La mirada del mendigo

23 octubre 2016

Por tierras de los cadurcos

Filed under: ecología — Mendigo @ 23:55

Bueno, pues ya estoy de regreso a la vida sedentaria. Por si alguien se ha percatado del largo periodo de inactividad, la explicación es bien sencilla: estaba perdido por tierras de los cadurcos.

¿Ein?

Vale, los cadurcos eran un pueblo galo vecinos de los arvernos. Ya romanizado el territorio, este pueblo dio nombre en occitano al territorio del Carcin (francesizado como Quercy) y de su capital, Caors.

Lo curioso del asunto es que si buscáis el Quercy en un mapa actual no lo encontraréis por ninguna parte, ya que las regiones históricas que conformaban el mapa de Francia fueron desmembradas y reorganizadas en unidades a las que se privó de cualquier referencia histórica anterior (lo mismo que los follacabras en Nínive), recurriendo a la hidrografía para nombrarlas. Así, dejamos de oír hablar de la Gascuña o del Lemosin, y el Carcin quedó repartido entre los département de Lot y el de Lot et Garonne.

Para hacerse una idea, sería como cambiarle el nombre a la provincia de Burgos por el de Alto Duero, o a la de Alacant por Segura. Esta pasión hidrográfica no es inocente, por supuesto, sino como parte de una campaña de aculturización para homogeneizar según el modelo de la corte los territorios bajo su control. Los súbditos deben hablar la lengua del rey y profesar su misma fe, para evitar quintacolumnistas. Lo curioso es que el mayor ímpetu en este proceso no fue bajo la monarquía, sino bajo el jacobinismo republicano. Una limpieza étnica en toda regla que impuso la lengua y modos de Paris en el resto del territorio (la lengua francesa era minoritaria en el territorio francés, una lengua regional más entre el occitano, el catalán, el gascón, el bretón, el alsaciano, el saboyardo, el vasco…).

Bueno, que me enrollo. Pues la cuestión es que he estado por esas tierras, y quería hacer referencia al viaje por un detalle que se me vino a la cabeza. Buena parte del Carci está considerado parque natural: les Causses du Quercy.

Causse es un término occitano que hace referencia a las zonas de pastos secos, propias de las mesetas calizas en las cuales el Dordonha, el Òlt o el Célé tallan su cauce. Hace unas cuantas décadas las ovejas se enseñoreaban del territorio. La dureza de las condiciones (la roca caliza está horadada, así que son suelos que no retienen nada el agua sino que toda gota que cae rápidamente se suma al caudal subterráneo que acaba aflorando en los valles encajonados) habría hecho exclamar a cualquier lugareño al cual se le preguntase por la ausencia de árboles “¡pero si aquí no puede crecer ná! Aquí desde siempre no hubo más que hierba”.

Es curioso cómo para las personas con una cultura limitada, los términos “siempre” y “nunca” pertenecen a un lapso temporal bastante reducido, dos o tres generaciones. Más allá, ya puede ser una iglesia barroca, gótica o visigoda, que se mezcla en aquel remoto pasado del que ni tan siquiera su abuelo tuvo noticia.

Bueno, pues el caso es que tras el éxodo rural, los rebaños fueron menguando y las causses fueron recuperando su cobertura original, y hoy en día, tan sólo unas pocas décadas después, los amplios pastos han dejado paso a un denso bosque.

Luego sí que podía crecer más que hierba, bastaba con retirar la causa de la deforestación para que el ecosistema se recuperase y las navas y landas se poblasen de especies leñosas. ¡Quién lo hubiera dicho hace 50 años! Además era un bosque precioso, con especies mediterráneas adaptadas a la sequía que impone el karst a las que no estoy acostumbrado: robles melojos y quejigos, mezclados con boj, enebro, arce de Montpellier, cerezo mahaleb… y otras muchas variedades que no era capaz de reconocer. Lo cual no es nada extraño, pues de botánico, como de todo, sé muy poquito pero al menos lo suficiente para darme cuenta que era un medio muy diverso, con una enorme variedad de especies (y ya con el sotobosque, ni me pongo).

¿Por qué traigo a colación esto? Porque el mismo proceso de despoblación del medio rural se ha dado en toda Europa, con los mismos resultados de avance de la frontera natural. Y vemos que ocurre lo mismo en Alemania, en Italia y en buena parte de España. Sin embargo, en Galicia este proceso de regeneración natural fue detenido, y las tierras que eran liberadas de la agricultura fueron ocupadas por los monocultivos forestales, pino y eucalipto. Cuando no, los aldeanos previnieron el avance del bosque mediante fuegos recurrentes hasta el límite de la desertificación al quedar los suelos expuestos a los meteoros.

Es por ello que se da la paradoja que la otrora yerma planicie calcárea del Quercy tiene más pies de árboles autóctonos que las cuatro provincias gallegas juntas, en el imaginario popular y en los folletos turísticos aún “fogar dos verdes castros” y de profundas fragas.

5 comentarios »

  1. Debo precisar que la foto, de St. Cirq, no es de cosecha propia sino sacada de la red. Yo he vuelto con más de 5.000 fotos, la inmensa mayoría morralla, y me da inmensa pereza ponerme a hacer limpieza. Algún día las subiré, pero temo que no va a ser pronto.

    El cierre musical no tiene evidentemente nada que ver con el Carcin, más que era lo que estaba escuchando en un momento especialmente gozoso del viaje. ¿Por qué? Por nada en particular, simplemente me sentía a gusto por dónde estaba y lo que estaba haciendo (vagabundear).

    Lo siento por las imágenes moñis, pero es el vídeo que mejor sonido tenía. Si os pica la curiosidad por saber qué dice la letra, aquí la tenéis en alemán, y aquí en inglés. Pero vamos, ya os lo avanzo, es una versión teutona de la leyenda del súcubo (Teufel es diablo, y weib, esposa). Tiran más dos tetas…

    Y si aún os habéis quedado con ganas de más, vamos con un poco de cachondeo internacional:

    Coño, otra vez el amigo Teufel rondando por aquí!

    Comentario por Mendigo — 24 octubre 2016 @ 0:18 | Responder

  2. Bienvenido desde las tierras de los carducos a tierras de los caducos. Que envidia de viajes, yo de mayor quiero ser como tú.

    Un abrazo desde el Alto Duero😉

    Comentario por Javi — 24 octubre 2016 @ 10:07 | Responder

    • Jajajajaja.

      Pues no esperes a hacerte mayor, coño! Aprovecha ya. Si te digo por cuánto nos ha salido un viaje de tres semanas y pico al cogollito de Francia, flipas. Viajar en ese plan, no es caro. Mucha gente se gasta más, y mucho más, quedándose en casa. Y conociéndote, te iba a encantar esa zona, estoy seguro.

      Si quieres pensártelo, sabes que estoy a tu servicio para orientarte en lo que pueda.

      Un abrazote desde la Tasmania sin koalas!!!

      😦

      Comentario por Mendigo — 24 octubre 2016 @ 10:44 | Responder

  3. La geografía, o mejor dicho, la ordenación geográfica, no es inocente, pero eso ya lo sabes, no te digo nada nuevo. El caso francés es evidente y lo has apuntado muy bien. Si no me equivoco la creación de los Departamentos es reforma bonapartiana, pero tendría que mirarlo, que no estoy muy puesto en el tema. Lo que sí es evidente es que todo lo que no sea lengua francesa suena raro. Aquí quieren recuperar el Occitano pero no hay de donde rascar. La lengua de la grandeur es el francés, y lo demás es de paisanos sin cultura. Suena triste, pero lamentablemente es la idea más extendida por aquí.

    Comentario por Aurora — 24 octubre 2016 @ 22:17 | Responder

    • Si es lo mismo: un fenómeno de diglosia. Se habla francés (o aquí en Pontemierda castellano) por lo mismo que se juega al golf, se practica la vela o la equitación: por darse aires. Bueno, eso fueron sus padres y abuelos, los de ahora hablan castellano simplemente porque no saben gallego y no quieren hacer el esfuerzo de aprenderlo.

      Paradógicamente, la universalización de la educación en Francia hizo mucho por laminar la diversidad cultural. Que en España no se tuviera interés en extender la alfabetización a las capas bajas de la población es lo que salvó las culturas periféricas. De todas formas, un idioma es un ser vivo: cuando lo intentas resucitar después de muerto acaba siendo un monstruo aborrecible. Hay que evitar que se rompa la cadena de transmisión, porque luego ya no hay más remedio (aunque para los vascos parece que no hay nada imposible).

      En cualquier caso, sería impensable cambiar los nombres de Sajonia o Baviera. O incluso para los italianos, la Toscana, la Umbría, el Piemonte, el Veneto… son parte de su identidad. Me resulta difícil comprender cómo los ciudadanos franceses consintieron esa agresión a su identidad (no todos, muchas regiones aún conservan sus nombres ancestrales, Bretaña, Normandía, Alsacia, Lorena, Aquitania… o la nueva Occitania, englobando el Languedoc, Rosselló…).

      Comentario por Mendigo — 26 octubre 2016 @ 11:20 | Responder


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