La mirada del mendigo

24 octubre 2016

Mujeres al poder

Filed under: cousas — Mendigo @ 23:51

Al final del último documental (hasta que saque el de Trump) de Michael Moore, el director hace una reflexión de género: buena parte de los males que aquejan a este mundo tienen origen en que las élites gobernantes están compuestas por abrumadora mayoría por hombres, que reproducen en el gobierno de las sociedades su instinto agresivo y su afán de dominación. Por el contrario, las mujeres poseen el instinto de cuidado y protección de la prole, y por ello debieran ser mujeres, de naturaleza menos agresiva y más proclive al diálogo y al acuerdo, las que llevasen la tutela de nuestras sociedades, proyectando sobre esa prole ampliada su rol de cuidado de la familia.

Esta idea, formulada de muy distintas maneras, tiene un enorme predicamento en amplios sectores progresistas.

Y la verdad es que la música suena bastante bien. El único defecto que tiene es que es una chorrada.

Adelante con la batería de contraejemplos:

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Y el último fichaje del PP, Gusana Díaz, Su Trepísima Majestad, aquí preparando con la elegancia y delicadeza que la caracterizan su fina estrategia política.

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Ya está bien de cachondeo, sólo quería dejar en evidencia lo ridículo de la proposición. Buena parte de los personajes políticos más tóxicos de los últimos tiempos son mujeres. Lo cual demuestra, a quien hiciera falta, que las mujeres pueden ser tan infames como cualquier hombre.

Y es que volvemos a lo de siempre. Durante siglos se ha reproducido la íntima relación que tiene la naturaleza femenina con el diablo, razón por la cual hay que atarlas en corto para que no reproduzcan esa tendencia natural a la malicia y el libertinaje. Cambian los tiempos, y ahora es el hombre el recipiente de todos los vicios y defectos, por cuyo pecado original sufre la mujer.

Lo contrario de ser tuerto de un ojo, no es ser tuerto del otro. Tanto una como otra explicación no son más que garruladas sexistas, que adscriben a uno y otro sexo patrones de conducta concretos (la mujer es tierna y el hombre violento, el hombre es valiente y la mujer es cobarde, la rudeza masculina y la sensibilidad femenina… y un sinfín de mamarrachadas sin ningún soporte científico).

Veamos, de toda esa palabrería la mayoría son simplemente rasgos autoinducidos. Si una sociedad espera que las mujeres sean sumisas, y educa de forma diferenciada a las niñas para que reproduzcan esa conducta esperada, obtendremos el resultado de proyectar en su educación nuestros prejuicios. Y el resultado será mostrado como prueba irrefutable de la validez de la premisa: que es propio de la condición femenina la sumisión o cualquier otra mamarrachada.

Sí que es cierto que existen ciertas diferencias somáticas entre sexos que tienen una cierta incidencia en la conducta, pero no de un modo determinista sino como una variable más que junto con el entorno condiciona nuestro comportamiento. Estas tendencias sólo son evidentes tras un estudio estadístico aislando otras variables (una educación igualitaria), como por ejemplo la tendencia diferencial masculina a una mayor tolerancia al riesgo, explicada por diferencias hormonales. Esta puede ser la conclusión de un estudio serio, pero luego lo coge el periodista o tertuliano de turno y concluye que los hombres (así, en general, como categoría) son más audaces que las mujeres.

No hay nada peor que un informe científico en manos de un tonto.

Asociar conductas y mucho menos valores morales por accidentes fisiológicos como el sexo o la proporción de melanina en la piel es sexismo y racismo. Lo contrario de sostener que los negros son todos aviesos, no es decir que los negros son todos buenos. De hecho, me parece menos insultante la primera, pues al menos reconoce su capacidad para ser malos, la segunda es de una condescendencia infecta con evidentes matices supremacistas. No, lo intelectualmente riguroso es decir “sus características raciales, o lo que tiene entre las piernas, son indiferentes para caracterizarla moralmente: conozcamos a la persona”.

El racismo no es sólo asociar cualidades negativas a unos ciertos rasgos físicos, también es racismo estupideces laudatorias del tipo: es negro, así que se le debe dar bien la música o el deporte; o tiene rasgos asiáticos, así que debe ser bueno en matemáticas. Chorradas. Es mujer, así que debe ser sensible y empática. Por los cojones. ¿Podemos dejar de mirar a la bragueta para referirnos a una persona? Es increíble cómo todos los imbéciles, de izquierdas y de derechas, caen en el determinismo sexual. Asocian valores (si bien distintos, aunque a la postre no tanto, más bien son las consecuencias en lo que difieren) por el mero hecho de haber nacido con unos rasgos sexuales o raciales u otros.

Y con los pueblos/razas, lo mismo. El fascistoide tiene en su debilidad mental una manía paranoide de que todos los pueblos del mundo confabulan para aniquilar la raza hispánica, y sea por envidia o por desprecio, cubre a los pueblos más ricos y los más pobres de todo tipo de clichés y prejuicios. Los extranjeros vienen a robar y a violar nuestras mujeres, etc.

Y luego viene el progre, no menos imbécil que el anterior. Se coge su vuelo a cualquier destino alternativo, y vuelve contando las maravillas de las sociedades tradicionales, tan buenos, tan campechanos, tan sanotes… no como nosotros, la maligna raza blanca. Cuando escucho esos relatos de viajes abrazando con entusiasmo el mito del buen salvaje me digo: “sí, son tan buenos que mutilan el sexo de sus mujeres, dedican la mayor parte del presupuesto a militaradas y son líderes en la aplicación de la pena de muerte.”

Viene a ser el mismo sesgo perceptivo que los paletos de ciudad sufren cuando se encuentran con sus congéneres de pueblo, y que tan magistralmente lo representó ese mítico anuncio:

¡Ay! La vida en la aldea, que maravilla. Todo el mundo se conoce, se saluda y se ayuda, no como la deshumanizada vida de la gran ciudad. ¡Quién pudiera!

Esto ocurrió aquí al lado:
Culpable de asesinar a su vecino con vino envenenado

Todos ellos son ejemplos de prejuicios, atajos mentales para ahorrarnos el esfuerzo de pensar, de conocer a cada persona antes de adscribirla a ninguna categoría. Si hablamos de gestión política, de talento musical o de competencia matemática, el sexo, la color de la piel o de los ojos, o que nuestro DNI sea par o impar son variables NO RELEVANTES.

Cooooño ya, tanta tontería.

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Para despedirme, os dejo con otra instantánea de Gusanita preparando su magistral argumentación que exponer en el Congreso Federal del P$O€.

(lo cierto es que estos días, cuando de tanto en cuanto tenía oportunidad de conectarme en algún punto de FreeWifi y veía las noticias, flipaba).

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5 comentarios »

  1. Los prejuicios, o las generalizaciones son atajos, como dices. Tenemos la intención de comprender el mundo, y explicarlo todo, comprender cada problema y encontrar una solución, y la opción de analizarlo todo de forma individual y particular es muy difícil. Algunas cuestiones o rasgos pueden presentarse con mayor frecuencia en un grupo poblacional que en otro, por diferentes motivos (biológicos, culturales, históricos, educacionales, etc…), pero el hecho de que algunas veces se utilicen las generalizaciones con fines pedagógicos, no debe hacernos olvidar por un momento el peligro de su uso. El ser humano no está sometido a leyes fijas, es múltiple y cambiante, y no solo aislado en determinados grupos sino incluso como individuo. Su total comprensión y explicación creo que no nos es posible, está fuera de nuestro alcance.

    Comentario por patricia — 25 octubre 2016 @ 9:42 | Responder

    • Afortunadamente, compañera, porque definir es limitar. Nuestra conciencia no es una realidad aprehensible. Por eso me parece tan lamentable pretender encasillarla como se ordenan los juguetes de los niños, cada uno en su caja correspondiente.

      Por ejemplo, una vez estaban hablando de películas y uno dijo que “El paciente inglés” era la típica película para mujeres. ¿?¿?¿? Pues es una de mis pelis favoritas, y no soy precisamente lo que suelen llamar “afeminado” (soy un peazo mostrengo, más burro que un arao XDDDDD). ¿Pero es que es ridículo, desde cuando se ve una película con la entrepierna? El dimorfismo sexual que nos impone la naturaleza tiene algunas consecuencias, la gran mayoría sólo apreciables estadísticamente (los hombres somos estadísticamente más altos, pero hay mujeres que me sacan dos y tres cabezas). Pero la abrumadora mayoría de rasgos que conforman la “masculinidad” o “femineidad” son sólo construcciones sociales de una determinada cultura. Los presentamos porque hemos sido educados para reproducirlos, no porque nuestro sexo nos determine a ello.

      Las mujeres no saben conducir, y Jutta Kleinschmidt gana el Dakar de coches, y Laia Sanz está dando mucha leña en motos (que es peligrosísimo) siendo aún una chavalita (cuando el Dakar es ya para perros viejos, donde importa tanto o más ser un piloto experimentado que rápido). A los hombres no se les da bien la cocina, y buena parte de los mejores cocineros son hombres. Normal, porque no se cocina con la polla. ¿Qué tendrá que ver?

      A ver si nos vamos liberando, y a las nuevas generaciones, de ese determinismo sexual (y racial, que esa es otra).

      Comentario por Mendigo — 26 octubre 2016 @ 10:34 | Responder

  2. “El rasgo más visible del hombre justo, es que jamás y de ninguna manera busca gobernar a los otros, sino gobernarse a sí mismo. Ello lo dice todo: siempre gobernarán los peores.”
    Emile-Auguste Chartier, “Alain”

    En una sociedad jerárquica donde prima la ley del más fuerte, como la nuestra, los que llegan al Poder pasan por unos filtros que impiden el paso a cualquier persona decente. Sean hombres o mujeres, serán los peores.

    Se podría pensar que en una sociedad justa y democrática habría al menos las mismas mujeres que hombres en el Poder, incluso tal vez más, Pero es un error, y no porque la genética dicte que somos iguales, sino porque en una sociedad justa y democrática, sencillamente, no habría nadie en el Poder. No habría líderes, no habría jerarquías.

    Si hay jerarquías, da igual si arriba están hombres o mujeres. Sean quienes sean, serán los peores.

    Comentario por Ocol — 25 octubre 2016 @ 11:17 | Responder

    • El poder conduce al abuso, al menos si no está equilibrado. Pero si limitas el poder, ya no es tal poder.

      En cuanto al gobierno de los peores, me recuerda bastante al mecanismo de promoción en los partidos, para escoger los puestos de salida a los cargos importantes. Si los méritos para subir escalafones es ser artero, adulador, trepa… normal que las instituciones estén llenas de las peores sabandijas de la sociedad. Es como si pusieras como requisito para progresar la altura del candidato: el Congreso estaría lleno de jugadores de baloncesto.

      Comentario por Mendigo — 26 octubre 2016 @ 10:39 | Responder


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