La mirada del mendigo

28 febrero 2017

Martillo del liberalismo

Filed under: Historia — Mendigo @ 20:53

Andaba repasando fotos antiguas para preparar un nuevo viaje, y me topo con la escacharrante lápida de este paisano, que debió ser algún pariente de Manolito (el de Mafalda).

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Pues sí que tiene un cierto parecido:

Para mi sorpresa, he encontrado la foto en la web del Senado, porque resulta que el obispo de Plasencia fue también senador por Gipuzkoa.

Eso, una curiosidad histórica de un pasado no tan lejano del que deberíamos guardar recuerdo, pues explica los acontecimientos del pasado más próximo que configuran nuestra realidad actual.

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27 febrero 2017

Cuando los tontos mandan

Filed under: arte — Mendigo @ 19:32

Lo cierto es que, cuando empecé con el blog, tenía en mente hacer más entradas amables de tipo cultural que las áridas e ingratas sobre economía, energía y conflictos. Pero supongo que iniciar una bitácora es como subirse a un navío sin timón, acabas dirigiéndote a donde te lleven los vientos y las corrientes.

En cualquier caso, quería tratar un poco de cine. Ayer estuve viendo Histoire d’O, una película icónica del mundo masoquista basada en la novela homónima. Se circunscribe en la larga tradición francesas de la literatura libertina de la cual el Marqués de Sade es su faro, la más alta atalaya (se nota que me gusta, ¿verdad?).

La película, dejando aparte la preciosidad de protagonista, si es que tal cosa se puede soslayar, tampoco es que sea un portento. Bueno, si os apetece echadle un vistazo y me comentáis; es interesante. La cuestión es que, según se iba desarrollando el argumento, iba comentándole a mi compañera… esta película setentera sería absolutamente impensable realizarla hoy en día. Desde luego no por la carga sexual, que ya ves, es de lo más light.

Desde luego, no es que sea muy partidario que digamos de la dominación, la posesión (en concreto, de la mujer), la sumisión y el castigo corporal; antes bien al contrario. De todas las depravaciones sexuales, sin duda el masoquismo sería la última en ensayar. Mi amor inquebrantable por la libertad hace que en muchas ocasiones los engranajes de la película me chirríen a los oídos. Sin embargo, me parece un ejercicio interesante de introspección en los abismos del alma humana, materia obligada precisamente de todo amante de Eleuteria (¿hay alguien que no se haya leído el excelso “El miedo a la libertad”, de Erich Fromm? quizá el ensayo mejor escrito de la historia).

Porque cuando indagas en la realidad, ofrece nuevos pliegues y texturas que nos sorprenden. Nada, y menos que nada la conducta humana, es simple. Por ejemplo, la película tiene para mí un momento cumbre, hacia el final, en la cual O. aparece triunfante, poderosa, con un halo de grandeza inabarcable. Me refiero a la escena en la que la va a buscar Iván a casa de Sir Stefan y… bueno, no os chafo la película, ya me comentaréis; para mí uno de los momentos inmortales de la historia del cine.

Es triste reconocer que hubo una época reciente de máxima libertad creativa e investigadora, en los que la vanguardia del pensamiento avanzaba sobre los tabús de nuestra sociedad, y de cómo esa época de apertura mental ha pasado y ahora vivimos en el reflujo de la ola. Fulaneando por la red, doy con un artículo del cual tomo el nombre para esta entrada: Cuando los tontos mandan, de Javier Marías. Lo suscribo totalmente, y se suma a la lista de artículos que dan la voz de alarma ante estupideces como la creación de “espacios seguros” en las universidades (usamericanas, claro), donde los niños (porque son niños, por mucho que hayan cruzado la veintena) pueden jugar con plastilina o jugar con peluches para superar el trauma que las puede haber producido lo que acaban de aprender en clase.

Efectivamente, vivimos en una época de represión intelectual, en la cual las masas piden prohibir aquello que molesta, las ideas que amenazan su concepción, frágil y maniquea, del mundo. Se convierte la opinión en delito (un tuit te puede llevar a la Audiencia Nazional) y todo pensamiento disruptivo es considerado una agresión potencial. Volviendo al ejemplo, que me parezca detestable la idea de sumisión extrema de la mujer, no quita que me pueda parecer interesante investigar los mecanismos psicológicos que llevan a ella (y no olvidemos que nos hallamos ante una ficción cinematográfica). O puede no resultarme interesante, pero en ese caso apago la televisión o cierro el libro y en paz, no pido con gritos histéricos que la censuren.

Ninguna idea debe ser prohibida, las ideas no hieren, las ideas no dañan (más que a los débiles mentales que desean ofenderse en vez de simplemente ignorarla), son sólo los ladrillos del pensamiento.

Vivimos tiempos aciagos, en los que nos vuelve a atenazar… el miedo a la libertad.

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Y ya que estoy en mi vertiente cinéfila, sigo comentando las últimas películas que me he echado al buche.

La siguiente es Camino a Casa, de un Zhang Yimou que ya empezaba a ser conocido y reconocido fuera de China. La película quizá sea la antítesis de la anterior, con un argumento sencillo y emotivo que no genera tensión en el espectador, que es acunado por esa maravillosa plasticidad del cine de este director. La retorcida mentalidad europea frente al concepto de armonía oriental (que no deja de ser también un prejuicio, porque para retorcido, provocativo y sórdido, el cine coreano).

La prota es una jovencita Zhang Ziyi, talismán de Yimou y animal mitológico en el cine chino. Viene a ser lo que Ricardo Darín al cine chino: parece que no puede haber ninguna película notable en la que no salga su preciosa carita de porcelana.

Sin pretenderlo, pero he escogido tres películas con protas femeninas realmente preciosas. La tercera es una producción vietnamita, Tres Estaciones. Tanto la niña de las flores como la prostituta son verdaderas beldades. La peli, también recomendable (aunque ninguna de ellas, ya digo, sea la repanocha), es bastante similar a la anterior, con un guión sencillo pero sólido como cuento de Andersen, adaptado con mucho acierto a las formas cinematográficas. Suaves, complacientes e indulgentes para con el espectador (más la china que la vietnamita, algo más rasposa al paladar) pero no moñis (el punto justo de azúcar, la clave de cualquier dulce, pasarse con el edulcorante supone el pecado capital para todo director serio).

Y ya. Si queréis compartir en comentarios alguna recomendación cinéfila, será bienvenida.

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Acción Directa II

Filed under: ecología — Mendigo @ 1:58

En la primera parte, proponía la destrucción de cualquier especie alóctona que fuese potencialmente peligrosa por el riesgo de naturalización (acacias, eucaliptos, pinos, plumeros…).

Bueno, pues hoy quiero proponer el mismo concepto, no esperar a que la legislación cambie, a que llegue un gobierno ecológicamente consciente, sino tomar cartas en el asunto por nosotros mismos. No sólo erradicando las especies invasoras, sino también reintroduciendo especies autóctonas en aquellos lugares que han sido degradados por el fuego, la repoblaciones forestales (antes hay que exterminar la competencia) o la ganadería extensiva.

Después de haber tocado algunos palos entre concellos y asociaciones ecologistas, y sólo haber recibido mucho movimiento de mandíbulas y nada efectivo, he tomado la determinación de actuar por mi cuenta, sin esperar a que ningún organismo o estamento organice o promueva nada. He estado recogiendo semillas de varias especies autóctonas (robles, haya, serbal, abedul y tejo) y almacenándolas en fresco en la nevera (una bolsa cerrada, papel de cocina mojado para mantener la humedad, especialmente importante con las bellotas) y hoy he echado el saquito a la mochila, un polar por si acaso que al final no hizo falta porque hizo un día soberbio (e impropio de la época). Un trozo de pan, queso, jamón, una naranja y una botella de agua, y con eso no envidio lo que puedan servir en el Palace. Y con ese equipaje, salí de madrugada hacia el Macizo Central ourensán, una enorme cubeta despoblada, de personas (debido a la incomunicación y la dureza del clima) y de vegetación arbórea (generaciones de pastores quemando las lomas para obtener pastos).

Y es como me he pasado este Domingo Gordo de Entroido, en la más absoluta soledad (no había ningún alma en decenas de kilómetros a la redonda) sembrando la carga de semillas con ayuda del mismo bastón que uso para caminar (gracias las uces y las carqueixas, lo que los paletos de pueblo y ciudad llaman “monte sucio”, se ha creado tras el último incendio una tierra exquisita para plantar cualquier cosa). Trabajando como un burro de sol a sol (metiéndome monte a través, subiendo y bajando vaguadas) estoy derrengado, pero os puedo asegurar que hace mucho tiempo que no sentía semejante satisfacción, y ahora en mi imaginación sobrevuela la idea de, en unos años, ver ya talluditos siquiera la décima parte de árboles que hoy he sembrado, y que sirvan de núcleo seminal para la propagación de su especie, aunque eso será cuando yo ya no esté aquí para verlo.

Eso, por supuesto, si da la casualidad de que se libren (y eso sí que será milagroso) de que algún palurdo le dé por “limpiar” ese trozo de monte a base de mechero. De hecho, es la sombra que ha nublado el día, el avanzar rompiendo con las botas los restos de las retamas quemadas del pasado incendio, sobre los cuales ha renacido el matorral actual que me permite un mínimo cobijo para esperar que aguanten el primer año las plantitas que he sembrado (una exposición solar directa las abrasaría, especialmente a las hayas). Porque, de nuevo lo repito, el matorral (o maleza, pero de mala no tiene nada) es la forma que tiene la Naturaleza de regenerarse después de la agresión a la que la sometemos (incendios, agricultura, ganadería…), preparar la tierra para las especies de gran porte. No sólo generarla, sino retenerla para que no se la lleve la escorrentía, que es la peor de las consecuencias en los incendios de montaña, donde la potencia de los suelos es muy leve y los gradientes disparan la velocidad del agua y, por lo tanto, su capacidad de arrastre.

Aunque seguramente mi trabajo haya sido baldío, porque tarde o temprano a alguien se le ocurrirá que hace tiempo que tal monte no sufre una de sus “limpiezas”, como he procurado repartir las semillas en muchos sitios (menudo palizón me he pegado, he llegado al coche destrozado, avanzar campo a través es agotador) espero que, al menos, parte de lo sembrado sí que se zafe de las “limpiezas” del ganadero de turno (es la causa principal de incendios en la alta montaña, junto con los putos cazadores).

Yo os comento lo que estoy haciendo (ya llevo unos años, pero éste me lo he tomado en plan más sistemático), por si os apetece y tenéis ganas de echarle una mano a la Naturaleza para acelerar su recuperación. Además de que, en principio, en cuanto ahí haya una vegetación autóctona (realmente ya la hay, o toxo, a xesta, o breixo, a carqueixa, as silvas… son especies autóctonas, pero la Xunta sólo le da importancia a las arbóreas), en principio está prohibido introducir ahí alóctonas. Otra cosa es que lo cumplan y, además, es tan sencillo como quemar lo que haya, para sobre ello plantar lo que les salga del rabillo de la boina.

Consejos, realmente yo no soy quién, y os doy los de un lego en la materia que ha procurado informarse un poco: asegurarse que las especies empleadas son realmente propias de ese lugar (pueden ser autóctonas en Galicia, pero no en nuestra zona; por ejemplo en el Morrazo puedes poner alcornoques, pero no encinas, que sin embargo sí que son autóctonas de la raia seca); tener en cuenta la altura, la acidez del suelo o las diferencias entre solaina y umbría para elegir qué plantamos dónde; y, en lo posible, escoger semillas en el entorno próximo al área a repoblar, para procurar retener la genética adaptada a esas condiciones particulares. Ya he comentado, mantener las semillas en un ambiente húmedo (en 15 días las semillas de Quercus, las bellotas, pierden su capacidad germinativa en ambiente seco) y estudiar el proceso para romper el letargo de cada especie en concreto (estratificación en frío…).

Por último, habrá quien piense que, para repoblar, es mejor el transplante que la siembra. Esto es un error bienintencionado, en el que suelen caer muchos alcaldes cuando les da por dársela de comprometidos y se hacen propaganda con fondos públicos repoblando con especies autóctonas un cachito (para el qué dirán, aunque el 99% restante de su puto concello sean pinos y eucaliptos). Lo primero, hay especies que llevan muy mal el transplante, en especial los Quercus por su potente raíz central rematada en un dardo. Luego está que esas repoblaciones es habitual que se planten y se abandonen (la empresa, una vez cobrada la plantación, se desentiende) y, como no riegues los dos primeros años, la mortandad es prácticamente absoluta. Y a mayores, encima la elección de emplazamiento-especies parece diseñada por un deficiente mental (que no me extrañaría que tuviera el titulito de Ingeniero de Montes, que regalan si compras un pack de yogures), especies que requieren suelos frescos en la ladera de solaina… Total, que esas inversiones ecoloprogres de pandereta suelen terminar con un monte lleno de canutillos (eso sí, a todo lujo) con plantas muertas en su interior, el dinero en el bolsillo del constructor y un aguinaldo en el del mastuerzo del alcalde.

El modo más eficiente de diseminar la gran mayoría de especies forestales es mediante la siembra. Eficiente, es decir, que con los mismos recursos cubrimos un área mucho mayor (con el dinero de plantar diez árboles, sembramos cientos, lo único es que hay que esperar más allá de la próxima legislatura para ver cómo eso descolla). En Quercus, que es con lo que más estoy más familiarizado, si cogemos buena bellota (que no esté ya seca) la supervivencia es muy alta. Germinan prácticamente todas y, si el medio es apto (y si no lo es, no se debería introducir), al menos un 10% pasan su segundo año, momento a partir del cual ya puedes darla por asentada. Y si le das una ayudita con el riego en lo peor del verano, la supervivencia se dispara hasta más de un 50% de las bellotas que sembraste, que es una barbaridad.

Por supuesto, fantaseo con la idea de que, en vez de lo que he hecho yo a título particular, lo acometiera una puta administración, local, autonómica, estatal o lo que demonios sea, comprando semilla por sacos y maquinaria sembradora. En algunos países asiáticos (China, India e Indonesia, que yo recuerde) emplean aviones para bombardear grandes superficies con semillas (desnudas o en bolas de barro, en diversas variantes del método Fukuoka). En una sola pasada haces el trabajo de muchas peonadas. En Galicia tenemos una flota aérea como para repetir otro Vietnam, no sería mala idea llenar los helis y los Canadair de semillas en invierno, para evitar llenarlos de agua en verano.

Una sugerencia, pero evidentemente ya sé que la inteligencia de la canalla política va por otros derroteros.

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Actualización:

La abeja encoronada trae a colación un cuento, sobre el que se hizo un corto de animación que subí aquí hace siglos. Lo vuelvo a rescatar, porque es un encanto.

(está en francés, dadle al botón de los subtítulos; la traducción es deplorable pero creo que es preferible escucharlo en versión original)

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26 febrero 2017

El impacto sobre el medio de la fotovoltaica

Filed under: ecología,energía — Mendigo @ 0:50

Es estupendo irse unos días a la montaña y, cuando uno se puede conectar, encontrarse el blog lleno de mensajes furibundos de inversores fotovoltaicos. Me figuro que ha debido correr el enlace en una lista de correo o foro de empresarios fotovoltaicos, y entran a defender sus intereses. Para agradecer la atención suscitada, me veo en la obligación moral de seguir hablando de fotovoltaica. Como ya hemos tratado del coste económico que nos supone seguir pagando, incluso tras las reformas del ministerio, la subvención a su producción, ahora vamos a explicar cuál es su impacto sobre el medio natural.

Ya mencioné en otra entrada que la energía solar fotovoltaica es la que más emisiones de CO2e asociadas tiene, dentro de las tecnologías de producción no basadas en la combustión (obviamente).

Eólica = 11 g/kWh
Nuclear = 12 g/kWh
Hidroeléctrica = 24 g/kWh
Termosolar = 27 g/kWh
Geotérmica = 38 g/kWh
Fotovoltaica = 48 g/kWh

El origen mayoritario de estas emisiones imputables es en el proceso de fabricación de las obleas de silicio, pues aunque su materia prima es virtualmente infinita, se necesita tenerlas días enteros en hornos para formar una estructura cristalina. Pero también parte de esas emisiones se deben al uso de tierras raras (lantánidos) para dopar la estructura del silicio, procurando que el salto energético entre las órbitas de valencia sea menor y así lograr paneles más eficientes (mayor proporción de fotonazos útiles, que consiguen desencajar al electrón de su órbita). Aunque entran en la estructura en una proporción ínfima, también su proporción en la mena es extremadamente baja, lo cual obliga a grandes movimientos de tierras para conseguir una producción de unas pocas onzas. Esto se traduce en un coste energético y ecológico muy alto (además del propio desmonte, contaminación de ríos por los químicos usados en el refino) en la minería de estos elementos.

Sin embargo, la principal agresión al medio natural de un parque solar no se produce durante la fabricación de sus paneles, sino precisamente durante su funcionamiento. Efectivamente, el huerto solar ocupa un espacio. Aunque suene a muy ecologista, la parcela donde se asientan las máquinas debe ser tratada regularmente con herbicidas (glifosato a porrillo) para impedir que la vegetación prospere (riesgo de incendio). Por lo tanto, la afección al medio natural en el emplazamiento de un parque solar es máxima, absoluta: prácticamente no existe ninguna forma de vida macroscópica en el espacio de un huerto solar.

Por supuesto, se desprecia esta agresión natural por lo muy limitado de su extensión. Pero hay que ponerla en relación con el hecho de que la producción de un huerto solar es igualmente despreciable.

Vamos a hacer un sencillo ejercicio. Tomemos un parque solar tipo, en este caso alijo la instalación solar “Del Conde-Los Santos“, en el municipio de Andújar (Jaén). Soy bastante generoso escogiendo este proyecto ya que es un parque muy compacto, con muy poco terreno para los pasillos, y en una de las zonas con mayor insolación de la Península.

Medido con el SIGPAC, son 8,01 hectáreas de terreno.

Vamos a compararlo con la tan criticada energía nuclear, tomo la central de Almaraz, en Cáceres.

Y de nuevo, usando la herramienta de medición de áreas del SIGPAC, nos revela una superficie ocupada de 47,14 ha. ¡Ocupa mucho más la malvada central nuclear! Un momento, pero es que la agresión al medio hay que ponerla en relación a la producción (beneficio/coste).

Parque solar Guadalquivir = 6.000.000 kWh/año
Central nuclear de Almaraz = 15.817 GWh/año

Lo de los dos millones de kWh impresiona mucho, pero una vez que expresamos la producción de ambas en las mismas unidades, la solar se desinfla un tanto:
Parque solar Guadalquivir = 6 GWh/año
Central nuclear de Almaraz = 15.817 GWh/año

Es decir, se necesitarían más de 2.500 parques solares como el del ejemplo, para igualar la producción de Almaraz. ¿Y cuánto ocuparían, manteniendo los parámetros del parque del jienense? Lo lejos que se llega sólo con las cuatro reglas: 21.115 ha. O lo que es lo mismo, 211 km², que viene a ser un cuadrado de 14,53 kilómetros de lado (disculpad que no os lo exprese en la medida periodística de superficie, los “campos de fútbol”).

Vamos a mostrar qué pasaría si sustituyésemos la central de Almaraz por paneles solares:

Ése es el aspecto que tiene un cuadrado de 14,53 km de lado. Convertir campos, montes, sierras y vaguadas en 211 km² en un desierto de paneles solares, regados periódicamente con glifosato (no cabe un tractor entre los pasillos), no me parece, desde luego, el colmo de la ecología. Por cierto, espero que no os importe que, colocando el cuadrado de destrucción, me haya comido un cacho del Parque de Monfragüe, es que si me iba hacia el otro lado me cargaba Navalmoral. No sé, elegid vosotros mismos qué comarca española queréis destruir.

Teniendo en cuenta que si vuestra macrocentral solar la ponéis en el Norte, tendréis que multiplicar la extensión afectada en razón inversa a la insolación.

Pero no podemos contentarnos con tan parco objetivo. Almaraz no es la única amenaza nuclear, ya que nos ponemos, qué menos, vamos a cerrar todas las nucleares instalando paneles solares.

Como la producción nuclear el año pasado fue de 55.546 GWh, sustituirla por solar ocuparía 741 km². El cuadradito a sacrificar en aras de esa energía tan limpia y ecológica tendría 27,21 km de lado. Algo tal que así:

A los que no soléis patear el campo, os resultará difícil comprender la inmensidad de territorio que suponen 741 km². Toda una vida de trasegarlo, y no llegaríais a conocer todos los caminos, veredas, trochas… que hay en ese territorio. El coste ecológico de sustituir la producción nuclear por fotovoltaica, implica necesariamente ocupar esta extensión de terreno con los paneles (en el caso, como digo, más favorable, la mayoría de los huertos tienen disposiciones menos densas y con una insolación menor), con la completa destrucción de los ecosistemas que en ese espacio se desarrollen.

Ésta sería la estampa (foto de la instalación de Andújar), pero extendida por 74 mil hectáreas.

Quizá no conozcáis bien Extremadura y no podéis haceros a la idea de la superficie a sacrificar. Os sugiero que tracéis el mismo cuadrado, en una zona que conozcáis, y a continuación os la imaginéis completamente ocupada por los paneles. Eso es, exactamente, lo que implica sustituir la nuclear por fotovoltaica.

Pero aún semejante meta es muy poco para lo que un cretino, en los comentarios de otra entrada, calificaba contra toda evidencia como “energía limpia, abundante y barata”. Vamos a un objetivo aún más ambicioso: sustituir no sólo la nuclear, sino el resto de tecnologías basadas en la combustión y, por lo tanto, grandes contribuyentes al efecto invernadero (térmicas de carbón, ciclos combinados, cogeneración…) dejando el mix de generación completamente descarbonizado (en cuanto a emisiones directas se refiere) y desnuclearizado (lo que yo propuse hacer con eólica).

Pues volvemos a sacar la calculata, son en total 158.321 GWh en las tecnologías “no verdes”, a 1,3 hectáreas ocupadas con paneles por GWh nos da… 2.111 km² o, lo que es lo mismo, un cuadrado de 45,94 km de lado.

Imaginad un mar de paneles de esa extensión, eso es lo que se necesitaría si pretendiesemos descarbonizar el sistema eléctrico español con fotovoltaica. Y ahora, imaginad el coste económico de ese proyecto. Sobre el ecológico, la destrucción completa de los ecosistemas en una superficie equivalente a la extensión de la provincia de Bizkaia, difícilmente se me ocurre un atentado ecológico mayor.

Y ya, por entrar en el reino de fantasía en el que viven los apologetas de la energía fotovoltaica, vamos a seguir la broma y considerar que con paneles solares podemos no sólo generar una parte sustancial de la energía eléctrica requerida sino que, además, es la salvación para suplir a unos combustibles fósiles que inexorablemente se agotan. En total, España consumió (datos del 2015) 123.868 ktep, que pasadas a la unidad (impropia) de energía que estamos manejando vienen a ser unos 1.440.584 GWh.

¿Qué implicaría en términos de ocupación del territorio sustituir el consumo energético español, de carbón, de metano, de petróleo… por paneles solares? Respuesta: 19.208 km². Un cuadrado de 138.59 km de lado. La superficie completa de la provincia de Cáceres, borradas del mapa bajo un mar de paneles para autoabastecernos de energía con el concurso del sol.

Una imagen bastante gráfica de la capacidad de la fotovoltaica (y de la energía solar en general, la termosolar también requiere enormes superficies para sus heliostatos) para convertirse en una fuente de energía significativa para suplir nuestras necesidades energéticas. Y es que es muy sencillo: los paneles producen muy poca electricidad. Si queremos realmente generar una cantidad significativa de energía, tenemos que multiplicar los paneles, y con ellos la superficie ocupada y los costes, hasta cotas aberrantes.

N.d.M: Y sí, ya sé que la electricidad es una energía de mayor nivel que la química contenida en los hidrocarburos, pero ya se estaba haciendo larga esta entrada y, realmente, es que ni siquiera merece la pena tomar en serio la cuestión. Era una simple reducción al absurdo del uso de la fotovoltaica en la red (sí para instalaciones aisladas), y desmitificación de su supuesta “limpieza” (implica una destrucción de los ecosistemas quizá mayor a ninguna otra tecnología de generación).

Pero ya puestos, vosotros mismos podéis plantear el caso de electrificar todo el transporte (por tierra, mar y aire), la climatización y todos los procesos industriales, y luego proveer la cifra resultante con fotovoltaica. Os dejo como deberes hacer unos cálculos someros y publicar el resultado en km² de paneles. Y para subir nota, calcular el coste de ese proyecto, con los precios actuales de los paneles.

Actualización: Por error de identificación en la instalación solar de Andújar, los primeros datos eran erróneos. Actualizo con los datos ya corregidos, agradezco que se me haya señalado el error y hago acto de contrición por el error.

Addenda: Toda esta disertación es sobre la fotovoltaica, básicamente por el hartazgo que me han producido los comentarios en anteriores entradas me apetecía meterme con ella. Pero lo aquí dicho reza igualmente para la otra tecnología de generación a partir de energía solar: la termoeléctrica. De hecho, la termoeléctrica es aún más voraz de espacio para producir la misma energía. Tomo los datos de la planta de Gemasolar, en Sevilla, del tipo de torre y sales fundidas (de las más avanzadas):
Producción eléctrica neta esperada: 80 GWh/ año
Campo solar: con 2.650 heliostatos en 195 hectáreas

Esto es, según datos de la misma empresa, ocupa 2,44 hectáreas por cada GWh generado. La demanda de energía eléctrica el año pasado fue en España de 265.317 GWh. Como se dice coloquialmente, los números cantan.

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18 febrero 2017

Macros

Filed under: fotos — Mendigo @ 12:15

Venga, voy dando salida a algunas que tengo sueltas, o no acabo nunca.

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