La mirada del mendigo

16 junio 2016

Cousas

Filed under: lengua,salud — Mendigo @ 10:26

Disculpad tanto silencio, pero estos días apenas he parado en casa.

Subo rápidamente algunas cosas curiosas que he escuchado durante esta semana.

En un pueblo de la Galicia profunda, me cuenta un hombre que estaba echando veneno en un souto, y unos jubilados casi detrás de él, cogiendo setas. Les avisa que eso es una locura, que esas setas no se pueden comer, y le responden que no se preocupe, que no son para ellos, que son para vender.

Las comprará alguien de la ciudad, como producto ecológico de esa vida rural tan sana y auténtica que tienen los urbanitas idealizada desde el tiempo de las églogas pastoriles. Realmente, ahora puedo comprender la manía que nos tienen a los madrileños (y catalufos, y vasquitos, y en general a toda esa horda de gilipollas integrales que llegan en tropel a la aldea de los abuelos cuando aprieta la caló, con sus shorts, sus nikis impolutos y sus zapatos castellanos).

La cuestión es que sé el efecto que tiene en las ovejas cuando comen hierba tratada con glifosato: varias mueren, otras hay que sacrificarlas, la mayoría abortan… Contando la enorme tendencia de las setas a almacenar en sus tejidos los productos tóxicos presentes en la tierra, qué será cuando las han regado directamente con herbicida, es temible el resultado de esas setas cuando llegasen al mercado.

Muy interesante estudiar esa absoluta falta de humanidad, la indiferencia de causar una grave intoxicación, incluso la muerte, ya que es alguien a quien no conoces y nunca llegarás a ver. Lo que importa es ganar unos euretes para redondear la pensión. Y luego, es el medio urbano el deshumanizado. Jejejeje.

Es otra versión del mito del buen salvaje del que hablábamos el otro día: los urbanitas despreciamos tanto a la gente de campo, que creemos que son tan poco inteligentes que no les da para ser malvados. Craso error. En los pueblos hay gente tan refinadamente malintencionada como en la ciudad, quizá más; por otra parte, Madriz atesora el mayor número de paletos, en cantidad absoluta y densidad de paleto/m².

Sólo cambia el vestuario y el acento. La misma bazofia humana.

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Hablando con otro grupo de jubilados, y una de ellas salta (probablemente para dárselas de fina delante de mi): “Pero falade en castellano! A min non me gusta o galego, el castellano es moito máis bonito”.

No sé si será cierta la leyenda urbana del negro neonazi con la svastica tatuada, pero casos de autoodio en Galicia, a patadas (en Pontemierda, Coruña o Ferrol, es una pandemia). Las consecuencias psicológicas son devastadoras, para uno mismo y para los demás, como pudimos ver en Orlando.

Por cierto, hablando de la burrada de la semana: de esta forma celebró el vicegobernador de Texas la matanza:

El mismo guión, de nuevo sólo cambia el decorado y el vestuario. Cristianismo e islam son sólo adaptaciones con fallos de traducción del libreto original hebreo. La misma basura.

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Y el último comentario también está relacionada con la otra muestra garrulada islámica. Conduciendo, toco el botón equivocado y salta la radio (nunca la escucho, siempre tiro del lápiz USB de 8GB atiborrado de todo tipo de música, que debe estar ya soldado al coche). Un locutor de Radio 5, narrando el asesinato del policía parisino: “…y degolla a su mujer…”.

Quizá yo sea muy tiquismiquis; quizá sea mucho pedir, que la radio pública contrate a tipiños con un bachillerato decentito, en el que hayan aprendido cosas como que el verbo degollar tiene una conjugación irregular. En realidad, es de EGB, pero le damos al débil mental de plazo hasta bachillerato para aprender esas cosas, por eso de que pase de curso y no traumatizarlo. Total, va a estudiar periodismo…

En serio, pase porque un periodista no haga periodismo (tampoco un juez, justicia), realmente un medio público es el último lugar donde podrías pretender ejercer. No se te pide que indagues información que está velada a la ciudadanía, sólo que transmitas la parte de la información que se quiere hacer pública, que pongas el micrófono en las ruedas de prensa oficiales o leas los comunicados de prensa que tal organismo o institucion emita (en el caso de los “periodistas” de telegaita, el puesto también obliga a visitar todas las ferias gastronómicas de la Comunidad Autónoma preguntando a los abueletes si estaba sabroso el condumio).

Pero bueno, pase, realmente nadie que procure informarse sintonizaría la Radio o escucharía el Telexornal. Pero al menos, coño, que pongan de constatador de evidencias a alguien con una mínima cultura, que no patee el diccionario. No, no es un lapsus, el locutor de Radio 5 está leyendo un papel, un texto que alguien ha escrito. El degolla ha pasado por varios filtros (empezando por el mismo procesador de texto), y a nadie en la redacción le han chirriado los oídos. Y, de hecho, seguirán repitiendo urbi et orbe el degolla con periodicidad horaria (creo recordar, en el repaso de titulares) hasta que otras noticias la defenestren para ocupar su lugar.

¡Me se ha caído el micrófono!

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2 comentarios »

  1. O hasta que sea “vox populi” y sea aceptado en la Real Mierder Academia de la Lengua que es la que pule y da brillo a los truños más infames del lenguaje: yo degollo, tú degollas, él degolla

    Comentario por Morrigang — 16 junio 2016 @ 11:38 | Responder

  2. “Las comprará alguien de la ciudad, como producto ecológico de esa vida rural tan sana y auténtica que tienen los urbanitas idealizada desde el tiempo de las églogas pastoriles… Es otra versión del mito del buen salvaje del que hablábamos el otro día: los urbanitas despreciamos tanto a la gente de campo, que creemos que son tan poco inteligentes que no les da para ser malvados. Craso error…”

    Ya lo decía el famoso investigador de Doyle hace más de 100 años:

    “All over the countryside, away to the rolling hills around Aldershot, the little red and grey roofs of the farm-steadings peeped out from amid the light green of the new foliage.
    “Are they not fresh and beautiful?” Watson cried with all the enthusiasm of a man fresh from the fogs of Baker Street. But Holmes shook his head gravely. “Do you know, Watson,” said Holmes, “that it is one of the curses of a mind with a turn like mine that I must look at everything with reference to my own special subject. You look at these scattered houses, and you are impressed by their beauty. I look at them, and the only thought which comes to me is a feeling of their isolation and of the impunity with which crime may be committed there. “Good heavens!” Watson cried. “Who would associate crime with these dear old homesteads?”
    “They always fill me with a certain horror. It is my belief, Watson, founded upon my experience, that the lowest and vilest alleys in London do not present a more dreadful record of sin than does the smiling and beautiful countryside”, said Holmes.
    “You horrify me!”, replied Watson. add
    And Holmes added, “But the reason is very obvious. The pressure of public opinion can do in the town what the law cannot accomplish. There is no lane so vile that the scream of a tortured child, or the thud of a drunkard’s blow, does not beget sympathy and indignation among the neighbours, and then the whole machinery of justice is ever so close that a word of complaint can set it going, and there is but a step between the crime and the dock. But look at these lonely houses, each in its own fields, filled for the most part with poor ignorant folk who know little of the law. Think of the deeds of hellish cruelty, the hidden wickedness which may go on, year in, year out, in such places, and none the wiser. ” The adventure of the copper beeches (The adventures of Sherlock Holmes).

    Comentario por nicflamel — 17 junio 2016 @ 1:28 | Responder


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