La mirada del mendigo

27 noviembre 2016

El maldito matorral

Filed under: ecología — Mendigo @ 0:49

Podría meramente enlazar el artículo de David Álvarez y recomendar su lectura, pero como creo que es del máximo interés su difusión, para aportar algo de inteligencia a la idea tradicional de que “el monte nos come” y “el monte arde porque está sucio”, lo copio de cabo a rabo.

En cualquier caso, creo que lo conveniente es leerlo en su espacio original y dejar allí vuestras opiniones.

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Una nueva plaga parece haber llegado con la misión de destruir el campo y echar a la gente de los lugares que han ocupado desde hace cientos de años. Se trata del matorral y según se desprende de las declaraciones de muchos ganaderos y no pocos políticos se ha convertido en una de sus peores pesadillas. Lo acusan de dar cobijo a las alimañas, de convertir el monte en un paisaje yermo e inutilizable y de ser el responsable de la de los incendios forestales, al proporcionar una ingente cantidad de combustible que espera pacientemente a que una llama lo encienda.

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Pero ¿qué es el matorral y qué es la matorralización?

En ecología se denomina matorral a un tipo de formación vegetal que está dominada por arbustos y otras plantas de un porte pequeño o mediano. En algunas zonas, el matorral puede ser una formación madura que permanece estable durante largos periodos de tiempo mientras que en otras es una comunidad vegetal transitoria, o sea, un paso intermedio en un proceso que dará lugar a otra comunidad vegetal madura distinta. En este último caso, este proceso continuo recibe el nombre de sucesión ecológica.


SUCESIÓN ECOLÓGICA PRIMARIA

Hace un par de siglos, cuando el ser humano no tenía la capacidad actual para modificar el medio, las formaciones naturales de la mayor parte de la cornisa cantábrica estaban formadas por bosques maduros, que de una manera muy simplificada, estarían dominados por robles en las zonas bajas y por hayas en altitudes superiores. Por supuesto a estas formaciones habría que añadir otras muchas dependiendo de el suelo, la humedad, la insolación o la altitud.


SUCESIÓN ECOLÓGICA SECUNDARIA

Estos bosques maduros podrían alterarse por varias circunstancias, como incendios, corrimientos de tierra, inundaciones, etc. y podrían revertir a estados anteriores de esa sucesión. De esta forma, los paisajes alterados volverían a ser colonizados por especies herbáceas y posteriormente por otras especies vegetales, muchas de las cuales permanecerían latentes en el suelo en forma de banco de semillas hasta volver a alcanzar el clímax (Sucesión secundaria). La denominada “matorralización” sería por tanto un paso intermedio dentro de esa sucesión ecológica natural.

Pero aparte de ser un paso intermedio en la sucesión ecológica, el matorral y también los arbustos que forman parte del sotobosque y que son calificados en muchas ocasiones como basura y desperdicios vegetales, tienen una gran importancia. Los matorrales protegen el suelo de la erosión, retienen humedad y movilizan minerales y nutrientes del subsuelo que posteriormente serán aprovechados por otras plantas. Además de todo esto, una gran cantidad de animales dependen del matorral durante toda su vida o durante algunas fases de ella y por supuesto y aunque resulte obvio decirlo, el matorral en sí mismo tiene una enorme diversidad vegetal que necesita ser conservada, de hecho algunas de las especies que forman parte del matorral están amenazadas.

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El paisaje manejado y el matorral

Es evidente que el paisaje que observamos actualmente no es un paisaje natural, ya que el hombre a lo largo de su historia lo ha ido modificando según sus necesidades. En el caso de los bosques, muchos de ellos han sido talados para aprovechar la madera de los árboles y también para obtener superficies despejadas para los cultivos y para obtener pastos para el ganado. Si este proceso de modificación del hábitat ha ocurrido siempre, ¿por qué se habla tanto ahora de la matorralización cuando como hemos visto se trata de un fenómeno natural que ha ocurrido siempre?

Actualmente, en muchas zonas de montaña, el éxodo rural y el envejecimiento de la población del campo ha tenido como consecuencia el abandono de muchos prados que hasta entonces habían sido pastados por el ganado. Hasta ese momento la herbivoría había impedido el crecimiento de las formaciones arbustivas por lo que al desaparecer esa presión éstas han empezado a recolonizar los prados como parte del proceso de sucesión ecológica secundaria.

Los métodos empleados para mantener los pastos y detener esa sucesión ecológica natural han sido principalmente dos, el uso del fuego y las rozas. Aunque muchas veces se nos intenta dar una imagen de que la ganadería de montaña sigue siendo una actividad tradicional, lo cierto es que en la actualidad el manejo del ganado ha cambiado radicalmente respecto al que se hacía hace menos de un siglo. Según los datos de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (SADEI), a pesar del despoblamiento rural, la cabaña ganadero no ha disminuido en la misma proporción, y esto se debe sobre todo a que ha aumentado el número de cabezas de ganado por cada propietario. En resumidas cuentas, los pastores han dado paso a los ganaderos.


Motivación de los incendios forestales en Asturias (2002-2010). Fuente: BRIPAS

Las rozas se hacen con maquinaria pesada y los incendios forestales como producto de las quemas para producir pastos, tal como revelan los datos de las Brigadas de Investigación de Incendios forestales, son cada vez más numerosos y abrasan extensiones cada vez más grandes.

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¿Es el odio al matorral una cuestión de dinero?

La Política Agrícola Común (PAC) subvenciona la superficie de pastizal y el dinero recibido se reparte entre los ganaderos según el número de cabezas que tengan. Un terreno con matorral o arbolado no se considerará pastizal y por lo tanto no recibirá estas subvenciones. Según las directrices de la PAC, si hay más de 100 árboles por hectárea o la superficie herbácea es inferior a la mitad de la superficie subvencionable, el monte se considera de uno forestal, y por lo tanto los ganaderos no recibirán ni un euro de subvención por esas parcelas. Por otra parte, las superficies quemadas no reciben subvenciones de la PAC durante el primer año, pero si durante el segundo, por lo que no parece muy complejo entender por qué se queman los montes y por qué se odia el matorral.

El mismo regidor de pastos de la montaña de Covadonga, en el Parque Nacional de Picos de Europa, comentaba hace poco que la mitad de las praderías del parque “estaba invadida por el matorral” y lamentaba que “se perdiera casi el 50% del dinero que deberían ingresar por las subvenciones de la PAC”, por lo que pedía quemas y desbroces. Y todo esto dentro de un espacio protegido cuya finalidad es asegurar la conservación de sus hábitats.

A modo de resumen se puede afirmar que:

a) El matorral no es ninguna plaga, es una formación vegetal natural que alberga una importante biodiversidad, tanto botánica como faunística. Asimismo, la llamada matorralización es un paso más dentro de la sucesión ecológica, algo también natural.

b) El matorral no favorece los incendios, lo que favorece los incendios es una legislación que subvenciona la superficie de pastos y elimina los acotamientos a los montes quemados intencionadamente.

c) El odio al matorral es, como ocurre en la mayoría de los casos, una cuestión de dinero.

16 comentarios »

  1. Muchas de las especies arbustivas típicas de estos pagos tales como los pertenecientes al género “Cytisus” son leguminosas que fijan nitrógeno y enriquecen notablemente el suelo.

    Comentario por El Desertor — 27 noviembre 2016 @ 1:32 | Responder

    • Fabáceas como las xestas. Junto con los toxos, van preparando la tierra para especies de porte superior. Yo estoy cultivando una tierra que estuvo durante décadas abandonada y poblada de esa “maleza”, y puedo asegurar que el mantillo que genera es perfecto.

      Comentario por Mendigo — 27 noviembre 2016 @ 17:17 | Responder

  2. Gracias por compartirlo, como ya te comenté lo que si que nunca pude soportar es que tratándose exclusivamente de un problema de pasta nos traten de hacer comulgar con ruedas de molino, diciéndonos que el paisaje actual es fruto del trabajo de los “arquitectos del paisaje” por embellecer la naturaleza.
    un abrazo

    Comentario por David — 27 noviembre 2016 @ 10:44 | Responder

    • Gracias a ti. Tienes los conocimientos, pero además tienes la capacidad de comunicarlos, lo cual es un don no muy frecuente. Te emociona la vida natural, y sabes transmitir esa inquietud. Ojalá pudieras tener un altavoz mucho más grande.

      Sobre la afirmación de los “arquitectos del paisaje”, bueno, es obvio que es cierta. El estado en que se encuentra el entorno es debido a la intervención de las poblaciones que en ellos se asientan. Han surgido grandes núcleos urbanos, se ha llenado la costa de segundas residencias, se ha extendido una agricultura muy poco productiva para luego abandonarse con el éxodo rural… Esto es obra nuestra. La cuestión es ¿es éste paisaje humanizado deseable? Para la mayoría de la gente SÍ. La gente no quiere ver un rasa costera inalterada, quiere tener su paseo marítimo, sus chiringuitos y pubs, sus duchas y su puerto deportivo. Como somos una nación atrasada, creemos que en ésto consiste el progreso y la civilización: aplastar a la Naturaleza.

      La única solución pasa por la labor que tú haces: educar. Mostrar a la gente el valor de la biodiversidad. Que un ecosistema es bello por sí mismo, que no necesita del hombre para “embellecerlo”, es más casi cualquier actividad humana va a deteriorar el equilibrio de las relaciones de las especies que en él habitan. La Naturaleza no nos necesita (en todo caso, actuaciones puntuales de recuperación, y muy bien estudiadas porque es fácil hacer más mal que bien). Nosotros a ella, sí.

      Y el tema de los pastos, es lo mismo. La gente prefiere comprar la estampa de prados rasos como un campo de fútbol, en vez de un monte feraz lleno de vida. En la ciudad, se tiene todavía idealizada la imagen del pastor con sus vaquitas, sin darse cuenta de la realidad actual: un garrulo con su Vitara que sube las vacas a pastar en monte público (por ejemplo, el Parque Natural del Lago de Sanabria, que arde todos los años), y no se ocupa de ellas hasta que toca ir a buscar los terneros.

      Yo me sorprendo a veces de lo radicalmente ignorante que es la gente de ciudad de lo que sucede en el rural, con el cual ya ha perdido todo contacto. Por un lado lo idealiza, por el otro lo desprecia, pero jamás lo comprende. Se indigna con los incendios, pero no es capaz de ir más allá, de establecer relaciones y llegar a las causas (tampoco se le da la información desde los medios).

      En el rural, es al revés, todo el mundo sabe quién es el que prende, pero nadie quiere hacer nada. Se disculpa, se tolera o se comparten los intereses.

      Y nos topamos contra el muro: no es políticamente correcto hablar mal de los que quedan en las aldeas, porque en el imaginario popular son ellos los que guardan el tarro de las esencias de nuestro pasado, nuestra cultura, la nación o lo que demonios se quiera creer la gente (de nuevo, el anuncio de la vieja de la Fabada litoral). Cuando explicas que son los mismos paisanos los que queman año tras año, y expones las causas, la gente se ofende por difamar a esa idea bucólica y confusa que tienen del pastor con su zurrón y su cayado.

      Y en esas estamos, compañero!

      Tienes la autoridad intelectual para poder destruir ese falso mito urbanita de esa Arcadia feliz en que los hombre vivíamos hermanados con la Naturaleza, en relación simbiótica (ella nos daba sustento, y nosotros la protegíamos y cuidábamos). Como en los jardines del Buen Retiro. Aún seguimos teniendo esa imagen dieciochesca de la Naturaleza. Y bastante que cerraron la Casa de Fieras y se la llevaron a la Casa de Campo, ahora zoológico.

      En fin, David, que tienes toda mi admiración y mi aplauso.

      Comentario por Mendigo — 27 noviembre 2016 @ 18:02 | Responder

      • Enhorabuena a los dos!! Gracias x perder vuestro tiempo en estos artículos tan interesantes.

        Comentario por Miguel — 28 noviembre 2016 @ 21:10 | Responder

        • No, no, a César lo que es de César. Yo probablemente sabré más que David de aceites de automoción, por ejemplo, pero de temas ecológicos yo soy sólo un transmisor: los conocimientos los tiene él (de hecho, aquí mi único mérito es hacer CTRL+C, CTRL+V, aunque también he oído por ahí que es mérito suficiente para llegar a rector XD). Cuando yo digo que la “maleza” tiene valor ecológico, y ya voy a tener un atajo de teclado para escribir aquello de “es parte inherente de un ecosistema”, como la macrofauna o las especies de gran porte, lo que hago es transmitir lo que he leído de gente que, como David, son especialistas y saben de lo que hablan.

          Y bueno, porque tan tonto no soy, y me doy cuenta de la biodiversidad que puedes encontrar en un monte “sucio” de toxos o xestas, sobre todo si la comparo con el modelo de “bosque” de eucaliptos que tienen estos cabestros. No hay que ponerse a contar taxones, es evidente,

          Comentario por Mendigo — 29 noviembre 2016 @ 14:31 | Responder

  3. Si ,gracias a los dos.

    Hay un libro de un americano: Dan O’ brien, ” Los búfalos de Broken Heart” que habla sobre la recuperación de pastos y ecosistemas adyacentes en Las grandes llanuras septentrionales de los Estados Unidos y la sustitución del ganado vacuno por los herviboros que nunca debieron dejar de existir allí, los búfalos. La decisión de criar búfalos proporcionó la recuperación de un colapsado ecosistema que vio como la vuelta a pastos primigenios permitió alcanzar un estado parecido al original donde ciervos, urogallos, antilopes, alcones etc habían desaparecido por la torpeza de los
    ganaderos malos gestores y victimas tambien.
    Hace unas semanas conocí a una pareja de veterinarios que gestionan una dehesa en Toledo criando pollos, novillos y caballos. Nos acercamos a conocer su proyecto de gestión de pastos. El concepto es parecido al del yanqui y los resultados espectaculares.
    Somos pocos, pero estamos.

    Comentario por Amor — 28 noviembre 2016 @ 22:20 | Responder

    • Gracias a ti, compi.

      Claro, la cuestión es la presión que ejerce una cabaña sobre su entorno. Si sólo fueran unas pocas vacas sobre una gran extensión, el daño causado al ecosistema es mínimo (pero nunca nulo, estás desplazando a otras especies, quizá introduciendo enfermedades…). Porque realmente, una vaca no deja de ser un rumiante como puede ser un ciervo o un corzo. La cuestión es que la población de corzos, en un ecosistema más o menos íntegro, es controlada por los depredadores (lobo, básicamente), y no se llega nunca a desmandar (y cuando ocurre, aumenta la mortalidad por falta de recursos hasta recuperar el equilibrio). Pero las vacas no se autorregulan. Las asistimos en el parto, las medicamos, y matamos a los lobos para que no preden sobre los terneros… con lo cual no hay 10 vacas, hay 200 sobre un trozo de terreno vallado (muchas veces, hasta la cumbre).

      Lo que comentas de Toledo: disminuyendo la densidad, el ecosistema lo asimila (con todo, no olvidemos que una dehesa -defesa- no es más que el resto de un antiguo bosque de encinas, y tendríamos que irnos a la mesta, etc). Lo que pasa es que, de esta forma, disminuyes su rentabilidad (aunque sólo sea por el coste de capital fijo de tener que disponer de más terreno).

      Pero es que además, en el caso asturiano, la montaña es un ecosistema muy frágil, aunque parezcan imponentes. Los suelos están expuestos a una erosión extrema, por las grandes pendientes, y la solifluxión debido al deshielo. Meter ahí a cientos de herbívoros a pastar y patalear el suelo es una salvajada. Ya sólo cercarlo es una barbaridad, porque impides los movimientos de las poblaciones, necesarios para su supervivencia (y asegurar la variedad genética). Que luego, en las tierras bajas, hay buenos prados que se pueden usar, por supuesto. Es que, en esto (si ves los comentarios en la página de David, hay un buen ejemplo), siempre te viene alguien con su falacia del muñeco de paja: es que no todo va a ser una reserva natural. No, claro. Hay sitio para todo. Pero es que actualmente TODO el territorio (salvo zonas muy muy restringidas dentro de algunos parques naturales) está disponible para pastos, para caza, para plantar pinos…

      Comentario por Mendigo — 29 noviembre 2016 @ 14:47 | Responder

      • Ostras!!! De vez en cuando se cortocircuita mi cerebro hiperactivo y hace falcones herbivoros😉😉
        Muy sutil….

        Comentario por Amor — 29 noviembre 2016 @ 15:17 | Responder

        • Jajajajaja

          Tienes a tus falconcetes a dieta de lechuguita. Y del hambre negra que tienen, se han comido ya hasta su hache. :PPPPPPPPPPPPPP

          XDDDDDDDDDDDDDD

          ¿Pero sabes lo que falla? Que estos proyectos parten de gente altruista, que quiere producir de otra forma. Pero no hay una obligación legal a respetar los ecosistemas, haciéndolos relativamente compatibles con la explotación ganadera. Si ellos quisieran, podrían aumentar la densidad hasta destrozar el monte y la vida que en él hay.

          Pero es que el respeto al medio natural no puede ser voluntario, no puede ser una cuestión de buena voluntad. El Estado debe fijar unos mínimos legales. Porque si no, además, quien produce machacando el medio, acaba desplazando del mercado a quien asume unos mayores costes respetándolo. Y esto pasa en todas las áreas. El empresario ladrón y explotador logra producir más barato que el que respeta la legislación fiscal y laboral, echándolo del mercado. Al final, el sistema incita a hacer trampas, a estrujar a tus trabajadores… el que no lo hace, se queda fuera. Al final, el honrado es el pringao, y el que triunfa es el truhán. Lo que se llama, un incentivo perverso (para que todos nos comportemos como truhanes).

          Y contaminando, tres cuartas de lo mismo. Si el Estado no pone un nivel mínimo que asegure la conservación del medio, esto se convierte en una carrera por ver quién produce más barato, sin importar las consecuencias.

          Comentario por Mendigo — 29 noviembre 2016 @ 19:12 | Responder

  4. En el artículo que publiqué en el blog hubo algún comentario en el que se tenían dudas sobre el papel de ciertos ganaderos en los incendios forestales cuando queman matorrales para obtener pastos. Por si alguien no se acuerda, en diciembre del año pasado, gran parte del occidente asturiano sufrió una oleada de incendios que arrasó con gran cantidad de montes. Copio este fragmento sobre los resultados de la investigación del Seprona: “Uno de los imputados es una persona con problemas psiquiátricos. Los 13 restantes son ganaderos, según han explicado fuentes del Seprona de la Guardia Civil. En estos últimos casos se ha constatado, según las mismas fuentes, que buscaban su “beneficio” para “conseguir más pastos” (http://politica.elpais.com/politica/2016/02/26/actualidad/1456484922_123155.html)

    Comentario por David — 29 noviembre 2016 @ 13:50 | Responder

    • Mira, los del Seprona…

      Permíteme que te cuente un caso personal. Hace un par de años ardió una finca en la que estaba intentando introducir algunas cosas, medio cultivo (nogales y manzanos), medio asilvestrado (carballos, abedules, serbales, alisos…). El trabajo de varios años a la mierda. Y entre una y otra finca, ya es la 4ª vez que me pasa, también lo mío tiene delito, que lo que realmente entran ganas es de rociar con gasolina todo el pueblo y quemarlo de una puta vez. Pero bueno, dejémoslo.

      Bueno, pues el verano siguiente el fulano que me lo quemó (porque me dijeron los mismos del Seprona que estaban seguro que había sido él) metió las vacas a pastar en esa zona. Las veo y llamo al Seprona. Sí, sí, ya nos pasamos. Por ahí no se pasa nadie. Llamó a los varios días, mira, que las vacas están ahí, pensáis pasaros algún día o esperáis a que se mueran de aburrimiento? Bueno, pero es que el monte es muy grande y no sabemos dónde (les había especificado en qué parte estaban). A estas alturas, yo no sé si estoy hablando con un agente del Seprona o la camarera de un bar de copas. Me cago en Dios (esto lo omití, obviamente), espera un momento que te doy las coordenadas. Le vuelvo a llamar, le doy las coordenadas que podrían encontrarlas con los ojos cerrados, y me salta… pero es que nosotros en los coches no trabajamos con esas coordenadas, esas a nosotros no nos sirven de nada. Me cago en la hostia, en una época en la que hasta el más desgraciado tiene móvil con GPS, y todos los navegadores, en Android o iPhone trabajan con el nuevo WGS84. Por mis cojones que no van a tener excusa, volví a llamar, después de pasarles las coordenadas WGS84 al viejo sistema ED50 (que, de todas formas, ya no era oficial de aquella, ya había cambiado al ETRS89 que es virtualmente igual al WGS84, por lo que tenían la obligación legal de entenderlas). A estas alturas, a mí me salía ya el humo por las orejas. Era más que evidente que no tenían maldita la gana de ir allí, y no sabían más que inventar escusas. ¿Investigar? Más mascadito no se lo podía dar, y ni por esas. Eso tiene un nombre: connivencia con el delincuente. Toda la agrupación de Ourense tendría que estar de patitas en la calle.

      La ley dice que no se puede pastar (ni cazar) en terrenos que han sido quemados en 5 años. Y estoy aburrido de ver tanto lo uno como lo otro, en cuanto pasa un año y se disimula un poco el negro. ¿Alguien hace nada? No. Aquí no pasa nada. Pues ya está. Que yo entiendo que coger a un incendiario es muy difícil. Pero descubrir un ganado pastando, o un grupo de garrulos cazando, en terreno quemado, eso es un delito evidente. Que el Seprona, una manga de incompetentes sin cuento, prefiere pasar por alto. De hecho, que yo sepa ni siquiera hay un inventario de qué y cuándo se quemó una zona para poder aplicar esa ley. No saben qué es lo que ardió. Así que, simplemente, es imposible la aplicación de la ley, que se queda en una mera declaración de buenas intenciones.

      Y por supuesto, yo ya ni me esfuerzo en llamar, porque me figuro el caso que me van a hacer.

      En fin…

      Comentario por Mendigo — 29 noviembre 2016 @ 15:10 | Responder

  5. David,cualquiera que conozca la zona sabe que lo que dices es cierto. A mí me tocó el incendió del Franco.

    Comentario por Amor — 29 noviembre 2016 @ 14:43 | Responder

    • El próximo puente del 15 de Agosto os invito al próximo incendio en mi aldea, en Ourense. ¿Cómo es posible que sepa que el próximo año habrá un incendio? Porque los últimos veinte años lo ha habido. No hay un puente del 15 que no arda algo en la zona. Vamos, es que puedo apostar sin miedo a que lo habrá este año.

      Esto, lo cuentas en otra parte y crees que es coña. Y aquí estamos acostumbrados, y ni siquiera le parece raro a la gente…

      Comentario por Mendigo — 29 noviembre 2016 @ 14:49 | Responder

  6. (Traducción automática Google Translator)

    Bondad graciosa, que buen bonito blog. Mi también entretener tiempo con salvaje vida.Yo voy de Montjuich para la observación del pueblo con perspectiva de pájaro. La sorpresa de cantidad de zonas verdes. El estudio botánica es la pasión mía, así que la atención va a un grupo de arbustos familiares de ‘vaccinium myrtillus’. La flexión de piernas para mejor observación y la interrupción de oso con ropa de cuero. Se dirige con «¿quieres pollón?». Yo entiendo «¿eres John?». La respuesta es positiva, y oso de cuero me besa con fruición. El correr despavorido me lleva a zona boscosa. Dos caballeros almuerzan el uno del otro. La amabilidad de ofrecer, y yo aceptar por educación. Ahora soy feliz y plantear dudas serias sobre mis gustos.

    Bonito de reunir tú.

    Comentario por John Ion — 3 diciembre 2016 @ 21:22 | Responder

    • OMG!

      JOAS JOAS JOAS JOAS…

      Lo bueno de estar tan pillao, es que cuando te metas algo, tampoco se debe notar la diferencia…

      XDDDDDDDDDDDDDDDDD

      Un abrazo, tronk!

      Comentario por Mendigo — 3 diciembre 2016 @ 21:57 | Responder


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