La mirada del mendigo

20 enero 2017

En Siria, los medios occidentales apoyan el yihadismo

Filed under: internacional — Mendigo @ 23:31

Traduzco otro artículo, éste de Rania Khalek (aquí su blog), sobre el mismo tema: el proceso de lavado de imagen de los grupos salafistas que operan en Siria por los medios occidentales.

No es un caso exclusivo de los medios españoles, tan dados a la manipulación informativa, sino una entente de todos los grandes grupos de comunicación que apuestan sus fichas por un bando, haciendo una cobertura parcial del conflicto para legitimarlo y conseguir la adhesión de la población al objetivo de derrocar al gobierno sirio. Puede que estos rebeldes sean unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta y hemos de apoyarlos (como los nazis del Maidan, o en el pasado siglo, Pinochet, la contra nicaragüense o los muyaidines afganos).

En el anterior artículo como en el que paso a traducir, los autores hacen un esfuerzo, aportando numerosas referencias, para demostrar que el hilo conductor de este enjambre de grupos rebeldes es su programa islamista, y no su amor por la democracia y la libertad, como nos los pinta Cebrián todos los días. Yo, por una vez, voy a llegar al mismo punto por un camino mucho más breve: es de dominio público que estos grupos reciben financiación y armamento del gobierno turco y las petromonarquías, especialmente la Arabia de los Saud y Qatar. Bien, ahora decidme: ¿Hay alguien que piense que CErdoğan, Salman al Saud o Tamim al Zani (el emir de Qatar, la casa real qatarí no son tan conocidos como los Saud) prestarían su apoyo a un grupo que pretendiera establecer un estado moderno, democrático, inclusivo, social, laico y no patriarcal, en Siria o en cualquier otra parte?

Ya. Pues eso. Si reciben dinero y armas de esa panda de reaccionarios, necesariamente deben ser islamistas. Quod erat demostrandum

Lo más parecido en el panorama sirio a un movimiento demócrata son los kurdos del PYD, que con elementos de otras etnias formaron las Fuerzas Democráticas Sirias. Los únicos que parecen tener interés en machacar al Estado Islámico (vergonzoso el paripé del ejército turco en Al-Bab), y a quienes el gobierno turco considera “terroristas” y se afana en bombardear sus posiciones, lo cual ralentiza su avance hacia Raqqa por la necesidad de dedicar tropas para protegerse también del ejército turco.

Por cierto, aquí tenéis la excepción que confirma la regla, una periodista de El País que llega a Alepo y transmite lo que le cuentan. Y algunas cosas no dejan en buen lugar a los rebeldes. Estoy convencido que, tras esta entrega, habrá recibido indicaciones para en próximas entregas no ser tan explícita sobre quién hace qué, dejándolo en un indeterminado “los horrores de la guerra”. Por cierto, echando cuentas sobre los habitantes de Alepo Oriental, desmiente ella misma la propaganda de su mismo periódico de los 250.000 civiles. ¿Los 3.000 que cuenta Sancha en Alepo o los 250.000 que difundía Lourdes desde Jerusalén?

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El gobierno sirio, una dictadura conocida por encarcelar, torturar y hacer desaparecer disidentes, es fácil de vilipendiar. Y durante los últimos cinco años de guerra civil ha cometido su porción de atrocidades. Pero toda historia tiene más de una cara, y los medios occidentales sólo han mostrado una cara, la de los rebeldes, sin preocuparse por verificar su exactitud o contextualizarla.

Cuando el gobierno sirio recapturó Alepo Oriental de manos de los rebeldes hace unas semanas, medios de todo el espectro político se convirtieron en portavoces del bando rebelde, difundiendo sin comprobarlos los comunicados rebeldes sin preguntarse quiénes eran esos rebeldes.

Prácticamente todos los medios de USA (y UK) pasaron por alto el hecho de que los rebeldes de Alepo Oriental eran un atajo de grupos yihadistas apoyados y financiados por la OTAN y las petromonarquías, dominado por Jabhat Fateh al-Sham (antiguamente Jabhat al-Nusra, la enseña local de Al Qaeda) junto con su aliado, Ahrar al-Sham (Daily Beast, 8/8/16; Foreign Policy, 1/9/16). Estos grupos tienen un programa político explícitamente antidemocrático (la democracia es un concepto occidental, no islámico) y han cometido violaciones de los Derechos Humanos, desde ejecuciones en masa y la decapitación de niños al uso de miembros de minorías religiosas, enjaulados, como escudos humanos.

En circunstancias normales, los medios usamericanos seguramente habrían identificado a los rebeldes de Alepo Oriental por el nombre del grupo militante más famoso en el mundo, Al Qaeda. Sin embargo, los reportes de prensa se referían regularmente a las fuerzas opositoras que controlaban el Alepo Oriental simplemente como los “rebeldes”.

“Las mujeres en Alepo prefieren suicidarse a ser violadas”, publicaba un titular del Daily Beast (12/12/16). La fuente de esta grave acusación era Abdullah Othman, un miembro de Jabhat Al-Shamiya o Frente de Levante, una coalición de grupos formado por varias facciones rebeldes de carácter yihadista. Hasta hoy no ha sido presentada ninguna prueba, al menos públicamente, que sostenga la afirmación de Othman; sin embargo, esto no retuvo a los editores del periódico de publicarla y que se corriese como la pólvora en los medios sociales después de ser republicada por Commentary (13/12/16), Mic (16/12/16), Elle (13/12/16) y Foreign Policy (16/12/16), entre otros.

[N.d.M: el infame follacabras que envío a sus hijas a explotarse en una comisaría también las arengaba diciendo que si no lo hacían, los enemigos de Allah las violarían]

NBC News (13/12/16) publicó que “grupos de civiles fueron quemados vivos por fuerzas del régimen”. La fuente de esta acusación era una indeterminada “informaciones de un medio árabe”. The Independent (17/12/16) alertó de un “asesinato casa por casa”. La fuente era el político británico David Miliband. La ONU (13/12/16) citó “informes creíbles” de 82 civiles asesinados “en el lugar” por fuerzas pro-gubernamentales. Mientras que es ciertamente plausible, la ONU, que no estaba presente en Alepo Oriental, aún tiene que investigar esta información.

Los medios usamericanos también promovieron acusaciones por quienes se autodescriben como “activistas informativos” en Alepo Oriental avisando que el régimen sirio iba a masacrarlos. El portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, dijo que esos mensajes eran “valientes” y agradeció a aquellos que los publicaban por proporcionar una “cobertura mediática independiente” de los horrores en Alepo.

Mas la información que se emite desde las áreas bajo control rebelde está muy lejos de ser independiente. Por el contrario, está minuciosamente controlada por los grupos yihadistas que controlan esas áreas. Estos grupos no toleran el activismo político. Encarcelan, torturan y ejecutan sumariamente a los activistas, así como a los abogados, trabajadores humanitarios, periodistas y miembros de minorías. Esto debería sugerir un cierto escepticismo acerca de cualquiera que pretenda ser un activista en las áreas rebeldes. Pero la prensa occidental asume esta información de forma acrítica, como podemos observar en la proyección mediática que se da una de la personalidades del bando rebelde fuera de Alepo, Bilal Abdul Kareem, ampliamente difundido por medios como la CNN (12/16/16) e incluso el comunmente alternativo Intercept (30/6/16), a pesar del largo historial de este activista difundiendo propaganda hiper-sectaria de grupos extremistas (AlterNet, 29/12/16).

Así como los medios están prestos a aceptar la veracidad de las acusaciones rebeldes, ignoran o quitan peso a las atrocidades rebeldes. Un ejemplo, cuando los rebeldes quemaron varios autobuses (y mataron a los conductores) enviados para evacuar a los enfermos y heridos de dos aldeas shiíes asediadas en Idlib, The New York Times (18/12/16) enterró los detalles del incidente en la profundidad del 19º párrafo de un artículo sobre las evacuaciones.

Informaciones como que los rebeldes disparan contra los civiles que procuran escapar hacia áreas bajo control gubernamental, o que se apropien de la ayuda humanitaria destinada a la población civil, rara vez aparecen entre las páginas de los medios occidentales.

One of the groups alleged to be behind the killings is Nouriddeen Al-Zinki, a recipient of US weapons. (Months ago, Al-Zinki fighters videotaped themselves beheading a child. The gruesome act was met with a shrug by the group’s Western backers.) Russia also reported finding mass graves of tortured civilians and booby traps during its sweep of East Aleppo, which received little to no attention.

Mientras que ambos bandos se han acusado mutuamente de perpetrar masacres en Alepo, sólo las acusaciones rebeldes encuentran amplio eco en la cobertura mediática occidental. Sin embargo, la evidencia de la que disponemos hasta ahora, apunta a los rebeldes como culpables. En los días previos a su evacuación de Alepo, los grupos rebeldes supuestamente ejecutaron a unos 100 soldados sirios que mantenían prisioneros, según fuerzas gubernamentales. Los cuerpos fueron encontrados en una escuela local. A pesar del testimonio gráfico, corroborado por pruebas en vídeo y el hecho de que los rebeldes ya habían realizado otras ejecuciones sumarias de soldados tomados como prisioneros en Alepo en el pasado, los medios occidentales ignoraron esta matanza. Uno de los grupos acusado de ser responsable de estas ejecuciones es Nouriddeen Al-Zinki, uno de los que recibieron armas de Estados Unidos. Meses atrás, los milicianos de Al-Zinki se grabaron mientras decapitaban a un niño. Este acto espantoso fue recibido con indiferencia por sus patrocinadores occidentales. Rusia también ha comunicado el hallazgo de fosas comunes con civiles torturados y mutilados, así como trampas explosivas en las operaciones de reconocimiento y desminado de Alepo Oriental, hechos a los que se le prestó poca o ninguna atención.

[N.d.M: Cuando un medio presta una atención desmedida, e incluso exagera dando pábulo a bulos, a las muertes violentas causadas por un bando, y pone sordina sobre los crímenes cometidos por el otro, no está haciendo periodismo sino activismo. Y a esta operación de lavado de imagen del yihadismo en Siria están dedicados la práctica totalidad de grandes cabeceras occidentales y, por descontado, las que publican en el mundo suní].

Si nada de esto fuera verdad, el odio que muchos sirios de áreas bajo el control del gobierno sienten y expresan por los rebeldes, y por los medios occidentales que los glorifican, sería difícil de explicar.

En Noviembre, estuve visitando zonas de Siria bajo el control del gobierno [N.d.M: a ver qué periodista occidental se atreve a cubrir el conflicto desde las áreas controladas por esos amables y heroicos freedom fighters; serán todo lo adorables que quieran, pero ninguno se atreve a entrar en Idlib, como tampoco en Raqqa], donde vive la abrumadora mayoría de la población (en torno a un 75%). Y allí fui testigo de una cara del conflicto que los medios occidentales han preferido ignorar casi completamente. Es como si las opiniones y el bienestar de unos 17 millones de sirios no importase, simplemente porque viven en zonas controladas por el gobierno.

Esta regla se aplica a través de todo el espectro mediático. Un editor de una importante publicación progresista rechazó mis artículos sobre el terreno desde áreas gubernamentales, diciéndome que era una empresa periodística fútil ya que el gobierno sirio lo vigila todo, y los sirios están demasiado aterrorizados por la policía secreta para decir lo que realmente piensan.

Aunque es cierto que los sirios tienen una capacidad limitada de criticar a su gobierno, eso no justifica ignorarlos completamente. Y la situación sobre el terreno no es tan drástica. En la intimidad del domicilio y en una conversación privada, muchos sirios se mostraban duramente críticos con el régimen de Assad. Pero con todo, aún mantenían su apoyo al gobierno, e incluso mostraban un rechazo mayor por el fundamentalismo religioso y la brutalidad de los grupos rebeldes, a quienes veían como fanáticos promovidos por potencias extranjeras que habían invadido su país y los habían aterrorizado a ellos y a sus familias.

Aún estoy conmocionada por lo que vi en el Hospital Al-Razi en lo que era el Alepo Occidental controlado por el gobierno. Vi una ambulancia tras otra descargar civiles heridos por fuego de mortero contra barrios residenciales, durante día y noche. El personal médico se puso a trabajar rápidamente con un hombre cuyo pecho había sido traspasado por un pedazo de metal retorcido. Una mujer desesperada se consumía a su lado, sollozando, “¡Es el único hijo que me queda!”. Los médicos pronto confirmaron la muerte del paciente y la mujer se derrumbó.

En una atestada sala, Fateh de 10 años de edad permanece en un suelo ensangrentado, llorando junto una camilla en la que yace su hermano de 15 años, Mohammad. La sangre empapa el vendaje de su pierna, pero el personal médico está demasiado ocupado con otras heridas mortales para percatarse. Estos chicos tienen suerte de estar vivos. Habían estado ayudando con la mudanza de su casa con sus primos por la mañana, cuando fueron alcanzados por morteros rebeldes. Su prima de 6 años estaba en la UCI. Su primo de 4 años resultó muerto.

[N.d.M: Pero estas víctimas nunca ilustraron noticias ni fueron representativas del sufrimiento de Alepo, a pesar de ser alepíes. ¿Por qué? Alguien en las redacciones de los medios debería explicar por qué sólo narraban el sufrimiento de un lado de la guerra. Con que fin. El de la información objetiva, contrastada y veraz, que debería ser su cometido, no, desde luego].

A lo largo de la calle, familias afligidas esperaban a la puerta de la morgue para identificar los cuerpos de sus familiares recientemente fallecidos. Un grupo de niños llorosos me explicó cómo habían visto morir a su padre desde el balcón de su piso. Un mortero rebelde le alcanzó cuando estaba aparcando su coche. Mientras tanto, un padre traumatizado me contaba que su hijo de 10 años fue muerto por el disparo de un francotirador cuando iba a buscar agua a la azotea.

Una mujer desconsolada, de duelo por la muerte de su marido, maldecía al gobierno por no golpear a los rebeldes (o terroristas, en sus palabras) lo suficientemente duro. Los miembros de su familia asentían, lamentándose de que el gobierno sirio haya sido demasiado indulgente con los grupos armados a quienes culpan por la destrucción de su ciudad. De telón de fondo, los gritos de dolor y venganza repetidos hasta la extenuación. Después de cinco años de guerra, esta gente está agotada. No conocí a un solo sirio en las áreas gubernamentales que visité que no haya perdido amigos y miembros de su familia desde que la guerra empezó. Pero su sufrimiento, con esporádicas excepciones, ha desaparecido completamente de los medios occidentales, probablemente porque aquellos que tienen mayor culpa de este sufrimiento son apoyados por occidente.

[N.d.M: de nuevo habría que añadir a los medios occidentales, el especial y acerado activismo mediático de los medios de países suníes]

Incluso aquellos que expresaban la desaprobación de la participación rusa en la guerra, me señalaron a los Estados Unidos y sus aliados regionales (la Arabia de los Saud, Qatar y Turquía) como los principales responsables de la desintegración de su país.

Estos sentimientos contradicen totalmente una de las más perniciosas mentiras propagadas por los medios usamericanos: que la inacción de los Estados Unidos permitió que la carnicería en Siria continuase impunemente.

“Muchos miles de personas han sido asesinadas en Alepo, pero Washington se encoge de hombros” se lamentaba recientemente The New York Times (14/12/16). “La inacción de los Estados Unidos en Siria ha transformado nuestro país en un mero espectador de la mayor atrocidad de nuestro tiempo”, se lamentaba Leon Wieseltier en el Washington Post (15/12/16).

Sin embargo, Washington sí que intervino (FAIR.org, 10/1/15), y haciéndolo, prolongó el derramamiento de sangre y reforzó a Al Qaeda.

A pesar de haber sido advertida de la ideología extremista y el violento sectarismo que dominaba a la oposición en fechas tan tempranas como Noviembre del 2011, la administración Obama gastó, según el Washington Post (12/6/15), la colosal cantidad de mil millones de dólares anuales entrenando y armando a milicianos próximos a Al-Qaeda con el objetivo de debilitar al gobierno sirio.

[N.d.M: en realidad, el grueso de la financiación y el armamento de los grupos yihadistas vino de Turquía y los países del Golfo, con especial relevancia de Qatar que es quien tiene más que ganar si Assad es depuesto, pues los Saud tienen grandes reservas de petróleo, pero pocas de metano].

En un testimonio escrito ante el Comité de Relaciones Internacionales del Senado, en Junio del 2016, el enviado especial presidencial para la Coalición Global para derrobar al Estado Islámico, avisó que “al-Nusrah es ahora la mayor sección de Al-Qaeda en la historia”. De acuerdo a los oficiales de inteligencia usamericanos, al-Nusrah está comenzando a diseñar planes para atacar intereses estadounidenses.

[N.d.M: Como en el caso de Iraq o de Libia, o antes en Afganistán, la OTAN vuelve a cometer el error de forzar la caída de un gobierno que mantiene a raya la amenaza común yihadista, convirtiéndolos en nidos de avispas para el terrorismo y exponiendo a la población occidental al peligro de sus ataques].

En resumen, el gobierno estadounidense subcontrató su guerra contra el gobierno sirio a Al Qaeda, y los ciudadanos americanos no tienen ni idea, porque los grandes grupos de comunicación continúan promoviendo mentiras acerca de la así llamada inacción del gobierno.

Quizá muchos consumidores de los productos informativos en Occidente se sorprenderían si descubriesen que la revuelta siria nunca fue particularmente popular en Alepo. Los rebeldes, con ayuda de sus benefactores usamericanos, invadió y capturó los barrios orientales de Alepo por la fuerza en 2012. En su momento fueron los rebeldes los que sometieron a sitio las áreas de Alepo controladas por el gobierno, cortando el acceso al agua potable, el suministro de electricidad y de comida. Los políticos usamericanos celebraron los avances rebeldes y sus conquistas territoriales. [La muy zorra de] Hillary Clinton, por aquel entonces Secretaria de Estado, expresó su esperanza de que la captura de Alepo Oriental por los rebeldes “siente las bases para futuras acciones de la oposición”.

Con su ejército de tierra ya sobrecargado luchando contra una insurgencia por todo el país, el gobierno sirio respondió, como siempre lo ha hecho, con un abrumador y devastador poder aéreo, el cual los políticos occidentales rutinariamente denunciaban. Pero la conducta criminal de los rebeldes nunca llegó a suscitar críticas semejantes. [N.d.M: la escasa y mal mantenida flota aérea del ejército sirio distaría mucho de poder calificarse de abrumadora y devastadora, no sin el apoyo ruso. Por otra parte, podemos conjeturar cuál hubiera sido el uso de los medios aéreos si los rebeldes hubieran podido contar con ellos].

Muchos de los vecinos de barrios ocupados por fuerzas rebeldes, huyeron tan pronto como pudieron hacia áreas bajo el control del ejército o países vecinos. Sus casa fueron saqueadas en su ausencia y convertidas en bases operativas. A aquellos que se quedaron se les sometió a la estricta interpretación de la ley islámica que recuerda fielmente a las brutales prácticas impuestas por el Estado Islámico.

En ocasiones, las propias cuentas de los grupos mediáticos reflejaban esta realidad, cuando algún periodista occidental aún se aventuraba en las áreas bajo control rebelde.

“Esperamos y esperamos para que Alepo se sublevase, y no lo hizo. No podíamos confiar en ellos para hacer la revolución por sí mismos, así que trajimos la revolución hasta ellos”, según dijo un comandante rebelde <a href="http://” target=”_blank”>a Reuters en Julio del 2012. El artículo continuaba narrando cómo los milicianos estaban “descansando en una escuela que había sido ocupada por los rebeldes como un cuartel temporal” en un área que “parecía estar completamente desierta de residentes. Los milicianos estaban usando las casas como bases para descansar”.

[N.d.M: Este párrafo me recuerda al mensaje de un soldado sirio, que durante la toma de Alepo se preguntaba dónde estaban los 250.000 alepíes que según todos los medios occidentales y la ONU aún se encontraban en el Alepo rebelde, pues llevaban días avanzando y no hacía más que encontrarse barrios deshabitados]

“En torno al 70% de los ciudadanos de Alepo apoya al régimen. Siempre ha sido así. El campo está con nosotros y la ciudad con el el gobierno”, confesaba otro comandante rebelde a The Guardian en Agosto del 2012.

En Alepo, escuché a yihadistas salafistas comentar acerca del exterminio de la minoría alauita, y pedir tanto el inmediato apoyo de EEUU, como su inmediata defunción”, publicaba The New York Times en Octubre del 2012.

De hecho, escuelas, instalaciones médicas y edificios residenciales fueron transformados en bases militares y tribunales islámicos. El Hospital Infantil de Alepo se convirtió en una conocida prisión y centro de tortura, donde se mantuvieron recluidos a varios occidentales secuestrados, incluyendo al periodista James Foley, quien fue más tarde decapitado por el Estado Islámico.

A finales del 2013, los secuestros de periodistas en el bando rebelde eran tan habituales que las grandes grupos de prensa occidentales urgieron colectivamente a la oposición siria a detener estas prácticas.

De forma simultánea, los gobiernos occidentales regaban con millones de dólares la propaganda rebelde fabricada por medios rebeldes y ONGs como los Cascos Blancos, con el objetivo de glorificar los grupos armados y presionar para una intervención bélica más decidida de los países occidentales [y suníes] contra el presidente sirio Bashar al-Assad.

Una vez incapaces de transitar por áreas rebeldes por miedo a ser secuestrados o algo peor, los periodistas fueron relegados a cubrir la guerra desde Beirut o Estambul, convirtiéndose en completamente dependientes de la propaganda rebelde financiada por los gobiernos occidentales [y suníes] para rellenar el vacío informativo.

Alineándose con los intereses geopolíticos de sus gobiernos, los medios occidentales se dedicaron a la tarea de blanquear la imagen de los grupos rebeldes, presentados con un aura romántica como libertadores y protectores adorados por la población siria que vivía bajo su mando, glorificando la imagen de aquellos que estaban secuestrando, pidiendo rescate e incluso asesinando a sus reporteros.

Tomemos el caso de Liz Sly del Washington Post. En un artículo sobre el terreno desde Alepo Oriental (19/3/13), Sly detalla la brutalidad de las milicias sirias afiliadas a Al Qaeda, las cuales habían tomado el área y convertido el Hospital Oftalmológico en su cuartel. Sin embargo, cuando el gobierno recapturó los barrios de Alepo Oriental, Sly y sus colegas omitieron cualquier mención a esos combatientes de Al Qaeda entre los rebeldes [¿se habían esfumado?], mientras difundían los comunicados de activistas rebeldes que operaban bajo su supervisión.

La disonancia cognoscitiva es realmente asombrosa si observamos la servil cobertura mediática de ofensiva militares parejas en ciudades controladas por el Estado Islámico en Siria e Iraq, donde las fuerzas respaldadas por Estados Unidos han empleado las mismas tácticas que por el otro lado condenan en Alepo.

En la ciudad siria de Manbij, no lejos de Alepo, las fuerzas de tierra respaldadas por los USA [N.d.M: se refiere a las SDF, mayormente compuestas por las milicias kurdas del YPG] la sometieron a un severo sitio que llevo el hambre a miles de civiles, mientras los bombardeos de la USAF causaron la muerte de 125 civiles en un solo ataque. En Iraq, los EEUU también emplearon ataques para expulsar al Estado Islámico de Ramadi y Fallujah, dejando a su paso barrios devastados que se asemejan a las ruinas de Alepo Oriental. En Fallujah, se estima que 140 personas murieron por la falta de comida y medicinas durante el asedio.

Tras la expulsión del Estado Islámico de Fallujah, NBC News (17/6/16) publicó el titular: “Las fuerzas iraquíes entran en Fallujah, liberando áreas clave del Estado Islámico”. En agudo contraste, durante la lucha por expulsar a Al Qaeda de Alepo Oriental, NBC (14/12/16) proclamaba: “Alepo está cayendo. ¿Qué significa esto para Assad, el Estado Islámico y Rusia?”.

A raíz del 11 de Septiembre, los grupos mediáticos norteamericanos retrataron a Al Qaeda como una monstruosa organización cuya existencia justifica una guerra global sin fin. ¿Quién nos iba a decir que en 2016, los mismos grupos mediáticos se convertirían en los más entusiastas propagandistas de Al Qaeda?

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[N.d.M: en la elevada concepción que en Occidente tenemos de nosotros mismos, señalamos como rasgo distintivo de nuestras democracias el contar con una prensa independiente. No como esas repúblicas bananeras, en las que la prensa sigue los dictados del gobierno. Yap. En todo caso, la diferencia estriba en que en nuestro avanzado mundo, la prensa Y el poder político, ambos, reciben las directrices de un poder superior, el industrial-financiero].

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