La mirada del mendigo

26 agosto 2016

Incendios forestales en Galicia: comprendiendo la insania

Filed under: ecología — Mendigo @ 9:08

En la pasada entrada, Violeta hace un comentario que creo que da exactamente en el clavo. Un par de frases:

Es desesperante como la mayoría de gallegos repiten sin cesar la cantinela de “limpiar el monte” y “monte abandonado”. […] Hay un sector de gallegos (especialmente de la generación de mis padres) que tienen idealizado el monte antropomorfizado y despejado de antes de repoblar con pino y eucalipto y se abandoraran tierras. Para ellos hay que desbrozar el monte, cultivar esas tierras, meter el pastoreo de nuevo…

Violeta y yo entendemos de qué va la historia, porque somos de aquí, pero quizá a gente de fuera le resulte difícil comprender el estado del medio rural en Ourense, epítome de las condiciones en que se encuentra el cuadrante NW peninsular, que es donde se concentran el 96% de los incendios (en número de focos, no Ha. quemadas). Por ello voy a ilustrar su excelente comentario con unas pocas imágenes.

No tengo la de Cualedro (el verdadero culo del mundo, el horror), pero os muestro la evolución de la población en un concello cercano, también recursivamente incendiario.

Vilardevós

Efectivamente, si consultas el Madoz describe (en 1846) aldeas de 300 vecinos dedicados a la huerta, el centeno y la vid. Quizá reseñe la existencia de un telar o una fragua. Y te sonríes, porque esa misma aldea tiene hoy sólo 5 casas habitadas todo el año. Parejas de ancianos que no dejan duda del futuro ineludible de esa aldea: el abandono.

En la entrada de Cualedro no aparece la evolución demográfica, pero sí un dato sobre el nivel educativo de la población:

La formación de la población de Cualedro se caracteriza por el alto grado de analfabetismo (13,60 %) y de personas sin estudios (65,80 %). Estos datos de 1996 son peores para las mujeres en el primer caso (20,7 % de analfabetismo frente a 6,7 % en los hombres) y peores para los varones en el segundo caso (71,3 % de personas de sexo masculino sin rematar estudios primarios).

Simplemente impresionante.

En la gráfica se aprecian dos fenómenos: un proceso de fuerte crecimiento de la población debido al desacoplamiento entre las curvas de natalidad (aún alta, siguiendo patrones reproductivos tradicionales) y de mortalidad (en retroceso debido a los avances médicos asociados a la revolución industrial). La vía de escape de este crecimiento vegetativo siempre ha sido la emigración, que amortiguaba la tendencia. Pero a partir de 1960, en España tiene lugar el éxodo rural, que no sólo amortigua sino que revierte drásticamente la tendencia creciente hasta dejar grandes zonas despobladas.

Ambos procesos no son, desde luego, particulares del NW peninsular (ambos son fenómenos globales que aún siguen operando en las demografías de los países subdesarrollados) pero aquí el cambio se dio con inusitada fuerza: un cambio muy abrupto de un patrón de crecimiento a una despoblación radical en muy pocos años.

¿Qué tiene que ver este rollo demográfico, por todos conocido, con los incendios? Pues TODO.

Es sencillo, y la clave nos la aportó Violeta: ¿Cómo reaccionó la población gallega del s.XIX y primera mitad del s.XX a esta presión demográfica creciente? Roturando tierras, dedicando cada vez más superficie al cultivo o a pastos, a expensas de las masas boscosas. Hablando con los ancianos, te cuentan que todo hasta donde abarca la vista, estaba cultivado, y esta devastación ecológica es narrada por estas gentes con orgullo. Orgullo entendible, pues estos ancianos crecieron con el hambre alentando en su pescuezo, espoleados permanentemente por la necesidad de alimentar a un número creciente de bocas, porque una rudimentaria medicina e higiene habían logrado que no muriesen suficientes niños, rompiendo el equilibrio natural y creando, con una trágica ironía, un grave problema.

Creo que a mucha gente se le escapa la dureza de las condiciones de vida de aquellas gentes, a tan sólo un siglo de distancia de nuestra muelle sociedad. Mi abuela tuvo once hijos, de los cuales sobrevivieron ocho. Los otros tres (tíos míos), murieron básicamente de malnutrición y miseria. Los ancianos de hoy que conocieron a mi abuela, coinciden en que murió reventada de trabajar para sacar adelante ella sola a su familia (a mi abuelo lo asesinó la Guardia Civil en el 37, esa misma Guardia Civil que nunca ha pedido perdón por tanto crimen y nadie se ha atrevido a exigírselo).

Hoy en día, se antoja extraña la idea de tener cerdos en casa, y nunca haber probado el jamón. Pero es que los jamones eran curados para venderlos a los ricos de la villa, y poder así comprar más tocino que aportara proteínas y grasas para subsistir el resto del año. No estoy hablando de las naciones más desgarradas del continente africano, sino de la España de principios del siglo XX.

Esta realidad, que nunca aparece en los libros de historia, grabó con fuego en las mentes el instinto de supervivencia. Y en esos años, la supervivencia pasaba por dedicar cada vez más tierras al cultivo. En esos tiempos, tener una tierra ociosa implicaba dejar de alimentar una boca, deixar morrer un fillo. Las tierras incultas, en esas condiciones, eran un baldón para su propietario, que quedaba identificado evidentemente como un perezoso. Y cuando la supervivencia de tu familia dependía de tu capacidad de trabajar como una bestia de carga (¿o pensáis que la espalda encorvada de los viejos de las aldeas es de nacimiento?), la pereza, la molicie eran textualmente criminales.

Este es el acuciante contexto social que dio origen a la idea, más bien obsesión, de cultivar hasta el último pedacito de tierra, por apartado y escarpado que fuera (en Galicia, geológicamente una anciana, las pendientes rara vez son tan pronunciadas que imposibiliten el cultivo, y aún en éstas, el terreno se organiza en bancales). No olvidemos la baja productividad del campo en aquellos años, con un microfundismo que aún hoy impiden la mecanización y cualquier intento de racional la producción para hacerla rentable.

Y llegaron los años ’60, el desarrollismo y se disparó el éxodo rural. Aquello fue un “tonto el último”; y realmente era así, pues existía la idea de que sólo se quedaba en la aldea quien no valía para otra cosa. Los más avispados y arrojados cruzaron el telón de grelos camino de Alemania, Suiza, Francia, Madriz, Barcelona, Bilbao… en busca de un lugar que ofreciera a sus hijos las oportunidades que una Galicia ingrata, sometida al control de los caciques locales, les negaba (exactamente igual que los que se juegan la vida, y a veces la pierden, en el Estrecho).

Abruptamente, la necesidad perentoria de roturar nuevas tierras se esfumó. Cada vez había menos brazos para trabajarla y menos bocas que dependiesen de ella (y luego llegaron las pensiones, que liberaron a los ancianos de la servidumbre de la búsqueda de sustento). Según descendía la población, cada vez más tierras iban quedando abandonadas, quedando el cultivo reducido de nuevo a sólo las tierras más fértiles y próximas a la aldea. Como la caída de población fue tan acusada, el proceso de abandono de tierras también lo fue. Demasiado rápido para ser asimilado por los que se quedaban, y generar cambios en la conciencia social según las nuevas condiciones.

Siguiendo un proceso natural, estas tierras abandonadas van siendo de nuevo ocupadas por la Naturaleza, primero por matorral (lo que se conoce por el muy revelador nombre de maleza) que crea las condiciones para que las especies de mayor porte progresen. Todo lo anterior no es ni mucho menos característico de Galicia, y el mismo proceso de éxodo rural y reforestación natural ocurrió en Alemania, Francia… y por eso ahora disfrutan de grandes masas boscosas.

Lo característico de Galicia es que los que se quedaron (los más tontos o timoratos del pueblo, según esa misma conciencia popular) se negaron a aceptar la realidad, con las nuevas condiciones que imponía al campo. Sintieron este proceso de regeneración natural como una amenaza, y si bien ya no podían mantener su modelo de paisaje, cultivado hasta el último palmo de tierra (faltaban brazos y, sobre todo, faltaba la necesidad imperiosa para no morir de hambre), tampoco han permitido el avance de la frontera natural, manteniéndola a raya con sucesivos, recurrentes, recursivos incendios (el monte bajo es la forma que tiene la naturaleza de regenerarse tras el incendio, y la razón para que el aldeano vuelva a provocarlo). Los paisanos han heredado el atavismo de identificar una xesta, un toxo, un rodal de rebolos (especie de roble de menor porte), hace medio siglo indicio incriminatorio de un holgazán que no asegura la supervivencia de su prole, con la maldad en estado puro, un estado de abandono que acarreará desgracias a la sociedad. Entroncamos con la aún más vetusta idea de que el hombre debe luchar contra el medio para domesticarlo, someterlo, moldearlo, imponer sobre la Naturaleza un orden humano. Una idea tan primitiva que es el núcleo argumental del primer texto literario de la historia, un cuento mesopotámico cuyo origen en la tradición oral se pierde en la noche de los tiempos (reaparece en la Hélade con el mito de Heracles).

Por lo tanto, los incendios son la forma de reaccionar de una población envejecida e iletrada a los cambios que impone la modernidad. Siguen operando hoy con los parámetros heredados de sus padres y abuelos, lo cual sólo puede tener como consecuencia el desastre. La falta de adecuación entre sus directrices mentales y la realidad no sólo se limita a esta cuestión, por ejemplo es precisamente este atraso el que impide irónicamente que se pueda desarrollar cualquier proyecto agrícola serio en este piélago de microfundismo. Y siguen con la economía de supervivencia de sus abuelos, con sus cuatro vacas, veinte ovejas y su leira de patacas e millo (modelo agroganadero promovido desde la administración con subvenciones, por otro lado).

Pero esto es sólo una parte del cuadro. Hay que añadir otra variante: en grandes zonas, se promovió desde el Estado la introducción de especies industriales (pinos para FINSA y eucaliptos para ENCE) ocupando las tierras que iban siendo liberadas de la agricultura o la ganadería. Como he comentado muchas veces, este es la mayor catástrofe ecológica, muy por encima de los incendios, pues impidió la regeneración natural de los ecosistemas gallegos (los incendios sólo la detienen temporalmente, la ralentizan, excepto en los casos extremos del Sur de Ourense, donde la infernal reiteración de incendios provocan la pérdida del suelo y la desertificación). Especies alóctonas y pirófitas que echaron, literalmente, más leña al fuego.

Quiero dejar bien claro, ya para terminar, que no todos los incendios del NW peninsular se explican por lo anteriormente descrito. Tendríamos que hablar de los madereros que hacen negocio de la madera quemada (en buena parte portugueses), de los cien millones de € que todos los años se embolsa el sector de la extinción, de los proyectos eólicos que se liberan tras un oportuno incendio, de los cazadores que necesitan tener despejada la línea de tiro…

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28 comentarios »

  1. Hola Mendigo:

    Acertadísimo el comentario de Violeta (no lo había visto) y acertadísima esta última entrada. Efectivamente, la idealización obsesiva por parte de la población rural del paisaje antropizado y el consecuente rechazo de un paisaje menos intervenido (para ellos sinónimo de hambre, atraso y misera) explican, en parte, la recurrencia de los incendios en amplias zonas interiores del NO peninsular. Y si no, hágase la siguiente prueba: invítese a un mayor de 50-60 años, habitante de cualquier entorno rural envejecido y despoblado (Macizo Central Orensano, Baixa Limia, O Courel, etc…) a un entorno rural del litoral gallego (donde los paisajes están profundamente intervenidos y extraordinariamente poblados). Una vez allí, escúchense los comentarios del acompañante respecto al paisaje que le rodea.

    Lo dicho. Muy buen comentario el de Violeta y muy buena entrada.

    Un saludo a todos.

    Comentario por Daniel Pérez — 26 agosto 2016 @ 14:14 | Responder

    • Podríamos dar tantos ejemplos…

      Por ejemplo, a mí me sorprende muchísimo que, habiendo cien caminos y pistas para poder pasear, la gente de los pueblos sale a andar por las vías asfaltadas, aguantando los tubos de escape y el peligro de la circulación rodada. Para mí, es absolutamente incomprensible, yo que siempre trato de buscar las veredas más recónditas para estar tranquilo. La cuestión es que la mayoría de la gente aún está en esa fase primitiva de domesticación del medio. Ya desde la Ilustración empieza la biología como ciencia metódicamente tratada (Linneo) y el afán por modificar la Naturaleza es sustituido por el interés por conocerla. Y en nuestro tiempo, sin concluir la necesidad de conocerla, es más importante la necesidad de PROTEGERLA, pues la capacidad del ser humano de modificar los ecosistemas se ha disparado desde la Revolución Industrial.

      Lamentablemente, la chusma sigue viviendo en las cavernas mentales, y tampoco el sistema educativo pone mucho énfasis en sacarla de ahí (acabo de ver el vídeo de PACMA sobre las becerradas, quien se sorprenda de lo que ocurre en la España profunda es que bastante poco conoce el país en el que vive).

      Comentario por Mendigo — 26 agosto 2016 @ 15:00 | Responder

      • Yo también puedo dar fe de lo que comentas acerca de lo sorprendente que resulta encontrarse a grupos de gente (generalmente mayor) paseando con total tranquilidad por las pistas asfaltadas o por los márgenes de las carreteras. A veces, he tenido la tentación de acecarme y preguntarles: ¿Qué coño hacen ustedes andando por semejantes lugares, habiendo (como bien dices tú), cientos de caminos y senderos rurales? Si no lo he hecho es porque me temo que la respuesta que recibiría sería una cosa del siguiente estilo: “¿Y para qué coño voy a ir por esos caminos si sólo hay monte? Por aquí, al menos, vemos coches, casas y más gente que como nosotros, pasea.”

        Y es que a la gente en general, y a la gente de los pueblos en particular, la Naturaleza, en el mejor de los casos, se la repampinfla. No les interesa en absoluto. Consideran que no les va a aportar nada interesante, más bien todo lo contrario. No se sienten atraídos por un paisaje agradable. No se conmueven por el vuelo de un ave de presa, o porque un zorrillo o una serpiente se les cruce en cualquier camino campestre. En el caso del paisaje agradable, lo despreciarán. En el caso del ave de presa, del zorrillo o de la serpiente, muchos, si pueden, los matarán. Prefiero que sigan transitando las carreteras con sus andares y dejen la quietud y la calma de los caminos para los paisajes, los animales y los paseantes que los admiran.

        En cientos de caminatas efectuadas por los campos y montes del interior gallego a lo largo de los últimos 23 años, servidor, se ha encontrado con muy poca gente que salga a la Naturaleza con el propósito de conocerla y admirarla. Tal vez algún senderista, tal vez algunos de los cada vez más habituales ciclistas, salgan al campo con ése propósito……. Jamás me he encontrado (y cuando digo jamás es JAMÁS) con un homólogo (mochila a la espalda, binoculares al cuello y cuaderno de campo en ristre). Parece mentira que incluso en esos meses de la primavera, en esos gloriosos abriles, en esos maravillosos meses de mayo y junio, donde, y a pesar del maltrato y el desprecio al que la sometemos, esta tierra todavía esconde rincones de una belleza que emociona hasta lo más profundo………….. ¡la Naturaleza pueda albergar a tan pocos humanos que se emocionen al contemplarla!

        Un dato: en Gran Bretaña, la Royal Society for the Protection of Birds, cuenta con más de 1 millón de socios. Más de 1 millón de almas que se acercan al campo con el ánimo de conocerlo y admirarlo. Y los que no son socios de la RSPB o de cualquier otra entidad naturalista y en lugar de salir al campo prefieren quedarse en los pubs, en los centros comerciales o en casa haciendo “ñogo-ñogo” con la parienta, al menos son conscientes del orgullo que representa tener una tierra y unos paisajes en un aceptable estado de conservación. Y claro, luego pasa lo que pasa. En Gran Bretaña (aunque esto podíamos hacerlo extensivo a otras zonas de Europa), el estado de su medio natural es mejor ahora que hace uno, dos, tres o cuatro siglos.

        ¿Caminarán los jubilados ingleses por los árcenes de las carreteras?

        Comentario por Daniel Pérez — 26 agosto 2016 @ 18:08 | Responder

        • Buenas a los dos y ya que estamos.

          Recuerdo también de cuando trabajaba por la zona ( Bierzo occidental) un compañero de faena que tenia me sacaba bastante de quicio. Resulta que el entorno era una cucada (especialmente en otoño) pero el susodicho no hacia más que tirar los botes de pintura vacíos por la ventanilla de la furgoneta al monte. El caso es que una vez se lo señale limitándose a encogerse de hombros (era cerrado cual mejillón). Lo más grave es que él era de la zona ( una aldea apenas a unos kms) pero estaba claro que aquel paisaje lo tenia tan visto que apenas le daba valor.

          Por otra parte se me quedo en la cabeza una cosa que vi en la TV hace años. Era algo sobre el Brasil de los años del Lula en que el país carioca parecía despegar fuerte. Resulta que el comentarista hablaba de como con el desarrollo (agua corriente, luz, internet etc) los habitantes de las principales ciudades miraban la selva con desconfianza y desprecio (y todo lo que lleva dentro indígenas incluidos). Hay que señalar que estas palabras venían acompañadas con imágenes en las que literalmente acababan aquellas enormes conurbaciones urbanas para dar paso sin solución de continuidad a aquella naturaleza exuberante. No me era difícil extrapolar esa realidad a aquellos antepasados míos que cincuenta años atrás salieron del pueblo con la esperanza de dejar el olor a estiércol de vaca y chorizo, que ellos identificaban con atraso y subdesarrollo, para siempre.

          Cosas como estas me han hecho pensar mucho sobre la idea de progreso (ciertamente resbaladiza) y más que invalidar el concepto en si mismo pues es innegable que en cuarenta años hemos ido hacia adelante sea solo en el plano material (como esos tipos humanos encorvados, desdentados y quemados por el sol de mi infancia hoy casi desaparecidos) creo que el error viene de cierta concepción del “progreso” enclavada en una época muy concreta que fue la de nuestros padres pero que sigue siendo muy influyente. Una visión simple y desarrollista que concibe la naturaleza como un caos monumental solo apta para ser domeñada por mano humana y cuyo origen no es difícil vislumbrar en los mitos y creencias propias de eso que se da en llamar Occidente (bien traído el Gilgamesh). Pienso que, afortunadamente, a estas alturas de la película otras narrativas – fruto directo de nuestro progreso – se van abriendo paso para cuestionar ese antagonismo que nos obliga a elegir entre bienestar o naturaleza (falacia absoluta pues no hay vida sin un medio ambiente sano que la sostenga) dejando paso a formas mas civilizadas y armónicas de convivencia. Esperemos que sobre la podredumbre de lo viejo florezca la hermosa flor de un porvenir sino radiante al menos moderadamente esperanzador. Más nos vale por la cuenta que nos trae.

          Bona nit tothom !!

          Comentario por fouche — 27 agosto 2016 @ 0:36 | Responder

          • Pero es que en la época de Gilgamesh, civilización era precisamente dominar una Naturaleza amenazante, infinitamente poderosa, hacerse un hueco en ella para poder subsistir. Hoy, civilización supone percatarse del grado de destrucción de esa misma Naturaleza, que en comparación a nuestra capacidad de modificar los ecosistemas se nos muestra extremadamente frágil y valiosa. Hace 4.500 años, talar árboles para abrir un claro en el bosque era un rasgo de progreso. Hoy, talar los pocos carballos o amieiros que quedan para quemar en la chimenea francesa del chalet es un acto de barbarie.

            Desgraciadamente, la chusma, vulgar y paleta (por muy adinerada que sea), sigue prefiriendo un paseo marítimo que el disfrute de una costa en su estado original, una carretera con generoso arcén que una troza, el ketchup a un tomate cogido de la mata… El disfrute del medio natural es un placer delicado, no apto para espíritus groseros.

            Comentario por Mendigo — 27 agosto 2016 @ 14:01 | Responder

        • Suscribo todo lo anterior, por supuesto. También en lo de que no suelo encontrar a nadie simplemente disfrutando de la cercanía con la Naturaleza (eso sí, yo no soy biólogo, lo del cuaderno de campo lo sustituyo por la cámara de fotos🙂 ).

          Por ejemplo, cuando llego a un pueblo, me miran con desconfianza. ¿Qué vendrá a hacer éste? O la típica vieja, que no se empana, con su ¿e ti de quen eres? La única razón para ir a dar un paseo por un pueblo es ser de ese pueblo. ¿Qué sentido tiene ir a conocer otro paisaje? Es curiosísimo cómo personas que llevan 60 años viviendo en un sitio, y nunca han ido a un pueblo que está a 10km de distancia. No hay interés, curiosidad, que es la chispa de la inteligencia.

          Otro detalle tremendamente revelador es cuando hablas de un sitio donde aún quedan árboles autóctonos, y te respondes “sí, ahí hay mucha leña”. ¿?¿?¿?¿?¿?¿? No, hay árboles vivos. Si los abates y picas, entonces es leña, pero mientras tanto son árboles vivos. Siempre digo más o menos esto, para que valoren también el árbol por sí mismo, y no por el provecho que pueden obtener de él, pero siempre recibo las mismas miradas bovinas. Es realmente desesperante. Ya puestos, cuando vean pasar una vaca que digan, sí, hay van 300kg de filetes. O cuando se refieran a su mujer, que digan “porque mi coño…”

          Y en verano, llegan los paletos de ciudad, una verdadera invasión, y son aún peores, mucho peores. Su único afán es mostrar lo mucho que han progresado desde que salieron de la aldea, con un exhibicionismo hortera, y se esfuerzan en mostrar su desagrado con todo lo que tenga que ver con el campo. Estar con los abuelos, ir a las terrazas de la villa, y volver a la ciudad con el maletero cargado de pimientos y patatas.

          Comentario por Mendigo — 27 agosto 2016 @ 8:21 | Responder

        • quizás lo que falla en mi opinión sera el gran indice de analfabetismo que seguimos padeciendo en esta Ejpagna nuestra??????

          Comentario por Francisco Ocaña Vilchez — 28 agosto 2016 @ 8:46 | Responder

          • La última responsable de este frenesí incendiario es la ignorancia y la miseria en que está sumida la España profunda. En vez de cargar las tintas sobre personas en concreto, que son víctimas de su propia bestialidad, sería mejor señalar a un sistema educativo con serias deficiencias para sacar de esa postración intelectual a las nuevas generaciones de españoles.

            Y esta vez no me privo de poner el vídeo de la carnicería de Valmojado:

            Comentario por Mendigo — 28 agosto 2016 @ 12:23 | Responder

            • Soy incapaz de verlo, violencia tan gratuita y que lo llamen tradicion. Tb el garrote vil era una tradicion muy española¡
              En su dia hice un trabajo sobre los toros en la Edad Moderna, no se parecian en nada a los actuales, de hecho como podreis imaginar eran muchisimo mas sangrientos y salvajes. La figura del torero como tal no existia, y habia varios tipos de “juegos”, uno de los q mas me llamo la atencion, fue en el que cortaban al toro los tendones de las piernas traseras, y mientras se iba arrastrando la gente se acercaba y lo acuchillaba No estoy contra el toreo estoy en contra del sufrimiento del animal si en su momento evoluciono hacia un entretenimiento mas civilizado no se pq no siguen esa linea y avanza hacia el toreo sin muerte como creo q ya existe en algun pais.
              Te voy a poner un video para que veas un poco mas de la España profunda https://www.facebook.com/elespanol2015/videos/1033436063438460/

              Comentario por Emilio Fernandez — 28 agosto 2016 @ 14:55 | Responder

              • Habría que hablar también de las matanzas de delfines en las islas Feroe, pertenecientes a Dinamarca, país civilizado y ecologista donde los haya. Creo que no hace falta describir cómo matan a los delfines…

                Comentario por Greg — 29 agosto 2016 @ 11:55 | Responder

                • Podiamos hablar hasta q punto es danesa las Islas Feroe, pero bueno, es muy de estas tierras el “y tu mas”. No se a que viene el cometario de los delfines, por supuesto q me desagrada, como toda la violencia gratuita hacia cualquier ser vivo, y no te creas q es muy diferente a otras tradiciones mediterraneas atuneras.

                  Comentario por Emilio Fernandez — 29 agosto 2016 @ 22:10 | Responder

                  • Yo estoy en contra de cualquier tipo de violencia con los animales. Pero a veces me fastidia que nos tildemos a nosotros mismos de salvajes cuando hay otros que los tomamos como ejemplo y son tan salvajes como nosotros. Existen muchos ejemplos en la geografía europea. Eso sí, lo que hacen los gallegos con su tierra no lo he visto en ningún sitio.

                    Comentario por Greg — 30 agosto 2016 @ 8:44 | Responder

        • Creo que te equivocas cuando hablas de Inglaterra. A pesar de los incendios, del analfabetismo generalizado en España, del odio del lugareño hacia la naturaleza, aquí seguimos teniendo mucha más riqueza natural que en ese país: aún tenemos osos y lobos, especies extinguidas hace siglos en Inglaterra. Tenemos bosques, rapaces, lugares por los que caminar días enteros sin encontrarnos con muros o vallados. Y la situación de las aves en Inglaterra, a pesar del millón de socios de la RSPB (en España, la SEO cuenta con unos 20 mil únicamente), es dramática, con muchas especies comunes que solamente en unas décadas han caido en picado…

          Comentario por Greg — 29 agosto 2016 @ 11:48 | Responder

          • Hola Greg:

            Efectivamente, en Gran Bretaña, los grandes carnívoros fueron extinguidos hace ya siglos (precisamente en esos tiempos de los que habla Mendigo en esta entrada). Tiempos en los que la mentalidad (producto del escasísimo conocimiento que se tenía de la Naturaleza), la cada vez mayor presión demográfica, amén de otro tipo de condicionantes históricos, provocaron el descalabro del mundo natural. En España, en aquellos siglos, el conocimiento y el respeto por la Naturaleza era igual que en otras partes de Europa, es decir, nulo. Sin embargo, el contexto que podría haber provocado la misma situación de extinción de la gran fauna era otro: menor presión demográfica, condiciones geográficas y orográficas muy distintas y que sin duda propiciaron la supervivencia de estas especies, menor uso y/o acceso a las armas de fuego, etc). Con todo, no pasaron demasiados siglos para que estuviese a punto de suceder lo mismo. En las décadas de los 50-60-70, la situación de los tres grandes carnívoros de nuestra fauna (oso pardo, lobo ibérico y lince ibérico) era verdaderamente dramática (basta consultar los mapas de regresión de las tres especies para evidenciarlo. Mención aparte merece el caso del lince boreal, del que se sospecha que los últimos ejemplares del norte peninsular sí desaparecieron en esos años). Afortunadamente, la toma de conciencia de un pequeña parte de la sociedad (con el inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente como punta de lanza), y el incipiente auge de un movimiento ecologista muy ligado a la defensa de la Vida Salvaje, evitaron la catástrofe. Hoy en día la situación de las tres especies sigue siendo muy precaria, aunque (y sin entrar en detalles que podrían presagiar un futuro más que incierto) ligeramente mejor que en aquellas décadas de mitad del siglo XX. En Gran Bretaña, por cierto, desde hace tiempo se viene hablando de la posibilidad de reintroducir al lobo y al lince boreal, algo impensable hasta hace sólo unas décadas.

            Respecto a lo que comentas sobre la disminución de las especies de aves comunes (mayoritariamente de aquellas ligadas a espacios abiertos) es un proceso que se está dando en toda Europa. Las causas son variadas, si bien, el abuso de productos químicos en agricultura y el abandono de ciertas prácticas agroganaderas, parecen ser las causas principales de esa tendencia. Y es que, y sin entrar en contradicción alguna sobre lo dicho en esta entrada, una intervención humana racional, moderada y sostenible en la Naturaleza, lejos de empobrecerla, puede crear un efecto contrario y positivo.

            En resumen, y respecto a la solución del problema que nos has planteado sobre la disminución de las aves comunes o en el de la pervivencia de grandes depredadores en entornos humanizados, confío más en el buen hacer de una sociedad bastante civilizada que en el de otra que dista mucho de estarlo. (Aunque ya sabes que en ningún lugar del mundo se atan a los perros con longaniza).

            Un saludo.

            Comentario por Daniel Pérez — 29 agosto 2016 @ 18:03 | Responder

            • Hola Daniel

              Sí, esa disminución de especies se está dando en toda Europa, pero es mucho más marcada en Inglaterra que en Polonia o España, por ejemplo. La agricultura en UK está muy mecanizada y se usan muchos pesticidas. Especies relativamente comunes en el norte de España, como la alondra común o los abejorros del género Bombus, en Inglaterra prácticamente han desaparecido. Y esto a pesar del millón de socios de la RSPB. Basta pasar en avión sobre Inglaterra para ver la terrible urbanización de casi todo el territorio, ahí ya no cabe un lobo o un lince. Pero sí, son más civilizados que nosotros. Por cierto, esto es en Inglaterra. En los UK overseas territories la cosa va muy muy mal.

              un saludo

              Comentario por Greg — 29 agosto 2016 @ 19:35 | Responder

              • En Inglaterra los bosques practicamente desaparecieron en el siglo XVII-XVIII, mantener la flota inglesa acabo con los bosques ingleses, y si no hay bosques pues ya sabes que pasa. Sabes q paso en Australia con llegada del homo sapiens, q luego se remato con una nueva oleada humana que acabo con todos los carnivoros y con la introduccion de nuevas especies, posiblemente el mayor desastre provocado x el ser humano a la naturaleza. Con esto lo que quiero es q en pleno siglo XXI sabiendo lo que sabemos aun haya gente q quiera vivir en el siglo XIX
                Y te digo una cosa si en Asturias hay lobos, osos y seguramente por poco tiempo urogallos, no es pq no haya costado millones ni el esfuerzo de mucha gente, q si fuera por la mayoria de la gente campo no habria ninguno de los 3, aun hoy en dia hay gente q no acepta ni la presencia de los osos ni de los lobos, incluso en espacios protegidos

                Comentario por Emilio Fernandez — 29 agosto 2016 @ 22:19 | Responder

                • Sí, lo de los gallegos es incomprensible, te doy la razón. Ni la educación escolar, ni la televisión, ni los libros parece que pueden cambiar su mentalidad. Quizás haya que esperar varias generaciones y que ya no quede nada en esta tierra para que sus habitantes aprecien lo que tenían hace siglos. Yo también te digo una cosa: en Inglaterra y otros países civilizados, la gente de campo odia tanto como nosotros a los depredadores. En Irlanda empezaron la reintroducción del pigargo europeo y les está costando horrores, porque la gente de campo no hace más que poner veneno para liquidarlos. En Noruega los granjeros están presionando para que se declare especie dañina al águila real, ahí es nada. Por supuesto al lobo lo mantienen a raya a base de escopetazos. En otros países europeos se caza el urogallo y el oso. En Inglaterra, como ya no queda nada, hay pocas quejas. Eso sí, en Galicia parece que la cerrazón y el odio hacia lo natural es de las mayores de Europa.

                  Comentario por Greg — 30 agosto 2016 @ 8:54 | Responder

  2. Muy interesante entrada y comentarios.

    De lo mucho que se ha escrito comentare una anécdota que enlaza con el articulo. Mi suegro tiene unos sotos de castaños cerca de la Peña do Seo (Bierzo) en su pueblo natal donde tiene la casa familiar. Hace cosa de cuatro años subiendo al sitio para recoger unas herramientas resulta que el paisano mirando hacia el frente de la fachada hizo un comentario tal que así: “mira ese hijo puta como tiene la casa”. Yo que no sabia a lo que se refería aguce mi vista en la dirección en la que miraba. Resulta que debajo d un montón de zarzas se entreveía una vivienda en ruinas que recordaba vagamente (subo al pueblo de pascuas a ramos) devorada por la vegetación. Me explico que la propiedad era de un paisano que muchos años atrás emigro a Barcelona y que, evidentemente, se había desentendido del mantenimiento del chamizo. El caso es que me llamo mucho el tono en que mi suegro mascullaba aquellas palabras porque daba la impresión que tocaba algo muy profundo en su interior. Estaba claro; él vivía aquello como una ofensa personal pero cual era la razón se me escapaba. Yo lo achacaba a una cuestión sentimental de ver como el marco de su infancia y primera juventud se venia abajo pero aquella casa no era la única en ruinas (otro pueblo del NW que desaparecerá en no más de diez años), ¿por qué aquella le indignaba y las otras no?.

    Con el tiempo lo entendí. Van a piñón fijo.

    Por seguir con el ejemplo de los castaños a uno que viene desde fuera -como el menda- le resulta cuando menos chocante la tremenda faena que lleva recoger el fruto de los erizos para tan magros resultados. Hay parcelas de tierra en la que llega a haber árboles de cuatro propietarios distintos desperdigados aquí y acullá (hay que señalarlos cada año con las iniciales del propietario y spray en el tronco). Entre lo que tardas en ir de un castaño a otro y la gasolina no compensa. Es antieconómico y nada racional pero no les hables de concentración parcelaria o cosas parecidas. Una vez le intente explicar al susodicho padre de la parienta la ley del mínimo esfuerzo como la acción de maximizar el beneficio utilizando el mínimo de insumos -eficiencia- y me miro con espanto como un peligroso holgazán criptocomunista que, para más inri, andaba liado con su hija. Tuvo que venir un chaval de fuera – ingeniero agrónomo – a hacer todo aquello que yo tenia proyectado en mi cabeza. Arrejunto los árboles pagados a un irrisorio precio (40 euros de vellón la pieza) a los pocos ancianos que quedan, hizo calles entre los sotos conectándolos eficazmente (ahorro de tiempo en la recogida) y hasta andaba detrás de una subvención de la UE para hacerse con una maquina de secado con la cual deshidratar las castañas (+ valor añadido).

    Como dice el mendi son atavismos heredados de unos tiempos en el que dejar un metro cuadrado en barbecho hacia reo al propietario del peor de los crímenes -la vagancia- y explica en buena parte la ética de trabajo estajanovista y casi avara de esa generación. Incluso hoy día con un meñique en el pie derecho de menos (se lo amputaron en Julio por la diabetes) apremia a sus dos hijos a bajar a la huerta para regarla y evitar que la maleza la invada cosa que, a fe mía, le produce gran inquietud. De hecho él mismo es un ejemplo de manual del desarrollismo sesentero. Emigrante en Bruselas en pos de una mejor vida digamos que el cambio de aires le dio una perspectiva diferente de las cosas (por contraste sobretodo). Lo gracioso es que esa doble vertiente le hace caer en una esquizofrenia bastante simpática vista desde fuera. Por poner un ejemplo hace cosa de dos años un incendio intencionado arraso varios sotos aunque ninguno de sus árboles se vio afectado. Sus palabras eran de desasosiego e indignación por la poca sesera y mucha malicia de sus convecinos, a sus ojos el verdadero lastre que perpetuaba la miseria y estancamiento del entorno. Sus palabras exactas fueron: “cago en la puta madre que los parió, no arderá el pueblo entero con todos ellos dentro”.

    Saludos !!

    Comentario por fouche — 26 agosto 2016 @ 23:19 | Responder

    • 40 leros un castiñeiro?

      Jooooooder.

      Sí, si lo que comentas de tu suegro me suena remotamente de algo… Por ejemplo, el recurso de achacar las cosas a que “hay gente mala”. Y no es cierto. No se necesita el concurso de malvados para provocar la decadencia y ruina de una sociedad: basta el estancamiento de mentes cerradas que no quieren que nada cambie. ¿Cómo era eso? Si haces lo mismo, hay que ser muy estúpido para esperar que los resultados vayan a ser diferentes. Pero las cabecitas obtusas tienen miedo al cambio, al progreso.

      En fin. Como cantaba el poeta:

      […]
      La tradición, es una maldición.
      Las jerarquías, son una porquería.
      Un patriota, un idiota.

      Comentario por Mendigo — 27 agosto 2016 @ 13:52 | Responder

  3. Pues yo voy a lanzar una lanza en favor de los pobres ancianos aldeanos,😉, no se si os dais cuenta de q esa esa gente paso 10-20 años de practicamente el medievo al S XX, el shock que les debio suponer debio ser impresionante, y cual es su reaccion cerrar su mente a lo nuevo y desconocido, daos cuenta que como pone articulo hay una gran cantidad de analfabetos, y los que no lo son seran funcionales. El problema radica en la 2ª y 3ª generacion que a pesar tener medios y educacion son unos gilipollas. Viven en ciudad y siguen con las mismas envidias y mentalidades de sus padres y/o abuelos. Y bueno y la culpa que tiene la administracion, pq cuantas veces he visto hacer fogatas (hogueras) en pleno agosto con un sol abrasador y nunca les cae una multa, y eso q se ve a KM. Iba a extenderme mas, pero ando con prisa
    Saludos

    Comentario por Emilio Fernandez — 27 agosto 2016 @ 15:17 | Responder

    • Nas, Emilio!

      Pues eso es precisamente lo que trato de explicar, que son ancianos para los que el cambio ha llegado demasiado rápido, y siguen con el paradigma de cuando eran críos. Estos aún tendrían disculpa, pero es que ya se han sucedido tres o cuatro generaciones, y en las aldeas siguen con los mismos esquemas mentales (la mayoría, la inmensa mayoría).

      Mira, hace tan sólo un rato, charlando con un paisano. Y me dice, señalando a una zona de sauces y sanguiños (no sé cómo se llama en castellano, otro árbol de ribera): todo eso habría que desbrozarlo. Yo intento explicarle que eso son árboles, Naturaleza, cobijo de fauna… Respuesta: “Iso non da nada!”.

      Es la mentalidad de que todo pedazo de tierra debe dar rendimiento económico. La satisfacción de disfrutar de la belleza no cuenta, sólo los euros contantes y sonantes.

      Por otra parte, no creas, prefiero los paletos de pueblo a los de ciudad. Al menos tengo algo que hablar con ellos.

      Apertas!

      Comentario por Mendigo — 27 agosto 2016 @ 15:38 | Responder

  4. Otro comentario típico, referido en este caso al feísmo: “O bonito non da de comer”
    Si lo pensamos, el senderismo o ‘turismo de monte’ eso es ir al campo aposta a disfrutar de la naturaleza, se origina en el movimiento romántico del siglo XIX (al famoso cuadro del excursionista de espaldas contemplando la inmensidad me remito) las capas más privilegiadas tenían tiempo libre para dar largos paseos por el bosque o la montaña.
    También comentar la un chisco preocupante moda urbanita de idealización de una agricultura de subsistencia como una sabedoría ancestral, y no como trabajo duro que es, que exige todo tu tiempo y partirse el lomo (sin contar con las inclemencias naturales que pueden arruinar toda la cosecha), además de identificar una tierra cultivada como algo “natural” que no tiene impacto ambiental. Así, en Galicia tantos y tantos jubilados siguen con su huerto con tomates, patacas, lechugas o viñas que sus familiares se llevan gratis (con el correspondiente perjuicio para el comercio local, también) Luego estos lo echan de menos, claro🙂

    Comentario por Violeta — 28 agosto 2016 @ 21:11 | Responder

    • De nuevo totalmente de acuerdo.

      También la idealización de las labores agropastoriles viene de lejos, Bocaccio en el temprano Renacimiento italiano o Góngora en el Siglo de Oro. Pero para mí, el que mejor ha descrito ese fenómeno, y ya te puedes reír, es un anuncio muy viejo de la tele, de fabadas Litoral. Que llegan los de ciudad buscando lo auténtico, lo enxebre, y siendo condescentientes con la vieja. Y la vieja saca una lata de fabada, la calienta en el micro y se la sirve. Realmente, campo y ciudad son dos mundos que viven de espaldas uno al otro. Yo tengo el privilegio de estar entre ambos, y me doy cuenta de los equívocos que surgen, y la incomprensión entre ambos.

      Por ejemplo, cuando estoy en la ciudad y algún jiliprogre me dice que come manzanas ecológicas, compradas a cientomil, y yo pienso en mis manzanos (tengo un pequeño vergel, con un poco de todo). Primero, la agricultura no puede ser ecológica. Un cultivo supone alterar profundamente un ecosistema, es imposible que sea ecológico. Si hay cultivo, no hay Naturaleza y viceversa. Pero es que además, esas manzanas (o tomates, o patatas…) tienen tantos fitosanitarios o más que las convencionales. Y es normal, porque nadie en la ciudad avendría en comprar una manzana con marcas negras de moteado, con picaduras de insectos en la piel y alta probabilidad de tener inquilino dentro. Para evitar que ningún bichiño se le acerque a cinco metros de distancia, y que no haya ni rastro de hongos, hay que meterle a esa manzana de todo. Así que, si ves una fruta o verdura con aspecto perfecto (manzana en plan peli de Blancanieves), es que la han regado en biocidas. Y ya puede decir la etiqueta lo que quiera, porque estoy harto de verlo en mi huerto.

      Ante la ausencia de controles efectivos, la etiqueta de ecológico y orgánico es un puro reclamo comercial para tener más margen de beneficio.

      Claro, a mí me importa un carajo el aspecto. Si tiene una picada la manzana, le quito ese cacho y me como el resto que está exquisito. Pero sé que esa misma manzana, buenísima, en su punto justo de maduración, no tiene absolutamente ningún valor comercial, sea en el circuito convencional o etiquetada como ecológica u orgánica (otra chorrada, como si las otras se fabricasen con polímeros). Al fin y al cabo, es lo que demanda el mercado. Y el cliente es idiota, o lo han educado para que sea un idiota y se fije en el aspecto externo (tomates redonditos, perfectos e insípidos), pasando por alto las características organolépticas que debieran ser la razón de compra en un alimento.

      Me gustaría poder desarrollar un proyecto agrícola serio en el pueblo de mi padre. Pero no hay forma, es como darse de cabezazos contra una pared. Aún tirarás antes la pared a cabezazos, que lograrás que la gente de las aldeas piensen a lo grande. Con sus 5 vacas y su veinte sacos de patacas, ellos felices. Y su hijo, a trabajar a Frankfurt al terminar la carrera si se le dan bien los estudios; y si salió tonto, a Guardia Civil. Dentro de 20 años, cuando la Parca ponga las cosas en su sitio, será una aldea abandonada más. Pero a nadie parece importarle…

      Comentario por Mendigo — 29 agosto 2016 @ 0:03 | Responder

      • O que acabo de atopar: http://www.globalgalicia.org/noticia/globalgalicia/empresas/2016/06/28/mejor-whisky-mundo-solo-envejece-madera-lugo/0003_201606G28E7995.htm
        Carballos centenarios para facer barricas dun whisky de luxo escocés! Claro, como alí no Reino Unido non poden tocar nada, veñen aquí a esquilmar que Galicia véndese barata.
        Din que plantan dous por cada árbore talada pero…procurando máis datos eiquí falan duns 15.000 carballos o ano no Courel e nos Ancares http://vigoblog.blogspot.com.es/2007/06/tala-programada-de-carballos.html?m=1
        “…encargaron un estudio a la Universidad de Vigo (?) y que, por lo visto, se llegó a la conclusión de la buena salud de esta especie en la cornisa cantábrica y en la capacidad que tiene esta especie para regenerarse naturalmente…” ????

        Comentario por Violeta — 4 septiembre 2016 @ 0:51 | Responder

        • Se non che importa anoxarte, aínda hai fins máis estúpidos que xustifican cortar unha árbore centenaria:
          http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/tyto-alba-pugna-madereras-salvar-castanos-centenarios_38494.html
          http://www.amorteira.org/castanos/salvemos_los_castanos_comunicado.htm

          O de talar un carballo e plantar dous é unha chouta. Se deixas onde esta o carballo, éste xa se ocupa de sementar ducias de novos carballos cada ano coas súas landras. Que, por certo, é como se fai: as árbores do xénero Quercus resisten moi mal o transplante (pola perda da súa raíz principal, moi potente), é moito mellor sementalas. Non é só sementar, senón cuidar deses carballos até que se afagan o seu novo emplazamento. O que non se fai moitas veces: o concello ou deputación paga as árbores, e logo quedan abandoadas que morren case que todas.

          En fin… se non respeitamos nós o noso patrimonio, non serán os escoceses os que o fagan, como é lóxico.

          O do estudo da Universidade; se tes cartos dabondo, pódenche facer un estudo que afirme con todo rigor e solvencia científica que os elefantes poden voar. Quen paga a orquesta, escolle a melodía.😉

          Comentario por Mendigo — 4 septiembre 2016 @ 12:40 | Responder

          • Buff! terrible. Sorprende que inda quede algo…
            Ó palurdo galego medio fálaslle de que existe algo chamado “patrimonio natural” e boeno…como se lle falaras en coreano, que as árbores da súa finca son súas e fará con elas o que lle peta, cómo van ser patrimonio de ninguén! Comunista!;-) Nin saben que non poden cortan sen antes pedir un permiso (permiso que dan en tódolos casos, por outra parte…)😒

            Comentario por Violeta — 4 septiembre 2016 @ 21:13 | Responder

            • O dos permisos de corta son só un mero trámite burocrático, é certo.

              No canto a propiedade privada, é un cabalo de batalla. A propiedade privada non é un dereito absoluto, non xa en sistemas socialistas senón neste tempo e lugar. A propiedade privada está sometida ó ben común (artigo 33.2 da Constitución), como por otra parte é lóxico, de caixón. ¿Ou alguén entende que pode poñer un taller de pirotecnia no núcleo urbán dunha cidade? A parcela é túa, ninguén cha quita, pero tes unha responsabilidade co resto dos viciños, que limita o uso que lle podes dar. De feito, no eido urbanístico, limítache moitísimo: por exemplo, non podes superar o números de alturas establecido.

              ¿Por que isto, que é evidente, non entra na cabeza da xente das aldeas? Porque non lles interesa entendelo. A terra é túa, pero a túa terra, e a outra e a outra son o que chamamos Galicia, cuns valores naturáis e paisaxísticos que son patrimonio de todos e cómpre defender. A terra é túa, pero os usos deben estar regulados porque o que ti fagas no teu terreo, ten influencia sobre o resto do ecosistema e da paisaxe, esa terra non está illada, aboiando no espazo sideral.

              Agora, vas a unha aldea e explicas todo isto. Pfff. Por unha orella lles entra…

              Comentario por Mendigo — 5 septiembre 2016 @ 7:41 | Responder

  5. […] pertinente repetir parte de la conversación con Violeta en una entrada pasada, porque creo que es la clave del […]

    Pingback por Si privado, privado para todo | La mirada del mendigo — 9 septiembre 2016 @ 10:54 | Responder


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