La mirada del mendigo

26 noviembre 2016

Antes que nada, un revolucionario

Filed under: Historia — Mendigo @ 12:08

Ahora los medios trazarán una caricatura del personaje, con puros y uniforme. Hablarán de él, para no dejar que se escuche lo que tenía que decir:

Podías estar de acuerdo o no, pero era alguien a quien merecía la pena escuchar. Un fósil de una época en el que las palabras procuraban revelar y no ocultar, conocer y no engañar.

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Cierro con la misma cita, de la entrada que le dediqué cuando abandonó la presidencia:

Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

Fidel Castro

Que la tierra te sea leve, compañero.

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8 comentarios »

  1. Revolución o muerte … hasta siempre comandante.

    Comentario por Luis pelox — 26 noviembre 2016 @ 19:09 | Responder

  2. Hasta siempre, Comandante. Larga sea tu memoria.

    Comentario por El Desertor — 27 noviembre 2016 @ 1:25 | Responder

  3. recuerdos al che!

    Comentario por Un número en un carnet — 27 noviembre 2016 @ 8:22 | Responder

  4. Tanta paz lleve como deja…

    Comentario por Tato — 27 noviembre 2016 @ 16:57 | Responder

  5. La imagen que se ha dado de Cuba como la típica “república bananera dictatorial”, donde Fidel y sus amiguetes del ejército viven a todo tren a costa del resto, es completamente falsa. No creo que haya ningún otro lugar en el mundo donde el socialismo se haya llevado tan a rajatabla. Y no hablo de lo que se ve en las zonas turísticas (los únicos sitios donde no he estado), sino de la gente de “a pie”, en zonas industriales, con obreros, directores, etc.

    Las veces que estuve allí, y cuando cogías confianza, la gente se quejaba de que no tenía nada: no tenían televisores, no tenían coche propio, no podían comer en buenos restaurantes (incluso aunque pudiesen pagarlos, se consideraba un lujo por lo que estaban reservados para los extranjeros), no tenían nada que no fuera lo básico. Y ahí está la cosa: aunque no tuvieran nada más, todo el mundo tenía lo básico (comida, vivienda, ropa, educación y sanidad). Claro, por éstos lares estamos acostumbrados a tener otras cosas que consideramos “básicas”: nuestro coche, nuestro piso, nuestro equipo HiFi, nuestra tele… pero también hay mucha gente que está en la calle y no tiene ni para comer.

    No creo que haya ningún país del mundo (y aquí incluyo los de América del Norte y Europa) con un índice de indigentes tan bajo, con una tasa de educación tan alta. No hay lujos, pero tampoco hay hambre. La sanidad es otro tema: es universal y tiene un funcionamiento ejemplar, pero está limitada por problemas de acceso a muchos medicamentos (los que tienen son los que se fabrican en la propia Cuba); hay un montón de médicos, pero tienen pocos recursos.

    El mayor problema que vi allí, sobre todo las primeras veces, era la falta de estímulo: ¿para qué matarse a trabajar? Aunque no trabajes, tienes lo básico asegurado, y por mucho que trabajes apenas tendrás nada más, así que para qué esforzarse. La imagen del cubano que parece que trabaja a cámara lenta, sin ganas, en mi opinión se debe a eso. Últimamente introdujeron incentivos a la producción, con resultados bastante desiguales. El problema del socialismo y el comunismo es que la gente puede trabajar un tiempo por unos ideales, pero los ideales se van gastando y al final lo que quieres es trabajar para que tu y tu familia viváis mejor.

    Una pequeña anécdota. La primera vez que estuve allí, el último día estaba en las oficinas de una fábrica esperando a que vinieran a buscarme para llevarme al aeropuerto, extrañado por ver un montón de coches militares aparcados enfrente. De repente salieron un montón de militares de una sala de reuniones, se sentaron en los bancos a mi alrededor y se pusieron a comer unos bocadillos que tenían como tentenpié (era media mañana), y me ofrecieron a mi uno, con total confianza, por si tenía hambre. Fue algo curioso, pero lo fue más cuando luego me enteré de que era la cúpula militar de cuba, lo “más de lo más”, que tenían allí una reunión. No eran la panda de prepotentes que se ven España (por ejemplo), sino que cada uno era “uno más”, que simplemente estaba en el cargo que le habían asignado.

    Comentario por marcostonhin — 28 noviembre 2016 @ 11:16 | Responder

    • P.D.: también tiene sus cosas malas: la desconfianza hacia los demás. Sobre todo la primera vez que fui (La última no tanto, ya habían cambiado mucho las cosas) había mucha desconfianza hacia los que te rodeaban, por si decías algo inconveniente y luego se chivaban. Por eso no te comentaban nada hasta que te conocían un poco mejor, y para eso en confidencia. Hubo varias veces que “alguien” se ponía a charlar conmigo, y la conversación acababa derivando (como de “casualidad”) a “qué” es lo que me había contado “quién”. Como dije, es algo que cambió mucho de un tiempo a ésta parte, y la última vez que fui la gente hablaba del país y sus problemas delante de todo el mundo, sin preocuparse ni darle importancia a que pudieran escucharlo.

      Comentario por marcostonhin — 28 noviembre 2016 @ 11:27 | Responder

      • Inaceptable.

        Pero si te fijas, es la misma idea que en la entrada anterior discutimos a cuenta de Hayek: existen motivos por lo cuales se puede suspender los derechos civiles en beneficio del interés económico, ora de la burguesía (según Hayek), ora de la clase obrera. Esto es inaceptable, la libertad no debe estar supeditada, condicionada por el modelo económico. No tiene por qué, de hecho. Claro, esto tiene luego muchos flecos que peinar, porque un gobierno revolucionario va a recibir presiones por todas partes para que fracase, y la defensa de la revolución es demasiado fácil que caiga en el autoritarismo bajo esa amenaza. Eso no quita que sea denunciable.

        Al menos, yo rechazo cualquier tipo de compromiso. La libertad no se toca. Y si has de tocarla para desarrollar un modelo económico basado en la Justicia, mal empezamos.

        Comentario por Mendigo — 30 noviembre 2016 @ 13:37 | Responder

    • Juder, te imaginas al generalato español comiendo de bocata? Ves aquí a los niñatos de la escuela de Marín, que aún son unos pipiolos y ya van con la escoba metida por el culo…

      Mira, una de las cosas que más me molestan son los fundamentalistas que rechazan toda crítica por considerar su fe perfecta. Esa clase de basura es más tóxica que los RAA de una central. En el modelo soviético, y también en el socialismo cubano, había muchas deficiencias que todo marxista honesto debe analizar y procurar corregir para no caer de nuevo en el mismo error (si es que se desea volver a implementar un sistema socialista que, realmente, tampoco veo el interés, en la mayoría es más un postureo).

      Y tú mencionas un punto muy importante: la falta de incentivos para la superación. Y lo contrario, esto lo podemos ver en el funcionariado, la falta de consecuencias de los errores, de la indolencia, la vagancia o la incompetencia. Hablaba del comportamiento de los agentes del Seprona, pero es un mal que podemos ver en cualquier ámbito público. Y claro, en un sistema socialista el problema se magnifica. Pero es resoluble. Hay que trabajar en ello, pero la resolución no es tan diferente a los medios utilizados en la empresa privada en la que, de todas formas, también existe el apoltronamiento, la estupidez… No hay tanta diferencia, la cuestión es que existe en la empresa privada un interés en resolver el problema, mientras que en la función pública no, ni siquiera se percibe la legitimidad de intentarlo (yo he aprobado las oposiciones, lo cual me da derecho a hacer lo que me dé la gana, y ser tan incompetente como sea capaz). Un mayor control democrático, exigiendo resultados concretos a cada empresa o servicio público y pidiendo las cabezas de los responsables si no los satisfacen, puede ser la solución (por ejemplo, reducción de las listas de espera o el Consejero de economía con todos sus adjuntos se van al paro y cubierto de oprobio).

      De todas formas, en esta entrada no quería tanto poner en cuestión el sistema cubano, con sus luces y sombras, sino reinvindicar la figura de Fidel. Del hombre, no del personaje que crean los medios de comunicación. No leer a quien habla sobre él, sino acudir a las fuentes, a lo que él ha dejado escrito, para conocer de primera mano su pensamiento. Y luego, debatir sobre ello, tomar lo que sea aprovechable y criticar lo que creamos que no, porque ni es el Papa ni habla ex-catedra. Ahora bien, es alguien a quien tener en cuenta, intelectualmente digno de respeto.

      Y esto es lo que, señalo, echo en falta en el mundo de hoy. ¿Importa lo que tenga que decir Hollande, Obama o Merkel? (ya a Trump ni lo menciono). No. Todos sabemos que no importa. Ellos mismos son conscientes de que sus palabras son un mero trámite, discursos oficiales que otros escriben dentro del idioma de lo políticamente correcto, pero que no vienen a decir nada. La aportación intelectual de esos tres y otros “global leaders” es pura y simplemente nula.

      Apertas, meu!!!

      Comentario por Mendigo — 30 noviembre 2016 @ 13:52 | Responder


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