; corro, poco, menos de lo que debiera. Efectivamente, el ardor infantil va decayendo. Pero de pequeño era un fervellasverzas, me entusiasmaba la conciencia de mi propio cuerpo, corriendo, forcejeando con los compañeros… Hasta en la cara ardiendo o un labio sangrando había un placer concupiscente.

Tocar y jugar con todo lo que ven –> ¡Por supuestísimo! Y añadir un detalle: para acabar rompiéndolo. Pero a eso se llama curiosidad, una cualidad innata (aunque a menudo destructiva) de un niño espabilado (y bastante manazas). Me alegra reconocer que aún padezco ese “trastorno” (y con los años, la proporción de cosas que arreglo va ganando a las que acabo por romper definitivamente… aunque aún están bastante igualadas ambas).

Ser muy impacientes –> Una amiga se ríe de mi afición por la horticultura, por mi falta de paciencia. Que crezcas ya, cooooño (y la pobre planta acojonada). Realmente, el someterme al imperio de los ciclos naturales me ha enseñado mucho, es una valiosísima lección que debería aprender cualquier niño.

Decir comentarios inadecuados –> Ejem. Esta ni la comento, ¿verdad? Pero no ahora, ¿eh? Ya de viene de lejos. Recuerdo una vez, en clase de religión, con 10 añitos o así (en la escuela de los ’80), preguntar sobre los detalles de la masturbación femenina. Sólo por el placer de liarla, el vértigo de la transgresión. La tipiña (una pobre imbécil con la volición circuncisa), tartamudeaba.

Tener problemas para controlar sus emociones –> No es el corazón de un jilguero, sino el de un hombre, el que late dentro de mi pecho. Miserable ideología, que considera virtud ponerle sordina al alma.

Bueno, ¿cuál es pues el diagnóstico? Probablemente algo más serio que la tontería esa del TDAH, ¿verdad?

Soy, desde que tengo conciencia, un niño inadaptado y problemático. Y, ahora que soy un poco menos niño, cada vez estoy más orgulloso de ello.

Venga, ahora toca recetarme el tratamiento.

Lo que pasa, es que nunca he sido de anfetas. Si alguien tiene a bien prescribirme un tratamiento (y hacérmelo llegar, no sé si a cargo de la SS) a base de costo del bueno (nada de apaleao, ¿eh?) y coñac añejo… La posología ya la arreglo yo, no os preocupéis.

Puestos a ser un drogadicto, al menos serlo con clase. Y difrutar con ello, ¡qué hostias!

Incluso en la autodestrucción se puede ser valiente e incluso artístico, como nos llevan enseñando desde Rimbaud hasta Hendrix, o ser un mierda tomando su pastillita de sacarosa para endulzar la percepción del mundo. Es que ni para yonkis valen, los adictos de hoy, con sus profilácticas pastillitas.

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33 comentarios »

  1. Una vez, en una sala de espera, me encontré un test con preguntas de ese tipo, se olvida usted las herramientas en el armario….
    Gracias a que me acompañaba mi mujer, mejor memoria que yo, saqué un 10 sobre 10.
    Al volver página resultó ser un test del Alzheimer, ná menos.
    Lo que en mi caso quedó como unas risas en los niños queda como un diagnóstico y un tratamiento de una agresividad y un impacto en función inversa al coste.
    El problema viene, según yo lo veo, de la sociedad economicamente monopolista y políticamente fascista que detecta (y detesta) a los “debiles”, niños, ancianos, mujeres, mariquitas.

    Comentario por josemanuel55 — 1 junio 2016 @ 4:51 | Responder

    • Jajajaja, también es mi caso. Yo digo que tengo una memoria externa: es mi compañera. Si no fuera por ella, no sabría ni dónde tengo la cabeza. Ella tiene una memoria acojonante, y siempre la uso a ella como si fuera una muleta. Llega al punto de que ella se acuerda de circunstancias en las que ella no estaba, pero se las conté. Yo lo vivo, se lo cuento, me olvido, y ella sigue recordándolo. Soy un desastre…

      Lo expresaría de otro modo la raíz del problema: la sociedad, lo que odia, es la diversidad. Pero vamos, así ha sido siempre, eh? Aunque puede que cada vez más, a pesar de lo que pueda parecer.

      Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 9:29 | Responder

  2. La cruda realidad es que los niños llegan a clase drogados y mientras les hace efecto la pastilla que les ha proporcionado su madre/ padre/ cuidador antes de entrar dejan de ser curiosos, toca peloteas, inquietos, fuegoenculo, investigadores, retadores , preguntones como tú, niños estupendos. Y así todos tranquilos….. Y así todo va bien……..
    Ayer tuve una tutoría con una madre de hijo TDAH que me dijo que el chaval no quiere tomar su pastilla a las 9 porque su profe, yo, tampoco se la toma y ” es normal”. Un baño de bosque diario evitaría muchas pastillas.

    Comentario por Amor — 1 junio 2016 @ 6:28 | Responder

    • Algo mucho peor, Amor, la cosa va de planteamientos paradigmáticos, de considerar al ser humano como un experimento pavloviano, pastilla que entra, conducta que sale y creas un leal y obediente servidor aunque para ello sea necesario matar la imaginación y la diversidad vital.
      Los americanos lo llaman conductismo, yo aberración, aunque tengo que reconocer que me muevo mas bien en la teoría de campo

      Comentario por josemanuel55 — 1 junio 2016 @ 7:26 | Responder

      • Exacto: determinismo biológico, mecanicismo de la condición humana.

        ¿Que la base somática condiciona nuestro comportamiento? Es evidente. ¿La determina? No completamente. La biología puede explicar por qué puedo ser más enamoradizo a los 20 años, pero no explica por qué me enamoro de María, y no de Marta.

        Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 10:17 | Responder

    • Eres un Amor.😉

      Pero no todos los críos tienen la suerte de que les toque un docente a tu nivel (sin ánimo ninguno de peloteo, ya te has dado cuenta de que no me corto para decir las cosas). Ahora, tanto que me meto con los profesores y maestros, pero he de decir que lo entiendo: las clases están masificadas. En la pública, y en la privada. El docente a lo más que aspira es a poder desarrollar una clase con un poquito de normalidad, sin constantes interrupciones. Y un crío difícil puede hacer imposible el desarrollo de esa clase. ¿Qué hacemos, lo hostiamos como antes, lo drogamos como ahora? Lo suyo, sería darle una educación adecuada a sus circunstancias, porque cada niño es un mundo. A lo mejor ese crío debería empezar el horario lectivo jugando al baloncesto, o corriendo al “rescate” ¿aún se juega a eso? para calmarle. E intercalar recreos más a menudo, aunque eso supusiera alargar el periodo lectivo. O exponer la asignatura de un modo más dinámico. En cambio, a otro crío más parado, lo que acabo de decir podría no convencerle.

      ¿Qué pasa? ¡Pues que no hay recursos! Lo anterior implicaría triplicar la inversión en educación, y por supuesto, no están por la labor. Tienes 30 críos, 32, incluso 34 he oído en alguna privada. Te meten además críos con alguna especificidad (son sordos, no hablan el idioma…) y ahí te los torees tú sola, pero no dejes de dar clase al resto. Es que así no puede ser. Y claro, el profesor, pues por favor, calmadme a esta bestia. Con una clase de 7-9 críos (la pedagogía dice que es el tamaño óptimo, para que exista un intercambio de ideas, tampoco sería bueno una clase particular) puedes permitir que se desmande más. Que un carro tirado de más de 30 caballos, a nada que se tuerza uno, es ingobernable. Por eso hay que dirigirlo con mano de hierro. Si yo lo entiendo, realmente. Si no calmas a ese crío inquieto como sea, ves que no puedes dar clase, y se joden el resto de críos. ¿Con una pastillita? Si a los padres les parece bien, por qué vas tú a negarte. Miel sobre hojuelas.

      Y totalmente de acuerdo con tu conclusión. A mí la naturaleza me ha enseñado muchas cosas, me ha formado como persona. Comentaba la paciencia, pero también la resistencia, la tenacidad, la adaptación, la resiliencia… Salgo en invierno a dar un paseo, con el termómetro por debajo de -10ºC. Veo un corzo saltando y pienso “joder, ha tenido que pasar toda la noche a la intemperie, mientras que yo estaba en cama, debajo de mil mantas”. O un haya, que salió por encima de una mole de piedra y sus raíces fueron abrazando la piedra hasta encontrar suelo profundo. La sociedad actual nos atiborra de percepciones, colores chillones, sonidos estridentes…todo pugna por captar nuestra atención durante unos segundos. Normal que estemos de los nervios, y los críos, que son más débiles, más. Pero todos. Somos animales, y tenemos unos ritmos biológicos que hay que respetar. Por eso volver a la Naturaleza nos proporciona bienestar, porque es un reloj que está sincronizado con nuestro cuerpo. La sociedad moderna está jugando a hacer overclocking con nosotros, y muchos petan.

      O, por ejemplo, con los sabores. Si a un crío le acostumbras a tomar ketchup ¿cómo va a apreciar el sabor de un tomate? Tiene el paladar embrutecido (idiotizado, según expresión de un maestro de cocina) con la Coca Cola y los chuches. Insisto, un niño africano, a poco que no sufra una emergencia alimentaria, tiene una infancia más feliz, más plena y más sana que no un crío del primer mundo. No tendrá PS, pero tendrá amigos y un espacio para jugar con ellos. Vale, luego viene el trabajo infantil, etc.

      Al final, en ningún sitio se respeta el derecho de un niño a ser niño…

      Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 9:56 | Responder

  3. Saben los dioses que no acostumbro a comentar en los blogs que se basan en creencias, entendidas como opiniones emitidas que no cumplen la definición de conocimiento. Haré una excepción porque como padre de una muchacha con TDA (sin hiperactividad) me habéis cabreado.

    ¿Alguno de los que aquí participan ha vivido de primera mano el síndrome de déficit de atención? Porque implica leer y releer el mismo párrafo sin conseguir retener la primera frase, ser incapaz de entregar un trabajo a tiempo, esforzarse en escuchar al profesor sin conseguirlo, ser calificado como vago y charlatán cuando te esfuerzas más que nadie… En resumen, frustración que lleva a un fracaso escolar casi garantizado, probables episodios de depresión y ansiedad, y en lo peor trastornos sociales serios.

    Y todo porque en la escuela o el instituto los docentes asumen que qué sabrán los psicólogos, eso lo hago yo mejor. Y en realidad es muy sencillo: algo más de atención del profesor, ayuda en la planificación, algo más de tiempo en los exámenes…. Y por parte de los padres tres cuartos de lo mismo.

    Ayuda mucho – aunque es complicado debido a la imposibilidad de planificar – la terapia conductual, y sólo si no hay más remedio medicación. Por cierto, la medicación para TDA (sigo sin poner la H) no atonta, sólo posibilita que el cerebro funcione de forma normal, y posibilita la concentración. A cambio, puede tener efectos secundarios perversos que hacen que no todos los niños puedan seguir el tratamiento con facilidad.

    Antes de que algún arrogante intelectual de los que aquí publican se lo pregunte: no trabajo en una farmacéutica, no soy psicólogo ni tengo intereses en ello, ni se me ha aparecido nunca la Virgen.

    Y si le sumamos a lo anterior la hiperactividad, tenemos un problema mucho más traumático para niños y padres que el simple TDA.

    A partir de aquí, podéis averiguar algo más sobre estos trastornos del aprendizaje, o seguir creyendo que sois tan listos como los educadores que he ido sufriendo durante la educación de mis hijas, y que han contribuido a joderles la vida en la medida de sus posibilidades.

    Como ya he escrito más de lo que debía, si alguien quiere informarse puede echar un vistazo a esta web que es sencilla:
    – Trastornos relacionados con el TDAH y sus variantes: http://www.tdahytu.es/sintomas-del-tdah/
    – Consejos para educadores: http://www.tdahytu.es/manejar-el-tdah-en-clase/

    Comentario por @VJNacher — 1 junio 2016 @ 13:21 | Responder

    • No deberías cabrearte, compañero.

      Quizá tus hijas padezcan realmente una enfermedad neurológica y sean de esos raros casos en los que sí que está justificada su medicación, o quizá simplemente se está exigiendo demasiado en relación a su grado de desarrollo intelectual, y puede que lo único que necesiten sea tiempo. Pero por ejemplo: aumentar el tiempo del examen es absurdo, porque es precisamente una tarea con un tiempo pautado. Que seguramente, la misma realización del examen es absurda, o no tanto su realización (no deja de ser un ejercicio como otro cualquiera) sino la valoración de los alumnos por una prueba en concreto. Cada niño debe esforzarse en completar las tareas, y procurar no comparar resultados. Pudiera ser que tú estés más preocupado por los resultados que ellas, y por eso pides para ellas un tiempo extra o la ayuda del dopping.

      En cualquier caso, yo sí que he vivido de primera mano varios casos de TDAH diagnosticados y ninguno, NINGUNO, justificaba su medicación. Quizá tus niñas sí, eso yo no lo puedo saber. Sí una atención personalizada que tú reclamas y en lo que puedo estar totalmente de acuerdo contigo (pero no sólo para tus niñas, sino para todos, pues cada niño tiene unas especificidades). Pero no te engañes, si hay desequilibrio en los neurotransmisores, con terapia o apoyo pedagógico no lo arreglas: necesitas corregirlo con medicamentos. Pero si no lo hay, el uso de esos mismos medicamentos es innecesario (pues no hay nada que corregir).

      ¿Podrías especificarnos más concretamente cuál ha sido el diagnóstico? Lo de que “el cerebro funcione de forma normal” es muy vago; cuál es en concreto la afección (con TDA sólo describes los síntomas) y qué medicamento han prescrito para corregirlo? Esta es la forma rigurosa de tratar el problema.

      Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 15:11 | Responder

      • Mendigo, me cabreo porque lo único sagrado que deberíamos tener es la educación, y trivializar algunos de sus muchos problemas, habida cuenta el fracaso escolar que hemos conseguido entre todos acumular, desde luego no ayuda.
        Para empezar el TDA (con o sin H) no es una enfermedad, sino un síndrome de lo que sectores médicos consideran un trastorno del aprendizaje, otros un problema conductual, y algunos un invento. Es como si le dijeses a un Asperger que es un enfermo, te contestará que es sólo es distinto de ti.

        Ahora bien, les toca sobrevivir en el sistema educativo español, que es como una pista americana: si partes cargado con una mochila de piedras lo tienes mal para llegar a ninguna parte. Eso es lo que hace la medicación (cuando funciona bien): mientras dura el efecto les quita la mochila – lo que he llamado “funcionamiento normal” – y de pronto se encuentran que retienen lo que el profesor ha explicado en clase, y que leer un par de veces un texto es suficiente. Sin embargo el efecto dura un tiempo limitado, que si no recuerdo mal es un múltiplo de cuatro horas. En nuestro caso, la medicación no fue la solución, y si te fijas en mi comentario, tampoco la proponía como tal.

        Respecto de los exámenes podemos estar de acuerdo sobre su supuesta utilidad, pero hasta hoy el sistema es el que es. En este entorno una buena nota sirve al educando para dos cosas: seguir adelante hacia su meta (sea esta la que sea) eliminando otro obstáculo, reforzar su autoestima, y ahorrarse los comentarios de padres y educadores. Si asumimos que no hay escape y los exámenes deben hacerse, háganse en igualdad de condiciones. Si los enunciados ocupan medio folio y/o son enrevesados, la respuesta es abierta – una redacción, por ejemplo – o se trata de una materia que requiere estructuración, el TDA necesita más tiempo para estar en igualdad de condiciones.

        Por resumir, te niego tres cosas: que sea una enfermedad, que la medicación sea la única solución, y desde luego que trivializar el problema como lo has hecho vaya a ayudar a nadie. Especialmente cuando se trata de educadores. Tanto me da que los educandos sean TDA, superdotados, hiperactivos, Asperger, o gremlins, en España ya lo tienen lo bastante crudo.

        Comentario por @VJNacher — 1 junio 2016 @ 18:44 | Responder

        • Bueno, es tu opinión que yo he trivializado la educación. Está bien, si es lo que crees, qué le voy a hacer. Yo sigo insistiendo en que diagnosticar (en USA) al 10% de la población escolar con un trastorno y medicarlos con psicofármacos no es nada trivial. Tú hablas de un problema de fracaso escolar, pero es que esa campaña de medicar a los niños es un problema de salud pública, que es aún peor.

          Que el TDA es sólo un síndrome, pero es que un síndrome es precisamente eso, los síntomas a los que se asocia una enfermedad. Pero no es riguroso describir los síntomas (y tratarlos con sustancia psicoactivas!) sin identificar la/las enfermedades que los provocan.

          “Es como si le dijeses a un Asperger que es un enfermo, te contestará que es sólo es distinto de ti.” Claro! Probablemente no me contestaría eso (he tenido por compañera una Asperger, lo más probable es que se quedase parada) pero es exactamente la contestación. Y ahora, la pregunta ¿debemos administrar drogas a un Asperger para que sea “normal”? No, ¿por qué? Es mejor aceptarlo como es, con una serie de carencias (sociales, básicamente) pero también de capacidades (suelen mostrar una gran fijación e interés en los temas que captan su atención). Ahora bien, ¿necesitan una atención individualizada, tanto en su etapa escolar como profesional? Pues claro que sí. ¿Ves como, al final, estamos de acuerdo? Es que no sé por qué te tienes que cabrear conmigo, si acabamos llegando a lo mismo.

          Venga, seguimos con el caso de un Asperger. Si a este pavo le sueltas en una entrevista de trabajo, junto a otro grupo, no la saca ni de coña. En la entrevista lo tiran seguro, porque piensan que es “tonto”. Pero atendiendo a su especificidad, puede desempeñar trabajos incluso de alta capacitación, mejor que cualquier otro. E insisto, la sociedad debería ser capaz de buscar acomodo a todos sus miembros. Por poner el ejemplo más evidente: no pretendas que alguien en silla de ruedas sea bombero. No, hay cosas que le están vedadas. Pero a ti y a mí también, de todas formas (las físicas son durísimas). Pero hay un montón de trabajos, la inmensa mayoría, para los que una persona en silla de ruedas es igualmente apto. Claro, un paraplégico es un individuo con una especificidad muy marcada, muy llamativa, pero todos tenemos unas características u otras, que nos hacen ser aptos para una serie de tareas e incompetentes en otras. Yo que sé, un ejemplo tonto: yo soy tan torpe que no consigo llevar un plato lleno a la mesa sin derramarlo. Siempre se lo tengo que pedir a mi compañera. Si tuviera que ganarme la vida de camarero, me moriría de hambre. Si sólo hubiera puestos de camarero (y en España, a este paso, casi casi) yo sería un inválido, un inútil.

          Otra cosa: no le eches la culpa sólo al sistema educativo. Si tu hija no hubiera tropezado en el sistema educativo (le hubieran adaptado los exámenes para que aprobase), lo hubiera hecho en el mundo laboral. En el trabajo no puedes decir “dame un poco más de tiempo para este examen”. No en la mayoría de trabajos.

          Sobre la paranoia que hay con las putas notas, que no es más que establecer una jerarquización, la ordenación de individuos ordenados por sus calificaciones… vale, la educación está montada sobre ellas, pero es un error. Especialmente en las etapas más tempranas. Pero bueno, en todas. ¿A qué se va a la escuela (a la universidad), a aprender o a prepararse para aprender un examen? Para eso, están las academias, que dan chuletarios, repasan exámenes de otros años… ¿Cuál es el objetivo? Aprobar un examen? Mal vamos.

          De todas formas, a lo que vamos. No me has contestado cuál es exactamente la afección que padece tu hija. Y deduzco que es porque no lo sabes, porque los médicos no lo saben. Sólo sabes los síntomas, que has descrito estupendamente. Le cuesta retener la información, centrarse su atención. Pero ¿a qué es debido? Tu hija tiene un problema neurológico que habrá que identificar y tratar, y quizá también con psicofármacos, ni idea.

          Pero es que no es de lo que estoy hablando en esta serie de entradas. Sino de la inmensidad de niños que NO tienen ninguna alteración neuronal ni problema cognoscitivo y son tratados con fármacos psicoactivos por comodidad de padres y profesores. Niños que, simplemente, curarían su “síndrome” simplemente esperando unos años a que se calmen y centren un poco. Niños que son diagnosticados con test como el anterior. Tú has entrado hablando de tus niñas, y lo entiendo, pero es que precisamente no es su caso.

          En estas entradas trataba precisamente de la GENERALIZACIÓN /BANALIZACIÓN / TRIVIALIZACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN DE PSICOFÁRMACOS, especialmente a niños.

          E insisto, que tu niña tenga dificultades en las materias escolares, no quita para que un día nos sorprenda con que es superdotada para cualquier otra disciplina (y no me extrañaría nada). Habrá que descubrirlo. Y, efectivamente, para ello se necesitarían tiempo, dedicación y medios, medios que faltan por la estandarización que nos imponen.

          Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 20:34 | Responder

          • Uf, ahí es nada. A ver como organizo la respuesta.
            El síndrome. Simplificando significa que nadie ha descubierto un indicador fiable para identificar el trastorno con mayor fiabilidad. Ante la alternativa de no diagnosticar, se utilizan los tests, que obviamente no son lo fiables que sería deseable, pero se considera que la alternativa es peor. Por lo poco que conozco del mundo de la psiquiatría, en general acostumbran a disparar bastante a bulto porque es un área donde la investigación deja que desear. En este entorno una especialista en educación (psicóloga creo recordar) nos orientó hacia el TDA, así que buscamos al mejor especialista que pudimos encontrar y confirmó el diagnóstico. Dicho de otra forma, hasta donde se podía saber, lo sabemos: es TDA (sin H).
            La comparación con Asperger. Probablemente no fue afortunada porque el TDA no es el mismo caso. Quizás el mejor ejemplo sea el físico: si una persona coja pudiese caminar con normalidad, tomando una pastilla, o incluso correr, habría que ofrecérsela. Que luego elija que mejor la cojera que los efectos secundarios – lo que le ocurrió a mi hija – eso es una decisión personal, pero como mínimo hay que ofrecer la posible solución.
            La medicación. Al menos en nuestro caso funcionó, mi hija lo describía como “olé, no estoy empanada y estoy al loro en clase” (sic). El problema es la depresión como efecto secundario, así que optó: “mejor empanada que triste” (sic).
            La medicalización. Totalmente de acuerdo en que hay una tendencia a la sobremedicalización, al diagnóstico mecanizado, y a la deshumanización de la medicina en general. Ahora bien, ni es exclusivo de EEUU – aunque allí suelen ser siempre más exagerados en el consumo de lo que sea – ni se limita a los síndromes del aprendizaje. Además el TDA dispone de otros enfoques y no siempre requiere medicación si el sistema educativo y de apoyo – no me refiero a individuos particulares, sino al sistema en conjunto, que es lo que pagamos – funcionase como cabría esperar.
            El sistema educativo. Le echo la culpa que le corresponde, porque se supone que las personas competentes para educar están ahí. Cuando el TDA se detecta a tiempo es posible ir formando a la educanda en la gestión de su diferencia, al cabo de unos años se manejará con una cierta habilidad, incluso sin medicación. En cambio oímos hablar por primera vez del TDA cuando ya tenía quince años y estaba cargada de ansiedad, demasiado tarde. Además la actitud del personal de los dos institutos por los que pasó – con una única muy honrosa excepción – osciló entre la indiferencia y la jodienda.

            Seguiré cuando pille un rato, que aún quedan un par de cosillas.

            Comentario por @VJNacher — 2 junio 2016 @ 13:54 | Responder

            • Te está quedando una linda entrada, Mendi. Casi me sabe mal seguir acaparando espacio (casi…). Sigamos:

              Las notas. Vivimos en una sociedad que sólo sabe medir cuantitativamente, incluido el aspecto social. Sería bueno que no fuera así, pero lo es y no es previsible que cambie a corto plazo, así que para estos efectos asumamos que en general el educando se verá reforzado en su autoestima si obtiene buenas notas. En este entorno defino “buenas notas” como aquellas que le hacen sentirse bien con un esfuerzo proporcional al resultado, y es también donde tiene una de sus consecuencias el TDA: es probable que las notas obtenidas no se correspondan con el esfuerzo realizado, compare con los compañeros y aparezca la frustración. El resto ya dependerá de lo competitivo que sea el sujeto (o los padres del sujeto, que hay cada uno…).

              Los exámenes. A título personal me producen sarpullidos, por eso estudio en una universidad en la que los exámenes son opcionales (la UOC), aunque las notas existan. Sin embargo entiendo el comentario de Fouche: si un examen es un obstáculo, salvarlo con soltura es un triunfo personal, especialmente si partimos de un punto en el que se preveía imposible. No es el examen o la nota en sí, sino la constatación del resultado notable o sobresaliente de los esfuerzos, comparado con las expectativas iniciales.

              Mi cabreo. Precisamente por ser tú. Por citar alguien especialmente inútil, no me impacta lo más mínimo cuando la señora Botella dice una tontá, porque mis expectativas son bajas, muy bajas, incluso inexistentes. Pero mis expectativas respecto de este blog existen y me cabreo cuando tocas de mala manera – mi opinión, por supuesto – alguno de mis puntos sensibles, y la educación es el que más escocido me tiene.

              Comentario por @VJNacher — 2 junio 2016 @ 18:21 | Responder

    • Mira, VJ, un niño es mucho mas que un test o un diagnóstico,una persona se mide por ella misma y por sus circunstancias, no se trata solo de un plano puramente analítico, los desequilibrios no se corrigen solo con medicación.
      Soy maestro de escuela desde 1974 y sigo en activo, he visto de todo y te voy a contar algo que no has dicho, verás, se trata de que muchas veces el problema del niño es como lo ve el maestro, de que cuando llegas a una clase de nuevo todo el mundo te dice “Fulanito? Mucho cuidado, es un gamberro, ponlo atrás, Menganito? Un encanto, de buena familia, ese en el primer banco….
      Pero si rompes el rol, si pones al hiperactivo delante, que es donde necesita estar, y al cerebrito detras, que no le hace daño, que si al niño problemático le asignas un rol positivo, si le valoras publicamente y lo tratas con decencia, com se merece en tanto que ser humano a tu cargo, tiende a comportarse en función al rol que le asignas, que no hay niño problema sino problema de asignación de roles por parte del maestro, de la sociedad, de sus compañeros.
      Claro que yo no he tenido pastillas para solucionar los problemas, asi que tampoco puedo hablar del tema, no tengo experiencia e incluso dir,ia que me produce una desconfianza tremenda todo lo que no es entender a las personas y sus problemas integramente. Puede que sean una ayuda en una solución integrada pero a priori dudo de que sean eficaces por si mismas, no hay milagros, solo trabajo

      Comentario por josemanuel55 — 1 junio 2016 @ 15:52 | Responder

      • Vale José Manuel, debería haber trabajo conjunto de padres y profesores, concienciación del educador, diagnóstico temprano, ….
        Debería haber muchas cosas, pero no las hay. Ni por parte de la administración, ni del sistema educativo, ni en una mayoría de casos por el propio profesorado.

        En cuanto a la medicación, en ningún momento la he recomendado. No es esa una opción que nos corresponda sólo a padres y educadores, sino que debe ser una recomendación de un médico especializado tras un diagnóstico fiable.

        Mi cabreo es que un tema tan serio como es el fracaso escolar – y el TDAH tiene una prevalencia superior al 5%v – se trivialice. Si pese a mi opinión creéis que el tono y el contenido del post son adecuados para ayudar a padres de alumnos con trastornos de aprendizaje, enhorabuena pero desde luego no lo comparto.

        Comentario por @VJNacher — 1 junio 2016 @ 18:57 | Responder

        • El médico especializado en afecciones neuronales se llama psiquiatra. No psicólogo. Quiero dejar esto claro, porque un psicólogo NO es un médico.

          En cuanto a la trivialización, yo creo que viene de aquellos que con un test diagnostican una supuesta enfermedad, y les sirve para recetar anfetaminas a un niño. Eso sí que es trivializar una cuestión muy seria. Por lo demás, en esta entrada sólo he tratado de responder, de la forma más sincera que me ha sido sincera, a uno de esos pretendidamente científicos test, para demostrar que son una pura magufada, pues la mayoría de los niños, y buena parte de los adultos, daríamos positivo en ellos.

          Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 19:49 | Responder

          • Ahí me has dado en todo el entrecejo: a la diferencia entre psiquiatra y psicólogo ya llegaba solito.

            Ten cuidado porque ya sabes más que nuestras élites que no pasaron de platos, vasos, y orgías de manzanas y peras. Que por cierto, esto último no sé si es cosa de psiquiatras o de psicólogos, pero yo de la señora Botella me lo haría mirar.

            NB: he visto que habéis seguido comentando. En cuanto pueda os leo y respondo en la medida de lo posible.

            Comentario por @VJNacher — 2 junio 2016 @ 7:53 | Responder

  4. Querido @vjnacher
    Soy Amor arriba firmante. Soy profe. Soy TDA y H. Y si se de lo que hablo.
    Siento que hayas tenido mala suerte con los profesores de tus hijas, pero hay muchos peces en el mar. Comprendo tu frustración, pero no dispares sin mirar porque puedes equivocarte.
    Bibliografía al respecto hay infinita, tendencias muchas y certezas casi ninguna. También hay alternativas de manejo como decimos los veterinarios y quizás esas no las has valorado.
    No dudes en que sigo averiguando sobre la etiqueta que me pusieron hace tiempo, pero comparto con Mendigo sin arrogancia que los ritmos biológicos hay que respetarlos. Nacer y morir con el sol, caminar rodeado de silencio, desprenderse de la necesidad de tener resultados a final de curso y mirar contemplando son alternativas que la escuela no fomenta. Pero para eso estás tú.
    Deseo para tu hija lo mejor. Llegará donde ella quiera. No te quepa duda.

    Comentario por Amor — 1 junio 2016 @ 13:50 | Responder

    • Amor, me alegra que seas TDAH y hayas alcanzado tus metas. Alguien tiene que conseguirlo, y siempre encontraremos casos. Mi hija no llegó a ninguna parte porque todos le fallamos, y ahora es una joven desempleada más sin estudios.

      Así que hazme un favor, cuando te llegue la madre de niños o niñas con TDAH, aprovecha tu experiencia para intentar que la madre comprenda qué más puede hacer. Ya me hubiese gustado que alguien me lo dijese a mí.

      Comentario por @VJNacher — 1 junio 2016 @ 19:05 | Responder

      • No tires la toalla. No le falles más. Es una joven desempleada pero seguro que con un montón de habilidades.
        Suerte

        Comentario por Amor — 1 junio 2016 @ 19:37 | Responder

      • Si te sirve de consuelo, es muy probable que, aunque hubiera continuado sus estudios, estuviese en la misma situación de desempleo. Tenemos un 53% de desempleo juvenil.

        Por otra parte, comparto lo que dice Amor. Que no sea apta para este sistema educativo no quiere decir que esa joven no esté llena de potencialidades. Se trata de encontrar aquello que despierte su interés y la colme. A mí me gustaría creer en una sociedad en la que haya sitio para todo el mundo, con sus circunstancias particulares.

        Ahora, para qué lo vamos a negar: tu hija lo tiene jodido, bien lo sabes. Pero si hubieras elegido darle anfetaminas de pequeña, quizá el problema sería aún mayor. O no, eso depende de cada caso y, efectivamente, debería ser evaluado concienzudamente por un médico especialista (psiquiatra) competente.

        Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 19:55 | Responder

  5. Cambiando de registro, par quitar tensión, yo también tuve mis problemas de niño (más bien del tipo bullying, sin llegar a ser nada serio, y superándolo yo solito en 6º de EGB). Y ahora soy padre de una niña de 6 y pico que también tiene sus historias.

    Estoy de acuerdo en casi todo lo que comenta Mendigo, sobre todo, porque basándose sólo en los síntomas, habría (de hecho me han confirmado que hay) sobrediagnóstico, cosa que para algunos resulta muy lucrativo, y para otros, muy cómodo. No hay nada como conocer y trabajar con las personas, sin atención personalizada, dedicando tiempo, mucho tiempo, no nay manera ni solución. Y es precisamente esta falta de tiempo y/o voluntad de trabajar lo que sobra hoy en día.

    También hay interés en cierto tipo de personas, obedientes, calladas, que no cuestionen nada, sin iniciativa, meros robots repetitivos de cadena de montaje. Aconsejo ver la mega entrevista (5 horas) a John Taylor Gatto, que bien comenta lo mismo.

    Casi todos los genios o personalidades han dado problemas en la escuela, Churchill, Einstein, y muchos mas.

    Así que, como alguien aquejado de práctiamente los mismos síntomas descritos en el blog, recomiendo la medicación que a mí me ha dado mejor resultado: la pomada menorquina.

    Comentario por Beamspot — 1 junio 2016 @ 16:19 | Responder

    • Jajajaja, no conocía yo eso de la “pomada menorquina”. Limonada con ginebra, verdad? Uf! Yo es que, ginebra, es de lo poco alcohólico que no soy capaz de apreciar (de un prematuro botellón con Tanqueray, que… bueno, tampoco voy a contar toda mi vida, para no asustar al personal). En realidad, yo los licores siempre prefiero degustarlos solos (y en muy poca cantidad).

      Pero pongámosnos serios. ¿Dónde se ha visto que una enfermedad se describa exclusivamente por sus síntomas? Unos síntomas pueden ser coincidentes de varias enfermedades de orígenes diversos, y que exigirían tratamientos diferenciados. ¿Pastillita de metilfenidato o anfetamina a todo niño distraído o inquieto? ¿Acaso esto es riguroso?

      No, perdón, a los niños más distraídos o inquietos que la media. Pero es que en toda distribución, hay casos por encima y por debajo de la media (por eso es la media). Y esos casos, no tienen por qué ser patológicos, igual que si decimos que la media de altura está en 1,76m , habrá individuos de 1,95 y otros de 1,53m sin tener que inferir que están enfermos porque se apartan de la media. Luego están enfermedades que provocan enanismo o gigantismo, pues habrá que estudiar estas alternaciones (generalmente endocrinas). Lo que es inadmisible es que “mire doctor, mi hijo es bajo, dele una pastillita para que crezca”. No, porque si tu hijo es bajo pero está sano, disfruta de él tal como es, y no te obsesiones porque quizá luego da el estirón y acabas teniendo un pivot en casa.

      Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 17:26 | Responder

  6. Si te sirve de algo VJ tengo un sobrino al que hace un año le diagnosticaron autismo. A los dos años el chaval hacia cosas (su caso es de los leves) que a mi me hacían sospechar (mover las manos de una manera determinada, dispersión, hipersensibilidad sensorial). Sus padres lo disculpaban como algo normal a su edad (“son críos” decían) y los profesores lo veían todo normal. Con los años (ahora tiene ocho) se hizo mas evidente su condición singular y por fin me hicieron caso. Ronda de médicos y especialistas. Al final pivotamos entre el síndrome de Asperger y el autismo. Salio autismo. La madre venga a llorar. Mi hermano más bregado se lía la manta a la cabeza y para delante. El niño esta ya en un nivel que se le empiezan a exigir resultados. Buscamos información y ayuda ante algo nuevo. Los médicos del seguro le dicen a los padres que lo mejor es que siga el niño en su clase de “niños normales” para que no se siente excluido.

    Pero el niño empieza a ser consciente de su diferencia (es autista, no retrasado). Empieza a coger fama de rarito y en el patio le dan de lado. El lo dice con toda la inocencia y al padre se le parte el alma.

    Se hace evidente un cambio de enfoque. En vez de tratar el autismo como una enfermedad empezamos a entenderla como una manera diferente de interpretar el mundo. En vez de querer meter el niño a molde a martillazos adaptar la pedagogía a sus necesidades. Necesitabamos un itinerario a medida ajustado lo mas posible a su especificad.

    Por otro lado a los siete años la seguridad social deja de darles cobertura.

    Urge moverse. Hablamos con la asociación de padres autistas de Valencia y nos asesoran. Entramos en contacto con varios grupos pioneros en el tema. El problema es que el coste de estos centros educativos especiales anda en el orden de los 200 euros mes y ya explique la delicada situación financiera de mi hermano. No importa. Se consigue el dinero sin no pocas dificultades. Desde hace un mes sus padres están combinando el colegio con un par de veces a la semana de educación especial. Le enseñan a reconocer emociones a base de pictogramas, socializar a base de heterodoxas estrategias, Dicho de otro modo le enseñan otra manera de hacer las cosas, ni mejor ni peor solo diferente. Y funciona y el chaval se lo pasa teta jugando con otros niños de su edad.

    Alucino lo inteligente que es.

    Con dos cartones de leche, un bote de colacao vacío y cuatro tapas va y te hace un camión o una maquina tragaperras al detalle (lo juro). Dibuja a su corta edad con una destreza que me deja picueto (capacidad espacial). Cuando paseamos por la calle con él identifica coches y camiones haciendo unas descripciones técnicas que en más de una ocasión nos pone en apuros. Le encanta los trenes y los clicks de Playmobil (son tremendamente meticulosos con las pequeñas cosas y el orden). Por esto ultimo le gusta mucho los tebeos “13 Rue del Percebe” y “Donde esta Wally”. También le gusta “El diario de Greg”. El otro día mientras mi hermano le leía uno de los libros de la saga el chaval le recito palabra por palabra todo un párrafo entero que le habían leído semanas atrás. Recordaba también el volumen y el numero de pagina (tiene una memoria fotográfica prodigiosa). Pero es que además su extraña lógica (a nuestros ojos) lo hacen muy divertido de una manera singular. Nos partimos el churro con el muchas veces.

    Por supuesto ha habido días malos.

    Nosotros – en especial sus padres – también sabemos lo que es pasar una tarde entera para que haga una sencilla multiplicación o las tremendas rabietas que coge hasta el punto de que puede estar una hora llorando por una nimiedad (desde nuestro punto de vista) a todo berrido y de manera inconsolable hasta caer extenuado por no querer – por ejemplo – memorizar una sola línea de un texto. Mi hermano mantiene una comunicación fluida con su profesor (toda sinergia es buena). Es así como un día se dieron cuenta que es en la hora del recreo donde es más receptivo para hacer los deberes. Con ayuda del buen docente completa sus tareas como un tiro. El niño es un desafío pero la cuestión es desentrañar como ve e interpreta el mundo a su curiosa pero no por ello peor manera. Comprender es ayudar.

    Si me permites un consejo no cometas el error de echarte la culpa de la situación de tu hija por lo que pudo ser si hubiéramos seguido este camino o aquel otro además de que, por otra parte, comparte destino con otros tantos millones de chic@s cualificados o no por causas no imputables a ellos mismos. Por desgracia estamos en una “terra incógnita” en que los mismos especialistas no se ponen de acuerdo y nos toca a las familias poner toda la carne en el asador para que como se suele decir “por nosotros que no quede”. Claro que sentimos inquietud por su futuro pero por ahora es lo máximo que podemos ofrecerle en este mundo cada vez más turbio y no es poca cosa.

    De momento nos ha sacado dos notables y un sobresaliente el otro día.

    Moderado optimismo.🙂

    Como ves puedo equivocarme de medio a medio en muchas cosas pero como dije en otra ocasión no es mi estilo hablar a la ligera y menos en asuntos que me tomo muy en serio.

    Muchos ánimos. De corazón.

    PD-> Por cierto he hecho el mencionado test y doy positivo en ocho de los trece puntos lo cual supongo que me convierte en un tarado asocial mayúsculo. Creo recordar que Einstein (con el que, por si acaso, no me estoy comparando) era en la escuela un absoluto zote con unas calificaciones mediocres. Para pensarselo un momento.

    Comentario por fouche — 1 junio 2016 @ 21:42 | Responder

    • Pero notable o sobresaliente, en relación a qué? No sé, es que me parece absolutamente absurdo el tema de las notas. Y más en esas edades, y aún más con niños con alguna característica o disfunción particular.

      Del emocionante relato que haces, me quedo con una parte que para mí es fundamental: ¿por qué cojones tu hermano tiene que costear la educación de su hijo? Por qué el Estado no puede atender las necesidades educativas especiales que tiene ese crío? Es un ciudadano de segunda categoría, por ser diferente? Para mí este punto es esencial. Porque proveerle de la especialización académica que necesita, puede suponer la diferencia entre tener el día de mañana un especialista en algún área aportando riqueza a la sociedad, o tener a un inválido social, una carga para el sistema. Y ya ni pensar en las consecuencias para el mismo individuo y para la familia, pero es que para la misma sociedad, es tirar a la basura un talento potencial.

      Otra cosa que destaco, es el empeño estúpido en negar que un niño tiene una especificidad o problema. ¿Qué solucionas con ésto? Un niño sordo va a escuchar porque lo incluyas en una clase de oyentes? Sin embargo, va a aprender menos que si le dedicas una atención especializada para alumnos con esa deficiencia. Eso sí, SALE CARO, porque hay que proveer de centros y personal especializado. Es mucho más barato inventarse un discurso buenista de integración (todo muy progre), y soltar al crío en un aula.

      En fin…

      Comentario por Mendigo — 1 junio 2016 @ 22:23 | Responder

    • Vaya historia, Fouche. Aunque no a ese nivel – no soy autista, aunque algo habrá – sí recuerdo lo mucho que duele cuando es tu madre hablando con su hermana la que dice que su hijo es “muy rarito”, mientras que tu padre te suelta un guantazo cada vez que te pilla haciendo cosas de niño raro, como leer algo sin dibujos (claro, que eran otros tiempos y yo aprendí rápido a fingir normalidad por la cuenta que me tenía).

      Desde ese punto de vista, mi aplauso por vuestra actitud y por vuestros logros con tu sobrino.

      Por último seguiré echándole la culpa al sistema educativo porque en estos momentos estoy seguro de que alguna niña, o niño, estará esperando en un banco del pasillo para que el tutor reciba a alguno de sus padres porque no está atento, habla mucho, …. Si es un niño del norte de Europa, probablemente sus padres reciban asesoramiento y apoyo sobre TDA, dislexia, o lo que sea. Si es español le espera probablemente el fracaso, a menos que sus improbables padres sean inteligentes y al menos razonablemente pudientes. Estadísticamente hablando, apuesto por el fracaso.

      NB: En cuanto a Einstein y similares, acabo de leer una frase que viene a cuento: “Algunas veces las mentes más brillantes e inteligentes no destacan en las pruebas stándar porque no tienen mentes stándar.” Diane Ravitch.

      Comentario por @VJNacher — 2 junio 2016 @ 18:51 | Responder

  7. Comparto con Nacher su respeto hacia la psicología – y por supuestísimo también la psiquiatría, la neurología…- y el beneficio que el buen uso de la misma puede ofrecer a la sociedad en su conjunto o a los individuos en particular. Necesitamos buenos psiquiatras, buenos psicólogos y buenos educadores especiales. Y un buen educador especial, a pesar de su menor prestigio es mucho mejor que un mal psiquiatra. Pero por otra parte, la psicología desde sus inicios ha tenido su lado oscuro. Sé que es un ejemplo exagerado pero ¿habéis oído hablar de la drapetomanía? https://es.wikipedia.org/wiki/Drapetoman%C3%ADa Y es que la clasificación de los trastornos mentales se elabora a partir de lo que los expertos del momento (y por supuesto los expertos no son seres puros, están condicionados por su propia cultura e incluso pueden tener intereses inconfesables) entienden que son comportamientos no adaptativos para el buen funcionamiento de la sociedad. Por eso el concepto de salud mental tiene una dimensión cultural y varía de una sociedad a otra. Ahora bien, es cierto que los avances en el conocimiento de la psique humana nos ayudan a entender el porqué algunas personas tienen esas características particulares que les originan dificultades adaptativas y que de paso, deberían ayudarles a superarlas. A partir de ahí, se puede discutir si hay que variar la conducta de la persona o si es mejor cambiar la sociedad, si las pastillas son el mejor remedio, o si una enfermedad está sobrediagnosticada por la presión de la industria farmaceútica, y demás variables. Habría que ver caso por caso y seguro que no en todos ellos hallábamos las mismas respuestas. En cualquier caso, estudiando los patrones generales, o, por decirlo de otra forma, estudiando la etiología de las prácticas de los profesionales de las ciencias de la mente, se podría llegar a diagnosticar algún trastorno social. ¿Que por ejemplo se descubre el patrón de la sobremedicación y la sobrediagnosticación en defensa de intereses pecuniarios de grandes corporaciones, aunque esa medicación vaya en contra de los intereses del paciente que, de hecho, en algunos casos, ni siquiera debiera ser tal? Pues el asunto es claro. La sociedad está enferma de capitalismo. A pesar de ello, insisto, no hay que negar la existencia real de problemas mentales -aunque éstos sean en parte relativos por generar problemas adaptativos en nuestra particular sociedad- ni de avances objetivos en el conocimiento que bien aplicados puedan suponer una ayuda.

    Comentario por Arnotegi — 2 junio 2016 @ 20:27 | Responder

  8. Lo primero, decir que la apreciación de la psicología como pseudociencia y charlatanería me parece incorrecta y más teniendo en cuenta los argumentos que has aducido en esta entrada y en la titulada “la pastillita” para defender esa postura. Concuerdo con que la nota de corte de la carrera es baja y que el nivel exigido más de lo mismo, pero eso no guarda relación alguna con la condición científica de las disciplina (si, por ejemplo, la nota de corte de la carrera de física fuera ínfima, la física no dejaría por ello de ser una ciencia). Sí que es cierto, y es un motivo de crítica no menor, que se ha encontrado en los últimos años que buena parte de los experimentos hechos en psicología tienen serios problemas de replicabilidad que habrá que tener en cuenta de cara al futuro.
    También confundes los objetos de estudio de la psiquiatría y de la psicología. La psicología se interesa por la comprensión de la conducta y sus correlatos; la que estudia y trata los trastornos mentales (que no las enfermedades neuronales, de eso se encarga la neurología) es la psiquiatría. Por tanto, la que identificaba la homosexualidad como enfermedad mental hasta los ochenta era la psiquiatría, que, a diferencia de la psicología, siempre tuvo, y sigue teniendo, dificultades para hacer valer su condición como disciplina científica frente a otras disciplinas médicas. De hecho, aunque esto pueda tener sus matices, no se conocen marcadores biológicos para ninguno de los trastornos mentales y los tratamientos farmacológicos que se utilizan, se utilizan porque parece que funcionan, no porque actúen sobre procesos causales conocidos… Y probablemente, es una suposición mía, en la medida que se vayan conociendo esos procesos, las enfermedades tratadas por la psiquiatría irán pasando al terreno de la neurología, o ambas disciplinas terminarán por fusionarse (neurociencia médica).
    Yendo al tema que ocupa este artículo, lo que expones aquí (que sospecho que viene de aquí http://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/trastorno-de-deficit-de-atencion-e-hiperactividad-facil-de-leer/index.shtml) no es un test para diagnosticar déficit de atención, sino una guía para orientar al diagnóstico, que ya se verá si es positivo o no. Para medir capacidades atencionales de un modo objetivo tienes algún que otro test de inteligencia o pruebas desarrolladas expresamente para medir atención (test de cancelación, pruebas de vigilancia, quizás una prueba de Stroop…)… o, de un modo más subjetivo, también te puede valer la baterías de pruebas de Achenbach. Por otra parte, si quieres criticar la falta de entidad clínica del TDAH lo mejor es que te fijes en los criterios del DSM y de la CIE (http://www.tdahytu.es/criterios-para-diagnosticar-el-tdah/). Como ves, los síntomas empiezan con expresiones del tipo “con frecuencia”, “a menudo”, etc., cuyo significado queda un poco al albur de padres, profesores, psicólogos y psiquiatras de turno.
    Ya para terminar, tampoco me parece acertada la identificación de lo que se supone que son los síntomas del TDAH con lo que comúnmente se ha conocido por infancia. No me malinterpretes, no se trata de que tenga nada de malo que un niño sea más inquieto, movido, etc., sino de aceptar que el niño más pausado, el niño taciturno como el Unamuno de notas mediocres del artículo anterior, puede ser y es un niño tan sano mentalmente como el que más.

    Comentario por Tou Cedo — 3 junio 2016 @ 10:23 | Responder

    • Tou, totalmente de acuerdo contigo, y añado tres puntualizaciones:
      – La primera, que la nota de corte de Psicología supera el 9 en unas cuantas universidades españolas. Bastante más alta que la de Educación Primaria o Pedagogía, por ejemplo.
      – La segunda, que el debate sobre el positivismo en las ciencias sociales es un tema recurrente, y con frecuencia hay que aceptar la no repetibilidad de los estudios. Pero tampoco hay que sorprenderse, recordemos el debate similar para la física relativista primero, y la cuántica después.
      – Por último, se considera que se da un síntoma de TDAH cuando la frecuencia de ocurrencia es muy superior a la esperada, o totalmente extemporánea. Siguiendo con mis ejemplos deportivos, un niño “normal” es el que corre los 100 metros lisos a tope y luego se despista, el hiperactivo es el que no para al llegar a la meta y sigue corriendo cual conejito de anuncio de pilas, y el TDA se sale de la pista o se para a mitad de carrera para contemplar una nube. Y todo ello de forma recurrente.

      Comentario por @VJNacher — 3 junio 2016 @ 13:31 | Responder

  9. Lo primero de todo, hay psicólogos y psicólogos. No todos los policías son corruptos, no todos los empresarios unos explotadores, ni todos los periodistas…… pues eso, que no todos los empresarios son unos explotadores.

    Lo digo de primera mano porque mi señora esposa es psicóloga, y sí, la psicología funciona (y conste que yo antes pensaba como tú. El problema, como digo, es que hay psicólogos y psicólogos (mi mujer, por ejemplo, encabeza una auténtica cruzada contra la locura del TDA).

    El TDA es una enfermedad real y muy seria, que se debería diagnosticar en casos realmente graves donde el niño prácticamente no puede llevar una vida normal por su causa. Pero de un tiempo a ésta parte se está diagnosticando como si ésto fuese una feria: es como si diagnosticas a un niño de esquizofrenia porque tiene imaginación. Como si te someten a un tratamiento severo de quimioterapia y radioterapia porque tienes un lunar.

    Lo que hay es falta de rigor y falta de escrúpulos. Es como lo del Estivill, hombre tristemente famoso por defender que los niños son unos desalmados sin escrúpulos, una carga para sus padres, y hay que enseñarles desde que nacen a que no molesten; un pseudopsicólogo con millones de seguidores por establecer unas bases sin haber realizado ningún estudio (de hecho los estudios actuales demuestran que todo lo que dice es un completo absurdo). En el caso del TDA pasa algo similar, parece que los niños son unos seres molestos a los que hay que educar para que no molesten en clase y que el profesor pueda explicar sin esfuerzo alguno, y cualquiera que se salga de la norma, pastillita. Porque claro, lo normal en un niño de 8 años es que se pase 6 horas seguidas sentado atendiendo tranquilamente al profesor (nótese la ironía).

    Y hay cosas realmente terribles y que no tienen ningún sentido. Para empezar, lo que le dan a los niños son ANFETAMINAS (pueden ponerle el nombre que quieran, pero siguen siendo anfetaminas). Es algo que parece sacado de una película de terror.

    Luego te encuentras con casos extremos, como que un psicólogo diagnostique de TDA a un niño de 4 años, algo que no tiene sentido moral pero tampoco legal: NO SE PUEDE REALIZAR UN TEST DE TDA A MENORES DE 7 AÑOS. NO SE PUEDE DIAGNOSTICAR A MENORES DE 7 AÑOS. No es que no se deba, es que un psicólogo jamás puede hacerlo (y los test no están diseñados para ello), y sería denunciable. Bueno, pues al parecer sí que pueden, y se hace, y se recetan pastillas contra el TDA a niños recién salidos de la guardería.

    Lo triste es que todos esos niños que ahora diagnostican como anomalías a corregir, hace no mucho habrían sido considerados como futuros líderes y habrían sobresalido sobre el resto.

    Comentario por marcostonhin — 21 junio 2016 @ 9:58 | Responder

    • Pues si los TDA van camino de ser futuros líderes, casi mejor que los inflen a anfetas hasta que revienten. Lo siento por ellos, pero a la humanidad le irá mucho mejor sin pastores.😄

      Tienes razón, compi. No todos los periodistas son unos ignorantes lameculos, bien es cierto, también los hay que están en el paro. No todos los policías son corruptos, ¡quién les diera! No, que va, lo que estoy completamente seguro es que no hay ningún hombre que mueran de infección puerperal ni policía enamorado de Sofía. En cuanto a los empresarios, tendríamos que definir explotación, lo que es rigurosamente cierto es que obtienen beneficios del trabajo ajeno, además del propio, y esto es robar. En cuanto a la psicología, está bien, la aceptamos como ciencia y no como charlatanada. Pero digamos que es una disciplina borderline, de las menos rigurosas, que está a un paso de caer en el precipicio de la charlatanería. Y algunos de sus acólitos juegan a la comba con esa línea.

      XDDDDDDDDDDDDDDDDDD

      Ves? Es superior a mis fuerzas, me encanta decir cosas inconvenientes.😉

      Y no te ralles con lo de empresario explotador, que podemos seguir así hasta el final de los tiempos. Mira, la labor que en un sistema capitalista realiza un empresario, puede ser perfectamente honroso e incluso encomiable: es una labor de construcción, de creación y luego de gestión para mantener el edificio en pie. En un sistema socialista también se necesita la figura del empresario. Lo despojamos de la propiedad del capital, esa carga, y ponemos a alguien de su valía al frente de una empresa que sea propiedad de todos (de todos los trabajadores de esa empresa, o de toda la ciudadanía). Y se le recompensa holgadamente. No te quejes, si de mí dependiera, en el sistema que yo propugno, quizá incluso ganabas más pasta y seguro que tenías más oportunidades.😉

      Pero tronk, ni que no me conocieras. Ya sabes que me encanta cebarme y cargar las tintas. Mira que ir a picar el anzuelo…😛

      Lo de TDAH con críos de 4 tacos no lo había oído, la verdad. Y esto ya te lo digo totalmente en serio: son cosas que deberían merecer cárcel. Empezando por los padres. Mucho ponerle el casquito cuando monta en bici con ruedines, y luego estás creando una bomba psicótica.

      En USA existe un problema gordo de adicción a psicofármacos en la población adulta, y queremos importar ese problema. Pues muy bien, estupendo. Si mi mujer me abandona y me doy al orujo, soy un puto borracho. Pero si voy al médico a que me recete Prozac, soy muy espabilado.

      En fin…

      Comentario por Mendigo — 21 junio 2016 @ 18:18 | Responder

      • Pico otra vez: el empresario no le roba a nadie, paga dinero a cambio de trabajo.

        La verdad es que se me fue la pinza y me lié un poco. Cuando hablaba de que habrían sido líderes estaba pensando más en los niños hiperactivos, que no tienen nada que ver (es lo que tiene pensar varias cosas a la vez). De hecho hay un movimiento, asociación o lo que sea, que están intentando enfocar las cosas de éste modo: darle a los niños hiperactivos un sistema educativo y actividades adaptadas para ellos, en lugar de darles drogas para “ralentizarlos”.

        Comentario por marcostonhin — 21 junio 2016 @ 23:02 | Responder

        • Paga menos de lo que vale ese trabajo, y de esta diferencia es de donde proviene la plusvalía (en este caso, el beneficio empresarial). En el capitalismo, se justifica porque el capital tiene derecho a una retribución. Y ahí está la madre del cordero, en la legitimidad de la reproducción del capital. Según la respuesta que des, estás en un campo o en otro. Si esto lo hemos tratado una y otra vez.

          En todo caso, deberíamos centrarnos en ese núcleo, lo del beneficio empresarial y el trabajo asalariado es sólo una consecuencia que se sigue de dar una respuesta afirmativa a la pregunta ¿es legítimo que por tener, merezcas tener más? Que el capital engendre capital. Vivimos en una economía capitalista, y todos estamos acostumbrados, por ejemplo, a que el capital en su forma más pura, el dinero, se reproduzca (los intereses de una cuenta corriente, cuando los daban, o un depósito). Es algo que vemos natural y lo tenemos interiorizado. Si te sirve de consuelo, estás en el bando del 99,999% de la población, incluida la que se cree muy de izquierdas y alternativa.

          ¡Ojo! Yo soy el primero que me beneficio de ello. Pero no por eso, puedo violentar mi inteligencia. Estoy convencido de que la reproducción del capital es ilegítima, que el único valor viene del trabajo y de la Naturaleza (el soporte material de nuestra existencia, de todos los procesos). Pero vamos, que mientras sigáis creyendo lo contrario, yo encantado, ¿eh? Tengo poca vocación de mártir, la verdad.🙂

          Oye, pues si sabes el nombre de esa asociación, sería una forma de completar esta entrada. Por si alguna vez alguien entra buscando información.

          Yo creo que el problema es tratar a los niños como si todos fueran cortados por el mismo patrón. Quizá a un crío no le hace ni maldita gracia jugar al futbol en el recreo, y prefiere irse a un rincón a charlar o con un libro. A ese crío se le reprende. Otro, en cambio, está lleno de energía que debe gastar, y el recreo debería durar el doble, o tener más recreos a lo largo de la jornada, aunque luego ésta se alargue. ¿Tampoco es tanto pedir, no? Pero claro, con 30 y pico alumnos por clase y un sistema burocratizado, no puedes pretender una atención personalizada. Ni siquiera puedes sacar a un crío de clase: tienes que enviarlo a dirección, y sólo lo haces cuando la lía parda. Lo inteligente sería que sólo entrase en clase aquel alumno que quisiera aprender. Y si no, a patear un balón o lo que sea. El aprendizaje es un proceso voluntario, si el crío no quiere, no va a aprender. Con estar en clase, no se le van a pegar los conocimientos por ósmosis. Estará de mala gana, molestando, hasta que acaba armándola y, entonces sí, hay que mandarlo a dirección.

          El aprendizaje debería mostrarse como un privilegio, no como una obligación. La mente humana necesita de ideas, especialmente cuando eres crío. Forzar la asistencia es el recurso del mal profesor para encubrir su incompetencia.

          Comentario por Mendigo — 21 junio 2016 @ 23:29 | Responder

    • marcostonhin, totalmente de acuerdo contigo!!!

      Comentario por Ruben Sentis — 22 junio 2016 @ 2:50 | Responder


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