La mirada del mendigo

30 octubre 2016

Islamofobia = antisemitismo

Filed under: religión — Mendigo @ 23:49

Islamofobia es lo mismo que antisemitismo, esto es, ambos son neologismos que apuntan a un mismo fin: dinamitar cualquier conversación o discurso incómodo acusando al emisor de racista. Un claro uso de argumento ad hominem, en el cual se presuponen las motivaciones del oponente dialéctico. Porque la única razón que puede explicar que alguien critique esa maravillosa religión de paz y amor que es el Islam, es que esté cegado por el racismo; así como todo aquel que dude del derecho del Estado de Israel a la ocupación y limpieza étnica en Palestina, es sin duda un disimulado acólito de Hitler, un nazi disfrazado. ¿Quién lo duda?

Ambos términos son, en su misma formación, realmente torpes. Del antisemitismo ya hemos hablado mucho aquí: semita es un término lingüístico, no étnográfico. Se refiere a una familia de lenguas que comprenden el árabe, el hebreo, el arameo, el amárico… más otras muchas desaparecidas como el acadio o el amorrita. ¿Qué quiere decir esto? Pues que tan semita es un palestino como un israelí o, en rigor, son semitas sus lenguas maternas (el árabe y el hebreo). De hecho, la práctica totalidad de los palestinos hablan una lengua semítica, mientras que muchos ciudadanos israelíes siguen conservando como lengua materna otras lenguas como el sefardí (lengua romance) o el ruso (eslava).

Por lo tanto, siguiendo el significado fiel del étimo del término, se puede calificar por ejemplo la operación Plomo Fundido de agresión antisemita, ya que su objetivo era una comunidad de habla semítica: la palestina.

Sobre el otro neologismo, islamofobia, ya subí un artículo muy bueno de mi amada Zineb. Un mecanismo de perpetuación de las religiones es confundir hasta la identificación los conceptos de pueblo y religión. Lo podemos ver en términos como “República Islámica de…” pero no hace falta irse tan lejos. Durante años la definición canónica del Estado fue:

España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra.

Cuando ser español era ser “dos veces católico”, es decir, católico hasta la redundancia, es evidente que apartarse del seno de la Santa Madre era también renunciar a la españolidad. Aún hoy la derecha sigue empleando la terminología de “los buenos españoles” versus “la anti-España”. La misma apropiación de la patria que durante el macarthismo desarrollo el Comité de Actividades Antiamericanas para reprimir a la izquierda estadounidense; la misma acusación que en los años 30 el Partido Nacionalsocialista lanzaba contra todo aquel que se le opusiera: sólo podía oponerse al nazismo un orate o quien odiase a Alemania. La anti-España, los enemigos de la patria eterna, aquellos que desde dentro se oponen a su grandeza y hay que aplastar.

Por lo tanto, no nos puede sonar extraña la pretensión del Islam de identificar adhesión a la fe con pertenencia a la sociedad. De hecho, cualquier musulmán que opte por la apostasía, lo mínimo que se enfrenta es al rechazo de la comunidad, incluso de su propia familia. Eres ciudadano, incluso eres nuestro hijo o hermano, en tanto en cuanto eres musulmán (aunque sea un musulmán aguado), de igual manera que eres tan español como católico.

Y en la otra orilla del Mediterráneo compramos con entusiasmo este argumento, que identifica religión, ciudadanía y raza, haciendo una igualdad “magrebí = musulmán” aberrante y terriblemente injusta. Recapitulemos:
– Marroquí, argelino, tunecino… son ciudadanías, pertenencia a un Estado. Estamos en un campo semántico del orden político.
– Magrebí, bereber-amazigh, árabe… son términos que se refieren a la etnia, no tratan de la realidad administrativa sino de los rasgos culturales de los pueblos.
– Musulmán, judío, cristiano, suní, protestante, alauí… son adscripciones a un determinado credo. Por mucho que la religión es originariamente un rasgo cultural, los movimientos migratorios primero, y la libertad de conciencia modernamente, han provocado que en el seno de una determinada sociedad convivan fieles de distintas religiones o de ninguna.

Es muy frecuente confundir estos tres dominios en un mismo discurso, y aún uno más, los rasgos raciales, casi siempre con intenciones viles y peores resultados.

Un ejemplo personal me es siempre muy socorrido: un compañero de estudios muy querido es de Tánger, por lo tanto, de nacionalidad marroquí. Religiosamente, es judío (al menos nominalmente, aunque lo suficientemente inteligente para pasar de cuentos de hadas). Y culturalmente… afortunadamente para la diversidad, aquí la cosa no está tan clara, ni para él ni para ninguno de nosotros. En su caso, es lingüísticamente árabe (su lengua materna, aunque también hablaba perfectamente el francés y el castellano, por lo tanto pertenece a esa comunidad de hablantes que es el rasgo más definitorio de una cultura). Pero no se puede decir que sea árabe de Arabia pues esa lengua se impuso sobre un sustrato indígena de pueblos bereberes que habitaban la región, de los cuales aún se puede rastrear su legado cultural en las sociedades actuales. En ella, también operaba la pertenencia a un grupo particular como es la comunidad sefardita, con su propia cultura asociada (no sólo religiosa, sino también lingüística, literaria, musical, gastronómica…), una idiosincrasia peculiar. Por supuesto, sobre esas capas se añadió otra occidentalizante en tiempos de los Protectorados francés y español. Y finalmente, tiene el recubrimiento final globalizador de una persona que vive en el s.XXI, usando Google, leyendo mangas o yendo a comer a un paki. Por lo tanto, todos nosotros vemos el mundo a través de toda esa superposición de filtros culturales que se pueden rastrear desde el paleolítico hasta el libro que leímos ayer.

Por lo tanto, quede claro que el islam no es asimilable a ninguna nacionalidad, pueblo o raza, por mucho que se pretenda desde ambos lados del cuadrilátero para simplificar la cuestión. Por lo tanto, ese comodín de “islamófobo” con la acusación subrepticia de racista o xenófobo, por mucho que es tremendamente efectivo por el pavor a ser considerado como tal, no tiene soporte lógico (por ejemplo, hay españoles musulmanes e inmigrantes magrebíes que no lo son). Es increíble el poder de autocensura que es capaz de desarrollar este término taimadamente difamatorio, especialmente en ambientes de izquierda.

Pero además, también el neologismo cojea por su etimología. Islamofobia es la fobia al islam, y una fobia (de Φόϐος, terror) es una patología psicológica que se manifiesta en un miedo o aversión irracional (claustrofobia, agorafobia, acrofobia…).

También he oído alguna vez lo de “cristofobia”, pero salvo en las películas de vampiros y de exorcistas, no se me ocurre en qué forma podría ser aplicable. Es notable que este término sea muchísimo menos utilizado que el de islamofobia, será porque aún tienen algo de vergüenza, será porque en Occidente hasta el mayor fundamentalista se ha debido acostumbrar a la idea de que su dogma puede ser cuestionado, negado e incluso ridiculizado.

Unos y otros hacen creer que la religión es una parte inseparable del individuo, y no una idea, un accidente, que puede ser pensada hoy y abandonada mañana. No ven distinción entre agredir a la persona y la idea, y como agresión perciben la crítica.

No creo que sea casualidad, sin embargo, la profusión en el uso del “islamófobo” en relación a otras confesiones o doctrinas (¿budófobo? ¿comunistófobo? ¿fascistófobo? ¿neoliberalófobo? ¿marxistófobo? ¿sintoistófobo?). El uso de ese término supone que la única explicación para que alguien rechace ese pináculo de la sabiduría que es el islam, es que sea un enajenado (de hecho, la única excepción a la apostasía o la blasfemia en la sharia para esquivar la pena de muerte es alegar discapacidad mental, pues sólo un subnormal o un demente podría abandonar tan magnífica secta). No cabe crítica razonada al mensaje del Profeta, pues es perfecto, así que todo ataque debe ser una fobia, una reacción irracional, patológica.

Digo que no debe ser casualidad, pues el mismo Mahoma nos dibuja a los no creyentes como débiles mentales que no somos capaces de comprender las excelencias de su doctrina. De hecho, los infieles, los que no creemos que Mahoma sea más que un charlatán analfabeto (kafir كافر) somos dibujados en el Sagrado Corán como peor que ganado.

¿Acaso creéis que los infieles escuchan o entienden algo? Son como el ganado, e incluso aún más extraviados del camino.
Corán 25:44

Hablando de tolerancia, consejos vendo pero para mí no tengo. Ahora suponed que doy la vuelta al calcetín y sostengo que todo musulmán es un subnormal o padece algún otro tipo de patología. Parafraseando al profeta, que los musulmanes es como si fueran sordos y ciegos, porque no comprenden lo evidente: que toda la supuesta revelación de Mahoma es una gran farsa de un falsario que dice tener línea directa con Dios, uno de tantos. Por lo tanto, que los musulmanes son como bestias sin uso de razón.

¿Inaceptable? Yo sin duda así lo creo. Pero no sólo eso: es falso, porque en la historia ha habido notables casos de grandes genios que, al mismo tiempo, eran creyentes sinceros (otros seguramente no tanto, pero la coacción les obligaba a guardar las apariencias) de todo tipo de religiones, también el islam. Sin embargo, lo que es inaceptable para con los musulmanes, sí que es perfectamente tolerable para los que NO lo somos y, de hecho, se repite a la saciedad a lo largo de todo su nauseabundo libro y, por lo tanto, todo musulmán está obligado a aceptar e interiorizar como una verdad absoluta.

Los que niegan y no creen son las peores alimañas ante Allah.
Corán 8:55

Hay muchas más aleyas que nos identifican a los no creyentes con todo tipo de animales (7:176) o, en el mejor de los casos, con seres humanos sordos, ciegos y sin entendimiento (2:18 et cetera), pero me quiero referir a ésta en concreto porque ya estoy habituado a que cuando se traen a colación alguna aleya alguien diga que está sacada de contexto. Quien lo dice, demuestra que no sabe qué es el Corán, ni cómo fue construido el Corán, una colección deslabazada de citas memorizadas (por ejemplo, la primera sura fue una de las últimas en ser “reveladas”) que hace muy difícil hablar de contexto en el libro (desprovisto además de toda lógica interna). Pero sí que existe un contexto histórico en el que Allah fue dictando al oído de Mahoma toda esa bazofia. En este caso, el contexto en que se produjo esa revelación fue la condena de la tribu judía de los Banu Qurayza. A los miembros de esta tribu, una vez presos, se les exhortó a abrazar el islam o morir. Como aquéllos rehusaron abandonar su fe, los hombres (unos ochocientos) fueron maniatados y decapitados a espada uno a uno en presencia de Mahoma, los niños fueron esclavizados y forzados a convertirse al islam, y en cuanto a las mujeres de la tribu… estoy absolutamente convencido que podéis adivinar cuál fue su destino.

El islam es una religión de paz y amor, y lo que hacen los follacabras del Estado Islámico (y Al Nusra, y Ahrar ash-Sham, y Jaysh al-Islam…) no tiene nada que ver con los orígenes de esa religión y el mensaje original del Profeta.

Identificar al disidente como enemigo y despojarle de la condición de ser humano, es el primer paso necesario para la masacre (como bien nos enseñó Goebbels).

Es jocoso cómo luego el muy cínico dice en otra aleya (2:256): En religión no cabe la coacción. O te conviertes o pierdes la cabeza no es una coacción, sino una simple paradoja dialéctica. Y así es el resto del texto, con este jefe de bandidos sacándose aleyas de la chistera según conviniera a las circunstancias, sin importarle que entrara en flagrante contradicción con otras anteriores (no estamos ante un intelectual que tenga esos miramientos lógicos, sino ante un caravanero analfabeto aupado a cabecilla de una banda armada que usaba el truco de las revelaciones para afianzar su posición y azuzar a su mesnada).

Por lo tanto no es fobia, sino la conclusión que extraigo de la lectura sosegada del libro fundacional de una religión que, si lo tuviera que resumir en una sola palabra, sería soez.

¿Islamófobo?

¿Es que acaso existe la obligación de que me tenga que gustar el islam?

Y tengo el mismo reparo a que me difamen sugiriendo que soy racista, a que me tilden de machista por criticar a Gusanita Díaz (nada de Richelieu, en modo alguno comparable esta mastuerza a uno de los estadistas más extraordinarios que dio Francia).

No es fobia ni desvarío, ni siquiera prejuicio, sino que la conciencia me impele a exclamar que el islam es una ideología detestable, tía-abuela del fascismo. Yo acudí a leer el Corán y luego algún hadith por curiosidad cultural (me siento muy atraído por las culturas norteafricanas) y me encontré con un muladar de rencor, superstición, ignorancia, autoritarismo y violencia. Y por mucho que sea políticamente incorrecto, no puedo forzar mi conciencia para disimular mi repugnancia por una religión burda, grosera y desagradable como ninguna otra que haya conocido.

Siempre he sentido curiosidad por la historia de las religiones. Por mucho que haya sido un esfuerzo intelectual estéril para la humanidad, como la alquimia u otras protociencias, la teología nos ayudó a pensar, a confiar en nuestra capacidad de razonar para luego ponerla a trabajar sistemáticamente haciendo ciencia. Además del cachondo panteón grecolatino, hay religiones que tienen una innegable gracia y belleza, como la egipcia (os recomiendo a los interesados en esa cultura leer El libro de los muertos). Otras tienen trascendencia intelectual como la base filosófica de las religiones no teístas orientales, el budismo (que se adelantó un par de siglos a los estoicos helenísticos, pues su Nirvana es la consecuencia y la conclusión de la ataraxia (ἀταραξία)) o la doctrina tremendamente reaccionaria e inmovilista, pero con una coherencia interna notable, de Confucio.

El Corán no tiene gracia alguna, es obtuso, grosero y vulgar desde la primera página, con la misma filosofía que puede tener el diálogo de un arriero con su mula: o caminas o te arreo.

No es fobia, digo, sino aplicación estricta de la ética sin amedrentarse de las conclusiones.

Por el contrario, las religiones abrahámicas, y muy en concreto la paletada islámica, sí que padecen una fobia u odio irracional a la homosexualidad, a la democracia, a la independencia de la mujer… en suma, a toda expresión de libertad.

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Y ahora, yo os quiero formular una pregunta:

¿Qué beneficio obtiene el Norte de África, Oriente Medio y parte del Sudeste Asiático en seguir sometidos a la doctrina del Piojoso? Nosotros nos liberamos de nuestra ponzoña abrahámica, al menos de su pretensión de control totalitario de la sociedad, pero nos parece estupendo que se siga promoviendo otra versión en la ribera contraria. ¿Hipocresía o racismo? ¿No consideramos a otros pueblos dignos de liberarse de las ataduras que la religión impuso durante siglos en Europa? Y si tan estupenda es la religión ¿por qué nosotros no vamos nunca a misa?

Otra pregunta:

¿Por qué puedo criticar, e incluso está muy bien visto entre la progresía hacerlo, un discurso reaccionario en boca de una cucaracha con alzacuello, y debo transigir apelando a la diversidad cultural cuando barbaridades cien veces peores son enunciadas por un follacabras? ¿Postureo progre o simple falta de rigor ideológico?

Y otra más:

Los mártires del laicismo, en la otra esquina del mundo ¿acaso no son nuestros mártires?

La involución islámica, de naturaleza profundamente liberticida, es hoy en día la mayor amenaza a la emancipación del género humano por la cual lucho desde que tengo uso de razón. Una amenaza aún más grave que la reacción evangélica que, con epicentro en la usamérica rural, se propaga por todo el continente; y desde luego mucho más grave que otras amenazas de signo local como el nacionalismo hindú o la tendencia rusa a la autocracia.

Hermandad entre los amantes de la libertad, sin distingos de color de piel, cultura o condición sexual.

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6 comentarios »

  1. Sólo un ejemplo, de ayer: Turquía detiene al editor jefe del diario progresista ‘Cumhuriyet’ y a varios de sus periodistas
    Los periodistas detenidos han sido acusados de colaborar tanto con la guerrilla kurda como con el grupo del predicador exiliado Fethullah Gülen.

    Y de tener algo que ver con la conjura en aquellos idus de Marzo, ya puestos…

    Es importante destacar la acusación del fiscal. No es ya que se invente acusaciones para cerrar medios de comunicación críticos, que ya es muy grave. No. Es que toma a todos los turcos por imbéciles inventándose que colaboraba a la vez con una organización kurda laica de izquierdas, y con otra organización nacionalista turca ultraconservadora islámica. De hecho, buena parte de los mandos que han llevado a cabo la represión en el kurdistán turco eran gulenistas. Este es el nivel…

    Comentario por Mendigo — 1 noviembre 2016 @ 16:56 | Responder

  2. Excelente como siempre.
    Respecto a la izquierda, salvo en los salones pijoprogres y sus medios de pontificación, vengo un tiempo observando que está cambiando bastante el enfoque que se tenía respecto al islam a nivel de base, y cada vez hay más gente que tiene clara de qué va la historia y está concretando posiciones respecto al islam, en parte gracias al ejemplo diario que los chicos y chicas kurdos dan en Síria y a cómo el imperio se ha quedado desnudo a ojos de todos en éste conflicto.
    Saludos.

    Comentario por Hades — 1 noviembre 2016 @ 21:44 | Responder

    • El apoyo de USA al wahabismo ya quedó totalmente en evidencia en el apoyo a los mujaidines afganos para crearle un dolor de huevos a la URSS (de hecho, fue el Vietnam ruso). Además de los fraternales abrazos que se dan entre las delegaciones árabes y otánicas (ojito a Mrs.Clinton, que es más sionista que Netanjahu y, por ende, muy próxima a los Saud). No me extrañaría que USA aumentase el apoyo en Yemen e iniciase una confrontación directa con Assad (o dejaría que turcos y árabes lo hicieran).

      Por otra parte, respecto al islam, es que realmente es el islam el que está cambiando. El islam llevaba una tendencia muy parecida al catolicismo, de ir pasando a un segundo plano de referencia cultural sin protagonizar la vida política. Pero las petromonarquías han inyectado miles de millones en revertir este proceso. Y, por ejemplo, barrios de Marruecos donde lo normal era ver a jóvenes con indumentaria occidental (y ya no digo en las banlieus), ahora son un desfile de moda integrista. Por otra parte, ya digo que las iglesias evangélicas casi me dan tanto miedo como el islam, de hecho son mucho más proselitistas que éste.

      Comentario por Mendigo — 1 noviembre 2016 @ 23:53 | Responder

      • Tampoco hay que olvidar que, aunque el catolicismo esté condenado a largo plazo, aún tenemos a un señor que controla la policia o la inteligencia en España que cree que va por el mundo con un ángel de la guarda al lado. Tiende a desaparecer, pero está igual de incrustado en el poder que siempre.
        Y sobre las petromonarquías, de lo que me estoy dando cuenta últimamente es de que tienen mucho más poder e influencia de la que pensaba hasta hace bien poco. Probablemente han ido ganando peso desde lo del 73 entre las élites occidentales si quieren permitirles llevarse el petróleo y que su tinglado siga en marcha.

        Comentario por Hades — 2 noviembre 2016 @ 20:24 | Responder

        • Sobre lo primero, completamente de acuerdo. Además es que insisto mucho en ello: no nos engañemos, la situación política y social en el norte de África es peor aún que la económica. Pero no nos pongamos muy fatuos, porque hace bien poco (en términos históricos, ayer por la mañana) estábamos a su nivel o aún peor. La España de 1950 era bastante más atrasada, no sólo económica, sino social y políticamente que el Marruecos de hoy. Es eso, le llevamos medio siglo de ventaja. Lo que pasa es que el auge del integrismo islamista está abriendo esa brecha en vez cerrarla, van como los cangrejos.

          Sobre lo segundo, mira, te resumiré la economía mundial en dos líneas: hay dos bloques que tienen una balanza comercial positiva crónica, uno es China (con Japón y Corea del Sur, pero esos reinvierten bastante) y otro son las petromonarquías. Y como les sobra el dinero por las orejas y ya no hay dónde invertir más en sus propios países, salen de compras por el mundo a ver qué consiguen. Y cada vez más empresas occidentales son, aunque nosotros no reparemos en ello, propiedad de unos y otros (muchas veces sólo una participación que no es de control, pero tienen una pequeña participación en casi todas las empresas). Simplemente, se están haciendo poco a poco con la propiedad de la economía mundial. Aunque dentro de medio siglo se les acabe el petróleo, importará poco: serán dueños de buena parte de la economía productiva mundial, y trabajaremos (y consumiremos) para darles beneficios.

          Comentario por Mendigo — 4 noviembre 2016 @ 23:33 | Responder

  3. […] defendiendo los derechos de minorías sexuales frente a la jerarquía católica, con ésta soy un racista islamófobo según la ideología oficial progre. Po […]

    Pingback por Depravados, desviados e invertidos II | La mirada del mendigo — 4 noviembre 2016 @ 10:03 | Responder


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